sábado, 8 de noviembre de 2014

Actividades

OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE NOVIEMBRE. QUE EL SEÑOR SE MANIFIESTE EN CADA UNA DE ELLAS.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 11 de noviembre, 19 hrs.
Modera: Hna. Eunice Palomino López

Llamamiento: Miqueas 4.1-5
Oración de ofrecimiento
Himnos: “Cantad alegres al Señor” (81)
                  “Oh, cuán dulce es fiar en Cristo” (323)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Oseas 1
Tema: ¿Se engañaron los profetas? (I)
Himno: “¿Cómo podré estar triste” (392)
Ofertorio
Bendición pastoral

CRITERIOS DEL VERDADERO PROFETA
Louis Monloubou

Es ésta una cuestión de importancia, ligada con la doctrina de la verdad de la biblia. No hemos de tener reparos en plantearla, ya que la plantean los mismos hechos. Tanto más cuanto que la respuesta que se le dé ha de servirnos para un mejor conocimiento de la verdad profética y por consiguiente de la verdad bíblica.

Contradicciones de los textos entre sí
Hay algunos hechos significativos. Empecemos por las mínimas contradicciones que aparecen en los comentarios que hacen los profetas cristianos sobre el último viaje de Pablo a Jerusalén. Esta subida decisiva a la ciudad santa, preludio de su arresto cada vez más cierto, ¿está favorecida por el Espíritu (Hch 20.22 s), o más bien lo que quiere el Espíritu es apartar al apóstol de ese viaje fatal (Hch 21.4.11)?
Mucho antes en el tiempo, Elías recibe el encargo de impulsar a Jehú a la sublevación en contra del rey de Israel (1 Re 19.16). De hecho, es Eliseo el que suscitará el movimiento de insurrección (2 Re 9.1-26); pero ese complot que había encontrado apoyo en los círculos de profetas que rodeaban a Elías y a Eliseo es condenado más tarde por otro profeta: Oseas (1.4).
En el siglo VIII hay dos profetas que presentan simultáneamente un destino contrario de Jerusalén. Isaías, seguro de que la morada de Yavé en Sión garantiza el valor de las tradiciones que declaran a la ciudad invencible, afirma que la ciudad se librará de la invasión destructora de los asirios. Miqueas, por el contrario, les reprocha a los príncipes, a los sacerdotes, a los profetas de Jerusalén que se apoyen con demasiada facilidad en el dogma de la presencia divina (3.11), Y predice una destrucción de la ciudad comparable con la que acaba de padecer Samaria (3.12; compárese con 1.6). La oposición, como dijimos anteriormente, resulta tanto más interesante cuanto que está ligada al origen geográfico y sobre todo social de los dos predicadores.
El discurso pronunciado contra el templo por Jeremías (7 y 26) da una nueva interpretación de la fe de Isaías, que parece estar en oposición a ella. Isaías predica que la morada de Dios en el templo le vale a Jerusalén una protección que supone una confianza absoluta por parte de sus habitantes (ls 36-37); pero el texto del profeta fue luego recogido por sus discípulos tardíos. Jeremías, por su parte, condena la confianza sin recelos que albergan sus contemporáneos y desea que tengan una confianza condicional, vinculada a la fidelidad de los habitantes del país; anuncia incluso que la infidelidad presente conducirá a la destrucción irremediable del santuario. […]
El caso de Ezequiel es todavía más interesante. Constatando personalmente la inexactitud de un oráculo que él mismo había pronunciado anteriormente, lo corrige proclamando un segundo texto diferente del primero. […]
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

23 – Planeación para 2015, 17:00 hrs.

30 – 1er Domingo de Adviento

"Velad y orad para que no entréis en tentación...", L. Cervantes-O.

9 de noviembre, 2014

Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. Es cierto que tienen buena voluntad, pero les faltan las fuerzas.
Mateo 26.41, La Palabra (Hispanoamérica)

Un inventario de las frases que dedica el Nuevo Testamento a la crítica de la oración como discurso humano debe incluir aquellas afirmaciones que cuestionan radicalmente las tendencias hacia la auto-complacencia que frecuentemente acechan a quienes desean practicar la plegaria: tradiciones, actitudes, prejuicios, excesos, limitaciones… A cada paso, los textos van mostrando caminos alternativos para que esa práctica cumpla sus propósitos divinos y humanos a cabalidad. Siendo lo que es, un puente entre la eternidad de Dios y la temporalidad humana, su ejercicio debe tener muy en cuenta la consigna que tanto citaba Karl Barth, tomada de Eclesiastés: “Que no se precipite tu boca ni se apresure tu mente a pronunciar una palabra ante Dios, porque Dios está en el cielo y tú estás en la tierra. Por eso, sé parco en palabras…” (5.2). El propio Señor Jesucristo, de hecho y dicho, plasmó en los Evangelios diversas orientaciones para responder a la petición de los discípulos sobre una oración propia, pues queda la impresión de que no solamente lo hizo con el llamado Padrenuestro sino que continuó ofreciendo pautas para orar y orar bien.

En un instante supremo de su entrega, abandono y cercanía ante la muerte violenta, Jesús de Nazaret se postra una vez más a orar y deja un inmenso legado de autoridad espiritual al confrontar su doble disposición absoluta (para Dios y para la humanidad) con la escasa o casi nula visión de sus discípulos ante el martirio que estaba a punto de enfrentar. La única arma de que se vale Jesús frente a sus adversario será la oración y la obediencia a la voluntad de su Padre: “Quédense aquí sentados mientras yo voy un poco más allá a orar” (Mt 26.36b). Sólo tres de sus seguidores lo acompañan en la intimidad y a quienes les confiesa la angustia, el dolor y el miedo que experimentó. Él mismo solicita el acompañamiento: “Me está invadiendo una tristeza de muerte. Quédense aquí y velen conmigo” (26.38b). El dramatismo humano que describe el relato es mayúsculo, pues estamos ante un hombre que sabe que será asesinado cruelmente y que busca la fortaleza para enfrentar su muerte únicamente de parte de su Padre. Ninguna lectura piadosa o positivista puede ocultar el hecho de que, aun cuando conocía su destino, dejó de padecer corporalmente la tensión y la crisis de afrontar semejante situación.

Al mirar hacia el Padre, el contenido de la oración está llena de un patetismo y de una sublimidad escalofriantes: “Padre mío, si es posible, aparta de mí esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (26.39b). La experiencia de amargura y desolación es puesta en la balanza de la sumisión ante el peso de las circunstancias y de la voluntad del Padre que lo conducían inevitablemente hacia la muerte prematura e injusta. “Los hombres esperan un Dios que demuestre su potencia. Si Jesús muere condenado como un criminal, despreciarán al Dios de quien se fiaba. Para el sistema de poder, el Dios impotente aparece como falso. […] Aparecen aquí la fuerza y la debilidad de Dios”.[1] Jesús asume la total debilidad, en el extremo de la humanidad inocente que está a merced de un sistema criminal que no vacila en eliminar a quien cree que le estorba para llevar a cabo sus planes. En la historia de Jesús, como en tantas ocasiones, se mezclan los planes superiores del Dios redentor, que trabaja para l redención humana, con los de sistemas humanos que imponen el rigor de la muerte forzada. El resultado es, para el Evangelio, una lección de obediencia y entrega por parte de Jesús, lo que condena a la oscuridad y el juicio a los esbirros de la injusticia y la maldad.

En medio de esta agonía material y espiritual, existencial, Jesús vuelve a mirar a sus seguidores más cercanos y, sin ánimo de recriminarles, les dice. “¿Ni siquiera han podido velar una hora conmigo?” (26.40b). Era lo normal, pues el horizonte mesiánico de Jesús rebasaba totalmente la escasez de miras de sus seguidores que no comprendían todavía los alcances de lo que estaba sucediendo, el grado de complejidad de la labor salvífica de quien estaba enfrentando a los poderes terrenales con la fuerza de la fe y la obediencia, baluartes débiles, pero superiores, ante la brutalidad de una realidad totalmente opuesta a los designios de Dios. “El Padre que se revela en Getsemaní es completamente distinto del Dios que la humanidad conocía. No es el Dios de la imposición y el triunfo, sino el Padre que acepta su fracaso ante la historia con tal de ser fiel a su amor y hacer posible al hombre su plenitud” (Idem).

Las palabras que inmediatamente pronuncia el Señor marcarían para siempre la vida de los discípulos y orientarían la ruta a seguir en su existencia como servidores del Reino de Dios: “Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. Es cierto que tienen buena voluntad, pero les faltan las fuerzas” (26.41). “Jesús recomienda a los tres discípulos que estén en vela con él. Deben presenciar la terrible sensación de fracaso que supone una muerte como la suya. A los ojos del mundo, Jesús no va a ser liberado ni reivindicado. Los enemigos van a triunfar y su dios va a ser considerado como el verdadero”.[2] Jesús ha elevado una petición condicionada (“Padre mío, si no es posible que esta copa de amargura pase sin que yo la beba…”, 26.42b), con lo que reconoce que no le es posible penetrar a las profundidades del designio divino y recomienda lo mismo a los discípulos. Invocar a Dios como Padre también es llegar a ese nivel de compenetración y confianza: no se deja de expresar la ansiedad y el deseo, pero tampoco se impone algo, irresponsablemente, a la soberanía divina, incuestionable. A la dictadura de la realidad no se le opone la concepción o práctica de una fe ajena a los motivos incontrolables de la supremacía divina. No es con golpes de timón espectaculares o superficiales como Dios arregla las cosas: lo que ha de suceder irremediablemente debe pasar por el filtro de la contingencia y de la permisividad divina. Jesús no pasa por encima de estas realidades y, finalmente, llega a la conclusión teológicamente más sana: “…hágase lo que tú quieras” (26.42c), congruente en absoluto con la oración que enseñó antes (6.10).

Pero velar y orar es la tarea del discípulo/a de ayer y siempre. El sueño pesado impide tener claridad para advertir lo que está aconteciendo y el Señor lo subraya, pero las cosas siguen su curso y él las afrontará, no estoicamente, sino luego de esta lección de lucha y agonía que atraviesa a la fe cristiana de arriba abajo y que queda deja constancia de las raíces profundas de la manera en que pasó por los demás tragos amargos de la tortura y la muerte ignominiosa. Velar y orar para no entrar en tentación, ésa es la encomienda del Maestro. Si la carne es débil pues se cimbra ante la intensidad de los conflictos, la fortaleza espiritual vendrá como sustento del propio Dios.



[1] J. Mateos y F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Madrid, Cristiandad, 1981, p. 259.
[2] Ibid., pp. 259-260.

Mateo 26.36-46

La Palabra (Hispanoamérica)


36 Llegó Jesús, acompañado de sus discípulos, al lugar llamado Getsemaní, y les dijo: —Quédense aquí sentados mientras yo voy un poco más allá a orar. 37 Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentirse afligido y angustiado; 38 entonces les dijo: —Me está invadiendo una tristeza de muerte. Quédense aquí y velen conmigo. 39 Se adelantó unos pasos más y, postrándose rostro en tierra, oró así: —Padre mío, si es posible, aparta de mí esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

40 Volvió entonces a donde estaban los discípulos y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: —¿Ni siquiera han podido velar una hora conmigo? 41 Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. Es cierto que tienen buena voluntad, pero les faltan las fuerzas. 42 Por segunda vez se alejó de ellos y oró así: —Padre mío, si no es posible que esta copa de amargura pase sin que yo la beba, hágase lo que tú quieras. 43 Regresó de nuevo a donde estaban los discípulos, y volvió a encontrarlos dormidos pues tenían los ojos cargados de sueño. 44 Así que los dejó como estaban y, apartándose de ellos, oró por tercera vez con las mismas palabras. 45 Cuando volvió, les dijo: —¿Aún siguen durmiendo y descansando? Fíjense que ha llegado la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vámonos! Ya está aquí el que me va a entregar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Letra 392, 2 de noviembre de 2014

LUCHA POR LA SOBREVIVENCIA
Karl Barth, Instantes
Santander, Sal Terrae, 2005, pp. 69-70.

“El clamor de su servidumbre llegó a Dios” (Éxodo 2.23)

El hecho de que el trabajo esté por hacer responde ciertamente al mandamiento de Dios creador. Pero al realizarlo, incurrimos casi inevitablemente en una contradicción con respecto a lo que con dicho mandamiento se pretendía. En este punto debe quedar claro que incluso con nuestro mejor hacer somos seres humanos trastornados en un mundo trastornado. El trabajo humano podía y debía tener lugar en el marco de una convivencia. Sin embargo, la realidad en el mundo del trabajo es precisamente la lucha por la supervivencia, la inhumana humanidad sin los demás seres humanos y contra ellos. Uno quiere hacerlo mejor que el otro porque desea recibir más que él, para beneficio propio y perjuicio del otro. Sólo se puede trabajar bien, en el fondo, cuando se trabaja favoreciendo a otro. Y un pan que alimente, y que deba ser ganado mediante el trabajo, sólo puede ser el pan compartido con quienes trabajan con uno.

Si lo que le importara a cada cual fuera simplemente lo que de verdad necesita, los seres humanos estarían también juntos a la hora de trabajar para obtener su pan de cada día. El señorío de las apetencias vacuas es el auténtico material explosivo social: la apetencia de una sobreabundancia que no es la sobreabundancia hermosa de la vida, sino tan sólo la sobreabundancia de lo carente de valor. Está claro que el mandamiento de Dios siempre será un llamamiento a movimientos contrarios —a favorecer la humanidad, a tomar partido por los débiles—. Y está claro que esto debe llegar a expresarlo la voz de la comunidad cristiana. Su palabra decisiva sólo puede consistir en el anuncio de la revolución de Dios contra toda “impiedad e injusticia de los seres humanos”.
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LAS REGLAS DE LA ORACIÓN (III)
Juan Calvino
Institución de la Religión Cristiana, Libro III, capítulo XX

3ª La humildad: ni sentimiento de propia justicia, ni confianza en sí mismo
A estas dos reglas hay que añadir una tercera: que todo el que se presenta delante de Dios para orar se despoje de toda opinión de su propia dignidad, y, en consecuencia, arroje de si la confianza en si mismo, dando con su humildad y abatimiento toda la gloria a Dios; y esto por miedo a que si nos atribuimos a nosotros mismos alguna cosa, por pequeña que sea, no caigamos delante de la majestad divina con nuestra hinchazón y soberbia. 
Tenemos innumerables ejemplos de esta sumisión, que abate toda elevación en los siervos de Dios; de los cuales cuanto más santo es alguno, tanto más, al presentarse delante de Dios se abate y humilla. De esta manera Daniel, tan ensalzado por boca del mismo Dios, dice; “No elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído Señor, y hazlo y no tardes por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Dan.9, 18—19). Ni tampoco se debe decir que, según la costumbre común. él se pone entre los demás contándose como uno de ellos, sino más bien que en su propia persona se declara pecador y se acoge a la misericordia de Dios, como él mismo abiertamente lo atestigua diciendo: después de haber confesado mis propios pecados y los de mi pueblo. De esta humildad también David nos sirve de ejemplo: “No entres en juicio con tu siervo, porque no se justificará delante de ti ningún ser humano” (Sal. 143,2).
De la misma forma oraba Isaías: “He aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo: ¿podremos acaso ser salvos? Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. Ahora, pues, oh Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. No te enojes sobremanera, Jehová, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad; he aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros” (Is. 64,5—9). He aquí cómo ellos en ninguna otra confianza se apoyan más que en ésta: que considerándose del número de los siervos de Dios, no desesperan que Dios haya de mantenerlos debajo de su amparo y protección. 
No habla de otra manera Jeremías cuando dice: “Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre” (Jer. 14,7). Por tanto, lo que está escrito en la profecía de Baruc, —aunque no se sabe quién es su autor es muy grande verdad y está dicho muy santamente: “El alma triste y desolada por la grandeza de su mal, el alma agobiada, débil y hambrienta, y los ojos que desfallecen te dan a ti, oh Señor, la gloria. No según las justicias de nuestros padres presentamos delante de ti nuestras oraciones, ni pedimos ante tu acatamiento misericordia; mas porque tú eres misericordioso, ten misericordia de nosotros, puesto que hemos pecado delante de ti”.
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MÉXICO: UN ESTADO FALLIDO PLANIFICADO (I)
Raúl Zibechi, Ecupres, 29 de octubre de 2014
http://ecupres.wordpress.com/2014/10/29/mexico-un-estado-fallido-planificado/

El Estado se ha convertido en una institución criminal donde se fusionan el narco y los políticos para controlar la sociedad. Un Estado fallido que ha sido construido en las dos últimas décadas para evitar la mayor pesadilla de las elites: una segunda revolución mexicana.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, grita María Ester Contreras, mientras veinte puños en alto corean la consigna sobre el estrado de la Universidad Iberoamericana de Puebla, al recibir el premio Tata Vasco en nombre del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (Fundem), por su trabajo contra las desapariciones forzadas. La escena es sobrecogedora, ya que los familiares, casi todas madres o hermanas, no pueden contener llantos y lágrimas cada vez que hablan en público en el XI Foro de Derechos Humanos.

Nada que ver con la genealogía de las desapariciones que conocemos en el Cono Sur. En México no se trata de reprimir, desaparecer y torturar militantes sino algo mucho más complejo y terrible. Una madre relató la desaparición de su hijo, un ingeniero en comunicaciones que trabajaba para IBM, secuestrado por el narco para forzarlo a construir una red de comunicaciones a su servicio. “Le puede tocar a cualquiera”, advierte, diciendo que toda la sociedad está en la mira y que, por lo tanto, nadie debería permanecer ajeno.

Fundem nace en 2009, en Coahuila, y ha logrado reunir a más de 120 familias que buscan a 423 personas desaparecidas, que a su vez trabajan con la Red Verdad y Justicia, que busca a 300 migrantes centroamericanos desaparecidos en territorio mexicano. “Daños colaterales” los llamó el ex presidente Felipe Calderón, tratando de minimizar la tragedia de las desapariciones. “Son seres que nunca tuvieron que haber desaparecido”, replica Contreras.

Peor que el Estado Islámico
Un comunicado de Fundem, con motivo de la Tercera Marcha de la Dignidad celebrada en mayo, destaca que “según la Secretaría de Gobernación, hasta febrero de 2013, se contaban 26.121 personas desaparecidas”, desde que Calderón declaró la “guerra al narcotráfico” en 2006. En mayo de 2013,  Christof  Heyns,  relator  especial  de ejecuciones extrajudiciales de las Naciones Unidas dijo que el gobierno reconoció 102.696 homicidios en el sexenio de Calderón (un promedio de 1.426 víctimas por mes). Pero en marzo pasado, tras 14 meses del actual gobierno de Peña Nieto, el semanario Zeta contabilizaba 23.640 homicidios (1.688 al mes).

La cadena informativa Al Jazeera difundió un análisis donde se comparan las muertes provocadas por el Estado Islámico (EI) con las masacres del narco mexicano. En Irak, en 2014, el EI ha acabado con la vida de 9.000 civiles, en tanto el número de víctimas de carteles mexicanos en 2013 sobrepasó las 16.000 (Russia Today, 21 de octubre de 2014). Los carteles llevan a cabo cientos de decapitaciones todos los años. Han llegado a desmembrar y mutilar los cuerpos de las víctimas, para después exponerlos para atemorizar a la población. “Con el mismo propósito, los carteles también atacan a niños y mujeres, y, al igual que el EI, publican las imágenes gráficas de sus delitos en las redes sociales”.

Muchos medios de comunicación han sido silenciados a través de sobornos o intimidaciones y desde 2006 los carteles han sido responsables del asesinato de 57 periodistas. El Estado Islámico asesinó dos estadounidenses, cuyos casos ganaron los grandes medios, pero pocos saben que los carteles mexicanos asesinaron 293 ciudadanos estadunidenses entre 2007 y 2010.

La pregunta no es, no debe ser, quiénes son más sanguinarios, sino porqué. Desde que sabemos que Al Qaeda y el Estado Islámico han sido creados por la inteligencia estadounidense, bien vale la pregunta sobre quiénes están detrás del narcotráfico.

Diversos estudios y artículos periodísticos de investigación destacan la fusión entre autoridades estatales y narcos en México. La revista Proceso destaca en su última edición que “desde el primer trimestre de 2013 el gobierno federal fue alertado por un grupo de legisladores, activistas sociales y funcionarios federales acerca del grado de penetración del crimen organizado en las áreas de seguridad de varios municipios de Guerrero”, sin obtener la menor repuesta (Proceso, 19 de octubre de 2014).

Analizando los vínculos detrás de la reciente masacre de los estudiantes de Ayotzinapa (seis muertos y 43 desaparecidos), el periodista Luis Hernández Navarro concluye que el hecho “ha destapado la cloaca de la narcopolítica guerrerense” (La Jornada, 21 de octubre de 2014). En ella participan miembros de todos los partidos, incluyendo al PRD, de centro izquierda, donde militaba el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, directamente implicado en la masacre.

Raúl Vera fue obispo en San Cristóbal de las Casas cuando la jerarquía decidió apartar de esa ciudad a Samuel Ruiz. Pero Vera siguió el mismo camino de su antecesor y ahora ejerce en Saltillo, la ciudad del estado de Coahuila de donde provienen varias madres que integran Fundem. Ellas no tienen local propio y re reúnen en el Centro Diocesano para los Derechos Humanos. El obispo y las madres trabajan codo a codo.


En 1996 Vera denunció la masacre de Acteal, donde 45 indígenas tzotziles fueron asesinados mientras oraban en una iglesia de la comunidad, en el estado de Chiapas, entre ellas 16 niños y adolescentes y 20 mujeres. Pese a que la masacre fue perpetrada por paramilitares opuestos al EZLN, el gobierno intentó presentarlo como un conflicto étnico.

Actividades

PARTICIPEMOS TODOS/AS EN EL TEMA: PROYECCIÓN MUSICAL DE LA MUERTE, HOY A LAS 17.30

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 4 de noviembre, 19 hrs.
Modera: Hna. Alma Laura Adame H.

Llamamiento: Miqueas 3.1-4
Oración de ofrecimiento
Himnos:
   “Venid, nuestra voces alegres unamos” (73)
            “Buen Salvador, a ti yo acudo” (100)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Miqueas 3.5-12
Tema: Los criterios del verdadero profeta
Himno: “Santo Espíritu, renueva” (275, 1ª y 4ª)
Ofertorio
Bendición pastoral

CRITERIOS DEL VERDADERO PROFETA
Louis Monloubou

¿Cuál es en definitiva el verdadero profeta? La cuestión puede parecer banal, pero evoca sin embargo una crisis especialmente' dolorosa con la que chocó la fe bíblica.
La cuestión no se planteó al principio. Incluso aquella historia sorprendente del “viejo profeta” y del “hombre de Dios” (1 Re 13.11-32) concede el mismo título de ortodoxia a cada uno de los dos rivales. Los textos bíblicos no suscitan esta cuestión más que con la llegada al reino de Samaría de la dinastía de Omrí. Esta dinastía mantiene estrechas relaciones con Fenicia; Ajab, hijo de Omrí, se casa con Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, y establece oficialmente en Samaría el culto de Baal (1 Re 16.31-33). Aparecen entonces los “profetas de Baal”, que se encuentran a centenares (1 Re 18.22-25); Elías organiza su matanza (18.40), después de que Jezabel había hecho exterminar a “los profetas de Yayé”, 18.13).
En este momento, la distinción entre las dos corporaciones de profetas parece oficial; por otra parte, resulta fácil de definir. Josafat no se engaña: cuando quiere “consultar la palabra de Yavé”, no queda satisfecho de los «profetas» que le trae Ajab y pide “otro profeta” que realice una consulta a Yavé más auténtica. Los cuatrocientos no son designados expresamente como “profetas de Baal”, pero, lo mismo que todo el pueblo, “caminan con muletas” (18.20 s). Y Josafat lo sabe; él quiere un profeta auténtico de Yavé. El problema comienza a asomar.
Este problema tuvo que plantearse de forma más estricta todavía en la época de Isaías y de Miqueas; los dos, pero sobre todo el segundo, pronuncian contra “profetas y videntes” juicios muy severos (Miq 3.5.6.11; Is 28.7). pero el problema resulta más difícil al acercarse la época del destierro. Existe entonces un cuerpo de profetas en desacuerdo total con Jeremías (Jr 14.13-16; 23.9-40). Jeremías no vacila ante ellos: esos hombres “profetizan en nombre de Baal” (2.8; 5.31). Ezequiel conoce esta misma dificultad con “los profetas de paz” (Ez 13; cf. v. 10 y 16): un título y un tema de predicación, cuya ambigüedad ya había sido subrayada por Miqueas (3.5) Y luego por el mismo Jeremías (14.13; 28.9). […]
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

8 – Paseo de evangelización

9 – Reunión de Consistorio

"Señor, enséñanos a orar...", L. Cervantes-O.

2 de noviembre, 2014

Una vez estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó de orar, uno de los discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a orar, al igual que Juan enseñaba a sus discípulos.
Lucas 11.1, La Palabra (Hispanoamérica)

Difícil, mas no imposible, es para el hombre adquirir el arte de orar. […]
Por principio de cuentas, entra la virtud de la fe. Sin fe no hay oración; una fe débil no es el apoyo necesario para la auténtica oración.
Cuando el hombre reconoce su incapacidad radical de superar las circunstancias graves que amenazan su integridad, hasta el punto de afrontar la realidad, siente entonces en lo más profundo de sí mismo la necesidad de orar, se siente ligado a un Ser superior.
La vida no puede estar centrada en uno mismo, en el hombre. Éste tiene imperiosa necesidad de abrirse.
Cuando el hombre cree que es el único protagonista de su obra, entonces la oración es únicamente “tiempo perdido”, como si no fuera necesaria la oración y tampoco fuera necesario Dios.[1]

Aprender a orar con el Maestro de Dolores, con el Primogénito de la Creación, no fue ni es poca cosa. Aprender de sus labios el mejor modelo de oración es una experiencia indescriptible, útil para toda vida de fe. Ver al Maestro y Profeta por excelencia “orando en cierto lugar” debió ser el testimonio de una relación de amor inquebrantable, permanente y a prueba de cualquier intersticio de duda. Saber que el Maestro no perdió jamás la comunicación con el Creador y Padre era la garantía y seguridad absoluta de que las promesas se cumplirían, una por una, a su tiempo y en el lugar preciso. Estamos, pues, ante el umbral de la suprema Escuela de Oración, a punto de aprender el Alfabeto de la plegaria, por parte de aquél que, habiendo provenido de las entrañas mismas de la divinidad consideró siempre que el contacto con su Padre debió mantenerse incólume, sin rasgaduras ni suspensiones. Él oraba en todo tiempo para mantener esa conexión fluida, limpia, sana, interminable…
El Maestro, apegado a su permanente hábito de acercarse al Padre, es referido en un momento más de plegaria, de cuyo contenido no podremos enterarnos, pues sólo se menciona que lo hizo “en cierto lugar” indeterminado, pero que ocuparía un espacio privilegiado en la memoria de los discípulos.

El capítulo 11 de Lucas presenta el primer bosquejo de “escuela de oración”. Jesús sugiere el punto fundamental del método y los contenidos esenciales por verificar en el encuentro con el Padre que está en los cielos. Es como el revelarse de la esencia de tantos silencios que marcan la vida de Jesús, cuando buscan los lugares solitarios, las cimas de los montes o el espacio envolvente de una noche de oración. En el capítulo 11 también aparece el misterio de un silencio, “Jesús ora en cierto lugar”, que suscita en los discípulos reverente respeto ante una oración importante y deseo de aprender lo que Jesús ha vivido.[2]

Los discípulos comenzaron a aprender a orar desde que vieron a Jesús en su permanente búsqueda del Padre, una búsqueda dentro del mundo, de la historia, para poder ser capaz de otorgar sentido a todo lo que hacía, lo que veía, lo que le afectaba. Era, en definitiva, una oración situada, diferente a aquel contacto en la eternidad de lo divino del corazón de lo sagrado, desde donde se desprendió para vivir entre los seres humanos, humano él mismo, sin fisuras ni falsas solidaridades, plenamente comprometido con la existencia, la angustia, el sufrimiento, la alegría y todos los dones que Dios entregó a la humanidad. La oración es una expresión de adhesión a los proyectos del Padre (E. Masseroni), por lo que al abrir los labios en esa dirección se sigue la orientación de Jesús mismo. “La oración no es, pues, aquello de lo que se habla, sino una experiencia que se vive y suscita la nostalgia de Dios. En Jesús es un testimonio que habla por sí solo: se autorrevela. […] Jesús enseña a orar orando. El Padrenuestro es la manifestación de una comunión vivida. De la oración no surgen solamente las curvas que deciden el camino de la misión en el mundo, sino también la fuerza y el secreto de la fidelidad al proyecto del Padre en su realización”.[3]
Se debe aprender a orar para discernir y entrar a participar de los tiempos y acciones de Dios. Los discípulos percibieron que el movimiento de Juan el bautista era distinto al de Jesús y dedujeron también que debían orar en una dirección diferente. Acaso para canalizar sus ímpetus libertarios violentos o para realizar las acciones que su maestro esperaba de ellos. “La oración había de corresponder a la novedad de su predicación, había de ser un distintivo que uniera a sus discípulos entre sí y los separara de los demás. También los discípulos de Jesús quieren poseer una oración que fluya de la proclamación del reino de Dios y esté marcada por el hecho salvífico, cuyos testigos han venido a ser ellos”.[4] Lo cierto es que el distintivo de esta nueva oración vendría a ser el sello de una espiritualidad para la acción y de una acción espiritual en permanente servicio, de la misma manera como lo vivió Jesús a cada momento.
Se le pide al Señor, ahora mismo, que nuevamente nos enseñe a orar, para superar los lenguajes caducos, anquilosados, adocenados, que nos hacen repetir, detrás de fórmulas aprendidas y repetidas en exceso, las mismas cosas, las mismas orientaciones. Por eso la oración tiene que renovarse continuamente para sintonizar nuevamente con el espíritu de Jesús y así lograr lo que él mismo buscó con sus discípulos: “que debían orar en cualquier circunstancia, sin jamás desanimarse” (Lc 18.1). En esa otra ocasión les contó una historia al respecto, la de una viuda persistente que solicitaba justicia. ¿Acaso era una voz como las que ahora se escuchan en esas familias mutiladas y expectantes ante la posible muerte de sus hijos?

La situación de vida y el actuar de esta viuda no presentan un caso aislado en la antigüedad. Con su ejemplo, la parábola condensa la experiencia de muchas viudas, las cuales, conforme la tradición veterotestamentaria, tantas veces están expuestas a la injusticia y a la no realización de sus derechos. La parábola de Jesús asume positivamente la experiencia de esta viuda que lucha por su derecho, y lo conquista. Con esto, la parábola quiere estimular y animar a las personas creyentes a la oración activa y continua en medio de los sufrimientos de la vida. Por lo tanto, la parábola refleja la situación de vida de las viudas que, muchas veces, tuvieron que levantarse e imponerse para garantizar sus derechos.[…]
Aquí viene a flote nuevamente el hecho de que Dios toma partido a favor de las personas excluidas. ¡Dios hará que el derecho y la justicia se hagan realidad, y esto a partir de su misericordia! Esto significa simultáneamente el juicio de aquellas personas que tienen endurecido su corazón, que no se convierten y que, en situaciones de injusticia, causan mucho sufrimiento e injusticia (Rm 2.4-10). Esta paciencia de Dios, llena de misericordia y relacionada también con el juicio, pertenece a la tradición bíblica (Ex 34.6ss; Sal 7.12; Jr 15.15; Si 35 y otros). Esta paciencia, por lo tanto, es característica de Dios: Dios es, por así decirlo, contrapuesto, como juez paciente/misericordioso, al juez injusto.[5]



[1] José R. Ramírez, “Señor, enséñanos a orar”, en El Informador, Guadalajara, www.informador.com.mx/suplementos/2010/220562/6/senor-ensenanos-a-orar.htm.
[2] Enrico Masseroni, Enséñanos a orar. Un camino a la escuela del Evangelio. 2ª ed. Madrid, San Pablo, 2010, p. 85.
[3] Ibid., pp. 85-86.
[4] “La nueva oración”, en www.mercaba.org/FICHAS/BIBLIA/Lc/LUCAS-11.htm.
[5] Ivoni Richter Reimer, “El poder de una protagonista. La oración de las personas excluidas (Lc 18,1-8)”, en RIBLA, núm. 25, www.claiweb.org/ribla/ribla25/el%20poder%20de%20una%20protagonista.html.

Lucas 11.1-13



LA PALABRA (HISPANOAMÉRICA)

1 Una vez estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó de orar, uno de los discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a orar, al igual que Juan enseñaba a sus discípulos. 2 Jesús les dijo: —Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre./ Venga tu reino./ 3 Danos cada día el pan que necesitamos./ 4 Perdónanos nuestros pecados,/ como también nosotros perdonamos/ a quienes nos hacen mal./ Y no permitas que nos apartemos de ti.

5 Luego les dijo: —Supongan que uno de ustedes va a medianoche a casa de un amigo y le dice: “Amigo, préstame tres panes, 6 porque otro amigo mío que está de viaje acaba de llegar a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle”. 7 Supongan también que el otro, desde dentro, contesta: “Por favor, no me molestes ahora. Ya tengo la puerta cerrada y mis hijos y yo estamos acostados. ¡Cómo me voy a levantar para dártelos!”. 8 Pues bien, les digo que, aunque no se levante a darle los panes por razón de su amistad, al menos para evitar que lo siga molestando, se levantará y le dará todo lo que necesite. 9 Por eso les digo: Pidan y Dios los atenderá, busquen y encontrarán; llamen y Dios les abrirá la puerta. 10 Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra, y al que llama, Dios le abrirá la puerta. 11 ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?

sábado, 1 de noviembre de 2014

Programa de noviembre

TEMA SEMESTRAL: UNA ORACIÓN PARTICIPATIVA
Tema: LA ORACIÓN, PRÁCTICA ESPIRITUAL PERMANENTE

I. Domingos, 10.30 hrs.

2: Señor, enséñanos a orar…”
Lectura bíblica: Lucas 11.1-13
Dirige: Hno. Genaro Barnard
Expositor: LCO

9: “Velad y orad para que no entréis en tentación…”
Lectura bíblica: Mateo 26.36-46
Dirige: D.I. Laura Cabrera Berrocal
Expositor: LCO

16: ¿Qué hemos de pedir cómo conviene?, no lo sabemos…”
Lectura bíblica: Romanos 8.26-39
Dirige: Hno. David Ábrego
Expositor: LCO

23: “Piden sin recibir, porque piden mal…”
Lectura bíblica: Santiago 4.1-10
Dirige: A.I. Sandra A. Salgado Adame
Expositor: A.I. Vicente Orozco Gallegos

30: Las oraciones de los santos y la justicia de Dios
Lectura bíblica: Apocalipsis 5
Dirigen: Rebeca Fernández M. y Jair Ramírez R.
Expositor: LCO

II. Domingos, 17.30 hrs.
2: Proyección musical de la muerte
9: Reunión de Consistorio

II. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: El profetismo bíblico: cumbre de la religión antigua

4: Los criterios del verdadero profeta (Miqueas 3.5-12)
Modera: Hna. Alma Laura Adame Hernández

11: ¿Se engañaron los profetas? (I) (Oseas 1)
Modera: Hna. Eunice Palomino López

18: ¿Se engañaron los profetas? (II) (Jonás 1)
Modera: Hna. Marena Ponce

25: El cumplimiento de las profecías (Daniel 7)

Modera: A.I. Angelita Martínez

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...