sábado, 10 de agosto de 2019

Nehemías 8.7-12 / Hebreos 4.8-13, TLA

7-8 Después de esto, los siguientes ayudantes de los sacerdotes ayudaron al pueblo a entender la ley de Dios: Josué, Baní, Serebías, Jamín, Acub, Sabtai, Odías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Hanán, Pelaías.
Ellos leían y traducían con claridad el libro para que el pueblo pudiera entender. Y al oír lo que el libro decía, todos comenzaron a llorar. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote Esdras y los ayudantes le dijeron a la gente: «¡No se pongan tristes! No lloren, porque este día está dedicado a nuestro Dios». 10 Esdras también les dijo: "¡Hagan fiesta! Coman de lo mejor, beban vino dulce; inviten a los que no tengan nada preparado. Hoy es un día dedicado a nuestro Dios, así que no se pongan tristes. ¡Alégrense, que Dios les dará fuerzas!":
11 Los ayudantes de los sacerdotes también calmaban al pueblo y le decían: "Cállense. No lloren, porque éste es un día dedicado a Dios. No hay motivo para estar tristes".
12 Así que todos se fueron y organizaron una gran fiesta para celebrar que habían entendido la lectura del libro de la Ley. Todos fueron invitados a la fiesta, y comieron y bebieron con alegría.
*
Si Josué hubiera podido hacer que los israelitas descansaran realmente en paz y tranquilidad, Dios no habría hablado de otra oportunidad. Pero todavía esperamos el día en que nosotros, el pueblo de Dios, recibiremos el descanso que Dios nos ha prometido. 10 En ese día, el pueblo de Dios descansará por fin de su trabajo, así como Dios descansó del suyo. 11 Por eso, hagamos todo lo posible por obedecer a Dios, para que en ese día recibamos su descanso. No sigamos el ejemplo de los que no creyeron la buena noticia.
12 Cada palabra que Dios pronuncia tiene poder y tiene vida. La palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Allí examina nuestros pensamientos y deseos, y deja en claro si son buenos o malos. 13 Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él, pues Dios puede verlo todo con claridad, y ante él seremos responsables de todo lo que hemos hecho.

El bautismo, sacramento del pacto de gracia, L. Cervantes-O.

10 de agosto, 2019

Esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los que nuestro Dios quiera salvar en otras partes del mundo. Hechos 2.39, TLA

Cada palabra enunciada en el título de esta reflexión apunta hacia la afirmación bíblica y teológica de la existencia de un plan divino para consolidar la vida de fe de las personas en el marco de una alianza vital que haga visible en el mundo los logros redentores de Jesucristo como Hijo de Dios.

El bautismo, es decir, la ceremonia ritual por medio de la cual se utiliza el agua de manera simbólica para expresar el propósito divino de purificar las vidas de sus criaturas humanas es el signo visible de la actuación de Dios a través de su Espíritu para establecer, consolidar y fortalecer la fe de las personas en su proyecto de vida que, mediante Jesucristo, se ha hecho una realidad en el mundo y en la historia.

La palabra sacramento, cuyo origen remite a la separación antigua entre lo sagrado y lo profano, y en tomar elementos de la creación, en este caso, el agua, para expresar algún plan divino, manifiesta el acto litúrgico y espiritual por medio del cual podemos acercarnos a una instrucción de Dios para hacer palpable su proyecto en la vida de los seres humanos que han asumido la fe como forma de existencia.

El pacto nos recuerda la determinación de Dios por establecer relaciones duraderas con sus hijos e hijas dentro de un marco salvífico que muestra, progresivamente, su voluntad para el desarrollo de la existencia de fe individual y comunitaria. Desde la antigüedad se dio a conocer esta voluntad divina por estar cerca, alrededor y al lado de quienes acepten esta alianza históricamente.

La gracia es la forma en que Dios se presenta y actúa para que, por medio de ella, exprese su designio redentor para toda persona, garantizando que todo lo relacionado con la salvación corre por cuenta de él, dado que él ha abierto ese espacio de relación donde la gratuidad es la consigna para todo lo que tenga que ver con el acercamiento a su realidad llena de amor, justicia y misericordia.

En el Antiguo Testamento, únicamente los varones tuvieron acceso a la confirmación física, en el cuerpo de cada persona, de la alianza de fe entre Dios y la comunidad de fe, pero con la aparición del Hijo de Dios en la historia todos los seres humanos pueden recibir, de manera externa, la señal de ingreso a ese pacto, a esa alianza existencial, auténtica y verdadera, con la cual es posible participar de sus beneficios. Así se afirma en el libro de los Hechos, cuando los discípulos/as de Jesús comenzaron a predicar el Evangelio encomendado por él. Fue San Pedro quien lo dijo en el momento solemne de una predicación suya en la fiesta judía del Pentecostés al afirmar que la promesa divina es para los creyentes y para sus hijos e hijas, pues ellos participan de la misma al hallarse en el espacio de gracia propiciado por el propio Dios.

Asimismo, el episodio del carcelero de Filipos, ciudad griega en la que el apóstol Pablo estuvo preso por su labor de predicador y misionero del Evangelio de Jesucristo, muestra cómo desde el primer siglo de la era cristiana, cuando el testimonio del Señor crucificado y resucitado se fue expandiendo por todo el mundo conocido, se abrieron las puertas para que el mundo no judío pudiera beneficiarse al recibir las bondades de su obra redentora. En medio de condiciones críticas, pero en las que la fe en Jesucristo surgió como consecuencia del anuncio fiel, el carcelero fue bautizado con toda su familia para así ser integrado al pueblo de Dios, con lo que las barreras raciales y culturales fueron superadas para formar una sola iglesia en todo el mundo.

La tradición teológica reformada se ha caracterizado por afirmar el pacto de Dios con los creyentes y con sus familias, por lo que la celebración de este acto sacramental está en completa consonancia con el orden establecido por el propio Dios para la formación y consolidación de las comunidades de fe. Tal como expresó el pastor reformado francés Pierre-C. Marcel (1910-1992):


Culto de bautismo, Alejandra Amelie Amaya Martínez

lunes, 5 de agosto de 2019

Letra 630, 4 de agosto de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
EMPEÑO POR HAMBRE (II)
Gloria Gamboa
Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 66, 2010

Resultado de imagen para puertas de jerusalénEl retorno de los desterrados y la reconstrucción de Judá, especialmente los muros y el templo en Jerusalén, trajeron consigo muchas dificultades, tensiones y conflictos sociales, debido a los intereses de parte y parte que en nada favorecían al pueblo sufriente, empobrecido y endeudado que había quedado; además, quienes regresaban venían con oro y plata (Esd 8.25-30), situación que desequilibraba las relaciones comerciales y, por ende, el mercado legal, pues se traía la mentalidad de la prosperidad, lo que significaba que los alimentos aumentaban de precio, se favorecía a los especuladores, se perdía el pequeño productor y el cultivador y había problemas con la tierra, que se perdía según la Ley. El templo representaba las posibilidades estatales tributarias; la Ley de Dios parecía que era la ley del rey, pues lo que se producía en abundancia es para ellos (Neh 9.36-37).
Teniendo claro este contexto de una realidad llena de problemas, producto de las desigualdades sociales, de las dificultades económicas, de la necesidad de reconstruir la identidad perdida, desde cada persona, mucho más importante que los muros, se escucha el clamor del pueblo especialmente el de las mujeres (Neh 5.1-5). “’Un gran clamor se suscitó entre la gente del pueblo y sus mujeres contra sus hermanos judíos’. Había quienes decían: nosotros tenemos que dar en prenda nuestros hijos y nuestras hijas para obtener grano con qué comer y vivir”.
Este clamor del pueblo es la expresión de haberse perdido el Sedaqah [justicia], enraizado en la experiencia tribal del pueblo de Israel. Un pueblo que vive en equidad no necesita empeñarse o endeudarse por alimentos ni por nada que garantice lo básico para tener buena calidad de vida.

LA BIBLIA DEL OSO, UNA TRADUCCIÓN A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS
Plutarco Bonilla Acosta, Lupa Protestante, 4 de abril de 2007

Introducción
[…]
Imagen relacionadaEl movimiento que inicia Martín Lutero, y que posteriormente tomaría como símbolo aquel gesto de clavar las tesis, se extiende rápidamente por los estados alemanes y por otros países de la Europa política de la época. Diversos factores favorecieron esa expansión: el estado corrupto de amplios sectores del clero eclesiástico (y específicamente en Roma), la insatisfacción de los ciudadanos con la situación reinante, la fragmentación política de Alemania, las ansias de muchos de ser liberados de la férula papal, la pobreza rampante de las clases populares, los nuevos vientos que soplaban en el mundo académico y el afán de los estudiosos de acudir a las fuentes cuando se trataba de estudiar el mundo antiguo, incluido el mundo antiguo del cristianismo. No bastaba con atenerse a las fuentes secundarias, como las traducciones antiguas de los textos sagrados, sino que había que acudir a esos mismos textos en sus lenguas originales.
Así surge, como imperativo del nuevo estado de cosas y por exigencias internas tanto de la naturaleza del nuevo movimiento como del propio texto sagrado, la traducción al alemán que hace Lutero de la Biblia.

España
Los refrescantes vientos luteranos recorrieron los campos de Europa. Y llegaron a España, la España de Carlos I (el V de Alemania). Y llegaron también a un monasterio en las cercanías de Sevilla: el de los monjes jerónimos de San Isidoro del Campo. Allí se leían y comentaban no solo los textos del propio Lutero y de otros reformadores sino también, y desde una nueva perspectiva —lo que resultó más importante y revolucionario—, las propias Sagradas Escrituras. No se trataba de que se leyeran por primera vez, sino de que se leyeran con nuevos ojos. Era, en el lenguaje de nuestros días, una “relectura” del texto bíblico. Y por las condiciones de la época, quienes podían hacían esa lectura en las lenguas originales en que esos textos fueron escritos.
En el monasterio dicho se formó un grupo que analizaba con avidez las nuevas ideas que eran resultado de esa relectura. Ese grupo estuvo dirigido por Juan Gil —el Doctor Egidio— y Constantino Ponce de la Fuente. Entre aquellos estudiosos se contaban dos monjes que sintieron un ferviente amor por la palabra de Dios y un deseo no menos ferviente de ponerla al alcance de quienes hablaban su propia lengua. Ambos habían abrazado lo que se denominaba entonces las “ideas luteranas”. El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición (hoy Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe) inició su implacable ataque para erradicar las nuevas ideas que la iglesia dominante consideraba heréticas.
Cuando en el monasterio se percataron de que la inquisición andaba tras ellos, los que se sintieron amenazados y pudieron, huyeron para buscar espacios donde se respiraran aires de libertad. De los dos monjes mencionados, Casiodoro de Reina fue el primero en tomar rumbo hacia nuevos horizontes donde practicar su fe y continuar la tarea que ya se había impuesto, muy probablemente, antes de salir de las tierras hispalenses: trasladar toda la Biblia, desde sus lenguas originales, al castellano de la época. Y hacerlo –esto era lo más novedoso y lo más impactante—para que el pueblo tuviera acceso a esa palabra cuando se le leyera el texto sagrado en la liturgia y para que, cuando sus recursos se lo permitieran, lo tuviera en sus propias manos.
El trabajo de don Casiodoro no fue original en el sentido de que había sido precedido tanto por la traducción de las Escrituras Hebreas (lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento) hecha directamente de los idiomas originales por judíos de habla castellana, como por la translación a nuestro idioma del Nuevo Testamento, igualmente del idioma original.

El texto de Reina
No obstante lo que se acaba de afirmar, hay que señalar que la originalidad del esfuerzo de traducción realizado por Casiodoro de Reina radica en algunos hechos significativos.
La lengua. La Biblia del Oso es una traducción que hace honor al período por el que entonces atraviesa, en su desarrollo, nuestro idioma. En el decir de don Marcelino Menéndez y Pelayo, fue “hecha en el mejor tiempo de la lengua castellana” (es, en efecto, y en el ámbito de los escritores religiosos, la época de Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz); y continúa don Marcelino: “excede mucho, bajo tal aspecto, a la moderna [traducción] de Torres Amat y a la desdichadísima del Padre Scío” (Historia de los heterodoxos españoles. 1947; t. IV, p. 143).
A pesar del mencionado elogio del gran políglota español, su obnubilación antiprotestante se manifiesta al calificar de “propaganda” el tradicional esfuerzo que han hecho siempre los protestantes, en cualquier época y en cualquier parte del mundo, de poner las Sagradas Escrituras en la lengua que habla el pueblo.
En efecto, afirmó don Marcelino: “Los trabajos bíblicos, considerados como instrumento de propaganda, han sido en todo tiempo ocupación predilecta de las sectas protestantes. No los desdeñaron nuestros reformistas del siglo XVI”; y después de mencionar a varios de esos reformistas (Juan de Valdés, Francisco de Encinas y Juan Pérez), añade: “Faltaba, con todo eso, una versión completa de las Escrituras que pudiera sustituir con ventaja a la de los judíos de Ferrara, única que corría impresa, y que por lo sobrado literal y lo demasiado añejo del estilo, lleno de hebraísmos intolerables, ni era popular ni servía para lectores cristianos del siglo XVI. Uno de los protestantes fugitivos de Sevilla se movió a reparar esta falta, emprendió y llevó a cabo, no sin acierto, una traducción de la Biblia”.
Ese “fugitivo de Sevilla” fue don Casiodoro de Reina. Quizás ni se le haya ocurrido a nuestro eximio escritor que lo único que simplemente hacían los protestantes del siglo XVI era expresar algo que está ínsito en el corazón mismo del evangelio, y que se manifestó con claridad meridiana en la historia del cristianismo primitivo: primero, con la casi incesante reproducción de los textos griegos del Nuevo Testamento; y luego, casi de inmediato, con la traducción de sus textos sagrados a las lenguas de la época, en cuyo ámbito geográfico el movimiento de Jesús incursionaba en su labor misionera. Nos parece claro que el uso de la palabra “propaganda” en este contexto, y más en la expresión “instrumento de propaganda”, tiene, en la pluma de don Marcelino, un significado intencionalmente peyorativo. Pues bien, si eso que hicieron aquellos cristianos a los que nos hemos referido era “propaganda”, que propaganda sea lo que hicieron los reformistas españoles del siglo XVI.

Características de la traducción de Reina
1. Traducción directa. Es ésta la primera traducción al castellano de la Biblia completa hecha de los idiomas en que esta fue escrita (hebreo, arameo y griego).
2 El traductor: cristiano católico. Debe destacarse un dato que el propio Reina se encarga de recordárnoslo en su “Amonestación del intérprete de los sacros libros al lector”: que él se embarca en esta tarea (de traducir la Biblia) en tanto cristiano católico, pues no había renunciado a las verdades fundamentales de la fe católica que estaban acordes con la enseñanza de las Escrituras.
Las interpretaciones de algunos textos, según se muestra en las indicaciones marginales, muestran también que Reina se consideraba a sí mismo como miembro de la Iglesia Católica. (Esto quizás sea una pista que permita afirmar, como han señalado algunos historiadores, que Reina ya había iniciado el trabajo de traducción desde sus días en el monasterio de San Isidoro. Si es así y cuánto hizo en aquellos días, no lo sabemos).

Actividades y avisos

OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES DE ESTE MES
DE LA BIBLIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 6 de agosto, 19 hrs.
Modera: Hno. Hugo Jorge Molina G.

Llamamiento: Salmo 107.21-32
Oración de ofrecimiento
Himno: “Jesús es mi Rey soberano” (303)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 10.1-13
Tema: Los compromisos del pueblo (II)
Himno: “Bellas palabras de vida” (13)
Ofertorio
Bendición pastora

LA LECTURA PÚBLICA DE LA LEY
Philippe Abadie

N
eh 8 parece combinar dos capas narrativas. La más antigua (sin duda la más cercana al recuerdo de Esdras) muestra cómo el escriba Esdras (v. 3), asistido de trece laicos (v. 4), da lectura de la Ley ante el pueblo (v. 9b). Una segunda capa, más tardía, insiste en el papel que les tocó a los levitas en la instrucción (v. 7-8, 9c, 11) y da un giro claramente más litúrgico al relato:
- Esdras está de pie “en una tribuna de madera” que le sirve de cátedra (v. 4ab);
- “Esdras abrió el libro» (v. 5a) delante del pueblo “en pie” (v. 5b);
- “Esdras bendijo a YHWH” (v. 6a);
- “y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: Amén, amén” (v. 6b);
- “después se postraron y, rostro en tierra, adoraron al Señor” (v. 6c);
- sigue la lectura de la Ley y su comentario (v. 8).
No se puede menos de relacionar estos gestos con otro ritual, el del luto observado por Esdras según Esd 9.5. Hay fórmulas litúrgicas fijas, propias de los años del destierro y del periodo de la restauración. La misma bendición (“YHWH, el Dios, el grande”, Neh 8.6) tiene numerosos paralelos tardíos (Dt 10.17; Jr 32.18; Esd 5.8; Neh 1.5; 9.32).
Neh 8 parece reflejar bien una etapa antigua de la liturgia sinagogal, aunque conviene ser prudentes: nuestras fuentes no nos dicen nada de esta liturgia antes de la época romana. Además, faltan aquí algunos elementos esenciales de esta liturgia, como la recitación del Shemá y de las 18 bendiciones, la lectura de los profetas, la bendición final, etcétera. Y al revés, hay algunos elementos muy originales, como la prolongación poco habitual de la lectura “desde la mañana al mediodía”. Hay que señalar finalmente que los rasgos litúrgicos se concentran esencialmente en los vv. 5-6 que hemos atribuido a una redacción secundaria.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
11 – Capacitación de oficiales
25 – Día de la Biblia / 3ª Conferencia sobre la Biblia del Oso

domingo, 4 de agosto de 2019

El amor del pueblo e Dios hacia la Palabra: fundamento de la existencia de fe, L. Cervantes-O.

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4 de agosto, 2019

Entonces le pidieron a Esdras, el maestro y sacerdote, que trajera el libro de la Ley, la cual Dios había dado a los israelitas por medio de Moisés. Nehemías 8.1, TLA

La continuidad judía ha girado siempre alrededor de palabras pronunciadas y escritas, de un laberinto de interpretaciones, debates y desacuerdos en constante expansión, así como de un singular marco de relaciones humanas. En la sinagoga, en la escuela, y sobre todo en el hogar, esto llevó siempre a dos o tres generaciones a sumirse en profundas conversaciones.[1] Amós Oz / Fania Oz Salzberger

“El Pueblo del Libro” es una denominación que encaja muy bien para las tres religiones abrahámicas y que, en determinadas circunstancias sirve para definir la estrecha relación que una comunidad de fe tiene con su texto sagrado. “La nuestra no es una línea de sangre, sino una línea de texto”, han agregado Amós Oz y su hija Fania a las palabras citadas arriba, con lo que demostraron la intrínseca e inseparable relación que para la fe bíblica representa la cercanía, la familiaridad y el amor por la Palabra. Esto último es lo que da sustancia a la fidelidad a un mensaje revelado mediante las palabras y los lenguajes humanos, lo que lo constituye en histórico a partir de su origen eterno, para así lograr un maravilloso diálogo entre lo incondicional y lo transitorio. Porque cuando un pueblo intuye, asimila y se deja guiar por esas aspiraciones de eternidad, es posible que se sobreponga a los avatares de la existencia y del tiempo vivido en situaciones críticas. Todo el Antiguo Testamento da testimonio de ello a través de la conciencia de los personajes que aparecen y de cómo alcanzaron la conciencia de colaborar en los planes divinos con todo lo que hacían, pero, sobre todo, con lo que decían. Así sucedió con las últimas palabras de Abraham mismo, de Moisés y de Jacob, por sólo citar a tres de ellos.

En el caso del judaísmo de la época del Segundo Templo, el acceso al contenido de las Sagradas Escrituras (que aún no habían terminado de redactarse completas, por cierto) estuvo mediado por un ambiente de reconstrucción en todos los sentidos del término. Parte de la reedificación integral del judaísmo de entonces consistió en reforzar los componentes identitarios en los que la presencia de la ley divina tenía un lugar central. En el contexto de la asamblea del pueblo convocada (ya con éste ubicado en sus respectivas localidades), ahora para la lectura de la ley, la solemnidad y la expectación con que el pueblo experimentó el momento no dejan lugar a dudas:

En el relato de la lectura de la ley al pueblo destaca el énfasis que se da a la comunidad, a la asamblea, al pueblo. El autor-cronista desea puntualizar que el evento estaba dirigido hacia todo el pueblo judío. “Todo el pueblo” se reunió “como un solo hombre” (v. 1). En la asamblea participaron hombres, mujeres y los niños “que podían entender” (vv. 2-3); la asamblea solicitó a Esdras la lectura de la ley (v. 1) y, posteriormente, escucharon atentamente su lectura (v. 3).[2]

La asamblea se llevó a cabo en el séptimo mes del calendario (Etanim, mediados de septiembre a octubre), y reunidos en la Puerta del Agua de la ciudad (Neh 3.26), cerca del templo, donde se encontraba encima un estanque de inmersión (Mikvá) usado por el sumo sacerdote una vez al año en el Día de la Expiación, quien se sumergía cinco veces en preparación para entrar al Lugar Santísimo. El v. 7.73b se relaciona temática y estructuralmente con el cap. 8, pues su objetivo es ubicar la lectura de la ley dentro del calendario judío, dado que el mes séptimo era de celebración popular. Se celebraban las fiestas de los tabernáculos (Lv 23.34-39, 41) y el día de la expiación (Lv 16.29; 23.27; 25.9), además de otras fiestas solemnes (Lv 23.24; Nm 29.1, 7, 12).

El maestro y sacerdote Esdras abrió el libro “a ojos de todo el pueblo” (v. 5), con lo que se afirmaba el carácter comunitario, horizontal e igualitario de este “nuevo pueblo”, enfatizado esto último por el grupo de 13 laicos que acompañaron al lector (8.4). La lectura duró aproximadamente seis horas (8.3, desde el amanecer hasta el mediodía) y se encuentra muy resumida en el relato. Esta acción vino a sumarse, en la historia antigua, en continuidad con otros momentos cruciales y conflictivos de lectura de los textos sagrados, como Deuteronomio 9-10 (Moisés) y 31 (Moisés con Josué), II Reyes 22-23 (Josías), y Jeremías 36 (Joacim).

El objetivo de la asamblea fue instruir (o re-instruir) al pueblo en tomo a las enseñanzas de la ley de Moisés (vv. 1-3), la cual estaba contenida en un libro que Esdras trajo de Babilonia (Esd 7.14). “El motivo de la presencia de Esdras en Jerusalén era la aplicación de la ley de Moisés a la vida judía. Los estudiosos relacionan la porción de la ley leída al pueblo con el Pentateuco (Torá); posiblemente, con las secciones que regulan los aspectos cúlticos y litúrgicos”.[3] El lugar de Esdras (una especie de nuevo Moisés que habla desde un templete especial, 8.4a) en este proceso es muy relevante: “Después de Josías y Jeremías, Esdras es el tercer personaje en aparecer en la Biblia Hebrea que, por causa de sus acciones, especialmente lo relatado aquí, nos recuerda a Moisés”.[4] El pueblo estuvo muy atento (5b) y respondió con alabanzas y gestos litúrgicos (6), además de que reaccionaron con manifestaciones de sumisión a Dios (6b).

Los levitas desempeñaron un papel muy importante en la interpretación de la ley (vv. 7-8): el verbo utilizado para describir su labor puede transmitir la idea de traducción. Los levitas muy posiblemente traducían la lectura de Esdras en hebreo al arameo, pues era el lenguaje que el pueblo podía entender. La insistencia del texto en la comprensión de lo leído (“ponían el sentido, de modo que entendiesen”, 8b, RVR1960) es muy importante. De esta manera, el pueblo estuvo nuevamente en contacto con la ley revelada, en su nivel de comprensión, pero sin renunciar al milagro espiritual y literario que significa acceder al mensaje divino envuelto en un grandioso lenguaje. Tal como afirman nuevamente Amós Oz y su hija:

Su esplendor en tanto que literatura trasciende la disección científica, así como la lectura devocional. Conmueve y apasiona de un modo comparable a las grandes creaciones literarias, de Homero unas veces, en ocasiones de Shakespeare, de Dostoievski en otras. Pero su alcance histórico difiere del que tienen estas obras maestras. Admitiendo que otros grandes poemas puedan haber dado origen a ciertas religiones, ninguna otra creación literaria ha dejado grabado, de forma tan efectiva, un código legal, ni ha trazado tan convincentemente una ética social.[5]




[1] A. Oz y Fania Oz-Salzberger, Los judíos y las palabras. Madrid, Siruela, 2014 (El ojo del tiempo, 77), p. 17.
[2] S. Pagán, op. cit., p. 160.
[3] Ibíd., p. 161.
[4] Geert J. Venem, Reading Scripture in the Old Testament: Deuteronomy 9-10, 31, 2 Kings 22-23, Jeremiah 36, Nehemiah 8. Leiden-Boston, Brill, 2004 (Oudtestamentische Studien), p. 139. Versión propia.
[5] A. Oz y F. Oz-Salzberger, op. cit., p. 21.

Nehemías 8.1-8 / II Timoteo 3.10-17

1-3 El primer día del mes de Etanim todo el pueblo se reunió en la plaza, frente a la entrada llamada del Agua. Allí estaban los hombres, las mujeres y todos los niños mayores de doce años. Entonces le pidieron a Esdras, el maestro y sacerdote, que trajera el libro de la Ley, la cual Dios había dado a los israelitas por medio de Moisés. Así que Esdras fue y trajo el libro, y lo leyó desde muy temprano hasta el mediodía. Todos los que estaban allí escucharon con mucha atención.
4-5 Esdras estaba de pie sobre una plataforma de madera que se había construido para esa ocasión, de manera que todos podían verlo. A su derecha, también de pie, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilquías y Maaseías. A su izquierda estaban Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Cuando abrió el libro, todos se pusieron de pie. Entonces Esdras alabó al Dios todopoderoso, y todos, con los brazos en alto, dijeron: "¡Sí, sí, alabado sea Dios!". Luego se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente y adoraron a Dios.
7-8 Después de esto, los siguientes ayudantes de los sacerdotes ayudaron al pueblo a entender la ley de Dios: Josué, Baní, Serebías, Jamín, Acub, Sabtai, Odías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Hanán, Pelaías.
Ellos leían y traducían con claridad el libro para que el pueblo pudiera entender.
*
10 Pero tú, Timoteo, conoces bien mis enseñanzas, mi manera de vivir y de pensar, y sabes cuánto confío en Dios. Tú has visto mi paciencia, mi amor y mi fuerza para soportar las dificultades. 11 Sabes cómo me han maltratado, y cómo he sufrido en las ciudades de Antioquía, Iconio y Listra. Pero el Señor Jesucristo me libró de todo eso. 12 Bien sabemos que todo el que desee vivir obedeciendo a Jesucristo será maltratado. 13 Pero los malvados y los engañadores irán de mal en peor, y engañarán a unos, pero serán engañados por otros.
14 Tú debes seguir creyendo en lo que aprendiste, y que sabes que es la verdad. Después de todo, conoces muy bien a quienes te lo han enseñado. 15 Recuerda que desde niño has leído la Biblia, y que sus enseñanzas pueden hacerte sabio, para que aprendas a confiar más en Jesucristo y así seas salvo. 16 Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. 17 De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...