domingo, 13 de agosto de 2017

Letra 531, 13 de agosto de 2017

PRIMUS TRUBAR (1508-1586)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Reformador esloveno nacido en Rašica y muerto en Derendingen, cerca de Tubinga. Después de estudiar en Rijeka, Salzburgo (en el convento benedictino de San Pedro, donde también desarrolló sus dones musicales) y Viena. En 1524 fue invitado por el obispo de Trieste, Pietro Bonomo, a ser su asistente y a cantar en coro episcopal. En 1528 estuvo presente en el martirio de Balthasar Hubmaier y su esposa. Fue ordenado sacerdote en 1530. A través de Heinrich Bullinger conoció en 1541, la reforma en Suiza. En 1542 fue canónigo catedralicio en Liubliana. Sus sermones le granjearon gran popularidad. Cayó en sospecha de protestantismo, por lo que debió huir en marzo de 1548 a Nuremberg y buscar asilo junto a Veit Dietrich, por cuyo intermedio llegó a ser predicador en Roteburgo del Tauber. Allí escribió sus obras Catechismus (influido por los catecismos de Lutero y Johannes Brenz; el texto incluía tambioén una letanía, himnos y exposiciones sobre pasajes de la Biblia, así como un texto de Matthias Flacius Illyricus sobre la fe verdadera) y Abecedarium (1550), los primeros libros impresos en esloveno. Sirvió a su nueva comunidad y, al mismo tiempo, trabajó para extener la Reforma en su patria. Sobre eso escribió: “El gran amor y reverencia que te profeso y la gracia recibida de Dios, mi sacerdocio, este llamado y el mandamiento de Dios son lo que me mueven a hacer todo esto”.

A partir de 1551 fue pastor en Kempten. Entre 1555 y 1560 publicó una traducción del Nuevo Testamento al esloveno. En 1561 estuvo en Urach, donde se dedicó a publicar libros protestantes escritos en su idioma y en croata. Ese mismo año llegó a ser superintendente en Liubliana, donde creó el primer ordenamiento eclesiástico luterano en tierras hereditarias de Austria (1564). Trabó amistad con el barón Ungnad, que igualmente había abrazado la Reforma, quien fundó una imprenta especializada en libros en esloveno y croata destinados a la exportación. En 1565 fue obligado a abandonar nuevamente su patria para ser pastor en Lauffen y, a partir de 1566, en Derendingen. Tradujo una veintena de libros al esloveno y alemán, entre otros, y participó en la edición de varios más. Escribía en el dialecto de su pueblo, Rašcica, en Baja Carniola, que se convirtió en lengua literaria. Fue el creador del lenguaje literario y la ortografía eslovenas, y también fue responsable de los primeros textos impresos de la música de su país.
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LA VERDADERA PENITENCIA (I)
Paolo Ricca y Giorgio Tourn
Las 95 tesis de Lutero y la cristiandad de nuestro tiempo.
Nueva edición revisada. Turín, Claudiana, 2016, pp. 15-24.

Tesis 1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia...”, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
Tesis 2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
Tesis 3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.
Tesis 4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

La verdadera penitencia: éste es el tema de fondo no sólo de las 95 Tesis de Lutero, sino, podemos decir, de toda la Reforma. Nació del redescubrimiento de la doctrina evangélica de la penitencia. La iglesia de la época la predicaba, sin duda, pero más ligada a las obras a realizar que para restablecer la fe. Las personas que llevan a cabo las obras de penitencia creían que obtenían así el perdón divino. La fe estaba ahí, naturalmente, pero había la certeza de que el perdón la daban las obras, no la fe. Lutero no subestimó las obras de penitencia, ni dejó de reconocer su importancia: la penitencia no puede consistir únicamente en un sentimiento interior, que debe llevarse a cabo también en el exterior "en diversas mortificaciones de la carne", que es precisamente obras de penitencia de varios tipos (Tesis 3).

Estas mortificaciones son necesarias, pero en su cumplimiento el creyente al buscar la paz no puede encontrar la certeza del perdón. Esta certeza Lutero quería que se basara no en nuestras obras (que son necesarias), sino en la obra de Cristo, no en nuestra obediencia, sino en la de él. Es por eso que Lutero insiste tanto en la fe: porque la fe nos lleva a Cristo y nos hace vivir en él. En él encontramos la salvación y la seguridad de la misma.

  En una carta de abril de 1517 (medio año antes de la publicación de las 95 tesis), dirigida a Georg Spenlein, monje agustino como él, Lutero escribió:

Tenía ganas de saber también en qué punto está su alma y si finalmente cansado de mi propia justicia, estaba aprendiendo a respirar en la justicia de Cristo y confiar en esto. De hecho, en nuestro tiempo la tentación de la presunción arde en el corazón de muchas personas, y en especial aquellos que tratan con todas sus fuerzas de convertirse en buenos y justos. Haciendo caso omiso de la justicia de Dios, que se nos da en abundancia y libremente en Cristo, tratando de hacer buenas obras, hasta que estén seguros de aparecer ante Dios adornados en sus virtudes y sus méritos; pero esto es imposible. Tú también has compartido esta opinión, o más bien este error, cuando estabas con nosotros. Yo también lo he compartido. Ahora lucho contra este error, pero no he ganado todavía.
Por lo tanto, mi querido hermano, aprender a conocer a Cristo, y Cristo crucificado; aprender a cantar sus alabanzas, a desesperar de sí mismo y decir: Tú, Señor Jesús, eres mi justicia, pero yo soy tu pecado; tú has tomado sobre ti mismo lo que era mío, y me dio aquello que no lo era. Eso sí, mi querido hermano, que no te pase un día sin que aspires a la pureza de manera que es posible que no estarás dispuesto a ver en ti un pecador, como eres. En efecto, Cristo mora solamente con los pecadores [...] Encontrarás la paz sólo en él, después de haber perdido la esperanza en ti mismo y en tus obras.

Consagrar su vida a Dios, queriendo ser buenos y justos, y buscar la santidad son ciertamente frutos de la fe. Como dice la Escritura: “‘Sed santos porque yo soy santo’, dice el Señor” (Lv 11.44). Y aún más: “Buscad la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12.14). Pero la búsqueda de la santidad, sobre todo si tiene éxito, puede suscitar en el creyente un sentido de la moral suficiente, un orgullo oculto, la conciencia de su propia justicia, un “sentirse bien”, lo que podría debilitar la conciencia de su condición de pecador y secretamente hacer innecesario el perdón de Cristo. Esto es lo que ocurre con el fariseo en la famosa parábola (Lc 18.9-14). Pero si el perdón de Cristo se convierte en innecesario en nuestras vidas, es Cristo mismo quien se vuelve superfluo: parece que estamos bien sin él. Paradójicamente, nuestra justicia, la santidad y la moralidad nos alejan de él. “En efecto, Cristo mora solamente con los pecadores”. Por eso, la verdadera penitencia debe durar toda la vida, porque a través de ella el alma se mantiene más cerca de Cristo todos los días, invocando la misericordia.

La predicación de los profetas en Israel era esencialmente un llamado al arrepentimiento, para volver a Dios: “Pero como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová. [...] Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro Dios. Ciertamente vanidad son los collados, y el bullicio sobre los montes; ciertamente en Jehová nuestro Dios está la salvación de Israel. [...]” (Jeremías 3.20-23, RVR60), como la predicación de Juan el Bautista (Lc 3.7-8) y del mismo Jesús (Marcos 1.15) fue también un llamado al arrepentimiento, por lo que también la Reforma quería nada más que el arrepentimiento de la iglesia del siglo XVI, su retorno a Dios y a Cristo. La profunda continuidad entre la predicación profética, la primera predicación cristiana y la predicación de la Reforma consiste, precisamente, en esta llamada común al arrepentimiento, para volver a Dios y sólo a él.

La Reforma se ve a menudo como un acto de rebelión, de la intolerancia, de insubordinación; por el contrario, fue un gran acto de humillación y arrepentimiento delante de Dios. La iglesia que nació de la Reforma no era una iglesia rebelde; era una iglesia penitente, arrepentida, que había encontrado en Dios, en Él solamente, el comienzo, el final y el centro de su existencia.

¿Qué es, pues, de acuerdo con Lutero, la verdadera penitencia? Es el movimiento del ser humano que, consciente de su pecado, se vuelve a Cristo, en quien se encuentran la justicia, la inocencia y la paz. “Hacer de la penitencia toda la vida” no significa hacer de la vida cristiana una eterna Cuaresma, sino volverse cotidianamente a Cristo mediante la fe “el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (I Corintios 1.30). Por lo tanto, la verdadera penitencia es solamente la conversión a Cristo que dura toda la vida porque empieza de nuevo cada día, y al empezar cada día, es el resultado de una dura batalla interna e implacable que acompaña la vida cristiana de principio a fin, “hasta la entrada en el reino de los cielos” (Tesis 4).
Versión: LC-O.
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QUETURÁ: MADRASTRA (II)
Margot Kässmann

El hijo mirará a la nueva mujer que va del brazo de su padre con ojos extraordinariamente críticos. Los celos son un sentimiento profundo que puede salir a relucir. En los casos en que su madre siga viva —es decir, cuando los progenitores se hayan separado—, el hijo siempre querrá que estos vuelvan a formar pareja. Incluso cuando se trata de relaciones muy complicadas, los hijos anhelan que sus padres vuelvan a estar juntos. Y si la madre ha muerto, el dolor por la pérdida será muy grande. La tristeza que sienten no permite a muchos hijos entender que su padre busque una nueva compañera. La muerte les ha afectado y se niegan a aceptar que las cosas no vuelvan a ser como antes.

Actualmente, la madrastra forma parte de muchas familias en nuestro país. En este sentido, lo tienen más fácil que antes, porque ahora un divorcio no conlleva una mácula para los implicados. Sin embargo, estos tienen que hacer un gran esfuerzo emocional para convivir positivamente en el nuevo entorno familiar. El relato bíblico de Queturá no sirve exactamente de ejemplo para estas familias modernas. En efecto, la familia de la que formaba parte Queturá parece haber solucionado sus conflictos recurriendo a la autoridad del patriarca, no estrechando lazos mutuos. Ahora bien, la necesidad de estrechar lazos entre todos los miembros de la familia es imprescindible para alcanzar una verdadera solución en estos casos.

Estoy convencida de que el precepto bíblico “Ama al prójimo como a ti mismo” es especialmente útil en estas situaciones. Puedo contemplarme a mí misma con mis puntos fuertes y débiles. Sí, ¡puedo amarme a mí misma! No tengo que dejarme amedrentar, sino que más bien debo estar dispuesta a confiar también en mí misma. E igualmente puedo querer a aquellas personas que tratan de mostrar su lado positivo, “no calumniar, ni difamar a nuestro prójimo, sino disculparlo, hablar bien de él e interpretarlo todo en el mejor sentido”, como nos sugiere el octavo mandamiento del Catecismo menor de Martín Lutero. Y, finalmente, debemos amar a Dios sobre todas las cosas. Esto nos saca de la coyuntura, a veces estrecha y opresiva, de las relaciones interpersonales, y nos hace tomar conciencia de una relación en la que Dios es la tercera persona, a través de la cual ambos podemos relacionarnos y que, de hecho, nos relaciona mutuamente.


Para ser madrastra se necesitan, en mi opinión, paciencia, valor, amor y perseverancia. Esta tarea es sin duda mucho más complicada que la de la maternidad biológica. Pero merece la pena, porque el hijastro seguirá siendo el hijo del hombre a quien la mujer ama. A veces, la relación funciona a pesar de la pérdida experimentada —pérdida que el hijo seguirá sintiendo—. En estos casos, la nueva familia no habrá sufrido un “robo”, sino que habrá sido enriquecida con un miembro más.

Actividades

OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES Y PLANES DEL MES DE AGOSTO

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 15 de agosto, 19 hrs.
Modera: A.I. Israel Núñez C.

Llamamiento: Isaías 12
Oración de ofrecimiento
Himno: “Es Jesús mi todo en todo” (353)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 2
Tema: Ezequiel: sacerdote-profeta
Himno: “Dios cuidará de ti” (366)
Ofertorio
Bendición pastoral 

VOCACIÓN DEL PROFETA
Julio Lamelas Míguez

E
n Ez 2.1-3.11, la teofanía destinada al profeta tiene como objetivo una palabra dirigida al pueblo y que el profeta ha de tragar: Abre la boca y come lo que te doy (Ez 2.8). Yo abrí la boca, y él me hizo comer el rollo (Ez 3.2). Como Isaías (Is 6.1-8) y Jeremías (Jr 1.4-10), Ezequiel es llamado a una misión muy importante. En su condición ínfima de hijo de hombre es enviado a los israelitas, a los rebeldes de Israel, tercos y obstinados. Rebeldes por su apostasía e idolatría y también por su oposición contra Nabucodonosor, hecha realidad en la actitud de Jeconías y Sedecías y en la de sus súbditos contra el rey de Babilonia.

Ben 'adam" = hijo de hombre, se encuentra noventa veces en Ezequiel, y su significado no ha de entenderse en el sentido mesiánico de Dn 7.13, como figura del pueblo mesiánico y del Mesías mismo, sino en la línea de Dn 8.17, como hombre, ser humano de carne y hueso, solidario y semejante a todo hombre: adam, indica la colectividad humana, y ben, el hombre concreto y singular. Ambos términos en el lenguaje bíblico expresan distancia entre Dios y el hombre, y al mismo tiempo confianza, pues el hombre es criatura de Dios.

Lo esencial de la misión profética de Ezequiel está expresado en Ez 2.3-7. Ezequiel, como verdadero profeta, debe ser y ahora es, enviado por Dios. Cuando habla como profeta, está pronunciando u n mensaje que no es suyo propio sino de Dios. Consecuentemente, sus oráculos proféticos a lo largo de todo su libro, serán introducidos por la fórmula: Así dice el Señor o recibí esta palabra del Señor, porque es de él de quien viene el mensaje. Un mensaje para "Israel", o mejor, como se dice en Ez 3.4 y en todo el libro, para el pueblo de Israel, porque Ezequiel no es enviado solamente a Judá, el reino político en el que Joaquín y Sedecías eran reyes, sino también a todos los miembros del primitivo reino del Norte, suprimido por Asiría 130 años antes, y a los exiliados en Babilonia.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES


20 – XI Aniversario del Coro Laudate Dominum / Apertura de cursos

La Palabra divina, viva y eficaz siempre, D.I. Mario González P.

13 de agosto de 2017

Hebreos 4.1-13, TLA

Por eso, mientras siga en pie la promesa de descansar con Dios, debemos tener cuidado. Sería una lástima que alguno de ustedes no pudiera recibir de Dios ese descanso. Porque nosotros oímos la buena noticia, igual que aquellos israelitas que salieron de Egipto. Sólo que a ellos no les sirvió de nada oírla, porque no creyeron en el mensaje. Nosotros, en cambio, los que sí hemos creído en la buena noticia, disfrutaremos de la paz y de la tranquilidad que Dios nos ha prometido. Pero a los que no creyeron, Dios les dijo:
Por eso, ya enojado decidí:
"No voy a permitirles
entrar en la tierra prometida,
donde los haré descansar.”
Dios dijo esto, refiriéndose a su descanso cuando terminó de crear el mundo. Porque en alguna parte de la Biblia se habla así del día sábado:
En el séptimo día
Dios descansó de todo su trabajo.
Y en cuanto a este punto, vuelve a decir:
Ustedes jamás entrarán
en mi lugar de reposo.
Los primeros en oír la buena noticia desobedecieron a Dios, y por eso no pudieron recibir su descanso. Pero la promesa de Dios sigue en pie,porque él nos dio una nueva oportunidad, como lo dijo por medio de David en el pasaje de la Biblia, que ya mencionamos:
Si hoy escuchan la voz de Dios,
no sean tan tercos.
Si Josué hubiera podido hacer que los israelitas descansaran realmente en paz y tranquilidad, Dios no habría hablado de otra oportunidad. Pero todavía esperamos el día en que nosotros, el pueblo de Dios, recibiremos el descanso que Dios nos ha prometido. 10 En ese día, el pueblo de Dios descansará por fin de su trabajo, así como Dios descansó del suyo. 11 Por eso, hagamos todo lo posible por obedecer a Dios, para que en ese día recibamos su descanso. No sigamos el ejemplo de los que no creyeron la buena noticia.
12 Cada palabra que Dios pronuncia tiene poder y tiene vida. La palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Allí examina nuestros pensamientos y deseos, y deja en claro si son buenos o malos. 13 Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él, pues Dios puede verlo todo con claridad, y ante él seremos responsables de todo lo que hemos hecho.

sábado, 5 de agosto de 2017

Letra 530, 6 de agosto de 2017

BERNHARD ROTHMANN (1495-¿?)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Predicador evangélico y teólogo anabautista nacido en Westfalia y muerto en fecha y lugar desconocidos. Acudió a la escuela en Deventer y Münster, fue maestro en Warendorf y, a partir de 1529, vicario en la catedral de Saint Mauritz, cerca de Münster. Viajó a Wittenberg, Marburgo y Estrasburgo. Por sus sermones evangélicos fue expulsado por el príncipe obispo Federico von Wied, de Münster. Los historiadores modernos son unánimes en su alabanza del genio de este hombre, un teólogo entrenado y que asumió temprano una posición del liderazgo en la iglesia evangélica en Münster. Los viajes de Rothmann, que estaban destinados a mantenerlo fiel a la causa reformada, le sirvieron para ampliar su perspectiva. Estaba encantado con lo que su amigo Capitón le mostró en Estrasburgo en 1531, donde también conoció a Schwenckfeld (aunque Schwenckfeld nunca lo admitió) Probablemente no conoció a Bucero, pues no estaba en la ciudad. Rothmann calificó a Estrasburgo como “corona y palma de todas las ciudades e iglesias cristianas”. De su tiempo dedicado a viajar de abril a julio de 1531 pasó desde mediados de mayo hasta julio. Cuando volvió a predicar en Münster a principios de julio de 1531, fue completamente evangélico en su predicación. En esa ciudad fue párroco de San Lamberto desde 1532.
Tras reiniciar sus sermones evangélicos, lo hizo contra el bautismo de párvulos. Los melchoritas holandeses lo bautizaron en 1534 y después pasó a un segundo plano detrás de Jan de Leyden y Jan Matthijs, pero siguió trabajando hasta el último momento en la ciudad sitiada por las fuerzas imperiales católicas. Al caer Münster, escapó quizá a Oldenburgo. En sus textos teológicos muestra la influencia de Melanchthon, Capitón, Campanus y Hoffman. Sus escritos de 1535 estuvieron dedicados a preparar la segunda venida de Cristo. La influencia más duradera de Rothmann fue a través de la confesión que él escribió con los predicadores de Wassenberg. Esta confesión sobrevivió en la hermandad de Marpeck, y sigue siendo un clásico anabautista. Sin embargo, sigue siendo una de las tragedias del primer anabautismo que este hombre dotado, a pesar de todas sus expresiones de humildad, cedió al deseo de honor, y finalmente no pudo resistir las influencias que llegaron a su vida. Sin embargo, Detmer, su biógrafo moderno, puede estar en lo cierto cuando sugiere que Rothmann inevitablemente debió tomar el camino que eligió porque la causa reformada no le prestó atención en la disputa de 1533 e ignoró su victoria.
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LAS 95 TESIS DE LUTERO (I)
César Vidal Manzanares
Protestante Digital, 28 de mayo de 2011

Las primeras tesis de Lutero apuntan al hecho de que Jesucristo ordenó hacer penitencia -literalmente: arrepentíos en el texto del Evangelio - pero que ésta es una actitud de vida que supera el sacramento del mismo nombre:

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “haced penitencia”, etcétera, quiso que toda la vida de los fieles fuese penitencia.
2. Este término no puede ser entendido como una referencia a la penitencia sacramental, es decir, a la confesión y satisfacción realizada por el ministerio sacerdotal.

Precisamente, por ello el papa no puede remitir ninguna pena a menos que previamente lo haya hecho Dios o que sea una pena impuesta por sí mismo. De esto se desprendía que afirmar que la compra de las indulgencias sacaba a las almas del purgatorio de manera indiscriminada no era sino mentir ya que el papa no disponía de ese poder:

5. El papa no quiere ni puede remitir pena alguna, salvo aquellas que han sido impuestas por su propia voluntad o de acuerdo con los cánones.
6. El papa no puede remitir ninguna culpa, a no ser cuando declara y aprueba que ha sido ya perdonada por Dios, o cuando remite con seguridad los casos que le están reservados.
20. ...la remisión plenaria de todas las penas por el papa, no hace referencia a todas las penas, sino sólo a las que él ha impuesto.
21. Yerran, por lo tanto, los predicadores de las indulgencias que afirman que en virtud de las del papa el hombre se ve libre y a salvo de toda pena.
22. El papa no remite ninguna pena a las almas del purgatorio que, de acuerdo con los cánones, tendrían que haber satisfecho en esta vida.
23. Si se pueden remitirse las penas a alguien, seguro que se limita únicamente a los muy perfectos, es decir, a muy pocos. Por lo tanto, se está engañando a la mayor parte de la gente con esa promesa magnífica e indistinta de la remisión de la pena.

A fin de cuentas, según Lutero, la predicación de las indulgencias no sólo se basaba en una incorrecta lectura del derecho canónico sino que además servía para satisfacer la avaricia de determinadas personas y para colocar en grave peligro de condenación a aquellos que creían sus prédicas carentes de una base espiritual cierta:

27. Predican a los hombres que el alma vuela en el mismo instante en que la moneda arrojada suena en el cepillo.
28. Es verdad que gracias a la moneda que suena en la cesta puede aumentarse lo que se ha recogido y la codicia, pero el sufragio de la iglesia depende de la voluntad divina.
31. El ganar de verdad las indulgencias es tan raro, a decir verdad, tan rarísimo, como el encontrar a una persona arrepentida de verdad.
32. Se condenarán eternamente, junto a sus maestros, los que creen que aseguran su salvación en virtud de cartas de perdones.
35.No predican la verdad cristiana los que enseñan que no es necesaria la contrición para las personas que desean librar las almas o comprar billetes de confesión.

En realidad, según Lutero, mediante predicaciones de este tipo, se estaba pasando por alto que Dios perdona a los creyentes en Cristo que se arrepienten y no a los que compran una carta de indulgencia. La clave del perdón divino se halla en que la persona se vuelva a Él con arrepentimiento y no en que se adquieran indulgencias. Con arrepentimiento y sin indulgencias es posible el perdón, pero sin arrepentimiento y con indulgencias la condenación es segura.
Por otro lado, había que insistir también en el hecho de que las indulgencias nunca pueden ser superiores a determinadas obras de la vida cristiana. Aún más, el hecho de no ayudar a los pobres para adquirir indulgencias o de privar a la familia de lo necesario para comprarlas constituía una abominación que debía ser combatida:

36. Todo cristiano verdaderamente arrepentido tiene la debida remisión plenaria de la pena y de la culpa, aunque no compre cartas de indulgencia.
37. Todo cristiano, vivo o muerto, incluso sin cartas de indulgencia, disfruta de la participación de todos los bienes de Cristo y de la iglesia concedidos por Dios.
39. Resulta extraordinariamente difícil, incluso para los mayores eruditos, presentar a la vez al pueblo la generosidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
41. Hay que predicar con mucha cautela las indulgencias apostólicas, no sea que el pueblo entienda erróneamente que hay que anteponerlas a las demás obras buenas de caridad.
45. Hay que enseñar a los cristianos que aquel que ve a un necesitado y lo que pudiera darle lo emplea en comprar indulgencias, no sólo no consigue la venia del papa sino que además provoca la indignación de Dios.
46. Hay que enseñar a los cristianos que, a menos que naden en la abundancia, deben reservar lo necesario para su casa y no despilfarrarlo en la adquisición de indulgencias.

QUETURÁ: MADRASTRA
Margot Kässmann

EL término “madrastra” no aparece en la Biblia en ningún momento. Sin embargo, nosotros podemos reconstruir la figura de algunas de las madrastras con datos tomados de la Biblia. Una de ellas es Queturá, la segunda mujer de Abrahán. Tras la muerte de Sara, madre de Isaac, Abrahán compró el campo de Macpela, juntamente con la cueva donde dio sepultura a Sara (Génesis 23,20). Eso significaba que Abrahán quería ser enterrado junto a Sara. Rebeca, la joven mujer de Isaac, ayudaría a este a superar la pérdida de su madre.
Pero Abrahán se casa con Queturá. Su historia es breve. Su nombre se menciona dos veces: la primera, con motivo del casamiento; la segunda, porque da a luz a otros seis hijos de Abrahán. En cuanto a este tema, se habla sin rodeos: «Abrahán hizo a Isaac heredero universal». Los otros hijos reciben obsequios, y el padre los envía lejos de su hijo Isaac. Cuando Abrahán muere, sus dos hijos mayores, Ismael e Isaac, lo entierran en aquel sepulcro, junto a Sara, su primera mujer.
Estas pocas frases del Génesis esbozan un profundo conflicto humano en esta familia bíblica, en la que se juntan hijos de distintas relaciones sentimentales. Isaac es -y evidentemente seguirá siendo - el hijo favorito de Abrahán. Ya es un hombre joven cuando Abrahán se casa con Queturá, que de esta manera se convierte en madrastra de Isaac. ¿Cómo debió de sentirse Queturá, que, además de vivir a la sombra de Sara – la primera esposa amada y compañera del patriarca durante muchos años-, tenía constantemente a su lado al hijo especialmente querido de Abrahán? Isaac heredaría un día todas las posesiones del patriarca, a pesar de que este había tenido con Queturá seis hijos que también requerían cuidados. Pero a estos hijos los manda Abrahán fuera de casa, para que no se crucen en el camino de Isaac. Las frías palabras con que la Biblia se refiere a estos hechos nos permiten intuir la gravedad de los traumas que se esconden en una constelación familiar como ésta.
“Madrastra” es un término con un innegable matiz negativo. En el vocablo alemán Stiefinutter la negatividad queda también clara en la derivación etimológica. La palabra stoif, del antiguo alto alemán, significa “robada” o “huérfana”. Otra resonancia negativa del término “madrastra” es que trae a la memoria de muchos hablantes a una mujer que no ha parido al hijo - o a los hijos-, sino que se ha apropiado de él, o ellos. La madre biológica siempre es la buena, la auténtica madre. La madrastra tendrá que luchar contra la percepción de que el hijo de la familia no es su hijo: es un “hijastro”.
En general, en los cuentos la madrastra es quien pone al hijo o la hija en apuros, quien en opinión de los hijos no merece un cariño especial por parte del padre, quien trata de desplazar a los hijos, y con ellos a la primera esposa del padre. En los cantares de boda de una madrastra no suelen predominar los tonos de alabanza. De ahí que el papel de una madrastra sea especialmente difícil. En principio ama al hombre con el que se casa. El hijo, o los hijos, son de su marido, y por lo tanto tiene que relacionarse con ellos. Ella no buscaba a esos hijos ni los quería. La relación con ellos es una consecuencia de la relación con su marido.
Por parte de la mujer existe sin duda el deseo de disfrutar de una vida familiar buena y sin complicaciones, porque las tensiones con el hijo repercuten en su relación de pareja. Pero ese objetivo no es fácil de alcanzar. Si la madrastra no tiene hijos propios, se sentirá insegura sobre el trato que debe dispensar a los hijos del padre. Si tiene hijos propios, los hermanastros también necesitarán tiempo para amoldarse los unos a los otros y, en cualquier caso, este no será un proceso rápido y sencillo. Si la primera esposa del marido ha muerto, como Sara en el relato bíblico, la madrastra deberá vivir constantemente confrontada con la imagen de esa mujer, que en una visión retrospectiva y durante el luto por su pérdida posiblemente será idealizada por el marido, hasta convertirla no solo en una madre extraordinaria, sino también en un ideal de mujer.

Actividades

OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES Y PLANES DEL MES DE AGOSTO

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 8 de agosto, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Salmo 25.1-10
Oración de ofrecimiento
Himno: “Día en día” (317)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 1.15-28
Tema: Introducción al libro de Ezequiel (II)
Himno: “En el seno de mi alma” (321)
Ofertorio
Bendición pastoral


VOCACIÓN Y MISIÓN DEL PROFETA
Julio Lamelas Míguez

E
l libro de Ezequiel comienza con el relato de una experiencia personal en el marco de una teofania. Independientemente de las dificultades textuales que presenta, se trata de un relato de visión en el que se desarrollan internamente dos temas fundamentales: el de la vocación del profeta (Ez 2,1-3,3) y el de su misión al pueblo de Israel (Ez 3,4-27).

El relato de la vocación, aunque presenta peculiaridades ezequielianas propias, encuentra paralelos en Is 6,1-8 y Jr 4,1-10. Se distingue de ellos por el especial contexto teofánico donde adquieren gran significación los elementos simbólicos del firmamento o cielo (con sus vientos y nubes que vienen del Norte) lugar de la morada divina y también de la estrella polar, el fuego, la luz y cuatro seres vivientes, símbolo de la totalidad del mundo. Estos elementos están también presentes en otras teofanías vetero-testamentarias (Ex 14,24; Nm 16,35; Sof 1,18; Is 9,1; 60,1-3). El relato de la misión comienza con una serie de consejos y exhortaciones que Dios da al profeta relativas a las características del pueblo al que es enviado y a las dificultades de la misión.

Lo esencial en este relato de visión con que empieza el libro es la presencia de la gloria de Dios. Para describirla Ezequiel se sirve de elementos tomados de la tradición sacerdotal. El Antiguo Testamento considera la gloria de Dios de dos maneras: en relación con el comportamiento, en cuanto que reconocer la gloria de Dios es cumplir su voluntad, serle fiel; y en relación con el culto, en cuanto reconocer su gloria es adorarlo.

La tradición sacerdotal emplea el término kabod (gloria) de la raíz hebrea kbd (pesar) para describir la presencia de Dios (Ex 16,10; 24.15b-18; 40,34-36; Lv 9,23-24), que aparece en momentos de especial importancia: el alimento en el desierto (Ex 16), la revelación del Sinaí (Ex 24 y 40), el momento en que los sacerdotes comienzan a desempeñar su función (Lv 9). En tal descripción casi siempre están presentes la nube y el fuego.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

20 – XI Aniversario del Coro Laudate Dominum / Apertura de cursos

"La fe viene por oír la Palabra de Dios", L. Cervantes-O.


6 de agosto, 2017

Así que las personas llegan a confiar en Dios cuando oyen el mensaje acerca de Jesucristo.
Romanos 10.17, TLA

Así que la fe procede de oír, oír por medio de la palabra de Cristo.
El Nuevo Testamento griego palabra por palabra, SBU

Los desafíos de la Palabra divina en nuestro tiempo
Nuevamente somos confrontados por la espiritualidad y la cultura que brotan del Libro Sagrado. Como Lutero, somos desafiados a seguir cautivos de la Palabra de Dios (Worms, 1521) e igual que él desafiamos a su vez a todo aquel que no se sujete a lo que enseña la Palabra de Dios. Vivimos siempre bajo el dilema y el juicio de la palabra creadora y redentora de Dios. Tenemos la obligación moral y cristiana de sobreponernos a los fundamentalismos y a los relativismos si hemos de seguir siendo fieles al mensaje de Dios.

Como religiones abrahámicas seguimos siendo un Pueblo del Libro que debe ir más allá de la letra para alcanzar la estatura del espíritu, pues de lo contrario corremos el riesgo de ser insensibles a la voz de Dios en estos tiempos tan críticos. También tenemos la obligación espiritual de ir más allá de las diferentes traducciones para acceder a una verdad crítica que brota siempre del texto en los idiomas originales de las Sagradas Escrituras. En una breve reseña de un libro del escritor israelí Amos Oz y su hija Fania (Los judíos y las palabras. Siruela, 2015), Armando González Torres comenta muy bien la relación de los judíos con las palabras sagradas en nuestra época:

La identidad judía no proviene sólo del linaje, sino de la circulación intergeneracional de las palabras, de ese enorme cuerpo textual que arropa la fe, pero también la ironía y el examen. En efecto, si bien el cuerpo textual judío abriga la religión, también tiene un componente laico y crítico y es ese componente, tan oscurecido por los fundamentalismos, el que destacan los autores. Así, desde la Biblia, que constituye el núcleo de la religión pero que también puede leerse como un relato literario, un código social y un ideal ético, hasta algunos textos contemporáneos, los autores mezclan ortodoxia con heterodoxia, devoción con escepticismo, seriedad con humor.[1]

Un fragmento del libro de Oz y su hija es digno de recordarse: “Su esplendor [el de la Biblia] en tanto que literatura trasciende la disección científica, así como la lectura devocional. Conmueve y apasiona de un modo comparable a las grandes creaciones literarias, de Homero unas veces, en ocasiones de Shakespeare, de Dostoievski en otras. Pero su alcance histórico difiere del que tienen estas obras maestras. Admitiendo que otros grandes poemas puedan haber dado origen a ciertas religiones, ninguna otra creación literaria ha dejado grabado, de forma tan efectiva, un código legal, ni ha trazado tan convincentemente una ética social” (p. 21).

A 500 años de la Reforma Protestante, estamos ante una excelente oportunidad para evaluar nuestro estatus como lectores asiduos de la Biblia y productores de interpretaciones críticas y autocríticas de la misma. Para tal fin, podríamos hacer una “encuesta anual sobre la lectura de la Biblia”, por ejemplo, con preguntas básicas y de profundización a la manera de la Encuesta Nacional de Lectura: ¿cuál es el principal motivo que influye en usted para leer un libro [bíblico]?, o ¿usted acostumbra leer [partes de la Biblia] para otras personas?[2] Como protestantes y reformados estamos bajo el signo de la Sola Escritura, es decir, de las bendiciones y los riesgos implícitos en la necesidad de leer e interpretar, en todo momento, con seriedad y responsabilidad, el contenido de la Biblia. No podemos darnos el lujo de violentarlo con base en nuestros deseos y ansiedades, o en nuestros criterios humanos, por muy piadosos que creamos que sean, pues ellos casi siempre nos sacarán del camino de aprendizaje y profundización en el mensaje que Dios quiere que recibamos. Ejemplos de esto mismo abundan en la propia Biblia y son muestra de nuestra incapacidad para “orientar” el rumbo de la proclamación de la Palabra del Señor. Al apóstol Pablo le sucedió algo de eso en su discurso presentado en Atenas (Hch 17.16-33). Continuamente se están produciendo materiales de análisis de los textos bíblicos que tendríamos la obligación de conocer para actualizar el mensaje cristiano.
 
La fe que procede del contacto cercano con las Escrituras
Nuestra consigna consiste en meditar sobre la forma en que la fe brota de la escucha atenta y contextual de la Palabra divina contenida en la Biblia, tal como lo propone San Pablo en Romanos 10.17. Es una propuesta legítima porque la reflexión teológica del apóstol Pablo lo llevó a esa conclusión en medio de su discusión sobre el lugar del judaísmo en la salvación mediada por Jesucristo como parte de la historia de una alianza que comenzó con el patriarca Abraham, fundador de la nación. Ese carácter fundador obligó al apóstol a reflexionar sobre el nuevo papel de la tradición judía ante el rechazo de que fue objeto Jesús de Nazaret por parte de la misma. En Ro 9.1-29 hace un magnífico repaso de la redención hasta llegar al tema de la justificación por la fe por parte de los no judíos (vv. 30-33). Ya en el cap. 10, este autor confiesa su desazón y, sin despegarse en ningún momento del tema de la justicia de Dios, plantea cómo la cercanía con la palabra divina mantiene siempre la puerta abierta para la posibilidad de la salvación (10.8). A continuación, este judío converso resume de la manera más sencilla la invitación a aceptar a Jesús como Mesías y Señor de la existencia: “Pues si ustedes reconocen con su propia boca que Jesús es el Señor, y si creen de corazón que Dios lo resucitó, entonces se librarán del castigo que merecen. Pues si creemos de todo corazón, seremos aceptados por Dios; y si con nuestra boca reconocemos que Jesús es el Señor, Dios nos salvará” (10.9-10).
         
          La fe, la verdadera fe, escribió San Pablo, tiene su origen en el impacto efectivo de la Palabra de Dios (de Cristo, dice en realidad el texto original) en nuestros oídos espirituales, pues ella quien los ha despertado. Oír con familiaridad la Palabra divina es acercarse rotundamente a la posibilidad de una “salvación cercana”. Por ello, el ejercicio de teología bíblica que hizo San Pablo en Ro 10.11-21 al citar tantas veces (ocho) la Ley, un salmo y a dos profetas brilla con luz propia debido a su fidelidad al texto y, al mismo, tiempo, por su búsqueda intensa de las acciones de Dios para salvar a la humanidad. ¿Tenemos que seguir creyendo en la palabra divina, se pregunta Karl Barth entre líneas en su comentario a la carta paulina? La respuesta es clara, pero también importa cómo hemos de seguir haciéndolo como parte de su iglesia en estos tiempos aciagos, marcados por un fuerte relativismo, pero también por los acentos fundamentalistas que nos acechan por todas partes. Negarse sistemáticamente, y con diversos argumentos muy “espirituales”, a situar histórica y culturalmente los énfasis del mensaje de Dios es uno de esos acentos. Con ello se resta fuerza a los asideros históricos que necesitamos para hacer actual la fuerza con que la Palabra de Dios nos interpela siempre. Porque las Escrituras siguen produciendo fe en las personas y por ello hay que anunciarla con urgencia.




[1] A. González Torres, “Los judíos y las palabras”, en Laberinto, supl. de Milenio, núm. 738, 5 de agosto de 2017, p. 2, www.milenio.com/cultura/laberinto/amos_oz-fania_oz-los_judios_y_las_palabras-literatura-escolios_0_1005499687.html.
[2] Cf. Daniel Goldin, ed., Encuesta Nacional de Lectura: informes y evaluaciones. México, UNAM-Conaculta, 2006, pp. 270, 271. Goldin, judío también, es autor de “Leer y escribir antes y después de Babel”, un texto que leyó en el Congreso de Lectura de Durango, en 2004. Puede leerse en: www.mxfractal.org/F28Goldin.html.

Romanos 10.11-21, TLA

11 La Biblia dice: "Dios no deja en vergüenza a los que confían en él".12 No importa si son judíos o no lo son, porque todos tienen el mismo Dios, y él es muy bueno con todos los que le piden ayuda. 13 Pues la Biblia también dice: «Dios salvará a los que lo reconozcan como su Dios.» 14 Pero, ¿cómo van a reconocerlo, si no confían en él? ¿Y cómo van a confiar en él, si nada saben de él? ¿Y cómo van a saberlo, si nadie les habla acerca del Señor Jesucristo? 15 ¿Y cómo hablarán de Jesucristo, si Dios no los envía? Como dice la Biblia: "¡Qué hermoso es ver llegar a los que traen buenas noticias!".
16 Sin embargo, no todos han aceptado estas buenas noticias. Como dijo el profeta Isaías: "Señor, ¡nadie ha creído a nuestro mensaje!". 17 Así que las personas llegan a confiar en Dios cuando oyen el mensaje acerca de Jesucristo.
18 Pero yo pregunto: ¿Será que no han tenido oportunidad de oír el mensaje? ¡Claro que lo han oído! Porque la Biblia dice:
Sus palabras recorren toda la tierra
y llegan hasta el fin del mundo.
19 Vuelvo entonces a preguntar: ¿Será que los israelitas no se han dado cuenta? ¡Claro que sí se han dado cuenta! Pues, en primer lugar, Dios dijo por medio de Moisés:
Haré que los israelitas se pongan celosos
de un pueblo sin importancia.
Haré que se enojen
con gente de poco entendimiento.
20 Después, Isaías se atrevió a recordar algo que Dios había dicho:
Me encontraron aquellos
que no me buscaban.
Me presenté ante gente
que no preguntaba por mí.
21 Pero del pueblo de Israel, Dios dijo por medio de Isaías:
Todo el día le ofrecí ayuda
a un pueblo terco y desobediente.

jueves, 3 de agosto de 2017

Programa de agosto

TEMA SEMESTRAL: PROMOVER EL MENSAJE DE SALVACIÓN A NUEVOS CREYENTES
TEMA: “LA FE VIENE POR EL OÍR LA PALABRA DE DIOS” (RO 10.10): ACTUALIDAD Y EXIGENCIAS DEL MENSAJE DIVINO
I. DOMINGOS, 12.10 HRS.
6: “La fe viene por el oír la Palabra de Dios”
Lectura bíblica: MARCOS 16.14-20
Dirige: Hna. Ana Rosa Castañeda
Expositor: LCO
13: La Palabra divina: viva y eficaz siempre
Lectura bíblica: HEBREOS 4.1-13
Dirige: D.I. Miguel Medina Toledo
Expositor: D.I. Mario González Pérez
20: La fuerza transformadora de la Palabra del Señor
Lectura bíblica: ISAÍAS 55.1-11
Dirige: A.I. María Elena Paredes G.
Expositor: LCO
27: Centralidad de la Biblia en las iglesias de la Reforma
Lectura bíblica: JEREMÍAS 1
Dirige: A.I. Rubén Núñez C.
Expositor: Pbro. Héctor Mendoza Núñez
II. DOMINGOS, 17.30 HRS.
6: Reunión de Consistorio
20: Capacitación y actualización de oficiales
III. MARTES, 19.00 HRS.
TEMA GENERAL: EL PROFETISMO BÍBLICO: CUMBRE DE LA RELIGIÓN ANTIGUA
1: Introducción al libro de Ezequiel (I) (Ezequiel 1.1-14)
Modera: A.I. Lauro Adame Brito
Comenta: A.I. Rubén Núñez C.
8: Introducción al libro de Ezequiel (II) (Ezequiel 1.15-28)
Modera: D.I. Laura Cabrera B.
15: Ezequiel, sacerdote-profeta (Ezequiel 2)
Modera: A.I. Israel Núñez C.
Comenta: A.I. Vicente Orozco
22: Un profeta en tiempos de crisis y abandono (Ezequiel 3.1-15)
Modera: A.I. electa Odavia Palomino L.
29: Ezequiel y el sitio de Jerusalén (Ezequiel 4)
Modera: D.I. electo Mauricio Magallanes
Comenta: A.I. Lauro Adame Brito

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...