sábado, 27 de enero de 2018

La evangelización, tarea permanente de los discípulos, A.I. Edith Martínez V.

28 de enero de 2018

La evangelización es una tarea que Cristo dejó a sus discípulos y de la cual muchos tienen temor de hablar, inseguridad o lo ven como una tarea compleja o difícil de realizar. A veces se prefiere llamarle al Pastor o a un maestro de escuela dominical o algún hermano o hermana que se considera que está preparado para realizar tan importante misión.

Sin embargo,  hoy recordaremos lo bello y especial que es este mandato de Cristo y lo “sencillo” que puede ser.

1.     Selección de sus discípulos, los 12 apóstoles:
Mateo 4:18-22; Mateo 10: 2-4
La diversidad de costumbres, mentalidades y entornos diferentes que tenían los 12 apóstoles muestran que todas las personas podemos servir a nuestro Señor.

2.     ¿Pará qué los eligió? ¿Para qué los envía?
Mateo 4:23; Mateo 10: 1
Para enseñar, predicar, sanar toda enfermedad y toda dolencia de los afligidos.
Dios siempre sana a  los pobres, abandonados, necesitados y marginados.

Todo aquel que ha tenido un encuentro personal con Cristo no está ajeno a los problemas, a las enfermedades o a las situaciones adversas de la vida pero aún en esas situaciones contamos siempre con el favor de Dios,  nuestra esperanza es renovada día con día y la guía perfecta de nuestro Dios siempre nos acompaña.

Nosotros no tenemos desesperanza porque Dios siempre nos sorprende con sus resultados.

A nuestro alrededor hay personas con amargura, enojadas, tristes, deprimidas, frustradas, insatisfechas, rechazadas, inseguras, ansiosas y  solas pero la causa principal de todos estos sentimientos es la ausencia de amor que tienen.

Dios es amor, y al vivir Cristo en nuestras vidas podemos dar amor y llevar salud a esas vidas necesitadas y dolidas  porque esos sentimientos  sanan cuando hay amor, cuando ellos se sienten amados y tomados en cuenta.

Mateo 10:8 dice “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”

Todo el amor que recibimos a diario de nuestro Salvador es necesario compartirlo con los demás, es la perfecta medicina para los corazones dolidos y abandonados.

Y es aquí donde vemos “lo sencillo” de la evangelización, pues es el compartir con los demás lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, es compartir una forma de vida que tenemos con nuestro Salvador, es dar testimonio de lo que vivimos a diario con nuestro Padre Celestial, con nuestro Amigo, con nuestro Guía, con nuestro Doctor, con nuestro Maestro, con nuestro Consolador, con nuestro Creador, etc.

Muchas veces,  sin necesidad de emitir palabra,  ya estamos evangelizando con nuestras acciones, de ahí la importancia de vivir bajo la dirección de Cristo y dando muestra del amor que recibimos del Padre.

Dios siempre nos ha sostenido, aun cuando hemos tenido limitantes o nos ha sido quitado algo importante ahí ha estado Dios sosteniéndonos todo el tiempo. Nunca nos deja.

Los hijos de Dios podemos compartir amor, esperanza, paz, tranquilidad y alegría porque Cristo está permanentemente con nosotros.

3.     ¿Qué es lo que Dios bendice grandemente?
Dios bendice grandemente cuando el hombre tiene fe en Él, confianza en Él y cuando su convicción en el Creador es total.

Algunos de esos ejemplos son:

-        La mujer sirofenicia: Mateo 15: 23-28
“Oh mujer, grande es tu fe, hágase contigo como quieres”
-        La mujer con flujo de sangre Mateo 9: 20-22
“Ten ánimo, tu fe te h salvado”
-        El Centurión cuyo siervo estaba enfermo:  Lucas 7:1-10
“Ni aun en Israel he hallado tanta fe”

Nuestro Creador nos sustenta todo el tiempo, aun cuando hayamos perdido el trabajo,  hayamos tenido carencias, nunca nos ha dejado desamparados ni tampoco sin comer, pues no hay justo desamparado ni que mendigue pan. Salmo 37: 25

Si vamos a evangelizar tengamos fe que Dios nos estará acompañando en tan valiosa e importante misión, pues Dios no sólo quiere guiarnos a nosotros para compartir su amor sino también quiere que la otra persona conozca su amor.

4.     ¿A quiénes hay que compartir la fe de Jesucristo?
Mateo 10: 5-6; Mateo 15: 23-28; Hechos 13:46-49; Juan 3:16

A todos en general,  porque aunque haya quienes desechen el amor de Dios hay otros que lo desean, quienes lo necesitan y quienes pueden mostrar más fe de la que imaginamos.

Dios es el único que conoce quién creerá en Él y será salvo pero nosotros no lo sabemos, por lo tanto compartamos con todos la fe  y el amor de Jesucristo pues Dios se encargará de dar la prosperidad.


5.     ¿Cómo debemos ser?
Mateo 10: 16 “Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

La serpiente no actúa con inseguridad, ni con miedos, ni con indecisiones; por el contrario, la serpiente es firme, aguda, incisiva, penetrante.
La paloma es amigable, sensible, tierna.

No seamos de corazón duro porque pueden venir circunstancias que nos hagan sensibilizarnos para ver a nuestro prójimo como un ser vivo y valioso con sentimientos y no como objetos o números, sino como personas valiosas por las cuales Cristo derramó su sangre por ellas y por nosotros.
                 
Vivamos como Cristo, buscando dar salud, compartiendo amor y dependiendo del Padre Celestial continuamente.

A veces perdemos la abundancia porque depositamos ahí nuestra confianza y nuestra fe olvidando que Cristo es nuestro sostén. Aprendamos a depender de Dios como Cristo lo hacía, aprendamos a ser sensibles con nuestro prójimo como Cristo lo hacía pero aprendamos también a ser defensores de la justicia como Cristo también lo hacía.


Conclusión:

La Palabra de Dios nos hace recordar que:
·       Dependiendo de Dios somos sostenidos en todo tiempo, haya abundancia o carencia.
·       Dios nos guiará para saber decir lo que tenemos que compartir con nuestro prójimo.
·       La evangelización es una tarea permanente de nosotros sus discípulos y es predicar la fe en Jesucristo y su amor.
·       Si tengo a Cristo en mi corazón entonces tengo amor, paz y salud para compartir a los necesitados y dolientes.
·       Todos sus discípulos podemos hablar en cualquier momento y a cualquier persona porque Dios nos guiará.

·       Recordar constantemente que de gracia recibimos entonces demos de gracia, y todos hemos recibido en abundancia las bendiciones de Dios.

Mateo 10.1-8, TLA

Jesús reunió a sus doce discípulos. A cada uno le dio poder para expulsar malos espíritus y para sanar toda clase de enfermedades.
A los doce discípulos que Jesús eligió, los llamó apóstoles. Éstos son sus nombres: Simón, mejor conocido como Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el cobrador de impuestos, Santiago hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el patriota y Judas Iscariote, que fue el que después traicionó a Jesús.
Jesús envió a estos doce discípulos con las siguientes instrucciones: "No vayan por lugares donde vive gente que no es judía. Tampoco vayan a los pueblos de la región de Samaria. Mejor vayan a los israelitas, pues son un pueblo que anda como rebaño perdido.
Cuando vayan, anuncien este mensaje: “Ya está por llegar el reino de Dios”.
Sanen también a los enfermos. Devuélvanles la vida a los muertos. Sanen a los leprosos, y libren de los demonios a la gente. ¡No cobren nada por hacerlo, pues el poder que Dios les ha dado a ustedes tampoco les costó nada!

sábado, 20 de enero de 2018

Letra núm. 554, 21 de enero de 2018

LA LIBERTAD CRISTIANA (1520)
Martín Lutero

9. Una vez que el hombre haya visto y reconocido por los mandamientos su propia insuficiencia, lo acometerá el temor y pensará en cómo satisfacer las exigencias de la ley; ya que es menester cumplirla so pena de condenación; y se sentirá verdaderamente humillado y aniquilado, sin hallar en su interior nada con que llegar a ser bueno. Entonces es cuando la otra palabra se allega, la promesa y la afirmación divina, y dice: ¿deseas cumplir los mandamientos y verte libre de la codicia malsana y del pecado como exigen los mandamientos? ¡Mira! ¡Cree en Cristo! En él te prometo gracia, justificación, paz y libertad plenas. Si crees, ya posees, mas si no crees, nada tienes. Porque todo aquello que jamás conseguirás con las obras de los mandamientos —que son muchas, sin que ninguna valga— te será dado pronto y fácilmente por medio de la fe: que en la fe he puesto directamente todas las cosas, de manera que quien tiene fe, todo lo tiene y será salvo; sin embargo, el que no tiene fe, nada poseerá. Son pues, las promesas de Dios las que cumplen lo que los mandamientos ordenan y dan lo que ellos exigen: esto sucede así para que todo sea de Dios; el mandamiento y el cumplimiento. Sólo Dios ordena y sólo Dios cumple. Esta es la razón por la cual las promesas de Dios son la Palabra del Nuevo Testamento y están comprendidas en el mismo.

10. Estas palabras y todas las demás de Dios son santas, verídicas, justas, pacíficas, libres y plenas de bondad. Por tanto, el alma de aquel que con fe verdadera se atiene a la palabra divina, se unirá a la misma de tal modo que también el alma se adueñará de todas las virtudes de la Palabra. Es decir, por la fe, la Palabra de Dios hará al alma santa, justa, sincera, pacífica, libre y plena de bondad; será en fin un verdadero hijo de Dios, como dice Juan: “A los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1.12). Esto aclara por qué la fe es tan potente y asimismo cómo existen buenas obras que puedan igualarse a ella.
Ninguna obra buena se atiene a la Palabra divina como la fe, ni hay obra buena alguna capaz de morar en el alma, sino que únicamente la Palabra divina y la fe reinan en el alma. Tal como es la palabra, así se vuelve el alma, a semejanza del hierro que al unirse al fuego se vuelve rojo blanco como el fuego mismo. Vemos así que al cristiano le basta con su fe, sin que precise obra alguna para ser justo, de donde se deduce que, si no ha menester de obra alguna, queda ciertamente desligado de todo mandamiento o ley, y si está desligado de todo esto será, por consiguiente, libre. En esto consiste la libertad cristiana: en la fe única que no nos convierte en ociosos o malhechores, sino antes bien en hombres que no necesitan obra alguna para obtener la justificación y salvación. […]

11. También se asemeja la fe a un hombre que confía en otro, porque aprecia su bondad y veracidad, lo cual es el honor más grande que un ser humano puede rendir a otro. Por el contrario, el mayor escarnio es que un hombre considere a su semejante como inútil, mentiroso y superficial. Del mismo modo, cuando el alma cree firmemente en la Palabra de Dios, considera a éste como sincero, bueno y justo, rindiéndole así todo el honor del que es capaz, en tanto respeta el derecho divino, glorifica el nombre de Dios y se abandona a su voluntad, dado que no duda de la bondad y veracidad de todas sus palabras. Por el contrario, el deshonor mayor que a Dios puede hacérsele es no creerle, cosa que sucede si el alma lo considera incapaz, falaz y superficial, negándole con tal incredulidad y haciendo de su propio sentir un ídolo levantado en el corazón contra Dios, como si su propia sabiduría pudiera superar a la divina.
Al ver Dios que el alma lo reconoce por la única verdad y que lo honra así con su fe, él, a su vez, honra al alma y la considera buena y sincera. Por consiguiente, por la fe es el alma realmente buena y sincera, porque bueno es y conforme a la verdad que se considere a Dios como bondad y verdad mismas, lo cual hace al hombre también justo y sincero, siendo así que es sincero y justo conceder a Dios toda la verdad. Y esto es algo que no realizan quienes en lugar de creer se esfuerzan poniendo en práctica muchas buenas obras.
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ALGUNAS DEFINICIONES DE EVANGELIZACIÓN
Orlando Costas


·   La evangelización es acción transformadora. Es la transmisión del evangelio, la buena nueva de salvación. No es un concepto sino una obra dinámica que se encarna en la vida y actividad salvadora de Jesucristo. De ahí que no pueda reducirse a una fórmula verbal. Evangelizar es reproducir, por el poder del Espíritu Santo, la salvación revelada en Jesucristo. (Evangelización contextual, 1986)

·    En el sentido bíblico, evangelización es el anuncio de la obra redentora de Cristo y sus implicaciones para cada ser humano. [...] La finalidad de esa proclama es ser un canal a través del cual el Espíritu Santo llame al pecador al arrepentimiento, le dé el don de la fe, de tal manera que pueda tener un encuentro personal con Cristo y así experimentar una transformación total. Esa experiencia tiene repercusiones tanto para el presente como para la eternidad. Esa transformación es lo que Pablo llama en Romanos 1:16 salvación... (La iglesia y su misión evangelizadora, 1971)

·    La evangelización es, pues, el vehículo para el establecimiento del Reino de Dios entre los hombres. Y por cuanto la teología tiene como fin el conocimiento de Dios como Señor y Salvador, lo cual implica participación en Su Reino, que es donde culmina ese conocimiento, se deduce que la evangelización es el fin de la teología. (Hacia una teología de la evangelización, 1973)

·   La tarea fundamental de la iglesia, como comunidad evangelizadora, es la de poner de manifiesto el reino de Dios, y no buscar su propio triunfo. En la evangelización, como en sus otros ministerios, la iglesia debe decir del reino de Dios y de sí mismo lo que dijo Juan el bautista del Cristo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn 3.30). La evangelización contextual relativiza el triunfalismo eclesiástico y a la vez profundiza el crecimiento de la iglesia. Ayuda a la iglesia evangelizadora a poner su mente en el reino de Dios y a invertir sus energías en su servicio. Ello produce como consecuencia un crecimiento pleno e integral, gratuito pero no superfluo, en el que se multiplican las energías disponibles para el servicio a toda la humanidad y se glorifica al Dios cuyo reino aguardamos en fe y esperanza. (Hacia una teología de la evangelización

·    La complejidad de la conversión no radica en un número fijo de experiencias [como antes había pensado, al señalar tres etapas de su conversión: a Cristo, a la cultura y al mundo], sino en el hecho de que es sumergirse en una permanente aventura. La conversión cristiana es un viaje al interior del misterio del Reino de Dios, que lo lleva a uno de una experiencia a otra. (Temas pastorales latinoamericanos)

·  Debemos entender la conversión como un momento específico y como un proceso continuo. [...] La conversión es, pues, ambas cosas: un momento específico y la primera experiencia de una serie de experiencias transformadoras. Se nos presenta como un viraje sin igual y como un movimiento transformador continuo, hecho posible por el poder capacitador del Espíritu de libertad. (“La conversión como experiencia compleja”)
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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Al menos una vez al año, se invita a los cristianos a evocar la oración de Jesús para sus discípulos: “para que todos sean uno; [...]; para que el mundo crea [...]” (véase Juan 17.21). Los corazones se conmueven y los cristianos se reúnen para orar por su unidad.
Las congregaciones y parroquias de todo el mundo organizan intercambios de predicadores o celebraciones y cultos ecuménicos especiales. El evento en el que tiene su origen esta experiencia única es la Semana de oración por la unidad de los cristianos.
Esta semana de oración se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero, entre las festividades de la confesión de San Pedro y la de la conversión de San Pablo. En el hemisferio sur, en el que el mes de enero es un mes de vacaciones, las iglesias encuentran en muchas ocasiones otros momentos para celebrarla, por ejemplo, en torno a Pentecostés, que también es una fecha simbólica para la unidad.
Las Iglesias del Caribe fueron elegidas para redactar el borrador de los materiales para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018. El Caribe actual está profundamente marcado por el proyecto deshumanizante de la explotación colonial. Muy lamentablemente, a lo largo de 500 años de colonialismo y de esclavitud, la actividad misionera cristiana en la región, exceptuando algunos casos notables, estaba muy ligada a este sistema deshumanizante y en muchas ocasiones lo justificaba y reforzaba. Mientras que los que trajeron la Biblia a la región usaban las Escrituras para justificar la subyugación de un pueblo esclavo, en la mano de los esclavizados se volvía una inspiración, una garantía de que Dios estaba de su parte y de que les llevaría a la libertad.
Hoy en día los cristianos del Caribe pertenecientes a distintas tradiciones ven el actuar de la diestra de Dios en el fin de la esclavitud. Esta es una experiencia unificadora de la acción salvífica de Dios que dona libertad. Por este motivo se consideró muy apropiada la elección del canto de Moisés y María (Ex 15, 1-21) como tema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018. Es un canto de victoria sobre la opresión. Este tema ha sido recogido en un canto, “La diestra de Dios”, escrito en un taller de una reunión de la Conferencia de las Iglesias del Caribe celebrada en agosto de 1981, que se ha vuelto un himno del movimiento ecuménico de la región y que ha sido traducido a distintas lenguas.

El material de trabajo se puede descargar en el sitio: www.oikoumene.org/es/resources/documents/commissions/faith-and-order/xi-week-of-prayer-for-christian-unity/2018.

Actividades y anuncios

OREMOS POR TODOS LOS PLANES Y PROYECTOS DE LOS MINISTERIOS PARA EL BIENIO 2018-2019

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 23 de enero, 19 hrs.
Modera: José A. Aquino Robles

Llamamiento: Salmo 41.1-4
Oración de ofrecimiento
Himno: “Bellas palabras de vida” (13)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 17.1-10
Tema: LA VID Y LAS DOS ÁGUILAS
Himno: “De gloria en gloria” (543)
Ofertorio
Bendición pastoral

ALEGORÍA DEL ÁGUILA
Julio Lamelas Míguez

E
z 17 es una alegoría en forma de discurso con una sencilla estructura: presentación del enigma o acertijo (Ez 17.2-10) y aplicación del mismo (Ez 17.11ss). Presenta también las características de un oráculo de condenación con la acusación, de la cual forma ya parte el enigma, la sentencia condenatoria (Ez 17.19) y la fórmula de reconocimiento como conclusión (Ez 17,21). Se trata de la alegoría del águila y el cedro aplicada al rey. 2 Re 24 nos dice que Jeconías acababa de ascender al trono cuando fue deportado a Babilonia en compañía de Ezequiel a raíz del primer sitio de Jerusalén en el año 597. Nabucodonosor coloca en el trono de Judá a su tío Sedecías que reinará durante diez años, hasta que en el año 586 a. C. es conducido a Ribla, cegado y deportado (véase 2 Re 24,17-25,7).

  Teniendo presentes estos acontecimientos históricos puede entenderse la alegoría de la siguiente manera: el águila mayor (Ez 17.3) es Nabucodonosor, que corta la copa del cedro (el rey Jeconías) y la lleva a tierra de mercaderes y comerciantes, Babilonia. En su puesto planta un árbol, es decir, pone un nuevo rey, Sedecías, tío de Jeconías, pobre en recursos materiales, débil y con un poder muy limitado (véase Jr 38.5). Se descubre en este aspecto la poca simpatía que este rey tenía para Ezequiel. La otra águila es Psammético II de Egipto (594-588 a. C). Se trata, por lo tanto, del drama de Sedecías, el rey débil, preso entre las exigencias del rey di Babilonia, por un lado, y las del faraón de Egipto, por el otro. […]

Pero la alegoría del capítulo 17 no termina simplemente en una condena y una derrota que hará que el pueblo y su rey reconozcan al Señor (Ez 17,21). Queda aún la pregunta: ¿Qué pasa con la promesa de Natán sobre la descendencia mesiánica de David (véase 2 Sm 7)?
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES


28 – Clase unida: Bases y criterios para la evangelización de hoy

El Señor Jesús llama al arrepentimiento y la conversión, L. Cervantes-O.


21 de enero, 2018

Desde entonces, Jesús comenzó a decirles a todos: “Vuélvanse a Dios, porque su reino se va a establecer aquí”.
Mateo 4.17, TLA

Todo empezó junto a un lago: en Capernaum, la base de operaciones que escogió Jesús de Nazaret, en Galilea, norte de Palestina, región fronteriza, lugar de encuentro de pueblos y culturas. Allí sería el escenario y la plataforma de su revelación como enviado de Dios para anunciar la venida del Reino de Dios y la posibilidad de participar de él mediante el arrepentimiento y la conversión. Así comenzó Jesús a cumplir el encargo de la misión universal de predicar el Evangelio al mundo entero (28.18s). El breve pasaje del evangelio de Mateo cap. 4 que da cuenta del inicio de la actividad de Jesús lo muestra en su actitud apasionada de compartir el amor y la justicia de Dios, por igual.

Apenas enterado del encarcelamiento de Juan el Bautista, quien bautizó a Jesús y quien compartía con él, el entusiasmo por la acción de Dios en el mundo (4.12), el Señor decidió ubicar el escenario de su labor en un ambiente marcado por la pluralidad y el recuerdo de dos tribus israelitas (4.13), bajo el cobijo de las profecías antiguas que perfilaron muy bien el tipo de predicación que traería el mesías, el enviado de Dios: desde un territorio fronterizo (4.15) semejante anuncio vendría a ser “una gran luz” para la oscuridad en que vivían las personas (4.16). La “sombra de muerte” aludía al contexto de necesidad y urgencia para sobrevivir en medio del sometimiento a un poder extranjero. A diferencia de Juan, que predicó a un Dios vengador de las injusticias, Jesús anunciaría a un Dios pacífico y no violento. Su mensaje es breve, sencillo y directo: se trata de aprestarse para el cambio de época que se avecina.

El arrepentimiento que el Señor pide es para recibir la Buena Noticia, como puro regalo incondicional de Dios (4.23; 9.35). Volverse a Dios, arrepentirse, es mostrar la disposición para salir de un estado de cosas que aparentemente lo resuelve todo, pero que mantiene en la indefensión total a las personas. Jesús invita a las personas a considerar seriamente el encuentro o el reencuentro con Dios en las nuevas condiciones que ofrecerá el “Reino” que pronto se establecería en el mundo. El arrepentimiento es el primer paso para poder acceder a esa nueva situación de paz, igualdad y justicia, el estado ideal para los seres humanos y para cualquier sociedad. Jesús tomó la esperanza en el Reino a la que se había referido el profeta Daniel (7.13-14) y la relanzó para darle un contenido que vendría a concentrar su significado en su propia persona, pues “representa la salvación futura y definitiva de toda la humanidad, social, política y espiritualmente, mediante un ejercicio de la soberanía de Dios que establece la paz y la justicia en la tierra y en el cielo” (Benedict T. Viviano, Comentario Bíblico San Jerónimo, p. 79). El ofrecimiento del Señor es la garantía para entrar a ese espacio de gracia y bendición que trae Dios al presente de la humanidad dispuesta a tener una buena relación con él.


El cambio de mentalidad que implica el arrepentimiento es la única condición para disfrutar de la nueva situación anunciada por Jesús. En el presente de cada persona es posible realizar la conexión directa con esa realidad, con la posibilidad efectiva de enfrentar todas las realidades que, favorables u opuestas a ese proyecto, aparezcan en el camino de la fe. El ofrecimiento de la gracia ocupa el lugar del juicio de Dios. Jesús salió al encuentro de la expectativa del pueblo con un anuncio que, desde el comienzo, tiene como contenido central el reinado de Dios y será desde entonces el centro de su predicación. La conversión implica, además, la disposición plena del corazón que acepta los proyectos que Dios tiene para la vida individual y colectiva. Convertirse es romper con los criterios dominantes en el mundo para asumir las prioridades del Señor en todas las áreas de la vida. Ésa es la respuesta que convierte en discípulos de Jesús a las personas. Se trata de vivir plenamente en el horizonte del Reino.

Mateo 4.12-17, TLA

12 Cuando Jesús oyó que Juan el Bautista estaba en la cárcel, se marchó a la región de Galilea. 13 Pero no volvió a su casa en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaúm. Este pueblo se encuentra a orillas del Lago de Galilea. Allí vivieron las tribus israelitas de Zabulón y de Neftalí.
14 Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías, cuando escribió:
15 
Escucha, tierra de Zabulón,
que estás cerca del gran mar;
escucha, tierra de Neftalí,
que estás al oeste del río Jordán;
escucha tú, Galilea,
tierra de extranjeros.
16 
Aunque tu gente viva en la oscuridad,
verá una gran luz.
Una luz alumbrará
a los que vivan
en sombra de muerte.
17 Desde entonces, Jesús comenzó a decirles a todos: "Vuélvanse a Dios, porque su reino se va a establecer aquí".

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...