sábado, 13 de enero de 2018

Letra 553, 14 de enero de 2018

ANTE UN NUEVO AÑO
Juan Antonio Monroy
Protestante Digital, 10 de enero de 2018

Se nos ha ido otro año. Nos hemos ido nosotros. Parte de nuestro ser. En los umbrales de 2018 puede resultar provechoso para el espíritu y para las intenciones considerar la brevedad de la vida terrena, que en la Biblia se ilustra por medio de diferentes imágenes. Seis de ellas pertenecen al rico y aleccionador Salmo 90. Veamos.

Como un día
La primera figura que usa el autor del Salmo es el día, un día normal, de 24 horas. Dice: “Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó” (Sal 90:4). Para Dios no existe el tiempo. Él se mueve en la eternidad. Ante sus ojos, un día es igual a mil años. Y en otro lugar de la Biblia se dice que mil años son para Él como un día (2 P 3.8).

Como una vigilia nocturna
Al salmista le parece demasiado comparar la vida humana a un día de 24 horas y reduce aún más la figura. Dice que la vida es “como Una de las vigilias de la noche”. La noche tiene cuatro vigilias de tres horas de duración cada una: De seis a nueve, de nueve a doce, de doce a tres, y de tres a seis de la mañana. Una vigilia, pues, equivale a tres horas. Según esto, la vida humana, con toda su grandeza, a los ojos de Dios solo son 180 minutos de nuestro reloj.

Como un torrente de agua
Este mismo Salmo añade que la vida del hombre en la tierra es semejante a un torrente de aguas. El texto, literalmente, dice: “Los arrebatas como con torrente de aguas” (Salmo 90:5). Otra versión dice “como avenida de aguas”. La idea es la misma. Sugiere la precipitación, la rapidez, la fugacidad. Estas mismas figuras inspiraron a Jorge Manrique sus famosas “Coplas”, que compuso a la muerte de su padre. Nuestras vidas –dice el poeta- son los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir.

Como un sueño
Resultado de imagen para juan antonio monroyEl Salmo escrito por Moisés prosigue diciendo que la vida es “como un sueño” (Salmo 90:5). Nada hay tan irreal ni tan fantástico como el sueño. En esa inconsciencia del dormir vivimos las más grandes aventuras sin movernos para nada de la cama. Unas veces nos invaden pesadillas tétricas, horrendas, espeluznantes. Otras disfrutamos los placeres más refinados; pero siempre en sueños. Siempre en un mundo irreal. En un espacio brevísimo de tiempo. Así de breve y de irreal dice el salmista que es nuestra vida. También lo dijo Calderón rimando las palabras: “¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

Como la hierba
A continuación, se añade que la vida del ser humano sobre la tierra es semejante a la hierba del campo (versículo 6). También Isaías se vale del mismo símil. La vida es tan desesperadamente breve, que Dios ordena al profeta gritar al pueblo esta verdad: “Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo” (Isaías 40:6-7). En el texto de Isaías se menciona, además de la vida humana, la gloria efímera que a veces suele adornar esta vida. El hombre es poca cosa, pero menos aún es su gloria, la gloria terrena.

Como un pensamiento
Aclara Moisés: “Acabamos nuestros años como un pensamiento” (versículo 9). Y así es, efectivamente. No cabe mejor figura que el pensamiento para darnos a entender la brevedad de la vida. La rapidez del pensamiento permite que recorramos el mundo en un segundo, viajando en alas de la imaginación por las más apartadas regiones. Decir que acabamos los años como un pensamiento es decir que la vida humana, vista desde arriba, no dura más que segundos. El nacer, vivir y morir son tres episodios de duración limitada, aunque nosotros hablemos de ellos como de “toda una vida”. Entre la cuna y la tumba no hay más que un instante de tiempo, viéndolo como lo ve Dios. Job vivió 248 años. Fueron años como los nuestros. Exactamente iguales. Con todo, en el capítulo 14 de su libro, uno de los más antiguos que tenemos en la Biblia, dice que toda su existencia pasó tan rápida como una sombra. Estas son sus palabras: “El hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores, sale como la flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece” (Job 14:1-2). En otros capítulos de su libro emplea distintas imágenes para destacar el carácter efímero de la vida humana. “Mis días –dice en 7:6- fueron más veloces que la lanzadera del tejedor”. En el versículo 16 de este mismo capítulo, añade: “Mis días son vanidad”. El sustantivo “vanidad” tiene aquí significado de frustración, de vacío.

Como una neblina
Santiago, en la epístola que escribió y que figura íntegra en el Nuevo Testamento, compara la vida humana a la neblina. Dice así: “¿Qué es nuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). Por medio de este símil el autor sagrado quiere enseñarnos dos cosas: Una, que nuestra presencia en la tierra es temporal. Aparecemos y desaparecemos con la fugacidad de la neblina. Y dos, que en todo momento dependemos de Dios, quien puede llamarnos a su presencia cuando Él se lo proponga.

Como el humo
Hay un texto en la Biblia, en el Salmo 102, que compara la vida humana al humo. Este Salmo fue escrito por David hace unos tres mil años. Sin embargo, como el resto de la Biblia, es de permanente actualidad. Dice el autor del Salmo, dirigiéndose a Dios: “Mis días se han consumido como humo, y mis huesos cual tizón están quemados” (Salmo 102:3). Todo el Salmo es una oración lamentativa, que tiene como tema la tristeza de la vida y su brevedad. La existencia es como humo que pasa. Unos versos latinos de la Edad Media, recogidos por Papini, dicen que el hombre es humo y su final ceniza. Entre el nacer y el morir “no hay sino un inútil y perezoso penacho de humo, que los aduladores denominan fama”.

Como una caña
En el Nuevo Testamento Cristo compara la vida humana a una caña mecida por el viento. Hablando de Juan el Bautista, dice a la gente: “¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?” (Lucas 7:24). Por el contexto de esta frase se deduce que la intención de Cristo es confirmar la extraordinaria personalidad del Bautista. Juan era hombre valiente, decidido, recto y firme en su denuncia del mal. No era de carácter voluble, como la caña que es mecida por el viento. Esta es la lección real. Pero además de la interpretación literal el texto permite una metáfora deductiva. Por su brevedad, por su fragilidad, por la inconstancia del tiempo, la vida humana puede compararse perfectamente a la débil caña que se cimbrea a capricho del viento. En otro lugar de la Biblia Cristo compara la vida del hombre en la tierra a “una caña cascada” (Mateo 12:20).

Propósitos de año nuevo
En el Antiguo Testamento, primera parte de la Biblia, hay un viejo libro de carácter histórico que contiene episodios de los jueces israelitas. El capítulo cinco de este libro recoge un bello poema épico escrito por una poetisa judía llamada Débora. Fue compuesto para celebrar la batalla de las tribus judías contra el ejército de Sísara, general pagano al servicio del rey Asor, opresor de los judíos. El cántico de Débora tiene 31 estrofas. En ellas describe las distintas actitudes mantenidas por las tribus judías en el curso de la batalla. Cuando llega a la tribu de Rubén, dice: “Entre las familias de Rubén hubo grandes propósitos del corazón” (Jueces 15:16). Fue todo lo que hubo. Propósitos, buenas intenciones, pero nada más. Dejó que las demás tribus pelearan. Ellos prefirieron quedarse “entre los rediles, oyendo los balidos de los rebaños”. Cuando suenan las doce campanadas decimos sin convicción: “Año nuevo, vida nueva”. Después, todo sigue igual. Lamentable.
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LA LIBERTAD CRISTIANA (1520)
Martín Lutero

Por eso nos describen los Salmos, especialmente el Salmo 119, al profeta clamando sólo por la Palabra de Dios. Asimismo se considera en la Sagrada Escritura como el mayor castigo y como señal de la ira divina, si Dios retira a los hombres su Palabra. Por el contrario, la mayor gracia de Dios se manifiesta cuando él la envía según leemos en el Salmo 10611: “Envió su Palabra y con ella les socorrió”. Únicamente para predicar la Palabra de Dios ha venido Cristo al mundo y con este exclusivo fin fueron llamados e impuestos en sus cargos todos los apóstoles, obispos, sacerdotes y eclesiásticos en general, aunque respecto a estos últimos hoy, desgraciadamente, no lo parezca.

6. Acaso preguntes: ¿qué palabra es esa que otorga una gracia tan grande y cómo deberé usar tal palabra? He aquí la respuesta: La Palabra no es otra cosa que la predicación de Cristo, según está contenida en el Evangelio. Dicha predicación ha de ser –y lo es realmente– de tal manera que al oírla oigas hablar a Dios contigo quien te dice que para él tu vida entera y la totalidad de tus obras nada valen y que te perderás eternamente con todo en cuanto en ti hay. Oyendo esto, si crees sinceramente en tu culpa, perderás la confianza en ti mismo y reconocerás cuán cierta es la sentencia del profeta Oseas: “Oh Israel, en ti sólo hay perdición: que fuera de mí no hay salvación” (13.9). Mas para que te sea posible salir de ti mismo, esto es, de tu perdición, Dios te presenta a su amadísimo Hijo Jesucristo, y con su palabra viva y consoladora, te dice: Entrégate a él con fe inquebrantable, confía en él sin desmayar. Por esa fe tuya te serán perdonados todos tus pecados; será superada tu perdición; serás justo, veraz, lleno de paz, bueno; y todos los mandamientos serán cumplidos y serás libre de todas las cosas, como San Pablo dice: “Mas el justo solamente vive por su fe” (Ro 1.7). Y también: “Porque el fin y cumplimiento de la ley es Cristo para todos los que en él creen” (Ro 10.4).


7. Luego la única práctica de los cristianos debería consistir precisamente en lo siguiente: grabar en su ser la palabra y a Cristo, y ejercitarse y fortalecerse sin cesar en esta fe. No existe otra obra para el hombre que aspire a ser cristiano. Así lo indicó Cristo a los judíos cuando éstos lo interrogaron acerca de las obras cristianas que debían realizar y agradables a Dios, diciendo: “Esta es la única obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Jn 6.29). Pues sólo a Cristo ha enviado Dios como objeto de la fe.

Actividades y anuncios

OREMOS POR TODOS LOS PLANES Y PROYECTOS DE LOS MINISTERIOS PARA EL BIENIO 2018-2019

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 16 de enero, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Salmo 24
Oración de ofrecimiento
Himno: “Hay momentos” (394)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 16.1-22
Tema: la esposa infiel
Himno: “Vivir por Cristo” (341)
Ofertorio
Bendición pastoral


ALEGORÍA SOBRE JERUSALÉN
Julio Lamelas Míguez

E
16 es una hermosa alegoría en la que Ezequiel presenta la realidad de Jerusalén a través de una imagen matrimonial que se remonta a los profetas Oseas (Os 1.2; 2.4) y Jeremías (Jr 3.6-25). A ella también hace referencia Isaías en Is 1.21.
Ezequiel utiliza el simbolismo conyugal para expresar las relaciones de Dios con su pueblo. La imagen fue creada por el profeta Oseas y en él toma un colorido patético, ya que fue su propia experiencia personal la que le llevó a comprender así las relaciones del Señor con Israel. Jeremías recogió luego esta imagen. Y Ezequiel, heredero de los dos, la utiliza, pero con matices diversos.
Dios habla en primera persona y Jerusalén está personificada en la mujer, que en el oráculo primitivo representa claramente a todo el pueblo de Israel. Los elementos alegóricos de este oráculo tienen referencias históricas. Las relaciones entre Dios y su pueblo son analizadas en el pasado y ahora en el presente.
No todos los detalles tienen un significado alegórico. Muchos de ellos, en su forma original, son simplemente imágenes coloristas que realzan la descripción de las distintas etapas de desarrollo del pueblo de Israel; su función es poética y evocadora. La alegoría procede por periodos, como la evolución histórica del pueblo de Israel, esbozada a través del nacimiento y crecimiento de una muchacha que es objeto del amor de Dios.
Otros profetas se han inspirado en el uso de metáforas de amor e infidelidad entre el hombre y la mujer para expresar las relaciones entre Dios y su pueblo (Jr 2.1; 3.6-12; Os 1-3) y Ezequiel lo hará de nuevo en el capítulo 23.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

21 – Primer Culto de evangelización

28 – Clase unida: Bases y criterios para la evangelización de hoy

Jesús llama y prepara discípulos a su servicio, L. Cervantes-Ortiz




Duccio di Bunonisegna (1250-1318), El llamado de los apóstoles Pedro y Andrés, 1308-1311



14 de enero de 2018


Jesús les dijo: “Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí”.
Marcos 1.17, TLA

Jesús de Nazaret no fue el primero en formar un grupo de discípulos dentro o fuera de Palestina. Era la costumbre de los grandes maestros de la filosofía o la religión. De hecho, la existencia de los grupos de discípulos fue la manera en que se extendían las creencias o las prácticas en la antigüedad. Su antecedente inmediato, Juan, el llamado Bautista, también formó un grupo así, del cual salieron algunos discípulos para unirse al suyo (Jn 1.35-42). Siendo el de Marcos el primer documento llamado “evangelio”, que da cuenta de las acciones de Jesús, es determinante encontrar en él la narración del encuentro de Jesús con quienes serían sus discípulos y, por lo tanto, continuadores de su trabajo al servicio del Reino de Dios.

El breve pasaje de los vv. 14-20 concluye la introducción del evangelio (1-13) y da comienzo a una nueva etapa: la intensa actividad de Jesús en Galilea, que empezó precisamente cuando terminó la de Juan el Bautista (14a), con su encarcelamiento, cuyas causas no se explican. Jesús no va a ser un continuador, sino que modificará sustancialmente aquella práctica y aquel mensaje.[1] Varias serían las diferencias con Juan: “Cambia el contenido del anuncio: no un bautismo para perdón, sino la llegada de Dios mismo a reinar; no una conversión para escapar del castigo, sino para ser capaz de recibir el don del Reino; no algo para el futuro, sino la urgencia de un presente que ofrece nuevas posibilidades. Jesús no es el relevo de Juan sino su plenitud”.[2]

La actividad principal de Jesús sería “proclamar” o “predicar” a partir de una premisa central que antecede a su mensaje todo el tiempo: “Se ha cumplido el tiempo” (15a), una frase que indicaba el comienzo de una nueva etapa en la historia de la salvación. Jesús situó su trabajo (y el de sus seguidores) en el horizonte de este avance, a fin de mostrar la manera en que Dios se manifestaría en esa nueva fase: en continuidad con las promesas antiguas, pero con una fuerte ruptura con las formas religiosas tradicionales. De ahí que su vivencia del Reino de Dios fuera radicalmente distinta, aun cuando compartía algunos elementos de la predicación de Juan. El “Reino de Dios” no sería ya un lugar sino una experiencia de vida bajo los parámetros del proyecto divino (vida, justicia, solidaridad, fraternidad, paz). La presencia de Jesús vendría a hacer cercano ese reino, algo diametralmente distinto a lo anunciado por Juan.

En continuidad con ese mensaje, Jesús también llama al arrepentimiento. “Arrepentirse” significa cambiar de rumbo, volver a Dios, en este caso, creer en la Buena Noticia (v. 15). “Jesús tiene la experiencia de la oferta definitiva que Dios hace ya al hombre y la traduce en su mensaje y en su práctica”.[3] Jesús experimentó una urgencia espiritual mediante la cual el tiempo divino comenzó a precipitarse sobre la historia humana para mostrar sus designios más abiertamente. En ese contexto, “la exhortación al cambio se convierte así en fuerza movilizadora de discernimiento y acción”.[4] Se anuncia explícitamente que el gobierno de Dios es el único genuino y confiable. A partir de ello: “Jesús llama, elige a sus discípulos, para dar sentido comunitario a su misión. Sin comunidad no hay reino. Tradicionalmente los discípulos buscaban a su maestro. Aquí es Jesús el que toma la iniciativa: llama a sus discípulos y los hace pescadores de hombres, metáfora que da sentido universal a su misión” (La Biblia de Nuestro Pueblo). Su acción inicial será dejar y seguir. Además, ellos

cambian un lugar social de seguridad económica y familiar por otro de desposesión e inseguridad que los llevará a la predicación itinerante (6.7-13); dejan un trabajo conocido por otro desconocido (v. 17) para el que no están preparados, y un proyecto personal centrado en sus propias necesidades y las de su familia, por otro en el que tendrán la primacía las necesidades de los demás. Ese cambio es condición para que puedan integrarse en la comunidad de seguidores de Jesús, corresponsables de la causa del Reino.[5]

Los primeros discípulos respondieron con prontitud al Maestro, y dejándolo todo le siguieron para entrar a un proceso intensivo de formación y preparación, pues en eso consiste la vocación cristiana: es el seguimiento radical a Jesús: Camino, Verdad y Vida. Esa preparación es lo que constituye el discipulado, esto es, el llamado a practicar un seguimiento sincero, profundo y responsable de Jesús, tal como brota del Evangelio revelado por Dios. Y ese llamado sigue vigente para hoy, exactamente igual que para quienes lo escucharon por primera vez, pero con la diferencia de que entre Jesús y nosotros se interponen muchísimos factores, en disonancia (a veces muy profunda) entre los valores y los principios del Evangelio y aquellos que dirigen o controlan nuestras vidas. De ahí que las palabras de Dietrich Bonhoeffer, quien se ocupó como pocos del tema del seguimiento de Jesús y planteó algunas preguntas cruciales para discernir y diferenciar entre el llamado que registran los evangelios y el llamado actual previo a la preparación para ponerse a su servicio en el mundo “¿Adónde conducirá la llamada al seguimiento a los que sigan a Jesús? ¿Qué decisiones y rupturas llevará consigo?”.[6]

El discipulado cristiano de hoy y la preparación para el servicio por parte de los nuevos discípulos guarda muchas diferencias con lo acontecido en el primer siglo, sobre todo por la acumulación de factores que se atraviesan para impedir su realización óptima en la vida de las personas. ¿Qué sucede cuando alguien es llamado a seguir a Jesús y a prepararse con él para una vida completa de servicio? Bonhoeffer responde, siguiendo las líneas generales que brotan del Evangelio mismo:

El que ha sido llamado abandona todo lo que tiene, no para hacer algo especialmente valioso, sino simplemente a causa de la llamada, porque, de lo contrario, no puede marchar detrás de Jesús. […] Uno es llamado y debe salir de la existencia que ha llevado hasta ahora […]
Lo antiguo queda atrás, completamente abandonado. El discípulo es arrancado de la seguridad relativa de la vida y lanzado a la inseguridad total (es decir, realmente, a la seguridad y salvaguarda absolutas en la comunidad con Jesús); es arrancado al dominio de lo previsible y calculable (o sea, de lo realmente imprevisible) y lanzado al de lo totalmente imprevisible, al puro azar (realmente, al dominio de lo único necesario y calculable); es arrancado de! dominio de las posibilidades finitas (que, de hecho, son infinitas) y lanzado al de las posibilidades infinitas (que, en realidad, constituyen la única realidad liberadora).[7]

Al acto de obediencia que representa el seguimiento le seguirá, ineludiblemente, la preparación, el arduo aprendizaje al lado del maestro a fin de poderse dedicar plenamente a su servicio en las áreas que él determine. A eso son llamados todos quienes deseen ser discípulos verdaderos del Señor Jesucristo, aunque hoy nuestro discipulado adolece de muchas carencias, debilidades e inconsistencias. Se trata de una manera de seguir a Jesús un tanto"aburguesada", que no afronta la radicalidad del llamado a causa de la forma en que "el afán de este mundo y el engaño de las riquezas" (Mt 13.22), entre otras cosas, amenazan con "ahogar la Palabra" y con reducir las exigencias del Evangelio a una mera caricatura tragicómica.




[1] Carlos Bravo Gallardo, Jesús, hombre en conflicto. 2ª ed. México, Centro de Reflexión Teológica-Universidad Iberoamericana, 1996, p. 69, https://es.scribd.com/doc/239641471/Bravo-Carlos-S-J-Jesus-Hombre-en-Conflicto-Ed-Centro-de-Reflexion-Teologica-A-C-Mexico-1996-pdf.
[2] Ídem. Énfasis agregado.
[3] Ibíd., p. 70.
[4] Ibíd., p. 71.
[5] Ibíd., p. 72.
[6] D. Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento. [1937] 6ª ed. Salamanca, Sígueme, 2004, p. 12, www.mercaba.org/Libros/Bonhoeffer/Dietrich%20Bonhoeffer%20EL%20PRECIO%20DE%20LA%20GRACIA%20X%20ELTROPICAL.pdf.
[7] Ibíd., p. 28.

Marcos 1.14-20

14 Después de que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a la región de Galilea. Allí anunciaba las buenas noticias acerca de Dios: 15 "¡Ya está cerca el día en que Dios comenzará a reinar! Vuélvanse a Dios y crean en la buena noticia".
16 Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a Simón y a Andrés, dos pescadores que eran hermanos, y que estaban pescando con sus redes. 17 Jesús les dijo: "Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí".
18 En ese mismo instante, Simón y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús.
19 Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo. Ellos también eran pescadores, y estaban en una barca arreglando las redes. 20 Jesús los llamó, y ellos lo siguieron, dejando a su padre en la barca, con los empleados.

sábado, 6 de enero de 2018

Letra 552, 7 de enero de 2018

VIVAMOS EL AÑO AGRADABLE DEL SEÑOR
Óscar Margenet
Protestante Digital, 6 de enero de 2018

De amigos y colegas distribuidos en todos los continentes nos siguen llegando deseos de un buen año 2018. El efecto del ‘año nuevo’ del calendario occidental caló hondo en cristianos, judíos, musulmanes, budistas, sintoístas, hindúes, ateos y agnósticos. Internet contribuye para que saludemos a los que también celebran su año nuevo según sus calendarios; i.e. el hebreo, el musulmán o el chino.
Resultará de interés para algunos lectores recordar que el nuestro es el calendario gregoriano, y que tuvo su origen en España. En efecto, el papa Gregorio XIII fue su promotor y promulgó su uso por medio de la bula Inter Gravissimas en 1582, para sustituir al calendario juliano instaurado por el emperador Julio César en el año 46 antes de Cristo. Gregorio se basó en dos estudios realizados por científicos de la Universidad de Salamanca en 1515 y 1578. De allí surgió el actual calendario que fue inicialmente usado en España, Italia y Portugal, se extendió por toda Europa y fue adoptado por Gran Bretaña y sus colonias americanas, recién en 1752.
El calendario que ilustra este primer artículo del presente año, aparte de numerar las cincuenta y dos semanas que lo componen, y de solo marcar el 1 de enero y el 25 de diciembre como festivos, está organizado de modo de comenzar cada semana con el ‘domingo’ y terminar con el ‘sábado’. Contar así los días me ayuda a entender mejor los términos bíblicos del séptimo día o día de reposo judío (sabath), y lo del primer día tan ligado a la primitiva iglesia cristiana por ser el de la resurrección del Señor Jesucristo. El nombre domingo no figura en el NT pues recién se adoptó al crearse la iglesia imperial romana en el siglo IV (06).
El título del artículo es consecuencia del último del año 2017 ‘¡Feliz Vida Nueva!’. La intención es comenzar este año reflexionando si estamos, o no, viviendo ‘el año agradable del Señor’.  Esta frase profética no se limita a los 12 meses, o 52 semanas, o 365 días que comenzamos a vivir cada 1 de enero. Mucho mejor que eso, señala que esta era que vivimos es ‘una era de gracia’; que comenzó con Jesucristo y terminará cuando Él regrese, en el año, mes, semana, día y hora que nadie – sólo Dios Padre – conoce (08). Y nos insta a saber aprovecharla y disfrutarla; a estar dispuestos a ayudar a otros para que la disfruten.

También marca la necesidad de reflexionar a futuro; porque llegará el día en que tendremos que rendir cuenta sobre qué hicimos durante “el año agradable del Señor”. Cuando llegue ese día ya no habrá una ‘segunda oportunidad’. Para nadie.
No se trata, entonces, de asociar “el año agradable del Señor” al trabajo que tenemos, a la buena salud que gozamos, a haber encontrado una casa o un coche nuevo, a tener una familia hermosa, haberse enamorado o casado con la chica o el chico de nuestros sueños. Si así no fuese ¿qué quedaría para los desempleados, los enfermos, los sin techo, los de a pie, los huérfanos, las familias rotas, los solitarios, los que enviudaron, los despechados, separados o divorciados?
Veamos entonces en qué consistía la celebración de este ‘año agradable’ para los israelitas, en el AT y para toda la humanidad en el NT.

I. En el Antiguo Testamento
Era una fiesta que se celebraba cada cincuenta años (09). En ella, entre otras cosas:
1. Los que habían perdido sus propiedades, por las causas que fueran, las recobraban de pleno derecho.
2. Los que tenían deudas, les eran perdonadas por sus acreedores.
3. Los que estaban en condición de esclavitud, eran liberados por sus amos.
Cada medio siglo se equilibraba la relación de los que más tenían con los que menos tenían. La riqueza material era así manejada por un espíritu de justicia solidaria para con los menos favorecidos.
¿No se parece esto al “Bien Común”, por el que algunos abogan y hasta luchan, a lo largo de la historia tantas veces en vano?

II. En el Nuevo Testamento
1. El ‘año agradable del Señor’ no es un período de medio siglo, sino de muchos siglos. Comenzó el día que Jesús afirmó en la sinagoga de Nazaret: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”
2. Este periodo culminará al regresar nuestro Señor a la tierra, como prometió.
3. Cualquier persona —sea cual sea su condición— de manera gratuita puede hacer suyas las riquezas del ‘año agradable del Señor’  consistentes en: a) la buena noticia a los que sufren de pobreza material y espiritual; b) la total sanidad a los quebrantados de corazón; c) la plena libertad a los cautivos; d) la visión perfecta a los ciegos; e) la liberación de su pesada carga a los oprimidos; y f) el perdón de sus deudas al pecador.

Conclusión
Abramos nuestra mente, predispongamos nuestro corazón y escuchemos a Aquél que, desde la eternidad nos convoca hoy. De la pluma del salmista leemos acerca de Dios: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche.” Y del apóstol Pedro aprendemos: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.
Por pura gracia del eterno Dios estamos viviendo ‘el año agradable del Señor’. La enseñanza del Antiguo Testamento, con la figura del jubileo, tiene su cumplimiento y aplicación completa en el Nuevo Testamento a partir de la obra de Jesucristo. Por Él recobramos los valores perdidos a causa de nuestra desobediencia; en Él nuestros pecados son perdonados y nuestra deuda con Dios es saldada. Porque Jesucristo es la Verdad, al conocerle somos verdaderamente libres de la esclavitud del pecado y del sistema mundanal; se nos imparte fe, vida eterna, consuelo, esperanza y paz.
Su invitación sigue en pie en este tercer milenio: “Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Reconocer lo que Él es y hace —en y a través de nosotros— afirma nuestra fe, nos hace ver con gratitud todas las bendiciones que de Él recibimos a diario. Por esa razón no ignoremos la recomendación que encontramos en su Palabra que es fiel y verdadera: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”.
No nos cansemos de hacer el bien, y en obediencia a la Buena Noticia de salvación alentemos a los que tengamos cerca a recibir y gozar las bendiciones que Dios brinda por medio de Su Hijo. Utilizando las palabras del apóstol Pablo repitamos a quien nos preste sus oídos: “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”. Vivamos el ‘año agradable del Señor’ a lo largo de todo el 2018.
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LA LIBERTAD CRISTIANA (1520)
Martín Lutero


1. A fin de que conozcamos a fondo lo que es el cristiano y sepamos en qué consiste la libertad que para él adquirió Cristo y de la cual le ha hecho donación –como tantas veces repite el apóstol Pablo– quisiera asentar estas dos afirmaciones: El cristiano es libre señor de todas las cosas y no está sujeto a nadie. El cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos. Ambas afirmaciones se encuentran claramente expuestas en las epístolas de San Pablo [I Co 9.19]: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos”. Asimismo: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros” [Ro 13.8]. El amor empero es servicial y se supedita a aquello en que está puesto; y a los gálatas donde se dice de Cristo mismo: “Dios envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” [Gál 4.4].

2. Para poder entender ambas afirmaciones, de por sí contradictorias, sobre la libertad y la servidumbre, pensemos que todo cristiano posee una naturaleza espiritual y otra corporal. Por el alma se llama al hombre espiritual, nuevo e interior; por la carne y la sangre, se lo llama corporal, viejo y externo. A causa de esta diferencia, también la Sagrada Escritura contiene aseveraciones directamente contradicto-rias acerca de la libertad y la servidumbre del cristiano.

3. Si examinamos al hombre interior, espiritual, a fin de ver qué necesita para ser y poder llamarse cristiano bueno y libre, hallaremos que ninguna cosa externa, sea cual fuere, lo hará libre, ni bueno, puesto que ni su bondad, ni la libertad ni, por otra parte, su maldad ni servidumbre son corporales o externas. ¿De qué aprovecha al alma si el cuerpo es libre, vigoroso y sano, si come, bebe y vive a su antojo? O ¿Qué daño puede causar al alma si el cuerpo anda sujeto, enfermo y débil, padeciendo hambre, sed y sufrimientos, aunque no lo quiera? Ninguna de estas cosas se allega tanto al alma como para poder libertarla o esclavizarla, hacerla buena o perversa.

4. De nada sirve al alma, asimismo, si el cuerpo se recubre de vestiduras sagradas, como lo hacen los sacerdotes y demás religiosos, ni tampoco si permanecen en iglesias y otros lugares santificados, ni si sólo se ocupa en cosas sagradas: ni si hace oraciones de labios, ayuda, va en peregrinación y realiza, en fin, tantas buenas obras que eternamente puedan llevarse a cabo en el cuerpo y por medio de él. Algo completamente distinto ha de ser lo que aporte y dé al alma bondad y libertad, porque todo lo indicado, obras y actos, puede conocerlo y ponerlo en práctica también un hombre malo, impostor e hipócrita. Además, con ello no se engendra realmente, sino gente impostora. Por otro lado, en nada perjudica al alma que el cuerpo se cubra con vestiduras profanas y more en lugar no santificado, coma, beba, no peregrine, ni ore, ni haga las obras que los hipócritas mencionados ejecutan.

5. Ni en el cielo ni en la tierra existe para el alma otra cosa en que vivir ser buena, libre y cristiana que el Santo Evangelio, la Palabra de Dios predicada por Cristo, como él mismo dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, vivirá eternamente” [Jn 11.25]. Asimismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Además: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Por consiguiente, no hay duda de que el alma puede prescindir de todo, menos de la Palabra de Dios: fuera de esta, nada existe con que auxiliar al alma. Una vez que ésta posea la Palabra de Dios, nada más precisará; en ella encontrará suficiente alimento, alegría, paz, luz, arte, justicia, verdad, sabiduría, libertad, y toda suerte de bienes en superabundancia.

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OREMOS POR TODOS LOS PLANES Y PROYECTOS DE LOS MINISTERIOS PARA EL BIENIO 2018-2019

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 9 de enero, 19 hrs.
Modera: A.I. Lauro Adame B.

Llamamiento: Salmo 121
Oración de ofrecimiento
Himno: “Estad por Cristo firmes” (322)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 15
Tema: Mensaje a Jerusalén
Himno: “Vivir por Cristo” (341)
Ofertorio
Bendición pastoral 

LA PARÁBOLA DE LA VID
Julio Lamelas Míguez

L
a parábola de la vid de Ez 15.1-8 incide directamente en el argumento anterior: de la conciencia de pueblo escogido se pasa al pensamiento de pueblo privilegiado, a la idea de pueblo superior. Dios ha escogido el pueblo que más lo merecía. De las plantas, la vid; de los pueblos, Israel. Ezequiel, en tono irónico y en forma de alegoría, utiliza la imagen de la vid para lanzar un duro ataque contra Israel. Esta imagen, símbolo del pueblo de Israel, es muy familiar en la literatura bíblica (véase Os 10.1; Is 5.1-4; Jr 2.21; Sal 80.9ss). En Ezequiel adquiere una especial peculiaridad al retorcer dicha imagen contra los que están orgullosos de ella. La madera de la vid, según él, es inú- til, no sirve más que para ser quemada.
Entre los árboles del bosque, es decir, en relación con las poderosas naciones de su alrededor (véase Jue 9,8-15), la vid cultivada, que es Israel, resulta inútil en cuanto a producciones de valor material, como si fuese una vid no cultivada. Sólo tiene sentido y valor si es cultivada por Dios. Cuando sus extremos (Israel, al norte, en su destrucción del 722 a. C. y Judá, al sur, en el asedio y primera deportación del 597 a. C.) ya han sido quemados se hace todavía más inútil. Sólo queda su centro chamuscado, los habitantes de Jerusalén, destinado al fuego por ser improductivo, por haber quebrantado la fidelidad al Señor (Ez 15,8).
El fuego del que se habla aquí es la ira de Dios, el castigo escatológico. Se supone que ya ha sucedido el primer ataque contra Jerusalén y ahora se anuncia el definitivo (Ez 15,6-7).
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

21 – Primer Culto de evangelización

28 – Clase unida: Bases y criterios para la evangelización de hoy

"Preparados para dar razón de la esperanza": Jesús preparó a los discípulos para anunciar la venida de su Reino, L. Cervantes-O.


San Pedro en penitencia (1630-1640), José de Ribera (España, 1591-1652)

7 de enero, 2018

Honren a Cristo como Señor, y estén siempre dispuestos a explicarle a la gente por qué ustedes confían en Cristo y en sus promesas.
I Pedro 3.15, TLA

El testimonio cristiano, tal como lo expone el apóstol Pedro en su primera carta, respondió a la situación imperante en su tiempo para mostrar las acciones de Dios en su Hijo Jesucristo. Dirigida a “los extranjeros de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia” (1.1), amplias regiones del imperio romano. Se trataba de un conjunto de expatriados, no necesariamente judíos, pero que por alguna razón se habían establecido en esos territorios. La palabra usada, parepidemos, tiene una connotación más amplia: “Se refiere a alguien que está ajeno al demos, al pueblo legalmente reconocido y organizado. La expresión conexa paroikos (lo que está fuera del oikos, la casa), que figura en 1.17 y 2.11, tiene connotaciones de tipo social y político, con consecuencias en la vida cultural”.[1] Eran personas sin derechos ciudadanos completos, que se encontraban al margen y con fuertes desventajas sociales. La designación también incluía a los pobres de zonas rurales que dependían de un enclave urbano, razón por la cual nunca podrían llegar a tener prestigio socio-cultural.

Con ese auditorio en mente, el apóstol presenta las características del mensaje cristiano a partir del plan divino basado en la elección (1.2). La exhortación consiste en experimentar una vida nueva mediante la obediencia y el buen testimonio ante los demás. En el cap. 2, la carta se refiere a la formación del “nuevo pueblo de Dios” en lo que se ha visto doblemente como una reconstrucción de la antigua fe de Israel como pueblo originario (2.4-5) y como germen de un nuevo sacerdocio amplio, practicado por todos los creyentes (2.9-10). Luego de referirse al respeto por las autoridades y a las responsabilidades de los esclavos ante el poder, en el cap. 3 introduce recomendaciones para la vida conyugal y cotidiana (3.1-12) enfatizando el excelente testimonio que se esperaba de todos ellos como seguidores de Cristo.

A continuación, el texto “vuelve a su tema favorito: el sufrimiento en razón de la fe que profesan (3.13-14). […] Es posible que la extrañeza ante el proceder de los cristianos fuera acompañada, a veces, de hostilidad y agresividad, sobre todo por ser los creyentes de clase humilde” (La Biblia de Nuestro Pueblo). La situación imperante podría favorecer el testimonio de su “esperanza”. “Es interesante que fuera la esperanza el aspecto llamativo de los cristianos y lo que causara extrañeza a los paganos, a quienes Pablo se refiere en Ef 2.12 como gente sin “esperanza y sin Dios en el mundo”.

La recomendación de llevar a cabo la tarea evangelizadora con conocimiento de causa” es una lección práctica en un contexto de pluralismo religioso, tal como lo vivimos ahora: “estén dispuestos a defender —su esperanza— ‘con modestia y respeto, con buena conciencia’ (16), pero firmes en la fe”. Si el testimonio evangélico acarrea persecución y sufrimiento, ello los hará parecidos a Jesucristo (18). Para darles ánimo y esperanza en la victoria final, se propone el ejemplo del sufrimiento inocente del Señor, cuya resurrección por el Espíritu trajo la oferta de salvación universal a todos.

El ímpetu “misionero” del Hijo de Dios se manifestó incluso escatológicamente, es decir, que el apóstol interpreta la estancia de Jesús “en los infiernos” (las partes bajas de la tierra, 19-20a) como una ocasión adicional para proclamar su mensaje. Podría decirse que su presencia, incluso en esos lugares terroríficos, no podía ser más que de bendición. Pedro había aprendido bien las lecciones recibidas directamente del Señor (Cullmann).



[1] Néstor Míguez, “Cristianismos originarios: Galacia, el Ponto y Bitinia”, en RIBLA, núm. 29, 1997, p. 87, http://claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2/17-ribla#26-38.

I Pedro 3.13-18, TLA

13 ¿Quién puede hacerles mal, si ustedes siempre insisten en hacer el bien? ¡Nadie! 14 Pero si hacen el bien, y aún así tienen que sufrir, Dios los bendecirá. No le tengan miedo a nadie, ni se asusten. 15 Honren a Cristo como Señor, y estén siempre dispuestos a explicarle a la gente por qué ustedes confían en Cristo y en sus promesas. 16 Pero háganlo con amabilidad y respeto. Pórtense bien, como buenos seguidores de Cristo, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes sientan vergüenza de lo que dicen.
17 Si Dios así lo quiere, es mejor que sufran por hacer el bien que por hacer el mal. 18 Porque Cristo murió una vez y para siempre para perdonarnos nuestros pecados. Él era bueno e inocente, y sufrió por los pecadores, para que ustedes pudieran ser amigos de Dios. Los que mataron a Cristo destruyeron su cuerpo, pero él resucitó para vivir como espíritu.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...