sábado, 13 de abril de 2013

Letra 315, 14 de abril de 2013


SEGUIR POR LA RUTA DE LA RESURRECCIÓN
Protestante Digital, 7 de abril de 2013

Seguir por la ruta de la resurrección

Tercera Reunión Nacional de la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas (CMIRP), Ciudad del Carmen, Campeche, 6-7 de abril, 2013

Esto es lo que les pido a quienes los dirigen, yo, que comparto con ellos la tarea y soy testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que está a punto de revelarse: apacienten el rebaño de Dios confiado a cargo de ustedes; cuídenlo, no a la fuerza o por una rastrera ganancia, sino gustosamente y con generosidad, como Dios quiere; no como dictadores sobre quienes estén a cargo de ustedes, sino como modelos del rebaño. Y el día en que se manifieste el Pastor supremo recibirán ustedes el premio imperecedero de la gloria. I Pedro 5.1-4

…cuando confesamos la santa Iglesia proclamamos su existencia; añadiendo la comunión de los santos precisamos cómo es la Iglesia que creemos [IRC 1536, II. OS 1, p. 92].
Testificar su naturaleza es tan importante como creer su existencia [IRC 1539, IV. CO 1, p. 541].
Juan Calvino

1. El Jesús-Resucitado acompañante
Al reencontrarse con el discípulo que lo había abandonado y negado días atrás, y encargarle formalmente el cuidado pastoral de la iglesia, el Jesús-Resucitado no solamente fundó un nuevo orden ministerial, colegiado y subordinado a la acción del Espíritu, sino que también indicó el horizonte por el cual debía circular la marcha de las comunidades desde entonces. Porque la dinámica trazada por Juan cap. 21 es muy clara y consistente: al retroceso de los discípulos que volvieron a sus quehaceres anteriores (vv. 1-3) le sigue un acercamiento de simpatía por parte de Jesús, quien les indica, sin recriminar su acción, por dónde deben pescar (vv. 4-6). Inmediatamente después, cuando obtienen el beneficio y reconocen a su Señor resucitado (vv. 7-11), pasan a los momentos de fraternidad, koinonía y comunión (vv. 12-14), en donde el texto subraya: “A ninguno de los discípulos se le ocurrió preguntar: “¿Quién eres tú?”, porque sabían muy bien que era el Señor” (v. 12b). Después de esos momentos relajados e inolvidables en los que el alimento del cuerpo los alegra y bendice, el relato adquiere una sólida formalidad, pues Jesús pregunta directamente a Pedro si lo ama, y a cada respuesta le encomienda apacentar sus ovejas y corderos (vv. 15-17), a él, que no había hecho los méritos suficientes para tamaña labor en consonancia con la obra de su Señor. Su respuesta es bien conocida y el ánimo que le produjo para responder afirmativamente también. A esta linealidad (trabajo-comida/comunión-encargo) le seguirían las acciones en las que el ministerio encargado producirá resultados palpables apenas el Señor desaparezca de su vista en la ascensión y los ahora apóstoles deban de enfrentar la oposición y el rechazo. El propio Pedro transformaría su discurso y la orientación de su pensamiento para exponer la historia salvífica con una convicción que debió sorprenderlo a él mismo en primer lugar. En el Pentecostés de los judíos (Hch 2) predicará con un énfasis histórico-profético sobresaliente y la presencia del Espíritu Santo se tornaría inteligible, a tal grado, que se integran miles de personas al grupo de seguidores, hombres y mujeres, de Jesús. Más tarde, Pedro llegaría también a la conclusión de que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5.29) y demostraría que aprendió la lección cuando al escribir su primera carta define óptimamente la labor de los pastores/as y ancianos/as (presbíteros): la presbiteralidad de la Iglesia, su colegialidad, pudo alejarlo de cualquier tentación de poder y por ello advierte que ésta debe quedar fuera del imaginario de quienes están al frente de una comunidad, no como “dictadores” (kléron) sino como “modelos” (ginómenoi) del rebaño (I P 5.3).
Con este cuadro de por medio se delinea con fortaleza el rumbo que debe seguir la Iglesia tras las huellas del resucitado, en medio de un panorama de pluralidad (deseado por el Espíritu), de convivencia humana (necesaria y hasta urgente), de crisis socio-cultural (por el sometimiento generalizado al poderío del Imperio Romano) y de una serie de compromisos de cambio expuestos para desarrollarse prontamente. A diferencia de una visión triunfalista de lo que no es, de lo que debe y puede ser la Iglesia, el texto neo-testamentario traza líneas de seguimiento de dicho horizonte que siguen vigentes hasta hoy, pues los liderazgos visibles de las comunidades no fueron concebidos como espacios o núcleos de poder sino de servicio, y lo que hoy se conoce aún como gobierno de la Iglesia, en realidad consiste en la circulación permanente de los dones otorgados por el Espíritu. El Jesús-Resucitado que suscita y (re)sucita continuamente a la comunidad (recuérdese el nombramiento del apóstol número 12) es quien conduce su destino y quien, periódicamente, le hace ver el tamaño de los desafíos que debe afrontar para que, aunque se equivoque, caiga e incluso desaparezca visiblemente, y vuelva a comenzar, el intento continuo sea la obediencia a sus dictados de amor, esperanza y justicia. Este Jesús, el mismo que en continuidad con aquel que camino sobre el mar, es el que exhorta continuamente a lanzar las redes y a encontrar siempre un buen número de peces, pues parte de un trabajo humano que es respetado y consolidado.

2. La iglesia renace siempre para seguir al Resucitado
Por lo anterior, cada vez que la Iglesia nace, muere y resucita como parte de la dinámica existencial que procede de Jesús, da comienzo nuevamente la espiral comunitaria que, vez tras vez, manifiesta la esperanza que el propio Dios tiene en aquellos/as que desean seguir en los pasos de su Hijo Resucitado: aunque las realidades históricas, religiosas y de todo tipo, se opongan a los planes para instalar su Reino en el mundo, las fuerzas espirituales convocadas por el Espíritu removerán conciencias, inercias, poderes fácticos y visibles, para que el magno propósito siga en marcha. Uno de los problemas consiste en la persistente negativa de los falsos poderes que surgen en las estructuras eclesiásticas a entrar y participar de esta dinámica en la que la resurrección es entendida como una marcha triunfal que inició el día que Jesús entró a Jerusalén, siendo que, mediante un proceso inverso, la toma de esa ciudad representó un espejismo para quienes supusieron que el Reino de Dios iba a establecerse mediante la violencia humana. Lo que los textos evangélicos desarrollan más tarde es lo que Lutero llamó teología de la cruz, es decir, una manera de percibir los acontecimientos que establecerían los propósitos de Dios en medio de una conflictividad reacia a dejarse dominar o poseer por los designios divinos.
La teología de la gloria, por el contrario, ha sido capaz de patrocinar proyectos eclesiales que, en nombre de lo sagrado, se sirve de un discurso que potencia acciones encaminadas a hacer creer que, en efecto, el “crecimiento eclesiástico” (numérico, económico o de influencia moral) es sinónimo del avance del Reino de Dios en el mundo. Ante ella, hay que afirmar proféticamente la necesidad de que las comunidades cristianas se conviertan de nuevo a ese proyecto amplio de dignificación humana, igualdad y restauración de todas las realidades al designio del Dios vivido y anunciado por Jesús de Nazaret. La vida que éste vivió, la muerte que atravesó, y el momento climático de su resurrección marcan “los tiempos y las sazones”, las coyunturas que las comunidades deben leer, interpretar y discernir constantemente para encontrar vías para una mejor fidelidad a la esperanza evangélica.
En nuestro caso, somos convocados a formas de renacimiento que ponen en juego replantear por entero la vivencia de la espiritualidad, la práctica del testimonio, la naturaleza del culto, la misión y la educación, así como los componentes básicos de la diaconía, la koinonía y el servicio mutuo, en el marco de nuevas condiciones, las cuales no fueron percibidas en los espacios tradicionales de los cuales provenimos. A la acusación de que se está fragmentando una vez más el cuerpo de Cristo, hay que responder con acciones y discursos ligados a la proyección de la resurrección continua de la Iglesia en el mundo, y con ésta en un proceso interminable de aprendizaje e identificación de los signos que Dios coloca en las circunstancias que nos toca vivir. Si la promoción y reivindicación de los ministerios de las mujeres fue la punta del iceberg de este movimiento, ahora hay que relanzar integralmente todo el corpus de la existencia cristiana, revisando a la luz de las Escrituras, de la tradición reformada y de la ya sólida tradición teológica latinoamericana y así poder inculturar nuevamente el mensaje evangélico en nuestra sociedad. Acaso a eso somos llamados/as en esta situación, pues a la otra crítica superficial de que “es más fácil destruir que construir”, es necesario responder con una creatividad dependiente de la movilidad y sorpresa del Espíritu a fin de que los pasos presentes verdaderamente canalicen un futuro viable, realista, pero también auténticamente fiel a las exigencias que, en otra época, acaso no se pudieron advertir, pero que hoy podemos reconocer que siempre estuvieron ahí: fortaleza en el diálogo ecuménico, interreligioso, de participación social, de formación completa de personas y de mantenimiento de la vida de la creación, entre otras cosas. Quizá por ahí va el rumbo de este seguimiento de la resurrección. Ojalá estemos a la altura de él. Que Dios nos bendiga a todos y todas en el camino, en la organización y el diálogo. (LCO)
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LA IGLESIA NO SE ARREGLA SÓLO CAMBIANDO DE ZAPATOS (I)
José María Castillo

En todo el mundo han sido noticia las nuevas costumbres que el papa Francisco ha introducido en la imagen pública que el sucesor de Pedro ofrece ante el mundo. Nadie duda ya que el papa se parece cada día más a un hombre normal, sin los zapatos rojos de Prada y cada vez con menos indumentarias de ésas, tan llamativas como trasnochadas. Por supuesto, esto es de elogiar, y expresa que este papa tiene una personalidad fuerte, original, ejemplar. Un papa es importante, no por su imagen pública, sino por su ejemplaridad. Es evidente que el papa Francisco tiene esto muy claro. Por eso lo admiramos, lo aplaudimos, lo sentimos más cerca. Y esperamos mucho de él.
Por supuesto, yo no soy quién para decirle al papa lo que tiene que hacer. ¿Quién soy yo para eso? De todas maneras, y con toda la modestia y humildad que me es posible, me atrevo a sugerir que solamente con simplificar la vestimenta y modificar algunas costumbres, se puede pensar que la Iglesia no se arregla. Será noticia, eso sí. Sobre todo entre personas y grupos más tradicionales. Algunos ya han puesto el grito en el cielo porque, el pasado jueves santo, el papa Francisco se atrevió a lavar los pies de dos mujeres. Da pena pensar que haya gente que, por semejante cosa, se alarmen tanto. ¿No sería más razonable pensar a fondo dónde está la raíz de los verdaderos problemas que sufre la Iglesia? Y, sobre todo, los problemas que sufre tanta gente desamparada, marginada y sin esperanzas de futuro.
Pues bien, planteada así la cuestión, lo que yo me atrevo a sugerir es que la raíz de los problemas, que arrastra la Iglesia, no está en la imagen pública que ofrece el papa. La raíz está en la teología que enseña la Iglesia. Porque la teología es el conjunto de saberes que nos dicen lo que tenemos que pensar y creer sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre el pecado y la salvación, etcétera, etcétera.

Actividades


OREMOS POR LA CELEBRACIÓN DEL XVIII ANIVERSARIO DE LA IGLESIA EL PRÓXIMO DOMINGO

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 16 de abril, 19 hrs.
Modera: Hno. David Ábrego

Llamamiento: Salmo 9.1-12
Oración de ofrecimiento
Himno: “Con mis labios y mi vida” (410)
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 6.1-23
Tema: Milagro del hacha y captura de los sirios
Himno: “Si no fuera por ti” (384)
Ofertorio
Bendición pastoral

PROFETAS COMPROMETIDOS EN LA HISTORIA
Pierre Gibert

Es verdad que ya se nos ha hablado en el primer libro de Samuel de ciertas bandas de profetas, personajes de manifestaciones alborotadas y contagiosas, a Juzgar por los efectos que produjeron en el mismo Saúl. Y el segundo libro de los Reyes nos pone también en presencia de estos “hermanos” a propósito de Eliseo (cf. 2 Re 4.38-41) Pero parece ser que Israel no apreció nunca demasiado a estos personajes que daban la impresión muchas veces de ser auténticos energúmenos. Es una originalidad de nuestros relatos, y por tanto de Israel, haber sabido distinguir a Ciertos personajes de estas bandas y de estos «hermanos» para hacer de ellos los testigos de la palabra de Dios, tan exigentes en su denuncia del pecado como precisos y justos en sus enseñanzas.
Así pues, hay que considerar a unos hombres como Elías y Eliseo, más allá de los relatos pintorescos que adornan su historia, como auténticos teólogos que hacen progresar a Israel en el conocimiento de Dios, como demuestra en especial la teofanía del Horeb (1 Re 19), y en el sentido del pecado y de la justicia.

 EL SECUESTRO FALLIDO DE ELISEO
Pierre Buis

Si este relato habla de guerra, forma parte todavía de los prodigios realizados por el hombre de Dios. El primero es su conocimiento de los secretos: sabe incluso “lo que el rey de Aram dice en su alcoba” (v. 12) y hace que se aproveche de ello el rey de Israel, que puede de este modo burlar todas las trampas de su enemigo. Cuando los arameos intentan secuestrario, la ayuda de Dios le permite hacer que caigan en la inconsciencia y poder conducirlos a donde él quiera. Después de burlarse de ellos, impide que el rey de Israel los mate e incluso les sirve una buena comida antes de despedirlos. ¿Habrá que hacer de Eliseo un campeón de la no-violencia? Sí, pero no en todos los relatos.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

8-20 – Visitas de evangelización
21 – XVIII aniversario de la iglesia/ 2ª reunión juvenil
28 – Día del Niño(a)/ 4º testimonio de evangelización

El valor comunitario de los bienes y el dinero según el Nuevo Testamento, L. Cervantes-O.


14 de abril, 2013

Nadie entre los creyentes carecía de nada, pues los que eran dueños de haciendas o casas las vendían y entregaban el producto de la venta, poniéndolo a disposición de los apóstoles para que estos lo distribuyeran conforme a la necesidad de cada uno. […] Pero un hombre llamado Ananías, junto con su mujer, de nombre Safira, vendió una finca y, de acuerdo con la esposa, retuvo una parte del precio y puso lo restante a disposición de los apóstoles.
Hechos 4.34-35; 5.1-2

“En un mundo en el que crece el individualismo en las relaciones y en las estructuras sostenidas por el proyecto neoliberal excluyente, es de vital importancia reflexionar sobre el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas, con la intención de buscar luz y orientaciones para la vivencia de las congregaciones y comunidades cristianas de hoy”.[1] La triste historia de Ananías y Safira es un ejemplo de lo que no debe hacerse, en términos de mayordomía, solidaridad y colaboración, en el seno de una comunidad cristiana. En los inicios mismos del cristianismo, justo cuando se estaba delineando el perfil comunitario de las comunidades que intentaban seguir los lineamientos establecidos por Jesús de Nazaret, el comportamiento económico de esta pareja es presentado como opuesto radicalmente a los ideales de hermandad, koinonía y diaconía, que empezaban a ponerse en práctica no sin dificultades. El libro de los Hechos de los Apóstoles no se queda en la superficie de las mismas y mientras expone la disposición de algunos creyentes que poseían bienes y se desprendían de ellos para formar un fondo común para distribuir recursos en la comunidad, al mismo tiempo muestra las actitudes contrarias a dicho espíritu de participación y apoyo. Si lo dijésemos en términos más realistas, la pareja resulta ser muy previsora pues, ante el ambiente apocalíptico dominado por la posibilidad del regreso (parusía) de Jesús, deciden anticiparse y preservar una parte de su patrimonio.
Existe un fuerte contraste entre las acciones de solidaridad y renuncia a los bienes por parte de algunos/as y la premeditación con que actuaron Ananías y Safira. En la línea que viene del Evangelio de Lucas, en Hechos se pone a funcionar la propuesta de Jesús en el sentido “de una priorización del servicio a la gente más necesitada, empobrecida y excluida de la sociedad, por diversos motivos” (Idem). Debe subrayarse que el ministerio de la comunidad de apóstoles y seguidores/as fue guiado permanentemente por el Espíritu Santo, lo que conduce a entender que cada paso, incluso los relacionados con la economía y el dinero, dependían totalmente de él, especialmente a la hora de observar y responder a la necesidad de cada uno (4.35). Compartir los bienes era, entonces, resultado de la acción del Espíritu y no de un “convencimiento ideológico” o de alguna forma de coerción o imposición.
Lo que el episodio pone en evidencia es cómo se relacionaba esa pareja con los bienes y el dinero, no en función de un propósito comunitario sino de sus propios intereses, algo muy normal y previsible siempre. Ya integrados a la comunidad cristiana, ambos deciden vender una finca, quizá dominados por el ímpetu milenarista, es decir, como parte del sistema actúan dentro de las leyes del mismo y en uso de sus facultades de propietarios. El pasaje no explica el origen de los bienes de la pareja en cuestión, lo cual al no parecer relevante, pone todo el énfasis en la manera en que trataron de engañar al Espíritu, tal como se lo dice Pedro: “Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás te convenciera para mentir al Espíritu Santo, guardando para ti parte del precio de la finca? Tuya era antes de venderla y, una vez vendida, tuyo era el producto de la venta. ¿Cómo se te ha ocurrido hacer una cosa semejante? No has mentido a los hombres sino a Dios.” (5.3-4). El texto establece un contraste específico entre ellos y Bernabé, quien sin ocultar nada practica la “transparencia económica” en su relación con la comunidad al vender una propiedad (4.37). “No se trata aquí solamente del hombre rico que deja todo para ser discípulo de Jesús, a la manera cómo Jesús se lo exigió al joven rico: ‘todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre lo pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme’ (Lc 18.18-23). Aquí se trata no solamente de un acto de desprendimiento, sino más bien de una ruptura con el pasado. Bernabé, al vender su campo en Jerusalén, rompe con la institucionalidad judía y entra en la nueva comunidad misionera y del Espíritu dirigida por los apóstoles”.[2]
Richard resume lo acontecido en la comunidad y aventura una interpretación sobre el suceso:

En el primer sumario lo que se vende son posesiones y bienes en general, ahora se dice más concretamente que venden campos o casas. No se trata solo de gente rica que se desprende de sus bienes, sino de discípulos que dejan todo aquello que los ata a un lugar (tierra y casa). Hay dos novedades importantes en 4,34-35: “no había entre ellos ningún necesitado” y el precio de la venta “lo ponían a los pies de los apóstoles”. Estas dos expresiones muestran una comunidad con una organización interna más desarrollada. Ya no se trata solo de satisfacción de necesidades, sino de eliminación de la pobreza en la comunidad. Esto exige a los apóstoles cumplir el rol de administradores. […]
¿Qué significa este relato de Bernabé, Ananías y Safira? El significado aparente del texto es ilustrar, con un ejemplo positivo y negativo, la vivencia de la koinonía en la primera comunidad. […]
En el caso de Ananías y Safira, el hecho de retener parte del dinero de la venta del campo, revela que los esposos están divididos: por un lado, quieren venderlo todo, traer el precio de la venta a los apóstoles y así participar en la comunidad; por otro lado, retienen una parte del dinero, para continuar su proyecto de vida anterior. Quieren participar de la vida de la nueva comunidad, pero mantener su posición tradicional dentro de la institucionalidad judía. […]
Muchos encuentran un paralelismo entre esta historia y la historia de Acán en Josué 7,1-26. Éste se queda con parte del botín y es apedreado y muerto, pues por su culpa el pueblo es derrotado. […]
Quedarse con parte del botín era complicidad con el sistema que estaban justamente destruyendo. El verbo en ambos pasajes es el mismo: “retener para sí” (nosphizo). El relato de Ananías y Safira tiene esta connotación violenta del relato de Acán. Igual que Acán, Ananías y Safira no rompen con el sistema con el cual la comunidad apostólica ha decidido romper. En momentos de consolidación de la comunidad, la actitud de Ananías y Safira implicaba el fin de la comunidad, como la actitud de Acán significó la derrota del pueblo de Dios en tiempos de Josué. […]}
¿No es este relato de Ananías y Safira un relato violento contrario al Espíritu de Jesús? Todo depende de la interpretación. Si interpretamos 5,1-11 como un juicio, donde Pedro es el juez, que dicta sentencia y condena a muerte, entonces tendríamos aquí el inicio de la violencia jerárquica y autoritaria en la Iglesia. No se trata de eso. En este texto no hay ni juicio ni condena de muerte por parte de Pedro. La intención del relato es otra. Véase la abundancia de términos económicos en esta sección: posesión de campos y casas, venta y precio de venta, entregar o retener dinero, administrar (poner dinero a los pies de alguien). Lo económico define aquí la identidad religiosa institucional: templo o comunidad cristiana. Es en este contexto que entra Satanás, que simboliza aquí el poder del pecado. Satanás induce a Ananías a retener dinero, para asegurar una opción institucional económica-religiosa. La fuerza del pecado actúa especialmente en el ámbito de lo económico-religioso y lleva a la muerte. No es Pedro quien impone aquí el régimen del terror, sino el dinero con sus opciones religiosas. Es el estatus económico y religioso que el dinero impone lo que mata a Ananías. Se repite aquí la historia de Judas, en el cual también “entró Satanás” (Lc 22.3), traicionó a Jesús y “compró un campo con el precio de su iniquidad” (Hch 1.18), luego cayó de cabeza en su propio campo y se mató. Aparece el vínculo estrecho entre campo-dinero-Satanás-muerte. Ni Jesús mató a Judas, ni Pedro a Ananías. Los mató el poder religioso del dinero. [Énfasis agregado]
¿Fue el pecado de Safira el mismo que el de Ananías? Llama la atención que Lucas diferencia explícitamente tanto la acción como la intención de los dos esposos. Él que actúa es Ananías, pero su mujer está de acuerdo y sabe lo que hace Ananías (5.1-2). Cuando Pedro la interroga sobre el monto del precio del campo vendido, Safira miente y da una respuesta falsa (v. 8). Safira entra donde está Pedro tres horas más tarde y sin saber lo que había pasado con su marido (v. 7). Esto quiere decir que Safira actúa no influenciada por la muerte de Ananías. Con esto Lucas separa y diferencia el pecado de cada uno de los dos esposos. A Ananías lo mató el poder satánico del dinero y su estatus económico-religioso, pero ¿qué mató a Safira? El texto no dice que Satanás entró en el corazón de Safira y que mintió al Espíritu Santo, sino dice solamente que se puso de acuerdo con Ananías para “poner a prueba el Espíritu del Señor” (v. 9). El pecado de Safira no está en lo económico, sino en la forma de vivir su matrimonio. Lo que mata a Safira es el matrimonio patriarcal, que la somete a las intenciones de su marido. Esta forma patriarcal de matrimonio fue lo que los puso de acuerdo. El matrimonio conforme al Espíritu del Señor prohíbe al esposo ejercer poder sobre la esposa y permite a la esposa ser independiente de las opciones de pecado y muerte del esposo. La esposa puede vivir como si no tuviera esposo y viceversa (ese sería el sentido de 1 Cor 7.29). El pecado de Safira fue participar de una forma de matrimonio, que no le permitió resistir a la opción de muerte de su esposo. El matrimonio patriarcal no permitió a Safira ser libre frente a la fuerza del pecado que dominaba a su esposo. El matrimonio de Ananías y Safira representa aquí la vieja comunidad patriarcal de la Ley y del Templo, con la cual rompe la nueva comunidad de Jesús. (Ibid., pp. 60, 61-66)

De modo que la nueva comunidad debía superar este tipo de acciones para consolidar su fe y su accionar como pueblo nuevo de Dios en el mundo y las variables económicas tenían que dejar de influir en el comportamiento individual y colectivo tal y como lo hacían en el resto de la sociedad.


[1] Franklyn Pimentel-Torres, “Ministerios, diakonía y solidaridad en la literatura lucana (Lucas y Hechos)”, en RIBLA, núm. 59, http://claiweb.org/ribla/ribla59/franklin.html.
[2] P. Richard, El movimiento de Jesús antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Santander, Sal Terrae, 2000, p. 60.

Hechos 4.32-5.11




La Palabra (Hispanoamérica)

32 El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar, y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común. 33 Los apóstoles, por su parte, daban testimonio de la resurrección de Jesús, el Señor, con toda firmeza, y se los miraba con gran simpatía. 34 Nadie entre los creyentes carecía de nada, pues los que eran dueños de haciendas o casas las vendían y entregaban el producto de la venta, 35 poniéndolo a disposición de los apóstoles para que estos lo distribuyeran conforme a la necesidad de cada uno. 36 Tal fue el caso de José, un chipriota de la tribu de Leví, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa “el que trae consuelo”; 37 vendió un terreno de su propiedad, trajo el importe y lo puso a disposición de los apóstoles.
1 Pero un hombre llamado Ananías, junto con su mujer, de nombre Safira, vendió una finca 2 y, de acuerdo con la esposa, retuvo una parte del precio y puso lo restante a disposición de los apóstoles. 3 Pedro le dijo: —Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás te convenciera para mentir al Espíritu Santo, guardando para ti parte del precio de la finca? 4 Tuya era antes de venderla y, una vez vendida, tuyo era el producto de la venta. ¿Cómo se te ha ocurrido hacer una cosa semejante? No has mentido a los hombres sino a Dios.
5 Escuchar Ananías estas palabras y caer muerto al suelo fue todo uno, por lo que cuantos lo oyeron quedaron sobrecogidos de temor. 6 En seguida se acercaron unos jóvenes, amortajaron el cadáver y lo llevaron a enterrar. 7 Unas tres horas más tarde llegó su mujer, que ignoraba lo sucedido. 8 Pedro le preguntó: —Dime, ¿es este el valor total de la finca que vendieron? Ella contestó: —Sí, ese es. 9 Pedro le replicó: —¿Por qué se han confabulado para provocar al Espíritu del Señor? Escucha, ya se oyen a la puerta los pasos de los que vuelven de enterrar a tu marido; ahora te llevarán a ti.
10 Al instante cayó a sus pies y expiró. Cuando entraron los jóvenes, era ya cadáver; así que se la llevaron y la enterraron junto a su marido. 11 Como resultado de esto, la Iglesia entera y todos los que llegaron a saberlo quedaron sobrecogidos de temor.

sábado, 6 de abril de 2013

Letra 374, 7 de abril de 2013

DE LA DUDA A LA FE (Juan 20.19-31)
José Antonio Pagola

El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.
Por eso, todos sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: "Hemos visto al Señor". Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: "Si no lo veo...no lo creo".
Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.
Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.
Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.
Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de  la  propia  conciencia.  Según  el  relato  evangélico,  a  los ocho días se presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le muestra sus heridas.
No son "pruebas" de la resurrección, sino "signos" de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: "No seas incrédulo, sino creyente". Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: "Señor mío y Dios mío".
Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que constituye el núcleo de nuestra fe.
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SADOCRISTIANISMO
Carlos Osma
Lupa Protestante, 21 de marzo de 2013

Cuando llega la Semana Santa el sadomasoquismo cristiano se quita la careta y campa a sus anchas en medios de comunicación, calles e iglesias. Los maestros sacan el látigo, se enfundan unas botas altas de cordones, y se ponen ajustados trajes negros de cuero que cosen con las fundas de sus Biblias. Es el momento más esperado del año, y no es necesario justificarse, el contexto es permisivo para que el placer y el sufrimiento se fundan en una orgia sacralizada.
¡Crucifícale! Gritaron los sacerdotes cuando Pilato les dio la posibilidad de liberar a Jesús. ¡Crucifícale! Siguen gritando los sacerdotes y sacerdotisas que necesitan sacrificios dolorosos y sangrientos. El dolor es el lugar privilegiado de la revelación, los insultos y las humillaciones el lenguaje sagrado, sus escupitajos traen nueva vida, y la cruz es una cama de tortura.
El sadocristiano busca esclavos y esclavas para repetir sus excesos de la carne. Personas a las que no les importe subir a la cruz para ser insultadas, golpeadas y azotadas. Sumisos que quieran ser marcados con una cruz ardiente, y que estén dispuestos a padecer y gozar con un cinturón de castidad hecho a su medida. Se necesitan, se buscan, seres humanos que se deleiten con maestros a los que verles sufrir les produzca una satisfacción inconfesable. Humildes creyentes, dispuestos a dejarse tiranizar, y a los que convertirse en objeto del deseo de sus dominatrix, les lleve al éxtasis.
La teología del sacrificio y la satisfacción tiene categoría de verdad incuestionable para quienes participan en ese ritual de dominación, dolor y placer. El Dios amo encontró el más inconfesable deleite en un sumiso Jesús, al que le faltó tiempo para subirse al potro de tortura del Gólgota. Un Dios opresor que no quiso ensuciarse y prefirió ejercer de voiyer mientras el cuerpo de su tiranizado era atado, azotado y atravesado por pinchos. Los colaboradores del Sadodios sabían que Éste no intervendría; no hay salvación en Él, sólo un inconfesable deseo orgiástico de sufrimiento. El culmen del éxtasis divino, los gritos desesperados del agonizante encomendándose en sus manos.
Más allá de esta mirada canonizada a la cruz, hay otras que no buscan la autosatisfacción en el crucificado, sino que se dejan interpelar por aquel cuerpo herido, y humillado, no por Dios, sino por quienes juegan a serlo. No valen las mentiras, ni las interpretaciones idealizadas, Jesús no quiso ser crucificado, no fue enviado a sufrir y ser torturado, su cuerpo no es el símbolo de un Dios sádico, sino el de los silenciados, oprimidos, y marcados en propia carne por quienes se erigen en poseedores de la verdad y se creen autorizados para imponerla al resto.
La cruz no tiene valor salvífico para quienes han decidido subirse a ella buscando el placer de ser insultados y dominados, o para los crucificados a los que les ha faltado el coraje necesario para rebelarse, para gritar al Dios en el que confiaban: ¿Por qué me has abandonado? La tortura, sea esta física o psicológica, por sí misma, no tiene sentido teológico, y ningún Dios del cielo está tras ella. Los únicos que la exigen, que llaman a aceptarla con resignación, son quienes se prostituyen unos con otros en los templos de Dios. Son, los que han convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones.
El cuerpo del crucificado es un aparente no de Dios al mensaje de libertad, amor y comunidad de iguales de Jesús. Es el fracaso evidente de la voz de los pobres y oprimidos, la esperanza derrotada de los marginados sociales, la muerte de quienes luchan por la vida, la victoria del conservadurismo, la alegría de quienes se sintieron amenazados por el diferente, la advertencia de los buenos religiosos.
Es, en resumidas cuentas, el día a día del mundo en el que vivimos. Un mundo donde esperar la intervención de Dios, parece un sueño infantil y ridículo.
Para los discípulos la cruz fue un conflicto, una dura prueba que ponía en entredicho el mensaje de su maestro, y que sólo la vida y la resurrección de Jesús les ayudo a entender. Hoy sin embargo aquel terrible y amargo no de Dios es el lugar donde se mueve con más comodidad la Iglesia. Nadie parece huir ni sentirse interpelado por las cruces que se levantan dentro de ella, los privilegios de género, orientación sexual, posición económica, nacionalidad, edad, cultura o ideología política, dan más placer que el mensaje liberador de Jesús. Todos los domingos nos sentamos al lado de prójimos crucificados que permanecen en silencio, y que cuando levantan su voz, les animamos a la resignación y el sometimiento, mientras seguimos llamándoles hermanos.
Si queremos romper el círculo sensual y sadomasoquista al que nos aboca la reducción de Jesús a una víctima necesaria para la satisfacción divina, tenemos que bajarle de la cruz, introducirlo en la cueva donde hemos encerrado a nuestros muertos, y ver cómo la intervención de Dios trae nueva vida. De las profundidades de un sepulcro custodiado por los representantes del poder, salió Jesús con la ayuda de Dios. El cuerpo que de allí salió no era el cuerpo sangriento de una víctima, porque aunque llevaba las marcas del sufrimiento que le habían infligido otros seres humanos, había sido transformado y convertido en la esperanza de todas aquellas personas que se resisten a ser humilladas, silenciadas, e insultadas.
El cuerpo de Jesús fue trasvestido por Dios, el traje de sumisión y dolor que le obligaron a llevar, fue sustituido por aquel que reflejaba en realidad quien era: la vida y la esperanza de Dios. Y es desde esa experiencia que nos llama a nosotros a trasvestir la fe, y a hacer de ella un motor que trasvista el mundo. Una fe que recuerde y haga presente a un Dios que vive muy lejos de los discursos y las acciones que producen víctimas, se hagan estos en su nombre o no. Una fe que no es sadomasoquista, y a la que no le gustan las personas que se sienten mejores o que disfrutan humillando a otras, por mucho que digan hacerlo en nombre de Dios.
Vida y esperanza, no sometimiento y sufrimiento, ese es el mensaje de Jesús, que muchos han olvidado cuando miran a la cruz.

Actividades


OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE EVANGELIZACIÓN QUE SE LLEVARÁN A CABO DEL 8 AL 20 DE ESTE MES

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 9 de abril, 19 hrs.
Modera: A.I. Marthita Aguilar

Llamamiento                           Salmo 5
Oración de ofrecimiento
Himno: “Vine a alabar a Dios”
Momentos de oración
Lectura bíblica                     II Reyes 5
Tema: Curación del general sirio Naamán
Himno: “Cada día con Cristo”
Ofertorio
Bendición pastoral

LA CURACIÓN DE NAAMÁN
Pierre Buis

El relato se articula en tres episodios que encierran cada uno un mensaje. El primero narra la curación del general arameo en el agua del Jordán (w. 1-14).El relato no pretende otra cosa que glorificar al profeta, como se indica desde el principio: “Que venga a buscarme y sabrá que hay un profeta en Israel” (v. 8). De este modo lanza una acusación contra la creencia en un poder milagroso de los reyes, que se atribuiría también más tarde a los emperadores romanos (¡y hasta a los reyes de Francia: curación de los escrofulosos!).
El segundo episodio (vv. 15-19) destaca a Naamán, que no se contenta con darle gracias al profeta y ofrecerle un regalo digno de un príncipe. Sabe reconocer al autor verdadero de su curación: el Señor, Dios de Israel; y se compromete a honrarle sólo a él; desea incluso llevarse un poco de la tierra de Israel para construirse un lugar de oración en su casa de Damasco. Finalmente, somete al profeta su caso de conciencia: ¿podrá seguir acompañando al rey de Aram al templo del dios Rimmón, como lo exige su cargo, y postrarse con él ante un dios, que no será ya el suyo? Eliseo le garantiza la indulgencia del Señor por esta situación ambigua: “Vete en paz” (v. 19).
Estos dos episodios manifiestan una apertura a los extranjeros que podrá poner Jesús como ejemplo (Lc 4,27). Si el poder benéfico del Señor sigue estando todavía limitado a la tierra de Israel, puede sin embargo alcanzar a gentes de todas las naciones, incluso enemigas.
El tercer episodio (w. 20-27) opone el desinterés del profeta a la codicia de su criado. El plan de Guejazí está bien montado y Naamán se deja llevar por él. Pero el profeta, que esta vez lo sabe todo, conoce su maquinación. Casi podría concluirse de aquí que la enfermedad va unida a la riqueza. Naamán, que da generosamente, se ve libre de la lepra, mientras que Guejazí queda leproso por haberse hecho con una pequeña fortuna.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

8-20 – Visitas de evangelización
14 – Santa Cena
21 – XVIII aniversario de la iglesia/ 4º testimonio de evangelización
28 – Día del Niño/a

"Donde tengas tus riquezas...": el desafío de la mayordomía cristiana ante la koinonía, L. Cervantes-O.


7 de abril, 2013

No acumulen riquezas en este mundo pues las riquezas de este mundo se apolillan y se echan a perder; además, los ladrones perforan las paredes y las roban. Acumulen, más bien, riquezas en el cielo, donde no se apolillan ni se echan a perder y donde no hay ladrones que entren a robarlas. Pues donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón.
Mateo 6.19-21

En medio de la práctica de la koinonía es inevitable enfrentar la exigencia de la mayordomía, es decir, la definición del manejo cristiano de los bienes materiales, el dinero o las riquezas. Cuando Jesús de Nazaret delineó el perfil de sus discípulos/as en el Sermón del Monte no podía dejar de lado la relación con los bienes y al llegar a ese punto de la exhortación plantea un distanciamiento hacia ellos en el marco de la venida del Reino de Dios. Se trata del abordaje de la cuestión económica y cómo puede impactar la relación con ese horizonte de fe en el seno de la comunidad. Allí se encuentra la conexión con la koinonía, pues al partir de una sana relación con Dios en términos económicos, resulta inmediata la interrelación con el prójimo en esos mismos términos. El biblista canadiense Leif E. Vaage ha indagado muy bien en lo que denomina el “Jesús economista” mediante una lectura ad hoc del famoso “sermón”. Así resume su abordaje en este terreno:

El perfil de Jesús-economista se destaca en los cinco discursos principales del Evangelio de Mateo. Sea lo que fuera la cristología completa del evangelio […] a la hora de hablar son notablemente asuntos económicos los que más le preocupan a Jesús, o en cuyo ámbito busca poner el dedo divino sobre la llaga humana.
Impresiona, pues, cuán concreta y ligada a la vida es la enseñanza maestra de Jesús en el Evangelio de Mateo. La imagen del hombre galileo que ofrece el mismo evangelista representa a Jesús a través de su palabra como una persona muy próxima al mundo de la necesidad y la deuda, de la preocupación por el pan diario y el sueldo que no alcanza.[1]

Lo que hoy llamamos pomposamente “mayordomía cristiana” fue para Jesús una preocupación básica para el camino de fe del discípulo al grado de que formuló el aforismo: “No se puede servir a dos señores: a Dios o al dinero” (Mt 6.24b), en donde la existencia completa es llevada a una tensión extrema entre esos dos opuestos irreconciliables sin término medio. Y la máxima político-económica: “Den a César lo suyo a Dios también” (Mr 12.17; Mt 22.21), fuerte crítica profética a la interiorización de los valores del mundo, del Estado y del mercado, particularmente, como consigna espiritual para mantenerse fieles a los principios de su mensaje central sobre el reinado de Dios en todas las áreas de la vida humana. Según esta visión, de una sana relación espiritual y psicológica con los bienes dependerá la adecuada percepción de lo que Dios espera de cada ciudadano/a del Reino de Dios. De modo que la familiaridad, apego o cercanía a las riquezas puede convertirse en un auténtico obstáculo para el seguimiento de Jesús y la espiritualidad que propone el tantas veces citado discurso de Jesús en Mt 5-7 es una propuesta compleja, pero viable, de vida en la órbita de la esperanza por un nuevo estado de cosas, incluyendo la economía.

Dios como persona y Mamón como persona se encuentran en conflicto. Jesús describe la relación entre nosotros y uno u otro de la misma forma: es la relación entre siervo y maestro. Mamón puede ser un amo del mismo modo en que lo es Dios; es decir, Mamón puede ser un amo personal. […] Él habla de un poder que intenta ser como Dios, que se convierte en nuestro amo y que tiene metas específicas.
Así, cuando afirmamos que usamos el dinero, cometemos un gran error. Podemos, si estamos obligados, usar el dinero, pero es el dinero el que en realidad nos usa y nos convierte en sus sirvientes poniéndonos bajo su ley y subordinándonos a sus fines.[2]

La nueva sociedad humana propuesta por Jesús no está dominada por un apego insaciable a los bienes materiales sino que más bien los coloca en la esfera de lo controlable conscientemente por valores de fe, de lo comprendido como una bendición de Dios y no como un eventual ídolo, y de lo compartible como una vocación divina para el servicio. Al dirigirse a personas depauperadas por el sistema, pero también a aquellas que poseían bienes, por lo que trasluce la exhortación mateana, el ámbito de los bienes se convierte inmediatamente en un asunto que se experimenta en la comunidad marcada por las desigualdades existentes en el mundo.

Clave para entender el sentido preciso del llamado recíproco en 6.20 de que “más bien amontonen riquezas en el cielo”, es el último versículo del dicho en 6.21: “Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón”. Nótese que no se dice: “Pues donde esté tu corazón, allí estará también tu riqueza”, como si se tratara aquí de un deber de ordenar las prioridades sentimentales. Más bien se trata de la cuestión de un tesoro “mantenible” o sea, de un “desarrollo” que no acarree que la vida se sacrifique.
Un tesoro “mantenible” será un sistema económico que desde un principio y hasta el final tenga como meta única la producción de una vida satisfecha para cada uno: “Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón”. El corazón que falle porque no puede más ante las demandas insaciables de una economía devota a amontonar riquezas aquí en la tierra, no es sino signo transparente de la muerte.
En realidad, todos los dichos en 6,19-34 pueden ser interpretados como un modo de preguntar dónde está tu corazón. ¿Cuál será el perfil de la economía divina que confirme el bienestar humano? (Idem).

Como comenta Jacques Ellul: “La idea de la mayordomía es un recordatorio útil de que no poseemos nuestras posesiones y de que tendremos que rendir cuentas, pero se vuelve plenamente viciosa cuando la utilizamos para justificarnos, cuando nos permite fijar en concreto lo que Dios quiere que sometamos al Espíritu Santo”.[3] Y agrega: “Jesucristo despoja a la riqueza del carácter sacramental que hemos reconocido en el Antiguo Testamento. […] Y así como los sacrificios fueron dejados de lado por el sacrificio de Jesús, del mismo modo la riqueza ya no expresa una verdad espiritual porque la plenitud de la gracia reside en Cristo. ¿Que significado tendría el don de las riquezas ahora que Dios ha dado a su Hijo? Ahora él es nuestra única riqueza.”. Además, la actitud de renuncia es, ciertamente, un esfuerzo que brota del “corazón”, es decir, desde lo más profundo del ser. En pocas palabras, la “mayordomía” verdadera, la más profunda es la que brota del corazón y no del convencimiento racional o cerebralmente obtenido con base en el equilibrio de las variables económicas. Esto se coloca, pues, en las antípodas de la llamada “teología de la prosperidad”, pues la mayordomía no consiste en “invertir en Dios” sino en abandonarse completamente a la gracia de Dios.




[1] L.E. Vaage, “Jesús-economista en el Evangelio de Mateo”, en RIBLA, núm. 27, http://claiweb.org/ribla/ribla27/jesus%20economista.html.

[2] J. Ellul, Dinero y poder. Trad. de Iván Balarezo P. Quito, Oveja Perdida Ediciones, 2003.
[3] Idem.

Mateo 6.1-4; 19-21; 25; 33-34


1 Cuídense de hacer el bien en público sólo para que la gente los vea. De otro modo, no recibirán recompensa del Padre que está en los cielos. 2 Por eso, cuando socorras a algún necesitado, no lo pregones a bombo y platillo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que la gente los alabe. Les aseguro que esos ya han recibido su recompensa. 3 Cuando socorras a un necesitado, hazlo de modo que ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que hace tu derecha. 4 Así tu buena obra quedará oculta y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. […]
19 Y es que el temor los había invadido a él y a todos sus compañeros a No acumulen riquezas en este mundo pues las riquezas de este mundo se apolillan y se echan a perder; además, los ladrones perforan las paredes y las roban. 20 Acumulen, más bien, riquezas en el cielo, donde no se apolillan ni se echan a perder y donde no hay ladrones que entren a robarlas. 21 Pues donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón. […]
25 Por lo tanto les digo: No anden preocupados pensando qué van a comer o qué van a beber para poder vivir, o con qué ropa van a cubrir su cuerpo. ¿Es que no vale la vida más que la comida, y el cuerpo más que la ropa? […]
33 Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios y todo lo justo y bueno que hay en él, y Dios les dará, además, todas esas cosas. 34 No se inquieten, pues, por el día de mañana, que el día de mañana ya traerá sus inquietudes. ¡Cada día tiene bastante con sus propios problemas!

Programa de abril


Tema: Koinonía y mayordomía, desafíos del Evangelio

I. Domingos, 10.30 hrs.

7: “Donde tengas tus riquezas…”: el desafío de la mayordomía cristiana
Lectura bíblica: Mateo 6.1-4; 19-21; 25-34
Expositor: LCO
Dirige: Hna. Lupita Medrano

14: El valor comunitario de los bienes y el dinero según el N.T.
Lectura bíblica: Hechos 5.1-11
Expositor: LCO
Dirige: A.I. David Palomino López

21: XVIII Aniversario de la iglesia
La Iglesia, administradora de la gracia de Dios
Lectura bíblica: I Pedro 4
Expositor: Dr. Edesio Sánchez Cetina
Dirige: H. Consistorio

28: Koinonía, economía, y solidaridad al servicio de Dios y del prójimo
Lectura bíblica: II Corintios 8
Expositor: LCO
Dirigen: Oswaldo Aguilar A. y Mara Ábrego C.

II. Domingos, 17.30 hrs.

7: Reunión de Consistorio

28: Culto vespertino. Tema: “La mayordomía que Dios promueve en su iglesia”
Preside: A.I. Angelita Martínez

III. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: La política de Dios y la política humana: II Reyes

2: Otros milagros de Eliseo (II Reyes 4.1-17)
Moderador: A.I. Rubén Núñez Castro

9: Otros milagros de Eliseo (II) (II Reyes 4.38-44)
Moderadora: A.I. Marthita Arellano

16: Curación del general sirio Naamán (II Reyes 5)
Moderador: Hno. David Ábrego

23: Milagro del hacha y captura de los sirios (II Reyes 6.1-23)
Moderadora: Hna. Marena Ponce

30: El sitio de Samaria (II Reyes 6.24-33)
Moderador: Hno. Pablo F. Sandoval

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...