domingo, 12 de mayo de 2019

Nehemías viaja a Jerusalén con el apoyo del rey, L. Cervantes-O.


James Tissot (1836-1902), Nehemías sirve vino al rey Artajerjes

12 de mayo, 2019

El rey me preguntó: ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Yo le pedí ayuda a Dios, y le contesté al rey: Si le parece bien a Su Majestad, y quiere hacerme un favor, permítame ir a Judá, para reconstruir la ciudad donde están las tumbas de mis antepasados. Nehemías 2.4-5, TLA

Neh 2.1-10 es un pequeño relato que describe la manera en que el sirviente judío del rey persa Artajerjes I consiguió: a) autorización para viajar a Jerusalén (2.6b), b) cartas de recomendación para los sátrapas de las provincias por las que pasaría (2.7), c) apoyo material para ese viaje (2.8) y d) protección militar, todo ello casi en un abrir y cerrar de ojos y gracias a que, como subraya el texto, se encomendó a Dios (2.4b). Sólo que los entretelones de la narración esconden, entre sus costuras, algunos aspectos que merecen ser destacados para comprender un poco mejor el proyecto del personaje principal de la historia. “El copero deja pasar cuatro meses dedicados a la oración (como Dn 9.4; Esd 9.5) antes de manifestar en presencia del rey los primeros signos de tristeza”.[1] Ese tiempo transcurrido (entre los meses de Quisleu y Abib), seguramente dedicado a la reflexión y a la búsqueda de alternativas para reaccionar ante la información recibida, es el trasfondo de una decisión que marcaría profundamente esta etapa de la vida del Israel posterior al exilio dentro de los límites impuestos por los intereses del imperio persa, puesto que nada de lo descrito posteriormente escaparía a ello.

El momento inicial es una mirada al trabajo rutinario de Nehemías, que lo retrata en lo más elemental de su labor (2.1a): al momento de servir el vino luego de probarlo, el rey advirtió la tristeza inocultable de su sirviente (2.1b-2) y lo interrogó para conocer sus motivos. El relato correspondiente del historiador Flavio Josefo sobre un suceso reciente en Jerusalén, asociado a los datos que le proporcionó su hermano, expone lo que alentó seguramente a Nehemías para responder y actuar en consecuencia: “Dijeron que las murallas habían sido arrasadas hasta el suelo, y que los pueblos vecinos habían causado muchos males a los judíos, haciendo de día correrías por la región, asaltándolos de noche, llevándose prisioneros del campo y hasta de Jerusalén”.[2]

“Nehemías y el círculo que representaba debían tener muy claro que Jerusalén estaba mal gobernada y que necesitaban hacer algo por la ciudad. […] Al instante, según sus mismas memorias, se presentó ante Artajerjes y obtuvo un amplio mandato para poder reordenar la ciudad (2.5)”.[3] Su percepción sentimental, psicológica y política de los acontecimientos en Jerusalén lo colocaron en una posición en la que experimentó la oportunidad de trabajar delante del rey como la coyuntura obligada para intervenir directamente y actuar para retomar el proceso de reconstrucción dirigido por Esdras y otros líderes, y hacerse cargo ahora de las murallas y las puertas de la ciudad. La petición para trasladarse a Jerusalén, un tanto desproporcionada, da por sentado que existía la capacidad de convocatoria para dirigir la resistencia a las agresiones y encabezar la urgente reconstrucción material. De ahí que el rey pregunte sobre cuánto tiempo duraría ese esfuerzo (2.6), aunque la respuesta no se incluye en el texto.

Y es que, como subraya Sacchi: “Parece imposible establecer una relación entre la decisión de Artajerjes de conceder a Nehemías el permiso de reconstruir las murallas de Jerusalén y cualquier otra política persa”.[4] Las condiciones políticas no eran favorables para una intervención militar directa en la provincia judía del imperio (la guerra con Atenas había concluido en 449 a.C.). La razón más probable, agrega, pudo ser que el rey quisiera recompensar a un siervo que le había sido útil y fiel. Este plano personal es el que subraya el texto y de él se aprovecha Nehemías para solicitar el apoyo legal, logístico y material que requería su misión. Moverse en la más alta esfera del gobierno es algo que se asemeja a la historia de Ester, escrita también en el contexto persa (Jerjes I es Asuero y la presencia de la reina en Neh 2.6a recuerda la de Vasti en Ester 1.9ss), y que fue lo que permitió obtener beneficios duraderos para el judaísmo. Con ello se perfilarían más claramente los objetivos de Nehemías: “Los objetivos de Nehemías se deducen de su obra. Actuó en interés, y ciertamente también con el apoyo, de la comunidad judía de Babilonia. Debía hacer que Jerusalén pasara de capital de Judea a capital del judaísmo de todo el mundo. Estas intenciones habrían tenido como aliados naturales a los segregacionistas, es decir, en concreto, a los propietarios de tierras”.[5]

Las definiciones del proyecto de Nehemías, conocidas inmediatamente después de su llegada a Jerusalén, ocasionarían el posicionamiento de los opositores al mismo, internos y externos:

El enemigo más importante era el sacerdocio con su política universalista, pero actuaba en favor de Nehemías la situación de “abyección” en la que estaba sumida la ciudad, la cual no podía agradar ni siquiera al mismo sacerdocio. […] Nehemías debía reordenar la estructura administrativa del Estado perjudicando de alguna manera a los horim [los “grandes”], a quienes debía ofrecer otras ventajas. Los que de ningún modo habrían sido sus aliados eran los extranjeros y quienes los poyaban desde el interior y el exterior.[6]

Las cartas de recomendación del rey (2.7) se vieron complementadas con solicitud de material (madera, 2.8) y de protección militar para el viaje (2.9a). En 8b se destaca la ayuda recibida de Dios para obtener todos esos beneficios, con lo que estaba garantizado su traslado por los 1300 kilómetros que debió recorrer. “Al llegar a la provincia al oeste del río Éufrates” (9b), Nehemías entregó las cartas del rey a los gobernadores, Sambalat (de Samaria) y Tobías (un riquísimo cacique de la Amonítide), los dos emparentados con el sacerdocio de Jerusalén, ante quienes adoptó una actitud despectiva en su descripción, dado que eran funcionarios al servicio del imperio: “Joronita deriva del nombre de la pequeña población de Bet-Jorón, situada en las laderas al noroeste de Jerusalén; ammonita significa extranjero oriundo de la frontera oriental (¡Dt 23,4!)”.[7]

La reacción de ambos, como podía esperarse, fue de rechazo y disgusto ante su presencia (2.10), pues debió causar mucha sorpresa el enorme apoyo del rey para esta empresa nacionalista judía. La oposición a la obra de reconstrucción comenzó a organizarse y a conspirar: primeramente, algunos judíos “grandes” (horim) se negaron a colaborar (3.5), luego, Sambalat y Tobías (a quienes se agregaría Guésem, “el árabe”, 2.19) se burlaron de los avances (4.1-3), ciertos profetas (como Noadías) mostraron su inconformidad (6.10-14), y finalmente, los “grandes”, los horim, abiertamente se pusieron del lado de Tobías, por causa de sus lazos familiares e incluso trataron de atemorizar a Nehemías (6.17-19).

El escenario ya estaba listo para la hazaña reconstructora de Nehemías: “El sostén de su obra había de encontrarlo en la mayoría de los repatriados. Apenas llegado a Jerusalén como enviado del rey para restaurar la ciudad, la obra de Nehemías pudo desarrollarse en una atmósfera de concordia nacional, quizás más aparente que real, pero en conjunto eficaz”.[8] Debió actuar con rapidez, tratando de sorprender a los pueblos vecinos, completamente reacios a que Jerusalén tuviera su propia defensa armada. El apoyo del poder político y militar fue fundamental para él, pero debido a su fe, en todo lo sucedido seguiría viendo la mano de Dios actuando a su favor.





[1] Robert North, “Comentario a Nehemías”, en Raymond Brown, et al., dirs., Comentario bíblico San Jerónimo. II. Madrid, Cristiandad, 1971, p. 260.
[2] Flavio Josefo, Antigüedades judías, 11, 161, cit. por Paolo Sacchi, Historia del judaísmo en la época del Segundo Templo: Israel entre los siglos VI a.C. y I d.C. Madrid, Trotta-Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004, p. 151.
[3] P. Sacchi, op. cit.
[4] Ídem.
[5] Ibíd., p. 152.
[6] Ídem.
[7] R. North, op. cit.
[8] P. Sacchi, op. cit., pp. 152-153.

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Apéndice

MIS HÉROES EN EL LIBRO DE ESDRAS
Jim Winkler, secretario general del Concilio Nacional de Iglesias Cristianas de Estados Unidos (NCC)

I did not go to seminary, and I do not have formal theological training. However, like many, I have engaged in Bible study for years and am a daily Bible reader. There are passages in the Bible I find quizzical, disappointing, infuriating, beautiful, and humorous. One example of Scripture’s multi-faceted appeal is found in the 9th and 10th chapters of the Book of Ezra.
At the outset of the Book of Ezra, King Cyrus of Persia permits the Jews living in exile to return to Jerusalem to “rebuild the house of the Lord in Jerusalem (1:3).” 50,000 or so were permitted to make the journey home. They returned and lived “in dread of the neighboring peoples (3:3).” 
When the “adversaries” heard the returned exiles were building a temple, they asked if they could help, “for we worship your God as you do and we have been sacrificing to him… (4:2).” But the response was, “You shall have no part with us in building a house to our God… (4:3).” Even though they worshiped the same God, they believed their life experience kept them apart. What a lost opportunity!
Oh, how I wish I could have read that the offer was graciously accepted and that dialogue and goodwill helped to lead to an era of peace and tranquility. How many times have we heard the inspiring reports of peoples of different faiths standing together in solidarity in recent years? Some have even offered their sanctuaries as places of worship for those who have other beliefs and practices!
Then, the priest Ezra arrives in Jerusalem and learns the Jews are living among “the peoples of the land with their abominations (9:11)” and have married some of them, had children and raised families so that “the holy seed has mixed itself with the peoples of the lands… (9:2).” Ezra demands they send away these family members. That’s right! He insists they force their own spouses and children to leave. Despite all efforts to spin these verses, they still possess unbearable cruelty.
“Only Jonathan son of Asahel and Jahzeiah son of Tikvah opposed this, and Meshullam and Shabbethia the Levites supported them (10:15).” These are my heroes in the Book of Ezra. Their opposition was such that we know of it to this day, and I am grateful for it.
I am aware of interpretations that emphasize themes such as faithfulness and repentance, restoration, and the need to understand the cultural context. Sure, OK, but to the lay reader, it reads as ugly. I suppose I appreciate that this is included in the Holy Scriptures because it reminds us yet again of how frequently we fall short of our beliefs and seek to exclude “others.” After all, it’s the daily drumbeat that emanates from the White House.
As for me, I desire a faith that draws the circle wide and emphasizes love, grace, mercy, and forgiveness. That’s the faith I try to live out. That’s the faith I believe Jesus is all about.


Nehemías 2.1-10 / Juan 10.22-30, TLA

Cierto día, en el mes de Abib, le llevé vino al rey Artajerjes. Como nunca me había visto triste, el rey me preguntó: ¿Qué te pasa? No te ves enfermo. Esa cara triste me dice que debes estar preocupado. Sentí mucho miedo en ese momento, y le dije al rey: ¡Deseo que Su Majestad viva muchos años! La verdad, sí estoy triste, y es que la ciudad donde están las tumbas de mis antepasados está en ruinas. Sus portones han sido destruidos por el fuego.
El rey me preguntó: ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Yo le pedí ayuda a Dios, y le contesté al rey: Si le parece bien a Su Majestad, y quiere hacerme un favor, permítame ir a Judá, para reconstruir la ciudad donde están las tumbas de mis antepasados.
El rey, que estaba acompañado por la reina, me preguntó cuánto tiempo duraría mi viaje y cuándo regresaría. Yo le dije cuánto tardaría, y él me dio permiso para ir. Entonces le pedí que me diera cartas para los gobernadores de la provincia que está al oeste del río Éufrates. Ellos debían permitirme pasar por sus territorios para llegar a Judá. También le pedí una carta para Asaf, que era el guardabosque del rey. Asaf debía entregarme madera para las puertas de la torre, la cual estaba cerca del templo de Dios, y también para los muros de protección de la ciudad y para mi casa. El rey me dio todo lo que le pedí, porque mi buen Dios me estaba ayudando.
Luego el rey envió unos oficiales del ejército y soldados de caballería para protegerme en mi viaje. Al llegar a la provincia al oeste del río Éufrates, entregué las cartas del rey a los gobernadores.
10 Cuando Sambalat el de Horón, y Tobías el funcionario amonita se enteraron de todo esto, se disgustaron mucho de que yo hubiera llegado para ayudar a los israelitas.
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22 Era invierno, y Jesús había ido a Jerusalén para participar en la fiesta del Templo. 23 Mientras andaba por los patios del templo, cerca del Portón de Salomón, 24 la gente lo rodeó y le preguntó: ¿Hasta cuándo nos tendrás con esta duda? Dinos ahora mismo si eres el Mesías.
25 Jesús les respondió: Ya les dije quién soy, pero ustedes no me han creído. Yo hago todo con la autoridad y el poder de mi Padre, y eso demuestra quién soy yo. 26 Pero ustedes no me creen, porque no me siguen ni me obedecen. 27 Mis seguidores me conocen, y yo también los conozco a ellos. Son como las ovejas, que reconocen la voz de su pastor, y él las conoce a ellas. Mis seguidores me obedecen, 28 y yo les doy vida eterna; nadie me los quitará. 29 Dios mi Padre me los ha dado; él es más poderoso que todos, y nadie puede quitárselos. 30 Mi Padre y yo somos uno solo.

sábado, 4 de mayo de 2019

Letra 617, 5 de mayo de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
VOCACIÓN Y FIDELIDAD
Samuel Pagán

Resultado de imagen para nehemías doréDesde el nombre del reformador, que se relaciona con la idea de consolación, hasta la posición que ocupó en el imperio persa, la vida de Nehemías es un modelo que debe estudiarse, entenderse y compartirse.
El informe de la condición de los judíos en Judá y la situación de la ciudad de Jerusalén despertó en Nehemías un sentido de solidaridad y compromiso con su pueblo similar al que demostró Esdras. La vocación de Nehemías está relacionada con una situación de crisis real en el pueblo judío: no con conveniencias ni prestigio personal.
En el análisis del concepto de vocación, se relacionan las motivaciones y los incentivos que poseen las personas que desean ser líderes. Para algunos, el liderazgo y la vocación pueden estar relacionados con el prestigio, el poder y la autoridad. Se confunden la verdadera razón de ser-de un creyente y el objetivo del liderazgo cristiano. El líder sirve, comparte, ayuda, orienta, dirige. El objetivo no es utilizar las posiciones de privilegio para el lucro personal, ni para el beneficio de solo un sector de la comunidad. El servicio debe ser el propósito y la motivación que debe servir de base y marco de referencia a cualquier creyente que quiera ser líder y desarrollar su vocación cristiana; un líder vive para servir. Es la necesidad del pueblo la que despierta las verdaderas vocaciones. El reconocimiento personal no debe ser un objetivo para el creyente, sino el resultado de la fidelidad a Dios y el producto de un compromiso serio con las necesidades de la gente a la cual sirve.
La vocación de Nehemías revela su hondo sentido de fidelidad a Dios en medio de un imperio y una cultura politeísta Nehemías supo' vivir y convivir en medio de una sociedad pluralista y permisiva y mantener los valores de su religión en alto. Además, supo utilizar su posición como oficial del rey persa para beneficiar y servir a su pueblo. Los logros alcanzados dentro de las estructuras políticas del imperio persa no le impidieron-ser fiel a Dios y a su comunidad.
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EL CONTEXTO DE LAS ACCIONES DE NEHEMÍAS
Esteban Arias Ardila

Israel cae bajo los babilonios en 597. En 538 Ciro, jefe guerrero y popular entre la tribu de los persas, conquista a Babilonia. Con la conquista de Babilonia se anexionó además Siria, Asiria y Palestina que estaban gobernadas por Nabónides, rey babilonio. En 529 muere Ciro y lo sucede Cambises, quien en el 525 anexionó al imperio a Egipto. Gaumata, un usurpador, sucede a Cambises pero este último es derrotado por Darío.
Darío I, más conocido como Darío el Grande, consolidó el imperio creando una red de carreteras y un sistema de recaudación de impuestos. También expandió aún más el imperio, pero las guerras que mantuvo en las fronteras occidentales contra los griegos (499) no tuvieron el fruto esperado. Su hijo Jerjes I, que fue entronizado en el 486, tampoco logró ninguna victoria contra los griegos. En el 465 Jerjes y el príncipe heredero Darío mueren asesinados en un atentado, tras lo cual sube al poder Artajerjes I.
Esta es la época en que Nehemías tramita su regreso a Judá para encargarse de la dirección de la reconstrucción de las murallas y el templo en Jerusalén, que habían sido destruidos por los babilonios. Ahora los persas se ponen sobre el control de Palestina y sus alrededores, a través de sus emisarios Esdras y Nehemías, lo cual genera resistencia entre los habitantes más influyentes de la región que querían recuperar el control.
El capítulo 1 muestra que el único impulso de Nehemías fue la noticia del emisario de Artajerjes que había regresado de una visita oficial a Judá. Sin embargo, sabemos que algunos años después, en el 448, la revuelta de Megabises, uno de los gobernadores de Palestina, modificó la situación en favor de Judá.
Después de derrotar dos veces a los ejércitos del cuñado Artajerjes, Megabises obligó al rey a aceptar un acuerdo mediado por la reina Amestris, su hermana. El acuerdo, sin embargo, no debe haber dejado tranquilo al emperador, pues Megabises gozaba del apoyo y de la simpatía de los demás gobernadores de la región. Se tornó pues imperiosa la necesidad de tener aliados seguros en el área. El grupo judaíta, presente en la corte entre los cuales se encontraba Nehemías, debe haber presionado, a su vez, con el objetivo de recuperar los destinos de Judá. Esta es pues la coyuntura propia de la misión de Nehemías (Gallazzi, 1998, pp. 55-72). […]
Estamos de acuerdo con los estudiosos de Nehemías en que el texto puede ser dividido en tres partes:

1.            El retorno y la reconstrucción con apoyo del rey persa (caps. 1-7)
2.            La ley como sustento del proyecto imperial persa (caps. 8-10);
3.            La imposición del proyecto persa en Palestina, a pesar del esfuerzo de los opositores y su proyecto alternativo (caps. 11-13).

En la primera parte, Nehemías es comisionado y viaja a Jerusalén (caps.1-2). Luego, Nehemías inicia la construcción de los muros de la ciudad, a pesar de la resistencia de los samaritanos y demás gobernadores de la región (caps. 3-4), realiza una reforma social producto de la protesta de las mujeres y demás gente del pueblo que se sentían ahora esclavizados en su propia tierra (cap. 5), concluye las murallas valiéndose de grupos de autodefensa (cap. 6) y repuebla la ciudad de Jerusalén (cap.7).
En la segunda parte (Neh 8-10), Esdras lee la Ley frente al pueblo y con este hecho se justifica la reedificación de Jerusalén que de alguna manera, está ocultando la pérdida de territorio y el control político imperial por parte de los persas (cap. 8), realiza una ceremonia de expiación, por causa de los matrimonios mixtos, que alerta contra el proyecto de los sabios y las sabias como el de Ruth, que incluye un credo histórico que recuerda la salida de Egipto, con lo  cual  sustenta  una  de nuncia contra la esclavitud en su propia tierra que ya había sido denunciada en el capítulo 5 (cap. 9) y exige del pueblo el compromiso de cumplir las exigencias de la Ley (cap. 10).
Resultado de imagen para nehemíasEn la tercera parte, la ciudad de Jerusalén es repoblada (11.1-3), la población fue inventariada en diversas listas, con resalte para el clero expresado a través de un género literario propio de los documentos de la corte (11.4-12.26), se procedió a la dedicación de las murallas de Jerusalén (12.27-43) y se presentó un resumen de toda la época de Esdras y Nehemías (12.44-13.3), mencionándose todavía las realizaciones de la segunda misión de Nehemías que recupera, de hecho, el espacio ganado en su ausencia por sus enemigos que pretendían, a nuestro juicio, instaurar un orden nacionalista y orientado por la propuesta de las sabias de Jerusalén en la época del Cantar de los Cantares y libros como el de Ruth (13,4-31).

LA FORMACIÓN DE UNA TRADICIÓN
Philip Benedict

Se puede decir que la tradición reformada tuvo dos nacimientos. De manera más directa, nació en Zúrich a partir del encuentro entre la visión reformadora de Ulrich Zwinglio y la cultura política de las ciudades suizas. Zwinglio era un ardiente erasmiano convertido en crítico de Roma. Su concepción madura de un cristianismo renacido incluía una gran preocupación por el mejoramiento moral de la comunidad y el deseo de purgar la adoración de todas las características materiales y no literarias.
Las autoridades cívicas de la recientemente independiente y poderosa Confederación Suiza militar ya habían comenzado a supervisar la vida moral y religiosa de la comunidad Poco después de llegar a Zúrich en 1519, Zwinglio se convirtió en el principal predicador evangélico en una ciudad donde la agitación para el cambio se desarrolló rápidamente. De inmediato, heraldo y defensor de las aspiraciones reformistas, Zwinglio también fue moderado y políticamente lo suficientemente astuto como para ganar y retener el apoyo de los padres de la ciudad. Al canalizar el deseo de cambio de una manera que preservó y reforzó la unidad de la comunidad cívica, moldeó en 1524–25 la primera reforma cívica en una región que finalmente sería testigo de muchas.
Las características esenciales de la reforma de Zúrich incluían un estilo de culto consistentemente austero que buscaba eliminar todas las características del catolicismo medieval que carecen de una base bíblica explícita; una insistencia en la prohibición de adorar las imágenes grabadas y la consiguiente remoción de retablos, pinturas y esculturas de las iglesias de la ciudad; un simple servicio eucarístico entendido como un memorial de la última cena de Cristo; y un nuevo tribunal de moral de gestión cívica encargado de implementar un conjunto de leyes morales reformadas.
Zúrich y sus teólogos seguirían siendo leales a este patrón de reforma, y la ciudad se convirtió en un centro para su difusión a otras ciudades y territorios, primero en la región circundante y luego en gran parte de Europa.

Actividades y avisos


OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE MAYO Y POR LOS PLANES DE TODOS LOS MINISTERIOS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 7 de mayo, 19 hrs.
Modera: D.I. Ismael Núñez C.

Llamamiento: Salmo 101
Oración de ofrecimiento
Himno: “Cerca de ti, Señor” (314)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 4.1-10
Tema: Nehemías, el líder laico
Himno: “Señor, tú me llamas” (537)
Ofertorio
Bendición pastoral

LA OPOSICIÓN AL PROYECTO
Samuel Pagán

A
unque el objetivo de Nehemías era hacer el bien y contribuir proceso de restauración nacional del pueblo judío, la oposición y el conflicto no se hicieron esperar. El deseo de hacer el bien no es inmune al problema y a la confrontación.
El compromiso e interés por trabajar y lograr objetivos nobles y justos no está al margen del conflicto y la dificultad. La salud, el bienestar y la justicia para la humanidad no son lo que algunas personas desean; especialmente sí el bien deseado afecta sus finanzas, prestigio y poder.
La oposición de Sanbalat, Tobías y Gésem es el símbolo de las fuerzas que tratan de detener al creyente y al pueblo de Dios. El conflicto que ellos iniciaron es prototipo de las dinámicas que rodean a la iglesia que quiere ser fiel a Dios en medio de una sociedad injusta y conflictiva.
La actitud y ejemplo de Nehemías pueden ser modelos que contribuyan al desarrollo de estrategias efectivas para superar situaciones de tensión y confrontación.
Nehemías comenzó su labor de reconstrucción de los muros de Jerusalén con un viaje secreto de inspección y evaluación durante la noche. Sin duda estaba consciente de la posible oposición a sus planes y actuó con prudencia y sabiduría.
Frente a una situación de potencial conflicto, Nehemías evitó una confrontación temprana y se organizó para lograr sus propósitos. El objetivo de la secrecía fue evitar una confrontación prematura; un conflicto en un momento no deseado.
La prudencia de Nehemías estuvo unida al análisis y evaluación consciente de la realidad. Aunque Nehemías salió a Jerusalén movido por el informe que había recibido de Hananí y “algunos varones de Judá” (Neh. 1.2), sus planes no se basaron únicamente en lo que había escuchado, inspeccionó personalmente los muros para elaborar sus planes y desarrollar su estrategia.
Esa evaluación física y análisis detallado de los muros, posiblemente le dio nuevas perspectivas de la realidad de la ciudad y le brindó la oportunidad de experimentar lo que había vivido el pueblo judío desde la conquista de Judá y la destrucción de Jerusalén por el ejército babilónico.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

11 – Reunión de trabajo consistorial
12 – Celebración del Día de las Madres
19 – Capacitación de oficiales

Nehemías ora por la ciudad y por todo el pueblo, L. Cervantes-O.




5 de mayo de 2019

Dios, escucha mi oración y las oraciones de tus servidores que desean adorarte. Haz que el rey me reciba bien y que yo tenga éxito. Nehemías 1.11a, TLA

Esdras, el escriba, el intelectual, el ideólogo. Y Nehemías, el organizador, el pragmático, el hombre de acción.
Juntos simbolizan la esperanza de Israel. La renovación de Israel. Juntos incitarán a sus hermanos de infortunio a arrancarse de su entorno, de la comodidad del exilio, a renunciar a las condiciones familiares de sus domicilios provisionales, y a volver a casa. […] A no asustarse de las ruinas que cubrían la ciudad de Dios, la que Dios había escogido como morada en medio de su pueblo, el pueblo de la memoria y de la fidelidad.[1] E. Wiesel


La historia de la preocupación de Nehemías (nombre que significa “El Señor consuela”) por Jerusalén y el pueblo, así como de su traslado desde Susa, una de las capitales del imperio persa (1.2, en ella vivían los reyes durante los meses de invierno) y las acciones que llevó a cabo como dirigente de la reconstrucción de las murallas y las puertas de la ciudad israelita ocupan la segunda parte del libro de Esdras-Nehemías, contada en primera persona (“Memorias de Nehemías”). “Los hechos que se relatan en estos capítulos [1-7] comienzan en un informe que le llevó una delegación judía a Nehemías, en Susa (Neh. 1.1-3), y finalizan con la lista de los deportados que volvieron a Jerusalén con Zorobabel (Neh. 7.5-73a; cf. Esd. 2.1-70). Se describe el trabajo de reconstrucción de los muros de la ciudad, se hace referencia a las tensiones dentro de la comunidad judía, y a la oposición de los vecinos de Judá (Neh. 3-4). La narración pone de manifiesto la relación entre el bienestar de la ciudad y el del pueblo judío”.[2]

El puesto de Nehemías como copero del rey Artajerjes I (desde el 465 hasta el 424), encargado de la bodega y de la bebida (1.11b), le permitió acceder a la posibilidad de acercarse a la ciudad tan recordada por los judíos de la diáspora. “Personaje prestigioso de la corte, Nehemías recibió una delegación de Judea, encabezada por su propio hermano Jananí, en el mes de Kisleu el año vigésimo del rey Artajerjes, es decir, en noviembre-diciembre del 445 a.C. La conversación trató del mal estado de las murallas de Jerusalén, ‘destruida y con sus puertas quemadas’” (1.3).[3] Hay importantes referencias a la labor de Nehemías en los libros deuterocanónicos de Eclesiástico (49.13) y II Macabeos (1.18-36; 2.13). El entorno político de la misión de Nehemías era el siguiente: “Desde el año 460 a.C., Egipto se encontraba en un proceso de revolución nacional respaldada por Atenas. En el 448 a.C. el sátrapa de la provincia de Transéufrates se rebeló contra Persia. Estas revueltas, que ciertamente traían inestabilidad al imperio persa, ponían a Judá en una posición de cierta importancia ante el imperio, al que desde la perspectiva política le convenía mantener su estabilidad y desarrollar las mejores relaciones recíprocas”.[4]

El contexto de la reconstrucción ya iniciada no era muy alentador en ese momento: la denuncia del sátrapa Rejún y de los potentados locales (Esd 4.8) acabó con los primeros trabajos de reconstrucción (alrededor del 448). Poco después, se dirigió a Susa una delegación dirigida por Jananí, su hermano, para solicitar a Nehemías que actuara a favor del proyecto delante del monarca. Algunos piensan que el grupo tenía una misión diplomática y que evadió a las autoridades samaritanas al llegar directamente al rey, a través de Nehemías. Otros señalan que la visita fue de negocios o para tratar asuntos familiares.

La reacción inmediata de Nehemías fue de tristeza y decepción: “Cuando oí esto, me senté a llorar, y durante varios días estuve muy triste y no comí nada” (1.4). A partir de ese momento, el texto recoge su oración como parte de una escena que reproduce lo que describe Esdras 9.3ss. Este paralelismo relaciona directamente a las dos grandes figuras de líderes del pueblo. Lo mismo ocurre con la invocación divina de Dios como “YHWH, Dios del cielo, Dios grande y terrible, fiel a la alianza y generoso...” (Neh 1.5) que hace eco a la bendición solemne de Neh 8.6. Como la de Esd 9.6-15, la oración tiene la forma tripartita de un salmo de lamentación y se inspira en el lenguaje del Deuteronomio: vv. 5-7: invocación a Dios, introduciendo la confesión de los pecados; vv. 8-9: por contraste, recuerdo de la palabra confiada a Moisés: fidelidad a los mandamientos y elección; vv. 10-11: imploración a Dios. Esta coloca toda la escena en un contexto de Éxodo, la vuelta de los “desterrados, aunque sea desde los confines del mundo”, “liberados por tu gran poder y por tu fuerte brazo” (Neh 11,9-10; cf. Éx 32.11).

La oración de Nehemías es un acto de intercesión, confesión y solidaridad. Nehemías intercede por el pecado del pueblo, pero no de ja de incluirse como parte del pueblo pecador. Su identificación y solidaridad fue tanta que se agregó al grupo que se “había corrompido contra el Señor” (v. 7). Al confesar el pecado de la comunidad, confesó el suyo propio y se amparó en las palabras recibidas por Moisés para implorar el perdón de Dios (vv. 8-9). El pueblo que había pecado es el mismo que Dios redimió “con gran poder, y con mano poderosa” (v. 10, una frase repetida muchas veces). Esta última expresión, que se relaciona con la liberación de Israel de las tierras de Egipto, podía ser una referencia a la terminación del destierro y al regreso de los deportados. La oración finaliza con una petición de ayuda específica: ser acepto “delante de aquel hombre”, el rey Artajerjes I. Luego de escuchar el informe acerca de la situación en Jerusalén, y después de haber orado con esta vehemencia, Nehemías se dispuso, por fin, a hablar con el rey.

Su oración es un modelo de oración solidaria e intercesora Frente a la crisis, que consistía en la humillación del pueblo y la destrucción de la muralla de la ciudad, Nehemías oró a Dios. En su oración se incorpora al pueblo. Su identificación con la comunidad judía le hace incluirse en el grupo de los que necesitan perdón. Su esperanza está en Dios. […]
Un valor importante en la oración de Nehemías es que ubica en una perspectiva justa la importancia de la intercesión y la solidaridad. En la crisis, Nehemías oró por el pueblo y se incluyó como parte de ese pueblo sufriente. Se apropió la crisis de la comunidad judía como si fuera suya.[5]

El líder “laico” que habría de ser Nehemías comenzaría a desplegar su labor luego del “purgatorio” que representó escuchar el informe tan desolador sobre el estado de las cosas. Su liderazgo se desarrollaría a partir de esa premisa de debilidad y pérdida, no desde la búsqueda del éxito y el control de todos los aspectos derivados. Releer su experiencia como un doble trabajo puede ayudar a comprender la dualidad de su situación: comenzó “desde arriba”, porque aparecería en el escenario autorizado por el rey de Persia (para servir a sus propios fines), pero las circunstancias lo obligaron también a actuar con un liderazgo forjado “desde abajo”, es decir, partiendo de las condiciones no tan positivas que vivía el pueblo al cual se encaminó a servir.


[1] E. Wiesel, Celebración profética. Personajes y leyendas del antiguo Israel. Salamanca, Sígueme, 2009 (El peso de los días, 73), p. 281.
[2] S. Pagán, Esdras, Nehemías y Ester. Miami, Caribe, 1990, p. 113.
[3] P. Abadie, El libro de Esdras y de Nehemías. Estella, Verbo Divino, 1998 (Cuadernos bíblicos, 95), p. 50.
[4] S. Pagán, op. cit., p. 114.
[5] Ibíd., p. 118.

Nehemías 1 / Lucas 13.31-35, TLA

Yo soy Nehemías hijo de Hacalías y ésta es mi historia. En el mes de Quislev, cuando Artajerjes llevaba veinte años de reinar, yo estaba en el palacio del rey en Susa. En ese momento llegó allí mi hermano Hananí con unos hombres que venían de Judá. Cuando les pregunté cómo estaba la ciudad de Jerusalén, y cómo estaban los judíos que no fueron llevados prisioneros a Babilonia, ellos me respondieron: "Los que se quedaron en Jerusalén tienen graves problemas y sienten una terrible vergüenza ante los demás pueblos. Los muros de protección de la ciudad están en ruinas, y sus portones fueron destruidos por el fuego".
Cuando oí esto, me senté a llorar, y durante varios días estuve muy triste y no comí nada. Entonces le dije a Dios en oración:
«Dios grande y poderoso; ante ti todo el mundo tiembla de miedo. Tú cumples tus promesas a los que te aman y te obedecen.Escúchame y atiende mi oración, pues soy tu servidor. Día y noche te he rogado por los israelitas, que también son tus servidores. Reconozco que todos hemos pecado contra ti. He pecado yo, y también mis antepasados. Hemos actuado muy mal y no hemos obedecido los mandamientos que nos diste por medio de Moisés.Acuérdate de lo que le dijiste a Moisés: Le advertiste que si no te obedecíamos en todo, tú nos enviarías a países muy lejanos. Pero también dijiste que si nos arrepentíamos y obedecíamos tus mandamientos nos volverías a reunir. También dijiste que tú nos traerías de vuelta al sitio que has elegido para que te adoremos, aun cuando estuviéramos en los lugares más lejanos.
10 »Nosotros somos tus servidores; pertenecemos al pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder. 11 Dios, escucha mi oración y las oraciones de tus servidores que desean adorarte. Haz que el rey me reciba bien y que yo tenga éxito».
En ese tiempo yo era copero del rey Artajerjes.
*
31 En ese momento llegaron unos fariseos, y le dijeron a Jesús: —¡Huye, porque el rey Herodes Antipas quiere matarte!
32 Jesús les dijo: —Vayan y díganle a esa zorra que hoy y mañana estaré expulsando demonios y curando a los enfermos, y que el tercer día ya habré terminado. 33 Aunque, en verdad, hoy, mañana y pasado mañana deberé seguir mi viaje hasta llegar a Jerusalén. Después de todo, allí es donde matan a los profetas.
34 ¡Habitantes de Jerusalén! ¡Ustedes matan a los profetas y a los mensajeros que Dios les envía! Muchas veces quise protegerlos a ustedes, como la gallina que cuida a sus pollitos debajo de sus alas, pero ustedes no me dejaron. 35 Por eso su templo quedará abandonado. Y les aseguro que no volverán a verme, hasta que digan: "¡Bendito el Mesías que viene en el nombre de Dios!”.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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