
La Iglesia Presbiteriana Ammi-Shadday es una comunidad cristiana que adora y sirve al Dios único y verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ella se reúnen hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones para celebrar agradecida, gozosa y conscientemente el amor divino revelado en Jesucristo, y para ofrecer humilde pero sinceramente el afecto fraterno a todas las personas que buscan el consuelo de Dios y el calor de la comunidad humana.
sábado, 8 de enero de 2011
Colosenses 2.11-13

sábado, 1 de enero de 2011
Conducta cristiana en una sociedad patriarcal
Biblia Isha, pp. 1399-1400
A fin de entender qué significa este texto para las mujeres hoy, primero hay que comprender qué significó para las cristianas y los cristianos que recibieron estos consejos dentro del mundo del primer siglo. El pasaje sigue el formato de unos escritos muy comunes en la antigüedad, llamados “códigos domésticos”, que hablaban de tres pares de relaciones: esposo-esposa, padre-hijos/as, amo/esclavos/as.
En la sociedad esclavista grecorromana, los gobernantes insistían en que los amos de las grandes casas controlaran estrictamente a sus subordinados, con el fin de evitar cualquier subversión. Entre los subordinados estaban tanto los esclavos y esclavas como los hijos (aun cuando fueran mayores de edad) y la esposa del amo.
La producción económica de estas casas patriarcales era muy importante y sus dueños detentaban gran poder político. Debían demostrar su rango y autoridad como esposos, padres y amos. Para cada una de estas relaciones, los escritores paganos justificaban su superioridad con varios argumentos. En cuanto a la relación entre el jefe de la casa y su esposa, se decía que las mujeres eran por naturaleza inferiores a los hombres y por eso tenían que ser gobernadas por ellos. Por esta y otras razones los “códigos domésticos” no dirigían palabra alguna a las mujeres ni a los otros subordinados.
¿Qué pensaban los primeros cristianos y cristianas de esta situación? La mayoría de ellos formaban parte de las clases subordinadas y pobres. Las iglesias eran pequeñas y no tenían influencia en la gran sociedad, aun cuando había unos pocos varones cristianos que pertenecían a la clase superior y cierto número de mujeres de este estrato social.
Este pasaje de Colosenses (también Ef 5.1-6.9) sigue el formato de las tres relaciones: esposo-esposa, padre-hijos/as, amo-esclavos/as. Sin embargo, en varios aspectos importantes este documento cristiano alteró el contenido tradicional. Por ejemplo, aquí el autor no se dirigió solamente ni en primer lugar al esposo-padre-amo. Habló primero a las personas que la sociedad patriarcal definía como subordinadas, como personas de menos valor: esposa, hijos, esclavos y esclavas. Frente a aquella jerarquía social opresiva este texto cristiano los tomó en cuenta como personas dignas, capaces de decidir sus conductas.
En el v. 18 el autor aconsejó a las mujeres que acataran la norma vigente, sujetándose a sus esposos. Como cristianas, debían llevar una conducta ejemplar y cumplir con lo que la sociedad esperaba de ellas. De manera parecida, exhortó a los hijos e hijas a obedecer a los padres (v. 20). Con esta actitud agradaban al Señor y al mismo tiempo se adaptaban a las expectativas de una sociedad que exigía sujeción a la figura patriarcal. Los esclavos y esclavas (vv. 22-25) vivían totalmente dependientes de su dueño, pero los que habían abrazado la fe en Jesucristo ya pertenecían a otro Señor y esto relativizaba el trabajo forzado para el dueño terrenal. Encontraron en Cristo una liberación existencial que les permitía no simplemente obedecer órdenes sino, en un nivel más profundo, mantener intactas su propia integridad y autoestima.
En vez de recalcar y reforzar la autoridad del esposo-padre-amo, este código cristiano le exigió modificar radicalmente su actitud y conducta hacia las personas que, según los preceptos sociales, estaban sujetos a él.
En tanto, el esposo debía aprender a amar a su esposa (v. 19) en una cultura en la que los matrimonios estaban arreglados por los padres. En Ef 5.25-27 el apóstol explica que este amor tenía que impulsar al varón a entregarse para promover la vida de la esposa, como lo hizo Cristo al dar su vida por la iglesia. Col 3.19 incluyó además una amonestación contra una actitud opuesta al amor: un espíritu de amargura y enojo que impulsara al esposo a maltratar a su esposa con palabras humillantes o acciones violentas.
Al dirigirse a los padres (v. 21), la enseñanza cristiana desafió otro precepto cultural: debían preocuparse no tanto por dominar a los hijos e hijas como por animarlos.
En aquélla época era inconcebible la abolición de la esclavitud, sin embargo, este código cristiano socavaba la ideología esclavista al rechazar el poder absoluto del dueño sobre sus esclavos, diciéndole al amo cristiano que él mismo era esclavo del Señor (4.1), por lo que estaba obligado a dar a sus esclavos y esclavas un trato bueno y justo. Pero, qué sentido tiene hoy ser justo dentro de un sistema esclavista, que es totalmente injusto?
El caso de amos y esclavos da una pista para interpretar todo este texto. Durante mucho tiempo, ciertos sectores cristianos pensaron que este pasaje revelaba que, ante Dios, la esclavitud estaba aceptada si los amos trataban bien a sus esclavos. Hoy se ssabe que estaban equivocados. Si así es el asunto con esclavos y amos, ¿qué del caso de esposas y esposos? A pesar de los nuevos valores exigidos a los varones ―amor sacrificial y buen trato―, permaneció intacta la subordinación de la mujer y el dominio del marido.
El primer paso para interpretar el texto es reconocer que estas instrucciones están pensadas para el mundo del primer siglo. El evangelio de libertad y justicia tiene poder para transformar toda la sociedad, pero en aquella época esta capacidad se realizó sólo en parte. La comunidad cristiana era pequeña y sin poder; para sobrevivir, debía adaptar su conducta a las normas imperantes, al tiempo que enseñaba a los cristianos varones a asumir nuevas actitudes y conductas, potencialmente revolucionarias. Estos nuevos valores estaban destinados a socavar el modelo de dominio/subordinación en toda la sociedad.
El segundo paso en la interpretación es reconocer que ha cambiado mucho el mundo en que vive la iglesia. Por ejemplo, ya no se tolera la esclavitud y nadie puede tomar este texto para defenderla ni para imponer sobre las parejas de hoy el antiguo modelo de dominio/sujeción.
El tercer paso es reconocer que la población cristiana ya no es una minoría impotente sino una fuerza que influye en la sociedad. Esta realidad debe impulsar a recuperar la intención agitadora de este texto. Las instrucciones que aquí se impartieron a los varones dominantes también socavan la ideología jerárquica actual y mueven a cuestionar la cultura patriarcal de la sociedad contemporánea.Este texto impulsa a hombres y mujeres a avanzar hacia el amor mutuo y la justicia en el seno de todos los matrimonios y hogares.
Letra 202, 2 de enero de 2010

Culto de oración y estudio, 4 de enero de 2011
ZOFAR Y LA RUINA DE LOS MALVADOS (Job 20)
Modera: D.I. Laura Cabrera B.
***
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
4 – Reunión de Consistorio
7 - Culto de oración
8 – Encuentro con la Pbra. Eva Domínguez Sosa (16. 30 horas, Francisco Fernández del Castillo 2509, col. Villa de Cortés)
9 – Comunión y bautismo/ Promoción de lectura bíblica
15 – Debate sobre ordenación de las mujeres (Toluca, Méx.)
16 – Reunión congregacional
Convocatoria a reunión congregacional
El Dios creador sostiene al mundo cada día, L. Cervantes-O.
Cuando el gran teólogo Gerhard von Rad explica la fe en el Dios creador según el Antiguo Testamento advierte con claridad que los “mejores” textos que la evidencian no son los correspondientes al Génesis sino los testimonios que aparecen en los salmos, especialmente el 104, en donde se contempla la naturaleza y el cosmos y se reflexiona sobre el cuidado de Dios para su creación a partir de una comprensión de las intervenciones salvíficas de Dios en la historia: “El credo cultual primitivo no contenía nada sobre la creación. Israel descubrió la justa relación teológica entre ambas tradiciones, cuando aprendió a considerar la creación en el contexto teológico de la historia salvífica”.[1] De ahí que se pueda hablar, con justa razón, de “las buenas nuevas de la creación”.[2] Así, más allá de los compromisos de la alianza, el creyente se conecta, literalmente, de manera espiritual con todo lo creado y encuentra la presencia bienhechora de quien lo hizo todo con el poder de su palabra. A. Bonora habla de esta comunión como sigue:
En el salmo 104 parece resonar la mirada contemplativa sobre el cosmos de Gén 1, como si el ojo pasase de un elemento al otro del mundo creado: la luz, los montes, los valles, el sol, los ríos, las plantas, los animales... No se narra la creación; se la contempla y se la canta. No se quiere explicar su origen, sino comprender su belleza y su orden. La creación del mundo es percibida por el salmista no en el pasado, como un suceso de los orígenes, sino como un acto presente. Para el salmista, más bien que decir “Dios ha creado el mundo”, habría que decir que “Dios crea el mundo”. La vida múltiple y heterogénea que se desarrolla ante los ojos del salmista no es un mecanismo ni un libro escrito en un lejano pasado inmóvil, sino que es escrita en el presente por Dios. Así pues, el cosmos se contempla como una continuidad de vida que se renueva y renace: ¡no hay un día igual a otro![3]
La exhortación inicial (“Bendice, alma mía, a Jehová./ Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido;/ Te has vestido de gloria y de magnificencia”, v. 1) relaciona la conciencia salvífica con las maravillas visibles de Dios. La fe hace que la mirada se sublime y pueda advertir la forma en que Dios se manifiesta en el mundo. Los primeros cuatro versículos del salmo hablan de la excelsitud divina y la forma en que se relaciona con la naturaleza. El cosmos y la historia son los espacios del encuentro con Dios, con su voluntad que sostiene en vilo al universo. A cada paso hay, como escribió Whitman, cartas suyas: “¿Por qué habría yo de desear ver a Dios mejor de lo que le veo en este día?/ Si veo algo de Dios en cada hora y en cada instante del día,/ Si veo a Dios en el rostro de los hombres y de las mujeres, y en mi propio rostro en el espejo,/ Si encuentro cartas de Dios en la calle, y todas ellas llevan la firma de Dios,/ Y las dejo allí donde las encuentro, pues sé que, dondequiera que yo vaya/ Llegarán con puntualidad otras, eternamente.[4]
Dios no hizo todas las cosas y se olvidó de ellas, sino que les provee un cuidado paciente, amoroso, tal como Jesús lo recordó en el Sermón del Monte (Mt 6.25-34), adonde relaciona este cuidado con la búsqueda del Reino de Dios y la superación de la ansiedad por el presente y el futuro. El salmo describe la manera en que fundó la tierra “sobre sus cimientos”, dando fe de una cosmovisión antigua, que no por ello deja de percibir, mediante una teología ligada a la historia, la creación como una manifestación de su amor (vv. 5-8), en donde las aguas cumplen un papel fundamental. Luego, envía éstas aguas para el sustento de la naturaleza y las coloca como una fuente de vida para todos los seres creados (vv. 10-13). Esta forma de exponer las bondades de la creación divina es resumida bellamente por Von Rad:
Yahvéh ha puesto límites a las aguas del océano primordial, pero al mismo tiempo las ha incorporado en su creación de una manera benéfica, en forma de fuentes y arroyos (y la lluvia del cielo fecunda las montañas). Las fuentes son para los animales y las plantas, el verdor de los campos da pan a los hombres, en los árboles anidan los pajarillos, las montañas sirven de madriguera al erizo. Los astros miden el tiempo, la noche está reservada a las fieras salvajes; el día, en cambio, al trabajo del hombre...[5]
Esta percepción es particularmente importante ante los problemas ocasionados por el uso tan irresponsable, en ocasiones, del agua en estos tiempos.[6] Los vv. 14-18 hablan acerca de la manera en que hace producir la tierra para beneficio de sus criaturas, aunque no sólo en el sentido material sino también para el placer de la humanidad: “Saca el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” (v. 14b-15).
2. Consecuencias “espirituales” y éticas del cuidado de Dios hacia su creación
El salmo avanza en su propósito de exponer las bondades del Dios creador y lanza una mirada cósmica pero al mismo tiempo, práctica y concreta (vv. 19-23): observa cómo las luminarias marcan los tiempos para la vida salvaje y el trabajo humano, como parte de un magnífico contraste entre el uso de la oscuridad y la luz. El campesino trabaja hasta determinada hora y la puesta del sol marca el inicio de su descanso. Los vv. 24-26 observan ahora la convivencia entre animales marinos reales y mitológicos (peces y el Leviatán), al mismo tiempo que da cuenta del trabajo humano en ese espacio vital. Nuevamente las aguas son el objeto central de la reflexión sobre las acciones creadoras de Dios.
Dios es el gran sustentador de la vida: ésta es la gran afirmación de los vv. 27-30, adonde El Espíritu divino es visto como la razón de ser de todas las cosas, lo cual subraya el carácter permanente de la creación (v. 30): Dios sigue creando todo el tiempo, su poder renovador sigue vigente continuamente. A partir de ahí, la conclusión del salmo no puede ser más intensa, pues los versículos finales (vv. 31-35) no dejan de relacionar el esfuerzo creador de Dios y sus manifestaciones visibles con la dimensión ética de la vida humana: la naturaleza no está ahí simplemente para disfrutar de los paisajes y extasiarse ante sus maravillas, sino que también de su contemplación brota la exigencia de un reconocimiento y una eventual alabanza por parte de los seres humanos. La gloria divina resplandece en sus obras (v. 31) y él sigue atento su devenir, por ello surge la exaltación humana ante tanta magnificencia providente. La meditación creyente se nutre de una atenta observación del cosmos como un orden perfectamente establecido por Dios y la proyección ética le hace exclamar al salmista un juicio ético sobre la existencia de los malvados, quienes en flagrante contradicción con el orden divino, rompen la armonía deseada por Él mediante sus acciones injustas (v. 34).
Para la fe cristiana actual, una comprensión adecuada de un régimen humano basado en la creación debería propiciar, no la oposición entre creencias científicas y las verdades sagradas sino un sano diálogo que coloque en su justo lugar a unas y otras, a fin de percibir que las enseñanzas de las Escrituras buscan fortalecer la dignidad de la presencia de la vida sobre la tierra en sus más variadas formas y que todas ellas proceden del amor de Dios. El Dios de la alianza, el Dios creador, es un Dios que intenta trasladar la armonía y el equilibrio de la creación a todos los ámbitos de la existencia. He ahí la importancia de la relación bíblica entre naturaleza e historia, entre el cosmos y la creencia profunda en los propósitos redentores del Creador de todas las cosas.
[1] G. von Rad, Teología del Antiguo Testamento. I. Teología de las tradiciones históricas de Israel. Salamanca, Sígueme, 1982, p. 185.
[2] Cf. Juan B. Stam, Las buenas nuevas de la creación. Buenos Aires-Grand Rapids, Nueva Creación-Eerdmans, 1995. Nueva edición: Buenos, Aires, Kairós, 2008.
[3] A. Bonora, “Co
smos”, en www.mercaba.org/DicTB/C/cosmos.htm.[4] W. Whitman, “”, en Ho
jas de hierba. Buenos Aires, Colihue, 2004, p. 171.[5] G. von Rad., op. cit., p. 442.
[6] Cf. J.B.Stam, “Sin agua, no hay vida”, en Lupa Protestante, 10 de septiembre de 2007, www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&view=article&id=676:sin-agua-no-hay-vida--juan-stam&catid=13&Itemid=129.
El Dios del pacto, un Dios cercano a la vida cotidiana

miércoles, 29 de diciembre de 2010
Siempre en la mano de nuestro Dios, L. Cervantes-O.
¡Oh Señor!, Tú sostienes con tu mano
cada instante nos sacas de la nada,
...Y todo, ¿para qué? Para poder seguir
José María Valverde, “Salmo de la mano de Dios”
1. Las metáforas sálmicas del cuidado divino
Los salmos, como siempre, son el reducto de la voz cansada por los años, por el cúmulo de experiencias que, con el paso del tiempo, van transformando a las personas, porque incluso en términos de la fe nunca somos los mismos y vamos cambiando, para bien o para mal, en nuestra percepción del caminar que Dios nos ha dado y las razones por las que nos puso en el mundo. El salmo 91 establece una certidumbre que solamente otorgan años de constancia y fidelidad, y por eso puede iniciar con una exhortación: “Vivamos bajo el cuidado del Dios altísimo;/ pasemos la noche bajo la protección del Dios todopoderoso./ Él es nuestro refugio,/ el Dios que nos da fuerzas,/ ¡el Dios en quien confiamos!”. Las diversas metáforas para expresar el cuidado de Dios por sus fieles van desde el ámbito militar (fortaleza, castillo), pasan por la naturaleza (roca, refugio) y llegan hasta las formas zoológicas y humanas (plumas, brazos, manos), con lo que se enriquece la imaginación creyente para tratar de abarcar el cuidado divino por su creación y sus criaturas. La “anatomía de la gracia divina” o del Dios personal que se desvela por proteger a su hijos e hijas se concentra en lugares determinados, pues como escribió Calvino: “La providencia que ubicamos en Dios, le pertenece no sólo a sus ojos, sino también a sus manos”.[2]
Mas Tú no te fatigas
Tú sostienes los miles de flores no miradas,
Acudes de uno en otro:
Pienso el viento en el mar
desde el día que hablaste hasta el que calles,
pues que nadie te mira y nada ha de quedar?
velando cada día para que hoy estuviese.
¡Y tantas, tantas cosas,
2. Vivir y morir en la eterna mano de Dios, garantía de su amor
Colosenses 3, a su vez, es una exhortación a levantar la mirada hacia las cosas verdaderamente importantes según los criterios divinos y a hacer a un lado la superficialidad como nota dominante de la vida. “Buscar las cosas de arriba” (v. 1) es una forma de redefinir las prioridades de la existencia si se afirma la fe en Cristo como algo relevante. “Mirar las cosas de arriba” (v. 2) es someter todo lo demás a la nueva mirada espiritual. Cada creyente, afirma el pasaje, ha muerto y ahora, su vida “está escondida con Cristo en Dios” (v. 3). Esta afirmación paradójica coloca la vida cristiana y la vida en general, dentro de otros marcos, opuestos y contrarios a los dominantes, esto es, desde una perspectiva contestataria y creadora de nuevos valores. La nueva vida en Cristo, escatológicamente hablando, se encuentra, en efecto, “escondida en Cristo”, pues se manifestará plenamente al final de los tiempos, mientras tanto, da muestras de su presencia de manera esporádica y, por ello, exigente desde una ética responsable y activa.
(En el fondo de vuestro corazón,
Sabedlo bien: la muerte no es el olvido súbito
De modo que esta vida visible, en sus diversas etapas y transformaciones, es apenas un conjunto de transiciones hacia la manifestación futura de la plenitud de vida anunciada y experimentada “en Cristo”, según la fórmula paulina. La “vida escondida con Cristo en Dios”, por decirlo así, la que nos está esperando en el futuro, se anticipa ahora en lo que somos y hacemos y nos llama a que en cada ciclo que avancemos no solamente seamos mejores personas (en el esquema de los buenos propósitos para cada inicio de año) sino que avancemos en el camino hacia la plenitud de esa vida, una forma de existencia superior que está escondida, por decirlo así, en la mano de Dios. Si estamos ahí siempre, podemos tener la esperanza de crecer para ser cada vez más dignos de esa “vida superior” ...pero a la cual sólo podemos llegar a través de ésta, tan limitada, mezquina y apesadumbrada como la vivimos ahora. De ahí que podamos decir, como en la “Oración de un creyente desconcertado”:
A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?
¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro! Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero la experiencia me dice que no puedo esperar grandes cambios. Estoy demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.[5]
Eso no está en su amor.
Ved la muerte; mirad cómo Dios nos la endulza
y nos lleva hacia ella de la mano,
cómo nos la prepara antes, igual que un lecho...
Ni aun esos que tropiezan con una muerte fiera
estaban ese instante dejados de su mano...
Notas
[2] J. Calvino, Concerning the eternal predestination of God. Trad. de J.K.S. Reid. Cambridge, James Clark, 1961, p. 162, cit. por William P. Brown, Seeing the psalms. A theology of metaphor. Louisville, John Knox Westminster, 2002, p. 167.
[3] Cit. por Bill Zieche el 21 de febrero de 2010 en la Iglesia Presbiteriana Heritage, Muskego, Wisconsin, http://heritagechurchmuskego.org/sermons/feb10/2.21.2010.pdf. Cf. W. Brueggemann, Spirituality of the Psalms. Minneapolis, Fortress, 2002; y Carl N. Jacobson, “Psalm 91”, en R.E. van Harn y B.A. Strawn, eds., Psalms for preaching and worship. A lectionary commentary. Grand Rapids, Eerdmans, 2009, pp. 235-238.
[4] P. Lima Vasconcellos, “Colosenses y Efesios: desdoblamientos de la tradición paulina”, en RIBLA, núm. 55, www.claiweb.org/ribla/ribla55/colosenses.html.
[5] “Oración de un creyente desconcertado”, en “Oraciones de fin de año”, http://webcatolicodejavier.org/campanadas.html.
[6] Cf. I. Foulkes, “Los códigos de deberes domésticos en Colosenses 3,18-4,1 y Efesios 5.22-6.9. Estrategias persuasivas, reacciones provocadas”, en RIBLA, núm. 55, www.claiweb.org/ribla/ribla55/los%20codigos.html; y Keith Hack, Colossians 3 principle. Principle reflections of the christian life. Longwood, Xulon Press, 2006, un sencillo acercamiento a la aplicabilidad de la fe en la vida diaria.
Culto de fin de año, 31 de diciembre de 2010, 22 horas
¡Tú eres la muralla que me salva!/ Guíame y dirígeme,/ pues así lo prometiste./ […] ¡tú eres mi protector!/ Tú eres un Dios fiel./ ¡Sálvame!/ ¡Mi vida está en tus manos!
Ministro: Dios nuestro,/ ¡tú siempre has sido nuestra casa!/ Desde siempre y hasta siempre,/ desde antes de que crearas/ las montañas, la tierra y el mundo,/ tú has sido nuestro Dios.
Todos/as: ¡Permítenos comenzar el día/ llenos de tu amor,/ para que toda la vida/ cantemos llenos de alegría!/ […] ¡Permite que nosotros y nuestros hijos/ podamos ver tu grandeza y tu poder!/ Dios nuestro,/ ¡muéstranos tu bondad,/ y bendice nuestro trabajo!/ ¡Sí, bendice nuestro trabajo! Amén.
* Himno: "Venid, cantad de gozo en plenitud" (256), T.M. Westrup
Ministro: Postrados/as ante tu trono venimos con la confianza que nos da tu Hijo eterno para rogar por nuestra vida y por la estabilidad que necesitamos para seguir en el mundo.
* Salutaciones: Himno "Un mandamiento nuevo os doy" (404)
AGRADECIDOS/AS POR SU AMOR CONSTANTE
Momento de testimonios personales o familiares
* Lectura del Antiguo Testamento: Salmo 91
* Lectura del Nuevo Testamento: Colosenses 3.1-17
Mensaje:
SIEMPRE EN LA MANO DE NUESTRO DIOS
Pbro. L. Cervantes-Ortiz
* Himno "Grande es tu fidelidad" (50), T.O. Chisholm
Celebración de la Santa Cena
NOS PONEMOS EN LAS MANOS DE DIOS
Señor que vives en la eternidad y que ésta te define para nuestros débiles y escasos pensamientos, venimos desde nuestra flaqueza y precariedad, desde nuestro limitado tiempo, a encontrarnos contigo en este día. Escucha nuestra voz de súplica sincera mediante la cual te imploramos, una vez más, tu compañía cercana en este nuevo año, como manifestación cercana de tu amor. Que podamos sentirte cada día a nuestro lado, que le des luz a nuestros pasos y que nos capacites para responder a tus desafíos en obediencia gozosa a tu voluntad y tu palabra. Danos la fuerza vital que nos conduzca siempre por los senderos de justicia, equidad y fraternidad con los demás. Danos la paz y seguridad que procede de tu Espíritu y despierta en cada uno/a la capacidad, a veces demasiado dormida y olvidada, para hacer el bien y seguir al servicio de tu Reino. Lo rogamos por medio de Jesús de Nazaret. Amén
Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías, sino que cada uno llevará ofrendas, conforme a las bendiciones que del Señor tu Dios haya recibido.
* Bendición pastoral
* Bendición congregacional: "Dios, nuestro apoyo" (59), I. Watts
Postludio
Oración de fin de año de un creyente desconcertado

Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de ti. Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías. Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.
Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.
29 de agosto, 2021 Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...
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