22 de mayo de 2011
I Timoteo 5.1-16
La Iglesia Presbiteriana Ammi-Shadday es una comunidad cristiana que adora y sirve al Dios único y verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ella se reúnen hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones para celebrar agradecida, gozosa y conscientemente el amor divino revelado en Jesucristo, y para ofrecer humilde pero sinceramente el afecto fraterno a todas las personas que buscan el consuelo de Dios y el calor de la comunidad humana.
sábado, 21 de mayo de 2011
I Timoteo 5.3-10, Traducción en Lenguaje Actual

Ayuda a las viudas que no tengan familiares que las ayuden. Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, ellos deben ser los primeros en ayudarla en todas sus necesidades, así como ella antes los cuidó y ayudó. Esto es lo que conviene hacer ante Dios, pues así quiere él que se haga.
La viuda que realmente está sola, confía en Dios y le pide su ayuda de día y de noche. Pero la viuda que sólo piensa en divertirse está muerta en vida. Por eso, ordénales a todos que hagan lo que te he dicho, para que nadie pueda criticarlos. Pues quien no cuida de sus parientes, y especialmente de su familia, no se porta como un cristiano; es más, tal persona es peor que quien nunca ha creído en Dios.
Para que una viuda esté en la lista de ayuda de la iglesia, debe tener por lo menos sesenta años de edad y haber estado casada una sola vez. También debe ser conocida por sus buenas obras. Por ejemplo, tiene que haber criado bien a sus hijos e hijas, haber recibido bien a quienes visitaron su casa, haber sido humilde con los miembros de la iglesia, y haber ayudado a los que sufren. Es decir, en esa lista deben estar las que hayan hecho lo bueno.
domingo, 15 de mayo de 2011
Letra 219, 15 de mayo de 2011
LA VIDA FAMILIAR SALUDABLE
Jorge Atiencia
Foro Cristiano Evangélico
A través de los tiempos y en las distintas culturas, la familia ha tomado diversas formas y ha experimentado muchos cambios, pero jamás ha desaparecido. Engels vio a la familia occidental como el resultado de la ideología burguesa y pronosticó su desaparición. Skinner y Toffler, desde otras perspectivas, describen a la familia como una estructura caduca y anti-funcional. En consecuencia, hay que buscarle alternativas, como el movimiento comunal y otros. Lo cierto es que a pesar de estas y otras opciones, la gente continúa casándose y teniendo hijos. Al afirmar que la familia pertenece al orden de la «creación», estamos de hecho asegurando su permanencia. Esto nos dice que el ser humano fue creado de tal manera que no podrá satisfacer sus necesidades básicas sin la familia. La forma en que se entiendan su estructura y sus fines será decisiva en el desarrollo de sus miembros.
La familia está diseñada para (y llamada a) ser un núcleo en donde se permite y se estimula el crecimiento integral de todos sus miembros y no meramente el de los hijos. Este crecimiento integral implica la satisfacción de las necesidades de procreación y sexuales (Gn. 1:27–28), afectivas (Ef. 6:1–4), intelectuales (Lc. 2:52), materiales (Lc. 2:6–7), espirituales (Lc. 2:52), relacionales (Lc. 2:21–38; 2:52), etc. Es decir, vemos a la familia cumpliendo las funciones básicas de reproducción, nutrición, educación y socialización, algunas de las cuales han sido descritas por la sociología y la psicología.
Con el ánimo de proveer este crecimiento integral, la familia, a la luz de la Biblia y reconociendo sus múltiples expresiones históricas y culturales, está capacitada para desarrollarse sobre la base de los siguientes principios.
La familia está diseñada para (y llamada a) ser un núcleo en donde se permite y se estimula el crecimiento integral de todos sus miembros y no meramente el de los hijos. Este crecimiento integral implica la satisfacción de las necesidades de procreación y sexuales (Gn. 1:27–28), afectivas (Ef. 6:1–4), intelectuales (Lc. 2:52), materiales (Lc. 2:6–7), espirituales (Lc. 2:52), relacionales (Lc. 2:21–38; 2:52), etc. Es decir, vemos a la familia cumpliendo las funciones básicas de reproducción, nutrición, educación y socialización, algunas de las cuales han sido descritas por la sociología y la psicología.
Con el ánimo de proveer este crecimiento integral, la familia, a la luz de la Biblia y reconociendo sus múltiples expresiones históricas y culturales, está capacitada para desarrollarse sobre la base de los siguientes principios.
Relación de amor. Marido y mujer, padres e hijos —incluso amos y sirvientes— han de relacionarse mutuamente sobre la base del amor (Ef. 5:21ss.). El amor establece el marco de referencia que no solamente modela el patrón de relación entre los diferentes miembros del sistema familiar, sino que, a su vez, permite el crecimiento de ellos. Esta relación de amor de los padres, por ejemplo, equilibra su sentido conjunto de responsabilidad, dando paso a un co-liderazgo frente al resto de la familia (Ef 6:4: "vosotros padres"). Ambos deben timonear el sistema —si los dos existen en la familia— permitiendo así la congruencia y evitando desequilibrios.
Para mantener esta relación de amor se precisa de un "recurso" de afuera del sistema: «el Señor» (Mt. 1:19; Lc. 1:26–38; Ef. 6:4). Bajo el señorío de Cristo, la familia obtiene dirección, sabiduría y amor como complemento a la iniciativa humana.
Provisión afectiva. La provisión afectiva no viene expresada en la abundancia de regalos, sino en la calidad de las relaciones. Esto significa hacerse presentes unos a otros, disponibles, solidarios y dispuestos a satisfacer necesidades. Esto, que en términos psicológicos y bíblicos es llamado "aceptación", permite el crecimiento de la confianza y, a su vez, reconoce la singularidad de la persona humana. Tanto la aceptación como el reconocimiento representan los elementos fundamentales de la identidad humana, que se traducen en un sentido de pertenencia y autonomía. La familia se convierte así en la provisión para el desarrollo de la identidad del ser. En la Biblia no encontramos sistematizados estos aspectos; nos apoyamos en el caso de Jesús como un ejemplo para señalar la pertenencia y la autonomía.
Padre y madre están presentes en el momento de su nacimiento (Lc. 2:6); sus necesidades físicas le son satisfechas (Lc. 2:7); ambos lo rodean en el momento de crisis (Mt. 2:13, Lc. 2:41–52); hay reconocimiento y respeto por su individualidad (Lc. 2:21–38, 52); se establece una relación de comunicación que da lugar a la expresión de los sentimientos (Lc. 2:48–49); se reconoce y se maneja con discreción sus singularidades, las cuales no son motivo de distanciamiento (Lc. 2:49–50).
Ubicación y límites. La Biblia insinúa que cada miembro dentro de la familia tiene una función que desempeñar y que existen reglas que regulan sus relaciones. A su vez, provee los recursos que corrigen el quebrantamiento de dichas normas. De los hijos se espera obediencia mediada por los mandamientos (Ef. 6:1–12). De ambos padres se espera una participación activa que tenga en cuenta la "disciplina" y la "amonestación del Señor" (Ef. 6:4). Es decir, la familia funciona cuando cada miembro asume su posición y reconoce los límites que regulan las relaciones. Esto le da permanencia y estabilidad. Pero, a su vez, vivir bajo el señorío de Cristo y aceptar el proceso normal y necesario de desarrollo de la familia, representa aceptar y promover el cambio dentro del sistema. Los padres están llamados a "no provocar a ira", ni "exasperar" a los hijos (Ef. 6:4; Col. 3:21); la ira y la exasperación con frecuencia surgen por una posición inflexible que se apega a la regla y no se abre al diálogo.
A diversas edades, la ubicación y los límites de los hijos en la familia se han de organizar de diferentes maneras. Sin embargo, creemos que una clave para el liderazgo de los padres es mirar el modelo de la paternidad del Dios de amor, entendido como consideración, comunicación, disciplina, respeto, conocimiento y perdón. Dado el contexto donde nos movemos, creemos pertinente decir una palabra sobre el elemento disciplina. Creemos con el Dr. Narramore que la clave para el ejercicio de la disciplina es el concepto bíblico de persona. En nuestro esquema tomamos en cuenta a la persona creada, caída y redimida. Esto pone en perspectiva la disciplina y el ejercicio de la autoridad. La disciplina tiene, entonces, un elemento de propósito, corrección y promoción. Va más allá del mero cumplir las reglas o corregir su quebrantamiento; busca la formación de un ser responsable15 y la promoción de sus potencialidades.
El ser caído no es el único que «merece» la disciplina, sino el creado y el redimido también. Quien ejecuta la disciplina está, entonces, en una posición de mayordomía y benevolencia. Disciplina no es dictadura ni permisividad; es mayordomía amorosa y obediente. Se ha criticado a la familia actual por convertirse en una fábrica "domesticadora" de individuos en serie que mantendrán a toda costa el sistema social imperante. La familia, de acuerdo con los principios de la Biblia, no está para domesticar a los individuos, sino más bien para hacerlos responsables y capacitarlos para la vida en comunidad y en el servicio al prójimo y al mundo, a fin de cumplir con el mandato del Señor de "señorear" sobre lo creado.
_____________________________________________________
INDÍGENAS EVANGÉLICAS CELEBRAN EL DÍA DE LAS MADRES
Esteban Moreno
La Voz del Norte, 11 de mayo de 2011
San Cristóbal de las Casas Chiapas. Para evitar la provocación y no violar los acuerdos existentes entre evangélicos y católicos tradicionalistas, las mujeres indígenas de Nachig, municipio de Zinacantán que profesa una religión diferente a la católica, celebraron el día de las madres en una comunidad alterna. El Parque Educativo y Zoológico José Bocomtenelté de San Cristóbal de las Casas fue la sede para que estas madres evangélicas celebraran su día, ahí más de 200 mujeres recibieron el homenaje por parte del Centro de Derechos Humanos para el Pueblo Evangélico, mismo que encabezó su presidente Sergio Nataren Gutiérrez.
En su discurso el líder de los respetos a los derechos humanos de los cristianos les hizo un llamado a la comunidad evangélica a la unidad y fe para resolver los problemas intolerantes. "Tengamos fe para resolver los problemas que se están dando con respeto a la intolerancia religiosa, actualmente con el gobierno del estado que encabeza Juan Sabines Guerrero, se respira el avance sobre la libertad de culto, aunque falta mucho por hacer en todos los asuntos que tenemos en toda la entidad, pero se ve los avances en esta materia."
Ahí reiteró que los problemas políticos religiosos siguen afectando a indígenas de los municipios de San Cristóbal de las Casas, Zinacantán, Las Margaritas, Huixtán, Altamirano, Ocosingo entre otros. Por su parte Josefa Patricia Vásquez Hernández, en representación de las madres evangélicas dijo que se debe dejar atrás la impunidad que gozan los verdaderos homicidas; "no es posible que nosotras sigamos sufriendo vejaciones y discriminación ya que no podemos seguir haciendo cualquier acto de festejo fuera de nuestro lugar de origen por el temor a sufrir las mismas agresiones como lo sucedido el 26 de junio del 2010; exigimos justicia porque los cuatro presos que están en el amate son inocentes y los verdaderos culpables trabajan en la actual administración del ayuntamiento encabezada por Mariano Sánchez Gómez." […]
En su discurso el líder de los respetos a los derechos humanos de los cristianos les hizo un llamado a la comunidad evangélica a la unidad y fe para resolver los problemas intolerantes. "Tengamos fe para resolver los problemas que se están dando con respeto a la intolerancia religiosa, actualmente con el gobierno del estado que encabeza Juan Sabines Guerrero, se respira el avance sobre la libertad de culto, aunque falta mucho por hacer en todos los asuntos que tenemos en toda la entidad, pero se ve los avances en esta materia."
Ahí reiteró que los problemas políticos religiosos siguen afectando a indígenas de los municipios de San Cristóbal de las Casas, Zinacantán, Las Margaritas, Huixtán, Altamirano, Ocosingo entre otros. Por su parte Josefa Patricia Vásquez Hernández, en representación de las madres evangélicas dijo que se debe dejar atrás la impunidad que gozan los verdaderos homicidas; "no es posible que nosotras sigamos sufriendo vejaciones y discriminación ya que no podemos seguir haciendo cualquier acto de festejo fuera de nuestro lugar de origen por el temor a sufrir las mismas agresiones como lo sucedido el 26 de junio del 2010; exigimos justicia porque los cuatro presos que están en el amate son inocentes y los verdaderos culpables trabajan en la actual administración del ayuntamiento encabezada por Mariano Sánchez Gómez." […]
_____________________________________________
LOS EVANGÉLICOS: ¿ESPIRITUALES Y NO COMPROMETIDOS?
Carlos H. Rivas
La Prensa Gráfica (El Salvador), 13 de mayo de 2011
La historia de nuestro país ha sido turbulenta, y dentro de ella al cristianismo evangélico se le ha visto como un ente aislado, prófugo de una realidad concreta, cuya función ha sido un sedante ante los problemas políticos y sociales, cuando no una droga que como el opio adormece a los individuos y les vela el mundo circundante. A esta apreciación el Dr. Timothy H. Wadkins, director del Institute for the Global Study of Religión, EU, le llama el mito de que "los evangélicos son muy espirituales y no están comprometidos".
Sin embargo, desde su establecimiento en territorio nacional, el movimiento evangélico se gestó en los sectores más empobrecidos de la sociedad, que además de las necesidades espirituales, padecía graves injusticias sociales, en las que las carencias morales convivían con las materiales; y, aun cuando posteriormente muchas iglesias evangélicas tomaron el camino del pietismo y del "quietismo", en sus orígenes, el protestantismo está ligado a aquellos sectores menos favorecidos del país y la superación de sus carencias materiales y espirituales.
En los sucesos de 1932, los cristianos estuvieron directamente involucrados al lado de las víctimas: […] Partiendo de apenas esos dos hechos, lo que a nuestro criterio sucede es que la participación de los evangélicos en los procesos sociales fue desvirtuada y, hay que reconocerlo, seguramente por influjo de los acontecimientos del 32 y sus secuelas, durante décadas asumió por parte de la mayoría de denominaciones un carácter pasivo, a la vez que se dio un proceso de invisibilización en la historia oficial que dura hasta hoy.
Es cierto que durante décadas, el movimiento evangélico, a contrapelo del evangelio mismo, no quiso comprender que el Reino de Dios es una actualidad y un aquí, y se quedó clamando a los cielos descuidando su papel de mayordomo de la creación. Sin embargo, la realidad es aleccionadora.
Los acontecimientos políticos y sociales que han azotado a El Salvador han sido los signos que han anunciado a las nuevas generaciones de protestantes que si el mundo no camina por el sendero de la Buena Nueva, el mundo actual –que con todo y sus imperfecciones abonadas por los hombres es una creación divina– podrá derrumbarse, despedazado por la falta de valores, de espiritualidad y compromiso con la realidad de este mundo, que, al fin de cuentas, es donde el Reino de Dios, la verdad, la libertad y la justicia han de ser una realidad.
Esta nueva visión, o mejor, este retorno a la visión original del protestantismo, que aspira por un cielo nuevo y una tierra nueva, es la que está a la base de la actitud que, cada día más, los cristianos evangélicos asumen frente a los avatares de la sociedad y los procesos históricos.
Por supuesto, la mayor participación de cristianos evangélicos en la política y su ascenso a cargos públicos no garantizan por sí mismos la evolución de la sociedad hacia un estadio mejor, pero ponen al movimiento evangélico salvadoreño ante un reto que debe emprender de inmediato con el objeto que los cristianos, hombres de este mundo al fin y al cabo, puedan aportar no solo cuantitativamente al desarrollo político y económico de nuestra sociedad […]
Sin embargo, desde su establecimiento en territorio nacional, el movimiento evangélico se gestó en los sectores más empobrecidos de la sociedad, que además de las necesidades espirituales, padecía graves injusticias sociales, en las que las carencias morales convivían con las materiales; y, aun cuando posteriormente muchas iglesias evangélicas tomaron el camino del pietismo y del "quietismo", en sus orígenes, el protestantismo está ligado a aquellos sectores menos favorecidos del país y la superación de sus carencias materiales y espirituales.
En los sucesos de 1932, los cristianos estuvieron directamente involucrados al lado de las víctimas: […] Partiendo de apenas esos dos hechos, lo que a nuestro criterio sucede es que la participación de los evangélicos en los procesos sociales fue desvirtuada y, hay que reconocerlo, seguramente por influjo de los acontecimientos del 32 y sus secuelas, durante décadas asumió por parte de la mayoría de denominaciones un carácter pasivo, a la vez que se dio un proceso de invisibilización en la historia oficial que dura hasta hoy.
Es cierto que durante décadas, el movimiento evangélico, a contrapelo del evangelio mismo, no quiso comprender que el Reino de Dios es una actualidad y un aquí, y se quedó clamando a los cielos descuidando su papel de mayordomo de la creación. Sin embargo, la realidad es aleccionadora.
Los acontecimientos políticos y sociales que han azotado a El Salvador han sido los signos que han anunciado a las nuevas generaciones de protestantes que si el mundo no camina por el sendero de la Buena Nueva, el mundo actual –que con todo y sus imperfecciones abonadas por los hombres es una creación divina– podrá derrumbarse, despedazado por la falta de valores, de espiritualidad y compromiso con la realidad de este mundo, que, al fin de cuentas, es donde el Reino de Dios, la verdad, la libertad y la justicia han de ser una realidad.
Esta nueva visión, o mejor, este retorno a la visión original del protestantismo, que aspira por un cielo nuevo y una tierra nueva, es la que está a la base de la actitud que, cada día más, los cristianos evangélicos asumen frente a los avatares de la sociedad y los procesos históricos.
Por supuesto, la mayor participación de cristianos evangélicos en la política y su ascenso a cargos públicos no garantizan por sí mismos la evolución de la sociedad hacia un estadio mejor, pero ponen al movimiento evangélico salvadoreño ante un reto que debe emprender de inmediato con el objeto que los cristianos, hombres de este mundo al fin y al cabo, puedan aportar no solo cuantitativamente al desarrollo político y económico de nuestra sociedad […]
Familias de fe ante el mundo actual: tradición y convicción, L. Cervantes-O.
15 de mayo, 2011
Ser familia hoy en día es mucho más difícil que lo que fue para nuestros antepasados. La familia en todo el mundo soporta hoy una serie de tensiones que nuestros padres y abuelos no conocieron. Hay fenómenos sociales propios de nuestros días que modifican la vida familiar en forma dramática. Algunos teóricos afirman que lo que conocemos hoy como “familia” no es más la unidad de producción, sino de consumo. La familia dejó de ser la agencia de socialización más importante para las nuevas generaciones; hoy tiene que competir arduamente con la escuela, el vecindario, la televisión, las pandillas, en la tarea de transmitir valores a sus hijos. Las familias se forman hoy por razones que nuestros antepasados ni lo soñaron.[1]
1. Familias, pueblo de Dios e historia en la Biblia
Una de las formas en que se ha querido aprovechar el carácter formativo y normativo de los textos bíblicos consiste en tratar de desligarlos de los ambientes sociales y culturales que reflejan y de los cuales proceden, con el afán de colocarlos por encima de las contradicciones históricas propias de épocas en que la humanidad estaba en camino de consolidar instituciones que han prevalecido con el paso del tiempo. En el caso de la institución familiar, el deseo de reforzar su fortaleza y sus valores de cara a los desafíos del mundo actual, ha hecho que en ocasiones se deje de ver que las diversas circunstancias y avatares familiares que experimentaron muchos personajes bíblicos pueden explicarse con base en los usos y costumbres de su tiempo, y que las motivaciones éticas, morales y religiosas que manejaban no necesariamente coinciden con las nuestras. Así explicaba el pastor francés Roger Mehl la utilidad de las historias y enseñanzas bíblicas sobre este tema:
La familia tiene una historia, en el transcurso de la cual ha dado lugar a valores distintos (correlativamente) a los distintos tipos de civilización en que se hallaba inmersa. Es evidente que no puede aplicarse a la familia del siglo XX lo que acerca de la organización familiar patriarcal nos dice el Antiguo Testamento. Lo cual no significa que estos textos sean caducos: a través de ellos puede resonar todavía la Palabra de Dios. Pero equivaldría a negarse a escuchar la Palabra de Dios vivo querer buscar en las distintas realidades sociológicas a las que hace alusión la Escritura unos modelos imperativos de organización para nuestro mundo.[2]
La búsqueda muy explicable de recetas o fórmulas bíblicas para la vida familiar, una actitud cristiana completamente explicable, debería complementarse con una atención respetuosa y atenta a los entornos y adaptaciones culturales que inciden directamente en la formación y consolidación de los valores familiares ante nuevas exigencias. La revelación bíblica cumple un papel fundamental, pero precisamente por ello es que debemos ponerla a dialogar con los ámbitos en los cuales nos desarrollamos como seres humanos. En ese mismo sentido, Mehl agrega: “La Palabra de Dios siempre se hace oír a través de los hechos de la historia y civilización humanas, a través de las instituciones sociológicas: pero sin confundirse jamás con ellas. ¿Se dirá acaso que la bigamia de Abraham y la repudiación de Agar tienen para nosotros, como ética familiar, un valor normativo? Y no obstante estos hechos tienen un sentido para la comprensión del designio de Dios”.[3] En efecto, los relatos y enseñanzas que aparecen en la Biblia no están “sistematizados” como en un manual y es nuestro deber y reto eclesial tomarlos como punto de partida para nuestra reflexión y acción mediante un análisis serio y pertinente de sus características propias y alcances. En el salmo 68.5-6, por ejemplo, aparece la percepción antigua, en una gran metáfora familiar, del cuidado que Dios mismo esperaba que su pueblo tuviera hacia los huérfanos y las viudas, y cómo parte de su voluntad integradora y liberadora para las personas consistía en que “los desamparados habitaran en familia”, en un estado ideal de convivencia.
2. Tradición y convicción en las familias actuales
Algunos pastores y terapeutas familiares utilizan el verbo insinuar, que parece muy adecuado para acercarse a los planteamientos bíblicos. De este modo, lo que las Escrituras hacen en el terreno de la convivencia familiar es precisamente insinuar o proponer líneas generales de acción y reconocimiento de los sucesos que conforman a la familia para así brindar una orientación general cuyas especificidades dependerán de los alcances y creatividad de los sujetos y las comunidades históricamente arraigadas en las nuevas etapas de desarrollo de la civilización humana. Jorge Atiencia resume el mensaje de algunas cartas paulinas:
La Biblia insinúa que cada miembro dentro de la familia tiene una función que desempeñar y que existen reglas que regulan sus relaciones. A su vez, provee los recursos que corrigen el quebrantamiento de dichas normas. De los hijos se espera obediencia mediada por los mandamientos (Ef. 6:1–12). De ambos padres se espera una participación activa que tenga en cuenta la “disciplina” y la “amonestación del Señor” (Ef 6:4). Es decir, la familia funciona cuando cada miembro asume su posición y reconoce los límites que regulan las relaciones. Esto le da permanencia y estabilidad. Pero, a su vez, vivir bajo el señorío de Cristo y aceptar el proceso normal y necesario de desarrollo de la familia, representa aceptar y promover el cambio dentro del sistema.[4]
Más allá de cualquier intento idealizador, la muy citada referencia a Loida y Eunice, abuela y madre de Timoteo, discípulo del apóstol Pablo (II Tim 1.5; 3.14-15), ejemplifica la manera en que la conducción espiritual de una familia podía ser simultánea al ejercicio de la responsabilidad plena en el sostenimiento y formación de los hijos, acaso por la ausencia física o psicológica de los varones padres de familia. Este tipo de lectura, descontextualizada, es la más extendida, pues aunque es muy insistente la afirmación de la capacidad de ambas mujeres en la transmisión de la fe, se deja de lado su aportación cultural para la conformación de una nueva forma de ser familia y comunidad. El comentario de la Biblia Isha destaca el hecho de que a pesar de que a los primeros documentos cristianos no les interesaba señalar parentescos entre creyentes, esta carta lo hace y relaciona los antecedentes de Timoteo, tal como aparecen en Hch 16.1-3, donde se afirma claramente que Eunice, su madre, era una mujer judía casada con un griego. Éste quizá murió y por ello no se le menciona después. Eunice significa “buena victoria”, pero lo sobresaliente es el elogio de ella y su madre, pues ellas “se convierten en las primeras maestras y predicadoras del evangelio en la vida del futuro misionero”.[5] Este “matrimonio mixto”, como diríamos hoy, sería el germen de un trabajo misionero y pastoral que contribuyó a consolidar la expansión del Evangelio en su momento.
Maldonado resume muy bien la forma en que el NT asumió la institución familiar y contribuyó a transformarla para adecuarla a los propósitos redentores de Dios:
La estructura familiar de aquella época, como la comunidad de personas relacionadas por vínculos de matrimonio y parentesco y regidas por la autoridad del padre, fue reconocida y puesta al servicio de Dios y la edificación de la Iglesia del Nuevo Testamento. […] Esto indica que el evangelio no arrancó bruscamente a los primeros cristianos de su sistema habitual de familia, ni los aisló inútilmente de la sociedad en que vivían. Más bien reconoció los valores de la familia (al igual que reconoció los valores de la cultura) cuando éstos correspondían a los principios del Reino de Dios. Al mismo tiempo, el evangelio evaluó y juzgó tanto el ambiente social como el familiar cuando estos no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios.[6]
Y desde allí lanza una conclusión valiosa para el presente: “…las familias cristianas contemporáneas tienen el potencial para desarrollar relaciones cercanas más justas y equitativas; la intimidad puede florecer a medida que las formas autoritarias desaparecen; la igualdad de los sexos puede proveer un mejor sentido de identidad y apoyo para las nuevas generaciones; la procreación —al ser considerada más bien opcional antes que esencial para la familia— puede estar dotada de un sentido más rico y pleno de realización y solidaridad humanas”.[7]
Ser familia hoy en día es mucho más difícil que lo que fue para nuestros antepasados. La familia en todo el mundo soporta hoy una serie de tensiones que nuestros padres y abuelos no conocieron. Hay fenómenos sociales propios de nuestros días que modifican la vida familiar en forma dramática. Algunos teóricos afirman que lo que conocemos hoy como “familia” no es más la unidad de producción, sino de consumo. La familia dejó de ser la agencia de socialización más importante para las nuevas generaciones; hoy tiene que competir arduamente con la escuela, el vecindario, la televisión, las pandillas, en la tarea de transmitir valores a sus hijos. Las familias se forman hoy por razones que nuestros antepasados ni lo soñaron.[1]
1. Familias, pueblo de Dios e historia en la Biblia
Una de las formas en que se ha querido aprovechar el carácter formativo y normativo de los textos bíblicos consiste en tratar de desligarlos de los ambientes sociales y culturales que reflejan y de los cuales proceden, con el afán de colocarlos por encima de las contradicciones históricas propias de épocas en que la humanidad estaba en camino de consolidar instituciones que han prevalecido con el paso del tiempo. En el caso de la institución familiar, el deseo de reforzar su fortaleza y sus valores de cara a los desafíos del mundo actual, ha hecho que en ocasiones se deje de ver que las diversas circunstancias y avatares familiares que experimentaron muchos personajes bíblicos pueden explicarse con base en los usos y costumbres de su tiempo, y que las motivaciones éticas, morales y religiosas que manejaban no necesariamente coinciden con las nuestras. Así explicaba el pastor francés Roger Mehl la utilidad de las historias y enseñanzas bíblicas sobre este tema:
La familia tiene una historia, en el transcurso de la cual ha dado lugar a valores distintos (correlativamente) a los distintos tipos de civilización en que se hallaba inmersa. Es evidente que no puede aplicarse a la familia del siglo XX lo que acerca de la organización familiar patriarcal nos dice el Antiguo Testamento. Lo cual no significa que estos textos sean caducos: a través de ellos puede resonar todavía la Palabra de Dios. Pero equivaldría a negarse a escuchar la Palabra de Dios vivo querer buscar en las distintas realidades sociológicas a las que hace alusión la Escritura unos modelos imperativos de organización para nuestro mundo.[2]
La búsqueda muy explicable de recetas o fórmulas bíblicas para la vida familiar, una actitud cristiana completamente explicable, debería complementarse con una atención respetuosa y atenta a los entornos y adaptaciones culturales que inciden directamente en la formación y consolidación de los valores familiares ante nuevas exigencias. La revelación bíblica cumple un papel fundamental, pero precisamente por ello es que debemos ponerla a dialogar con los ámbitos en los cuales nos desarrollamos como seres humanos. En ese mismo sentido, Mehl agrega: “La Palabra de Dios siempre se hace oír a través de los hechos de la historia y civilización humanas, a través de las instituciones sociológicas: pero sin confundirse jamás con ellas. ¿Se dirá acaso que la bigamia de Abraham y la repudiación de Agar tienen para nosotros, como ética familiar, un valor normativo? Y no obstante estos hechos tienen un sentido para la comprensión del designio de Dios”.[3] En efecto, los relatos y enseñanzas que aparecen en la Biblia no están “sistematizados” como en un manual y es nuestro deber y reto eclesial tomarlos como punto de partida para nuestra reflexión y acción mediante un análisis serio y pertinente de sus características propias y alcances. En el salmo 68.5-6, por ejemplo, aparece la percepción antigua, en una gran metáfora familiar, del cuidado que Dios mismo esperaba que su pueblo tuviera hacia los huérfanos y las viudas, y cómo parte de su voluntad integradora y liberadora para las personas consistía en que “los desamparados habitaran en familia”, en un estado ideal de convivencia.
2. Tradición y convicción en las familias actuales
Algunos pastores y terapeutas familiares utilizan el verbo insinuar, que parece muy adecuado para acercarse a los planteamientos bíblicos. De este modo, lo que las Escrituras hacen en el terreno de la convivencia familiar es precisamente insinuar o proponer líneas generales de acción y reconocimiento de los sucesos que conforman a la familia para así brindar una orientación general cuyas especificidades dependerán de los alcances y creatividad de los sujetos y las comunidades históricamente arraigadas en las nuevas etapas de desarrollo de la civilización humana. Jorge Atiencia resume el mensaje de algunas cartas paulinas:
La Biblia insinúa que cada miembro dentro de la familia tiene una función que desempeñar y que existen reglas que regulan sus relaciones. A su vez, provee los recursos que corrigen el quebrantamiento de dichas normas. De los hijos se espera obediencia mediada por los mandamientos (Ef. 6:1–12). De ambos padres se espera una participación activa que tenga en cuenta la “disciplina” y la “amonestación del Señor” (Ef 6:4). Es decir, la familia funciona cuando cada miembro asume su posición y reconoce los límites que regulan las relaciones. Esto le da permanencia y estabilidad. Pero, a su vez, vivir bajo el señorío de Cristo y aceptar el proceso normal y necesario de desarrollo de la familia, representa aceptar y promover el cambio dentro del sistema.[4]
Más allá de cualquier intento idealizador, la muy citada referencia a Loida y Eunice, abuela y madre de Timoteo, discípulo del apóstol Pablo (II Tim 1.5; 3.14-15), ejemplifica la manera en que la conducción espiritual de una familia podía ser simultánea al ejercicio de la responsabilidad plena en el sostenimiento y formación de los hijos, acaso por la ausencia física o psicológica de los varones padres de familia. Este tipo de lectura, descontextualizada, es la más extendida, pues aunque es muy insistente la afirmación de la capacidad de ambas mujeres en la transmisión de la fe, se deja de lado su aportación cultural para la conformación de una nueva forma de ser familia y comunidad. El comentario de la Biblia Isha destaca el hecho de que a pesar de que a los primeros documentos cristianos no les interesaba señalar parentescos entre creyentes, esta carta lo hace y relaciona los antecedentes de Timoteo, tal como aparecen en Hch 16.1-3, donde se afirma claramente que Eunice, su madre, era una mujer judía casada con un griego. Éste quizá murió y por ello no se le menciona después. Eunice significa “buena victoria”, pero lo sobresaliente es el elogio de ella y su madre, pues ellas “se convierten en las primeras maestras y predicadoras del evangelio en la vida del futuro misionero”.[5] Este “matrimonio mixto”, como diríamos hoy, sería el germen de un trabajo misionero y pastoral que contribuyó a consolidar la expansión del Evangelio en su momento.
Maldonado resume muy bien la forma en que el NT asumió la institución familiar y contribuyó a transformarla para adecuarla a los propósitos redentores de Dios:
La estructura familiar de aquella época, como la comunidad de personas relacionadas por vínculos de matrimonio y parentesco y regidas por la autoridad del padre, fue reconocida y puesta al servicio de Dios y la edificación de la Iglesia del Nuevo Testamento. […] Esto indica que el evangelio no arrancó bruscamente a los primeros cristianos de su sistema habitual de familia, ni los aisló inútilmente de la sociedad en que vivían. Más bien reconoció los valores de la familia (al igual que reconoció los valores de la cultura) cuando éstos correspondían a los principios del Reino de Dios. Al mismo tiempo, el evangelio evaluó y juzgó tanto el ambiente social como el familiar cuando estos no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios.[6]
Y desde allí lanza una conclusión valiosa para el presente: “…las familias cristianas contemporáneas tienen el potencial para desarrollar relaciones cercanas más justas y equitativas; la intimidad puede florecer a medida que las formas autoritarias desaparecen; la igualdad de los sexos puede proveer un mejor sentido de identidad y apoyo para las nuevas generaciones; la procreación —al ser considerada más bien opcional antes que esencial para la familia— puede estar dotada de un sentido más rico y pleno de realización y solidaridad humanas”.[7]
Notas
[1] Jorge E. Maldonado, presentación del curso “La familia en el mundo de hoy”, en Eirene Internacional, Asociación Latinoamericana de Asesoramiento y Pastoral Familiar, www.eireneinternacional.org/curso1.html.
[2] R. Mehl, Sociedad y amor. Problemas éticos de la vida familiar. Barcelona, Fontanella, 1968 (Pensamiento, 21), p. 14. Énfasis agregado.
[3] Idem. Énfasis agregado.
[4] J. Atiencia, “Persona, pareja y familia”, en J.E. Maldonado, ed., Fundamentos bíblico-teológicos del matrimonio y la familia. Grand Rapids, Eerdmans, 2006, p. 42.
[5] Biblia Isha, Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008, p. 1420.
[6] J.E. Maldonado, “La familia en los tiempos bíblicos”, en J.E. Maldonado, Fundamentos…, pp. 25-28.
[7] Ibid., p.28.
[2] R. Mehl, Sociedad y amor. Problemas éticos de la vida familiar. Barcelona, Fontanella, 1968 (Pensamiento, 21), p. 14. Énfasis agregado.
[3] Idem. Énfasis agregado.
[4] J. Atiencia, “Persona, pareja y familia”, en J.E. Maldonado, ed., Fundamentos bíblico-teológicos del matrimonio y la familia. Grand Rapids, Eerdmans, 2006, p. 42.
[5] Biblia Isha, Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008, p. 1420.
[6] J.E. Maldonado, “La familia en los tiempos bíblicos”, en J.E. Maldonado, Fundamentos…, pp. 25-28.
[7] Ibid., p.28.
Salmo 68,4-6, Traducción en Lenguaje Actual
¡Cantemos himnos a Dios!
¡Sí, cantémosle al que manda la lluvia!
¡Hagamos fiesta en su presencia!
¡Él es el Dios de Israel!
Dios, que vive en su santo templo,
cuida a los huérfanos y defiende a las viudas;
les da hogar a los desamparados,
y libertad a los presos;
pero a los que no lo obedecen
les da tierras que nada producen.
domingo, 8 de mayo de 2011
Letra 218, 8 de mayo de 2011
EL CONSEJO PASTORAL COMO PRÁCTICA DE SABIDURÍA (V)
Daniel Schipani
Daniel Schipani
Visione
s y Herramientas, 2004
s y Herramientas, 20046. El consejo pastoral debe orientarse hacia el reino de Dios
El símbolo del reino apunta a la visión y la promesa de una nueva creación y una nueva humanidad en libertad, justicia, paz, bienestar, y plenitud de vida, primordialmente como dádiva divina que, aunque parcialmente presente ya, se realizará en última instancia escatológicamente, más allá de la historia. Los consejeros pastorales procuran instrumentar la convicción de que el contexto definitivo, o último, de la sabiduría--incluyendo la sabiduría para discernir bien, y operativa en el proceso mismo de discernir, guiar, crecer, reconciliar, sanar, liberar, y vivir en plenitud humana—es la cultura del reino de Dios. Postulamos que participar en tal cultura requiere, pero al mismo tiempo posibilita, el diario vivir sabiamente a la luz de Dios. La afirmación de los fundamentos bíblicos y teológicos que hemos propuesto, especialmente cuando relacionamos directamente las dos nociones bíblicas claves--reino de Dios y sabiduría divina--sugiere a su vez la presentación de dos principios adicionales para todo consejero pastoral que ministra en el espíritu de la cultura del reino.
Los consejeros pastorales permanecen conscientes de que su labor ministerial siempre ocurre dentro del contexto sociocultural de la iglesia y de la realidad social en que ésta está inmersa. Postulan que el reino es de hecho una realidad sociopolítica y cultural, una manera de vivir que puede manifestarse en cualquier cultura histórica. Además, postulan que el reino de Dios puede adaptar y también corregir otras formas culturales existentes (incluyendo, desde luego, ¡las de la propia iglesia!): las relaciones, lo sistemas, las prácticas, las dinámicas de poder, los valores, las creencias, y los ideales pueden confrontarse, afirmarse, y transformarse a la luz de la sabiduría de Dios. La triple declaración de que Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6) evoca tres componentes del reino que sirven al consejero pastoral a manera de marco referencial y de horizonte: (a) el discernimiento que produce sentido y significado disponible para las personas que necesitan el consejo pastoral (o sea, el camino que Jesús vino a ser y a compartir); (b) una justicia encarnada en la fidelidad y las estructuras morales del pueblo de Dios (o sea, la verdad, que Jesús vino a ser y a crear) ; y (c) un sentido de identidad
comunicado por medio de una historia en la que cada persona participa, con la esperanza que nos compele a valorar la vida y amar la comunidad (o sea, la vida que Jesús vino a ser y a ofrecer).
Los consejeros pastorales están llamados a ser agentes éticos de la cultura del reino de Dios. Su práctica ministerial es a la manera de cartógrafos y guías personales hacia una cultura mejor. De acuerdo con su lealtad primaria y sus compromisos normativos, procuran dar consideración específica a las dimensiones éticas de su ministerio. Tales dimensiones incluyen no solamente la ética profesional en sentido restringido, y los valores personales y normas de conducta, sino también la pertinencia comunal y sociopolítica de su ministerio como sabios consejeros.
Finalmente, el reino que viene puede manifestarse en diferentes formas y a diferentes niveles. Como "cultura ética" la historia y la visión del reino de Dios proveen la narrativa y el contexto visional para el consejero pastoral en tanto agente ético. El reino es esa historia y visión materializada en formaciones culturales creativas y liberadoras. Tal cultura del reino resulta indispensable porque incluye una perspectiva crítica sobre las culturas dominantes y las sabidurías menores (meramente pragmáticas y convencionales) de nuestro mundo cada vez más globalizado. La iglesia, por su parte, está llamada a ser una comunidad de sabiduría y sacramento del reino en medio de sus prácticas y reflexiones sobre lo que significa y lo que implica ser humanos en el siglo veintiuno. Las personas y las familias están invitadas a compartir la vida a la luz de la sabiduría y el reino de Dios. Y el carácter personal del sabio consejero, por su parte, ha de estar moldeados por las prácticas, las narrativas, y el discernimiento, de la comunidad de fe.
Es a la luz del marco teológico-pastoral que hemos esbozado con las seis pistas normativas como proponemos abordar las innumerables situaciones que requieren consejo pastoral.
El símbolo del reino apunta a la visión y la promesa de una nueva creación y una nueva humanidad en libertad, justicia, paz, bienestar, y plenitud de vida, primordialmente como dádiva divina que, aunque parcialmente presente ya, se realizará en última instancia escatológicamente, más allá de la historia. Los consejeros pastorales procuran instrumentar la convicción de que el contexto definitivo, o último, de la sabiduría--incluyendo la sabiduría para discernir bien, y operativa en el proceso mismo de discernir, guiar, crecer, reconciliar, sanar, liberar, y vivir en plenitud humana—es la cultura del reino de Dios. Postulamos que participar en tal cultura requiere, pero al mismo tiempo posibilita, el diario vivir sabiamente a la luz de Dios. La afirmación de los fundamentos bíblicos y teológicos que hemos propuesto, especialmente cuando relacionamos directamente las dos nociones bíblicas claves--reino de Dios y sabiduría divina--sugiere a su vez la presentación de dos principios adicionales para todo consejero pastoral que ministra en el espíritu de la cultura del reino.
Los consejeros pastorales permanecen conscientes de que su labor ministerial siempre ocurre dentro del contexto sociocultural de la iglesia y de la realidad social en que ésta está inmersa. Postulan que el reino es de hecho una realidad sociopolítica y cultural, una manera de vivir que puede manifestarse en cualquier cultura histórica. Además, postulan que el reino de Dios puede adaptar y también corregir otras formas culturales existentes (incluyendo, desde luego, ¡las de la propia iglesia!): las relaciones, lo sistemas, las prácticas, las dinámicas de poder, los valores, las creencias, y los ideales pueden confrontarse, afirmarse, y transformarse a la luz de la sabiduría de Dios. La triple declaración de que Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6) evoca tres componentes del reino que sirven al consejero pastoral a manera de marco referencial y de horizonte: (a) el discernimiento que produce sentido y significado disponible para las personas que necesitan el consejo pastoral (o sea, el camino que Jesús vino a ser y a compartir); (b) una justicia encarnada en la fidelidad y las estructuras morales del pueblo de Dios (o sea, la verdad, que Jesús vino a ser y a crear) ; y (c) un sentido de identidad
comunicado por medio de una historia en la que cada persona participa, con la esperanza que nos compele a valorar la vida y amar la comunidad (o sea, la vida que Jesús vino a ser y a ofrecer).
Los consejeros pastorales están llamados a ser agentes éticos de la cultura del reino de Dios. Su práctica ministerial es a la manera de cartógrafos y guías personales hacia una cultura mejor. De acuerdo con su lealtad primaria y sus compromisos normativos, procuran dar consideración específica a las dimensiones éticas de su ministerio. Tales dimensiones incluyen no solamente la ética profesional en sentido restringido, y los valores personales y normas de conducta, sino también la pertinencia comunal y sociopolítica de su ministerio como sabios consejeros.
Finalmente, el reino que viene puede manifestarse en diferentes formas y a diferentes niveles. Como "cultura ética" la historia y la visión del reino de Dios proveen la narrativa y el contexto visional para el consejero pastoral en tanto agente ético. El reino es esa historia y visión materializada en formaciones culturales creativas y liberadoras. Tal cultura del reino resulta indispensable porque incluye una perspectiva crítica sobre las culturas dominantes y las sabidurías menores (meramente pragmáticas y convencionales) de nuestro mundo cada vez más globalizado. La iglesia, por su parte, está llamada a ser una comunidad de sabiduría y sacramento del reino en medio de sus prácticas y reflexiones sobre lo que significa y lo que implica ser humanos en el siglo veintiuno. Las personas y las familias están invitadas a compartir la vida a la luz de la sabiduría y el reino de Dios. Y el carácter personal del sabio consejero, por su parte, ha de estar moldeados por las prácticas, las narrativas, y el discernimiento, de la comunidad de fe.
Es a la luz del marco teológico-pastoral que hemos esbozado con las seis pistas normativas como proponemos abordar las innumerables situaciones que requieren consejo pastoral.
_________________________________________________
NINGÚN ESPACIO DE PODER PARA LAS MUJERES EN LA MAYORÍA DE LAS RELIGIONES
Eugenia Jiménez
Milenio Diario, 18 de abril de 2011
Espacios sagrados que niegan a la mujer el derecho al liderazgo.
Las mujeres en la mayoría de las religiones padecen la exclusión, la marginación y la injusticia. No se les permite ocupar liderazgos de jerarquía. Pese al debate iniciado por un grupo de ellas hace varias décadas por ocupar espacios de poder, los avances han sido mínimos.
Y éstos se registran únicamente en las iglesias protestantes, mientras la católica mantiene su posición un "no" rotundo a las sacerdotisas y la mujer es desplazada a un segundo término, sin participar en la toma de decisiones.
Desde hace varios años algunas iglesias evangélicas han realizado cambios que han permitido a las mujeres alcanzar liderazgos a la par de los hombres. Sin embargo, en México el proceso es más lento y pocas son las han logrado escalar.
Una de ellas es Rebeca Montemayor pastora bautista de la comunidad Shalom quien consideró que en las grandes religiones la mujer tiene un papel relevante, sobre todo en el cristianismo, sin embargo en el siglo XXI aún se da el debate de si debe existir una participación en cuanto a la equidad y la administración de los servicios así como en la toma de decisiones.
En algunas confesiones evangélicas, dijo "hay muchos avances" las mujeres asumen el liderazgo a la par de los hombres, son reconocidas oficialmente por las comunidades para la administración de las ordenanzas o sacramentos.
Pero este avance no se registra en la iglesia católica, ahí se da una disparidad, porque desde el Vaticano se ha reafirmado que "no habrá mujeres sacerdotisas. Esto es como una involución, porque hay muchas mujeres muy bien preparadas en lo académico, en lo teológico, en lo bíblico y en los pastoral, sin embargo no se les reconoce que participen en igualdad de oportunidades con los hombres"
Montemayor quien fue ordenada como pastora en el año 2000, aseguró que aún hay grupos religiosos, como los de la iglesia católica, en donde no se puede cantar victoria y se debe seguir luchando para acabar con la discriminación.
Hay otros como la Iglesia Nacional Presbiteriana en México en donde se desarrolla un fuerte debate sobre la ordenación ministerial de las mujeres, pero al parecer el "no" para abrirles los espacios a un reconocimiento oficial se impone.
En el país destacó iglesias como la Anglicana, la Menonita, la Luterana, la Bautista y la Metodista han marcado el cambio y algunas mujeres han ocupado los liderazgos.
Sin embargo, el resto favorece a la figura del varón como prioritaria para los servicios espirituales, incluso en algunos grupos los hombres ya no son pastores, ahora se han autodenominado "apóstoles o profetas", con esa nueva investidura se afirma que tienen una autoridad máxima, porque no hubo mujeres apóstoles o profetas.
Montemayor es una de las mujeres religiosas que apoya la Teología Feminista la cual tiene un compromiso de aceptar estas relaciones de género, consideró "nos perdemos cuando la mitad o más de la mitad de los grupos de las iglesias las mujeres no pueden ejercer su vocación como ellas sienten, es como perder la libertad a nivel oficial, están lejos de reconocerse".
En la iglesia católica existen grupos de religiosas cuyo trabajo es asistir en las labores domésticas en las casas de los sacerdotes, obispos o nuncios, de ellas Rebeca
Montemayor comentó "así están contentas porque creen que el servir así es su vocación".
Pero "hay otras mujeres religiosas que luchan en contra de esta superioridad patriarcal y se rebelan contra esto. Y buscan que las mujeres estén a la par de impartir los sacramentos u ordenanzas, como son el bautismo y el matrimonio, éste es un punto álgido en donde se nos coarta y no se nos permite ocupar el espacio sagrado".
En México, agregó hay pocas iglesias que tienen un reconocimiento oficial al liderazgo de las mujeres, un obstáculo a vencer, puntualizó "es la cultura machista" la cual tiene bastante estereotipado el que los espacios del poder son para los hombres.
Una de las iglesias que logró romper ese estereotipo fue la Metodista la cual desde el año 1975 ordenó pastoras y ha tenido una obispa, es la que está a la vanguardia de reconocer los derechos de las mujeres.
__________________________________
EL ALIADO OSCURO DE JUAN PABLO II (I)
Jesús Rodríguez
El País, 29 de abril de 2011
"Y a usted, padre, ¿cuándo le vino la idea de crear la Legión?", le preguntó Juan Pablo II a Marcial Maciel la primera vez que cenaron juntos en el comedor privado del Santo Padre. La respuesta de Maciel fue inmediata: "Santidad, a los 15 años ya tenía claro que quería crear una congregación de sacerdotes para instaurar el reino de Cristo en la sociedad". El Papa reflexionó y continuó: "Pues sabe usted, padre Maciel, yo a los 15 años aún no había sido ordenado y no se me pasaba por la cabeza llegar a ser Papa". Según un religioso que presenció la conversación, tras esa frase del Papa los dos rompieron a reír. El Papa siempre admiró a Maciel esa seguridad absoluta que tenía en su misión. Sabía que iba ser de una fidelidad absoluta.
Roma se prepara para la beatificación de Juan Pablo II, la más rápida de la edad moderna
Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.
Y más aún arrastrando su oscuro pasado del que nadie al parecer se percató. Maciel era un genio como recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido por Lech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.
Roma se prepara para la beatificación de Juan Pablo II, la más rápida de la edad moderna
Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.
Y más aún arrastrando su oscuro pasado del que nadie al parecer se percató. Maciel era un genio como recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido por Lech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.
Maternidad, fe y salvación, L. Cervantes-O.
8 de mayo de 2011
El Dios de la oración/poesía habita en mis deseos y ocupa los nombres de ellos:
A veces, cuando el niño sin madre llora dentro de mí, Madre...
A veces, cuando el niño quiere jugar, Padre...
Cuando anhelo una Madre, Dios es Ella, sólo Ella. Cualquier y agregada a ella sería el fin de mi nostalgia.
Cuando deseo un Padre, Dios es Él, sólo Él: este es el nombre de mi nostalgia, en ese preciso momento...[1]
Rubem Alves
1. Dios siente como madre
La tradición bíblica no dejó de expresar a Dios en lenguaje femenino, pues también éste es vehículo expresivo para la revelación de Dios. Algunos ejemplos de esto:
· Dios-madre es incapaz de olvidarse de un hijo de sus entrañas: “Sión decía: Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado. ¿Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49.14-15; véase también Sal 25.6 y Sal 116.5).
· Dios se compara a una madre que consuela a sus hijos. “Como consuela la propia madre así os consolaré yo” (Is 66.13).
· La tradición profética describe así el comportamiento maternal de Dios para con su pueblo: “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo [...] Yo enseñé a andar a Efraín y lo llevé en mis brazos. Con cuerdas de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer [...] El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen” (Os 11, 1-8);
· En la tradición sapiencial, la sabiduría de Dios se presenta personificada en una figura femenina (Prov 8,22-26); entre la Sabiduría y la Mujer existe una estrecha correlación, que permite una transmutación simbólica entre la una y la otra (Prov 31,10.26.30); en el Nuevo Testamento, Cristo es identificado con la Sabiduría de Dios (I Cor 1,24-30; Mt 11.19; Jn 6.35).
· Al final de la historia, Dios tendrá un gesto de madre amorosa, enjugando las lágrimas de nuestros ojos cansados de tanto llorar (Ap 5.1, 4).[2]
Jesús abrió la puerta para conocer otro modelo de Dios, no sólo con su intención de experimentar la paternidad de Dios de otro modo, sino también al atisbar la realidad del amor de Dios en femenino. Acaso uno de los momentos en que consiguió concentrar dicha intuición con mayor intensidad fue cuando dirigió sus palabras a Jerusalén en plan abiertamente diferente a lo masculino: “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Mt 23.37; Lc 13.34, BLA). La metáfora de lo femenino aporta una perspectiva nueva, que relanza el ímpetu profético y a la vez expone o desvela el rostro femenino oculto de Dios.
Las metáforas para referirse a Dios subrayan también la dificultad para conocerlo plenamente. Cuando sólo se utiliza la relación padre-hijo/a como única referencia para hablar de la relación entre Dios y el ser humano el modelo del padre puede convertirse en un objeto idolátrico, pues se acaba considerándolo como única descripción de Dios. Pero Dios es, a la vez, parecido y distinto de lo que indican nuestras metáforas y existen muchas razones para utilizar metáforas femeninas y masculinas sobre Dios. Cerrarse al amor de Dios experimentado en femenino empobrece, antropológicamente, nuestra experiencia de lo masculino, y nos reduce la visión de lo humano como una plenitud múltiple vivida desde la diversidad. Dejamos de ver aquellos aspectos de la existencia que Dios mismo ha querido experimentar. Porque lo cierto es que necesitamos ambos rostros de Dios, pero no siempre al mismo tiempo, pues, como ha escrito Rubem Alves, a veces necesitamos el amor o el afecto de un hombre o de una mujer y en esos momentos no se requiere el amor del otro género.[3] Dios nos sale al encuentro también como madre, en nuestra propia progenitora y en todas las mujeres que forman parte de nuestra vida. Es una realidad inevitable e insustituible, a pesar de las amargas experiencias que hayamos vivido. Nuestra fe y la idea de revelación que tengamos, también estarán incompletas si no abrimos el ser a esta posibilidad de encuentro.
2. “…y se salvará teniendo hijos si…”: maternidad y salvación en horizonte crítico
Con estas ideas en mente, afrontar un texto como I Tim 2, y especialmente el v. 15, requiere situar las intenciones del mismo en un marco social y eclesial que permita no incurrir en excesos interpretativos, ideológicos y culturales. Si consideramos que este documento pertenece al conjunto de cartas denominadas “pastorales” y que responde, por ello, a la necesidad de normar las relaciones interpersonales en algunas comunidades cristianas de finales del primer siglo de nuestra era, esto mismo nos puede ayudar a percibir que las tendencias hacia la institucionalización del judeo-cristianismo, tal como se vivía ya fuera de Palestina, enfrentaron la necesidad de equilibrar las prácticas de poder en su interior. La escuela paulina, a la que pertenece la epístola, estaba muy consciente de que si las mujeres en algunas ciudades y comunidades habían alcanzado cierto grado de emancipación, las familias correrían el riesgo de “desregularse” y que esto, en el ambiente patriarcal dominado por el imperio romano, eventualmente sería mal visto.[4] Las mujeres ricas tenían una participación muy activa en la comunidad cristiana y debían sujetarse a una normatividad que impidiera la incomprensión social que el cristianismo otorgaba a las personas.
Curiosamente, la celebración del 10 de mayo forma parte de un proceso de exaltación y subordinación de las mujeres, pues de manera similar a como sucede en el catolicismo, se les coloca como a la Virgen María en los altares, pero en la práctica cotidiana se lleva a cabo una serie de procesos para reducir su autoestima, por decir lo menos. En este sentido, I Tim 2 intenta subordinar a la mujer mediante una suerte de “chantaje espiritual” basado en las obras para obtener la salvación: lejos del mensaje paulino sustentado en la inutilidad de las obras para salvarse, a las mujeres se les exige practicar la maternidad y así alcanzar el favor de Dios. La “consagración al hogar”, es decir, al espacio doméstico y no público. Como resume Tamez, el texto intentaría “convencer a las mujeres de su comunidad de que debían seguir los roles que la tradición ha implantado de acuerdo con los géneros. Esta sería la lectura más difícil de acuerdo con nuestras creencias actuales, pero también la que mejor encaja con la problemática de aquel momento en la comunidad cristiana”.[5]
De modo que hoy es una enorme responsabilidad nuestra definir con qué espíritu cristiano queremos celebrar el milagro y la bendición de la maternidad en nuestro ámbito.
A veces, cuando el niño sin madre llora dentro de mí, Madre...
A veces, cuando el niño quiere jugar, Padre...
Cuando anhelo una Madre, Dios es Ella, sólo Ella. Cualquier y agregada a ella sería el fin de mi nostalgia.
Cuando deseo un Padre, Dios es Él, sólo Él: este es el nombre de mi nostalgia, en ese preciso momento...[1]
Rubem Alves
1. Dios siente como madre
La tradición bíblica no dejó de expresar a Dios en lenguaje femenino, pues también éste es vehículo expresivo para la revelación de Dios. Algunos ejemplos de esto:
· Dios-madre es incapaz de olvidarse de un hijo de sus entrañas: “Sión decía: Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado. ¿Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49.14-15; véase también Sal 25.6 y Sal 116.5).
· Dios se compara a una madre que consuela a sus hijos. “Como consuela la propia madre así os consolaré yo” (Is 66.13).
· La tradición profética describe así el comportamiento maternal de Dios para con su pueblo: “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo [...] Yo enseñé a andar a Efraín y lo llevé en mis brazos. Con cuerdas de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer [...] El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen” (Os 11, 1-8);
· En la tradición sapiencial, la sabiduría de Dios se presenta personificada en una figura femenina (Prov 8,22-26); entre la Sabiduría y la Mujer existe una estrecha correlación, que permite una transmutación simbólica entre la una y la otra (Prov 31,10.26.30); en el Nuevo Testamento, Cristo es identificado con la Sabiduría de Dios (I Cor 1,24-30; Mt 11.19; Jn 6.35).
· Al final de la historia, Dios tendrá un gesto de madre amorosa, enjugando las lágrimas de nuestros ojos cansados de tanto llorar (Ap 5.1, 4).[2]
Jesús abrió la puerta para conocer otro modelo de Dios, no sólo con su intención de experimentar la paternidad de Dios de otro modo, sino también al atisbar la realidad del amor de Dios en femenino. Acaso uno de los momentos en que consiguió concentrar dicha intuición con mayor intensidad fue cuando dirigió sus palabras a Jerusalén en plan abiertamente diferente a lo masculino: “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Mt 23.37; Lc 13.34, BLA). La metáfora de lo femenino aporta una perspectiva nueva, que relanza el ímpetu profético y a la vez expone o desvela el rostro femenino oculto de Dios.
Las metáforas para referirse a Dios subrayan también la dificultad para conocerlo plenamente. Cuando sólo se utiliza la relación padre-hijo/a como única referencia para hablar de la relación entre Dios y el ser humano el modelo del padre puede convertirse en un objeto idolátrico, pues se acaba considerándolo como única descripción de Dios. Pero Dios es, a la vez, parecido y distinto de lo que indican nuestras metáforas y existen muchas razones para utilizar metáforas femeninas y masculinas sobre Dios. Cerrarse al amor de Dios experimentado en femenino empobrece, antropológicamente, nuestra experiencia de lo masculino, y nos reduce la visión de lo humano como una plenitud múltiple vivida desde la diversidad. Dejamos de ver aquellos aspectos de la existencia que Dios mismo ha querido experimentar. Porque lo cierto es que necesitamos ambos rostros de Dios, pero no siempre al mismo tiempo, pues, como ha escrito Rubem Alves, a veces necesitamos el amor o el afecto de un hombre o de una mujer y en esos momentos no se requiere el amor del otro género.[3] Dios nos sale al encuentro también como madre, en nuestra propia progenitora y en todas las mujeres que forman parte de nuestra vida. Es una realidad inevitable e insustituible, a pesar de las amargas experiencias que hayamos vivido. Nuestra fe y la idea de revelación que tengamos, también estarán incompletas si no abrimos el ser a esta posibilidad de encuentro.
2. “…y se salvará teniendo hijos si…”: maternidad y salvación en horizonte crítico
Con estas ideas en mente, afrontar un texto como I Tim 2, y especialmente el v. 15, requiere situar las intenciones del mismo en un marco social y eclesial que permita no incurrir en excesos interpretativos, ideológicos y culturales. Si consideramos que este documento pertenece al conjunto de cartas denominadas “pastorales” y que responde, por ello, a la necesidad de normar las relaciones interpersonales en algunas comunidades cristianas de finales del primer siglo de nuestra era, esto mismo nos puede ayudar a percibir que las tendencias hacia la institucionalización del judeo-cristianismo, tal como se vivía ya fuera de Palestina, enfrentaron la necesidad de equilibrar las prácticas de poder en su interior. La escuela paulina, a la que pertenece la epístola, estaba muy consciente de que si las mujeres en algunas ciudades y comunidades habían alcanzado cierto grado de emancipación, las familias correrían el riesgo de “desregularse” y que esto, en el ambiente patriarcal dominado por el imperio romano, eventualmente sería mal visto.[4] Las mujeres ricas tenían una participación muy activa en la comunidad cristiana y debían sujetarse a una normatividad que impidiera la incomprensión social que el cristianismo otorgaba a las personas.
Curiosamente, la celebración del 10 de mayo forma parte de un proceso de exaltación y subordinación de las mujeres, pues de manera similar a como sucede en el catolicismo, se les coloca como a la Virgen María en los altares, pero en la práctica cotidiana se lleva a cabo una serie de procesos para reducir su autoestima, por decir lo menos. En este sentido, I Tim 2 intenta subordinar a la mujer mediante una suerte de “chantaje espiritual” basado en las obras para obtener la salvación: lejos del mensaje paulino sustentado en la inutilidad de las obras para salvarse, a las mujeres se les exige practicar la maternidad y así alcanzar el favor de Dios. La “consagración al hogar”, es decir, al espacio doméstico y no público. Como resume Tamez, el texto intentaría “convencer a las mujeres de su comunidad de que debían seguir los roles que la tradición ha implantado de acuerdo con los géneros. Esta sería la lectura más difícil de acuerdo con nuestras creencias actuales, pero también la que mejor encaja con la problemática de aquel momento en la comunidad cristiana”.[5]
De modo que hoy es una enorme responsabilidad nuestra definir con qué espíritu cristiano queremos celebrar el milagro y la bendición de la maternidad en nuestro ámbito.
Notas
[1] R. Alves, “A veces…”, en Saborear el infinito. Antología de textos. México, Dabar-Centro Basilea, 2008, pp. 206-207.
[2] Luis López Catalán, “Dios: Padre y madre”, en www.mercaba.org/Fichas/Claretianos/dios_padre_y_madre.htm.
[3] Elsa Tamez, Teólogos de la liberación hablan sobre la mujer. San José, dei, 1986, pp. 84-85.
[4] E. Tamez, Luchas de poder en los orígenes del cristianismo. Un estudio de la 1ª carta a Timoteo. San José, DEI, 2004, pp. 29-43.
[5] Ibid., p. 92.
[2] Luis López Catalán, “Dios: Padre y madre”, en www.mercaba.org/Fichas/Claretianos/dios_padre_y_madre.htm.
[3] Elsa Tamez, Teólogos de la liberación hablan sobre la mujer. San José, dei, 1986, pp. 84-85.
[4] E. Tamez, Luchas de poder en los orígenes del cristianismo. Un estudio de la 1ª carta a Timoteo. San José, DEI, 2004, pp. 29-43.
[5] Ibid., p. 92.
Familias de fe ante la encrucijada actual
I Timoteo 2.9-15, Traducción en Lenguaje Actual
También deseo que las mujeres se vistan con decencia, sencillez y modestia. Que no llamen la atención con peinados exagerados ni poniéndose ropa muy cara, ni que usen costosas joyas de oro o adornos de perlas. Al contrario, la gente debe admirarlas por las buenas cosas que hagan, como se espera de las mujeres que aman y respetan a Dios.
También deseo que las mujeres se vistan con decencia, sencillez y modestia. Que no llamen la atención con peinados exagerados ni poniéndose ropa muy cara, ni que usen costosas joyas de oro o adornos de perlas. Al contrario, la gente debe admirarlas por las buenas cosas que hagan, como se espera de las mujeres que aman y respetan a Dios.
Quiero que las mujeres escuchen con respeto y en silencio lo que se les enseñe. Y no permito que las mujeres enseñen en las reuniones de la iglesia, ni que les den órdenes a los hombres. Porque Dios creó primero a Adán, y después a Eva. Además, Adán no fue el engañado por Satanás, sino Eva. Y cuando Eva fue engañada, pecó. Sin embargo, las mujeres se salvarán si tienen hijos, si confían en Jesucristo, y si aman a los demás y viven con modestia y santidad.
Ordenación pastoral de Martiniano Morales G.
Huamuxtitlán, Gro., sábado 7 de mayo de 2011, 13.00 hrs.
domingo, 1 de mayo de 2011
Letra 217, 1 de mayo de 2011
LA BEATIFICACIÓN DE WOJTYLA Y LOS VAIVENES RELIGIOSOS DE CALDERÓN
Protestante Digital, 1 de mayo de 2011
Como parte de un grupo amplio de mandatarios de todo el mundo que asistirán a la beatificación de Karol Wojtyla, Felipe Calderón Hinojosa anunció formalmente su viaje a Roma para estar presente en Roma el domingo 1 de mayo. Con ello, se tomó muy en serio el hecho propagandístico, ampliamente difundido, sobre todo por el duopolio televisivo, de que el papa polaco tenía “el alma mexicana”, y que la supuesta preferencia de dicho pontífice por la nación mexicana es un signo destacable de su labor eclesial. Analistas de diversos signos han señalado que este bombardeo mediático no es más que una “cortina de humo” ante la situación tan complicada por la inseguridad y la violencia que aquejan al país y que Calderón renuncia a algunas de sus responsabilidades con tal de congraciarse con la mayoría católica de la población, lucrando políticamente así con razones religiosas.
Protestante Digital, 1 de mayo de 2011
Como parte de un grupo amplio de mandatarios de todo el mundo que asistirán a la beatificación de Karol Wojtyla, Felipe Calderón Hinojosa anunció formalmente su viaje a Roma para estar presente en Roma el domingo 1 de mayo. Con ello, se tomó muy en serio el hecho propagandístico, ampliamente difundido, sobre todo por el duopolio televisivo, de que el papa polaco tenía “el alma mexicana”, y que la supuesta preferencia de dicho pontífice por la nación mexicana es un signo destacable de su labor eclesial. Analistas de diversos signos han señalado que este bombardeo mediático no es más que una “cortina de humo” ante la situación tan complicada por la inseguridad y la violencia que aquejan al país y que Calderón renuncia a algunas de sus responsabilidades con tal de congraciarse con la mayoría católica de la población, lucrando políticamente así con razones religiosas.
Evidentemente, surgen varias interrogantes a la hora de valorar la visita de Estado de Calderón a Roma: sus preferencias religiosas que, en efecto, coinciden con poco más del 80% de la población mexicana, no pueden ser impuestas ni esgrimidas como “razón política o diplomática” nte una realidad cuya pluralidad está siendo demostrada con los resultados del censo de 2010. Miguel Ángel Granados Chapa le reprochó que, a despecho de la celebración del Día del Trabajo, en medio de circunstancias laborales complicadas (el incumplimiento de su gobierno para abrir un número elevado de empleos), Calderón haga este viaje sin la sensibilidad política para dar la cara ante los sindicatos, y especialmente el de los electricistas.
Calderón, como antes Vicente Fox, no ha dudado en vulnerar lo establecido por la Constitución en relación con el Estado laico y también con la investidura presidencial, tan cuestionada desde su asunción en 2006. Este viaje, en particular, subraya Granados Chapa atenta directamente contra la ley: “El artículo 25 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público establece sin lugar a dudas que las autoridades ‘no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares’. La visita presidencial a Roma corresponde exactamente a la conducta descrita en este ordenamiento, y por lo tanto Calderón lo viola a sabiendas” (Reforma, 25 de abril de 2011). Otorgarle un barniz estrictamente diplomático a semejante desacato constituye una nueva provocación de los gobiernos emana-
emanados del Partido Acción Nacional, tradicionalmente ligados al catolicismo conservador.
emanados del Partido Acción Nacional, tradicionalmente ligados al catolicismo conservador.
Los sectores críticos de Calderón están de acuerdo en que este nuevo pretexto “diplomático” para hacer manifiestas sus creencias entran en el esquema de confrontación con la laicidad del Estado y que implican una clara incomprensión de las implicaciones de la misma para su comportamiento como Jefe de Estado, al colocarse, de manera facciosa, al servicio de una religión en particular. Agrega Granados Chapa: “La casa presidencial pretendió disimular la violación a la ley al anunciar la visita de Calderón al Vaticano. Dijo que ‘en respuesta a una invitación diplomática, el jefe del Ejecutivo (sic, por no saber que siendo un poder unipersonal el Presidente no tiene jefe, sino que él mismo es el Ejecutivo) realizará una visita oficial a la Santa Sede para asistir el primero de mayo próximo a la ceremonia de beatificación del Papa Juan Pablo II, a realizarse en la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano”.
Desde que Fox se arrodilló para besar el anillo papal de Wojtyla, ha quedado claro que la tradición laica le importa muy poco a estos gobernantes católicos, quienes suponen que el maridaje entre religión y política no vulnera a las minorías, cuyo derecho a la disidencia y a la libertad de ejercerla ha encontrado, en el caso de los cristianismos no católicos, múltiples trabas para su manifestación, como sucede aún, ante la pasividad de los diversos niveles de gobierno, en varios estados de la República.
Y todo esto sucede precisamente en los días en que se cuestiona, desde el ámbito católico más radical, la cercanía de Calderón con un grupo evangélico, Casa sobre la Roca, dirigido por Alejandro Lucas Orozco (y su esposa Rosi, diputada federal), con quien ha tenido tratos electorales, debido a los cuales lo nombró director del Instituto de las Personas Adultas Mayores (Inapam), y a quien se le entregó en renta una casa expropiada a un importante narcotraficante en la Ciudad de México. Un reportaje de la revista Proceso (Arturo Rodríguez García, “Calderón, el evangélico”, 24 de abril,
www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/90561 y www.eldiariodecoahuila.com.mx/ notas/2011/4/24/calderon-evangelico-229726.asp), que ha circulado ampliamente, del cual se hizo eco el periodista Raymundo Riva Palacio (“La roca de Calderón”, 25 de abril), muestra los vaivenes religiosos de Calderón, quien no vacila en cambiarse de bando cuando las circunstancias lo obligan. Dicho reportaje se refiere también a un video de Youtube en el que Calderón prácticamente predica en una reunión, cuando era presidente electo, del grupo religioso en cuestión.Un fragmento del reportaje citado, afirma: “Beneficiada por el gobierno de Felipe Calderón —que le ha prodigado puestos oficiales, candidaturas del PAN y hasta propiedades aseguradas al crimen organizado—, la organización religiosa La Casa sobre la Roca (CSR) ha causado molestia entre los panistas doctrinarios e incluso entre presuntos militantes de la organización ultraderechista El Yunque”. Y acerca del video: “En ese video Calderón usa el argot evangélico: ‘Creo firmemente que hemos sido enviados, cada quien en su vida, algunos de ustedes como abogada, maestro, artista, médico; cada quien ha sido enviado para una misión, pero entre todos tenemos una misión y yo diría una orden, que es buscar el reino de Dios y su justicia aquí en la Tierra", arenga, mientras los presentes gritan amén y aplauden de pie. ¿Cómo podemos buscar el reino de Dios y su justicia aquí? Tenemos que asumir la tarea de transformar a nuestro México, hacer que México sea un testimonio viviente precisamente de amor y de justicia. Creo que lo que va a transformar a nuestro país no es convertirlo en un país de gente que recibe sino de gente que da. No es sólo ayudar al que lo necesita sino también, como dice el viejo dicho, no es sólo dar el pescado sino enseñar a pescar, necesitamos un país de pescadores y qué bueno que hay un gran pescador que nos puede ayudar mucho en eso’, decía Calderón”.
Riva Palacio, por su parte, advierte: “Las insinuaciones de que la pareja presidencial abandonó el catolicismo para convertirse al cristianismo han sido desmentidas, pero la influencia de Casa de la Roca como vector evangelista genera cismas dentro del PAN, en términos religiosos, y es aprovechado por los grupos que enfrentarán al candidato que pretenda Calderón se quede con la nominación presidencial” (www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=73977).
De modo que esta visita al Vaticano pone sobre la mesa, una vez más, los manejos políticos irreflexivos de Calderón, cuya gestión sigue siendo cuestionada por la población en general, y por la escasez de resultados en su guerra contra el crimen organizado, que ha causado miles de muertos, la mayor parte de los cuales sin ninguna implicación con las partes en conflicto, mientras se acerca a los grupos religiosos que mejor sirven a sus propósitos. (LC-O)
_____________________________________________
_____________________________________________
EL CONSEJO PASTORAL COMO PRÁCTICA DE SABIDURÍA (IV)
Daniel Schipani
Visiones y Herramientas, 2004
Puede decirse que en la sesión de consejo pastoral estamos llamados a jugar un rol análogo al de los maestros, predicadores, y directores espirituales: debemos actuar como intermediarios dignos y llenos de gracia en medio de la interacción del consejo de Dios con las personas aconsejadas. “Consejo de Dios” aquí no significa meramente consejo piadoso, instrucción, y “palabras de sabiduría” (aunque a menudo el consejo pastoral debe incluir asesoramiento, instrucción, y dar palabra de sabiduría). Más bien, la expresión “consejo de Dios” se entiende aquí en el sentido de la realidad de la presencia, la gracia y el poder divinos que resulta accesible a los participantes. Por lo tanto, a la luz de semejante privilegio y responsabilidad, los consejeros pastorales procuran nutrir su propia espiritualidad y crecer en sus maneras de ver y conocer, amar y vivir y trabajar, a partir de un sólido basamento bíblico. O sea que su propio peregrinar por los caminos de la fe y el reino de Dios, su propio diario vivir en la senda de la sabiduría, también debe fundamentarse en la Escritura.
5. El consejo pastoral debe practicarse como proceso (re)creativo bajo la guía del Espíritu
La sabiduría a la luz de Dios es una dádiva que podemos recibir y compartir (e incluso mediatizar) por virtud de la gracia divina. Replanteado en términos de camino de sa sabiduría, el consejo pastoral reta a los teólogos y consejeros pastorales a que consideren buscar, discernir, y apropiar señales y expresiones auténticas de sabiduría. La exploración interdisciplinaria nos conduce a percibir el proceso de aconsejamiento primeramente como una versión muy especial del proceso creativo incluyendo sus dimensiones de recreación, sanidad y liberación. Conducido por el Espíritu Santo, este proceso debe reinterpretarse teológicamente y adoptarse en forma práctica en el ministerio cristiano. Se desprenden dos principios adicionales.
Daniel Schipani
Visiones y Herramientas, 2004
Puede decirse que en la sesión de consejo pastoral estamos llamados a jugar un rol análogo al de los maestros, predicadores, y directores espirituales: debemos actuar como intermediarios dignos y llenos de gracia en medio de la interacción del consejo de Dios con las personas aconsejadas. “Consejo de Dios” aquí no significa meramente consejo piadoso, instrucción, y “palabras de sabiduría” (aunque a menudo el consejo pastoral debe incluir asesoramiento, instrucción, y dar palabra de sabiduría). Más bien, la expresión “consejo de Dios” se entiende aquí en el sentido de la realidad de la presencia, la gracia y el poder divinos que resulta accesible a los participantes. Por lo tanto, a la luz de semejante privilegio y responsabilidad, los consejeros pastorales procuran nutrir su propia espiritualidad y crecer en sus maneras de ver y conocer, amar y vivir y trabajar, a partir de un sólido basamento bíblico. O sea que su propio peregrinar por los caminos de la fe y el reino de Dios, su propio diario vivir en la senda de la sabiduría, también debe fundamentarse en la Escritura.
5. El consejo pastoral debe practicarse como proceso (re)creativo bajo la guía del Espíritu
La sabiduría a la luz de Dios es una dádiva que podemos recibir y compartir (e incluso mediatizar) por virtud de la gracia divina. Replanteado en términos de camino de sa sabiduría, el consejo pastoral reta a los teólogos y consejeros pastorales a que consideren buscar, discernir, y apropiar señales y expresiones auténticas de sabiduría. La exploración interdisciplinaria nos conduce a percibir el proceso de aconsejamiento primeramente como una versión muy especial del proceso creativo incluyendo sus dimensiones de recreación, sanidad y liberación. Conducido por el Espíritu Santo, este proceso debe reinterpretarse teológicamente y adoptarse en forma práctica en el ministerio cristiano. Se desprenden dos principios adicionales.
Los consejeros pastorales procuran participar en la praxis trinitaria divina que incluye las dimensiones de nutrir, guiar, y sostener; liberar reconciliar, y sanar; y renovar, capacitar y potenciar. Lo hacen en cuanto ejercen un cuidadoso discernimiento espiritual y reflexión teológica en el contexto del consejo pastoral, junto con la labor de aconsejamiento propiamente dicha en contextos ministeriales específicos. De manera consciente y en actitud de oración, los consejeros pastorales procuran la inspiración, el sostén, y la dirección del Espíritu de Dios. Además, conciben su ministerio de sabios consejeros como una labor de compañeros de trabajo, o colaboradores, del Espíritu. En otras palabras, reconocen que no tienen en sí mismos la capacidad para impartir crecimiento en cuanto al sabio vivir y al emerger humano a la luz de Cristo, pues sólo Dios concede sanidad y crecimiento, como Pablo les recordara a los corintios (I. Cor 3:7b). Sin embargo, también reconocen que, precisamente en su rol de consejeros tienen una oportunidad muy particular de promover tal crecimiento mientras acompañan a las personas de maneras conducentes a la colaboración con el Espíritu, es decir con iniciativa compasiva, hospitalidad inclusiva, capacitación y potenciación sensible, y una invitación generosa a la comunión y a la vida en comunidad. Es así como pueden aconsejar en sintonía con el Consejero y Abogado divino (Paracleto) quien nos recuerda el camino de Jesús y nos conduce a toda verdad (Juan 14:26; 16:13).
El consejo pastoral debe percibirse, practicarse, y enseñarse como siendo fundamentalmente análogo a otras prácticas ministeriales tales como la enseñanza, la predicación, y la dirección espiritual. A la luz de este principio es como discernimos que existe una continuidad estructural entre las diversos artes ministeriales. Tales artes ministeriales tienen mucho en común porque todas comparten un patrón básico que resulta ser indispensable para estimular aprendizajes, convicción, formación, y transformación. La dinámica de colaboración con el Espíritu de Dios incluye las siguientes dimensiones y movimientos que definen tal patrón y diseño común: (1) un compromiso de acompañamiento y disposición a colaborar que posibilita la creación de espacios seguros y contextos de rapport dentro de los cuales podemos ejercer ministerios de discipulado y cuidado mutuo; (2) invitación a las personas a que compartan sus historias y sus visiones; (3) reflexión y discernimiento, incluyendo la ponderación de posibles resoluciones y que da lugar a la obra de la imaginación; (4) acceso explícito a los recursos de la comunidad sanadora; (5) movimiento de apropiación, que invita a comprender, juzgar, y hacer decisiones a la luz de (2), (3) y (4); y (6) compromiso de acción, incluyendo la orientación para implementar las decisiones y elecciones realizadas en colaboración, con la expectativa de responsabilidades compartidas a la luz del propósito de vivir sabiamente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.
29 de agosto, 2021 Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...
-
28 de mayo de 2017 Porque me acuerdo de la fe sincera que tienes. Primero la tuvieron tu abuela Loida y tu madre Eunice, y estoy seguro...
-
29 de agosto, 2021 Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...