sábado, 9 de junio de 2018

Letra 572, 10 de junio de 2018


LAS DISCÍPULAS DE JESÚS (I)
Ana María Tepedino

Resultado de imagen para las discípulas de jesús tepedinoLos modernos estudios sobre el movimiento de Jesús lo sitúan como un movimiento de renovación dentro del judaísmo, así como el fariseísmo se considera otro movimiento de renovación del judaísmo de la misma época. Todos predicaban la venida del Reino de Dios, aunque de formas diferentes.
Jesús y su movimiento compartían con otros grupos de Palestina ese símbolo y el conjunto de esperanzas que evoca. El movimiento de Jesús era un movimiento carismático itinerante en el que se admitían hombres y mujeres en igualdad de condiciones. No hace acepción de personas en sus relaciones con ellas. A todos y a todas acoge y con todos y todas se relaciona de la misma forma. Esto fue verdaderamente revolucionario.
Esta realidad forma parte del contenido del Reino de Dios, del reinado de Dios que se acerca con Jesús (cf. Mc 1.15; Lc 4.18s), que es una intervención gratuita de Dios dentro de la realidad para invertirla: los últimos serán los primeros y los marginados los herederos. El Reino de Dios que se inaugura con Jesús es un Reino de vida, simbolizado en el banquete, un reino al que todos están invitados; los primeros (Israel: las personas religiosas) no aceptan la invitación, mientras son convocados quienes normalmente están excluidos de las fiestas de la vida (cf. Lc 14.15-24).
Un dato común a los cuatro evangelios es la pertenencia de las mujeres a la asamblea del Reino convocadas por Jesús, no como componentes accidentales, sino como participantes activas. A juzgar por los relatos, parecen también beneficiarias privilegiadas de sus milagros (cf. Mr 1.29-31; 5.23-34; 7.24-30; Lc 8.2, etcétera). Los evangelios refieren curaciones de mujeres; quizá con ello Jesús quiere llamar la atención sobre la situación infrahumana en la que vivían. El las cura para que, de ese modo, siendo seres humanos completos, puedan participar de su comunidad.
Jesús tomaba en serio a las mujeres judías (fuesen o no pecadores), a las que la sociedad de su tiempo marginaba de toda vida pública, social o religiosa. Conocía sus sufrimientos y avatares y sabía hablarles y escucharlas, enseñándoles y conviviendo con ellas, dando así una respuesta a su profunda expectativa, a su sed de vida. Su actitud con las mujeres causaba estupor y asombro. Habla públicamente con ellas, hasta con las extranjeras (cf. Jn 4.27), aunque, como sabemos, los extranjeros  eran discriminados en Israel. No comparte los prejuicios de su tiempo sobre ellas. Las trata con respeto y cariño, como hijas queridas del Padre. vive una especial alianza con ellas, haciendo surgir lo "nuevo" a través de esa relación.
Las cura (ejemplo: la suegra de Pedro, que se levanta, convirtiéndose, por tanto, en un ser humano de nuevo apto y capaz, que para demostrarlo se pone a servirles) (cf. Mc 1,29-31p). Rompe el prejuicio de la “impureza legal”, dejándose tocar por la hemorroísa que queda curada (cf. Mr 5.25-34). Relacionado con este relato está el de la curación de la hija de Jairo, donde una vez más, infringe el precepto de la pureza legal y toca el cadáver (cf. Mr 5.21-24,36-43). Habla con una extranjera, la sirofenicia, y se deja convencer por ella curando por fin a su hija (cf. Mr 7.24-30).
Jesús levanta a todas estas personas sacándolas del estado “de muerte”, pues las enfermedades les impedían participar, como la mujer encorvada dieciocho años a la que cura en la sinagoga en sábado, para que puesta en pie pueda alabar y dar gracias a Dios. La llama incluso hija de Abraham, oponiéndose a la concepción judía (cf. Mt 13.19-27), así como reconoce el don mayor de otra mujer: la fe (cf. Mt 15.28; Lc 1.28). Para protegerla de la precipitación con la que a veces la abandonaba su marido, Jesús interpreta el texto de Gn 1.26s y lo lleva hasta sus últimas consecuencias (cf. Mt 19,1s). De esa forma, las mujeres experimentarán la dynamis (fuerza) del Reino que viene a inaugurar.
Jesús se solidariza con todos los que sufren. Sufre con ellos (syn patein), tiene compasión de ellos y, de ese modo se revela, al tiempo que revela la misericordia del Dios del Reino, del Dios de la Vida, que no puede soportar una situación de "menos vida" para ninguno de sus hijos. Por eso tenía una especial predilección por los pobres, entre quienes estaban las mujeres, que no sólo sufrían por ser mujeres sino también por su situación económica de gran pobreza. Jesús no duda en desafiar las prohibiciones legales, como dijimos, para curarlas y dirigirles su mensaje hasta el punto de aparecer como inmoral o escandaloso (cf. Mt 11.6.15; Mc 2.15-17; Jn 6.61).
Era inconcebible que un rabí entrara en casa de mujeres solteras, como nos relata Lc 10.38-42, que hubiera mujeres que siguieran a un rabí abandonando sus hogares para acompañarlo en su misión itinerante (cf. Lc 8.3, en donde se menciona a Juana, mujer de Cusa, funcionario romano). De este modo, las mujeres desafiaban el respeto humano y las prohibiciones legales para seguir a Jesús (cf. Mc 15.40-41; Lc 8.1), viajando con él.
Las mujeres, junto con los demás marginados: enfermos, pobres, pecadores, publicanos, los despreciados e infravalorados, se descubren como seres humanos a quien Jesús valora y les restituye su dignidad de criaturas de Dios, recuperándolos y recuperándolas, recreándolos y recreándolas, constituyendo su comunidad con todos ellos. Esa recuperación, esa integridad de las personas y la mutua integración entre ellas son signos del Reino que se instaura.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y EL INDIVIDUO
Dietrich Bonhoeffer

Resultado de imagen para bonhoeffer estatuaEntonces, en el mismo momento, se le devuelve todo l0 que había dado. Abraham recibe de nuevo a su hijo. Dios le muestra una víctima mejor, que debe sustituir a Isaac. Es un giro de grados; Abraham ha recibido de nuevo a su hijo, pero ahora lo tIene de forma distinta. Lo tiene por el mediador, a causa de él. Por estar dispuesto a escuchar y obedecer literalmente la orden de Dios, le es permitido tener a Isaac como si no lo tuviese, tenerlo por Jesucristo. Nadie sabe nada de esto. Abraham baja con Isaac de la montaña tal como había subido, pero todo ha cambiado. Cristo se ha interpuesto entre el padre y el hijo. Abraham había abandonado todo para seguir a Cristo y, en pleno seguimiento, le es permitido de nuevo vivir en el mundo en que antes vivía. Externamente, todo continúa como antes. Pero lo antiguo ha pasado, y he aquí que todo se ha hecho nuevo. Todo ha debido pasar a través de Cristo.
Ésta es la otra posibilidad, la que consiste en ser individuo en medio de la comunidad, en seguir a Cristo en medio de su pueblo y de la casa de su padre, en medio de los bienes y posesiones. Pero es precisamente Abraham quien ha sido llamado a esta existencia; Abraham, que había pasado antes por la ruptura visible; Abraham, cuya fe se ha convertido en modelo para el Nuevo Testamento. Nos sería muy fácil generalizar esta posibilidad de Abraham, entenderla de forma legalista, es decir, aplicárnosla a nosotros mismos sin más ni más, pretendiendo que nuestra existencia cristiana consiste en seguir a Cristo en medio de la posesión de los bienes de este mundo, y ser así individualista.
Pero, sin duda, es un camino más fácil para el cristiano ser conducido a la ruptura exterior que soportar, en el misterio de la fe, la ruptura secreta. Quien no sabe esto, es decir, quien no lo sabe por la Escritura y la experiencia, se engaña indudablemente al marchar por el otro camino. Volverá a caer en la inmediatez y perderá a Cristo.
No pertenece a nuestra voluntad elegir esta posibilidad o aquella. Según la voluntad de Jesús, somos llamados de tal o cual manera a salir de la inmediatez, y debemos convertirnos visible o secretamente en individuos.
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LA POLÍTICA (III)
Roger Mehl

M
uchos cristianos tienen alergia a la política, precisamente porque supone lucha y crea enemigos. Es pura quimera intentar hacer política sin tener adversarios. ¿Es posible que estos adversarios no lleguen a convertirse en enemigos? Aunque existe una profunda diferencia entre un adversario, cuyas ideas nos parecen falsas y nefastas, y un enemigo, objeto de odio, hay que reconocer que la distancia entre adversarios y enemigos se elimina fácilmente, dado que la política es y tiene que ser apasionada precisamente en la medida en que es noble, es decir, combate por la realización de un ideal (una idea de lo que debe ser la sociedad). Derecha e izquierda, conservadores y progresistas, tradicionalistas, reformistas y revolucionarios son categorías inevitables de la vida política, sin las que ésta perdería todo su interés.
Sin embargo, la ética política debe relativizar esas categorías, combatir el maniqueísmo político y defender firmemente que un combate ideológico debe respetar a los hombres en su honor, en su dignidad y en su vida privada. Debe recordar que, si bien todo es política, la política no lo es todo.
Si las iglesias cristianas han fomentado en el pasado una tendencia política más que otra, no siempre ha sido, como se ha dicho a veces con ligereza, porque en la era constantiniana las iglesias estuvieran siempre del lado de la clase dominante, sino también porque así intentaban conservar su unidad y mantener entre sus fieles una comunión que excluyera las luchas, las animosidades y los rencores. Hoy las iglesias suelen dejar a sus fieles libertad en su opción política, lo cual es bueno, pero no suficiente. Deberían ofrecer a los partidarios de líneas opuestas la posibilidad de encontrarse, de discutir lo más serenamente posible y recordarles que en Cristo pueden ser adversarios sin ser enemigos.
Pero la pasión política, que no es un mal en sí, presenta otros peligros. Como toda pasión, puede cegar, es decir, impedir que se oigan los argumentos del otro o se vean ciertos aspectos de la realidad.
Por otra parte, cuando un hombre o un partido han conquistado el poder, tienen la fuerte tentación de considerarlo como un fin en sí mismo, independientemente de los medios que ofrece para realizar un ideal político. La pasión del poder por el poder forma parte de la patología de la política.
Es fácil comprender por qué el poder embriaga a los que lo poseen: los convence de que están haciendo historia (sentimiento que en un hombre como Hitler adquirió dimensiones de verdadera locura). ¿Es totalmente ilusoria esta sensación de hacer la historia? Tal es la tesis defendida por Jacques Ellul en La ilusión política.
Creemos que se trata de una tesis exagerada: la institución de la Seguridad Social por el poder político ha modificado profundamente nuestra sociedad y ha tenido un impacto claro en la longevidad humana. Pero el mérito de Ellul consiste en recordarnos que los hombres que están en el poder chocan con fuerzas anónimas que no conocen ni dominan y que, al tomar decisiones, muchas veces se limitan a seguir una de las pendientes de la historia, que no siempre es la correcta. Es difícil lograr que el hombre de Estado sea humilde, pero hay que intentarlo siempre.
También es importante que exista en la nación cierto número de entidades independientes (iglesias, universidades, organismos científicos, asociaciones culturales) que puedan desempeñar ante el poder moderno el papel que algunos profetas desempeñaron ante los reyes de Israel.

Actividades y avisos


TODOS ESTÁN INVITADOS AL TALLER BÍBLICO-DOCTRINAL SOBRE RESPONSABILIDAD CIUDADANA A LAS 17.30 HRS.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 12 de junio, 19 hrs.
Modera: Hna. Estelita Sánchez

LlamamientoSalmo 119.97-104
Oración de ofrecimiento
Himno: “Del santo amor de Cristo” (150)
Círculo de oración (familias)
Lectura bíblica: Ezequiel 37.1-14
Tema: El valle de los huesos secos
Himno: “A cada instante te necesito” (360)
Ofertorio
Bendición pastoral

VISIÓN DE LOS HUESOS SECOS
Julio Lamelas Míguez

E
l Espíritu del Señor se apodera de nuevo de Ezequiel. Vuelve a hallarse el profeta en la vasta llanura del río Quebar para recibir allí una visión prodigiosa, el anuncio de un mañana mejor. La ruina en que se halla el pueblo es tan completa que los mismos exiliados la expresan con esta imagen: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos (Ez 37.11). La metáfora es muy expresiva y, en la visión, Dios se sirve de ella para responder a esos razonamientos de desesperación. Muestra al profeta un campo de huesos de los que, hacía tiempo, se había retirado la vida.

Es probable que en la memoria de Ezequiel estuviese presente la imagen de aquellos cadáveres calcinados por el sol con los que pudo encontrarse a su paso por el desierto de Judá y por la llanura de Jericó camino del exilio; cadáveres procedentes de los muertos en la lucha y también de los mismos deportados que no aguantaban el rigor del camino. Aunque es cierto que en la antigüedad se enterraban cuidadosamente los cadáveres y siempre a distancia de los lugares habitados, muchas veces resultaba imposible hacerlo cuando se estaba en plena batalla o en medio del desierto. Después de una campaña militar o detrás de una caravana de cautivos, los muertos se amontonaban en el suelo hasta que las fieras los destrozaban. […]

En el diálogo entre Dios y el profeta, va a recorrer las etapas de esa resurrección de los muertos que han de levantarse como un inmenso ejército. No podrá así olvidar que el autor de tan impresionante resurrección es sólo Dios (Ez 37.3-12). El dramatismo inicial de la escena es resuelto a través de un movimiento dinámico que viene de la palabra de Dios pronunciada por el profeta en dos tiempos: en una teofanía y en el silencio. […]

Los exiliados se desesperaban, se sentían próximos al aniquilamiento (Ez 33.10s), veían sus sepulcros abiertos (Ez 37.12s). En tal contexto de desesperación, el profeta proclama este anuncio vibrante de que Israel, en una situación tan lamentable como pueda ser la de un amasijo informe de huesos resecados, volverá pronto a la existencia, al movimiento, a la vida, por obra de Dios.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

17 – Día del Padre / Reunión congregacional
24 – Tema unido sobre mayordomía en el culto

La fe como contracultura: seguir a Jesús a pesar del imperio y sus imposiciones, L. Cervantes-O.

10 de junio de 2018

Filemón 1

Filemón, querido compañero de trabajo:
Te escribe Pablo. Como bien sabes, estoy preso por servir a Jesucristo.
Recibe mis saludos y los del hermano Timoteo. También saludamos a toda la iglesia que se reúne en tu casa, y a la hermana Apia y al hermano Arquipo, nuestro compañero de trabajo. Deseamos de todo corazón que Dios nuestro Padre, y el Señor Jesucristo, los llenen siempre de amor y paz.
Filemón, siempre doy gracias a mi Dios al acordarme de ti en mis oraciones, porque me han dicho que amas al Señor Jesús y confías en él, y que sientes el mismo amor por todos los que forman parte del pueblo de Dios. Tú confías en el Señor, lo mismo que nosotros. Por eso le pido a Dios que sigas confiando en él hasta que conozcas todo el bien que podemos hacer, gracias al amor que sentimos por Cristo.
Hermano Filemón, estoy muy contento y animado de saber que amas mucho a los demás, pues tú has consolado y animado a todos los que pertenecen al pueblo de Dios. 8-9 Yo ya soy viejo, y ahora estoy en la cárcel por servir a Jesucristo. Yo sé que tú me amas. Por eso, aunque te lo podría ordenar, pues Cristo me ha dado esa autoridad, prefiero pedirte que me hagas el siguiente favor: 10 Te ruego que recibas bien a Onésimo. Para mí, él es como un hijo, pues yo le anuncié la buena noticia aquí en la cárcel.
11 Antes, Onésimo fue para ti un esclavo inútil, pero ahora nos es útil a ti y a mí. 12 Por eso ahora te lo envío de vuelta, y espero que lo recibas como si me recibieras a mí. 13 Me hubiera gustado que se quedara conmigo, para que me ayudara en lugar tuyo mientras yo siga preso por anunciar la buena noticia. 14 Pero no haré nada sin que tú estés de acuerdo, para que el favor que te pido no te resulte una obligación.
15 Tal vez Onésimo se alejó de ti por algún tiempo, para que ahora sea tuyo para siempre. 16 Sólo que ahora ya no lo tendrás como a un esclavo, sino como a un hermano muy querido, lo cual es mucho mejor. Yo lo quiero mucho, pero tú debes quererlo aún más. Quiérelo como a un miembro de la familia del Señor, y no como a cualquier persona.
17 Si realmente me consideras tu hermano, te pido que lo recibas como si me recibieras a mí. 18 Si Onésimo te hizo algo malo, o si te debe algo, cóbramelo a mí. 19 Con esta firma, que es de mi puño y letra, me comprometo a pagarte todo. Aunque, francamente, no deberías cobrarme nada, pues todo lo que tienes, y todo lo que eres, me lo debes a mí.
20 Hermano Filemón, hazme este favor, pero no lo hagas por mí, sino por tu amor al Señor. Tú y yo somos hermanos: ¡dame esa tranquilidad!
21 Te escribo porque estoy seguro de que harás lo que te pido, y mucho más. 22 Y aprovecho la ocasión para pedirte que me prepares un lugar donde quedarme, porque espero que, por las oraciones de ustedes, Dios me deje salir de la cárcel para ir a visitarlos.
23 Epafras, que está preso conmigo por servir a Jesucristo, te envía saludos. 24 También te envían saludos Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, que son mis compañeros de trabajo.
25 Deseo de todo corazón que el amor del Señor Jesucristo los acompañe siempre.

Letra 571, 3 de junio de 2018

LOS HOMBRES DEL MAESTRO (XV)

MATÍAS

Mitrut Popoiu


Resultado de imagen para matías apóstol“MATÍAS EN HEBREO SIGNIFICA “DADO A NUESTRO SEÑOR” O “UN regalo de nuestro Señor”, o incluso, humilde, pequeño. Fue elegido por nuestro Señor cuando entró en el grupo de los setenta y dos discípulos y cuando, por sorteo, fue elegido para entrar en el grupo de los apóstoles. Se consideraba pequeño, porque era manso y humilde. Como dice San Ambrosio hay tres formas de ser humilde: la primera es hacerse humilde por aflicción, la segunda es ser humilde por la consideración de sí mismo y la tercera es serlo por devoción a nuestro Creador. San Matías tuvo la primera por sufrir el martirio, tuvo la segunda por despreciarse a sí mismo y tuvo la tercera por maravillarse de la majestad de nuestro Señor. Por San Matías como cambiar el bien por el mal, porque por ser bueno, ocupó el lugar de Judas, el traidor. Su vida es leída en la Santa Iglesia y San Beda escribió sobre él como de un hombre santo que da testimonio” (Leyenda áurea, siglo XIII).
Sobre San Matías se dicen pocas cosas en la Biblia. Sólo es mencionado una vez en el Nuevo Testamento, o sea, cuando es elegido para reemplazar a Judas a fin de que se cumpla el que hubiera doce apóstoles de Cristo (Hechos 1.15-26). Después de la Ascensión del Señor, se reunieron los discípulos, con María la Madre de Jesús y los once apóstoles. Estaban esperando la prometida venida del Espíritu Santo, perseverando en la oración. Como el puesto ocupado por Judas había quedado vacante, el número de los doce no estaba completo y este es el texto sobre la divina elección del nuevo apóstol, el número doce.
Por Hechos 1.15-26 se conoce cómo fue elegido el nuevo discípulo (apóstol), o sea, por sorteo. Hoy en día, esta elección podría ser considerada de alguna manera como anticristiana, ya que podría asociarse con el juego. Sin embargo, la tradición judía conocía lo sagrado de las probabilidades llamadas Urim y Tummim, que eran utilizadas por el sumo sacerdote del Templo. Y aun hoy en día, este sorteo es utilizado por la Iglesia; por ejemplo, los ortodoxos serbios eligen a su Patriarca por sorteo contando con dos o tres candidatos propuestos por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Serbia. Pero, de todos modos, de acuerdo con la “Leyenda áurea”, la elección de Matías no fue   exactamente un sorteo, sino una elección divina, una señal dada por Dios, pues añade: “Pero dice San Dionisio que, habiendo un empate en la elección, un rayo bajó del cielo brillando sobre él”. Asimismo, por este pasaje bíblico que hemos mencionado, sabemos que Matías fue elegido para reemplazar a Judas. Sabemos que Judas compró la tierra llamada Haceldamah (Haqueldamá) y esto es una novedad porque parece que San Pedro, con este discurso, contradice lo dicho por los evangelios. Parece que Judas no se suicidó, sino que murió en su causa a consecuencias de un accidente: “Compró un campo con el precio de su iniquidad y cayendo de cabeza, se reventó por medio, derramándose todas sus entrañas” (Hechos 1, 18).
Asimismo, por este texto, nos enteramos que, tanto Matías como José el Justo, eran miembros del grupo más amplio, el de los setenta y dos discípulos que acompañaban a Jesús después de su Bautismo. Así que Matías fue testigo presencial de todas las enseñanzas y milagros de Jesús, aunque no formaba parte del grupo restringido de los doce
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y EL INDIVIDUO

Dietrich Bonhoeffer


Resultado de imagen para bonhoefferPARA QUIEN SIGUE A JESÚS, NO HAY “REALIDADES DADAS POR DIOS” MÁS QUE A TRAVÉS de Jesucristo. Lo que no me es dado por medio de Jesucristo encarnado no me es dado por Dios. Lo que no me es dado a causa de Cristo no viene de Dios. La acción de gracias por los dones de la creación se hace a través de Cristo y la súplica que pide la gracia de la conservación de esta vida se hace por la voluntad de Cristo. Si hay algo que no puedo agradecer a causa de Cristo, no puedo agradecerlo de ninguna manera, o cometo un pecado. También el camino que lleva a la “realidad dada por Dios” del prójimo con quien convivo pasa por Cristo; de lo contrario, es un camino equivocado.
Todos nuestros intentos de franquear, por medio de lazos naturales o afectivos, el abismo que nos separa del otro, de vencer la distancia insuperable, la alteridad, el carácter extraño del otro, están condenados al fracaso. Ningún camino específico conduce del hombre al hombre. La intuición más amante, la psicología más profunda, la apertura de espíritu más natural, no avanzan hacia el otro; no existen relaciones anímicas inmediatas. Cristo se interpone. Sólo a través de él podemos llegar al otro. Por eso, de todos los caminos que llevan al prójimo, la súplica es el más rico de promesas, y la oración común en nombre de Cristo es la forma más auténtica de comunión.
No hay verdadero reconocimiento de los dones de Dios sin reconocimiento del mediador, por cuya causa nos han sido dados. Y no es posible dar verdaderas gracias por el pueblo, la familia, la historia y la naturaleza, sin un profundo arrepentimiento, que atribuye la gloria sólo a Cristo, y a él por encima de todo. No hay una auténtica vinculación a los datos del mundo creado, no hay verdadera responsabilidad en el mundo, si no se reconoce primero el abismo que nos separa del mundo. No hay auténtico amor al mundo fuera del amor con el que Dios amó al mundo en Jesucristo. “No améis al mundo” (l Jn 2.15). Pero: “De tal manera amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito, a fin de que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3.16).
La ruptura con las relaciones inmediatas es inevitable. Bien se produzca exteriormente, bajo la forma de una ruptura con la familia o el pueblo, siendo uno llamado a llevar de modo visible el oprobio de Cristo, a asumir el reproche de odiar a los hombres, bien sea preciso llevar esta ruptura secretamente, conocida sólo por él, dispuesto a realizarla visiblemente en cualquier instante, no hay en esto una diferencia definitiva. Abraham es el ejemplo de estas dos posibilidades. Debió abandonar a sus amigos y la casa de su padre; Cristo se interpuso entre él y los suyos. Entonces la ruptura debió hacerse visible. Abrahán se convirtió en un extranjero a causa de la tierra prometida. Fue la primera llamada. Más tarde Abrahán es llamado por Dios a sacrificarle a su hijo Isaac. Cristo se interpone entre el padre de la fe y el hijo de la promesa.
No sólo la inmediatez natural, sino también la inmediatez espiritual son rotas aquí; Abrahán debe aprender que la promesa no depende de Isaac, sino sólo de Dios. Nadie oye hablar de esta llamada divina, ni siquiera los servidores que acompañan a Abrahán hasta el lugar del sacrificio. Abrahán está absolutamente solo. Una vez más es un ser completamente individualista, como hace tiempo, cuando abandonó la casa de su padre. Toma esta llamada tal como le ha sido dirigida, no le da vueltas para encontrar explicaciones, no la espiritualiza, toma a Dios a la letra y está dispuesto a obedecer. Contra toda inmediatez natural, contra toda inmediatez ética, contra toda inmediatez religiosa, obedece a la palabra de Dios. Lleva a su hijo al sacrificio. Está decidido a manifestar visiblemente la ruptura secreta, a causa del mediador.
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LA POLÍTICA (II)

Roger Mehl


I. Naturaleza y fines de lo político
Para elaborar una ética cristiana de lo político es importante definir con precisión su naturaleza y reconocer los valores específicos que gobiernan el mundo político. No podemos establecer el apriorismo de que la política es sólo un apéndice de la ética, aun cuando ambas disciplinas mantengan entre sí inevitables relaciones.
En el sentido más amplio de la palabra, la política es la organización de la ciudad, el establecimiento de una legislación que regule las relaciones entre los individuos y entre los grupos sociales. La ciudad no es, en su esencia, un conglomerado de individuos aislados, sino una red de grupos sociales más o menos conjuntados, pero cuyos intereses no se armonizan espontáneamente. Ninguna ciudad se encuentra en estado de equilibrio; por el contrario, suelen predominar las tensiones entre las diversas capas sociales (clases, profesiones, a veces etnias, religiones). El objetivo primero de la política es, por tanto, hacer que de ese tejido social complejo surja una “voluntad general” (J. J. Rousseau) o, utilizando una expresión más actual, cierto consenso. Éste no es nunca total, no suprime todos los conflictos y además sería de lamentar que lo lograra, pues los conflictos provocan una dinámica social, gracias a la cual pueden realizarse ciertos progresos. Pero este consenso, variable según las épocas, puede alcanzar cierta amplitud, puede darse un acuerdo casi general sobre la forma del régimen político. De hecho, en gran parte de nuestras sociedades occidentales no existe un problema de legitimidad. Dejando de lado algunos grupos totalmente minoritarios, todos los partidos políticos están de acuerdo en apoyar un régimen democrático, de tipo parlamentario, en que se impongan a todos las decisiones de la mayoría. El objetivo de la política es, ante todo, tratar de conservar o, si es posible, ampliar ese consenso.
Pero se advierte en seguida que esta actividad política implica dos riesgos éticos importantes: el de obtener dicho consenso con medios puramente pasionales, lo que supone generalmente bloquear la opinión pública recurriendo a un enemigo real o imaginario que desempeña el papel de cabeza de turco y sirve para provocar una historia colectiva (como sucedió en la desastrosa aventura hitleriana), y el de ahogar con la violencia la voz de los contrarios. La ética no puede condenar la búsqueda del consenso (la idea del pueblo ocupa un lugar fundamental en la historia de la salvación). Sin embargo, no puede aprobar todos los métodos utilizados para lograr ese consenso. Pero conviene tener en cuenta que la ética debe ejercer una función crítica frente a la política.
La política invoca principalmente dos valores: el de orden y el de justicia. Entre ellos se establece una dialéctica que presenta sus dificultades y que muchas veces lleva a graves crisis.

domingo, 3 de junio de 2018

Actividades y avisos


OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE ESTE MES Y POR LOS HERMANOS/AS ENFERMOS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 5 de junio, 19 hrs.
Modera: A.I. Rubén Núñez C.

Llamamiento: Salmo 119.89-96
Oración de ofrecimiento
Himno: “Sólo el poder de Dios” (593)
Círculo de oración (evangelización)
Lectura bíblica: Ezequiel 36.1-15
Tema: Las naciones se burlan de Israel
Himno: “Día en día” (317)
Ofertorio
Bendición pastoral


PROMESA DE RESTAURACIÓN
Julio Lamelas Míguez

E
z 36.1-15 desarrolla el tema de las acusaciones contra Edom de Ez 35. Edom se ha alegrado ante las desgracias de la tierra santa, y ante la desolación del pueblo israelita que ha sido convertido en el oprobio y el hazmerreír de las naciones (Ez 36.6, 15). Ahora Dios transformará la desolación en florescencia (Ez 36.8-12) para el pueblo de Israel, mientras que las otras naciones sufrirán el ultraje (Ez 36.7).

Además, hará que no se desprecie más la tierra como devoradora de sus habitantes (Ez 36,13-15). 36,16-38 Un corazón nuevo y un espíritu nuevo para Israel. Dios hará regresar a su pueblo del exilio de Babilonia, los campos devastados serán repoblados de nuevo, las ciudades destrozadas serán reconstruidas. Será un retorno definitivo, en cierto sentido "escatológico". En esta perspectiva la tierra santa, despreciada, pero también soñada y deseada se convertirá en algo ultraterreno, fundamento de la felicidad del pueblo, aquella que los patriarcas habían visto desde lejos: la patria celeste (véase Heb 11.13-16).

En este sentido y con este fin lucharán Ciro y luego Esdras y Nehemías. Sin embargo, las montañas de Israel harían mal si se enorgulleciesen de sus destinos. Desde el punto de vista moral, Ezequiel vuelve a recalcar que la futura restauración no se deberá a los méritos del pueblo, sino sólo a la voluntad del Señor. Porque Israel no tiene ningún derecho; antes, al contrario, sus faltas han continuado multiplicándose y se han agravado con un pecado de escándalo en medio de unos infieles cuya curiosidad está siempre pendiente de los recién llegados.

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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

10 – Taller bíblico-doctrinal sobre responsabilidad ciudadana
17 – Día del Padre

sábado, 2 de junio de 2018

Jesús preparó a los discípulos desde la contestación al sistema económico-político-religioso, L. Cervantes-O.


3 de junio de 2018


En ese momento llegaron unos fariseos, y le dijeron a Jesús: —¡Huye, porque el rey Herodes Antipas quiere matarte! Jesús les dijo: —Vayan y díganle a esa zorra que hoy y mañana estaré expulsando demonios y curando a los enfermos, y que el tercer día ya habré terminado.
Lucas 13.31-32, TLA

La vida de Jesús de Nazaret no fue una novela de aventuras ni un paseo sin riesgos por la existencia humana. Fue, como bien lo narran los cuatro evangelios, parte de un proyecto amplio de manifestación de la voluntad divina para la humanidad: él encarnó en su persona la venida del Reino de Dios como espacio de gracia, amor y justicia, y como un anticipo efectivo de ese Reino mediante la formación de un grupo de discípulos, llamados/as a ser iguales entre sí. Todo ello, inevitablemente debió confrontarlo con los poderes de su tiempo, de lo que da fe magníficamente Lucas 13 (sin texto paralelo) desde el inicio (vv. 1-5), al incluir el dato del asesinato de ciertos galileos por parte de Pilato y un accidente que mató a varias personas: “Hay un hecho social (insurrección de algunos galileos) y una catástrofe natural (caída de una torre). Los culpables no son los castigados o damnificados, sino el sistema mismo, por eso todos debemos cambiar de mentalidad y convertirnos”.[1] Más adelante, el énfasis político reaparece cuando se refiere que algunos fariseos le anuncian a Jesús que el tetrarca Herodes Antipas quería matarlo (13.31, el mismo que actuará en el juicio contra él: 23.8-12). En ese momento, Jesús estaba enseñando acerca de la dificultad para entrar en el Reino de Dios (“la puerta estrecha”, Lc 13.22-30) mediante un resumen conflictivo sobre la autenticidad de algunos de sus seguidores, algunos de los cuales serán desconocidos a causa de su falsedad (vv. 25-27).

Al llegar a ese punto vino la advertencia de los fariseos sobre las intenciones del tetrarca. La reacción de Jesús es, se diría hoy, resiliente, pues muestra una enorme capacidad para adaptarse a una situación adversa. En vez de amedrentarse o agradecer el consejo, redobla su propósito de continuar actuando en favor de los poseídos y enfermos (32a) y anuncia que lo hará hasta que sea “llevado al fin” o “soy consumado” (teleioumai, 32b), dado que deberá morir como profeta. Esta escena se encuentra en el centro mismo de la narración del viaje a Jerusalén (9,51-19,44).[2] “Jesús se autodefine como profeta. […] Jesús no puede desviarse de su meta, Jerusalén, a pesar de los buenos consejos de los fariseos que lo abordan (v.31). ‘Debe’ ir a Jerusalén, porque los profetas, según la gran tradición israelita, actuaron sobre todo en Jerusalén y allí fueron rechazados y perseguidos. Acto seguido, Jesús apostrofa a la ciudad, pero esta vez no se autodefine como profeta que muere en ella sino que la define a ella como ‘la matadora de los profetas’”.[3] Es entonces cuando Jesús envía un mensaje a “esa zorra” (o zorro, en los escritos rabínicos, la palabra zorra se usaba para referirse a alguien inferior o de poco valor, es decir, un “don nadie”): su labor no se frenaría por una amenaza del poder político-militar; él seguiría adelante “hoy, mañana y pasado mañana” (33a) en su proyecto de mostrar los signos visibles del Reino mediante acciones de servicio a las personas aquejadas por enfermedades, los más olvidados de la sociedad.

Jesús considera a Herodes Antipas (cf. 3.l, 19-20; 9.7-9; 23.6-10) un personaje astuto y taimado. No deberíamos pasar por alto la importancia de esta crítica contra una personalidad política. En el evangelio lucano no se considera sacrosanto ni el orden social romano ni tampoco aquellos que, como Herodes, lo apoyan. Jesús los critica libremente. “Más aún, Jesús no se somete a los modelos y prácticas sociales aceptadas por los romanos y sus aliados. Rechaza la violencia y explotación que, sin embargo, ellos aceptaban como elementos normales de la existencia; sus enseñanzas y comportamiento iban en contra de muchos otros modelos que aceptaban y aprobaban” (R. J. Cassidy, Jesus, Politics, and Society. Maryknoll, 1978, pp. 61-62; trad. esp.: Jesús, política y sociedad. Madrid, Cristiandad, 1981).[4]

Herodes no iba a ser quien impediría a Jesús proseguir su misión, pues sólo cuando a Dios le pareciera conveniente, Jesús llegaría a Jerusalén, “y allí será levantado al tercer día como vindicación de Dios”.[5] Gustavo Guitiérrez explica muy bien la “perspectiva política” de Jesús: “Según Oscar Cullmann [biblista reformado francés], la llave del comportamiento de Jesús en materia política sería su ‘radicalismo escatológico’, basado en la espera de un advenimiento cercano del Reino. Para Jesús, todos los fenómenos de este mundo deben forzosamente ser relativizados de modo que su actitud se sitúa más allá de la alternativa ‘orden establecido’ o ‘revolución’”.[6] Jesús se preocupó primordialmente por la conversión individual y no sólo por una reforma de las estructuras sociales, aun cuando las enjuició y evidenció. Con todo, aun cuando “el fin del mundo no está todavía por venir, podemos pensar que ‘estructuras sociales más justas favorecen también la conversión individual exigida por Jesús’”, en palabras de Gutiérrez. “En realidad, al predicar la conversión personal, Jesús señala una actitud fundamental y permanente: no se opone a una preocupación por las estructuras sociales sino a un culto puramente formal, sin autenticidad religiosa ni contenido humano. [...] La miseria y la justicia social revelan una “situación de pecado” de quiebra de la fraternidad y la comunión; al librarnos del pecado Jesús ataca la raíz misma de un orden injusto”. [7]

Con esas premisas en la mente, Jesús preparó a los discípulos en una clara línea de contestación profética, sin ninguna posibilidad de colaboracionismo con los poderes establecidos. Al marcar distancia de ellos (aunque formalmente fue asesinado como zelote, grupo con el cual también marcó una clara separación ideológica, pues era más revolucionario que ellos), enseñó a sus seguidores a relativizar el peso específico del sistema político en la realización de los planes de Dios: “Jesús nunca se organizó para tomar el poder político, lo que consideró en él una tentación diabólica; esto lo separaba de los zelotes. Su reino es universal, y no se hace historia por la imposición ni por la fuerza de la ley, sino por la fuerza del amor que gana libremente a los hombres, y los prepara para la irrupción definitiva de este reino”.[8] Finalmente, como bien ha afirmado Jon Sobrino, “Jesús no propugna un amor despolitizado, sino un amor político, es decir, situado y con repercusiones visibles para el hombre”,[9] pero a su vez critica todo poder dominador (Lc 22.25-28) y le niega su carácter de mediador entre Dios y los hombres. A los Césares les niega su carácter divino y su condición de última instancia, tal como hoy se pueden señalar los defectos a los gobernantes en la búsqueda del bien común.

La definición de Gutiérrez es muy útil para concluir: “El Reino es una nueva creación: postula la búsqueda de un nuevo tipo de hombre en una sociedad distinta. No se confunde con una sociedad justa, sino que revela la aspiración a una sociedad justa: se realiza en una sociedad fraterna y justa, y, a su vez, esa realización despunta en promesa y esperanza de comunión plena de todos los hombres con Dios. Lo político entronca en lo eterno”.[10]




[1] P. Richard, “El evangelio de Lucas. Estructura y claves para una interpretación global del Evangelio”, en RIBLA, núm. 44, 2003/1, p. 20, http://claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2/17-ribla.
[2] J.S. Croatto, “Jesús muere como profeta en Jerusalén”, en RIBLA, núm. 44, 2003/1, p. 153, http://claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2/17-ribla.
[3] Ídem.
[4] Robert J. Karris, “Evangelio de Lucas”, en R. Brown et al., eds., Nuevo comentario bíblico san Jerónimo. Nuevo Testamento y artículos temáticos. Estella, Verbo Divino, p. 179, http://mty.sanjuan.org.mx/dki/Raymond_E_Brown-Nuevo_Comentario_Biblico_San_Jeronimo-NT.pdf.
[5] Ídem.
[6] G. Gutiérrez, “Jesús y el mundo político”, en Perspectivas de Diálogo, 7 (63), mayo de 1972, https://repositorio.uc.cl/bitstream/handle/11534/15344/000425965.pdf?sequence=1, p. 271.
[7] Ídem.
[8] R. Castellanos, “El amor subversivo en el Evangelio de Lucas”, en RIBLA, núm. 12, 1992, p. 111, http://claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2/17-ribla.
[9] J. Sobrino, Cristología desde América Latina. México, Centro de Reflexión Teológica, 1976.
[10] G. Gutiérrez, op. cit., p. 271. Énfasis agregado.

Lucas 13.22-33

22 Durante el viaje hacia Jerusalén, Jesús pasaba por los pueblos y aldeas y enseñaba a la gente. 23 Un día, alguien le preguntó: —Señor, ¿serán pocos los que se van a salvar? Jesús contestó: 24 "Traten de entrar por la entrada estrecha. Porque muchos querrán entrar al reino de Dios y no podrán. 25 Cuando Dios cierre la puerta, si ustedes están afuera ya no podrán entrar. Tocarán a la puerta y dirán: “¡Señor, ábrenos!” Pero yo les diré: “No sé quiénes sean ustedes, ni de dónde vengan.” 26 Y ustedes dirán: “Nosotros comimos y bebimos contigo; además, tú enseñaste en las calles de nuestro pueblo.” 27 Pero yo les contestaré: “¡Ya les dije que no los conozco! ¡Gente malvada, apártense de mí!”
28 Ustedes se quedarán afuera, y llorarán y les rechinarán de terror los dientes, porque verán en el reino de Dios a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob, y a los profetas. 29 De todas partes del mundo vendrán a la gran cena que Dios dará en su reino. 30 Allí, los que ahora son los menos importantes, serán los más importantes. Y los que ahora son importantes, serán los menos importantes".
31 En ese momento llegaron unos fariseos, y le dijeron a Jesús: —¡Huye, porque el rey Herodes Antipas quiere matarte! 32 Jesús les dijo: —Vayan y díganle a esa zorra que hoy y mañana estaré expulsando demonios y curando a los enfermos, y que el tercer día ya habré terminado. 33 Aunque, en verdad, hoy, mañana y pasado mañana deberé seguir mi viaje hasta llegar a Jerusalén. Después de todo, allí es donde matan a los profetas.

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Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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