sábado, 18 de agosto de 2012

Actividades


OREMOS POR LAS PRÓXIMAS ACTIVIDADES DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 21 de agosto, 19 hrs.
Pioneros del presbiterianismo (X): Arcadio Morales (V) (Salmo 105.25-36)
Modera: Hna. Eunice Palomino L.

AUTOBIOGRAFÍA (V)
Arcadio Morales

El señor Sóstenes Juárez era un mayor del ejército liberal, masón, enemigo acérrimo de los sacerdotes católicos; pero no sabía nada de la Biblia, mas por fortuna sabía algo del francés, y queriéndose perfeccionar en ese idioma que era de moda en aquellos días, se hizo de la amistad de un capellán del ejército invasor, protestante, quien creo que intencionalmente eligió la Biblia como libro de texto para su discípulo, el señor Juárez. Esto dio lugar a que conversaran acerca de la religión reformada, naturalmente, instruyendo el capellán al mayor respecto al protestantismo. Por aquel tiempo llegó Maximiliano, el llamado Emperador de México, frustrando las esperanzas del partido clerical con declarar subsistentes las Leyes de Reforma, y por consiguiente quedando en pie la libertad de cultos.
Entonces fue cuando don Sóstenes Juárez se decidió a plantear el culto evangélico en la capital de la República, por supuesto aconsejándose siempre del capellán del ejército francés, quien le dio una idea de los episcopales, luteranos, puritanos, cuáqueros, S.S., decidiéndose el reformador a establecer un culto que algo se parecía al episcopal porque tenía una liturgia escrita; al metodista porque permitía que todos tomaran la palabra en la lectura; oraciones y exhortaciones en el culto de los martes, y al presbiteriano porque no reconocía a los obispos, y por último a ninguno porque aunque él bautizaba y celebraba la Santa Cena del Señor, no se consideraba sino como presidente de una sociedad. Así titulaba oficialmente a su corporación. Yo tengo el sello oficial de esa reunión de los primitivos creyentes de la ciudad de México, que como un recuerdo me dejó el señor Juárez, y entiendo que aquella Biblia francesa que el capellán regaló al señor Juárez, éste se la donó años después al obispo Kenes, primer ministro metodista del Sur que vino al país.
¿Cómo se estableció el primer culto? Voy a decirlo como lo contaba Juárez muchas veces. Una vez que hubo conseguido el local, imprimió unas tarjetas invitando a los verdaderos liberales a los servicios religiosos, quienes acudieron en número de seis u ocho a la primera reunión, pero ninguno era conocido de él; iban por mera curiosidad pero formaban cuerpo, seguían así por algún tiempo, pensando cada uno que los otros eran creyentes y sólo él era el extraño.
http://inp-biografias.blogspot.mx/2010/09/arcadio-morales.html.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

26 – Día de la Biblia/ Clase unida: Leer es interpretar”/ Culto vespertino: “La Biblia: libro de libros”

La palabra divina enfrenta los conflictos, A.I. Lauro Adame B.

19 de agosto de 2012

Jeremías 36



La Palabra, SBU

1 El año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías la palabra de parte del Señor en estos términos: 2 —Toma un rollo y escribe en él todo lo que te he dicho relativo a Israel, a Judá y a todas las naciones, desde que empecé a hablarte en tiempos de Josías hasta hoy. 3 Quizá escuche Judá todas las desgracias que he pensado enviarles, de modo que cada cual abandone su mala conducta y yo les perdone sus culpas y pecados. […]
5 Después Jeremías le ordenó a Baruc: —Como estoy preso, no puedo ir al Templo del Señor. 6 Así que vete tú y lee en el rollo las palabras del Señor que te he dictado. Las lees en presencia de la gente que esté celebrando una jornada de ayuno en el Templo del Señor y de la que haya venido de las ciudades de Judá. […]
10 Una vez en el Templo, Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías, desde la sala de Guemarías, hijo del canciller Safán, en el patio superior, a la entrada de la Puerta Nueva del Templo, en presencia de toda la gente. […]
21 El rey mandó a Jehudí en busca del rollo. Lo trajo de la sala del canciller Elisamá y lo leyó ante el rey y todos los dignatarios que se ponían junto al rey. 22 Como era el mes noveno, el rey estaba en la residencia de invierno, y tenía delante un brasero encendido. 23 Cada vez que Jehudí leía tres o cuatro columnas del rollo, el rey hacía un corte con el cortaplumas del canciller y tiraba al brasero la parte ya leída, hasta que todo el rollo acabó en el fuego del brasero. […] Después el rey mandó a Jerajmeel, príncipe real, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, con la orden de arrestar al secretario Baruc y al profeta Jeremías. Pero el Señor los ocultó.

Taller de interpretación bíblica

Ministerios pastoral y de Educación Cristiana
Taller de Interpretación bíblica
18 de agosto de 2012


Toda mi vida modifica el libro que estoy leyendo.
Jorge Luis Borges

·         Leemos la Biblia y también ella nos lee en la situación que vivimos.
·   Experiencia ampliamente vivida en América Latina: es una de las grandes aportaciones a la interpretación bíblica.

Introducción: Las dos preguntas bíblicas de rigor

“¿Cómo lees?” (Lucas 10.26b)
·         ¿Con qué actitud leemos?
·         ¿Desde dónde leemos?
·         ¿Cómo interpretas?: ¿qué significado  le otorgamos a lo que leemos?

…en la mayoría de los casos, la relación entre los textos bíblicos canónicos y el significado que la gente los otorga es aún más complicada que la de los códigos legales y las resoluciones de la ley. En primer lugar, […] los textos en sí son complejos y diversos, producto de un largo proceso de composición y recopilación. Pueden ser muy confusos. Hay pasajes oscuros y otros abiertamente ambiguos.
Más aún, por su misma naturaleza metafórica o poética, algunos escritos tienen la intención de disponer a la gente para que imagine su propio mundo bajo la luz de su contenido, en lugar de limitarse a prescribir un modo de mirarlo. En todos estos casos el papel de los lectores es no sólo analizar el significado de los textos sino leerlos para que iluminen sus propias creencias y experiencias del mundo.
John Riches, Una brevísima introducción a la Biblia. México, Océano, 2003, p. 73.

“¿Entiendes lo que lees?” (Hechos 8.30b)
·         La lectura busca comprender (aunque no se logre en los primeros intentos)
·         La lectura es, potencialmente, un acto de transformación, en todos los sentidos
·         Ratificamos o rectificamos lo que ya sabemos y agregamos saberes nuevos

El problema de la interpretación siempre ha involucrado diferentes orillas. Uno recibe el impacto del potencial de cada orilla en este diálogo entre el texto y sus lectores a través de la historia del encuentro entre Felipe y el eunuco etíope en Hechos 8. La historia señala el potencial indefinido de posibilidades de significado del texto a través del desarrollo narrativo. Es el Espíritu el que envía a Felipe en esta misión. De esta manera cada lector y lectora conoce que la tarea interpretativa es una esfera donde potencialmente el Espíritu divino interviene.
La historia se desarrolla con la orden del Espíritu a Felipe para que descienda a Gaza donde éste encuentra al eunuco leyendo en su carruaje el libro de Isaías. El Espíritu ordena a Felipe que se acerque al lector. La misión tiene un componente hermenéutico. Cuando Felipe se acerca, nota que la lectura es en Isaías 52-53. Es el relato del Siervo sufriente del Señor. Felipe le hace la pregunta hermenéutica medular: ¿entiendes lo que lees? El eunuco le responde que no es posible que comprenda a menos que alguien le explique.
Así que la interpretación se hará dentro de una comunidad interpretativa.  El eunuco quiere saber a quién se refiere este pasaje. Lo interesante es que la interpretación de Felipe incluyó una explicación del ministerio, muerte y resurrección de Jesucristo que incluyó el bautismo cristiano, porque el eunuco solicitó ser bautizado al final de la interpretación. Así que ahora, a través de la lectura hermenéutica de Lucas, el Siervo del Señor es Jesús.
Ediberto López,  “Entre dos orillas: el proceso  hermenéutico”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 53.
1. Leer siempre es interpretar
·         Porque leemos todo: rostros, situaciones, clima, etcétera
·         Por lo tanto, todo es un texto susceptible de ser  interpretado
·         Pero estamos condicionados/as por la experiencia, el ambiente y la cultura

2. Interpretar la Biblia es un “acto múltiple”
·         Una acción espiritual, histórica y pertinente
·         Un encuentro palpitante con la revelación divina
·         Pero estamos condicionados/as por la experiencia, el ambiente y la cultura

3. Ejercicio: Las promesas de Dios

Propósito de la interpretación
· Acceder, de manera responsable y respetuosa de las características de los textos, al mensaje divino para encontrar la forma de aplicarlo a la realidad actual
· Las promesas divinas: todas parten de una situación histórica específica y responden a ella

· La evidencia de los textos. Un ejemplo: “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado” (1 Reyes 8:56).
· El riesgo principal del abuso de las concordancias: sacar de contexto los textos

· Un criterio básico y útil: la interpretación cristiana del Antiguo Testamento. Casos, lineamientos, excepciones
· Situar cada texto o pasaje en su ambiente original, comprender éste y trasladar su mensaje en diálogo con el presente individual y colectivo
· El riesgo principal del abuso de las concordancias: sacar de contexto los textos y “obligarlos” a decir lo más “complaciente” y “conveniente”

Niveles de interpretación:
· Personal/devocional: promesas que el creyente se apropia partiendo de las situaciones originales de los textos
· Estudio serio y actualizado: preguntas al texto para actualizarlo en nuestra situación
· Comunitario/eclesiástico: balance entre los aspectos y posibilidades que brotan del texto como parte de un conjunto mayor

Conclusiones
· La interpretación bíblica siempre debe estar al servicio de la proclamación de la Palabra de Dios
· Para tal fin, hay que practicarla continuamente y situarla en los dos contextos: el histórico y el actual
· De otra manera, seguirá extendido el equívoco de que la interpretación únicamente la pueden realizar los/as “especialistas”

Sugerencias de lectura
· Michael Keene, La Biblia. México, Alamah, 2003.
·  John Riches, Una brevísima introducción a la Biblia. México, Océano, 2003.
·  Roland Meynet, Leer la Biblia. México, Siglo XXI Editores, 2003.
·  Mary Batchelor, ¡Abramos la Biblia! Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 1999.

viernes, 10 de agosto de 2012

Letra 282, 12 de agosto de 2012

EL SALMO 119
Walter Brueggemann

El salmo 119 no sólo es el más extenso de los cantos de la Toráh sino el más largo de todos los salmos. Si no se reconoce su intento estructural puede llamar la atención por su monotonía y aburrida redundancia. Pero su creación es, de hecho, una realización intelectual masiva. Es un salmo acróstico maravillosamente labrado. (El mismo mecanismo del salmo 45, donde se usa sucesivamente una letra al inicio de cada línea hasta recorrer todo el alfabeto. En aquel salmo la estructura pretendía capacitar para una plena alabanza, aquí, para ofrecer plena obediencia.) La característica notable aquí es que cada letra del alfabeto contiene ocho versos sucesivos antes de que el poema pase a la siguiente letra. En términos artísticos, es como si tuviéramos aquí ocho poemas acrósticos simultáneos. Eso hace al salmo tan largo y tan estilizado. Es una lástima que tal logro se pierda inevitablemente en la traducción.
Para apreciar el salmo, nos debemos preguntar por qué habría alguien de trabajar tan intensa y rigurosamente este tema. Se nos ocurren tres razones posibles: primera, el salmo es deliberadamente didáctico. Refleja el trabajo de un maestro de clase. Su objetivo no es casual. Pretende instruir al joven en el abc de la obediencia a la Toráh. Segunda, el salmo quiere hacer una afirmación comprensiva de la adecuación de una vida orientada por la Toráh. Afirma que la Toráh cubrirá todas las facetas de la existencia humana, de la A a la Z. No hay crisis humana o tema en el que necesitemos salir fuera del campo de la obediencia de la Toráh para vivir plenamente. Tercero, el intento dramático es encontrar una forma proporcional al mensaje. El mensaje es que la vida es segura y plenamente simétrica cuando se respeta la Toráh. Así, el salmo proporciona una experiencia literaria pedagógica de seguridad y plena simetría. Una vida ordenada por la Toráh es segura, previsible y completa como la dinámica del salmo.
Cuando somos conscientes de la forma, no necesitamos decir mucho más sobre la sustancia. Pero podemos hacer dos observaciones. Primera, la Torán no es una letra muerta (II Cor 3.2-6), sino un agente activo vivificador. Esto es, la Toráh no es sólo una serie de reglas sino un modo de presencia del Dios que da la vida (Cf. Dt 4.7-8). La obediencia a la Toráh es fuente de luz, de vida, de alegría, de satisfacción, de deleite. Ciertamente, “deleite” (shaíaí) es una repetida respuesta a la Toráh (vv. 16, 24, 47, 70, 77, 92, 143, 174). La Toráh no es una carga sino un modo de existencia gozosa. El poder activo vivificador de la Toráh se refleja también en el salmo 19.7-9, en el que la Toráh es restauradora de vida.
Los maestros de este salmo no están preocupados o seducidos por el legalismo. No consideran que los mandamientos sean restrictivos o pesados. Más bien son personas que han decidido algunos básicos compromisos de vida. Saben a quién les compete, y responderán. Por tanto, saben quiénes son y han establecido, en buena parte, la postura moral hacia la vida, que asumirán. Hay un enfoque de la vida, una ausencia de frenético dilema moral. Un sentido de prioridades acompañado de ausencia de ansiedad. En un mundo bien ordenado, tal decisión puede salvarnos de un desgastante e interminable reinventar la decisión moral. Debido a que el mundo se mantiene unido la forma de obediencia es segura y el resultado no es la opacidad o la amargura sino la libertad. Dos veces usa el salmo la palabra rehob, “lugar grande”: “Corro por el camino de tus mandamientos,/ pues tú mi corazón dilatas” (v. 32). “Y andaré por camino anchuroso,/ porque tus ordenanzas voy buscando” (v. 45).
Aquí se contraría nuestro prejuicio moderno que ve los mandamientos como algo restrictivo. Éstos liberan y dan a la gente espacio en el cual ser humanos. Este salmo nos instruye en la necesidad, posibilidad y deleite de establecer los temas fundamentales de identidad y vocación. La Toráh viviente nos exige mantener abiertas opciones sobre quiénes seremos.
Segundo, los maestros en este salmo no son simplistas o reduccionistas. No imaginan que la vida pueda reducirse a un mandamiento de vida monodimensional. Más bien, la obediencia a la Toráh es un punto de partida, una plataforma de lanzamiento, desde donde montar una conversación progresiva con Dios a través de la experiencia cotidiana. Así, el salmo no es estrechamente inegnuo acerca de la Toráh como podría indicar un primer vistazo. Explora una variedad de temas relacionados con la fe. Cumplir la Toráh no es toda la fe bíblica pero sí el punto indispensable de partida. A partir de una sólida orientación en la obediencia el salmo explora luego otros temas. Incluye una queja contra Dios que pregunta: “¿Cuánto tiempo?” (vv. 82-86). Le pide a Dios que actúe con amor firme hacia el siervo de la alianza (vv. 76, 124, 149; cf. 33.5, 18, 22). Anticipa la paz (v. 165). Para entrar en la piedad de este salmo debemos romper ese estereotipo de retribución regularmente asignada aquí. No es un salmo de regateo sino un salmo de plena confianza y sumisión. En cierto modo se equipara a la prosa narrativa de Job 1-2 que lucha contra el mismo estereotipo. En esa narrativa tampoco se arguye que “la gente buena prosperará y la mala sufrirá”. Más bien, es simplemente una afirmación de una declaración de confianza y sumisión a un Dios que ha resultado ser bueno y generoso.
El salmo 119 es estructurado así, con sofisticación delicada sobre la vida del espíritu. Por un lado, entiende que la vida con Yahvé es una calle de doble sentido. Los que guardan la Toráh tienen derecho a esperar algo de Yahvé. La obediencia da entrada a buscar la atención de Dios, y el don de Dios. Aunque muy cercano a ello este salmo no regatea. Este es el lenguaje de alguien que tiene acceso no por arrogancia sino por sumisión. El lenguaje no es indebidamente irrespetuoso y sí no-estridente. Es vincular una expectativa legítima entre socios que han aprendido a confiar mutuamente.
Por otro lado, estas legítimas expectativas de Dios tienen un tinte evangélico. Finalmente, habiéndose ganado el derecho a hablar, no obstante el autor se arroja en la misericordia de Dios y espera un impulso divino —impulso libre, destrabado, sin coerción, proveniente de Dios. Hay, por supuesto, cierta comodidad y conveniencia en recordar la Toráh (v. 52). Pero finalmente, el salmo no sobrevalora la Toráh: la herencia del que habla es Yahvé, no la Toráh (v. 57), ni ésta lo es del que la guarda. Así la Toráh se convierte en punto de entrada para explorar toda la gama de interacciones con Yahvé. Claramente este salmo prueba, más allá de la formulación simplista del salmo 1. Una vida de plena obediencia no es una conclusión de fe: es punto de partida y acceso a una vida plena de comunión múltiple con Dios. Una vida así vive por misericordia y no por obediencia (v. 77).

El mensaje de los salmos. México, Universidad Iberoamericana, 1998 (Palabra viva, 2), pp. 54-58.
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“EN AMÉRICA LATINA SE HA CAMBIADO LA PROCLAMACIÓN POR LA ADORACIÓN”: ENRIQUE MONTENEGRO
Protestante Digital, 9 de agosto de 2012

“Latinoamérica ha sustituido la predicación por la adoración”Pese a llevar 23 años viviendo en España, Enrique Montenegro, pastor y misionero argentino, mantiene vínculos con numerosas iglesias evangélicas en Latinoamérica. Sigue ministrando en diferentes naciones y viaja más de 100.000 millas aéreas anuales. “Mi trabajo con la Cooperación Misionera Iberoamericana (Comibam Internacional) me ha dado el privilegio de conocerles y ser conocido, exceptuando Cuba, Ecuador y Nicaragua, donde no he tenido la oportunidad de ministrar, frecuentemente estoy ministrando en todas las demás naciones”, explica. […]

La iglesia latinoamericana
Considera Montenegro que la mayor fortaleza de la Iglesia Latinoamericana es “su gran expansión, su inmenso crecimiento numérico y su mayor compromiso social”. Como reflejo de esto último menciona “el servicio al prójimo supliendo las necesidades básicas, y los innumerables centros de rehabilitación, trabajo social, orfanatos, hogares de ancianos, escuelas, universidades, etcétera, que se han levantado por el obrar de la iglesia en América Latina”.
Respecto al lado más débil de la Iglesia latinoamericana, observa que es justamente la otra cara de su propia fortaleza. “El gran crecimiento numérico ha hecho que la mayoría de las iglesias se centren en sí mismas olvidando el mandato del Señor que nos encomendó alcanzar a todas las naciones. Por causa de su propia dinámica, las iglesias en América Latina han dado lugar a una generación de adoradores, a cambio de perder una generación de evangelizadores, y eso es tergiversar el sentido de la propia existencia de la Iglesia”, señala. Añade también que “se ha cambiado la proclamación por la adoración, olvidando que hay más gozo en el cielo por uno que se arrepiente que por noventa y nueve justos que estén reunidos celebrando cultos de adoración”.

Autoridad impuesta
Un tema polémico en países de América Latina es la ola de “profetas” y “apóstoles” que recorre el continente. Al respecto, Enrique Montenegro afirma que cree en la existencia actual de los cinco ministerios, “pero, lamentablemente, ni todo el que dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, como tampoco todo el que se llama (o se hace llamar) Apóstol lo es”.
Montenegro reconoce “el desparpajo de muchos en tratar de tener el titulo sin el oficio”, lo cual conlleva “tratar de imponer una autoridad que nadie les ha dado y pretender hacerlo sobre quienes no han engendrado”. Señala también que “muchos desvirtúan el oficio ofreciendo su supuesta ‘cobertura’ sobre obreros y congregaciones que ellos no han levantado ni han engendrado. Consecuentemente esta manera de actuar trae un gran perjuicio para la iglesia local por causa de las divisiones que se originan con estas actitudes poco éticas y para nada bíblicas”. Como contrapartida, dice que “muchos obreros locales oportunistas, ven una ocasión para ‘ponerse bajo una cobertura’ de alguno de estos ministerios que ejercen a 10.000 Km de distancia, a fin de poder hacer lo que quieren sin rendir cuentas a nadie localmente”. Señala también que “lamentablemente esta corriente, ya ha llegado también a España”.

Guerra espiritual territorial
En cuanto a los profetas, el pastor afirma que cree en la profecía y añade que el papel de la misma es totalmente claro en las escrituras para con la Iglesia: “Es para edificación, consolación y exhortación. No para dirección”. Reconoce Montenegro que “algunos/as pretenden tener una palabra gobernante para la iglesia sin querer admitir ningún análisis o cuestionamientos sobre sus dichos, siendo que la Biblia manda examinarlo todo y retener lo bueno, lo que implica que no siempre todo lo que se dice es lo correcto”.
El misionero señala como “tema preocupante” la ya famosa guerra espiritual territorial, que ha tomado el lugar de la evangelización. “Es más fácil decir que ‘batallo sobre los aires de un país para que sea salvo’, que ir y predicar la palabra a los que viven bajo ese territorio. Hemos suplantado la predicación por la oración. Mientras que la Biblia declara que la gente creerá por escuchar la Palabra”.

Grandes ministerios
En cuanto a los llamados “grandes ministerios” que se han levantado en América Latina, Enrique Montenegro opina que “los hay de todo tipo” y que “sin duda alguna Dios está haciendo algo nuevo en el continente”. Afirma tener el privilegio de conocer y tener amistad con muchos de los que hoy pastorean inmensas congregaciones y reconoce que humildemente valora muchísimo el trabajo de muchos de ellos.
“El lado negativo es que el progreso de muchos que han trabajado honestamente, ha desatado una cierta competencia en otros muchos ministerios por tratar de demostrar quién tiene la iglesia más grande. Paralelamente, mientras algunos parecen competir, otros tratan de imitar el modelo sin valorar ni el costo, ni el llamado peculiar, ni mucho menos la manera de conseguir los resultados”, explica Montenegro. […]

Actividades

OREMOS POR QUIENES SERÁN PROPUESTOS Y ELECTOS/AS COMO OFICIALES DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 14 de agosto, 19 hrs.
Pioneros del presbiterianismo (IX): Arcadio Morales (IV) (Salmo 105.12-24)
Modera: D.I. Israel Núñez C.

AUTOBIOGRAFÍA (III)
Arcadio Morales

Por supuesto que entonces no había Biblias en la capital de la República sino en poder de los curas, quienes tenían buen cuidado de ocultarlas de la vista del pueblo, pero la buena Providencia de Dios quiso que cuatro años después, cuando yo entré a aprender el oficio, allí entre una vitrina de libros que tenía mi maestro, el señor Aguilar, se encontrara la Biblia y se me permitiera leerla. ¡Qué día tan feliz fue aquel cuando pude volver a casa diciéndole a mi madre que el maestro tenía las Sagradas Escrituras y que me concedía libertad de leerlas! Desde entonces, es decir, por espacio de 43 años somos conocidos el Libro de Dios y yo. Por supuesto que yo no entendía lo que leía y más bien se pudiera decir que era una inocente diversión para mí; me recreaba leyendo acerca de la creación, de las plagas de Egipto, de las guerras de Israel y algo del Nuevo Testamento. Lo que siempre me impresionaba era la idolatría, pero con todo yo seguía siendo un ferviente católico: me confesaba, hacía penitencias, peregrinaciones a la Villa de Guadalupe porque no había quién me enseñara, pues aunque mi madre era completamente opuesta al romanismo, nada sabía de la salvación de Cristo y además, casi ni sabía leer.

Por fin, después de otros seis años de espera, un martes, cuando yo volvía del trabajo, mi madre me recibió con la noticia de que la habían invitado a un culto protestante que existía en la calle de San José del Real número 21, porque se iba a celebrar un bautismo; como yo era un fanático católico me escandalicé de estas invitaciones, y tanto me escandalicé al saber que mi madre que era la invitada, no podría concurrir y me mandaba a mí; yo me resistía, pero mi madre no retrocedió y tuve que ir casi como quien va al patíbulo llevado por el señor Julián Rodríguez, tío del señor Manuel Zavaleta.

La capilla estaba en alto. Cuando íbamos subiendo yo sentía que el suelo era de algodón y mi corazón latía fuertemente. Hubiera querido escaparme, pero era imposible. Por fin llegamos al lugar del culto y para sorpresa mía me cercioré de que los protestantes no tenían cuernos, ni cola, ni patas de gallo, ni olían a azufre… y me tranquilicé. Y cuando el señor Lauro González tomó a mi antiguo amigo —el Libro—, la Biblia en sus manos y leyó en él el capítulo tercero de Mateo, entonces me volvió la sangre al cuerpo.

http://inp-biografias.blogspot.mx/2010/09/arcadio-morales.html.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

18 – Taller de interpretación bíblica
19 – Aniv. del Coro Laudate Dominum/ Inicio de cursos
26 – Clase unida: Leer es interpretar

Los decretos eternos de Dios en la historia, L. Cervantes-O.


12 de agosto, 2012

Yo estoy a tu servicio;/ trátame bien, y cumpliré tus órdenes./ Estoy de paso en este mundo;/ dame a conocer tus mandamientos./ ¡Ayúdame a entender/ tus enseñanzas maravillosas!
Salmo 119-17-19

El Salmo 119 es el gran monumento a la revelación escrita de Dios en la historia. Es, además, una suma de reconocimientos a la Ley divina que brotó de un amplio conjunto de corazones agradecidos. Es también, el testimonio de fe que a través de mucho tiempo los lectores/as asiduos de los textos sagrados expresaron para afirmar la centralidad de su mensaje en las situaciones que vivieron. La voz lírica se une a la celebración y se desdobla en una serie de consideraciones acumuladas en la conciencia de las comunidades acerca de la manera en que los decretos eternos de Dios, que aún se encontraban en el proceso de redacción, habían interactuado con los sucesos históricos y habían dado luz para la fe, la acción y el pensamiento de los y las creyentes.
Tal vez ha sido el biblista Walter Brueggemann quien en lo últimos tiempos mejor ha resumido la forma y el espíritu que caracterizan a esta obra maestra de la fe poética inspirada por la revelación divina, cuando explica, inicialmente:

El salmo 119 no sólo es el más extenso de los cantos de la Toráh sino el más largo de todos los salmos. Si no se reconoce su intento estructural puede llamar la atención por su monotonía y aburrida redundancia. Pero su creación es, de hecho, una realización intelectual masiva. Es un salmo acróstico maravillosamente labrado. (El mismo mecanismo del salmo 45, donde se usa sucesivamente una letra al inicio de cada línea hasta recorrer todo el alfabeto. En aquel salmo la estructura pretendía capacitar para una plena alabanza, aquí, para ofrecer plena obediencia.) La característica notable aquí es que cada letra del alfabeto contiene ocho versos sucesivos antes de que el poema pase a la siguiente letra. En términos artísticos, es como si tuviéramos aquí ocho poemas acrósticos simultáneos. Eso hace al salmo tan largo y tan estilizado. Es una lástima que tal logro se pierda inevitablemente en la traducción.
Para apreciar el salmo, nos debemos preguntar por qué habría alguien de trabajar tan intensa y rigurosamente este tema. Se nos ocurren tres razones posibles: primera, el salmo es deliberadamente didáctico. Refleja el trabajo de un maestro de clase. Su objetivo no es casual. Pretende instruir al joven en el abc de la obediencia a la Toráh. Segunda, el salmo quiere hacer una afirmación comprensiva de la adecuación de una vida orientada por la Toráh. Afirma que la Toráh cubrirá todas las facetas de la existencia humana, de la A a la Z.[1]

Las primeras palabras del salmo, el pórtico con que se introduce la vasta celebración, es elocuente. “Dios, tú bendices/ a los que van por buen camino,/ a los que de todo corazón/ siguen tus enseñanzas./ Ellos no hacen nada malo:/ sólo a ti te obedecen./ Tú has ordenado/ que tus mandamientos/ se cumplan al pie de la letra” (vv. 1-4). Dan por sentado que el contacto estrecho con las Sagradas Escrituras siempre será motivo de bendición y que el detenimiento con que se lean, aprendan y reflexión continuamente producirá buenos frutos, primeramente en la conciencia: “Quiero corregir mi conducta/ y cumplir tus mandamientos./ Si los cumplo,/ no tendré de qué avergonzarme./ Si me enseñas tu palabra,/ te alabaré de todo corazón/ y seré obediente a tus mandatos./ ¡No me abandones!” (vv. 5-8). La persona amante de la ley de Dios interioriza el mensaje y se pregunta sobre sí mismo, además de que sabe que quien le habla allí constantemente desea lo mejor para él o ella.
Como agrega Brueggemann:

No hay crisis humana o tema en el que necesitemos salir fuera del campo de la obediencia de la Toráh para vivir plenamente. Tercero, el intento dramático es encontrar una forma proporcional al mensaje. El mensaje es que la vida es segura y plenamente simétrica cuando se respeta la Toráh. Así, el salmo proporciona una experiencia literaria pedagógica de seguridad y plena simetría. Una vida ordenada por la Toráh es segura, previsible y completa como la dinámica del salmo.
Cuando somos conscientes de la forma, no necesitamos decir mucho más sobre la sustancia. Pero podemos hacer dos observaciones. Primera, la Torán no es una letra muerta (II Cor 3.2-6), sino un agente activo vivificador. Esto es, la Toráh no es sólo una serie de reglas sino un modo de presencia del Dios que da la vida (Cf. Dt 4.7-8). La obediencia a la Toráh es fuente de luz, de vida, de alegría, de satisfacción, de deleite. Ciertamente, “deleite” (shaíaí) es una repetida respuesta a la Toráh (vv. 16, 24, 47, 70, 77, 92, 143, 174). La Toráh no es una carga sino un modo de existencia gozosa. El poder activo vivificador de la Toráh se refleja también en el salmo 19.7-9, en el que la Toráh es restauradora de vida. (pp. 55-56)

En la siguiente sección, las palabras se modulan para avanzar en la reflexión sobre los mandatos divinos: “Sólo obedeciendo tu palabra/ pueden los jóvenes corregir su vida./ Yo te busco de todo corazón/ y llevo tu palabra en mi pensamiento./ Manténme fiel a tus enseñanzas/ para no pecar contra ti./ ¡Bendito seas, mi Dios!/ ¡Enséñame a obedecer tus mandatos!” (vv. 9-12). Ahora se plantea el horizonte vital, la forma en que la Ley puede conducir la vida desde un principio, de ser posible, y de cómo habrá múltiples satisfacciones en ello. Con todo, la perspectiva dominante no es la del legalismo:

Los maestros de este salmo no están preocupados o seducidos por el legalismo. No consideran que los mandamientos sean restrictivos o pesados. Más bien son personas que han decidido algunos básicos compromisos de vida. Saben a quién les compete, y responderán. Por tanto, saben quiénes son y han establecido, en buena parte, la postura moral hacia la vida, que asumirán. Hay un enfoque de la vida, una ausencia de frenético dilema moral. Un sentido de prioridades acompañado de ausencia de ansiedad. En un mundo bien ordenado, tal decisión puede salvarnos de un desgastante e interminable reinventar la decisión moral. Debido a que el mundo se mantiene unido la forma de obediencia es segura y el resultado no es la opacidad o la amargura sino la libertad. Dos veces usa el salmo la palabra rehob, “lugar grande”: “Corro por el camino de tus mandamientos,/ pues tú mi corazón dilatas” (v. 32). “Y andaré por camino anchuroso,/ porque tus ordenanzas voy buscando” (v. 45). (p. 56)

En la siguiente sección, las palabras se modulan para avanzar en la reflexión sobre los mandatos divinos: “Sólo obedeciendo tu palabra/ pueden los jóvenes corregir su vida./ Yo te busco de todo corazón/ y llevo tu palabra en mi pensamiento./ Manténme fiel a tus enseñanzas” (vv. 9-12). “Llevar la palabra en el pensamiento” es una de las mejores definiciones de la familiaridad y el amor por la palabra divina, pues no basta con encariñarse con ella sino hay que sentirse desafiados por ella. La corrección de la vida no es un esfuerzo transitorio: es intensivo y autocrítico. Los mandamientos divinos son liberadores y genuinamente esperanzadores sobre el presente y el futuro:

Aquí se contraría nuestro prejuicio moderno que ve los mandamientos como algo restrictivo. Éstos liberan y dan a la gente espacio en el cual ser humanos. Este salmo nos instruye en la necesidad, posibilidad y deleite de establecer los temas fundamentales de identidad y vocación. La Toráh viviente nos exige mantener abiertas opciones sobre quiénes seremos.
Segundo, los maestros en este salmo no son simplistas o reduccionistas. No imaginan que la vida pueda reducirse a un mandamiento de vida monodimensional. Más bien, la obediencia a la Toráh es un punto de partida, una plataforma de lanzamiento, desde donde montar una conversación progresiva con Dios a través de la experiencia cotidiana. Así, el salmo no es estrechamente inegnuo acerca de la Toráh como podría indicar un primer vistazo. Explora una variedad de temas relacionados con la fe. Cumplir la Toráh no es toda la fe bíblica pero sí el punto indispensable de partida. A partir de una sólida orientación en la obediencia el salmo explora luego otros temas. Incluye una queja contra Dios que pregunta: “¿Cuánto tiempo?” (vv. 82-86). Le pide a Dios que actúe con amor firme hacia el siervo de la alianza (vv. 76, 124, 149; cf. 33.5, 18, 22). Anticipa la paz (v. 165). Para entrar en la piedad de este salmo debemos romper ese estereotipo de retribución regularmente asignada aquí. No es un salmo de regateo sino un salmo de plena confianza y sumisión. En cierto modo se equipara a la prosa narrativa de Job 1-2 que lucha contra el mismo estereotipo. En esa narrativa tampoco se arguye que “la gente buena prosperará y la mala sufrirá”. Más bien, es simplemente una afirmación de una declaración de confianza y sumisión a un Dios que ha resultado ser bueno y generoso. (pp. 56-57)

En el espíritu del Deuteronomio, quien habla en el salmo practica la mnemotecnia y la repetición, a sabiendas de que esos ejercicios no son solamente “calistenia mental”, pues se trata de una reflexión permanente sobre el significado de los testimonios divinos. Los ecos del salmo 19 son claros: “Siempre estoy repitiendo/ las enseñanzas que nos diste./ En ellas pongo toda mi atención,/ pues me hacen más feliz/ que todo el oro del mundo./ Mi mayor placer son tus mandatos;/ jamás me olvido de ellos” (vv. 13-15).

El salmo 119 es estructurado así, con sofisticación delicada sobre la vida del espíritu. Por un lado, entiende que la vida con Yahvé es una calle de doble sentido. Los que guardan la Toráh tienen derecho a esperar algo de Yahvé. La obediencia da entrada a buscar la atención de Dios, y el don de Dios. Aunque muy cercano a ello este salmo no regatea. Este es el lenguaje de alguien que tiene acceso no por arrogancia sino por sumisión. El lenguaje no es indebidamente irrespetuoso y sí no-estridente. Es vincular una expectativa legítima entre socios que han aprendido a confiar mutuamente. (p. 57)

Esta relación con la Palabra conduce inevitablemente al servicio, (“Yo estoy a tu servicio;/ trátame bien, y cumpliré tus órdenes./ Estoy de paso en este mundo;/ dame a conocer tus mandamientos./ ¡Ayúdame a entender/ tus enseñanzas maravillosas!/ Todo el día siento grandes deseos/ por conocerlas” (vv. 16-20), pues la lucha contra la teoría de la retribución no es nada fácil, pero existen posibilidades de obtener beneficios reales y legítimos por esta disposición. De ahí la necesidad de releer el texto en clave neo-testamentaria y mediante una adecuada concepción de la revelación escrita:

Por otro lado, estas legítimas expectativas de Dios tienen un tinte evangélico. Finalmente, habiéndose ganado el derecho a hablar, no obstante el autor se arroja en la misericordia de Dios y espera un impulso divino —impulso libre, destrabado, sin coerción, proveniente de Dios. Hay, por supuesto, cierta comodidad y conveniencia en recordar la Toráh (v. 52). Pero finalmente, el salmo no sobrevalora la Toráh: la herencia del que habla es Yahvé, no la Toráh (v. 57), ni ésta lo es del que la guarda. Así la Toráh se convierte en punto de entrada para explorar toda la gama de interacciones con Yahvé. Claramente este salmo prueba, más allá de la formulación simplista del salmo 1. Una vida de plena obediencia no es una conclusión de fe: es punto de partida y acceso a una vida plena de comunión múltiple con Dios. Una vida así vive por misericordia y no por obediencia (v. 77). (pp. 57-58)

Finalmente, al voltear la mirada y observar lo que puede ocasionar el olvido o menosprecio de las Escrituras para la vida diaria, las conclusiones son ambiguas: quien prosigue en ese camino puede alcanzar bendiciones y obtener recursos para los días difíciles. Quien no lo haga así, corre más riesgos ante las contingencias cotidianas: “¡Qué lástima me dan/ los que no cumplen tus mandamientos!/ ¡Tú reprendes a esos orgullosos!/ No permitas que me desprecien/ pues siempre obedezco tus mandatos./ Los poderosos hacen planes contra mí,/ pero yo sólo pienso en tus enseñanzas./ Ellas me hacen feliz, y me dan buenos consejos” (vv. 21-24).



[1] W. Brueggemann, El mensaje de los salmos. México, Universidad Iberoamericana, 1998 (Palabra viva, 2), pp. 54-55.

Salmo 119.1-16


Biblia de las Américas

Alef (א)
1 ¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto,/ los que andan en la ley del Señor!
2 ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios,/ y con todo el corazón le buscan!
3 No cometen iniquidad,/ sino que andan en sus caminos.
4 Tú has ordenado tus preceptos,/ para que los guardemos con diligencia.
5 ¡Ojalá mis caminos sean afirmados/ para guardar tus estatutos!
6 Entonces no seré avergonzado,/ al considerar todos tus mandamientos.
7 Con rectitud de corazón te daré gracias,/ al aprender tus justos juicios.
8 Tus estatutos guardaré;/ no me dejes en completo desamparo.

Bet (ב)
9 ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?/ Guardando tu palabra.
10 Con todo mi corazón te he buscado;/ no dejes que me desvíe de tus mandamientos.
11 En mi corazón he atesorado tu palabra,/ para no pecar contra ti.
12 Bendito tú, oh Señor;/ enséñame tus estatutos.
13 He contado con mis labios/ de todas las ordenanzas de tu boca.
14 Me he gozado en el camino de tus testimonios,/ más que en todas las riquezas.
15 Meditaré en tus preceptos,/ y consideraré tus caminos.
16 Me deleitaré en tus estatutos,/ y no olvidaré tu palabra.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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