sábado, 8 de enero de 2011

Colosenses 2.11-13


Los judíos se circuncidan en señal de que son parte del pueblo de Dios. Pero a ustedes Dios los hizo parte de su pueblo uniéndolos a Cristo, y así les quitó el deseo de seguir pecando. Esa fue la circuncisión que Dios mismo les hizo. Cuando ustedes fueron bautizados, fueron sepultados con Cristo. Y resucitaron con él, porque confiaron en el poder de Dios. Antes, ustedes estaban muertos, pues eran pecadores y no formaban parte del pueblo de Dios. Pero ahora Dios les ha dado vida junto con Cristo, y les ha perdonado todos sus pecados.

Invitación para el sábado 8


sábado, 1 de enero de 2011

Conducta cristiana en una sociedad patriarcal


Colosenses 3.18-4.1
Biblia Isha, pp. 1399-1400

A fin de entender qué significa este texto para las mujeres hoy, primero hay que comprender qué significó para las cristianas y los cristianos que recibieron estos consejos dentro del mundo del primer siglo. El pasaje sigue el formato de unos escritos muy comunes en la antigüedad, llamados “códigos domésticos”, que hablaban de tres pares de relaciones: esposo-esposa, padre-hijos/as, amo/esclavos/as.
En la sociedad esclavista grecorromana, los gobernantes insistían en que los amos de las grandes casas controlaran estrictamente a sus subordinados, con el fin de evitar cualquier subversión. Entre los subordinados estaban tanto los esclavos y esclavas como los hijos (aun cuando fueran mayores de edad) y la esposa del amo.
La producción económica de estas casas patriarcales era muy importante y sus dueños detentaban gran poder político. Debían demostrar su rango y autoridad como esposos, padres y amos. Para cada una de estas relaciones, los escritores paganos justificaban su superioridad con varios argumentos. En cuanto a la relación entre el jefe de la casa y su esposa, se decía que las mujeres eran por naturaleza inferiores a los hombres y por eso tenían que ser gobernadas por ellos. Por esta y otras razones los “códigos domésticos” no dirigían palabra alguna a las mujeres ni a los otros subordinados.
¿Qué pensaban los primeros cristianos y cristianas de esta situación? La mayoría de ellos formaban parte de las clases subordinadas y pobres. Las iglesias eran pequeñas y no tenían influencia en la gran sociedad, aun cuando había unos pocos varones cristianos que pertenecían a la clase superior y cierto número de mujeres de este estrato social.
Este pasaje de Colosenses (también Ef 5.1-6.9) sigue el formato de las tres relaciones: esposo-esposa, padre-hijos/as, amo-esclavos/as. Sin embargo, en varios aspectos importantes este documento cristiano alteró el contenido tradicional. Por ejemplo, aquí el autor no se dirigió solamente ni en primer lugar al esposo-padre-amo. Habló primero a las personas que la sociedad patriarcal definía como subordinadas, como personas de menos valor: esposa, hijos, esclavos y esclavas. Frente a aquella jerarquía social opresiva este texto cristiano los tomó en cuenta como personas dignas, capaces de decidir sus conductas.
En el v. 18 el autor aconsejó a las mujeres que acataran la norma vigente, sujetándose a sus esposos. Como cristianas, debían llevar una conducta ejemplar y cumplir con lo que la sociedad esperaba de ellas. De manera parecida, exhortó a los hijos e hijas a obedecer a los padres (v. 20). Con esta actitud agradaban al Señor y al mismo tiempo se adaptaban a las expectativas de una sociedad que exigía sujeción a la figura patriarcal. Los esclavos y esclavas (vv. 22-25) vivían totalmente dependientes de su dueño, pero los que habían abrazado la fe en Jesucristo ya pertenecían a otro Señor y esto relativizaba el trabajo forzado para el dueño terrenal. Encontraron en Cristo una liberación existencial que les permitía no simplemente obedecer órdenes sino, en un nivel más profundo, mantener intactas su propia integridad y autoestima.
En vez de recalcar y reforzar la autoridad del esposo-padre-amo, este código cristiano le exigió modificar radicalmente su actitud y conducta hacia las personas que, según los preceptos sociales, estaban sujetos a él.
En tanto, el esposo debía aprender a amar a su esposa (v. 19) en una cultura en la que los matrimonios estaban arreglados por los padres. En Ef 5.25-27 el apóstol explica que este amor tenía que impulsar al varón a entregarse para promover la vida de la esposa, como lo hizo Cristo al dar su vida por la iglesia. Col 3.19 incluyó además una amonestación contra una actitud opuesta al amor: un espíritu de amargura y enojo que impulsara al esposo a maltratar a su esposa con palabras humillantes o acciones violentas.
Al dirigirse a los padres (v. 21), la enseñanza cristiana desafió otro precepto cultural: debían preocuparse no tanto por dominar a los hijos e hijas como por animarlos.
En aquélla época era inconcebible la abolición de la esclavitud, sin embargo, este código cristiano socavaba la ideología esclavista al rechazar el poder absoluto del dueño sobre sus esclavos, diciéndole al amo cristiano que él mismo era esclavo del Señor (4.1), por lo que estaba obligado a dar a sus esclavos y esclavas un trato bueno y justo. Pero, qué sentido tiene hoy ser justo dentro de un sistema esclavista, que es totalmente injusto?
El caso de amos y esclavos da una pista para interpretar todo este texto. Durante mucho tiempo, ciertos sectores cristianos pensaron que este pasaje revelaba que, ante Dios, la esclavitud estaba aceptada si los amos trataban bien a sus esclavos. Hoy se ssabe que estaban equivocados. Si así es el asunto con esclavos y amos, ¿qué del caso de esposas y esposos? A pesar de los nuevos valores exigidos a los varones ―amor sacrificial y buen trato―, permaneció intacta la subordinación de la mujer y el dominio del marido.
El primer paso para interpretar el texto es reconocer que estas instrucciones están pensadas para el mundo del primer siglo. El evangelio de libertad y justicia tiene poder para transformar toda la sociedad, pero en aquella época esta capacidad se realizó sólo en parte. La comunidad cristiana era pequeña y sin poder; para sobrevivir, debía adaptar su conducta a las normas imperantes, al tiempo que enseñaba a los cristianos varones a asumir nuevas actitudes y conductas, potencialmente revolucionarias. Estos nuevos valores estaban destinados a socavar el modelo de dominio/subordinación en toda la sociedad.
El segundo paso en la interpretación es reconocer que ha cambiado mucho el mundo en que vive la iglesia. Por ejemplo, ya no se tolera la esclavitud y nadie puede tomar este texto para defenderla ni para imponer sobre las parejas de hoy el antiguo modelo de dominio/sujeción.
El tercer paso es reconocer que la población cristiana ya no es una minoría impotente sino una fuerza que influye en la sociedad. Esta realidad debe impulsar a recuperar la intención agitadora de este texto. Las instrucciones que aquí se impartieron a los varones dominantes también socavan la ideología jerárquica actual y mueven a cuestionar la cultura patriarcal de la sociedad contemporánea.Este texto impulsa a hombres y mujeres a avanzar hacia el amor mutuo y la justicia en el seno de todos los matrimonios y hogares.

Letra 202, 2 de enero de 2010


AL UMBRAL DEL 2011
Carmelo Álvarez
ALC Noticias, 29 de diciembre de 2011

Una vez más llegamos a ese momento crucial en que dejamos atrás un viejo año y nos aprestamos a recibir el nuevo. Es un rito de pasaje que cada año nos rodea de sensaciones muy diversas. La mayoría de las personas desean olvidar momentos dolorosos que llevaron a la separación física de seres queridos o rupturas de todo tipo desde divorcios hasta distanciamientos de amistades y familiares, por las razones que fueren.

Sin embargo, siempre tenemos este optimismo que nos llama a mirar hacia el futuro con esperanza. Somos seres humanos tercamente afirmados y afirmadas con posibilidades de reclamar lo mejor de nuestra humanidad y los más altos ideales que implica enmendarnos y proponernos ser mejores. Yo afirmo esa dimensión pues soy por naturaleza optimista. Pero debo advertir que más allá de nuestras buenas intenciones hay que discernir y decidir como humanidad los rumbos que tenemos que escoger. Nuestras aspiraciones, sueños y deseos son necesarios. Pero la fuerza ética que nos plantea retos ineludibles, incluso para la preservación de la creación y por ende de la especie humana, está en juego. A pesar de nuestras buenas intenciones seguimos atrapados en conductas que nos pueden llevar a nuestro propio precipicio y destrucción. ¡Los tiempos que enfrentamos son de una gran complejidad!

Casi todos los desafíos que tenemos por delante son producto de nuestro atropello contra la naturaleza y su equilibrio. Los últimos 500 años hemos experimentado los más grandes logros tecnológicos, científicos y de desarrollo industrial y económico, como nunca antes en la historia de la humanidad. De igual forma han sido los siglos en que la destrucción de nuestro hábitat natural ha ido erosionando nuestra propia existencia y subsistencia. Desde la contaminación del agua hasta la explotación indiscriminada de los recursos naturales, la mayoría de ellos no renovables, el cerco de nuestra autodestrucción se hace cada día más evidente.

Entonces, ¿qué hemos de hacer? Creo que podríamos comenzar con una actitud de humildad y conversión. Nuestra fe, tanto en su dimensión moral como espiritual, debería señalarnos rutas para enmendarnos, cambiar, corregir y llamarnos a cuentas como seres humanos racionales y sensibles. Aquella afirmación bíblica en Lucas 18.8, puede ser una admonición y una promesa: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”.

Pienso que tanto para las personas creyentes en una fe religiosa como para hombres y mujeres de buena voluntad que tienen fe y se piensan agentes morales que miran con perplejidad, pero también con una gran dosis de compromiso en la necesidad de que los seres humanos nos unamos en una gran gesta de reconciliación y paz, el llamado es ineludible. Hace falta un verdadero humanismo ecuménico hacia este siglo 21 que nos sigue desafiando y acompañando.

El cinismo no es el camino, la urgencia en actuar responsablemente es nuestra fuerza. Todos y todas somos agentes de transformación. Frente a las guerras, los conflictos de todo tipo que generan más y más violencia y las ideologías paralizantes y enajenantes, hay que seguir soñando y luchando por un mundo mejor. Nuestra utopía es ese lugar distinto y posible que nos aguarda, pero que hemos de construir con imaginación y tenacidad. Como decía el Mahatma Gandhi en la India: “Si la fuerza espiritual que existe en el mundo fuera más negativa que positiva, hace tiempo estaríamos destruidos”.

Afirmemos que hemos sido puestos aquí en este mundo de Dios con el propósito de propiciar una gran convivencia de toda la creación, en una gran parábola de ternura y amor que nos envuelva a todos y todas. Un poema de nuestro querido obispo Pedro Casaldáliga sugiere una ruta de paz:

Danos, Señor, aquella Paz extraña
que brota en plena lucha
como una flor de fuego;
que rompe en plena noche
como un canto escondido;
que llega en plena muerte
como el beso esperado.

Danos la Paz de los que andan siempre,
desnudos de ventajas,
vestidos por el viento
de una esperanza núbil.

Aquella Paz del pobre
que ya ha vencido el miedo.
Aquella paz del libre
que se aferra a la vida.

La Paz que se comparte
en igualdad fraterna
como el agua y la Hostia.

Pedro Casaldáliga, Al acecho del Reino, 233

Que esa paz inquieta nos encamine en este nuevo año 2011 hacia proyectos y luchas por la justicia y la paz, hacia un mundo nuevo. Estos son mis deseos y mi terco optimismo. ¡Feliz y desafiante 2011!
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JUNIA, LA APÓSTOL TRANSEXUADA (I)
Cristina Conti
Lupa Protestante, 15 de noviembre de 2010

El cambio de sexo parece ser algo que sólo se ha dado en las últimas décadas. Eso es cierto, por supuesto, en cuanto a la operación quirúrgica que posibilita un cambio del sexo físico, pero han ocurrido cambios de sexo operados por medio del leguaje, y que se han hecho siglos después de la muerte de la persona en cuestión. Tal es el caso de la apóstol Junia, cuyo nombre se encuentra entre los saludos finales de la epístola de Pablo a los cristianos de Roma.

La cuestión sobre el género sexual de Junia no es menor, puesto que, si se trataba de una mujer apóstol –el cargo más alto en la iglesia del primer siglo– eso constituiría un buen argumento a favor de la ordenación y el liderazgo de las mujeres en todas las iglesias de la actualidad.

Ya en la época de Pablo, los apóstoles no eran solamente aquellos doce apóstoles elegidos por Jesús al comienzo de su ministerio. Esos doce varones representaban al nuevo Israel, que tal como el antiguo Israel, debía asentarse sobre doce patriarcas. Por esa razón era necesario que fueran varones, porque se trataba de patriarcas, no de matriarcas. Y también, por el mismo motivo, era necesario que fueran judíos. Teniendo estas cosas en cuenta, podemos ver que no es válido el argumento de que las mujeres no pueden acceder al ministerio sacerdotal porque Jesús eligió a doce varones para que fueran sus apóstoles. En primer lugar, Jesús tenía necesariamente que elegir a doce varones judíos para que representaran a los patriarcas del nuevo Israel que él estaba creando. Si llevamos el argumento hasta sus últimas consecuencias, los únicos que podrían acceder al sacerdocio tendrían que ser no sólo varones, sino también judíos. Me pregunto cuántos judíos convertidos al cristianismo podrá haber entre los sacerdotes de la ICR o de las iglesias ortodoxas, o entre los pastores de las iglesias evangélicas conservadoras.

En segundo lugar, apóstoles y sacerdotes son cargos eclesiásticos totalmente diferentes. Los apóstoles de la iglesia primitiva, así como los patriarcas del antiguo Israel, no ejercían funciones sacerdotales, para eso estaban los presbíteros y los levitas, respectivamente. En tercer lugar, por definición un apóstol (del verbo griego apostéllō = enviar) es una persona enviada por Jesús o por la iglesia con una misión. En efecto, los 72 discípulos enviados por Jesús (Lc 10:1-20) eran técnicamente apóstoles, y nada indica que entre ellos no hubiera mujeres. En realidad es lo más probable que algunos de los 72 fueran mujeres, especialmente si tenemos en cuenta el texto de Lucas 8:1-3 sobre las mujeres discípulas que formaban parte del grupo de seguidores de Jesús. Y no olvidemos que, cuando Jesús envía a María Magdalena a testificar a sus hermanos sobre la resurrección, la está convirtiendo en un apóstol (Jn 20:17-18; Mt 28:10). Así lo reconoció Hipólito de Roma (s. III), cuando dijo que María Magdalena era una “apóstol a los apóstoles”. En cuarto lugar, en la iglesia de los primeros siglos, los apóstoles eran simplemente personas enviadas por sus iglesias con la misión de fundar nuevas iglesias. Es decir que los apóstoles de esa época serían lo que actualmente llamamos misioneros. Por tanto, que Jesús haya elegido doce apóstoles varones no sirve como argumento para negar la ordenación de las mujeres al sacerdocio. Además, veremos que había mujeres apóstoles reconocidas, al menos en la iglesia del primer siglo.

Al final de su carta a los romanos, el apóstol Pablo envía sus saludos a unos parientes suyos, Andrónico y Junia, agregando que son “ilustres entre los apóstoles” (Rom 16:7). Muchos traductores vierten el nombre de la persona que acompañaba a Andrónico como Junias, un nombre masculino. Sin embargo, el nombre Junias no existe en la onomástica griega, en cambio el nombre femenino Junia aparece frecuentemente en la literatura y en las inscripciones.

Culto de oración y estudio, 4 de enero de 2011

Martes 4 de enero, 19 hrs.

ZOFAR Y LA RUINA DE LOS MALVADOS (Job 20)
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

***

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

4 – Reunión de Consistorio
7 - Culto de oración
8 – Encuentro con la Pbra. Eva Domínguez Sosa (16. 30 horas, Francisco Fernández del Castillo 2509, col. Villa de Cortés)
9 – Comunión y bautismo/ Promoción de lectura bíblica
15 – Debate sobre ordenación de las mujeres (Toluca, Méx.)
16 – Reunión congregacional

Convocatoria a reunión congregacional

México, D. F., a 7 de diciembre de 2010
En el nombre glorioso de Nuestro Señor Jesucristo, Jefe y Cabeza de la Iglesia, y con fundamento en los artículos 160 a 170 de la Constitución de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, se CONVOCA a los miembros en plena comunión de la Iglesia Ammi-Shadday a la Reunión Congregacional a celebrarse D.M. el 16 de enero de 2011 a las 13.30 hrs. para la elección y llamamiento pastorales.
Por acuerdo del Consistorio.
Por la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
Pbro. Caleb Díaz, pastor oficiante
A.I. Rubén Núñez, Secretario

El Dios creador sostiene al mundo cada día, L. Cervantes-O.

2 de enero de 2011
1. La fe bíblica en el Dios creador y sustentador
Cuando el gran teólogo Gerhard von Rad explica la fe en el Dios creador según el Antiguo Testamento advierte con claridad que los “mejores” textos que la evidencian no son los correspondientes al Génesis sino los testimonios que aparecen en los salmos, especialmente el 104, en donde se contempla la naturaleza y el cosmos y se reflexiona sobre el cuidado de Dios para su creación a partir de una comprensión de las intervenciones salvíficas de Dios en la historia: “El credo cultual primitivo no contenía nada sobre la creación. Israel descubrió la justa relación teológica entre ambas tradiciones, cuando aprendió a considerar la creación en el contexto teológico de la historia salvífica”.
[1] De ahí que se pueda hablar, con justa razón, de “las buenas nuevas de la creación”.[2] Así, más allá de los compromisos de la alianza, el creyente se conecta, literalmente, de manera espiritual con todo lo creado y encuentra la presencia bienhechora de quien lo hizo todo con el poder de su palabra. A. Bonora habla de esta comunión como sigue:

En el salmo 104 parece resonar la mirada contemplativa sobre el cosmos de Gén 1, como si el ojo pasase de un elemento al otro del mundo creado: la luz, los montes, los valles, el sol, los ríos, las plantas, los animales... No se narra la creación; se la contempla y se la canta. No se quiere explicar su origen, sino comprender su belleza y su orden. La creación del mundo es percibida por el salmista no en el pasado, como un suceso de los orígenes, sino como un acto presente. Para el salmista, más bien que decir “Dios ha creado el mundo”, habría que decir que “Dios crea el mundo”. La vida múltiple y heterogénea que se desarrolla ante los ojos del salmista no es un mecanismo ni un libro escrito en un lejano pasado inmóvil, sino que es escrita en el presente por Dios. Así pues, el cosmos se contempla como una continuidad de vida que se renueva y renace: ¡no hay un día igual a otro!
[3]

La exhortación inicial (“Bendice, alma mía, a Jehová./ Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido;/ Te has vestido de gloria y de magnificencia”, v. 1) relaciona la conciencia salvífica con las maravillas visibles de Dios. La fe hace que la mirada se sublime y pueda advertir la forma en que Dios se manifiesta en el mundo. Los primeros cuatro versículos del salmo hablan de la excelsitud divina y la forma en que se relaciona con la naturaleza. El cosmos y la historia son los espacios del encuentro con Dios, con su voluntad que sostiene en vilo al universo. A cada paso hay, como escribió Whitman, cartas suyas: “¿Por qué habría yo de desear ver a Dios mejor de lo que le veo en este día?/ Si veo algo de Dios en cada hora y en cada instante del día,/ Si veo a Dios en el rostro de los hombres y de las mujeres, y en mi propio rostro en el espejo,/ Si encuentro cartas de Dios en la calle, y todas ellas llevan la firma de Dios,/ Y las dejo allí donde las encuentro, pues sé que, dondequiera que yo vaya/ Llegarán con puntualidad otras, eternamente.
[4]
Dios no hizo todas las cosas y se olvidó de ellas, sino que les provee un cuidado paciente, amoroso, tal como Jesús lo recordó en el Sermón del Monte (Mt 6.25-34), adonde relaciona este cuidado con la búsqueda del Reino de Dios y la superación de la ansiedad por el presente y el futuro. El salmo describe la manera en que fundó la tierra “sobre sus cimientos”, dando fe de una cosmovisión antigua, que no por ello deja de percibir, mediante una teología ligada a la historia, la creación como una manifestación de su amor (vv. 5-8), en donde las aguas cumplen un papel fundamental. Luego, envía éstas aguas para el sustento de la naturaleza y las coloca como una fuente de vida para todos los seres creados (vv. 10-13). Esta forma de exponer las bondades de la creación divina es resumida bellamente por Von Rad:

Yahvéh ha puesto límites a las aguas del océano primordial, pero al mismo tiempo las ha incorporado en su creación de una manera benéfica, en forma de fuentes y arroyos (y la lluvia del cielo fecunda las montañas). Las fuentes son para los animales y las plantas, el verdor de los campos da pan a los hombres, en los árboles anidan los pajarillos, las montañas sirven de madriguera al erizo. Los astros miden el tiempo, la noche está reservada a las fieras salvajes; el día, en cambio, al trabajo del hombre...
[5]

Esta percepción es particularmente importante ante los problemas ocasionados por el uso tan irresponsable, en ocasiones, del agua en estos tiempos.
[6] Los vv. 14-18 hablan acerca de la manera en que hace producir la tierra para beneficio de sus criaturas, aunque no sólo en el sentido material sino también para el placer de la humanidad: “Saca el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” (v. 14b-15).

2. Consecuencias “espirituales” y éticas del cuidado de Dios hacia su creación
El salmo avanza en su propósito de exponer las bondades del Dios creador y lanza una mirada cósmica pero al mismo tiempo, práctica y concreta (vv. 19-23): observa cómo las luminarias marcan los tiempos para la vida salvaje y el trabajo humano, como parte de un magnífico contraste entre el uso de la oscuridad y la luz. El campesino trabaja hasta determinada hora y la puesta del sol marca el inicio de su descanso. Los vv. 24-26 observan ahora la convivencia entre animales marinos reales y mitológicos (peces y el Leviatán), al mismo tiempo que da cuenta del trabajo humano en ese espacio vital. Nuevamente las aguas son el objeto central de la reflexión sobre las acciones creadoras de Dios.
Dios es el gran sustentador de la vida: ésta es la gran afirmación de los vv. 27-30, adonde El Espíritu divino es visto como la razón de ser de todas las cosas, lo cual subraya el carácter permanente de la creación (v. 30): Dios sigue creando todo el tiempo, su poder renovador sigue vigente continuamente. A partir de ahí, la conclusión del salmo no puede ser más intensa, pues los versículos finales (vv. 31-35) no dejan de relacionar el esfuerzo creador de Dios y sus manifestaciones visibles con la dimensión ética de la vida humana: la naturaleza no está ahí simplemente para disfrutar de los paisajes y extasiarse ante sus maravillas, sino que también de su contemplación brota la exigencia de un reconocimiento y una eventual alabanza por parte de los seres humanos. La gloria divina resplandece en sus obras (v. 31) y él sigue atento su devenir, por ello surge la exaltación humana ante tanta magnificencia providente. La meditación creyente se nutre de una atenta observación del cosmos como un orden perfectamente establecido por Dios y la proyección ética le hace exclamar al salmista un juicio ético sobre la existencia de los malvados, quienes en flagrante contradicción con el orden divino, rompen la armonía deseada por Él mediante sus acciones injustas (v. 34).
Para la fe cristiana actual, una comprensión adecuada de un régimen humano basado en la creación debería propiciar, no la oposición entre creencias científicas y las verdades sagradas sino un sano diálogo que coloque en su justo lugar a unas y otras, a fin de percibir que las enseñanzas de las Escrituras buscan fortalecer la dignidad de la presencia de la vida sobre la tierra en sus más variadas formas y que todas ellas proceden del amor de Dios. El Dios de la alianza, el Dios creador, es un Dios que intenta trasladar la armonía y el equilibrio de la creación a todos los ámbitos de la existencia. He ahí la importancia de la relación bíblica entre naturaleza e historia, entre el cosmos y la creencia profunda en los propósitos redentores del Creador de todas las cosas.
Notas
[1] G. von Rad, Teología del Antiguo Testamento. I. Teología de las tradiciones históricas de Israel. Salamanca, Sígueme, 1982, p. 185.
[2] Cf. Juan B. Stam, Las buenas nuevas de la creación. Buenos Aires-Grand Rapids, Nueva Creación-Eerdmans, 1995. Nueva edición: Buenos, Aires, Kairós, 2008.
[3] A. Bonora, “CoCursivasmos”, en www.mercaba.org/DicTB/C/cosmos.htm.
[4] W. Whitman, “”, en HoCursivajas de hierba. Buenos Aires, Colihue, 2004, p. 171.
[5] G. von Rad., op. cit., p. 442.
[6] Cf. J.B.Stam, “Sin agua, no hay vida”, en Lupa Protestante, 10 de septiembre de 2007, www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&view=article&id=676:sin-agua-no-hay-vida--juan-stam&catid=13&Itemid=129.

El Dios del pacto, un Dios cercano a la vida cotidiana


El Dios creador sostiene al mundo cada día

Salmo 104, Biblia en Lenguaje Sencillo

¡Alabemos a nuestro Dios,
con todas nuestras fuerzas!
Dios mío, tú eres un Dios grandioso,
cubierto de esplendor y majestad,
y envuelto en un manto de luz.
Extendiste los cielos como una cortina
y sobre las aguas del cielo pusiste tu habitación.
Las nubes son tus carros de combate;
¡viajas sobre las alas del viento!
Los vientos son tus mensajeros;
los relámpagos están a tu servicio.
Afirmaste la tierra sobre sus bases,
y de allí jamás se moverá.
Cubriste la tierra con el agua del mar;
¡cubriste por completo la cumbre de los cerros! […]

Dios mío, tú dejas que los arroyos corran entre los cerros,
y que llenen los ríos;
en sus aguas apagan su sed las bestias del campo
y los burros salvajes;
en las ramas cercanas las aves del cielo
ponen su nido y dejan oír su canto.
Dios mío, tú, con tu lluvia,
riegas desde el cielo las montañas;
tu bondad satisface a la tierra.
Tú haces crecer la hierba para que coma el ganado;
también haces crecer las plantas
para el bien de toda la gente:
el pan, que da fuerzas, el vino, que da alegría,
y el perfume, que da belleza.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Siempre en la mano de nuestro Dios, L. Cervantes-O.

31 de diciembre de 2010

¡Oh Señor!, Tú sostienes con tu mano
todos nuestros momentos, sin cansancio ni olvido:
cada instante nos sacas de la nada,
nos haces nuevamente,
concitando las mil casualidades
que hacen que un cuerpo vivo pueda seguirlo siendo.
...Y todo, ¿para qué? Para poder seguir
gastando vida y vida inútilmente,
para dar pasos vanos,
para volvemos contra la mano que nos alza,
para, lo que es peor, olvidarte, y sentados
en tu mano creer que nos lo somos todo.[1]
José María Valverde, “Salmo de la mano de Dios”

1. Las metáforas sálmicas del cuidado divino
Los salmos, como siempre, son el reducto de la voz cansada por los años, por el cúmulo de experiencias que, con el paso del tiempo, van transformando a las personas, porque incluso en términos de la fe nunca somos los mismos y vamos cambiando, para bien o para mal, en nuestra percepción del caminar que Dios nos ha dado y las razones por las que nos puso en el mundo. El salmo 91 establece una certidumbre que solamente otorgan años de constancia y fidelidad, y por eso puede iniciar con una exhortación: “Vivamos bajo el cuidado del Dios altísimo;/ pasemos la noche bajo la protección del Dios todopoderoso./ Él es nuestro refugio,/ el Dios que nos da fuerzas,/ ¡el Dios en quien confiamos!”. Las diversas metáforas para expresar el cuidado de Dios por sus fieles van desde el ámbito militar (fortaleza, castillo), pasan por la naturaleza (roca, refugio) y llegan hasta las formas zoológicas y humanas (plumas, brazos, manos), con lo que se enriquece la imaginación creyente para tratar de abarcar el cuidado divino por su creación y sus criaturas. La “anatomía de la gracia divina” o del Dios personal que se desvela por proteger a su hijos e hijas se concentra en lugares determinados, pues como escribió Calvino: “La providencia que ubicamos en Dios, le pertenece no sólo a sus ojos, sino también a sus manos”.
[2]

Mas Tú no te fatigas
y a tus hijos mimados sigues soplando el fuego
sin dormir ni olvidarte del más bajo,
como todos de Ti...
Y eso no solamente es a nosotros
en quienes te contemplas y quizá un día te amen.
Tú sostienes los miles de flores no miradas,
los ríos, aves y árboles; las olas y los vientos.
¡Oh, cómo te desvelas atizando la lumbre
de un insecto que pudo lo mismo no haber sido!
Acudes de uno en otro:
de la piedra ignorada en el fondo del agua
al gusano que roe su madera,
como si eso pudiera serie contado un día.
La vida humana está llena de temores y dudas, pues lo que llamamos la providencia de Dios es un asidero psicológico y espiritualidad ante las eventualidades y contingencias de todos los días, es decir, de lo impredecible. Por ello el salmo no vacila en hablar de Dios como un ave protectora (“Con sus plumas te cubrirá,/ y debajo de sus alas estarás seguro”, v. 4), como un “escudo y adarga (escudo de cuero, de origen árabe)”. El “terror nocturno”, “la saeta que vuela de día”, las epidemias (“pestilencia”) o la mortandad que destruye “en medio del día” (vv. 5-6) son muestras de estos riesgos imprevistos que acechan a cualquier persona. El otro motivo de temor es la guerra y la violencia estructural de la sociedad (v. 7), impuesta por la necesidad de algunos de imponer su voluntad a los demás y de otros para obtener beneficios. El v. 8 es una especie de alto en el camino para observar el rumbo de las cosas: “Con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos”.

Pienso el viento en el mar
clamando en soledad siglos y siglos
—para dejarlo todo lo mismo que al principio—
desde el día que hablaste hasta el que calles,
¡Oh!, ¿cómo no te olvidas siquiera un solo instante,
pues que nadie te mira y nada ha de quedar?
Si yo toco una piedra,
Tú me la has sostenido durante miles de años,
velando cada día para que hoy estuviese.
La propuesta es poner a Dios como razón de ser de la esperanza en la vida y con ello adelantar en el camino de la certeza y la seguridad (vv. 9-10). Porque eso significa creer en que Dios utilizará sus propios medios (“ángeles”, v. 11) para protección de sus fieles, “que guarden sus caminos” y “para que sus pies no tropiecen en piedra” (v. 12). Incluso se anuncia protección contra los animales, reales o mitológicos (“león, áspid, dragón”, v. 13: en la revisión 1909 se hablaba, en vez del áspid, serpiente venenosa, del basilisco, aquel ser que mataba con sólo mirar). Al final del salmo, Dios mismo reconoce la fe del creyente en todas estas formas de seguridad prometidas y anuncia que lo librará, le responderá y lo acompañará en su angustia (vv. 14-15) y que, finalmente, le dará una larga vida y le mostrará su salvación (v. 16). Semejante promesa es una maravillosa garantía basada en la fidelidad divina. De ahí que el notable biblista Walter Brueggemann diga que el máximo resumen del mensaje bíblico sea la frase divina: “No temas. Yo estoy aquí”.[3]

¡Y tantas, tantas cosas,
tantos ríos corriendo sin descanso,
sin pararse a tomar aliento nunca,
tantos bosques y pájaros sin cesar floreciendo
por si algún día un hombre los mirase al pasar!
Sí; las cosas renacen de nuevo en cada instante
y ese bullir divino nos las hace ver vivas.
Vivas: o sea, alzadas
en vilo por la mano del Señor,
con temblor de su sangre.
Vivas: o sea, al borde de la muerte,
que se intuye debajo de esa mano,
si se apartara un día.

2. Vivir y morir en la eterna mano de Dios, garantía de su amor
Colosenses 3, a su vez, es una exhortación a levantar la mirada hacia las cosas verdaderamente importantes según los criterios divinos y a hacer a un lado la superficialidad como nota dominante de la vida. “Buscar las cosas de arriba” (v. 1) es una forma de redefinir las prioridades de la existencia si se afirma la fe en Cristo como algo relevante. “Mirar las cosas de arriba” (v. 2) es someter todo lo demás a la nueva mirada espiritual. Cada creyente, afirma el pasaje, ha muerto y ahora, su vida “está escondida con Cristo en Dios” (v. 3). Esta afirmación paradójica coloca la vida cristiana y la vida en general, dentro de otros marcos, opuestos y contrarios a los dominantes, esto es, desde una perspectiva contestataria y creadora de nuevos valores. La nueva vida en Cristo, escatológicamente hablando, se encuentra, en efecto, “escondida en Cristo”, pues se manifestará plenamente al final de los tiempos, mientras tanto, da muestras de su presencia de manera esporádica y, por ello, exigente desde una ética responsable y activa.
He aquí un buen resumen de esta perspectiva escatológica y ética para la vida: “Esta perspectiva escatológica ‘realizada’ que marca la perspectiva con que fue escrita la carta [...] acaba por ser traducida en una postura muy específica en relación con la sociedad circundante. [...] Tal código de conducta ‘es esencialmente una orientación secular de conducta dentro de estructuras existentes de la sociedad’”.[4]

(En el fondo de vuestro corazón,
¿no teméis de las cosas
que puedan sepultarse de repente en la nada?)
y la mano de Dios también está en la muerte.
Sabedlo bien: la muerte no es el olvido súbito
de la mano de Dios, por negligencia
que nos deja caer en los abismos
al quedar separados de su fuente de ser.

De modo que esta vida visible, en sus diversas etapas y transformaciones, es apenas un conjunto de transiciones hacia la manifestación futura de la plenitud de vida anunciada y experimentada “en Cristo”, según la fórmula paulina. La “vida escondida con Cristo en Dios”, por decirlo así, la que nos está esperando en el futuro, se anticipa ahora en lo que somos y hacemos y nos llama a que en cada ciclo que avancemos no solamente seamos mejores personas (en el esquema de los buenos propósitos para cada inicio de año) sino que avancemos en el camino hacia la plenitud de esa vida, una forma de existencia superior que está escondida, por decirlo así, en la mano de Dios. Si estamos ahí siempre, podemos tener la esperanza de crecer para ser cada vez más dignos de esa “vida superior” ...pero a la cual sólo podemos llegar a través de ésta, tan limitada, mezquina y apesadumbrada como la vivimos ahora. De ahí que podamos decir, como en la “Oración de un creyente desconcertado”:

A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?
¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro! Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero la experiencia me dice que no puedo esperar grandes cambios. Estoy demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.
[5]

Estar en la mano de Dios es una metáfora auténtica y profunda del deseo por proyectar la vida hacia otras alturas, distintas a la mediocridad con que cotidianamente la asumimos, aun cuando exteriormente tengamos éxito y una “buena vida”. Por ello el “código de deberes domésticos” (Col 3.18-4.1)[6] desafía a practicar esa “vida superior” en las supuestamente “cosas pequeñas” de la existencia mediante una serie de criterios básicos (3.5-17) : “hacer morir lo terrenal” (v. 5) y “revestirse de la nueva humanidad que se renueva continuamente en el camino hacia el conocimiento pleno” (v. 10) no significa experimentar una falsa superioridad espiritual a toda prueba sino ser capaz de poner a funcionar (“aterrizar”) en las acciones elementales de la vida diaria las grandezas de la “vida escondida en Cristo” y superar las mezquindades y veleidades de la cotidianidad para que realmente “Cristo sea el todo en todos” (v. 11). Ante un nuevo año estamos, una vez, más ante esta posibilidad efectiva de cambio y creatividad personal y comunitaria.

Eso no está en su amor.
Ved la muerte; mirad cómo Dios nos la endulza
y nos lleva hacia ella de la mano,
cómo nos la prepara antes, igual que un lecho...
Ni aun esos que tropiezan con una muerte fiera
estaban ese instante dejados de su mano...

Notas

[1] J.M. Valverde, “Salmo de la mano de Dios”, en E. de Champourcin, ed., Dios en la poesía actual. Selección de poemas españoles e hispanoamericanos. 3ª ed. revisada y aumentada. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1976, pp. 378-379, http://textosoracionte.blogspot.com/2007/08/salmo-de-la-mano-de-dios.html.
[2] J. Calvino, Concerning the eternal predestination of God. Trad. de J.K.S. Reid. Cambridge, James Clark, 1961, p. 162, cit. por William P. Brown, Seeing the psalms. A theology of metaphor. Louisville, John Knox Westminster, 2002, p. 167.
[3] Cit. por Bill Zieche el 21 de febrero de 2010 en la Iglesia Presbiteriana Heritage, Muskego, Wisconsin, http://heritagechurchmuskego.org/sermons/feb10/2.21.2010.pdf. Cf. W. Brueggemann, Spirituality of the Psalms. Minneapolis, Fortress, 2002; y Carl N. Jacobson, “Psalm 91”, en R.E. van Harn y B.A. Strawn, eds., Psalms for preaching and worship. A lectionary commentary. Grand Rapids, Eerdmans, 2009, pp. 235-238.
[4] P. Lima Vasconcellos, “Colosenses y Efesios: desdoblamientos de la tradición paulina”, en RIBLA, núm. 55, www.claiweb.org/ribla/ribla55/colosenses.html.
[5] “Oración de un creyente desconcertado”, en “Oraciones de fin de año”, http://webcatolicodejavier.org/campanadas.html.
[6] Cf. I. Foulkes, “Los códigos de deberes domésticos en Colosenses 3,18-4,1 y Efesios 5.22-6.9. Estrategias persuasivas, reacciones provocadas”, en RIBLA, núm. 55, www.claiweb.org/ribla/ribla55/los%20codigos.html; y Keith Hack, Colossians 3 principle. Principle reflections of the christian life. Longwood, Xulon Press, 2006, un sencillo acercamiento a la aplicabilidad de la fe en la vida diaria.

Culto de fin de año, 31 de diciembre de 2010, 22 horas

INTROITO
¡Tú eres la muralla que me salva!/ Guíame y dirígeme,/ pues así lo prometiste./ […] ¡tú eres mi protector!/ Tú eres un Dios fiel./ ¡Sálvame!/ ¡Mi vida está en tus manos!
Salmo 31.3-5, Biblia en lenguaje Actual
Preludio al piano, Jacobo Núñez Cabrera
ANTE LA ETERNIDAD DE DIOS: SALMO 90
Ministro: Dios nuestro,/ ¡tú siempre has sido nuestra casa!/ Desde siempre y hasta siempre,/ desde antes de que crearas/ las montañas, la tierra y el mundo,/ tú has sido nuestro Dios.
Congregación: Tú marcas el fin de nuestra existencia/ cuando nos ordenas volver al polvo./ Para ti, mil años pasan pronto;/ pasan como el día de ayer,/ pasan como unas horas de la noche. […]
Ministro: Enséñanos a pensar cómo vivir/ para que nuestra mente/ se llene de sabiduría. […]
Todos/as: ¡Permítenos comenzar el día/ llenos de tu amor,/ para que toda la vida/ cantemos llenos de alegría!/ […] ¡Permite que nosotros y nuestros hijos/ podamos ver tu grandeza y tu poder!/ Dios nuestro,/ ¡muéstranos tu bondad,/ y bendice nuestro trabajo!/ ¡Sí, bendice nuestro trabajo! Amén.
* Oración de ofrecimiento
* Himno: "Venid, cantad de gozo en plenitud" (256), T.M. Westrup
CONFIADOS/AS EN SU GRACIA
Ministro: Postrados/as ante tu trono venimos con la confianza que nos da tu Hijo eterno para rogar por nuestra vida y por la estabilidad que necesitamos para seguir en el mundo.
Confesión comunitaria. (Oración en silencio; quien preside termina con oración audible)
Ministro: No nos has pagado conforme a nuestra maldad y, por el contrario, tu gracia rebasa nuestras expectativas.
Todos/as: Por ello, agradecemos tu perdón, el cual va más allá del tiempo. Levanta nuestra fe y sigue haciéndonos dignos/as, cada día, de ser tus hijos e
hijas. Amén.
* Himno "Sublime gracia" (278), J. Newton
LA FRATERNIDAD DEL REINO
* Salutaciones: Himno "Un mandamiento nuevo os doy" (404)

AGRADECIDOS/AS POR SU AMOR CONSTANTE
Momento de testimonios personales o familiares
ESCUCHAMOS SU PALABRA DE VIDA
* Lectura del Antiguo Testamento: Salmo 91
* Lectura del Nuevo Testamento: Colosenses 3.1-17

Mensaje:
SIEMPRE EN LA MANO DE NUESTRO DIOS
Pbro. L. Cervantes-Ortiz
EN COMUNIÓN MEDIANTE LA OBRA DE SU HIJO
* Himno "Grande es tu fidelidad" (50), T.O. Chisholm
Celebración de la Santa Cena

NOS PONEMOS EN LAS MANOS DE DIOS
Señor que vives en la eternidad y que ésta te define para nuestros débiles y escasos pensamientos, venimos desde nuestra flaqueza y precariedad, desde nuestro limitado tiempo, a encontrarnos contigo en este día. Escucha nuestra voz de súplica sincera mediante la cual te imploramos, una vez más, tu compañía cercana en este nuevo año, como manifestación cercana de tu amor. Que podamos sentirte cada día a nuestro lado, que le des luz a nuestros pasos y que nos capacites para responder a tus desafíos en obediencia gozosa a tu voluntad y tu palabra. Danos la fuerza vital que nos conduzca siempre por los senderos de justicia, equidad y fraternidad con los demás. Danos la paz y seguridad que procede de tu Espíritu y despierta en cada uno/a la capacidad, a veces demasiado dormida y olvidada, para hacer el bien y seguir al servicio de tu Reino. Lo rogamos por medio de Jesús de Nazaret. Amén
Ofertorio
Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías, sino que cada uno llevará ofrendas, conforme a las bendiciones que del Señor tu Dios haya recibido.
Deuteronomio 16.16b-17
Consagración y presentación
EN UN NUEVO CAMINAR
* Bendición pastoral
* Bendición congregacional: "Dios, nuestro apoyo" (59), I. Watts
Postludio

Oración de fin de año de un creyente desconcertado


Señor, antes de entrar en el bullicio y aturdimiento del fin de año, quiero esta tarde encontrarme contigo despacio y con calma.
Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a orar. He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.
Señor, en realidad, ya no sé muy bien si creo en ti. Han pasado tantas cosas estos años. Ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro... Yo quisiera sentirte más vivo y más cercano. Me ayudaría a creer. Pero me resulta todo tan difícil...
Y, sin embargo, Señor, yo te necesito. A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?
¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro! Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero la experiencia me dice que no puedo esperar grandes cambios. Estoy demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.
Por otra parte, tú sabes cómo me dejo arrastrar por la agitación de cada día. Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo. Tú estás dentro de mí y yo ando casi siempre fuera de mí mismo. Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.
Si al menos te sintiera como mi mejor amigo... A veces pienso que eso lo cambiaría todo. Qué alegría si yo no te tuviera esa especie de temor que no sé dónde brota, pero que me distancia tanto de ti...
Señor, graba bien en mi corazón que tú hacia mí sólo puedes sentir amor y ternura. Recuérdame desde dentro que tú me aceptas tal como soy, con mi mediocridad y mi pecado, y que me quieres incluso aunque no cambie.
Señor, se me va pasando la vida, y a veces, pienso que mi gran pecado es no terminar de creer en ti y en tu amor. Por eso, esta noche yo no te pido cosas.
Sólo que despiertes mi fe, lo suficiente para creer que tú estás siempre cerca y me acompañas.
Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de ti. Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías. Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...