sábado, 8 de febrero de 2020

El pueblo interpreta su historia como obra de la gracia divina, L. Cervantes-O.


9 de febrero de 2020

Al ver el poder de Dios,
todo el mundo temblará de miedo,
porque Dios vendrá
con la furia de un río desbordado,
y empujado por un fuerte viento.
Isaías 59.19, TLA

Rechazada la posible compensación del ayuno del capítulo anterior, como práctica espiritual para modular una sana relación con Yahvéh, en Isaías 59 se plantea el problema ético en términos de justicia e injusticia, pues incluso en la actualidad tiende a privilegiarse la primera perspectiva en demérito de la segunda. Este capítulo se divide claramente en cuatro partes bien definidas, cada una de las cuales demanda atención específica para percibir el conjunto como un todo coherente. La primera (vv. 1-8) es una auténtica liturgia penitencial, la segunda (vv. 9-15), una sólida confesión del pecado comunitario; la tercera (vv. 16-20), en donde se afirma la intervención divina; y la última (v. 21), el anuncio de salvación por medio de la palabra. La unidad de propósito del texto salta a la vista pues concentra en estos elementos conjuntados los énfasis propios del Tercer Isaías: por un lado, la intención profunda de mostrar la manera en que Yahvéh siguió reaccionando ante las circunstancias complejas del pueblo después de la reconstrucción del templo y de la ciudad, y por el otro, la necesidad de proyectar hacia el futuro la esperanza utópica que debía sostener la fe del pueblo ante la situación cambiante e imprevista que vivía.

Dos son los componentes que destacan en la primera parte: la afirmación tajante de que la mano del Señor no se ha detenido para salvar (v. 1) y que el pecado colectivo es la barrera que limita su actuación a favor del pueblo (v. 2). Los versículos siguientes son una cruda descripción, extremadamente metafórica que desglosa gráficamente el deterioro social (3-4) y la forma en que se incuba el mal en medio de la comunidad (5). La parte final (vv. 6-8) exhibe las consecuencias del pecado y la injusticia. El esquema de todo el cuerpo del texto es el de un careo o pleito contradictorio, “pues se presupone una queja del pueblo y suena la denuncia de Dios, enumerando culpas genéricas y pecados específicos; el pueblo confiesa su pecado; concluye Dios reconciliándose en virtud del pacto”.[1] La reclamación acerca de que Dios no actúa y no escucha empalma con la querella formulada en 58.3 acerca de la eficacia del ayuno para “convencer” a Dios de hacerlo. La queja llega a Dios, que no está sordo y que va a demostrar cuál es la razón de su supuesta inacción: el pecado que se interpone es la causa de la separación y de la falta de respuesta. La enumeración de los pecados pinta un cuadro trágico sobre una práctica social de la injusticia en medio de la cual se siguen gestando peores males (que recuerda “el huevo de la serpiente”, de Ingmar Bergman) y la espiral de violencia es incontrolable. La injusticia prevaleciente es como un veneno que se difunde y se contagia moralmente. “Destruyen la paz de los otros y pierden la suya al implantar un sistema encadenado de injusticias”.[2] Por ello San Pablo cita el v. 8 en Romanos 3.15-17 en su recuento de excesos de los seres humanos dominados por el pecado.

En la segunda parte, el pueblo asume con enorme claridad y autocrítica la situación de pecado y enumera, a su vez (en una especie de ampliación comunitaria del Salmo 51), el deterioro moral y espiritual presente a partir de la “lejanía de la justicia” (9). Queda la duda si la comunidad se confiesa culpable o se siente víctima, dado el lenguaje ambiguo que se utiliza (10). Ambas cosas se entremezclan y eso es lo llamativo: “Nos pasamos la vida llorando, / y esperando que se nos haga justicia, / pero Dios no viene en nuestra ayuda” (11). Nuevamente resuena el reproche de la falta de apoyo en esas circunstancias difíciles. El pueblo se siente en parte culpable de ellas, “quisiera romper la espiral y salir del cerco, y no encuentra el modo; una conversión individual no basta para cambiar el sistema, haría falta una conversión colectiva, y hasta que llegue ese cambio general, el cambio individual resultaría fatal, un pagar justos por pecadores; entonces haría falta una intervención desde fuera, desde una instancia más poderosa” (énfasis agregado).

En clave individual, lo mismo es expresado en el Salmo 55. Algo similar sugiere la explosión de partidos políticos de inspiración evangélica en América Latina, como el Partido de la Reforma Nacional, de inspiración reformacional, la más reciente muestra de ella en México, en la que se propone, por ejemplo: “Generar una alternativa política cristiana en México que reconozca a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, que se traduzca en bendición a la sociedad a la cual servimos. […] La función fundacional del Estado es el poder de la espada, es decir la capacidad de la fuerza legítima, pero la dirección que lo guía —su función guía— es la justicia pública plasmada en un sistema legal positivo. […] El Estado deberá evitar sostener empresas ineficientes o no rentables”.[3] Se trata de una propuesta francamente fascista y totalitaria. Los vv. 12-13 muestran la interiorización de los pecados contra Dios y el prójimo, además de la enorme ambivalencia y fertilidad negativa de los mismos al revertirse contra ellos (“nuestros pecados nos ac usan”, 12b). La vida social completa estaba trastornada por la injusticia (“la verdad tropezó en la plaza”, 14b); por eso Dios no los salvaba, por haberse burlado de la justicia (14a) y por haber pervertido el derecho (15). Incluso “al que hace el bien / se le quita lo que tiene” (15b). Nuevamente resuena lo expuesto en el Salmo 55.10-12 y lo opuesto al 85.10-12, que canta el encuentro de las virtudes.

En la tercera sección se describe la intervención de Yahvéh, quien está en total desacuerdo con el panorama vigente: contempla desde el cielo (sal 14.2; 53.3) y no queda indiferente, pues ha denunciado la maldad. Su accionar es una cadena de indignación, primero (“Vio con sorpresa / que esto a nadie le importaba”, 16), y luego decidió intervenir directamente en un plan completamente de guerra (16b) para ejecutar una sentencia: “Tomó la justicia como escudo / y se puso la salvación como casco” (17a). su actitud beligerante es complementada con elementos morales (venganza, enojo, 17b). a fin de castigar como un juez implacable (18).”La justicia vindicativa quiere realizar salvación”.[4] Su respuesta hizo temblar al mundo (19a) debido a la acción enardecida del Señor (río desbordado, fuerte viento, 19b). Una vez más en la historia, que es interpretada como obra completa de la gracia divina, Yahvéh vendrá “a salvar / a los que viven en Jerusalén” (20a) y a todos quienes se arrepientan de sus pecados. Ése es su compromiso formal.

El v. 21 anuncia una nueva era en donde prevalecerá “una alianza garantizada por el Espíritu y actualizada en cada generación por la palabra de Dios”. El Espíritu y la palabra, los dones del profeta, ahora serán ahora dones para todo el pueblo: el mensaje se abre hacia un horizonte futuro muy amplio (sacerdocio y profecía universal de todos/as los creyentes), en la línea de David (II Sam 23.2), Ezequiel (36.27), del Segundo Isaías (51.16) y, por supuesto, del Nuevo Testamento, en donde esta tendencia de compromiso y ministerio horizontal alcanzará su plenitud. La gracia de Dios manifestada en esta nueva ocasión transforma la querella inicial del pueblo en una sólida promesa divina de bendición comunitaria y de gran esperanza para el presente conflictivo y el futuro sumamente incierto.



[1] Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre Díaz, Profetas. I. Madrid, Cristiandad, 1980, p. 361.
[2]Ibíd., p. 362.
[3] “Fundamentos del Partido de la Reforma Nacional”, Acción Política Cristiana, en www.facebook.com/adolfo.garciadelasienra, 8 de febrero de 2020, pp. 1, 2.
[4] L. Alonso Schökel y J.L. Sicre, op. cit., p. 363.

Isaías 59.9-21 / Hechos 7.38-50, TLA

9 El pueblo de Israel dijo:
Por causa de nuestra maldad
la justicia no se cumple entre nosotros:
esperábamos vivir en la luz,
pero nos hemos quedado en tinieblas.
10 Caminamos como ciegos,
tocando la pared;
tropezamos en pleno mediodía
como si fuera de noche;
aunque parezcamos tener vida,
en realidad estamos muertos.
11 Nos pasamos la vida llorando,
y esperando que se nos haga justicia,
pero Dios no viene en nuestra ayuda.
12 Hemos ofendido a Dios,
y nuestros pecados nos acusan;
nuestras maldades nos acompañan,
y reconocemos nuestras culpas.
13 Hemos sido infieles a Dios,
no lo hemos obedecido;
somos violentos y traicioneros,
y engañamos a la gente.
14-15 Nos hemos burlado de la justicia
y Dios no viene a salvarnos.
La sinceridad está por los suelos;
ya no hay honradez,
y al que hace el bien
se le quita lo que tiene».

Isaías dijo:

Dios se mostró muy disgustado
al ver la falta de justicia.
16 Vio con sorpresa
que esto a nadie le importaba.
Entonces decidió usar su propio poder
y así nos dio la salvación.
17 Tomó la justicia como escudo
y se puso la salvación como casco;
la venganza lo cubrió como una capa
y el enojo lo envolvió como un manto,
18 para castigar a sus enemigos
y darle a cada cual su merecido.
19 Al ver el poder de Dios,
todo el mundo temblará de miedo,
porque Dios vendrá
con la furia de un río desbordado,
y empujado por un fuerte viento.
20 Dios vendrá a salvar
a los que viven en Jerusalén,
y a todos los israelitas
que se arrepientan de sus pecados.
Dios ha jurado que así será.

21 Dios dijo:

Yo hago un pacto con ustedes:
les prometo que mi poder,
y las enseñanzas que les he dado,
nunca se apartarán de ustedes
ni de sus descendientes.
*
38 Moisés estuvo con nuestros antepasados en el desierto, y les comunicó todos los mensajes que el ángel de Dios le dio en el monte Sinaí. Esos mensajes son palabras que dan vida.
39 Pero los israelitas fueron rebeldes. No quisieron obedecer a Moisés y, en cambio, deseaban volver a Egipto.
40 Un día, los israelitas le dijeron a Aarón, el hermano de Moisés: “Moisés nos sacó de Egipto, pero ahora no sabemos qué le sucedió. Es mejor que nos hagas un dios, para que sea nuestro guía y protector.”
41 Hicieron entonces una estatua con forma de toro, y sacrificaron animales para adorarla. Luego hicieron una gran fiesta en honor de la estatua, y estaban muy orgullosos de lo que habían hecho. 42 Por eso Dios decidió olvidarse de ellos, pues se pusieron a adorar a las estrellas del cielo.
En el libro del profeta Amós dice: “Pueblo de Israel, durante los cuarenta años que anduvieron por el desierto, ustedes nunca me presentaron ofrendas para adorarme. 43 En cambio, llevaron en sus hombros la tienda con el altar del dios Moloc y la imagen de la estrella del dios Refán. Ustedes se hicieron esos ídolos y los adoraron. Por eso, yo haré que a ustedes se los lleven lejos, más allá de Babilonia.”
44 »Allí, en el desierto, nuestros antepasados tenían el santuario del pacto, que Moisés construyó según el modelo que Dios le había mostrado. 45 El santuario pasó de padres a hijos, hasta el tiempo en que Josué llegó a ser el nuevo jefe de Israel. Entonces los israelitas llevaron consigo el santuario para ocupar el territorio que Dios estaba quitándoles a otros pueblos. Y el santuario estuvo allí hasta el tiempo del rey David.
46 Como Dios quería mucho a David, éste le pidió permiso para construirle un templo donde el pueblo de Israel pudiera adorarlo. 47 Sin embargo, fue su hijo Salomón quien se lo construyó.
48 Pero como el Dios todopoderoso no vive en lugares hechos por seres humanos, dijo por medio de un profeta:
49 
El cielo es mi trono;

sobre la tierra apoyo mis pies.
Nadie puede hacerme una casa
donde pueda descansar.
50 
Yo hice todo lo que existe.

*

Video del culto completo

https://www.youtube.com/watch?v=LmL0FAx-Hk8&t=4160s

Invitación para actividades por el XXV Aniversario



domingo, 2 de febrero de 2020

Letra 656, 2 de febrero de 2020

PECADO DEL PUEBLO E INTERVENCIÓN LIBERADORA DEL SEÑOR
Horacio Simian Yofre

Isaías 59.1-21 constituye una gran unidad textual, en el estilo de un salmo, con tres secciones claramente diferentes. La primera, Is 59.1-8, contiene los reproches que el profeta dirige al pueblo en nombre del Señor. Y es que los pecados de Israel son tantos que se ha abierto un abismo casi insalvable entre Dios y su pueblo. Toda la sección se mueve en el vocabulario de la culpa: culpas, pecados, sangre, crímenes, mentira, perfidia, falsedad, perversidad, maldad, son los términos que se repiten.
Los crímenes se atribuyen a miembros del cuerpo: manos (palmas), dedos, labios, lengua, pies. Todo el cuerpo de Israel está cubierto de crímenes. En oposición a esta descripción, también la mano del Señor está tendida para la salvación, y su oído atento para escuchar las súplicas. Cuando se utilizan términos positivos (justicia, sinceridad, paz) es para negar su existencia en el pueblo.
En la segunda sección, Is 59.9-15, el pueblo reconoce sus pecados. El vocabulario que utiliza el profeta para referirse al pueblo culpable repite los términos de la primera sección (delitos, pecados, infidelidad, violencia y rebelión). Pero a diferencia de la situación de Is 58.10, donde las tinieblas se convertían en luz, y la oscuridad en mediodía para quienes habían comprendido las exigencias del Señor, aquí la situación del pueblo, a pesar de  reconocerse culpable, sigue siendo calamitosa y es descrita como andar a tientas en las tinieblas, en la oscuridad y la noche.
También en esta sección los términos positivos (derecho, justicia, honradez, honestidad), son mencionados solamente para indicar que se los olvida o rechaza. En Is 59.9, 11, 14, la liberación y la salvación están caracterizadas por su lejanía.
La situación se modifica en Is 59.15b-20 con la entrada en acción del Señor. Esta intervención divina tiene un doble efecto: liberación y salvación para quienes se convierten de su rebeldía; venganza, castigo y furor para sus enemigos. Las imágenes en esta sección —coraza, casco, traje, manto— indican que el Señor está revestido de la fuerza necesaria para llevar a cabo su obra. El texto hebreo de Is 59.18 añade una última línea que habla de "dar a los extranjeros (las islas) su merecido"; posiblemente se trata de una glosa, ya que todo el texto está centrado sobre la situación del pueblo de Israel.
También Is 59.21 (en prosa) es una glosa que recuerda la perennidad de la alianza establecida por el Señor con su pueblo.
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“EL CIELO CANTA ALEGRÍA” MIENTRAS LA IGLESIA SE CONDUELE ANTE FALLECIMIENTO DE PABLO SOSA (I)
Gustavo Vásquez, Noticias MU, 12 de enero de 2020

Resultado de imagen para pablo sosaEl Rev. Pablo Sosa, uno de los más prolíficos compositores, músicos y arreglista del metodismo de habla hispana, falleció el 11 de enero a los 85 años en su natal Argentina. Nació el 16 de diciembre de 1934, fue pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA) y un líder mundialmente reconocido por su labor ministerial en la composición musical, docencia, dirección coral, liturgia y promoción de la integración de los valores musicales y culturales, de las diferentes regiones del mundo en la experiencia del culto de adoración.
Alcanzó un bachillerato en el área musical y una Maestría en Música Sacra. Fue uno de los primeros latinoamericanos en realizar estudios en Estados Unidos y en Alemania en el área de liturgia y música, tomando clases en el Westminster Choir College de Princeton en Nueva Jersey, la Hochschule für Musik (Universidad de la Música) en Berlín y la Escuela de Música Sacra del Seminario Unión en la ciudad de Nueva York. Además, estudió canto, órgano, dirección coral, Historia de la Música y análisis formal.
Sosa desarrolló una notable labor pedagógica en el área de música y liturgia dictando cursos y seminarios en Argentina, Brasil, Costa Rica, Bolivia, Japón, Suiza, Dinamarca, Filipinas, Canadá y Zimbabue. Fue un incansable promotor de la inclusión de expresiones de las culturas locales en la música y la liturgia de la iglesia.
En el metodismo de habla hispana y más allá, se reconoce su labor en la producción de innumerables himnos y piezas musicales, con un contenido teológico enraizado en la teología wesleyana y latinoamericana contemporánea. Participó en la edición de varios himnarios y cancioneros, entre los cuales se destacan Cántico nuevo” (1962), Cancionero abierto (1974) y Canto y fe de América Latina (2005) en colaboración con otros colegas.
Tuvo un papel muy destacado en el ámbito de la liturgia a nivel internacional, entre otras cosas, por su participación como liturgista de la VI Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y como productor del himnario usado en esta reunión, que se llevó a cabo en Vancouver, Canadá, en 1983. Al respecto, Andrew Donaldson, ex consultor litúrgico del CMI expresó que esa asamblea “significó un cambio en mi vida, motivado por la pasión y compasión de Sosa en su introspección de la cultura, las alegrías, los dolores y las luchas de la comunidad que originaba las canciones”.
En 2018 fue distinguido por la Sociedad de Himnología de EU y Canadá con el título de “Fellow”, equivalente al de Miembro Pleno de dicha sociedad. Este reconocimiento de carácter vitalicio, el más alto otorgado por esta institución, respondió a su labor como compositor, profesor, director coral, músico eclesiástico y promotor cultural.
“Como director de Música para Todos, Sosa trabajó para derribar las barreras entre la música popular y la música clásica y facilitar el acceso a los diferentes géneros de música, superando divisiones culturales y denominacionales. Sosa es un intelectual incansable, que está siempre incorporando nuevas ideas, utilizando nuevos enfoques”, afirmó Donaldson en el momento en que se le otorgó la distinción en 2018. en 2018. La Hymn Society de EU y Canadá, fundada en 1922, es un organismo ecuménico de gente apasionada por los himnos y el canto congregacional.
Sosa fue compositor de reconocidos cantos de la liturgia y la himnología protestante latino-americana, los cuales han sido traducidos al inglés, alemán, portugués, sueco, finlandés, chino y japonés. Entre las piezas musicales más conocidas se encuentran: “El cielo canta alegría” (1958), “Cristo vive” (1960), “Si fui motivo de dolor”(1960), “Miren qué bueno” (1970), “Gloria” (1978), “La bendición del Dios de Sara” (1988), “Este momento en punto” (1990) y, más recientemente, “Que esta Iglesia sea un árbol”, dada a conocer mundialmente en la Asamblea General del Consejo Mundial de Iglesias en Busan, Corea, 2013 y lema de la 46ª Asamblea Anual del Caucus Hispano-Latino de La Iglesia Metodista Unida (MARCHA-Metodistas Asociados por la Causa Hispano Americana), celebrada en la ciudad de Dallas en 2017.
En 2003 la editorial GIA Publications de la ciudad de Chicago, lanzó al mercado el disco Éste es el Día, que contiene una recopilación de diecinueve canciones, presentadas en inglés y español, de las más conocidas de Sosa. La editorial calificó este material como “el legado e inspiración de Sosa para las futuras generaciones de compositores de música sagrada”.
En 2007 Sosa también escribió para la Iglesia Metodista Unida de EU, “Un canto de Libertad” (A Song of Freedom) que fue una guía para el estudio del movimiento misionero a través de sus canciones.
Un hecho particular en la historia del Rev. Pablo Sosa, fue la ocasión cuando una de sus composiciones fuera cantada en la misa de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción y la Universidad Católica, presidida por el Papa Francisco, cuando visitó la ciudad de Washington DC el 23 de septiembre de 2015.
"Este momento en punto", fue la pieza escogida para esa ocasión de acuerdo con los encargados de preparar la liturgia, su música es cautivadora y contagiosa por la combinación del candombe y la milonga, ritmos precursores del tango desarrollados en el siglo XVIII y que utilizan fórmulas rítmicas de origen africano.

Actividades y avisos


OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE CELEBRACIÓN DEL XXV ANIVERSARIO DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 4 de febrero, 19 hrs.
Modera: A.I. Lauro Adame B.

Llamamiento: Salmo 128
Oración de ofrecimiento
Himno: “¡Santo, santo, santo!” (43)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ester 5.1-8
Tema: Ester se presenta ante el rey
Himno: “Seguridad me dio Jesús” (282)
Ofertorio
Bendición pastoral

ESTER INVITA AL REY Y AMÁN A UN BANQUETE
Samuel Pagán

U
na vez que Ester se hubo preparado física (v. 1) y espiritualmente (4.16) para cumplir la tarea que se había propuesto, se presentó ante el rey. Para tal ocasión, utilizó “su vestido real” (v. 1). Sin duda, sus vestidos estaban en consonancia con el esplendor del palacio persa y las costumbres del imperio.
Según el relato “obtuvo gracia” ante los ojos del rey (v. 2; cf. 2.4), quien la recibió con cortesía y respeto. El movimiento del cetro (v. 2) era un gesto de aceptación real. Posiblemente ella fue ante el rey durante un día de audiencias oficiales. La actitud del rey fue de formalidad y cortesía. La expresión “hasta la mitad del reino se te dará” (v. 3), más que una licencia para pedir sin límites al monarca, es un ejemplo de la exageración en la cortesía oriental (v. 6; Mr 6.23).
El relato quiere destacar que el rey estaba en disposición de responder a sus preocupaciones. Los vv. 4-8 aumentan el efecto dramático del relato. Ante la apertura real, Ester deja pasar dos buenas oportunidades para interceder por su pueblo.
En primer lugar, invitó al rey y a Amán a un banquete que había preparado en honor al monarca. El rey ordenó que se hiciera como ella había pedido (v. 5). Una vez en el banquete, cuando bebían vino (v. 6), el rey nuevamente le indicó que podía hacer su petición, que le sería concedida. Esta solicitó la presencia del rey y de Amán en otro banquete que se organizaría en honor de ambos líderes del imperio (v. 8) al día siguiente.
Allí presentará su petición formal. La narración omite decir por qué Ester no hizo su petición al rey en la audiencia real. Posiblemente, esperaba un momento más adecuado e íntimo para tratar un asunto tan delicado como el de un edicto real (1.13-21).
Tampoco conocemos la razón de la invitación a Amán. Es muy posible que el autor deseara añadir un elemento de intriga al relato. Además, la caída de Amán se produjo en medio del banquete de la reina. En cualquier caso se destaca un elemento de ironía. Mientras los judíos se preparaban para una persecución y una posible matanza con un ayuno de tres días, en el imperio se celebraban banquetes.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
9 – 1er panel sobre el XXV Aniversario
16 – Culto de testimonios

Reconocer que la gracia divina es la razón de ser de la iglesia, L. Cervantes-O.





2 de febrero, 2020

Si Dios no nos hubiera ayudado,
¿qué habría sido de nosotros? […]
Si Dios no nos hubiera ayudado
cuando nos atacaba todo el mundo,
nos habrían matado a todos,
pues nuestros enemigos
estaban muy enojados con nosotros.
Salmo 124.1a, 2-3, TLA

No es solamente la extraordinaria visión misionera de algunas personas para fundar nuevas iglesias lo que determina que éstas se mantengan en el tiempo en contra de toda la oposición tratando de cumplir con la misión que Dios les ha encomendado. Tampoco la sólida planeación de organizaciones evangelizadoras para observar dónde y cuándo deben abrirse otras comunidades y así garantizar su permanencia y su proyección como pueblo de Dios. Ni mucho menos el eventual orgullo humano de estar colaborando en una obra espiritual duradera que ha de pasar por todas las pruebas y obstáculos para mantenerse fiel a su tarea de dar un testimonio pertinente del Evangelio. La única razón de ser de la existencia de la iglesia en el mundo es la acción constante, irresistible y renovadora de la gracia de Dios. Cuando se estudia la historia de la iglesia y se identifican en ella los factores para su surgimiento, crecimiento, consolidación, crisis, desafíos, aciertos, infidelidades, cismas, desviaciones y tantas cosas más que la caracterizan, se está ante el hecho de que todo ello debe confrontarse, teológicamente, con el designio eterno para la presencia del pueblo de Dios en el mundo.

Cuando las diversas iglesias hacen a un lado el hecho de que también son parte de un movimiento del Espíritu para instalar la nueva humanidad en el mundo, es posible que se asomen las tendencias a creerse autosuficiente y a asumir que la razón de ser de su existencia se centra en ella misma. Si la iglesia ha sobrevivido en el mundo, a quien casi siempre le atribuye las barreras para el cumplimiento cabal de su misión, aun cuando a veces ella es su peor enemigo, se debe única y exclusivamente a la interminable gracia de Dios, que es su principal sostén. Ante las fuerzas oscuras que continuamente se oponen a la marcha y acción transformadora de las comunidades cristianas, y en la que muchas veces ellas se encuentran inermes e indefensas, la única posibilidad de sobrevivencia, en todos los sentidos, es la actuación de la multiforme gracia de Dios.

Un episodio de la historia de la Reforma Protestante en Francia, narrado magistralmente por el novelista Pablo Montoya en Tríptico de la infamia (Bogotá, Random House, 2014, Premio Rómulo Gallegos 2015), ejemplifica notoriamente el grado de sadismo con que dicho rechazo puede manifestarse: antes de la masacre conocida como Noche de San Bartolomé, en agosto de 1572, en París, el almirante Gaspard de Coligny, líder de los hugonotes, fue decapitado por órdenes de Catalina de Médicis, madre del rey Carlos IX, y miles de reformados, hombres y mujeres, fueron asesinados la noche del 23 al 24 de agosto de ese año. Así se expresa en la novela el pintor François Dubois (1529-1584), autor del cuadro más conocido que exhibe los horrores de esa noche terrible, descrito minuciosamente por Montoya (pp. 184-190):

Los católicos de París me habían expulsado de su ciudad como a un perro. A mi mujer la destriparon y a ella y a i hijo, desnudos ambos, los arrojaron al Sena, o a una de esas fosas comunes que abrieron en el cementerio de los Saints-Innocents, o al pozo de los Clergés, que era donde se acostumbraba lanzar los pellejos de las bestias muertas. […] Los asesinatos se hicieron más frecuentes, las campanas de las iglesias redoblaron con intensidad […], los poetas mojaban sus plumas para escribir sonetos y tragedias que conmemoraban la victoria católica. Todos creyeron, finalmente, que Francia reverdecía por el aniquilamiento de los míos. Era como si Dios hubiera aprobado, con estas pruebas fehacientes, la hecatombe (pp. 178-179).

Pero, a pesar de este crimen multitudinario la iglesia reformada en Francia no solamente no desapareció, sino que experimentó una auténtica “depuración” que la ha mantenido hasta la fecha, como un factor ciertamente minoritario en ese país, pero de gran relevancia espiritual, teológica, cultural y política. Porque la mejor imagen de la presencia de la iglesia en el mundo no es la de una marcha triunfal en la que ella va derrotando a sus enemigos por causa del poder propio que ha alcanzado, tal como lo entendió la iglesia durante el virreinato de Nueva España. Lo que mejor pinta el retrato de la gracia de Dios como razón de ser de la iglesia son expresiones cercanas al Salmo 124 (que tanto amaba Juan Calvino): el pueblo de Dios es una comunidad de sobrevivientes al asalto, a las trampas puestas contra él, en multitud de formas por sus detractores y adversarios.

Walter Brueggemann, en su análisis del breve salmo, afirma que es una acción de gracias por una liberación comunitaria y que presenta “los terribles resultados si Yahveh no hubiera estado involucrado” con la vida de su pueblo. “El agradecimiento que sigue es en celebración de que Yahvéh estuvo y está ‘de nuestro lado’, y, por tanto, no sucedieron los posibles males. Podría haber acontecido, pero el tenaz compromiso de Yahvéh con Israel, es lo que impide el trabajo destructivo del enemigo”.[1] La imaginería acuática del salmo (que lo emparenta con el 18) es sumamente gráfica muestra el ataque de “todo el mundo” (v. 2b), iracundo en contra de la comunidad (3) como una marea desbordada (4-5) que amenazaba con tragarlos a todos (“vivos nos habrían tragado entonces”, RVR1960) con aguas malignas: “Las aguas son la manera mejor en que Israel habla sobre una amenaza general, masiva, y aparentemente irresistible. Son las ‘aguas presuntuosas’, las aguas que no conocen límite alguno y no respetan fronteras”.”.[2] Pero, como sucede en otros salmos (114, con referencia al éxodo, y 29, sobre los mitos clásicos acerca de las inundaciones), “la soberanía de Yahvéh pone límites a las aguas y les resta fuerza”.

Lo que le resta a la comunidad en riesgo es agradecer a Dios (6) y “escapar del lazo de los cazadores” (7a), incluso a contracorriente de la tentación de resistir. Queda así completamente en los brazos de la gracia divina, a quien debe reconocer como única razón de ser de su existencia. Un reconocimiento que a veces se olvida pero que debe dar fe de una sana comprensión de la naturaleza y misión del pueblo de Dios en todas las épocas. Se afirma, finalmente, “la poderosa soberanía de Yahvéh sobre todo lo que él ha creado: cielo y tierra, aguas y lazos” (8). El salmo, concluye Brueggeman, “refleja un paso de la ansiedad de desorientación a la estabilidad y confianza de la nueva orientación. […] es un paso de una ansiosa especificidad a una generalización confiada. La nueva vida de Israel, libre de amenazas, está totalmente enfocada a Dios que nunca nos entregará”.

La iglesia, específicamente, se sobrevive incluso a sí misma cuando entiende y acepta que su dinámica existencial es la misma de su Señor y Salvador: vida, muerte, resurrección, en medio de una serie de ciclos impredecibles que pueden colocarla en circunstancias en las que la actitud apologética (y escasamente autocrítica) tampoco es la mejor para mantener su dignidad y testimonio en el mundo. Y tampoco le está dado victimizarse para asumir el rechazo o la persecución como algo excepcional, dado que ello es parte esencial de la fidelidad a su testimonio del Evangelio del Reino de Dios, tal como se lo anunció Jesús de Nazaret (Mr 13.9-13). La iglesia se sobrevive a sí misma y se desdobla en medio de la sobrevivencia que Dios quiera darle en un ambiente opuesto a su presencia y acción. La gracia divina crea, sostiene y conduce a la iglesia hacia sus verdaderos propósitos, incluso más allá de su orgullo histórico, doctrinal y espiritual.


[1] W. Brueggemann, El mensaje de los Salmos. México, Universidad Iberoamericana-Colegio Máximo de Cristo Rey, 1998 (Palabra viva, 2), p. 207.
[2] Ibíd., p. 208.

Salmo 124 / I Pedro 4.1-11, TLA

1 Si Dios no nos hubiera ayudado,
¿qué habría sido de nosotros?
¡Todos en Israel lo sabemos!
2 Si Dios no nos hubiera ayudado
cuando nos atacaba todo el mundo,
3 nos habrían matado a todos,
pues nuestros enemigos
estaban muy enojados con nosotros.
4 Habrían acabado con nosotros
como aguas desbordadas
que arrasan con todo a su paso,
5 como aguas turbulentas
que todo lo destruyen.
6 ¡Alabemos a Dios,
que no dejó que esos malvados
nos despedazaran con sus dientes!
7 ¡La trampa está hecha pedazos!
¡Hemos logrado escapar,
como los pájaros!
8 ¡El creador de cielo y tierra
nos ayudó a escapar!

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1 Ustedes deben estar dispuestos a sufrir, así como Cristo sufrió mientras estuvo aquí en la tierra. Si ustedes sufren como Cristo, ya no seguirán pecando. 2 Eso demostrará que han dejado de seguir sus malos deseos, y que dedicarán el resto de su vida a hacer lo que Dios quiere. 3 Por mucho tiempo ustedes vivieron haciendo lo mismo que hacen los que no creen en Dios. Tenían vicios y malos deseos, se emborrachaban, participaban en fiestas escandalosas y, lo más terrible de todo, adoraban ídolos. 4 Pero como ustedes ya no se juntan con ellos, ahora ellos hablan mal de ustedes. 5 ¡Pero ya tendrán que darle cuentas a Dios, el Juez que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos! 6 Para eso anunció Cristo la buena noticia, aun a los muertos: para que después de que Dios los juzgue por lo que hicieron en vida, sus espíritus puedan vivir con Dios.

7 Ya se acerca el fin del mundo. Por eso, sean responsables y cuidadosos en la oración.

8 Sobre todo, ámense mucho unos a otros, porque el amor borra los pecados.
9 Reciban en su casa a los demás, y no hablen mal de ellos, sino hagan que se sientan bienvenidos.
10 Cada uno de ustedes ha recibido de Dios alguna capacidad especial. Úsela bien en el servicio a los demás. 11 Si alguno sabe hablar bien, que anuncie el mensaje de Dios. Si alguno sabe cómo ayudar a los demás, que lo haga con la fuerza que Dios le da para hacerlo. De este modo, todo lo que ustedes hagan servirá para que los demás alaben a Dios por medio de Jesucristo, que es maravilloso y poderoso para siempre. Amén.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...