sábado, 20 de noviembre de 2010

Dignidad de vida y vocación humana en el mundo, L. Cervantes-O.

21 de noviembre de 2010
1. La protesta profética contra la vida indigna y carente de plenitud
La tradición bíblica fue y es, a todas luces, libertaria, emancipadora. Si para la teoría política una revolución no concluye sino hasta que produce nuevas leyes y un nuevo acuerdo social (constitución), el legado bíblico del acontecimiento del Éxodo estuvo en plena consonancia con ese ideal: apenas salió el pueblo de la esclavitud, Dios en voz de Moisés procedió a establecer las bases legales de la nueva convivencia en libertad y dentro del marco del pacto antiguo con los antecesores/as, las madres y padres de Israel (Ex 20ss). La búsqueda de la vida digna para el pueblo tenía que pasar por un proceso de concientización religiosa y social que colocara el amor y la obediencia hacia Yahvé como centro espiritual que posibilitara y acarreara el ejercicio de una nueva existencia como colectividad, partiendo del irrestricto respeto por la vida individual y familiar. Para la época de Miqueas, en el siglo VIII a.C., la sociedad israelita se había alejado del ideal producido por aquél proceso y había instalado profundas desigualdades en su seno. De ahí que, ante la crisis nacional que se avecinaba, los profetas de la época (pertenecientes a la llamada etapa clásica de este movimiento religioso) aparecieron para denunciar la forma en que había sucedido ese alejamiento e hicieron intensos llamados a los gobernantes y al pueblo para retomar el camino. Su discurso, plagado de llamados al arrepentimiento, apelaba, sobre todo, a la observación y el reconocimiento de la injusticia estructural, así como al grado de desobediencia hacia la ley de Dios, que era, por así decirlo, como el signo de contradicción de la vida social.
Jorge Pixley resume así la perspectiva dominante del profeta en el famoso cap. 6: “La sección A' (5,9-6,7) nuevamente ataca el mal, la corrupción de medidas falsas, la violencia y la mentira (6,9-15). Contiene una querella (rîb) contra Israel, en la que se acusa al pueblo de olvidar las obras salvíficas de Yavé y pretender con sacrificios cubrir las injusticias (6,1-8)”.
[1] .El libro, para Pixley, sienta las bases espirituales para que la protesta profética contra la vida indigna que se había instalado como la “normalidad” se convierta en una auténtica insurrección, como se aprecia claramente en 3.9-11, en donde se critica la pretensión de justificar teológicamente la opresión, en flagrante violación del derecho divino establecido en la Ley mosaica. La advertencia y amenaza del v. 12 (“Sión será arada como campo y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas”) muestra las dimensiones del problema.
El pueblo es llamado a levantarse mediante una arenga que no sólo intenta abrirle los ojos, sino que, a la luz del pasado salvífico y redentor, coloca al pueblo una vez más como protagonista de su propia historia, con una actitud muy lejana a aceptar las imposiciones de sus clases gobernantes. Pixley explica cómo se trató de censurar este llamado incluso a la hora de redactar la versión final del cap. 2 para aligerar la lectura desde una clase social atacada por el texto:

Los traductores por lo general quitan la acción del pueblo como enemigo en el v.8, pues suponen que Miqueas fue censurado por dirigirse a los ricos y no pueden entender al texto, que claramente hace del pueblo el actor (y probablemente también el interpelado en la profecía censurada). El texto hebreo es claro sobre que es el pueblo el que se ha alzado. Una vez eliminado el pueblo como el interpelado, los imperativos del v.10 (“¡Alzaos, id, pues no es tiempo de descanso!”) se tienen que leer como un llamado a los ricos a huir. Si se tradujera en el v. 8 a “mi pueblo” como sujeto, entonces resultaría que ¡el pueblo es quien debe alzarse, pues no es tiempo de descanso!
[2]

De modo que hasta una revolución puede ser un acto de amor de Dios hacia su pueblo…
2. Amar al prójimo, a quien se ve, vocación humana para “vivir en el mundo”
Cada prójimo/a es portador/a de la imagen invisible de Dios, una imagen que se puede calificar de “moral”, dicho en términos más o menos legales. Si esa imagen va por doquier como una expresión visible de la presencia de Dios en el mundo, entonces no habría escapatoria para decir que no es posible amar a Dios y que este amor, como plantea I Jn, sólo es viable a partir de personas concretas. Estamos hablando entonces de una doble encarnación del amor de Dios en el mundo: siguiendo las pautas del Cuarto Evangelio, I Jn desea profundizar radicalmente en el hecho de que si Dios “vino en carne” en Jesús de Nazaret, también el prójimo es encarnación de Dios en el mundo y que a través de él es posible hacer visible el amor a Dios, el invisible. James Wheeler lo resumió así: “El amor de Dios hacia nosotros es un amor que engendra praxis de amor entre nosotros, y si no existe tal praxis el amor que Dios nos tiene no está en nosotros. A su vez, el amor nuestro a Dios sólo es posible y se verifica en nuestro amor al hermano. Si no existe el amor mutuo, entonces el amor a Dios es un mero decir (4:20). Esto es, en la praxis concreta de amor se verifica, realiza y completa tanto el amor que Dios nos tiene como nuestro amor a Él”.
[3]
Resulta bastante claro que I Jn 4 desarrolla amplia y creativamente la doctrina antropológica de la imagen de Dios en el ser humano: “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”, dice primero (v. 8). Y si Jesús fue el Amor Encarnado, él enseña a “descubrir” en los demás la posibilidad de reflejar a Dios, en medio de toda su imperfección. “Nadie ha visto jamás a Dios” subraya más adelante (v. 12) para preparar el golpe final mediante otra audaz y comprometedora observación: “…pues como él, así somos nosotros en este mundo” (v. 17), y así afirmar contundentemente: “Si alguno dice: Yo amo a Dios y odia (misé, de donde vienen misantropía y misoginia) a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (v. 20). He aquí la fuente de la mayor de las revoluciones: la revolución del amor guiada por una experiencia de proj(x)imidad que es capaz de encontrarse con Dios en las demás personas, es decir, como iconos de Dios en medio del mundo.
Una revolución social (y no como ahora se vive en México, una “revolución de los ricos” (Carlos Tello M.),
[4] la cual, al parecer, comenzó en 1995, aunque otros la sitúan desde el sexenio de 1946-1952,[5] entonces, sólo puede verse como el ejercicio ético del amor más crítico dominado no sólo por un ansia de justicia sino también por el deseo de poner a funcionar un amor que produzca, sobre todo, igualdad y respeto sobre la base de la común imagen de Dios de la cual todos/as somos portadores/as. Estamos en el mundo, dice I Jn, para vivir existencias llenas de amor, de un amor cósmico, pero sobre todo concretado en los seres que nos rodean, incluso aquellos que nos producen alergia con su cercanía… No un amor fingido, contra el cual advierte en 3.18 (igual que Pablo en Ro 12.9a). Es lo que el biblista mexicano Raúl H. Lugo denomina el “amor eficaz”: “no existe otra alternativa; un amor a Dios que no se verifica en el amor concreto al prójimo, no es verdadero amor a Dios” y “Amor eficaz quiere decir, hoy por hoy en nuestro continente, lucha a brazo partido por la eliminación de las causas que producen la muerte de los pobres. Esta es la única manera, no solamente de amar al prójimo, sino de permitir que el amor de Dios se manifiesteNegrita en el mundo”.[6]
Notas
[1] J. Pixley, “Miqueas el libro y Miqueas el profeta”, en RIBLA, núm.35-36, www.claiweb.org/ribla/ribla35-36/miqueas%20el%20libro.html
[2] Idem.
[3] J. Wheeler, “Amor que genera compromiso. La estructura manifiesta de I Juan”, en RIBLA, núm. 17, www.claiweb.org/ribla/ribla17/8%20james.htm. Énfasis original.
[4] Antonio Castellanos, “Urge revertir la revolución de los ricos: Tello Macías”, en La Jornada, 9 de mayo de 2007: “..el sector privado empezó a buscar el poder en 1975, como una reacción entre otras cosas al movimiento estudiantil de 1968. Tomaron el poder y una forma fue conquistando ‘el futuro a través de las universidades privadas’. En 1975 los neopanistas empezaron a conquistar el poder de la periferia al centro. Fue ‘la revolución de los ricos’, en la que ahora unos cuantos se llevan la mayor parte del pastel”.
[5] Alicia Quiñones, “Álvaro Matute, “La revolución se detuvo con Miguel Alemán”, en Laberinto, supl. de Milenio, 20 de noviembre de 2010, http://impreso.milenio.com/node/8868145.
[6] R.H. Lugo R., “El amor eficaz, único criterio. (El amor al prójimo en la primera carta de San Juan)”, en RIBLA, núm. 17, www.claiweb.org/ribla/ribla17/9%20RODRIQUEZ.htm.

I Juan 4.11-21


Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor se hace realidad en nosotros. La prueba de que nosotros vivimos en Dios y de que él vive en nosotros, es que nos ha dado su Espíritu. Y nosotros mismos hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para salvar al mundo. Cualquiera que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, vive en Dios y Dios en él.

Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios y Dios en él. De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es Jesucristo. Donde hay amor no hay miedo.

Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo. Por eso, si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente. Nosotros amamos porque él nos amó primero.

Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Letra 196, 14 de noviembre de 2010


FINLANDIA: EL ESTADO IMPONE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO A LA IGLESIA
Pablo J. Ginés

La justicia civil en Finlandia ya multa a los clérigos que no aceptan al clero femenino. Un pastor luterano se negó en 2007 a compartir el altar con una pastora y ahora el Tribunal Supremo del país le condena por "discriminación de género".

¿Quién es un tribunal civil para decirle a un clérigo lo que debe creer o dejar de creer acerca del clero femenino y su eficacia pastoral o sacramental o litúrgica? ¿No hay separación Iglesia-Estado? No en Finlandia: la Iglesia Evangélica Luterana en Finlandia es la oficial del país, ligada al Estado y el Tribunal Supremo ha condenado a una multa (no muy grande, pero significativa) al pastor Ari Norro por negarse en 2007 a servir en el altar junto a la presbítera Petra Pohjanraitio. Aunque hace años que esta iglesia luterana de tradición muy liturgista "ordena" mujeres como "presbíteros" (con su alzacuellos y su camisa negra) parte del clero no acepta esta situación, entre ellos una asociación con un enfoque misionero llamada "Asociación Luterana Evangélica" a la que pertenece Ari Norro.

En la primavera de 2007, Norro fue invitado a ayudar como pastor en el servicio dominical en una iglesia en Hyvinkää, al sur de Finlandia. Una vez allí, descubrió que estaba establecido que la "presbítera" Petra Pohjanraitio distribuyera la comunión. Antes de comenzar el servicio religioso, Norro explicó a la clériga que por sus creencias apostólicas no podía servir en el altar con ella. El caso pasó a los tribunales civiles, y después de dos sentencias ahora ha llegado al Tribunal Supremo, donde se ha dictaminado que los miembros de la iglesia estatal tienen que acatar las mismas reglas sobre “la igualdad de género" y que “las acciones que son tomadas en base a la fe no pueden infringir los derechos humanos, lo que incluye la discriminación por género,” según queda señalado en la orden judicial.

No está claro si esta norma se aplicaría también a la Iglesia Católica -que no tiene relación oficial con el Estado- o a la Iglesia Nacional Ortodoxa de Finlandia, muy pequeña, que no ordena mujeres pero sí es oficial y se financia a través del Estado. ¿Se les puede denunciar por no tener clero femenino?
Luteranos muy litúrgicos de convicciones confusas
La Iglesia Luterana oficial de Finlandia agrupa en teoría al 80% de los finlandeses (4.3 millones) aunque casi nadie va a la iglesia en domingo. Es muy similar al anglicanismo; de hecho, forma parte de la "Comunión de Porvoo", que agrupa a 12 iglesias, luteranas del norte de Europa y también a la Iglesia de Inglaterra, que establecen entre ellas su "plena comunión" y de hecho permiten celebrar la comunión de forma conjunta. Aunque les gusta la liturgia vistosa, las mitras, báculos y demás símbolos de tradición católica, no creen en la doctrina católica de los sacramentos y la transubstanciación.
La Iglesia Luterana Nacional de Finlandia acepta el divorcio en ciertos casos; también acepta el aborto en caso de peligro para la vida de la madre, de violación y de "graves malformaciones". Tiene clero femenino, pero aún no ha aceptado la homosexualidad, al contrario que la vecina Iglesia estatal luterana sueca (con la que mantiene "plena comunión"), que tiene una obispa lesbiana activa en Estocolmo.
Grupos luteranos ya tantean unirse al catolicismo
En Inglaterra, el clero y los fieles conservadores pueden plantearse ingresar en el catolicismo a través de los ordinariatos anglocatólicos, manteniendo sus costumbres y liturgia, como han anunciado ya que harán 5 obispos anglicanos. Hay quien piensa que la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus puede usarse para crear ordinariatos similares para luteranos litúrgicos cercanos al anglicanismo, como los que hay en Escandinavia.
Si los pastores conservadores como Ari Norro son multados por mantener sus creencias de siempre (y eso es lo que el Tribunal Supremo está pidiendo) puede que una oferta de ordinariato católico resulte interesante para muchos. Se sabe que al menos un grupo luterano de Estados Unidos llamado Iglesia Católica Angloluterana, que cuenta con una veintena de comunidades, inició en verano los contactos con la Congregación para la Doctrina de la Fe para ingresar en la Iglesia católica en grupo, según informa el diácono Keith Fournier en el digital norteamericano Catholic Online. Combinan elementos propios del anglicanismo, otros de tradición luterana y aceptan el Catecismo de la Iglesia católica, así como el documento conjunto de 1999 sobre la doctrina de la justificación que firmaron católicos y luteranos.
El pasado 17 de noviembre de 2009, Dwight Longenecker, antiguo pastor anglicano, hoy sacerdote católico, afirmaba que muchos luteranos, baptistas, metodistas y evangélicos admiran la liturgia y espiritualidad católica, al Papa y los santos, y que pueden encontrar más fácil aceptar el catolicismo a través de un «entorno anglicano» como el de los ordinariatos anglo-católicos. Esto podría pasar con muchos fieles en Estados Unidos, pero también en Escandinavia, con iglesias luteranas con gustos litúrgicos, pero cuya doctrina moral, sexual y sacramental va a la deriva.
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LA IGLESIA NO CAMBIA
Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada, 11 de noviembre de 2010

Cuando Benedicto XVI, jefe mundial del catolicismo, declaró hace unos días que España atraviesa un periodo de laicismo agresivo y lo comparó con los tiempos de la Segunda República, lo que hizo fue ratificar el aval y el apoyo que su Iglesia le dio a la dictadura de Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de Dios.

La Segunda República, me permito recordarlo, instituyó la separación de la Iglesia y el Estado en su Constitución de 1931, y en su artículo 26 señaló que todas las confesiones religiosas serán consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial y, más importante aún –por su significado en México después de que el vocero de la Arquidiócesis dijo que por encima de nuestras leyes estaban las de Dios–, fue que explícitamente señalaba que quedarían disueltas las órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Esto y más lo echó abajo el franquismo y al Papa alemán le ha molestado que ese laicismo de la República Española haya sido retomado por los gobiernos posteriores a la larga noche de la dictadura que no sólo fue fascista sino favorecedora de las órdenes religiosas más reaccionarias del siglo XX, entre ellas el Opus Dei y la Legión de Cristo, ahora tan de moda por los crímenes de Marcial Maciel.

La Jornada (6/11/10) citó una significativa declaración de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que reúne a víctimas y familiares de la represión de Franco: Es lamentable que Benedicto XVI haga esas declaraciones en uno de los países donde se han producido más abusos de todo tipo por religiosos católicos, y que haya desaprovechado la oportunidad de pedir perdón por el apoyo de la Iglesia católica a la dictadura. No conforme con esas reaccionarias declaraciones, que nos recuerdan el nefasto papel de la Iglesia católica en la persecución de judíos y musulmanes, la Inquisición y las bendiciones papales al fascismo europeo y latinoamericano, Benedicto volvió a la carga en contra del Estado laico, del aborto, de los anticonceptivos, del condón, de la homosexualidad y de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y, por si no fuera suficiente, en el colmo de la chabacanería estética, consagró la feísima iglesia diseñada por Antoni Gaudí que ni siquiera está terminada.

En México sabemos muy bien lo que significan declaraciones como las mencionadas, realizadas por el jefe mundial de la Iglesia católica. Las padecimos en los tiempos de Calles y el maximato, cuando hubo encíclicas directamente dirigidas a incitar a la rebeldía contra nuestra avanzada Constitución (previa, hay que decirlo, a la de la Segunda República española) y a desobedecer a los gobiernos de nuestro país. Las padecemos ahora en voz de la alta jerarquía eclesiástica y de los grupos de católicos seglares que representan a las fuerzas más reaccionarias de nuestra maltratada nación, a la contrahistoria y a los valores cuasi fascistas que insisten en revivir.

En unos días saldrá a la luz un libro que titulé (provocadoramente, lo confieso) La Iglesia contra México. Este libro, con veintiún autores*, será una aportación al debate sobre el tema. Se abordan los problemas de la intervención de la Iglesia contra el laicismo y sus campañas no olvidadas contra el comunismo (aunque éste no esté de moda en la actualidad); sus ataques a las instituciones de la República y a las leyes que permiten el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo y a las limitaciones para que curas y monjas se apoderen de la educación de los niños, por lo menos en las escuelas públicas. Se destaca también su oposición a los homosexuales, al condón, a la píldora del día siguiente, a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, a la libertad de las mujeres, incluso católicas, para decidir sobre su propio cuerpo, a la democracia, a la ciencia y a la libertad de creencias. También hace referencia a otros temas de enorme importancia como la relación con el narco y al uso de la religión como fuente de poder.

La Iglesia católica (y no es la única) sigue insistiendo en la imposición de sus obsoletos valores religiosos en la esfera pública y, por quién sabe qué razones, continúa pensando colectivamente (como institución) que el hecho de que en algunos países tenga seguidores (su famoso rebaño de fieles) la autoriza a meterse en el reino del César en lugar de conformarse con el reino de Dios, que debiera ser bastante. ¿Habrá en la Iglesia católica otro papa como Juan XXIII? Bueno sería que hubiera otro aggiornamento como lo intentó ser el Concilio Vaticano II: buscar lo positivo de los tiempos nuevos y establecer un fructífero diálogo con el mundo de nuestra época con énfasis en lo que une a la humanidad y no en lo que la separa.

Benedicto/Ratzinger no ha querido reformar su iglesia ni entender lo que la mayoría de la gente, religiosa o no, desea en su vida cotidiana. Cree, neciamente, que sigue viviendo en la España de los reyes católicos del siglo XV y su limpieza religiosa. Piensa que vive todavía en la época de las conquistas y sometimientos de entonces, nada cristianos por cierto aunque se les llamara evangelización. La intolerancia sigue esparciéndose desde el Vaticano en similar proporción que sus nexos y complicidades con las fuerzas más conservadoras y poderosas del mundo cristiano, razón por la cual pierde adeptos y aceptación entre las nuevas generaciones.

* Los autores son: John M. Ackerman, Rafael Barajas (El Fisgón), Bernardo Barranco V., Roy Campos (Consulta Mitofsky), Fernando del Paso, Álvaro Delgado, Rodolfo Echeverría Ruiz, Javier Flores, Felipe Gaytán Alcalá, Antonio Helguera (Helguera), Juan Luis Hernández, José Hernández (Hernández), Marta Lamas, María Consuelo Mejía (Católicas por el Derecho a Decidir), María Marha Pacheco, Braulio Peralta, Samuel Ramos Palacios, Gonzalo Rocha (Rocha), Octavio Rodríguez Araujo, Pablo Serrano Álvarez y Josué Tinoco Amador.

Culto de oración y estudio, 16 de noviembre de 2010

JOB SE DIRIGE A DIOS (Job 14)
Modera: Hno. David Ábrego
JOB 14.1-9, Dios habla hoy
El hombre, nacido de mujer, tiene una vida corta y llena de zozobras.
Es como una flor que se abre y luego se marchita; pasa y desaparece como una sombra.
¿Y en este hombre has puesto los ojos, y contra él quieres entablar un juicio?
No hay nadie que pueda sacar pureza de la impureza.
Si tú eres quien determina cuánto ha de vivir el hombre, y le pones un límite que no puede pasar, aparta de él tus ojos y déjalo en paz; ¡déjalo disfrutar de su vida de asalariado!
Cuando se corta un árbol, queda aún la esperanza de que retoñe y
de que jamás le falten renuevos.
Aunque ya esté vieja la raíz y el tronco se esté pudriendo en el suelo, al sentir la frescura del agua, reverdecerá; echará ramas como una planta tierna.

La vida plena y los dones de Dios para el servicio, L. Cervantes-Ortiz

14 de noviembre de 2010

Romanos 12.4-18

Dios Habla Hoy

Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros sirven para lo mismo, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo y estamos unidos unos a otros como miembros de un mismo cuerpo. Dios nos ha dado diferentes dones, según lo que él quiso dar a cada uno.

Por lo tanto, si Dios nos ha dado el don de profecía, hablemos según la fe que tenemos; si nos ha dado el don de servir a otros, sirvámoslos bien. El que haya recibido el don de enseñar, que se dedique a la enseñanza; el que haya recibido el don de animar a otros, que se dedique a animarlos. El que da, hágalo con sencillez; el que ocupa un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con todo cuidado; el que ayuda a los necesitados, hágalo con alegría.

Ámense sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno. Ámense como hermanos los unos a los otros, dándose preferencia y respetándose mutuamente.

Esfuércense, no sean perezosos y sirvan al Señor con corazón ferviente.

Vivan alegres por la esperanza que tienen; soporten con valor los sufrimientos; no dejen nunca de orar.

Hagan suyas las necesidades del pueblo santo; reciban bien a quienes los visitan.

Bendigan a quienes los persiguen. Bendíganlos y no los maldigan.

Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.

Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.

Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: "A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Letra 195, 7 de noviembre de 2010


A DIOS NO SE LE MUEREN SUS HIJOS

José Antonio Pagola
Eclesalia, 3 de noviembre de 2010


Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas. Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.
Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente "nueva". Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.
Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la "vida eterna". Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que "el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman".
Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una "novedad" que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida "preparada" por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.
Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.

Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.
Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: "Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado" (Salmo 25.1-2).
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ESTADO LAICO Y CRISTIANISMO LAICO
José María Castillo
Teología sin Censura, 23 de octubre de 2010


La manifestación del sábado 23 de octubre, por las calles de Madrid, en la que numerosos colectivos de ciudadanos y de creyentes han expresado su protesta por la mal disimulada "confesionalidad" de un Estado (el español) que constitucionalmente es "no-confesional" (Const. Española, art. 16, 3), plantea, entre otras, una cuestión que los cristianos tendríamos que afrontar con lucidez, valentía y libertad. Esta cuestión se refiere, no a la confesionalidad religiosa del
Estado, sino a la confesionalidad religiosa del Cristianismo. Digo esto porque parece razonable sospechar que bastantes ciudadanos (sean o no sean cristianos) ven un serio problema en la confesionalidad religiosa del Estado. Lo cual es, efectivamente, un problema importante, que necesita ser debidamente matizado por los expertos en Derecho Constitucional. Y por eso entiendo que es enteramente razonable y necesario que muchos ciudadanos, sean o no sean creyentes, protesten por el hecho de que sus dineros se dediquen a costear una confesión religiosa (la Iglesia) o a pagar los viajes del papa.
Pero creo que es de suma importancia caer en la cuenta de que, para los cristianos, el problema de fondo no es el problema de la confesionalidad religiosa del Estado, sino el de la confesionalidad religiosa del Cristianismo. Digo esto porque, a mi manera de ver (no hablo ahora de los ciudadanos no-creyentes), la cuestión más seria que se le plantea a la Iglesia y se nos plantea a los cristianos, no es que el Estado español aclare, según el Derecho Constitucional, el significado y los límites de sus relaciones con la Iglesia (y con las demás confesiones religiosas), sino que la Iglesia y los cristianos nos aclaremos sobre nuestras relaciones con el Evangelio de Jesús.
La pregunta que, con lucidez, valentía y libertad, tenemos que afrontar los cristianos es la siguiente: si leemos atentamente los evangelios, ¿podemos asegurar que Jesús fundó y quiso una "confesión religiosa", es decir, una "religión", como otra más entre tantas otras religiones que hay en el mundo? A los cristianos - y más a los católicos - nos han educado en el convencimiento de que el Cristianismo es una religión. Es más, siempre se nos ha dicho que el cristianismo es la única religión verdadera. Lo que supone obviamente que todas las demás son falsas. Pero, con el Evangelio en las manos, ¿podemos afirmar que eso es así con toda seguridad?
Por supuesto, Jesús fue un hombre profundamente religioso. Su intensa y frecuente relación con el Padre del cielo, su prolongada oración al Padre del cielo, su predicación sobre el Reino de Dios, la fe en Dios, la bondad de Dios, todo eso pone en evidencia la intensa religiosidad de Jesús. Es, pues, correcto decir que Jesús fue un profeta de Dios, un carismático religioso, un místico que vivió una profunda experiencia de Dios. Pero también todo eso pone de manifiesto que la religiosidad de Jesús no se acomodó, ni se ajustó, ni estuvo de acuerdo con la religión establecida, ni siquiera con el hecho religioso tal como suele ser vivido y practicado en casi todas las confesiones religiosas que conocemos. ¿Por qué?
Según el gran relato del Evangelio, Jesús fue un hombre conflictivo. De forma que el relato global del Evangelio es el relato de un conflicto. Un conflicto tan grave, que acabó en violencia y muerte: la muerte violenta de Jesús. Ahora bien, lo decisivo, en este relato, está en que el conflicto, que se nos relata, fue el enfrentamiento de Jesús con la religión. La religiosidad de Jesús fue una religiosidad "marginal", es decir, él vivió su relación con el Padre al margen de la religión oficial. Nunca, en los evangelios, se nos dice que Jesús fuera a orar al templo, ni que participara en los sacrificios rituales que imponía la liturgia del templo. Ni Jesús construyó un templo o una capilla aparte. Sabemos, además, la denuncia tan grave que hizo Jesús contra el templo, del que dijo que había sido convertido en "una cueva de bandidos". Por otra parte, Jesús tuvo conflictos frecuentes con los observantes religiosos por causa de su no observancia de preceptos que imponía la religión(observancia del sábado, del ayuno, de las purificaciones rituales...). Jesús, además, se enfrentó a los sacerdotes y, sobre todo, a los sumos sacerdotes. Hasta el extremo de que fue el consejo supremo del Sanedrín el que decretó su muerte y forzó al procurador romano, Pilatos, para que firmara la ejecución de Jesús en una cruz.
Es verdad que la teología de san Pablo presenta una interpretación distinta de la muerte de Cristo, como sacrificio y expiación por nuestros pecados. De forma que la decisión de la muerte de Jesús fue una decisión del Padre, para nuestra redención y salvación. Esto es lo que san Pablo explicó en sus cartas entre los años 50-55. Pero sabemos que, algunos años después, a partir del año 70, los evangelios, empezando por el de Marcos, nos dejaron claro que una cosa es la "interpretación teológica", que dio
Pablo de la vida y la muerte de Cristo, y otra cosa es el "relato histórico" que presentan los evangelios de cómo fue la vida y por qué ocurrió la muerte de Jesús. Es cierto que los cristianos tenemos que saber armonizar la "interpretación teológica" de Pablo con el "relato histórico" de los evangelios. Pero el hecho es que, en la historia del cristianismo, esta armonización se ha hecho de forma que la "interpretación teológica" de Pablo ha sido más determinante, para la teología cristiana, que el "relato histórico" de los evangelios.
La consecuencia ha sido que el Cristianismo y la Iglesia se han orientado y configurado, ante todo, como una "religión" (templos, sacerdotes, sacramentos, dogmas, poderes religiosos...), siendo así que, en realidad, Jesús de Nazaret no pensó en nada de eso, ni en su vida se dedicó a poner en práctica nada de eso. De ahí que los grandes temas de Pablo son los que han configurado la "teología" cristina, mientras que los relatos de la vida de Jesús han quedado, en la vida y funcionamiento de la Iglesia, relegados a un segundo término, como elementos inspiradores de la "espiritualidad" cristiana.
Así las cosas, y volviendo al comienzo de esta reflexión, lo más lógico tendría que ser que los cristianos nos preocupemos, ante todo y sobre todo, por vivir um "cristianismo laico", como lo vivió Jesús de Nazaret. Porque, si vivimos así nuestra relación con Jesús, lucharíamos más contra el Estado confesional y nos esforzaríamos mucho más por nuestra "religiosidad laica" y nuestra profunda espiritualidad, la "religiosidad alternativa", que vivió y nos enseñó Jesús.


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CALVINO LE PUJSO LETRA A LA REFORMA: O. MALY


"Podríamos entender a la Reforma como una obra musical, en la cual Lutero escribió la música, y vino Calvino y le puso letra".

En el Día de la Reforma se recuerda también la figura del francés Juan Calvino, junto con Lutero uno sus impulsores fundamentales. "Lutero fue el inspirador de la Reforma, el iniciador, sobre todo por venir del clero mismo y por el impacto profundo de sus 95 Tesis. Si yo tuviera que definir un poquito la relación entre Lutero y Calvino diría que podríamos entender a la Reforma como una obra musical, en la cual Lutero escribió la música, y vino Calvino y le puso letra", expresó el pastor Osvaldo Maly, de la Iglesia Reformada de Tres Arroyos, denominación cristiana de raíz calvinista.
"Cuando Lutero clavaba las 95 Tesis Calvino apenas tenía ocho años. Lo que Lutero logra es abrir las ventanas hacia la Palabra de Dios, e invita a iniciar el diálogo profundo sobre la necesidad de volver a las Escrituras".
Tal cual le sucedió a Lutero, Calvino sufrió una profunda transformación al tomar contacto con el Evangelio, que sería el puntapié inicial para el comienzo de su prolífica obra y de la reforma que posteriormente iniciaría. "Se encontró con un Jesucristo que le muestra con sus hechos y con su vida que la conciencia no tiene límites ni puede ser contenida por una estructura. Que uno está frente a Dios y no hay estructura que lo limite. Entendió que existe una relación muy franca entre Jesucristo y el hombre".

La conversión
Abogado como su padre, proveniente de una familia acomodada, "llegó a la teología gracias a su afición por el estudio, por el conocimiento. Le gustaba mucho escribir, era su pasión, y el hecho de ser un estudiante con mucha capacidad le permitió acceder a literatura que no era frecuente en aquella época porque recién se había descubierto la imprenta, y no era fácil tener una biblioteca a mano. Siendo muy joven, a los 18 ó 20 años, estudió el latín y a partir de allí comenzó a tener un contacto con la Escritura, luego cuando estudió griego y hebreo comenzó a darse cuenta de que muchas de las cosas que se enseñaban en la iglesia dominante estaban en contradicción con lo que decía la Palabra de Dios. Y ahí comenzó su camino, en pleno surgimiento de la Inquisición, las hogueras y la proliferación de mártires, de un lado y del otro. Tuvo sus dudas, también tuvo que huir, y escaparse, un tiempo. Es por esos años, aproximadamente a los 26 años, que escribió el primer tomo de su obra cumbre, 'La institución de la religión cristiana', que es una especie de catecismo y magistralmente expresa y argumenta, con su estilo de abogado, cada uno de sus postulados".

Seguir reformando
"Si tengo que hacerme una imagen de Calvino diría que él tenía en una mano la Biblia y en la otra la realidad", sostuvo Mali. "Analizaba la realidad en base a las Escrituras, y escribía y vivía de acuerdo a eso, para él era algo esencial. Y esto se ha ido manteniendo a través de los siglos en nuestras iglesias reformadas: la idea es seguir reformando, siempre, nunca quedarnos en el tiempo ni creamos nuevas estructuras con visión de eternidad, sino que nuestra expresión de la fe debería, por lo menos, estar siempre abierta al movimiento del Espíritu y debemos analizar siempre la realidad. En ese sentido Calvino ha sido muy claro, y nosotros hacemos lo posible por continuar siendo fieles a su legado".

Calvino
Juan Calvino nació en Noyon, localidad de la Picardía, en el norte de Francia, el 10 de julio de 1509. Hijo del secretario del obispado de su ciudad natal, cursó estudios de humanidades en famosos colegios parisienses y más tarde de leyes en las universidades de Orleans y Brujas, donde tuvo como maestros a importantes pensadores de la época. En 1532, Calvino evidenció sus sólidos conocimientos de latín e historia con su edición del tratado de Séneca De clementia (Sobre la clemencia).
Poco después de publicar esta obra, Calvino se convirtió al protestantismo. A principios de 1535 se instaló en Basilea, Suiza, y allí apareció al año siguiente su obra fundamental, Christianae religionis institutio (Institución de la religión cristiana). Con esta obra, traducida al francés en 1541, Calvino se convirtió en uno de los principales teólogos protestantes.Desde 1538 hasta 1541 residió en Estrasburgo, donde creó una nueva liturgia y asentó nuevas instituciones parroquiales, al tiempo que dirigía personalmente una congregación. En esos años participó en varios concilios entre católicos y protestantes y conoció a importantes teólogos luteranos como Melanchton y Martín Lutero.
En Ginebra aplicó sus ideas religiosas, de gran austeridad, y por medio de las ordenanzas eclesiásticas organizó la iglesia de Ginebra, que sería la base de todas las iglesias del protestantismo reformado. Juan Calvino murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564, a los 54 años de edad.

Charla con el Dr. Salatiel Palomino sobre los ministerios de las mujeres


El domingo 7 de noviembre a las 18 horas se realizará una charla con el Dr. Salatiel Palomino sobre el proceso de ordenación de las mujeres en la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.


Participan:


A.I. Evangelina Corona y
Mtro. Ariel E. Corpus Flores

Todos están invitados/as.

Culto de oración y estudio, martes 9 de noviembre de 2010

Martes 9 de noviembre, 19 hrs.
JOB SE QUEJA DE LOS AGRAVIOS (Job 13)
Modera: D.I. Laura Cabrera B.
JOB 13.1-12, Dios Habla Hoy
Todo esto lo han visto mis ojos;
lo han captado y entendido mis oídos.
Yo tengo tanto conocimiento como ustedes;
en nada siento que me aventajen.
Más bien quisiera hablar con el Todopoderoso;
me gustaría discutir mi caso con Dios.
Porque ustedes son unos incriminadores;
¡como médicos no valen nada!
¡Si tan sólo se callaran la boca!
Eso, en ustedes, ¡ya sería sabiduría!
Ahora les toca escuchar mi defensa;
presten atención a mi alegato.
¿Se atreverán a mentir en nombre de Dios?
¿Argumentarán en su favor con engaños?
¿Le harán el favor de defenderlo?
¿Van a resultar sus abogados defensores?
¿Qué pasaría si él los examinara?
¿Podrían engañarlo como se engaña a la gente?
***

PRÓXIMAS ACTIVIDADES
9 - Reunión de Consistorio
13 - Reunión de mujeres, 17 horas
14 - Evaluación 2010 y planeación 2011
21 - Debate sobre acción social
27 - 2o. Taller de Educacion Cristiana
28 - Primer Domingo de Adviento

Vida digna y en abundancia: el designio divino


JUAN 10.1-16
Dios Habla Hoy


Entonces Jesús dijo: "Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. En cambio, a un desconocido no lo siguen, sino que huyen de él, porque desconocen su voz." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.
Jesús volvió a decirles: "Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y unos bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre, se salvará. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos.
"El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, y no las ovejas.
Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas.
También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y formarán un solo rebaño, con un solo pastor."El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre".

lunes, 1 de noviembre de 2010

Días de Muertos en México: teología, cultura y educación (LC-O)

26 octubre , 2010

Lupa Protestante, Blog Universos Contiguos


Ofrenda en la Secretaría de Educación Pública (México, D.F.)

No alabarán los muertos al Señor, ni cuantos descienden al silencio...
SALMO 115.17

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras? […]
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlos a un río?
Había que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.
JAIME SABINES

Ahora que se acercan una vez más los Días de Muertos en México, una fiesta de origen prehispánico que sorprende tanto a los extranjeros que se acercan por primera vez a la extraña familiaridad con que este país se trata a los muertos, vuelve a salir a la luz el añejo problema de la relación entre esta fiesta y el enorme sustrato cultural que fue resultado de la mezcla de elementos religiosos anteriores a la Conquista y las creencias mesoamericanas acerca de la muerte.

En esta ocasión, la directiva de la asamblea general de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) ha enviado una aparatosa carta a la Secretaría (Ministerio) de Educación Pública (SEP) para manifestar su desacuerdo con que en algunas regiones del país, particularmente en el sureste (Tabasco) se obligue a los niños y niñas evangélicos a participar en la elaboración de altares en las escuelas para seguir la tradición.

Varias son las frases que llaman la atención en ese comunicado. La primera subraya que de "nuestras filas han surgido hombres y mujeres ilustres que en su momento han dado su aporte en una diversidad de campos de acciòn". La segunda expresa la preocupación de que "anualmente en el denominado 'DÍA DE MUERTOS' (sic) en mayor o menor grado y especialmente a nivel de jardín de niños y primaria se solicite a los alumnos y dentro de ellos -niños que pertenecen a nuestras iglesias presbiterianas- para que colaboren en la elaboración y presentación de la ofrenda de muertos, con el argumento de 'que se hace por razones de cultura'". (Énfasis agregado.)

Ante una afirmación como ésta, queda la impresión de que en todas las escuelas y jardines de niños del país se obliga a los/as estudiantes a participar en estos actos relacionados con los Días de Muertos. Cabe aclarar que no es así, pues la protesta originalmente fue solicitada por integrantes del Presbiterio del Golfo, debido a que en el estado de Tabasco (sureste) se estaban dando esas situaciones, y no en otras regiones o entidades. La asamblea general, reunida en julio, recibió una comunicación de dicho presbiterio que también incluía el desacuerdo de algunos docentes evangélicos de los niveles mencionados. La encomienda que recibió la nueva directiva consistió en dirigirse a la SEP para expresar la inconformidad de algunas familias de dicho estado.

Como se ve claramente, dicho encargo no se cumplió en la forma y, en el fondo, incluyó al resto de las iglesias presbiterianas del país como si éstas también estuvieran inconformes. Aunque, más allá de lo sucedido, la carta en cuestión se presta para apreciar la manera en que los dirigentes de la INPM entienden el supuesto "problema" de la celebración escolar de los Días de Muertos.

Además, los elementos y actos religiosos mencionados en la carta (cruz, imágenes, rezos, misas) nunca se utilizan o llevan a cabo en el interior de los planteles o en oficinas gubernamentales, donde, en su mayoría, se instalan ofrendas alusivas a las fechas en cuestión, sin que esto implique el menor problema en cuanto a la reglamentación laica de dichas oficinas. Prueba de ello es la imagen incluida en este artículo, que corresponde a las oficinas de la Subsecretaría de Educación Básica.

En realidad, el verdadero debate que sale a la luz cada año es la enorme incomprensión de las iglesias evangélicas hacia el pasado prehispánico y sus transformaciones mediante el sincretismo con las creencias católicas a partir de la Colonia. Porque lo cierto es que muchas de estas comunidades siguen actuando y pensando como extranjeros en su propia tierra a la hora de apreciar y evaluar los alcances, ya no de la fiesta como tal (que marca un feriado en el calendario oficial, nunca discutido por estas iglesias) sino de la sobrevivencia de una manera muy peculiar para afrontar la muerte entre los pueblos mesoamericanos.

En tiempos en los que el diálogo interreligioso es una realidad indiscutible, y cuando las diversas manifestaciones del cristianismo humildemente han comenzado a interrogarse a sí mismas sobre el papel que han desempeñado en las sociedades latinoamericanas, resulta discutible que iglesias como la INPM aún no hayan arribado a criterios de juicio cultural, educativo y teológico acerca de fenómenos tan arraigados en el imaginario colectivo.

El verdadero problema no consiste en definir, categóricamente, si los difuntos vienen del "más allá" a degustar los alimentos y bebidas que se colocan en las tumbas y en las ofrendas, quitándoles su sabor y esencia. Más bien, estas fechas pueden ser la ocasión para discutir seriamente y dialogar con los variados sedimentos culturales que, en las diferentes regiones del país, continúan celebrando y festejando la vida a través de una peculiarísima (y extremadamente lúdica) relación con la muerte. Ningún evangélico, por más recalcitrante que sea, le niega el derecho a sus niños/as de disfrutar las deliciosas calaveras de azúcar o chocolate (que llevan su nombre escrito en la frente ) o se abstiene de consumir el exquisito "pan de muerto" que se encuentra por todas partes, incluidos los más modernos supermercados.

Se olvidan, asimismo, las palabras de San Pablo en I Corintios 10.25-26: "De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud". El apóstol tenía muy claro que, en efecto, comer alimentos dedicados a los dioses inexistentes podía poner en entredicho la fe de los más débiles, pero al mismo tiempo exhorta a los/as creyentes a situarse ante el mundo con madurez, plenamente conscientes de los elementos culturales que lo integran. Las palabras paulinas son un modelo de juicio y equilibrio, especialmente si se considera el ambiente tan complicado y desafiante que se vivía en el puerto griego. Las culturas indígenas, mestizas y urbanas de México siguen siendo un enorme reto para este tipo de análisis bíblico-teológico.

Y es que el pánico con que muchos evangélicos asumen su cultura los coloca al borde de la esquizofrenia cultural al no ser capaces de discernir, a través del sano y edificante uso de la libertad cristiana (ésa sobre la que tan bien escribió Lutero en 1520) lo que es lícito y lo que no, como parte de un esquema de inculturación de la fe cristiana. Se insiste, lamentablemente, en practicar una separación de aquello que más nos pertenece para imponer, por su parte, costumbres y hábitos casi sectarios, desconectados de la realidad que vive la mayoría de la población. Esto se interpreta así porque se vive de lleno, aún en la dualidad Iglesia-mundo.

En este asunto confluyen aspectos antropológicos, culturales, religiosos y teológicos que, habitualmente, los pastores despachan con extrema rapidez mediante la condena generalizada de todo lo que huela a católico-romano, olvidando que el catolicismo hispano-mexicano, en particular, es una formidable combinaciòn de elementos y que los rasgos mesoamericanos siguen vigentes gracias a la protesta intrínseca (y a veces muy explìcita) contra el intento de desaparecerlos, por parte de los misioneros católicos del siglo XVI.

Hay que recordar, también, los esfuerzos de comprensión que plena época colonial se dieron en el seno del catolicismo en casos tan connotados como el de Fray Bernardino de Sahagún, quien en su Historia general de las cosas de la Nueva España (escrita entre 1547 y 1577) hizo un registro, no sin asombro, de las mentalidades y hábitos de los antiguos habitantes del actual México: creencias religiosas, cultos, ritos, historia, calendario, vida familiar, fiestas, labores agrícolas, trabajos manuales, etcétera. Algunos estudiosos consideran esta obra todavía como una extraordinaria fuente para comprfender la antigüedad mexicana, a pesar de los filtros religiosos del sacerdote Sahagún.

Habría que preguntarse si en los seminarios teológicos algún/a estudiante es capaz de explicar las creencias relacionadas con el Mictlan, el lugar adonde, según creían las culturas mesoamericanas (y particularmente la náhuatl) se marchaban los muertos y se ubicaban en una escala ontológica determinada por el tipo de muerte que habían padecido. En este sentido, sólo hay que recordar que las mujeres fallecidas durante el parto, los bebés o los guerreros, por citar sólo tres casos, no alcanzaban el mismo lugar en el inframundo. Las primeras (Cihuateteo) alcanzaban, al morir así, un estatus elevadísimo de dignidad por su servicio a la comunidad; los segundos se marchaban a un lugar donde había árboles que manaban leche eternamente (Chichihuacuahco); y los últimos se convertían en estrellas.

Quienes morían de enfermedades crónicas iban al Tlalocan, una especie de paraíso donde siempre había alegría y nunca faltaban los alimentos que se encontraban en abundancia para todos en un lugar de eterno verano. Sahagún lo describe como sigue: "La otra parte donde decían que se iban las ánimas de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena alguna; nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verde, y calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y jitomates, y fríjoles verdes en vaina, y flores (...) Y así decían que en el paraíso terrenal que se llamaba Tlalocan había siempre jamás verdura y verano”. Es decir, que la forma de vivir y morir determinaba el destino final, así como la manera en que se habían situado las personas ante la comunidad. Las connotaciones morales de la muerte eran muy diferentes a como las concibe Occidente.

Por todo ello, una sana comprensión y diálogo con la celebración tradicional de la muerte en México tendría que destacar la afirmación de la vida, de una vida digna, abundante, plena, tal como la vino a anunciar Jesús de Nazaret (Jn 10.10), pues la experiencia de la muerte, inevitable para los seres humanos, es un espacio escatológico de tránsito hacia el encuentro con la eternidad de Dios, pues Él nos está esperando en el futuro. Superemos las "discusiones bizantinas" (si los muertos van y vienen del "más allá": para lo cual urge practicar buenas relecturas de pasajes como el de Saúl y la pitonisa de Endor, I Sam 28, y de la parábola de Jesús sobre el rico y Lázaro, Lc 16.20-25) y afirmemos, mejor, la supremacía de la vida que Dios ofrece a la humanidad entera.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...