sábado, 13 de junio de 2015

El pueblo de Dios mira siempre hacia adelante, L. Cervantes-O.

14 de junio, 2015

Entonces el Señor dijo a Moisés: —¿A qué vienen esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú levanta tu vara y extiende la mano sobre el mar que se abrirá en dos para que los israelitas lo atraviesen pisando en seco.
Éxodo 14.15-16, La Palabra (Hispanoamérica)

El paso del Mar Rojo por parte de los hebreos liberados de la esclavitud en Egipto es uno de los momentos paradigmáticos de toda la historia bíblica. Su carácter anti-épico, pues el tono del relato se halla centrado únicamente en la intervención directa de Dios para permitir que los antiguos esclavos accedieran a la libertad, realza la manera en que se cumplirían progresivamente las promesas que acompañaron todo el proceso. Al escuchar el clamor de las tribus, Dios mismo se levantó, se puso en marcha para conseguir la movilización física y espiritual de su pueblo y así instalarse él mismo en la historia como un Dios ligado a las ansias libertarias de la humanidad. El gran episodio del éxodo simboliza también la forma en que toda acción divina es capaz de transformar el presente y de proyectarlo hacia un futuro nuevo e inimaginable, en el que es posible encontrarse con otras facetas del rostro de Dios y así profundizar permanentemente en la realidad de su amor.

Uno de los instantes climáticos de esa gran gesta aconteció cuando el pueblo tuvo que afrontar el inmenso desafío de atravesar, así fuera en su parte más estrecha, el paso del Mar Rojo, a fin de alejarse definitivamente de cualquier contacto con lo que representó para él los años vividos en la sumisión a Egipto. Las tribus no estaban iniciando un viaje turístico ni mucho menos: se encontraban en el umbral del desierto y las famosas palabras proferidas por Yahvé en este contexto son, además de alentadoras, sumamente riesgosas. Mirar hacia adelante, tal como debe ser la actitud continua del pueblo de Dios, puede tener como contraparte que el camino hacia el cual se debe seguir sea el desierto mismo, esto es, un espacio aparentemente desprovisto de vida, de comodidades, pero potencialmente lleno de riquezas espirituales, de diálogo con Dios, de comunión, en este caso, sumamente desafiante al venir de las aparentes “ventajas” de Egipto: comida segura, especialmente, pero en el marco de la esclavitud y la sumisión.

La narración del paso del Mar Rojo trae hasta nuestros ojos la incertidumbre, la duda y la vacilación de todo un pueblo concentrado en un solo lugar que deberá tomar una decisión colectiva para asumir plenamente los planes divinos de libertad. Acerca de la orden para marchar hacia adelante (14.15) escribe Xabier Pikaza:

Hay un momento en que la decisión resulta inevitable. Es el momento de ruptura. […] Entonces resulta necesaria la decisión y nadie puede asumirla por nosotros: ni los ángeles del cielo, ni los astros, ni siquiera el mismo Dios excelso. Dios nos encamina, nos promete su asistencia, pero luego quiere que nosotros mismos asumamos nuestro riesgo y decidamos […]
Sólo cuando empezamos a avanzar envía Dios su viento y seca el agua de los mares. De esa forma muestra que la libertad es don que sobrepasa nuestras fuerzas: nosotros las buscamos y es ella la que viene a nuestro encuentro, destruyendo las murallas y los mares que cerraban el camino.[1]

Dios no puede relacionarse con un pueblo que no esté dispuesto a la aventura renovadora y creativa en medio de una historia cuyas contradicciones no cesan nunca. Las historias personales, familiares, colectivas, subsidiarias todas de una historia mayor que Él en su soberanía y profundo amor va desplegando ante nosotros, como siempre lo ha hecho con su pueblo, adquirirán nuevas dimensiones al interpretar progresivamente sus acciones concretas. Y podemos confesar que no nos agradan necesariamente los desiertos a los que nos ha llamado y nos seguirá llamando tantas veces, pues los desiertos donde es posible el encuentro con Dios son espacios de melancolía, ansiedad y precariedad, pero también puede llevarnos por lugares pletóricos de bendiciones materiales y espirituales. “La imagen que el texto da de la vida en el desierto es la de una persona que no lo conoce y vive en la ciudad. El desierto es comprendido como un lugar de grandes peligros y donde el riesgo de no contar con agua o alimentos es la preocupación cotidiana. La muerte ronda en cada jornada y el sentimiento de que allí no hay muchas posibilidades de sobrevivir está presente en cada nueva escena”.[2] Fe, sobrevivencia y confianza plena en el amor divino: he ahí la tríada a la que se refieren las profundidades del texto.

Yahvé es el estratega de la liberación y de la salida del laberinto geográfico, psicológico y político: “El faraón pensará que los israelitas no saben salir de Egipto y que el desierto les cierra el paso. Y yo haré que el faraón no se dé por vencido y los persiga; y de nuevo mostraré mi gloria a costa de él y de todos sus ejércitos. Así los egipcios tendrán que reconocer que yo soy el Señor” (14.3-4). Dios mostrará su gloria justamente al lado de la multitud llena de pánico ante el peligro inminente de una muerte trágica (14.11-12). Todo dependía de que el pueblo cumpliera las órdenes sistemáticamente al pie de la letra. El obstinado faraón, sin saber a ciencia cierta que estaba librando una guerra desigual contra el Dios de los esclavos, se suma a los planes divinos para dar lustre a la labor de introducirlos, poco a poco, al vergel de una vida plena y auténtica, aunque aún faltaba mucho tiempo para ello.

En la experiencia de las tribus hebreas, el desierto se volverá un escenario de múltiples experiencias en donde el cuidado de Dios se hará presente: el agua en la roca, el maná, las codornices… Diversas manifestaciones extraordinarias del amor de un Dios que siempre está atento al porvenir de su pueblo, incluso en instantes límite en los que las fuerzas humanas flaquean al máximo. Los múltiples éxodos que nos son presentados demandan de nosotros hoy una confianza ciega en el amor de Dios que podrá sustentarnos en medio de cualquier circunstancia, pero sin dejar jamás de mirar hacia adelante, pues ésa debe ser la vocación irrenunciable del pueblo de Dios permanentemente.

Cuando termina el eco de los cantos, llega la exigencia del camino. El problema no son los opresores, que han quedado atrás, hundidos en el mar o destruidos en su misma prepotencia ciega. El problema son los liberados que ahora deben inventar su propia marcha en actitud de gracia, en solidaridad compartida y valentía. Antes era fácil: bastaba resistir o responder en contra. Ahora es preciso inventar la libertad, aprendiendo a caminar de forma nueva, en el desierto.[3]





[1] X. Pikaza, “Éxodo: libertad, principio de la historia”, en Para leer la historia del pueblo de Dios. Estella, Verbo Divino, 1990, pp. 80-81.
[2] Pablo Andiñach, “El camino del desierto: angustia y experiencia de la protección de Dios”, ponencia presentada en XXXIV Semana de Estudios CEFyT: “La palabra de Dios escuchada y compartida nos libera y humaniza”, www.dropbox.com/s/2vde1kh8azqpe5v/El%20camino%20del%20desierto.docx.
[3] X. Pikaza, op. cit., p. 81.

Éxodo 14.1-18


1 El Señor dijo a Moisés: 2 —Di a los israelitas que cambien de dirección y acampen en Pi Ajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Que instalen las tiendas mirando al mar. 3 El faraón pensará que los israelitas no saben salir de Egipto y que el desierto les cierra el paso. 4 Y yo haré que el faraón no se dé por vencido y los persiga; y de nuevo mostraré mi gloria a costa de él y de todos sus ejércitos. Así los egipcios tendrán que reconocer que yo soy el Señor.
Los israelitas cumplieron esta orden. 5 Cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el faraón y sus cortesanos cambiaron de parecer con respecto a los israelitas, y se dijeron: “¿Qué es lo que hemos hecho? Hemos dejado marchar a los israelitas, quedándonos sin mano de obra”. 6 Entonces el faraón mandó preparar inmediatamente su carro y reunió a su ejército: 7 los seiscientos carros mejor equipados y el resto de los carros de Egipto, con sus correspondientes capitanes. 8 Y el Señor hizo que el faraón, el rey de Egipto, se obstinase en perseguir a los israelitas que habían partido en plan de vencedores. 9 Los egipcios con todo su ejército, con carros y caballería, salieron a perseguir a los israelitas y les dieron alcance en el lugar donde estaban acampados, a orillas del mar, junto a Pi Ajirot, frente a Baal Sefón. 10 En cuanto los israelitas se percataron de que el faraón y su ejército iban hacia ellos, muertos de miedo clamaron al Señor, 11 y dijeron a Moisés: —¿Es que no había sepulcros en Egipto, para que nos hicieses venir a morir al desierto? ¿Para esto nos has sacado de Egipto? 12 ¿No te decíamos allí que nos dejaras en paz sirviendo a los egipcios, pues más nos valía ser esclavos suyos que morir en el desierto? 13 Y Moisés respondió al pueblo: —No tengan miedo; manténganse firmes y verán la victoria que el Señor les va a conceder hoy; a esos egipcios que ahora ven, les aseguro que no los verán nunca más. 14 El Señor luchará por ustedes que sólo deben esperar en silencio.

15 Entonces el Señor dijo a Moisés: —¿A qué vienen esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha.16 Y tú levanta tu vara y extiende la mano sobre el mar que se abrirá en dos para que los israelitas lo atraviesen pisando en seco. 17 Yo haré que los egipcios se empeñen en alcanzarlos y se metan en el mar detrás de ustedes. Entonces manifestaré mi poder sobre el faraón y todo su ejército, sobre sus carros y su caballería. 18 Y cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de su caballería, los egipcios tendrán que reconocer que yo soy el Señor.

sábado, 6 de junio de 2015

Letra 421, 7 de junio de 2015

CULTO POLÍTICO
Karl Barth
Instantes. Santander, Sal Terrae, 2005, p. 108.

Procurad el bien de la ciudad y orad por ella.
Jeremías 29.7

L

a Iglesia no debe nunca dejar de ser la Iglesia. La comunidad cristiana tiene una tarea de la que la comunidad civil jamás podrá eximirle y a que tampoco puede desempeñar de la manera en que la comunidad civil desempeña la suya. Anuncia el señorío de Jesucristo y la esperanza en el Reino venidero de Dios. La comunidad civil no tiene que transmitir ningún mensaje de este género, aunque sí se le pide que no prescinda de él; tampoco ora, pero sí se le hace saber que se ora por ella. En cambio, precisamente al cumplir la tarea que le es propia, la comunidad cristiana se ve implicada también en la tarea de la comunidad civil.
En efecto, al creer en Jesucristo y anunciar a Jesucristo, cree y anuncia a quien, como Señor de la Iglesia, es también Señor del mundo. La comunidad cristiana ora por la comunidad civil; pero al hacerlo se hace responsable de ella ante Dios, cosa que no haría en serio si, al tiempo que ora por ella, no trabajara además activamente en su favor. Sirve a Dios y, precisamente por ello y con ello, al ser humano.
La comunidad cristiana está fundamentada en el reconocimiento del Dios que, siendo Dios, se hizo hombre, convirtiéndose de ese modo en prójimo del ser humano. Lo cual conlleva inevitablemente que la comunidad cristiana se ocupe ante todo del ser humano, y no de ninguna otra cosa, tanto en el ámbito político como en cualquier otra circunstancia. Después de que Dios mismo se hiciera hombre, el ser humano es la medida de todas las cosas.
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JESÚS NO FUE A LA MARCHA DE JESÚS
Juan Arias, El País, 5 de junio de 2015

foto de la noticiaBastaría echar un vistazo a algunos de los hechos y dichos de Jesús tal como aparecen en la Biblia para imaginarse que, de haber estado presente, habría huido de la Marcha apoteósica del jueves realizada en su honor.
Habría huido para encontrarse, en la periferia de la ciudad, con la caravana de excluidos por los evangélicos fundamentalistas, todos los diferentes y perseguidos por los poderes conservadores con quienes, sin embargo, Jesús se entendía mejor que con los sacerdotes y doctores del Templo.
La Marcha para Jesús llevaba como título “Exaltando al Rey de reyes”, y en él se oyeron gritos, entre otros, contra la prostitución, las drogas y las nuevas familias formadas por gais o lesbianas. Brasil merece ser visto como un país tolerante y moderno sin obsesiones contra los que practican diferentes sexualidades
En la gran marcha para Jesús se escuchaban los ecos de intolerancia e indignación contra la liberadora publicidad de la firma Boticario, en la que parejas de hombres y parejas de mujeres se cambian regalos con naturalidad y afecto y que los evangélicos han intentado impugnar ante la justicia.
La Biblia está, sin embargo, cuajada de historias de amor entre personas del mismo sexo, como los casos de las mujeres Rut y Noemí, o David y Jonathan. Y hasta de Jesús con el discípulo Juan, a quién los evangelios presentan como un caso especial de amor. Juan era para Jesús el “amado” y “preferido”. Y los apóstoles se besaban entre ellos. Jesús  no soportaba la hipocresía de los hombres de Iglesia, como muchos pastores de hoy, que se creían dueños de la verdad y hasta de la vida y los afectos de la gente
El pastor Esteban Hernández, de la Iglesia Renacer, ha anunciado que las imágenes de la Marcha para Jesús serán llevadas a 170 países. Su deseo es que Brasil no sea visto en el exterior, entre otras cosas, como “el país de las prostitutas”. En verdad, como Brasil merece ser visto dentro y fuera de sus fronteras es como un país tolerante y moderno sin esas obsesiones contra los que practican diferentes sexualidades, a quienes se sigue matando, o contra las prostitutas, a las que Jesús amaba y defendía contra la hipocresía de los fariseos, llegando a decir que Dios las prefería a ellos.
No como un país que castiga aún como crimen la libertad de la mujer de decidir sobre el fruto de su vientre si así se lo exige su conciencia. Ni un país hipócrita en materia del uso de las drogas o que aún no ha sido capaz de legislar la legitimidad de nuevas formas de familia, queriendo, como lo hacen los evangélicos, imponer a toda la sociedad un solo tipo de familia tradicional con gestos y guiños de dictadura que recuerdan la trágica y asustadora posición política de las llamadas repúblicas islámicas.
Como ha escrito oportunamente en este diario mi compañera Carla Jiménez lo que la democracia brasileña conquistada con tantas luchas y muertes no merece es que “la hipocresía pueda dominar el día a día cotidiano del país”. Brasil fue visto siempre por nosotros los extranjeros como un país acogedor y tolerante en materia de fe y de costumbres. Resulta hoy triste y preocupante que sea justamente desde los templos de donde lleguen gritos de guerra contra los diferentes, contradiciendo a Isaías que profetizaba la llegada de un Mesías, no discriminador ni intolerante, sino que abrazaría a todas las razas y pueblos con sus propias identidades: “Mi casa será llamada la casa de oración para todos los pueblos” (Is. 56)
Jesús hubiese huido ayer de la Marcha que pretendía presentarlo y consagrarlo como “Rey de reyes”, ya que durante su vida, ya lo había hecho cuando la multitud, en busca de milagros, quiso hacerlo rey. Lo cuenta el evangelista Juan: “La gente, al ver el milagro que había hecho Jesús (el de la multiplicación de los panes) decía: “Este es el profeta que tiene que venir al mundo”. Y Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo para hacerlo rey, se retiró sólo al monte”.
Jesús nunca buscó el poder. No lo temía pero tampoco lo amaba. Como en vida, si los evangélicos deseasen hacerle de nuevo rey de reyes, Jesús sólo aceptaría serlo de aquellos a quienes algunos de los pastores de sus iglesias, discriminan y humillan. Si hay algo que revelan con claridad meridiana los textos sagrados es que Jesús lo que no soportaba era la hipocresía de los hombres de Iglesia que se creían entonces, como muchos pastores o obispos de hoy, dueños de la verdad y hasta de la vida y los afectos de la gente.
En una Marcha en honor de Jesús, mejor que gritar contra las prostitutas, el aborto o contra la homosexualidad, seguramente él hubiese preferido leer en las pancartas y consignas algunas frases de su famoso discurso contra la hipocresía, recogido por el evangelista Mateo (23, 1-39), como estas:
- “!Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas que limpiáis por fuera el vaso y el plato pero por dentro estáis llenos de rapiña y codicia!”
- “!Ay de vosotros que por fuera parecéis justos ante los hombres pero por dentro estáis llenos de crímenes!”
- “Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos, que descuidáis lo más importante de la ley como la justicia y la misericordia”.
Una de las grandes consignas de Jesús, en quién se inspiran todas las iglesias cristianas, era aquella de “misericordia quiero y no sacrificios” [Oseas 6.6].
Los teólogos de la liberación, primero condenados por el Vaticano y en fase de rehabilitación por el papa Francisco, siempre sostuvieron que la gran revolución del Crucificado fue el haber desviado el eje de la fe de los ritos a la defensa de la vida y de la libertad, del altar a la calle. Y en la calle, los preferidos de aquel rey sin corona y sin casa fueron siempre los que aún hoy siguen siendo los excluidos de la sociedad.
¿Dónde estaría ayer Jesús durante la marcha que quiso colocarle de nuevo la corona del rey de los bienpensantes, los puros y los satisfechos?
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“ESE VENERO, ESE MANANTIAL”: PRESENCIA DE LA BIBLIA EN LA CULTURA DE OCCIDENTE (IV)
Protestante Digital, 4 de junio de 2015

Lectura y cultura
A
l momento de hablar de las tradiciones literarias, ¿cómo no referirse a la bellísima comparación entre Homero y el Génesis que practica Erich Auerbach en Mímesis (1942) donde coloca lado a lado esas dos grandes obras y advierte sus similitudes y diferencias? Al comparar el episodio de la cicatriz de Ulises en la Odisea y el intento de sacrificio de Isaac (Gn 32) se sumerge en ambas tradiciones y encuentra que la bíblica se sostiene con un valor propio:

En las narraciones del Antiguo Testamento, el sosiego de la diaria actividad en la casa, en los campos y en el pastoreo está siempre minado por los celos en torno a la elección y a la bendición paternas, y se suscitan complicaciones inconcebibles para los héroes homéricos. Para que en éstos surjan el conflicto y la enemistad, se necesita un motivo palpable y claramente definible, y una vez surgido rompe en una lucha abierta; mientras que en aquéllos, la constante consunción de los celos y la trabazón de lo económico con lo espiritual conducen a una impregnación de la vida diaria con gérmenes de conflicto y, frecuentemente, a un envenenamiento de la misma. La intervención sublime de Dios actúa tan profundamente en la vida diaria, que las dos zonas de lo sublime y lo cotidiano son fundamentalmente inseparables y no sólo de hecho.

Se podría establecer toda una teoría de la lectura basada en postulados o metáforas bíblicos, como el que inició Ezequiel y continuó el vidente de Apocalipsis: “comer” o “devorar” el rollo o el libro es la disposición que se espera de todo aquel que se acerca a las Sagradas Escrituras. La apropiación de la Biblia mediante la lectura reproduce esta metáfora como un proceso cotidiano que funda y desarrolla una “cultura de la lectura” propia de comunidades creyentes e incluso no creyentes. Así, como lo planteó Paul Ricoeur, “el sujeto aparece constituido a la vez como lector y como escritor de su propia vida” (Tiempo y narración. III, 1985). Al considerar una muestra de lectura piadosa clásica como El progreso del peregrino (1678), de John Bunyan, derivada también de una interpretación alegórica de los textos bíblicos, Javier Alcoriza y Antonio Lastra han descrito el proceso mediante el cual el principio protestante del libre examen de las Escrituras “tuvo como consecuencia literaria la transformación de los cristianos en lectores”, acontecimiento de vastas dimensiones si se toma en cuenta que la lectura de la Biblia ya traía tras de sí una larga historia. Al puritanismo le correspondió, agregan: “la tarea de traducir la Biblia y darle a su interpretación un valor de verdad”, así como “persuadir al pueblo, que lentamente habría de transformarse en público”.
Algunos postulados de la Reforma alcanzaron una nueva proyección, a la hora de replantearse el contacto de los creyentes con los textos sagrados a través de la mediación cultural del libro: “La afirmación del sacerdocio universal […] resulta, incluso, más sencillo de comprender si la interpretamos […] como un imperativo más asequible que ordenaría a todos los creyentes, cuyo deber era ser sacerdotes, que aprendieran a leer”. Más adelante, estos analistas abundan: “De Bunyan a Tolstoi, por tanto, la pregunta por la conducta de la vida (o por lo que la vida debía ser) habría tomado cuerpo en la literatura e influido en la imaginación de lectores y escritores. La pregunta habría sido, por así decirlo, traducida de la religión a la imaginación, o de la teología a la literatura”. Dicho con otras palabras, la Biblia seguiría influyendo en la conducta de las personas pero a trasmano, en los contenidos morales de muchas obras literarias derivadas de aquélla.

Otros territorios

Todo esto entra en consonancia con la constatación, en una historia más amplia de la lectura, de la fuerza con que la Biblia llegó a penetrar en las culturas gracias al nuevo impulso educativo de las reformas religiosas, luego de una larga historia de lecturas piadosas y espirituales en el Medievo, un tanto alejada de las grandes masas de población. La lectura era un “ritual religioso”. Con la Reforma Protestante empalmó el surgimiento de la imprenta y del “lector humanista”, y lo específico de este movimiento consistió en despertar y consolidar los impulsos de una lectura individual que, culturalmente, se desplegaría también en otros territorios, con otros intereses y otros autores literarios. Jean François Gilmont, en la memorable Historia de la lectura en el mundo occidental (1997), de G. Cavallo y R. Chartier, exploró los ambientes y escenarios producidos por estos movimientos religiosos y señala que, al entrecruzarse las prácticas de lectura, el acto litúrgico produjo una participación colectiva que marcó para siempre el rumbo de las sociedades que los incubaron. No obstante, lo oral seguía siendo primordial.
       Olivier Millet y Philippe de Robert practicaron en Cultura bíblica (2001) otro abordaje de la influencia cultural y artística de los textos sagrados partiendo de los énfasis literarios (en una amplia revisión de las tradiciones). A continuación hacen desfilar una larga lista de nombres y obras. Finalmente, afirman que este “Gran Código” (otra vez las palabras de Blake) “ha alimentado y sigue alimentando toda manifestación artística y, por ende, literaria, de la civilización occidental”. Su revisión de las épocas los conduce a observar que, para fines del siglo XIX y principios del XX: “La utilización de motivos bíblicos rara vez se llevó a cabo sin la incorporación de cierta carga de sentimiento religioso, al no abandonarse del todo el simbolismo”. Más tarde, “irrumpe de lleno en la literatura la mística y los motivos de oración y de plegaria. La presencia de la Biblia es, en todo caso, una constante en la literatura de esta época como lo fue en épocas anteriores […] columna vertebral de la literatura occidental, de forma casi automática, o siendo incorporada a la obra literaria por devoción o con voluntad desacralizadora”, como acontece en El evangelio de Lucas Gavilán (1979), de Vicente Leñero. Para demostrar sus juicios, se dieron a la tarea de valorar la presencia de la Biblia en el mundo del arte en general.
     La iconografía derivada de las historias y relatos bíblicos ha producido una enorme cantidad de obras que se han instalado en el imaginario colectivo durante siglos. Así ha sucedido, por ejemplo, con las imágenes del Buen Pastor o de la Santa Cena, de Leonardo Da Vinci que, ligadas a aspectos litúrgicos, forman parte de la tradición eclesiástica. Las imágenes de Cristo han sido un motivo casi interminable para los artistas de todos los tiempos. La escultura también ha sido un arte directamente influido por la Biblia: el caso de Miguel Ángel Buonarroti, sin ser único, es el más visible. Rembrandt y Marc Chagall, sin duda, son dos de los mayores “traductores” del mensaje bíblico a la pintura. La obra de Chagall, minuciosamente dedicada a ciclos enteros de las Escrituras es testimonio dinámico de una lectura profunda. Tres de sus series son particularmente importantes: La Biblia (1956), Dibujos para la Biblia (1960) y los 32 grabados de los Salmos de David (1979). En la música, pueden mencionarse los grandes oratorios y cantatas de tema bíblico de Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Händel y otros grandes exponentes del arte coral, sin olvidar a Palestrina, Haydn y Felix Mendelssohn (su Elías, de 1846, es majestuoso). Los salmos musicalizados por el estadunidense Leonard Bernstein (1965) y otras obras de Sergio Cárdenas, desde México, son ejemplos de la vitalidad con que se ha abordado los temas bíblicos. El texto de I Corintios 13 en griego (la Canción por la unificación de Europa) en manos del polaco Zbigniew Preisner, es sin duda una aportación sublime a la banda sonora de la película Azul (1993), de su coterráneo Krzysztof Kieslowski.
       Ya como un arte más distintivo del siglo XX, el cine también ha recogido un sinnúmero de referencias bíblicas, lo mismo del Antiguo que del Nuevo Testamento. Los diez mandamientos (1956), de Cecil B. DeMille, marcó toda una época. Sobre la pasión de Jesús la lista es enorme, pero los resultados son sumamente desiguales. Entre decenas de autores y cientos de películas, destaca Pier Paolo Pasolini, gran lector e intérprete del Evangelio de Mateo (1964).
      Cierra este recuento con los versos de T.S. Eliot (“Coros de La Roca”, I), Premio Nobel en 1948, en alusión directa a la presencia de las Sagradas Escrituras en nuestro mundo:

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
conocimiento del habla, pero no del silencio;
conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

México, D.F., abril de 2015

Actividades

OREMOS POR LAS PRÓXIMAS DETERMINACIONES QUE HA DE TOMAR LA CONGREGACIÓN

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 9 de junio, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Sofonías 2.1-3
Himno: “Al estar aquí” (37)
Oración de ofrecimiento
Himno: “Tu nombre levantaré” (255)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Miqueas 2
Tema: Contra opresores y falsos profetas
Himno: “Ahora soy de Cristo” (281)
Ofertorio
Bendición pastoral

MIQUEAS EL LIBRO Y MIQUEAS EL PROFETA
Jorge Pixley

Y
avé sigue siendo el Dios de Israel. Israel ha sido avergonzado con las calamidades de los últimos tiempos, porque Yavé estaba castigándolo por sus pecados y, una vez pagada su culpa, lo perdonará y devolverá a un estado que será la admiración de las naciones de la tierra. Sin embargo, para poder llegar a este mensaje hubo que hacer más que reinterpretar al profeta, como sucedió al colocar la promesa de la tradición isaiana después del anuncio de la destrucción de Jerusalén (4,1-7 después de 3,9-12). Fue necesario también censurar al rebelde profeta de Moréset Gat.
Este proceso se puede observar especialmente en el oráculo de 2.6-11, donde el profeta protesta justamente por la censura que se les impone a él y a sus compañeros: "¡No babeéis - babean ellos - que no babeen de esa manera!" (2.6). Lo censurado a Miqueas y sus compañeros se encuentra en los vv. 8-10, pero ha sufrido una nueva censura de parte de los autores del libro, de sus transmisores y de sus traductores. Siguiendo a los LXX en una traducción literal, el v. 9 diría: "Por lo tanto, los líderes de mi pueblo serán arrancados de sus casas de placer, por sus fechorías serán expulsados". El TM hebreo cambia líderes por mujeres, y así oculta el sentido "clasista" del dicho censurado. En el v.10 todo depende de quién es llamado a levantarse e ir, pues no es tiempo de paz. Los traductores por lo general quitan la acción del pueblo como enemigo en el v.8, pues suponen que Miqueas fue censurado por dirigirse a los ricos y no pueden entender al texto, que claramente hace del pueblo el actor (y probablemente también el interpelado en la profecía censurada). El texto hebreo es claro sobre que es el pueblo el que se ha alzado. Una vez eliminado el pueblo como el interpelado, los imperativos del v.10 ("¡alzaos, id, pues no es tiempo de descanso!") se tienen que leer como un llamado a los ricos a huir. Si se tradujera en el v.8 a "mi pueblo" como sujeto, entonces resultaría que ¡el pueblo es quien debe alzarse, pues no es tiempo de descanso! […]
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

14 – Planeación de EBV / Clase y estudio unido


21 – Día del Padre

"Esfuérzate... y cobra ánimo": el presente y el futuro de la iglesia están en las manos de Dios, L. Cervantes-O.

7 de junio, 2015

Sin embargo, anímate Zorobabel —oráculo del Señor—, anímate sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, y que se anime toda la gente del país —oráculo del Señor—. Pongan manos a la obra porque yo estoy con ustedes, dice el Señor del universo.
Hageo 2.4, La Palabra (Hispanoamérica)

El libro de Hageo (en hebreo Jaggai: “Alegre”, Hilario) manifiesta claramente una preocupación comunitaria por el templo como “un elemento clave en el mundo simbólico de la religiosidad popular”.[1] El profeta seguramente perteneció al llamado “pueblo de la tierra” (am ha aretz), los campesinos de Judá que ocuparon la tierra en Palestina después de la caída de Jerusalén. Alicia Winters explica así el contexto de lo acaecido en esa época para situar el mensaje de Hageo sobre la reconstrucción del templo:

Con la caída de Jerusalén y la deportación de los principales ciudadanos a Babilonia, quedaron en la tierra los pobres “que no tenían nada” (Jr 39.10). Durante el conflicto con Babilonia, muchos habitantes de Judá se habían refugiado en Moab, Amón, Edom y otras regiones, pero Jr 40.7ss indica que muchos de estos desplazados volvieron y se establecieron alrededor de Godolías en Mispá “y recogieron vino y abundantes frutos”. Ezequiel hace pensar que al principio vivían entre las ruinas, en los campos o escondidos en rocas y cavernas (Ez 33.27), pero también sabemos que los babilonios repartieron tierras y viñedos entre los más pobres (2 R 25.10-12).[2]

Y agrega, en torno a la mentalidad prevaleciente al momento de afrontar la posibilidad de dar inicio a dicha reconstrucción: “El proyecto de reconstrucción despertaría interés no solamente entre los exiliados, sino también en la comunidad que ya ocupaba la tierra en Palestina, debido la importancia que las ruinas ya habían adquirido a sus ojos. El mensaje de Ageo se da en este contexto. Ya se conocía la promesa de reconstrucción, la esperanza de reconstrucción, pero había vacilación y demoras para dar comienzo al proyecto de parte de aquellos que vinieron de lejos”. Había una vacilación de fondo, una tardanza ocasionada por motivos de comodidad económica y de incomprensión de los tiempos divinos, en una especie de confrontación divina-humana. “El profeta no estaba proponiendo la reconstrucción del templo como una idea nueva. Ya se venía hablando del proyecto”. Su inquietud era que nada se hacía. Los compiladores del libro anotaron con precisión la fecha del día en que Ageo abordó formalmente a los altos funcionarios del grupo de los repatriados [segundo año del rey Darío de Persia, 520 a.C.] para expresar las inquietudes de los campesinos, que constituían, para él y para los compiladores, ‘el resto del pueblo’, o ‘el pueblo de la tierra’”. De ahí la importancia de la observación: “Este pueblo dice: ‘No ha llegado aún el tiempo en que la casa de Yavé sea reedificada’” (1.2).
Pero ante la emergencia de los grupos populares como responsables de la vida y espiritualidad de la nueva época, el eventual nuevo templo ya no significaría lo mismo que para las generaciones anteriores. De las cuatro veces (todas fechadas rigurosamente) que el profeta recibe la palabra divina, en la primera (1.12-14) hay una reacción muy favorable por parte de los responsables político y religioso: Zorobabel, nieto del rey Jeconías, y Josué, nieto del sacerdote Seraías. En la segunda proclamación (2.1-9), la exhortación consiste en animar a ambos líderes, además del resto del pueblo (un avance considerable en relación con la antigüedad), para seguir adelante en el proyecto de reconstrucción, considerando seriamente la promesa que hace Yahvé para conducir el proceso. Hay una crítica directa al templo de Salomón y a las prácticas que generó: “¿Quién queda entre ustedes que haya conocido este Templo en su esplendor inicial? ¿Cómo lo ven ahora? ¿No les salta a la vista su insignificancia?” (2.3). Ahora el templo será un lugar de reunión de dimensión internacional (2.7), por lo que llama también la atención la denominación de Dios como “Señor del universo”, resultado de una proyección universal que permitió superar el exclusivismo etnocentrista de Israel. Y no está ausente la reminiscencia de la fidelidad de Yahvé desde el acontecimiento del Éxodo: “Este es el compromiso que pacté con ustedes cuando salieron de Egipto: mi espíritu estará en medio de ustedes; por tanto, no teman” (2.5).
Winters destaca cinco funciones o dimensiones simbólicas del templo en el pensamiento de Hageo y la comunidad campesina de Judá que dominaba en ese momento, luego del fin de la monarquía israelita:

1. El templo proporcionaba continuidad con el pasado frente a los grandes cambios en la vida política del país. El templo no era simplemente un lugar de culto. Era símbolo de la acción de Dios en medio de su pueblo. […]
2. El templo simbolizaba la relación continua del pueblo con la tierra. […] La continuidad con el pasado queda reforzada al señalarse la continuidad con la tierra como lugar sagrado. […]
3.El templo articulaba la identidad del pueblo y canalizaba su resistencia frente a la creciente penetración de las costumbres y exigencias de los conquistadores extranjeros. […] Además, en la medida en que ensalza a Zorobabel como sucesor de las promesas davídicas, Hageo lanza una protesta contra las pretensiones persas a la sucesión de la monarquía. […]
4. El templo creaba comunidad, proporcionando organización y estabilidad frente a la incertidumbre que prevalecía en todas partes. El templo formaba parte de la realidad que vivía el pueblo: campesinos y campesinas que sufrían hambre, sentían frío, etcétera. […]
5. El templo hablaba de la presencia de Dios con su pueblo y así brindaba esperanza para el futuro. “Porque yo estoy con vosotros” [2.4b] es la razón detrás de todo en el libro de Hageo. […] El templo es un proyecto y plantea una utopía, una esperanza: “Desde el día que se echó el cimiento del templo de Yavé: meditad... Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo han florecido todavía; mas desde este día os bendeciré” [2.19].[3]

El énfasis crítico de estas afirmaciones siguen vigente actualmente si se analizan las esperanzas que las comunidades depositan en sus lugares de culto y pierden de vista el verdadero fin de los mismos. El tercer oráculo recibido por Hageo tiene que ver con la purificación ritual (2.10-19), lo que demuestra su cercanía con los círculos sacerdotales de la época del exilio, en función de las fechas en que comenzó la reconstrucción del templo. La bendición resultante del esfuerzo por reconstruir será una realidad tangible en términos agrícolas. Finalmente, Zorobabel recibe el anuncio del beneplácito divino, y la exhortación a esforzarse con denuedo para conseguir los propósitos más altos en beneficio del pueblo (2.20-23). De la misma manera, hoy el presente y el futuro de la iglesia están en las manos de Dios y Él la guiará para retomar, cada vez que sea necesario, el rumbo que requiere, pues muchas veces no es capaz de comprender los alcances de los proyectos divinos y con frecuencia requiere correctivos históricos severos como los que atravesó el pueblo antiguo.



[1] Alicia Winters, “El templo de Ageo”, en RIBLA, núm. 35-36, www.claiweb.org/ribla/ribla35-36/el%20templo%20de%20ageo.html.
[2] Idem.
[3] Idem.

Hageo 2.1-9


1 El año segundo del reinado de Darío, el día veintiuno del mes séptimo, el Señor habló a través del profeta Ageo y le dijo: 2 —Dirígete al gobernador de Judá, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y al sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, así como al resto del pueblo, y diles lo siguiente: 3 “¿Quién queda entre ustedes que haya conocido este Templo en su esplendor inicial? ¿Cómo lo ven ahora? ¿No les salta a la vista su insignificancia? 4 Sin embargo, anímate Zorobabel —oráculo del Señor—, anímate sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, y que se anime toda la gente del país —oráculo del Señor—. Pongan manos a la obra porque yo estoy con ustedes, dice el Señor del universo. 5 Este es el compromiso que pacté con ustedes cuando salieron de Egipto: mi espíritu estará en medio de ustedes; por tanto, no teman”. 6 Porque dice también el Señor del universo: Dentro de poco tiempo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y los continentes; 7 haré temblar a todas las naciones. Llegarán aquí todas las naciones con sus valiosos tesoros, y llenaré este Templo de esplendor —oráculo del Señor del universo—. 8 Mía es la plata y mío es el oro —oráculo del Señor del universo—. 9 Así pues, el futuro esplendor de este Templo será mayor que el del primero —oráculo del Señor del universo—. Además, estableceré la paz en este lugar —oráculo del Señor del universo—.

Programa de junio

TEMA SEMESTRAL: CELEBRAMOS LA VIDA DE LA IGLESIA EN EL SEÑOR
Tema: “ESFUÉRZATE… Y COBRA ÁNIMO”: PRESENTE Y FUTURO DE LA IGLESIA

I. Domingos, 11.45 hrs.

7: “Esfuérzate… y cobra ánimo”: el presente y el futuro de la iglesia están en las manos de Dios
Lectura bíblica: Hageo 2.1-9
Dirige: D.I. Miguel Medina Toledo
Expositor: LCO

14: El pueblo de Dios ve siempre hacia adelante
Lectura bíblica: Éxodo 14.1-18
Dirige: A.I. María Elena Paredes G.
Expositor: LCO

21: Esforzarse y avanzar en el nombre de Dios
Lectura bíblica: Josué 1
Dirige: A.I. Rubén Núñez Castro
Expositor: LCO

28: Presente y futuro de la iglesia ante las promesas de Dios
Lectura bíblica: Mateo 16
Dirige: Hno. Eddy Herrera
Expositor: LCO

II. Domingos, 17.30 hrs.

7: Reunión de Consistorio
14: Capacitación de oficiales (III)
28: Taller de estudio bíblico: “La fe profética según Martin Buber”

III. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: El profetismo bíblico: cumbre de la religión antigua

2: Miqueas, el profeta del campo (Miqueas 1)
Modera: A.I. Vicente Orozco Gallegos

9: Contra los opresores y los falsos profetas (Miqueas 2)
Modera: D.I. Laura Cabrera Berrocal

16: Contra los jefes que abusan del pueblo (Miqueas 3)
Modera: Hno. Mauricio Magallanes

23: Las naciones vendrán a Jerusalén (Miqueas 4)
Modera: D.I. Odavia Palomino L.

30: El rey mesiánico (Miqueas 5)

Modera: A.I. Lauro Adame B.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...