domingo, 12 de julio de 2015

Actividades

CON PROFUNDA PENA INFORMAMOS EL DECESO DEL PBRO. MARTIMIANO MORALES G.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 14 de julio, 19 hrs.
Modera: LC-O

Llamamiento: Nahum 2.1-3
Himno: “Cantemos al Señor” (78)
Oración de ofrecimiento
Himno: “Vamos cantando al Señor” (397)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Miqueas 7
Tema: Lamentación y esperanza
Himno: “Ama el Pastor sus ovejas” (238, 1ª y 4ª)
Ofertorio
Bendición pastoral

JUICIO Y ARREPENTIMIENTO

N
o cabe cuadro más siniestro que el descrito por el profeta; la corrupción es general. El profeta se presenta como el recolector, que después de la vendimia anda en busca de algunos frutos de calidad, comparables a los primeros, los más ansiados; pero no encuentra nada que merezca la pena: no hay un racimo para comer. Busca ansioso buenas obras en Israel, y no encuentra nada: han desaparecido de la tierra los piadosos. (v.2).
La situación es anárquica, y la violencia reina por doquier: todos acechan la sangre. La situación parece ser la que precedió a la caída de SamarIa, cuando las dinastías y los tiranos se sucedían ininterrumpidamente. Las injusticias sociales y las sentencias por cohecho se multiplican en las clases dirigentes de la sociedad: los príncipes, jueces y magnates, al administrar justicia, lo hacen por lucro, pisando a los “buenos como a rama de zarza que sale derecha del seto” (v. 4.). […]
Después de cumplido el castigo, después de la manifestación de la ira divina, el pueblo reconocerá sus pecados pasados y se volverá a su Dios. Las perspectivas de los profetas cambian constantemente en un contrabalanceo de esperanzas y de castigos. Una vez anunciado el juicio purificatorio sobre Israel como pueblo pecador, la mente del profeta se transporta a la hora de la restauración con el propósito de levantar los ánimos de sus oyentes. […]
La tragedia nacional hará que los espíritus reflexionen sobre su pasado y sobre la causa de la ruina general. Como consecuencia de ello, vendrá el arrepentimiento y el retorno a Dios, que, si envió el castigo desolador, será también el que envíe la salvación. La nación expresa ahora sus sentimientos de reconciliación con Yahvé: esperaré en el Dios de mi salvación (ν. 7). La confesión no puede ser más humilde y sincera: si caí, me levantaré, y si moro en tinieblas, Yahvé será mi luz (v.8). Las naciones gentiles (su enemiga) se alegraban al ver la ruina de Israel, que se consideraba al abrigo de toda catástrofe por ser el pueblo de Dios. Con la mejor de las disposiciones, Israel reconoce que era necesario pasar por la prueba purificatoria del castigo: Habré de soportar la ira de Yahvé, porque pequé contra él (v.8).
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES


20-25 – Curso de Verano
26 – Taller bíblico: La fe profética según Martin Buber

La fe que se requiere para caminar hacia adelante, L. Cervantes-O.

12 de julio, 2015

Tengan siempre embrazado el escudo de la fe, para que en él se apaguen todas las flechas incendiarias del maligno.
Efesios 6.16, La Palabra (Hispanoamérica)

La llamada “guerra espiritual” es un concepto popular en muchas iglesias que consiste en redefinir la existencia cristiana, pero especialmente en lo relacionado con las dificultades que recientemente se han detectado para abrir nuevos espacios cristianos en determinados países, regiones y hasta barrios. Se supone que existen “espíritus malignos” opuestos a que se abran dichos espacios o misiones y que debe lucharse contra ellos echando mano de “armas” como las descritas en algunos libros bíblicos como fue el caso de Josué y las trompetas en Jericó. También se llevan a cabo “unciones” con aceite desde helicópteros para obligar a esos espíritus a someterse y así lograr que se extienda la presencia del Evangelio. La Alianza Evangélica Española publicó un análisis crítico de este asunto y señala que se trata de “una nueva concepción de pensamiento que ha dado lugar a todo un movimiento de oración en la actualidad, que plantea la evangelización desde una visión de lucha con realidades invisibles, que se pretenden combatir desde el ámbito de una historia geográfica de la demonología y sus manifestaciones”.[1]

Esta manera de ver las cosas ha tenido mucho impacto pues deja la impresión de que, en efecto, esa lucha contra las fuerzas oscuras contrarias al Evangelio tiene un “sabor bíblico” que reproduce las “guerras del Señor” contra los pueblos enemigos de Israel en otras épocas, lo que incitaría a los creyentes de hoy a ser unos auténticos “guerreros de la fe”. En términos de la misión y la evangelización de las iglesias, la perspectiva llega a hablar incluso de “territorios” dominados por esos espíritus:

Una nueva teología del mundo invisible está transformando la evangelización y las estrategias misioneras en todo el mundo. Su idea básica es la existencia de espíritus territoriales a alto nivel, que ejercen su poder sobre regiones delimitadas geográficamente. Estar dentro de las fronteras de esas zonas implica inmediatamente estar sujeto individualmente a su poder. La presencia de estos poderosos espíritus territoriales explica la tradicional resistencia de algunos países al Evangelio. Así que la estrategia misionera necesita centrarse, según muchos, en una guerra espiritual para atar su poder.[2]

Si bien es cierto que el lenguaje bélico para referirse a la vida cristiana es una constante en las cartas paulinas, esta interpretación pasa por alto que la fuerza principal de los creyentes es algo intangible pero profundamente real, la fe puesta en práctica en cualquier circunstancia. De ahí que la famosa exhortación de san Pablo en Efesios 6 sigue teniendo enorme vigencia al momento de replantear el papel de la fe en la búsqueda de un presente y un futuro con la mirada puesta en las bases genuinas del Evangelio de Jesucristo.

La exhortación comienza con un propósito que debe renovarse siempre en la vida cristiana: mantenerse fuertes “apoyados en el poder irresistible del Señor” (v. 10). Esa fortaleza únicamente puede provenir de un poder superior, de una fuente de seguridad que es el Señor y que, para el caso de los seguidores de Jesús, es insustituible, pero que debe tomar en cuenta los valores éticos y morales del Evangelio que no pueden ser administrados como “recetas infalibles” para toda situación. Cada exigencia personal y comunitaria es diferente y debe pasar por el filtro de la experiencia de fe probada y testificada en las diversas circunstancias, pero sin perder nunca de vista lo afirmado por el apóstol acerca del fortalecimiento continuo de la esperanza cristiana.

La enumeración de las “armas” proporcionadas por el Señor para la batalla eminentemente espiritual e ideológica abarca un espectro completo de recursos para no sucumbir ante el conflicto (v. 11). Porque si la lucha es indudablemente contra “potencias invisibles” y “fuerzas espirituales” (v. 12), los instrumentos para enfrentarlos también tienen que ser espirituales. Y nuevamente, el objetivo es claro a la hora de acometer este conflicto: “…mantenerse firmes en el momento crítico y superar todas las dificultades sin ceder un palmo de terreno” (v. 13).

Las “armas” son: en primer lugar, la verdad y la rectitud (v. 14). A continuación, el celo por anunciar el Evangelio (v. 15). Luego, el escudo de la fe (v. 16), la salvación misma (v. 17). Y, finalmente, la palabra de Dios (v. 17), tal como lo hizo el Señor en el episodio de la tentación. Cada una de ellas apunta hacia áreas muy específicas de respuesta ante los ataques: la transparencia absoluta para ser irreprensibles e indestructibles ante la calumnia y la falsedad; el ímpetu inquebrantable por proclamar las buenas nuevas de Jesús de Nazaret ante la proliferación de ideologías superficiales y destructivas; la fe como garantía indeclinable frente al dominio de actitudes facilistas de superación personal y colectiva; la certeza de la salvación como antídoto de sustitutos insustanciales para dotar de sentido a la vida de las personas; y una firme convicción en el mensaje eterno de la Palabra divina ante la multitud de discursos y ofertas de fe que tergiversan la religiosidad y la encaminan por senderos ya superados. Tal es el camino de fe que debe vislumbrarse en el camino de la fidelidad al Evangelio de Jesucristo.



[1] José de Segovia, Julián Mellado y Esteban Rodemann, Guerra espiritual: una reflexión crítica. Barcelona, Alianza Evangélica Española, 1998, p. 5, www.aeesp.net/pdf/publicaciones/cuadernos/guerraespiritual.pdf. Cf. Martín Ocaña Flores, “Cristología neopentecostal: ¿cristología del mercado total?”, en Signos de Vida, núm. 40, junio de 2006, www.claiweb.org/Signos%20de%20Vida%20-%20Nuevo%20Siglo/SdV40/cristologia%20neopentecostal.htm.
[2] J. de Segovia, “Espíritus territoriales”, en J. de Segovia et al., op. cit., p. 23.

Efesios 6.10-17


10 Sólo me resta desear que ustedes se mantengan fuertes, apoyados en el poder irresistible del Señor.
11 Utilicen todas las armas que Dios les proporciona, y así harán frente con éxito a las estratagemas del diablo. 12 Porque no estamos luchando contra enemigos de carne y hueso, sino contra las potencias invisibles que dominan en este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal habitantes de un mundo supraterreno. 13 Por eso es preciso que empuñen las armas que Dios les proporciona, a fin de que puedan mantenerse firmes en el momento crítico y superar todas las dificultades sin ceder un palmo de terreno.

14 Estén, pues, listos para el combate: ceñida con la verdad la cintura, protegido el pecho con la coraza de la rectitud 15 y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz. 16 Tengan siempre embrazado el escudo de la fe, para que en él se apaguen todas las flechas incendiarias del maligno. 17 Como casco, usen el de la salvación, y como espada, la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios.

sábado, 4 de julio de 2015

Letra 425, 5 de julio de 2015

RICOS Y POBRES
Karl Barth
Instantes. Santander, Sal Terrae, 2005, p. 112.

A los ricos los despide vacíos.
Lucas 1.53


Obra de He Qi
www.richmelheim.com/2011/08/he-qis-work-in-new-3-movement-piece-touch.html 

“R
icos”: cuando oímos esta palabra, probablemente pensamos en personas que poseen un montón de acciones y quién sabe cuántas otras cosas por el estilo. Si esas personas consideran que tener y disfrutar tales cosas constituye el sentido de la vida, pertenecen, en efecto, al número de los ricos. Pero ricos son todos los que corren afanosamente de un lado para otro con la pretensión de que, en el fondo, Dios y los demás deben estar verdaderamente contentos con ellos. A éstos ha despedido vacíos Dios. No les ha hecho mal alguno. Simplemente, los ha dejado con todos sus bienes. Simplemente, no tenía nada que decirles ni que darles. ¡Ricos pobres!
Lo cierto es que los ricos pobres sólo pueden hacer como si fueran ricos. Con su riqueza se mienten a sí mismos, a Dios y a los demás. En realidad, nadie queda satisfecho con lo que es y lo que tiene. Por tanto, existe ya una esperanza para los ricos. El rico pobre debería limitarse a decir y reconocer: ¡Oh Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador! Con un golpe de pecho, todo sería diferente. Entonces ya no sería un rico pobre, sino un pobre rico. Entonces oiría lo que el ángel dijo a los pastores: "Os anuncio una gran alegría. Hoy os ha nacido el Salvador". A quienes eran los más pobres de todos, los ha convertido en los más ricos. Y lo ha hecho haciéndose hermano suyo. ¿Sabéis cuál es el signo seguro de que alguien es un pobre rico?:  inmediatamente le interesará saber que hay millones de personas a las que les falta incluso el pan. Entonces reconocerá en ellas a sus hermanos y hermanas y obrará en consecuencia.
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LA BELLEZA DEL ESTADO LAICO
Argentina Casanova,  Rotativo.com, Querétaro, 2 de julio de 2015


Cuando un diputado o diputada sale a expresar una opinión con respecto a un tema, lo hace a sabiendas que no es su opinión personal lo que nos interesa, sino la que tiene a partir de la conciencia de que representa a una población diversa y plural en el Distrito por el cual fue electo o electa, y en el que habrá seguramente mujeres, hombres, de todas las edades, de todas las orientaciones sexuales, de distintos tonos de piel y posición económica derivado de su ingreso.
Y es a esa pluralidad o particularidad de la comunidad votante –única y exclusiva– a quien debe responder.
Es decir, nunca jamás nos ha interesado su opinión personal, si le gusta o no el apio, o si le parece buena o mala idea que las personas decidan casarse con otra de su mismo sexo, si deseen o no adoptar o si quieran o no tener hijos. Las representa, no es su juzgador o juzgadora, los ciudadanos no están bajo el escrutinio. En cambio los representantes democráticos sí.
La democracia que prevalece en México es la representativa, aún falta mucho para que la ciudadanía tome conciencia de la dimensión de ejercer la democracia directa mediante la organización y la participación política.
En tanto conviene tener claro quién es el que debe rendir cuentas y quién sí puede y debe ser “evaluado” y no “juzgado” por sus actos o gustos personales.
Y todo esto se les olvida cuando están ahí, creen que deben representar al jerarca de su Iglesia, precisamente en un Estado laico que no terminan de entender.
En Campeche, como seguramente ocurrió en otros estados, hubo intervención de personajes públicos opinando en torno al matrimonio para todas las personas, más allá de la postura de los Derechos Humanos, la jurisprudencia –creemos que ni siquiera han leído la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación–, o del sentido común, lo hicieron desde sus perspectivas individuales y creencias particulares.
Independientemente que sus argumentos de fe, como prefiero llamar a las creencias basadas en la práctica de un credo religioso, son desde su propia lógica cristiana de “amor al prójimo”, ser violentas y de exponerse desde un discurso de odio y discriminación, no es esa opinión la que nos interesa ni la que los medios de comunicación tendrían que difundir.
La responsabilidad de las comisiones de Igualdad de Género, de Derechos Humanos y de las Juventudes deben venir con el paquete de la información, la capacitación y el aprendizaje de las y los diputados que las ocupen en materia humanitaria, a fin de entender que éstos ni se consultan, ni se otorgan, sino que forman parte del paquete con el que nace cualquier ser humano y que los Estados están obligados a reconocer, proteger y promover progresivamente, nunca hacia atrás.
Lo que es tan difícil de entender para las personas que ocupan esos cargos es que no es ocioso ni vamos a cuestionar sus dogmas de fe, esos pueden seguir teniéndolos y viviendo con ellos, pero la razón de vivir en un Estado laico es para que se garantice que ellas puedan seguir teniendo esos dogmas y que no un Estado con una afinidad religiosa sea impuesto mañana por algún personaje que se vincule con una práctica y quiera imponerla a todo el país.
Imaginemos que el “gobernador o gobernadora” de un estado es practicante de una fe hinduista o de cualquier otro lugar, lo cual es su derecho, pero lo que no puede –gracias al Estado laico– es imponer esa fe, no puede ser impuesta desde su posición de gobernante al resto de la población.
Eso es lo que permite que en un mismo territorio concilien, coincidan y converjan distintas posturas desde distintos dogmas religiosos o la ausencia de éstos.
Imaginemos un gobernante ateo que impone su visión. Eso se vivió en la época cristera y ya conocemos el resultado de la historia.
De ahí que México tendría que tener la experiencia y conocimiento acerca de lo que ocurre cuando permitimos que sean los fundamentalismos los que gobiernen, y se pierda el respeto a la diversidad y a la libertad que cada persona tiene amparada en el Estado laico.
Ni para perseguir a las personas católicas, ni para perseguir o hacer declaraciones públicas que inciten al odio contra una población a razón de su vida privada que a nadie le debería importar ni afectar.
Cuando se desarrolló un proceso electoral en el que personas bajo partidos o en forma independiente salieron a buscar el voto ciudadano tras exponer sus ideas respecto a ciertos temas, que permitirán a la ciudadanía tener una “idea” sobre sus decisiones, y con base en ello decidieron otorgarle la confianza de ser quien les represente en el mecanismo de la democracia representativa. No se representan a sí mismas.
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¿AUTORIDAD DE LA BIBLIA O EL PODER TRANSFORMADOR DE LA PALABRA?: NOTAS SOBRE EL USO DE LAS ESCRITURAS EN LOS PROBLEMAS ÉTICOS CONTEMPORÁNEOS (IV)
Víctor Hernández Ramírez, Lupa Protestante, 9 de junio de 2015

La diferencia más radical entre Jesús y los fariseos consiste en que éstos, reconocen la autoridad de la Biblia pero la utilizan imperativamente y no pueden sino partir de la inevitable tendencia a juzgar entre el bien y el mal. En cambio Jesús mira la Escritura como Palabra, no está situado en esa condición dividida y divisora (separación entre “bueno y malo”), sino en un vínculo de comunión con su Padre, el Dios que perdona sin medida alguna (¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Jn 14: 10 y 11).
Por tanto los fariseos, por más que se esfuerzan, sólo alcanzan a ver que Jesús no cumple los mandatos de las Escrituras (permite que los discípulos coman en sábado espigas del campo, cura a una enferma en sábado sin que fuera algo urgente, etc.) y concluyen que Jesús es “un nihilista, un hombre que sólo conoce y toma en cuenta su propia ley, un ególatra, un blasfemo de Dios”.

La Palabra como poder en la ética cristiana: “en Jesús el Cristo”
A partir de la experiencia de encuentro con Dios por medio de Jesús (su vida, muerte y resurrección), el creyente y la comunidad de creyentes, experimentan una nueva unidad (la vida reconciliada) que permite una vida espiritual que puede enfrentarse a las decisiones sin confiarse en su saber, renunciando a medir su vida y la de los demás a partir de su saber sobre lo bueno y lo malo: “no juzguéis para que no seáis juzgados” (Mt 7:1). Pero el creyente sólo puede hacer esto “en Jesús el Cristo”, puesto que sólo puede actuar sin juzgar dentro de la experiencia de una vida reconciliada, en el perdón experimentado por medio de Jesucristo.
  El creyente, y la comunidad de creyentes, pueden enfrentarse a muchos dilemas éticos, experimentarán las exigencias de la vida con sus contradicciones y se verán sometidos a todo lo cambiante e inestable de una sociedad posmoderna o una modernidad líquida, como lo dice Bauman. Y ante tales desafíos no necesita hacer uso de la Biblia de manera imperativa, puesto que está llamado a tener otra relación con las Escrituras: una relación espiritual con la Palabra, que le hace poner siempre los ojos en Jesús el Cristo, de manera que ya no se fía de sus juicios sobre el bien y el mal.
En suma, el creyente dice Bonhoeffer “se halla dentro de un nuevo conocimiento, en el que ha superado el saber del bien y del mal. Se halla en el saber de Dios, y ya no equiparado a Dios, sino como aquel que lleva la imagen de Dios. Ya no conoce sino a ‘Jesucristo crucificado’ (1 Cor 2:2), y en él sabe todo. Como ignorante conoce solamente a Dios y en él ha llegado a conocerlo todo.  Quién conoce a Dios en su revelación en Jesucristo, quien conoce al Dios crucificado y resucitado, quien sabe todo eso sabe todo lo que hay en el cielo, en la tierra y bajo la tierra (Fil 2:10)”.

Acompañados por la Palabra, el camino ético sigue abierto
Las preguntas éticas fundamentales (¿qué hacer? ¿Cómo decidir frente a las encrucijadas éticas?) siguen siendo un desafío para todos. No hay respuestas fáciles y no existe un manual de instrucciones con soluciones prefabricadas. La Biblia no es un manual de ordenanzas o al menos no es así como se la entiende cuando nos hemos dejado encontrar, en esas Escrituras, por la Palabra encarnada que es Jesús el Cristo. En el seguimiento de Jesucristo esa misma Palabra nos promete que seremos iluminados por su Espíritu y que, sobre todo, podemos caminar sin temor, sin miedo a condenación alguna, sin miedo al juicio de fariseo alguno.
Todos, como experiencia espiritual, descubrimos a posteriori ese fariseo en nosotros, una vez que experimentamos el perdón y la aceptación incondicional por parte del Dios de Jesús. También es cierto que ese fariseo nos sigue tentando a volver al conocimiento del bien y del mal de manera legalista, es decir a la definición de leyes que establezcan claramente dónde está el pecado y donde no, quién quebranta la Ley de Dios y quién no.
La ética cristiana es un camino, lo que significa que los creyentes vivimos en una tensión constante porque cambian las situaciones y la historia no se detiene. Tampoco son iguales las respuestas éticas de los creyentes y las comunidades, según las épocas y según las culturas. Pero eso no quiere decir que se trate de una ética situacional, sino que se trata de una ética teológica, es decir, una ética configurada por el poder de la Palabra: esto quiere decir caminar “en Cristo”, buscando en la Biblia y en el Espíritu, el discernimiento de la voluntad de Dios para cada situación, para cada contexto.

Decir que el camino ético, para los creyentes evangélicos de hoy, sigue abierto quiere decir que en la Biblia escuchamos una Palabra que nos convoca a desear que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo, a discernir esa voluntad y actuar de manera obediente. Esto lo hace el creyente siempre “en Cristo”, lo que significa “en la relación común de los que han sido incorporados en la nueva vida, es decir en la comunión de los creyentes” guiados por el Espíritu Santo, en un propósito más grande, que es el deseo de Dios de hacer una nueva creación.

Actividades

OREMOS POR LAS PRÓXIMAS DETERMINACIONES QUE HA DE TOMAR LA CONGREGACIÓN

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 7 de julio, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Nahum 1.1-8
Himno: “¡A Dios adorad!” (76)
Oración de ofrecimiento
Himno: “Todos juntos reunidos” (408)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Miqueas 6
Tema: Pleito entre el señor y su pueblo
Himno: “Dios os guarde en su santo amor” (448)
Ofertorio
Bendición pastoral

MIQUEAS Y EL DESPLAZAMIENTO
Tarcisio Gaytán


Para adentrarse en el mensaje de Miqueas es necesario recordar el ambiente de militarización que vivía Judá en el s. VIII y que afectaba tanto la vida política como las realidades sociales. El dominio de Asiria, que en el 721 se tomó Samaria, destruyó parte de la ciudad, deportó 27 290 personas y la repobló con prisioneros de guerra de otros lugares, sonó como una campanada de alerta para Judá. Bajo Ezequías (716-687) se vivió una época de grandes intervenciones arquitectónicas y urbanísticas, muchas de ellas con el fin de fortalecer la defensa ante la inminencia del asedio: se construyó una nueva muralla en Jerusalén (a costa de la expropiación y demolición de casas privadas, cf. Is 22.10), algo similar se puede decir de Laquis (el mayor centro judío de la Sefelá) y de al menos otras tres fortalezas en la misma región y a muy pocos kilómetros de Moreset Gat.

La militarización de la vida campesina no era otra cosa que una medida de fuerza para presionar el crecimiento económico. La repoblación de Samaria con personal de otros lugares del imperio trajo como consecuencia la imposibilidad de cualquier tipo de resistencia política y la salvaguarda de la economía local para el provecho de Asiria. En Judá, la amenaza del imperio asirio condujo a la concentración de recursos alimenticios y a su envío, bien sea para las ciudades filisteas y los puestos de avanzada asirios (principalmente los recursos producidos en la Sefelá), o bien para Jerusalén (los producidos en el altiplano).

No es difícil pensar en la catástrofe social para los campesinos de la llanura y el pie de monte. Los constantes tributos que los reyes tenían que pagar a los soberanos asirios se traducían en más impuestos, ventas de territorios a bajo precio, mayor despojo y mayor empobrecimiento. Por falta de capacidad de pago de los tributos, fácilmente un campesino podía perder sus tierras que pasaban a la corona o a los funcionarios reales. El descontento social se sofocaba con mayor militarización: además de los impuestos es probable que se llevasen a cabo levas de campesinos para conducirlos a Jerusalén como trabajadores forzados (cf. 3.10). En el libro de Miqueas aparece clara la perversa alianza entre autoridades de la ciudad y grandes terratenientes, que presumen de ser muy piadosos. […]
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

12 – Reunión congregacional / Reunión ordinaria de la CMIRP

20-25 – Curso de Verano

“La fe… certeza de lo que se espera”: el amor de Dios nos atrae y nos conduce, L. Cervantes-O.

5 de julio, 2015

La fe es garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos.
Hebreos 11.1, La Palabra (Hispanoamérica)

Las traducciones

 Estin           de       pístis            elpidsoménon            jupóstasis,                 
 [3] es    [1] Y   [2] la fe  [5] siendo esperadas          [4] la esencia
pragmáton               elégkos
[7] de las cosas      [6] la convicción
ou       blepoménon.
no    siendo vistas (= que no se ven).
                                                                                         

·       Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (RVR 1960)
·  Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos. (Dios habla hoy)
·       La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. (Biblia de Jerusalén)
·       Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Biblia de las Américas)
·       La fe es la garantía de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve. (La Biblia del Peregrino)
·       Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Nueva Versión Internacional)
·  Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. (Traducción en Lenguaje Actual)

El valor de la fe para la existencia cristiana
Como se puede ver, la “definición” de fe que ofrece la carta a los Hebreos es bastante paradójica y utópica. Paradójica, porque depositar en lo no visto la totalidad de la “esencia” o de las “convicciones” es una apuesta demasiado grande para la vida humana. Utópica, porque el horizonte del acontecimiento cristiano se ubica en la esperanza de la manifestación de las cosas no vistas. “Las realidades que no vemos”, “lo que no se ve”: todo ello remite a un conjunto de situaciones y procesos que rebasan lo medible, lo material, lo fáctico. Heb 1 afirma que la fe pertenece al ámbito de lo desconocido, pero profundamente cierto. “La fe nos mantiene firmes en la espera de lo que todavía ‘no se ve’, aludiendo a esa segunda y definitiva venida del Señor. Son los ojos de la fe los que perciben en lontananza al que ha de venir, es más: la fe posee ya, por anticipado, esa realidad del encuentro definitivo con el Señor que se perfila como el horizonte último de la historia y que da sentido al tiempo presente”.[1]

Esta propuesta de comprensión de lo que es fe sigue inmediatamente a unas palabras sumamente elocuentes: “Nosotros no pereceremos por echarnos atrás, sino que salvaremos nuestra vida por la fe” (10.39; Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”, RVR 1960). Si “la fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve”,[2] se tiende hacia un equilibrio entre la certeza y lo que aún no se ve. La relación compleja se da entre la fe y la esperanza, pues la primera ya se experimenta aquí, mientras que la segunda se proyecta hacia el futuro desconocido: “El término griego que establece la relación entre ambas es difícil, es una hipóstasis; literalmente, ‘la ley es una hipóstasis de lo que se espera’; digamos: un fundamento, una base de apoyo, lo que ‘se mantiene por debajo’. La fe es el fundamento de lo que se espera, su base de apoyo: la esperanza es movimiento lanzado hacia..., la fe es la base donde se arraiga y fundamenta este movimiento”.[3]

Con esta definición se abre la mirada de conjunto sobre la historia de los antepasados del capítulo 11 y la presentación de la comunidad neotestamentaria (12.1-11). Jesucristo aparece aquí como el “pionero y consumador de la fe” (12, 2 ss). Él es el consumado por Dios y por eso puede llevar a buen término la lucha por la consumación. El dinamismo de la fe le viene impreso al pueblo de Dios juntamente con la promesa. El mundo futuro es el objetivo que ha sido prometido por la palabra de Dios. La tensión entre el más acá y el más allá, característica de la tradición helenística, adquiere con ello una nueva expresión.[4]

Definición de la fe que será seguida de un muestrario demostrativo, con nombres y acciones, de la forma en que ella es capaz de sostener la existencia humana en medio de las peores circunstancias, “porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos” (v. 2). Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob abren ese inventario divino-humano que da testimonio de la fortaleza que proporciona la fe y ofrecen lecciones inmejorables: el primero, “ofreció a Dios un sacrificio más valioso” que el de su hermano y “aunque muerto, sigue hablando todavía” (v. 4); Enoc no pasó por la muerte, pues le “agradó a Dios” (v. 5) y su experiencia sirve al autor para ampliar la importancia de la fe, condición imprescindible para agradar a Dios y porque sin ella es imposible estar bien con Él y creer en sus promesas (v. 6). Noé, a su vez, “tomó en serio la advertencia sobre algo que aún no se veía” y actuó en consecuencia, además de que “puso en evidencia al mundo y logró heredar la salvación” (v. 7). Abraham, el modelo y paradigma de la fe, “obedeció la llamada de Dios y se puso en camino hacia la tierra que había de recibir en herencia. Y partió sin conocer cuál era su destino” (v. 8). Lo mismo hicieron sus herederos que dieron cuerpo a la historia de la salvación en su momento.

La fe es el sustento de toda acción histórica que se realiza en el nombre de Jesucristo y también la razón de ser de una comprensión espiritual de todo lo que acontece al conectarnos con el Creador de todas las cosas: “Por la fe comprendemos que el universo ha sido modelado por la palabra de Dios, de modo que lo visible tiene su origen en lo invisible” (v. 3). Gracias a ella es posible situarse en el presente (“ya”) que inevitablemente está ligado al futuro (“todavía no”) y que define el péndulo espiritual en el cual se mueve la iglesia, individual y colectivamente, para recorrer su trayectoria en la certeza de que el amor de Dios se desdoblará en una multitud de procesos y situaciones de bendición, incluso ante los peores horizontes.




[1] La Biblia de Nuestro Pueblo. Biblia del Peregrino. Macau-Bilbao, Misioneros Claretianos-Mensajero, 2008, p. 1956.
[2] Jean-Marie Carriére, “¡Resistid!”. Relectura de la carta a los Hebreos. Estella, Verbo Divino, 2011 (Cuadernos bíblicos, 151), p. 49.
[3] Ibid., p. 51.
[4] O. Michel, “Fe”, en L. Coenen et al., eds., Diccionario teológico del Nuevo Testamento. II. Salamanca Sígueme, 2002, p. 184.

Hebreos 11.1-10


La Palabra (Hispanoamérica)
1 La fe es garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos. 2 Por ella obtuvieron nuestros mayores la aprobación de Dios.3 Por la fe comprendemos que el universo ha sido modelado por la palabra de Dios, de modo que lo visible tiene su origen en lo invisible.
4 Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más valioso que el de Caín; por ella fue proclamado justo al dar Dios testimonio a favor de sus ofrendas. Y por su fe, aunque muerto, sigue hablando todavía.
5 Por la fe Enoc fue trasladado, sin pasar por la muerte, y no pudo ser encontrado porque Dios lo trasladó. Pero la Escritura atestigua que antes de ser trasladado agradó a Dios; 6 ahora bien, sin fe es imposible agradarle, porque para acercarse a Dios es preciso creer que existe y que no deja sin recompensa a quienes lo buscan.
7 Por la fe Noé tomó en serio la advertencia sobre algo que aún no se veía, y construyó un arca para salvar a su familia. Por su fe puso en evidencia al mundo y logró heredar la salvación que se obtiene por medio de la fe.

8 Por la fe Abrahán obedeció la llamada de Dios y se puso en camino hacia la tierra que había de recibir en herencia. Y partió sin conocer cuál era su destino. 9 Por la fe vivió como extraño en la tierra que Dios le prometió, habitando en cabañas. Y otro tanto hicieron Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa juntamente con él, 10 que había puesto su esperanza en una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. […]

Programa de julio

TEMA SEMESTRAL: CAMINAMOS HACIA ADELANTE TOMADOS DE LA MANO DE DIOS

Tema: “LA FE… CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA”: EL AMOR DE DIOS NOS ATRAE Y NOS CONDUCE

I. Domingos, 11.45 hrs.

5: “La fe… certeza de lo que se espera”
Lectura bíblica: Hebreos 11.1-10
Dirige: A.I. Marthita Aguilar A.
Expositor: LCO

12: La fe que se requiere para caminar hacia adelante
Lectura bíblica: Efesios 6.10-17
Dirige: Hno. David Ábrego
Expositor: LCO

19: “Señor, ¡auméntanos la fe!”
Lectura bíblica: Lucas 17.1-10
Dirige: A.I. Sandra Salgado A.
Expositor: A.I. Vicente Orozco Gallegos

26: La fe constante y el amor de Dios en personas y en la Iglesia
Lectura bíblica: I Tesalonicenses 5.1-11
Dirige: A.I. Hiram Palomino López
Expositor: LCO

II. Domingos, 17.30 hrs.

5: Reunión de Consistorio
19: Capacitación de oficiales
26: Taller de estudio bíblico: “La fe profética según Martin Buber”

III. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: El profetismo bíblico: cumbre de la religión antigua

7: Pleito entre el Señor y su pueblo (Miqueas 6)
Modera: D.I. Laura Cabrera Berrocal

14: Lamentación y esperanza (Miqueas 7)
Modera: LCO

21: Dios acusa al pueblo de infidelidad (Isaías 1.1-20)
Modera: Hna. Alma Laura Adame H.

28: Los pueblos peregrinan a Sión (Isaías 2.1-16)
Modera: A.I. Rubén Núñez Castro

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...