domingo, 4 de abril de 2021

Letra núm. 711, 4 de abril de 2021

 VER Y RECONOCER AL RESUCITADO (Juan 20.19-23)

Ofelia Miriam Ortega

 

E

l Domingo de Resurrección es el comienzo de la Nueva Vida en Cristo Jesús. Tras el día en el sepulcro, despunta la aurora del primer día de la semana. Todo el relato en el capítulo 20 del evangelio de Juan tiene un orden cronológico.

En la primera escena, Jesús se muestra a María Magdalena. Es la primera persona a la que se muestra Jesús. Es éste un encuentro de dos personas que se quieren. Jesús le dice con claridad que, a pesar de haber muerto, está presente. A través de ese mensaje la hace además Apóstol de los demás discípulos: tiene que ir y decirles que Jesús vive y que el acuerdo con Dios no ha sido roto.

Es evidente que las mujeres ocuparon importantes posiciones en la comunidad juanina. Las mujeres están presentes en toda la narración juanina. La madre de Jesús (cap. 2), la samaritana (cap. 4), Marta (cap. 11), María (cap. 12), las mujeres al pie de la cruz (cap. 19) y María Magdalena (cap. 20). Así que, no tenemos que asombrarnos porque se le confiera a una mujer el papel de evangelista.

María Magdalena es una de las protagonistas de esta incipiente comunidad pospascual. Ella sabe lo que ha sucedido en torno a la muerte de Jesús, porque ella estuvo allí todo el tiempo. Fue la primera en verle, así que pudo encontrarse con el Señor en su Gloria. Ella merecía recibir el encargo apostólico y decir a los demás discípulos, ¡que ella había visto al Señor!

A la tarde del mismo día, cuando los discípulos están reunidos a puerta cerrada, se muestra Jesús nuevamente. Y después de ocho días se repite la misma escena, pero ahora en la presencia de Tomás. Son tres escenas en orden cronológico.

El capítulo 20 se cierra con un comentario del autor donde expresa todo el propósito del libro: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Juan 20: 30-31).  

Las puertas cerradas por miedo

La segunda escena del relato que aparece en nuestro texto de hoy (Juan 20.19), tiene lugar en Jerusalén, en un lugar que no se precisa. Es una situación angustiosa. El exegeta Raymond Brown dice que las puertas estaban "atrancadas”. El texto bíblico nos revela que únicamente las puertas abiertas y la liberación de los temores nos permitirán ver y reconocer al Resucitado.

Ver al Señor equivale a la expresión “el Señor se hizo ver”. No son visiones, son experiencias de un encuentro (14.19). Ésta es la primera experiencia pospascual que siempre tiene que alimentar nuestra vida eclesial. La Iglesia ha de ser comunidad de puertas abiertas, liberada de los temores.

Hay muchas puertas cerradas en las congregaciones y denominaciones, aún el Domingo de Resurrección. Prejuicios, rechazos, desvalorización de las otras y los otros, la no aceptación de nuestras diferencias y el afirmar un denominacionalismo a ultranza que nos separa de todas las otras iglesias y creencias. Y, únicamente cuando sucede una apertura a la novedad de vida, suceden los acontecimientos sorprendentes.

“Jesús vino y se puso en pie en medio de ellas y ellos y les dijo: Paz a vosotros”. El verbo venir es propio del evangelio de Juan en el contexto de los relatos pascuales. Se cumple así el anuncio que caracterizó su primer discurso de despedida. “No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros” (14:18). El otro verbo –“se puso en pie”– nos hace ver en esa posición el triunfo sobre la muerte –tiene el mismo significado de levantarse, surgir; es uno de los términos que anuncia el hecho de la Resurrección.

Me gusta la frase del texto bíblico: “Se puso en medio de ellas y ellos”. Juan no nos dice que Jesús atravesó las puertas “atrancadas”- sino lo que intenta manifestar es que Jesús puede hacerse presente a los suyos siempre que quiera – puede reunirse con sus discípulos y discípulas en cualquier circunstancia – está allí y aquí – en medio nuestro, dondequiera. 

La paz de Cristo nos libera de temores

“Paz a vosotros”. Éstas son las palabras que el Resucitado dirige a sus discípulas y discípulos reunidos, Jesús no utiliza el saludo ordinario, el Shalom, acostumbrado de los judíos, tampoco se trata de un deseo, que se traduciría erróneamente por: “La paz esté con vosotros” –se trata del don efectivo de la paz, tal como lo indicó Jesús en su discurso de despedida: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (14.27)

No es una paz ilusoria, es la paz que viene de Dios. Y como consecuencia el don de la paz hace desaparecer de ellos la turbación. Es la paz interior, profunda, que libera del miedo. Este mensaje de la paz en la Resurrección es un llamado a la Iglesia a poner fin a los conflictos, a la violencia física o verbal, y ser constructores de la paz. La Iglesia debe crear espacios de paz y reconciliación si quiere hacer algo pertinente en el mundo de hoy.

El profeta Isaías nos dice: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Es cierto que mientras haya injusticias en el mundo, no habrá verdadera paz. Nunca ha sido más necesaria la lucha por la paz. Las armas hoy son más destructoras y los riesgos de exterminios son mayores. Por eso, la paz, la seguridad y el desarme son luchas de todo creyente.

Así que, con la entrada y presencia del Resucitado, no solamente se cumple la promesa de “me veréis” sino también la promesa “me conoceréis”. Pueden experimentar el gozo del encuentro no solo porque pueden verle, sino porque ahora le reconocen. Es un nuevo ver y un nuevo conocer. Allí está la promesa en el evangelio de Juan: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (14.20).

Al reconocerlo, pueden experimentar el gozo que Jesús les había anunciado. “También vosotros ahora tenéis tristeza, pero os volveré a ver y se gozará vuestro corazón –y nadie os quitará el gozo” (16.22). Éste es el gozo de la Resurrección de esta mañana de encuentro con el Resucitado.  

Tres frases clave del Resucitado para la Iglesia

Jesús renueva el don de la paz, para señalar que comienza un tiempo nuevo usando tres frases que abren el camino hacia las acciones futuras. 

Primera frase: “Yo os envío”. Esta palabra del Resucitado está dirigida a todos nosotros, a todos los discípulos presentes en la escena y a todas las discípulas y discípulos venideros. La palabra de envío supone otra implicación importante: como el Padre estaba siempre presente en Jesús, así los discípulos nunca estarán solos en el cumplimiento de su misión, ya que Jesús dijo: “Aquel que cree en mí, hará también las obras que yo hago y hasta hará obras mayores, porque yo voy al Padre” (14.12). 

Segunda frase: “Recibid el Espíritu Santo”. El envío va acompañado por el don del Espíritu Santo. Es el gesto de una nueva creación. El don del Espíritu es situado por el Resucitado en un contexto grande, cósmico. Jesús está ocupándose de una nueva creación. Hace de sus discípulas y discípulos personas que participan en el aliento divino y en la vital fuerza divina. Paz, alegría y Espíritu son dados ahora a los que siguen las huellas de Jesús.

El verbo “soplar” que es usado por Juan para indicar la transmisión del Espíritu Santo aparece solo aquí en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento aparece en Génesis 2.7 –el aliento del soplo para dar vida al primer ser humano. El soplo bendito. Y en el profeta Ezequiel es el soplo que da la nueva vida a los huesos secos.

El envío y el don del Espíritu Santo no es un don particular dado solamente a los apóstoles, y mucho menos el don de un rito de ordenación para los ministerios, (evidentemente Juan no apoyaba la jerarquización), sino es la comunicación a todos los creyentes de la presencia del Espíritu Santo, tal como la confirma la primera carta de Juan: “En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros, en que Él nos ha dado su Espíritu” (I Juan 4.13).

Al mostrar la herida de su costado el Resucitado nos hace recordar el río de agua viva que de allí brota, símbolo del Espíritu dado a los creyentes.

De manera que, hermanas y hermanos, salgamos en esta mañana de la Resurrección, como resucitados, con la seguridad de que somos todas y todos enviados a cumplir la misión, con el soplo y el aliento del Espíritu Santo que nos sostiene, inspira, consuela y fortalece en la obra misionera que tenemos que realizar. Sí, es el Jesús Resucitado quien inaugura el tiempo del Espíritu. 

Tercera frase: “Ustedes perdonarán los pecados”. Esta palabra es a primera vista sorprendente, ya que en el cuarto evangelio no se ha hablado antes del perdón de los pecados. Es cierto que el autor del perdón es Dios, pero en la frase del evangelio de Juan, es el mismo Jesús quien a través de los suyos ejerce el ministerio del perdón. Así que, cuando la comunidad perdona, cuando nosotros perdonamos, Dios está perdonando.

En la comunidad cristiana primitiva, el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo van juntos. Esta frase del Jesús Resucitado nos muestra que la posibilidad de la reconciliación ha sido transmitida por Jesús a los suyos, y ha de ser parte esencial de nuestra misión. Por el don de la paz y la comunicación del Espíritu, somos portadores de vida para el mundo, y a través nuestro se actualiza la presencia permanente del Señor que ha triunfado sobre el pecado y la muerte. El privilegio de ser perdonados y reconciliados con Dios crea la obligación de perdonar y de reconciliarse con el prójimo. 

Conclusión

Ha llegado el tiempo del nuevo amanecer de la Resurrección. El tiempo de sustentar y nutrir un nuevo universo, una nueva sociedad, un nuevo mundo, un nuevo espíritu de comunidad, de Iglesia fiel a las demandas del Resucitado. Ha llegado el tiempo de que aparezca la nueva humanidad, humanizada y humanizante, sobre la superficie de la tierra. Éste es el mensaje del Resucitado para su Iglesia.

Es Julia Esquivel quien nos dice en un hermoso poema: “Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de Resurrección”. Sí, estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor. Tenemos que saber entonces lo maravilloso que es vivir amenazados de Resurrección. ¡Soñar despiertos, velar dormidos!

ICEG, Cuba

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LA MUERTE NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

Mensaje de Pascua del Comité Ejecutivo de AIPRAL.

 


L

a tiniebla se encoge, la muerte se sabe vencida, las confabulaciones del odio se desbarrancan y se esboza la esperanza en un nuevo amanecer. Las mujeres, primeras anoticiadas y anunciadoras de la resurrección, se acercaron al sepulcro para honrar a un crucificado. Ellas se encontraron con la “imposible” noticia de la resurrección.

Desde ese mismo día, la muerte no tiene la última palabra. Hace poco más de un año una pandemia sembrando muerte fue maniatando nuestros abrazos, alejando nuestros besos y extrañando la mesa compartida. Muchas y muchos vienen siendo sacrificados en nombre de la economía, por negligencia de algunas autoridades, por el acaparamiento de vacunas en los países centrales y la no liberación de sus patentes.

Pero aún hoy, en medio de la pandemia, cuando muchos ya no están, una voz susurra a nuestra incredulidad: “El crucificado ha resucitado”. Es una buena noticia para las/os crucificadas/os de nuestro tiempo, para nuestros pueblos una y otra vez condenados a muertes evitables. La certeza de la resurrección nos empuja a andar confiados y afirmados en la verdad revelada por los evangelios: “El crucificado ha resucitado”.

Que esta Pascua de resurrección, el Dios que “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4.17) nos impulse a andar en la esperanza del resucitado. 

Aipral.net, 3 de abril de 2021

jueves, 1 de abril de 2021

“Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo”, L. Cervantes-O.

4 de abril, 2021

 

Pero él se acercó y les dijo: “Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo”.

Mateo 28.18, TLA

 

El “principio Arimatea”

Alejandro Ortiz es un teólogo laico católico que trabaja en la Universidad Iberoamericana-Puebla. Ha escrito diversos ensayos sobre migraciones y personas desaparecidas, entre ellos, “El principio Arimatea” (2014) y Cristo indocumentado. Narrativa teológica del fenómeno migratorio (2015). En el primero, aborda el problema de la recuperación de los cuerpos de desaparecidos a partir de la historia bíblica de José de Arimatea, un hombre rico quien, como se sabe, reclamó el cuerpo de Jesús para sepultarlo con la mayor dignidad posible. Es un relato que aparece en los cuatro evangelios (Mr 15.42-47; Mt 27.57-61; Lc 23.50-56; Jn. 19.38-42). Su planteamiento básico es el siguiente:

 

En tiempos de muerte injusta y violenta, surge la pregunta: ‘¿Dónde está Dios?’. Y aunque es una pregunta incómoda, resulta ser también una pregunta de central importancia para cuestionar nuestra fe, no tanto si creemos o no en Dios sino cómo expresamos en la historia esa fe que decimos tener. Jesús mismo, en la cruz, la realizó: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mr 15.34) […] Hoy nos seguimos preguntando: ¿dónde está Dios en medio de los 26 000 desaparecidos, en medio de los 100 000 muertos por la guerra contra el narcotráfico? ¿Dónde está Dios?[1]

 

El texto bíblico (Mr y Lc) afirma que José era miembro destacado del Sanedrín y todos los relatos añaden que era seguidor de Jesús, al igual que Nicodemo, quien lo acompañó (Jn 19.39-40). Marcos destaca que su petición fue osada y en Jn 19.38 se subraya que actuó “secretamente por miedo de los judíos”. José “hizo algo extraordinario que hoy se sigue repitiendo y que tiene un profundo sentido humano y cristiano: ‘pedir el cuerpo de la víctima’ para una digna sepultura. El principio Arimatea es, entonces, la petición valiente y audaz de recuperar el cuerpo de la víctima ante los propios verdugos”.[2] En estos tiempos, el principio se cumple cuando los familiares de desaparecidos acuden, también con osadía, coraje y rabia, ante los gobiernos e instancias correspondientes para recuperar y devolver los cuerpos. La conclusión de Ortiz es sumamente apelante y profética:

 

Esta acción es la que nos puede devolver la coherencia a los cristianos que profesamos la fe en Jesús, la verdadera reforma que busca la Iglesia, seguir su ejemplo hoy “detectando” los nuevos Gólgotas, es decir, los nuevos lugares donde se mata, se tortura, se despedaza a las víctimas inocentes de hoy, y ahí, en esos lugares de muerte bajarlos de la cruz, darles nombre, recordar su vida, exigir su justicia, generar esperanza y fortalecer nuestra fe. Bajar de la cruz a los crucificados para darles digna sepultura encierra desde contextos violentos y crueles una de las acciones más coherentes con el Dios de la misericordia y amor que proclamó Jesús de Nazaret.

Por lo anterior, según parece, Dios ya no está en el cielo ni sentado en una nube, a Él que también le mataron injustamente a su hijo, está haciendo fila —angustiado, impotente, desesperado—, en el ministerio público, en el hospital, en los “separos”, preguntando a la gente, pegando fotos en los postes y gritando en la calle: “¿Dónde está mi hijo? Devuélvanmelo”.[3]

 

Dios resucitó a su Hijo y le otorgó todo el poder

Ya con la certeza de que Jesús había vuelto a la vida, los 11 discípulos recuperados se trasladaron a Galilea, al lugar que él les había indicado (28.10, 16). La elección de ese lugar es enormemente simbólica y representativa: Galilea de los gentiles (Is 9.1; Mt 4.15), como era conocida, es decir, un cruce de caminos y de culturas que vendría muy bien como punto de partida para la misión universal que aguardaba a los discípulos como futuros apóstoles: “La presencia de Jesús en Galilea conecta al resucitado con el Jesús histórico, que ejerció su actividad en esa región”.[4] Al verlo, lo adoraron, aun cuando algunos todavía dudaban de que fuera realmente su maestro (17): “…la duda significa

que los discípulos no tienen fe suficiente para asumir el destino de Jesús. Según Mt, es la primera vez que tienen experiencia del resucitado, el vencedor de la muerte; saben que han de afrontar la muerte para llegar a este estado. Como Pedro en 14.31, no se sienten capaces de realizar en sí mismos la condición divina que ven en Jesús”.[5]

La respuesta rotunda del Jesús resucitado apuntó hacia la recuperación del poder que se le había otorgado por el hecho mismo de volver a la vida: “Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo” (18b). Durante su vida mortal, “el Hijo del Hombre” ya tenía “potestad en la tierra” (9.6) y ahora, a partir de la resurrección, “sentado a la derecha del Padre” (26.64), su poder y autoridad, como la del Padre, se universalmente, cósmicamente, por todo el universo (“tierra y cielo”). “A través de la cruz ha llegado a la plena condición divina. En virtud de esa autoridad universal, los manda en misión al mundo entero”.[6] Es el Cristo Pantokrátor, el Kyrios (Señor) que gobierna sobre todas las esferas de lo existente.

Con base en ese amplio poder y exaltación que le ha otorgado el Padre, la orden para ellos incluye ir y hacer discípulos en todas partes del mundo, bautizarlos en el nombre de la Trinidad divina y enseñarles todo lo que Jesús había enseñado (19-20a). “Aquí Jesús, el Hijo de Dios resucitado, ya no habla de una misión a Israel, sino que ordena a sus seguidores que hagan discípulos de todas las naciones”.[7] El horizonte de misión se había ampliado progresivamente a lo largo de todo el evangelio, con señales, gestos y anticipos cada vez más claros, especialmente a partir del cap. 13. Ahora, con el lanzamiento de la misión mundial en Galilea, queda absolutamente claro que la fe en Jesús desplegará su capacidad de universalización para inculturarse entre todos los pueblos de la tierra. Empoderados por el Espíritu para un ministerio de dimensión escatológica, los seguidores/as de Jesús conseguirán discipular a personas en todas las naciones para realizar el anuncio antiguo hecho a Abraham.

La promesa final es la garantía absoluta de la compañía del Jesús resucitado al realizar la misión encomendada: “Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo” (20b). Así se cumplirá el contenido de su nombre, Emmanuel: “Dios con nosotros” (1.23). Esa promesa es la que sostiene al pueblo de Dios de todas las edades y fundamenta su labor misionera y de servicio al mundo.



[1] Jesús Alejandro Ortiz Cotte, “El principio ‘Arimatea’”, en https://repositorio.iberopuebla.mx/bitstream/handle/20.500.11777/1868/El+principio+Arimatea.pdf;jsessionid=92B0C54ABD007281B9FA3061FB945AB0?sequence=1, p. 1.

[2] Ídem.

[3] Ibid., p. 3. Énfasis agregado.

[4] J. Mateos y F. Camacho, Evangelio de Mateo. Lectura comentada. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1981, p. 285.

[5] Ibid., pp. 285-286.

[6] Ibid., p. 286.

[7] Jack Dean Kingsbury, Matthew: Structure, Christology, Kingdom. Minneapolis, Fortress Press, 1975, p. 73. Versión: LC-O.

"Ha resucitado, tal y como lo había dicho", A.I. Edith Martínez Vázquez

4 de abril de 2021

¡Hoy es un día de celebración grandiosa, hoy celebramos la resurrección de Jesucristo, su victoria sobre la muerte, y junto con ello nos da vida, vida en abundancia y vita eterna! La promesa de que Cristo vendría a salvarnos está presente en todo el Antiguo Testamento; y en el Nuevo Testamento está el cumplimiento de su venida, su muerte, su resurrección y además la promesa de su segunda venida que esperamos con tanto anhelo. Este tema se basa en Mateo 28:1-15 el cual lo dividiremos en 3 puntos. 

1. Lo que Dios hace (Mateo 28.2)

Un gran terremoto

Un ángel del Señor removió la piedra; su aspecto era como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. 

Esto nos hace recordar también lo que Dios hizo cuando murió Jesucristo: Mateo 27.51-53, Marcos 15.33: 

·    Un terremoto

·    Las rocas se partieron

·    Se abrieron sepulcros

·    Se rasgó el velo del templo

·    El sol se oscureció y hubo tinieblas  

Dios manifestó su presencia en este acontecimiento, cosas fuera de lo normal para el ser humano, pero ante la muerte de Cristo hubo oscuridad, aparentemente era el fin. Pero en la resurrección de Cristo: 

·    Es el amanecer

·    Es la nueva vida

·    Es la nueva oportunidad

·    Es la luz

·    Es el renacer 

Ya no hay poder en la muerte, hay poder en la vida y la vida es Jesucristo. Dios es grandioso en sus manifestaciones porque sus obras son grandiosas. Cuántas veces hemos visto manifestaciones divinas para guiarnos, para hacernos sentir su presencia a través de su Palabra, de personas, de mensajes que oímos o algo que vemos, porque Dios está en todo. Dios nunca nos deja, ni aún en la muerte, porque con Cristo estuvo cuidando cada detalle en su muerte, cuidando su cuerpo, dónde sería puesto, quién reclamaría su cuerpo, quiénes cuidarían de él; nunca se apartó de Jesucristo, como nunca se aparta de nosotros por muy negro que sea nuestro panorama o nuestra adversidad. 

2. La reacción del ser humano

Por un lado, las mujeres con temor y gran gozo; sentimientos encontrados, corrieron a dar las buenas nuevas y adorando a su Señor cuando salió a su encuentro: la dicha de ver nuevamente al Maestro amado. Por otro lado, la reacción adversa de los guardias quienes temblaron de miedo y se quedaron como muertos; avisan a los principales sacerdotes quienes les dan dinero para decir mentiras, decir que sus discípulos habían robado su cuerpo durante la noche.

Siempre existirán quienes no creen, quienes rechazan, quienes difaman, quienes engañan a otros; y también los que creen, los que confían en Dios y quienes ven a Dios en todo. Así que Dios está siempre, lo crean unos o no lo crean otros, Dios está presente. 

3. La esperanza que Dios nos da

El ángel dijo: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo…”, destacando la promesa cumplida. Juan 2.19: “Jesús dijo: Destruid este templo y en 3 días lo levantaré; más él hablaba de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto y creyeron en la Escritura y la Palabra que Jesús había dicho”.

¿Cuántas promesas hay en su Palabra?, ¿cuántas tienes confirmadas que ha cumplido en tu vida?, ¿cuántas recuerdas?, ¿cuántas conocemos? La Biblia está llena de promesas gratas de Dios para los que confían y creen en Él; si las hacemos nuestras o las ignoramos es nuestra decisión, pero existen y están vigentes.

El ángel dijo a las mujeres: No teman (versículo 5). Jesús también dijo: No teman (versículo 10). Dios conoce nuestros temores y se ocupa de darnos confianza. Es necesario dejarle nuestros temores para emprender la acción que nos encomienda.

En esta narración la acción es: Ángel: “Id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos…” (versículo 7). Jesús: “…Id, dad las nuevas a mis hermanos…” (versículo 10).

Una promesa cumplida alegra el corazón y la vida. Nos hace confiar en quien hizo la promesa. Nuestra esperanza de que Jesús fue a preparar lugar para nosotros nos motiva y refuerza nuestra esperanza; esperanza no sólo del futuro anhelado, sino su presencia constante con nosotros. Nunca se aparta, ni aún en la muerte se aparta. Pero esa esperanza no sólo es para nosotros, porque la encomienda es “ve y dilo”.

¿Sabes quién creerá en esta salvación?, ¿Compartes la alegría de saberte amado, de sentirte seguro de tu vida eterna en Cristo Jesús? ¿Cuántas veces has compartido esa buena nueva de salvación?

Hoy es un recomenzar, una nueva oportunidad para compartir el amor de Cristo con quienes necesitan de su amor. Hay mucha gente necesitada de amor y de esperanza; y aún más en esta pandemia. Hablemos de la esperanza que nos dan sus promesas cumplidas de Dios. Y hoy también es una nueva oportunidad para ti que aún no conoces el amor de Cristo, y hoy Cristo dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” (Juan 11.25). ¿Lo crees?

Domingo de Resurrección, 4 de abril de 2021, 7 y 12 hrs.

 Domingo de resurrección

4 de abril, 7 hrs.

Preside: Hna. Alicia Almeida Páez

Introito

Porque no dejarás mi alma en el Seol,

ni permitirás que tu santo vea corrupción.

Me mostrarás la senda de la vida;
en tu presencia hay plenitud de gozo;
delicias a tu diestra para siempre.

Salmo 16.10-11

Preludio: Hno. Jacobo Núñez Cabrera 


¡Celebramos la vida del Señor!

Desde el principio, Dios había decidido que Jesús sufriera, y que fuera entregado a sus enemigos. Ustedes lo ataron y lo entregaron a los romanos, para que lo mataran. ¡Pero Dios hizo que Jesús resucitara! ¡Y es que la muerte no tenía ningún poder sobre él!

Hechos 2.23.24

Oración de ofrecimiento

Himno “Ya la batalla terminó” (194)

 

¡Anunciamos la esperanza en la resurrección!

Lectura del Nuevo Testamento: Mateo 28.1-15

 

Reflexión bíblica

 “HA RESUCITADO, TAL Y COMO LO HABÍA DICHO”

A.I. Edith Martínez Vázquez

 

Himno “Canta aleluya al Señor” (185)

Oración de gratitud

 

Bendición pastoral

 

Dios destruirá para siempre
el poder de la muerte.
Dios secará las lágrimas de todos
y borrará la vergüenza de su pueblo
en toda la tierra.                                                        

Isaías 25.8

 

Bendición coral congregacional

Himno “Ved al Cristo, rey de gloria” (229)

 

Postludio

 

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ACOMPAÑAMIENTO BÍBLICO

·  El primer día de la semana (lit. “el uno de la semana”) hace alusión, como en todos los evangelistas, al primer día de la creación (Gn 1.5). Comienza el mundo nuevo, la creación definitiva. Las dos mujeres, las mismas que habían sido testigos de la sepultura, han observado el descanso judío; no han roto aún con la institución que ha crucificado a Jesús. Van a visitar el sepulcro y esto las hace testigos de los sucesos.

·  EI temblor de tierra, como en la crucifixi6n (27.51), es señal de la teofanía o manifestaci6n divina. Anticipadas por la oración de Getsemaní y la transfiguraci6n, la muerte de Jesús y su resurrección muestran los dos aspectos complementarios de la misma teofanía: la muerte a manos de sus enemigos manifiesta el amor que da su vida (debilidad del amor); el sepulcro vacío, señal de la resurrección, el amor que da vida (fuerza del amor).

 

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Domingo 4 de abril, 12 hrs.

Preside: Hna. Feve Hernández Pérez

Introito

Dios dice:

“Mi pueblo me ama y me conoce;
por eso yo lo pondré a salvo.
Cuando me llame, le responderé
y estaré con él en su angustia;
lo libraré y lo llenaré de honores,
le daré muchos años de vida,
y lo haré gozar de mi salvación”.  

Salmo 91.14-16


Preludio: Hno. Jacobo Núñez Cabrera

 

Dios reafirma la supremacía de la vida

Llamamiento

Ministra: Dios entregó a Jesús para que muriera por nuestros pecados, y lo resucitó para que fuéramos declarados inocentes.

Respuesta: Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder.

Todos/as: Sabemos que Jesucristo resucitó, y que nunca más volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre él.             

Romanos 4.25, 6.4,9


Himno “Iglesia de Cristo” (205)

Oración de ofrecimiento

 

Experimentamos el perdón divino

Ministra: Señor, somos llamados por ti para “vivir como resucitados” ya en este mundo, y así proclamar la victoria de la vida en Cristo. Por ello, confiamos en que el Señor dignifica nuestra vida.

Confesión comunitaria. (Tiempo de oración en silencio; el ministro termina con oración audible)

Todos: Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a él. Hizo esto para mostrar, en el futuro, la bondad y el gran amor con que nos amó por medio de Jesucristo.

 Efesios 2.6-7

Himno “Porque Él vive” (192)

  

La auténtica fraternidad cristiana

Salutaciones

Himno “Unidos” (405)

 

Compartimos la Palabra de vida

Lectura del Antiguo TestamentoEzequiel 36.22-30

Lectura del Nuevo Testamento: Mateo 28.16-20

 

Reflexión bíblica

 

“DIOS ME HA DADO TODO EL PODER PARA GOBERNAR EN TODO EL UNIVERSO”

Pbro. L. Cervantes-O.

 

Nuestro Dios otorga vida y plenitud

Himno: “Tu Reino es vida” (55)

 

La entrega de fe

Abel confió en Dios, y por eso le ofreció un sacrificio mejor que el de Caín. Por eso Dios consideró que Abel era justo, y aceptó sus ofrendas. Y aunque Abel ya está muerto, todavía podemos aprender mucho de la confianza que él tuvo en Dios.                

Hebreos 11.4

Oración por las ofrendas

 

Proclamamos la vida divina en el mundo

Bendición comunitaria

El Dios de paz resucitó a nuestro Señor Jesús, y por medio de la sangre que Jesús derramó al morir, hizo un pacto eterno con nosotros. Somos el rebaño de Jesús, y él es nuestro gran Pastor. Por eso le pido al Dios de paz que haga que ustedes sean buenos y perfectos en todo, y que Jesucristo los ayude a obedecerlo. ¡Que Jesús reciba la gloria y la honra por siempre! Amén.                                                            Hebreos 13.20-21

 

Bendición congregacional

Himno “Roca de la eternidad” (642)

Postludio 

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ACOMPAÑAMIENTO BÍBLICO

·  Durante la vida mortal de Jesús, “el Hombre” había tenido potestad “en la tierra” (9.6); ahora, después de su resurrección, sentado a la derecha del Padre (26.64), su autoridad, como la de éste, se extiende a tierra y cielo. A través de la cruz ha llegado a la plena condici6n divina.

·  En virtud de esa autoridad universal, los manda en misi6n al mundo entero. Va a realizarse la promesa de Dios a Abraham (Génesis 17.4s; 22.18); toda la humanidad va a constituir el Israel definitivo.

·  “Id” muestra que Galilea es el punto de partida. La misión consiste en hacer discípulos, en proclamar el mensaje de Jesús para que los hombres sigan sus enseñanzas, aprendan su mensaje y lo practiquen.

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EL MENSAJE PASCUAL DE MATEO 

Jesús no se despide de sus discípulos. No “sube” al cielo, no les envía el Espíritu. Sino que se queda con ellos, y ésa es la aportación original de Mateo. Mateo sigue siendo “cristológico” hasta el final, señalando la presencia del Emmanuel. Mateo incluso ha querido manifestar, en este mensaje pascual, cómo el Señor ha emergido por encima de la tormenta de las maldades humanas mediante el divino poder de Dios, que lo ha arrancado de las tinieblas del seol. El Señor majestuoso que baja a la montaña es aquel que ha salido de las profundidades de los infiernos, a pesar de la piedra que los hombres habían corrido a la entrada del sepulcro. El Señor al que se le ha dado toda autoridad es aquel al que Dios ha liberado de las ataduras de la muerte.

Xavier Léon-Dufour, Resurrección de Jesús y mensaje pascual.

Salamanca, Ediciones Sígueme, 1973, p. 198.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...