lunes, 29 de diciembre de 2008

Navidad e historia de la salvación en medio de las crisis, L. Cervantes-Ortiz

7 de diciembre de 2008
Los niños no tienen ideas religiosas, pero sí tienen experiencias místicas, Experiencia mística de no ver seres de otro mundo. Y ver este mundo iluminado por la belleza.
RUBEM ALVES

1. Navidad y experiencia humana primordial
Estamos nuevamente en tiempo de Adviento, a punto de experimentar una vez más la alegría de la intervención directa de Dios mediante el nacimiento de su Hijo en el mundo. La intuición humana ha identificado esto con la imagen de la luz que viene al mundo a iluminar su oscuridad. Nada más exacto: la historia de la salvación es el proceso por medio del cual Dios ha manifestado históricamente su presencia en el mundo. La frase del filósofo griego, modificada por el teólogo Karl Barth, lo expresa maravillosamente: “El ser humano es la medida de todas las cosas desde que Dios se hizo hombre. Y es que en la Navidad celebramos el esfuerzo divino para entrar en la historia y quedarse en ella. A partir de la primera Navidad, Dios se quedó irremediablemente ligado al mundo: Dios se profanizó a sí mismo, se paganizó, se gentilizó. No obstante que desde la antigüedad más remota, en prácticamente todas las religiones existieron mitos de encarnación o transformación de dioses en seres humanos, aquello más bien parecía un juego, un capricho, como las famosas andanzas amorosas de Zeus, quien era capaz de adaptar su apariencia para seducir mujeres. El Dios cristiano no se hace hombre por capricho o para engañar doncellas, aunque la experiencia de María bien podría analizarse como una especie de “seducción del Espíritu”, porque ella se abre al misterio divino con una actitud que le ha granjeado enorme aceptación. Habría que recordar la historia de Jean-Luc Godard, Yo te saludo, María, que puede resumirse así:
El trabajo de Godard narra la historia de María, estudiante, hija del propietario de una gasolinera al que ayuda en sus tareas, aficionada al baloncesto y que recibe un día la visita imprevista de Gabriel en la gasolinera. Éste le anuncia que será madre del hijo de Dios. Preocupada, consulta con un ginecólogo, que le confirma su estado. La situación turba profundamente a la muchacha, la sume en un proceso de desconcierto, disgusto y rechazo, que tras una larga reflexión supera gracias a su generosidad, su espíritu de entrega y el descubrimiento de la fuerza de sus instintos maternales. El novio José, taxista de profesión, informado por el ginecólogo de la virginidad y el embarazo de María, accede a casarse con ella. El niño nace felizmente, pero pronto abandona a los padres. La obra es una fábula dramática ambientada en 1984, que trata de explicar la concepción de María, el desgarro emocional que provoca en ella y las razones de su aceptación. La fotografía combina postales brillantes tomadas del natural y composiciones de interior muy cuidadas, iluminadas con maestría, y de gran belleza visual. La banda sonora contiene fragmentos de Bach y Dvorak (el prólogo incluye fragmentos de Chopin y Mahler). Los desnudos de María se presentan con respeto, naturalidad y exentos siempre de sensualidad. La interpretación de los protagonistas es exquisita y convincente. La acción se desarrolla a ritmo pausado, que subraya la belleza y la fuerza poética de la obra. (www.filmaffinity.com/es/reviews/1/874528.html).
Rubem Alves ha dicho que él contaría esta historia mediante la metáfora del oído, es decir, cómo llega la Palabra divina y penetra en el oído de María para embarazarla a partir de la belleza. Dios viene, entonces, y humildemente, desde la oscuridad, entra al mundo humano para aprender otra forma de existencia. Dios no sabía lo que era sentir y vivir desde la humanidad debido a la distancia metafísica que lo separaba de los seres humanos. Como ser humano, el Hijo de Dios tiene que caminar desde el principio y así conocer el hambre, el frío, la sed, el sueño, la angustia, el miedo… Toda la gama de situaciones humanas.
Las crisis humanas es el otro gran referente de la Navidad: en medio de ellas, el Dios de Jesús de Nazaret interviene y toma partido por determinadas situaciones, personas o sectores. No es un Dios indiferente o apático que deja a la humanidad a su suerte. Su manera de intervenir procede de la debilidad, el abajamiento, el vaciamiento: la kénosis de la que habla San Pablo es un proceso de sometimiento del poder de Dios a las debilidades humanas. Cuando escribe a los gálatas y advierte que “venido el cumplimiento del tiempo”, el apóstol ubica la actuación de Dios en un marco histórico que él solo se pone a sí mismo, soberanamente, sin más motivo que el amor que siente por los seres humanos. La discontinuidad entre el tiempo cronológico (cronos) y el tiempo-duración (kairos) se aprecia en el marco conflictivo desde el que parte Pablo para sus afirmaciones. La oposición ley-fe, marcada por la confinación de los seres humanos en el marco estrecho de la ley “antes de que vinieses la fe”, era el rostro oculto, interno, de las oposiciones externas: nacionalidad, sexo y un larguísimo etcétera. Pablo atribuye a esa situación profunda las situaciones externas. Desde la mirada espiritual, el tiempo se venía desplegando como un mural de las intervenciones de Dios hasta llegar a la primera plenitud que fue el nacimiento de su Hijo en el mundo, como cualquier hijo de vecino.

2. Navidad y crisis coyunturales
Los peros de Pablo son sumamente aleccionadores: en Gál 3.23 a 4.7 hay cuatro de ellos, todos iluminadores y directos. “Pero antes de que viniese la fe” (3.23), referido a las condiciones de sometimiento a la ley; “pero venida la fe ya no estamos bajo ayo (paidagogos, 3.25), todavía en el plano de la época antigua, cuando el maestro, el conductor todavía cree que puede enseñarnos mucho y no renuncia todavía a ser nuestro preceptor: es la etapa de la oscuridad; “Pero también digo: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo”: la posposición de derechos hasta poder alcanzar la mayoría de edad; finalmente, “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo (4.4)”, cuando la historia estaba madura, por fin, para recibir al Hijo de Dios, no antes ni después, cuando la historia se había embarazado lo suficiente y las circunstancias, no el alineamiento de estrellas o planetas, en una coyuntura determinada, como si Dios se impacientara ante la arrogancia de los imperios (algo que se aprecia desde el salmo 2), hace su aparición Dios mismo en la historia en la figura de un niño. “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”, como cualquier persona común y corriente, sin ningún aspaviento, pues estas palabras son el equivalente de la historia que cuentan, con elementos maravillosos, como otros relatos mitológicos, y Pablo desnuda de tal forma el evento de la encarnación de Dios, para que, desprovista de esos detalles ornamentales, los gálatas entendieran la manera en que Dios mismo se enfrentó al predominio de la ley, el verdadero enemigo del plan de Dios y no los demonios u otros seres fantasmagóricos.
“Nacido bajo la ley”: porque la ley es la matriz de las armas de la muerte, las armas de la oscuridad que intentan someter al mundo bajo sus argucias. Sólo que no se cuenta lo suficiente con que el espíritu paternal/maternal de Dios recurre a la sensibilidad y a la ternura para hacerse presente en el mundo y en la vida de cada persona para transmitir su sentido de familiaridad y apego. Nacer bajo la ley es estar bajo el signo de Caín, del pecado, de la injusticia. A Dios, en su Hijo, le hacía falta caminar bajo esa sombra, bajo esa carga que ahora se sigue experimentando en medio de las crisis. La alternativa que Dios ofrece es su filiación, renacer como hijos suyos a la imagen de Jesús, reproduciendo la Navidad en cada vida. Ser hijos de Dios, expresa Pablo, implica hacer uso de ese espíritu de filiación que nos adopta como hijos y nos instala en una nueva situación de libertad y trato amable con lo sagrado, con la vida, con el mundo. La redención de los que están bajo la ley (4.5) es el objetivo máximo de la encarnación de Dios en el mundo. Dios no entra a la historia con bombo y platillo sino de la mano de un niño que desde su precariedad va a enseñarle cómo se vive desde el sometimiento para elevarse, progresivamente, a la dignidad de ser “hijos de Dios”, y a la humanidad, sus posibilidades de recuperar la filiación divina en medio de las crisis que permanentemente aquejan la vida humana. El “Dios con nosotros” en plenitud...

Estar con Dios (Isaías 9.1-6), Madre Joanna Burton

7 de diciembre de 2008

Isaías escribe en un momento en el que el pueblo está tentado de hacer alianzas con otras naciones contra un opresor temible y aterrador: primeramente con sus vecinos Israel y Siria, que presionan y amenazan a Judá, tratando de obtener su cooperación en una alianza contra Asiria, y después con la propia Asiria, empeñada en la conquista. Isaías describe a Judá como un “árbol del monte que se estremece a causa del viento” y juzga esas tentaciones como un pecado contra Dios y contra la relación especial de alianza de Judá con Dios. Judá está depositando la confianza en la fuerza humana, en la actividad humana, la fuerza de “los caballos y los carros” (2:7), en lugar de depositarla en Dios. Esa actitud es, en ultima instancia, idolatría (2:8), un acto de ensoberbecimiento humano (3:16ss) y una obra contra Dios, porque se olvida y se hace caso omiso de la presencia perdurable de Dios y de la fuerza que se desprende de esa presencia (3:8) – se olvida de la misericordiosa realidad de la promesa de Dios de guardar el pacto de amor.


Isaías pone en evidencia la otra cara de esa apostasía: Judá no vive según los mandamientos de Dios, la valiosa herencia de la ley del pacto, que muestra a la nación cómo comportarse como el “propio pueblo de Dios” que es: en lugar de justicia, existe derramamiento de sangre (1:15), opresión de los pobres y de los desamparados (3:14), un alarde de orgullo y de soberbia (2:11ss), un uso abusivo de la autoridad por los gobernantes (3:15). A lo que es malo se le dice bueno y a lo bueno malo (5:20): tanto la palabra como las “obras son contra el Señor” (3:8). Judá es como los viñedos plantados por Yahvé, que va a la viña esperando encontrar uvas buenas, pero “sólo había dado uvas silvestres” (5:2).
Isaías advierte que vendría una catástrofe sobre Judá a causa de su pecado. El “viñedo” quedaría
desierto, y sólo crecerían el cardo y los espinos; la nación sería derrocada, destruida y obligada a un amargo exilio. Dios utilizaría el poder temerario de Asiria para lograrlo. Entablaría un juicio contra Judá y su pecado. Sin embargo, ese juicio no habría de terminar en una catástrofe. Gracias a su penosa experiencia, Judá quedaría libre de pecado y purificada y sería llevada a ser lo que realmente es – posesión e instrumento especiales de Dios para la salvación universal. Los que quedaran sobrevivirían al “pesimismo” de la purificación y regresarían a Judá, ya no habría guerras: la autoridad no estaría ya en manos no ya de los corruptos y de los ávidos de poder, sino en las de Aquél que Dios nos da, un niño. La paz reinaría con justicia para siempre. Los planes de Dios tienen como objetivo nuestra verdadera paz y felicidad.
La tentación de confiar demasiado en los medios humanos es una constante de nuestra vida. ¿Quién de nosotros no ha planificado y organizado la propia seguridad, diciendo, al mismo tiempo, que es necesario confiar en Dios? El ritmo frenético de la vida contemporánea, con su incesante actividad y el deseo cada vez mayor de tener más: más cosas, más reconocimiento, más aceptación, mejor posición social, más éxito, suele ser un modelo de la clase de opciones de vida que Isaías condena calificándolas de “tinieblas”. Somos nosotros quienes organizamos todo, aunque paradójicamente lleguemos a ser esclavos de las cosas y de las personas que están fuera de nosotros mismos. Por supuesto, tenemos que actuar, planificar, organizar y relacionarnos, pero en una forma que permita a Dios seguir siendo Dios y estar en el centro de nuestras vidas. La gente suele tener la impresión de que está esclavizada, presa de un ritmo que no ha elegido, y sin saber cómo cambiar. Ese cambio puede requerir opciones costosas, que no pueden entender ni apreciar aquéllos que tienen como único objetivo el éxito material, ni tampoco, a veces, nuestras comunidades eclesiales, que no son inmunes a las influencias y a ser dominadas por las actitudes y propuestas del mundo secular al igual que Judá se sintió atraído por las costumbres idólatras de sus vecinos y las adoptó (2:6). Nuestras situaciones varían y son diferentes unas de otras: para cada una el camino a seguir será específico y concreto, pero ninguno de nosotros puede permitirse dejar de dedicar cierto tiempo diariamente a estar a solas con Dios en oración. Incluso en este caso, lo importante no es “hacer”, “decir oraciones” o “meditar sobre las escrituras”, por bueno que esto sea, sino simplemente estar con Dios, en presencia de Dios. Sin este encuentro deliberado diario, ese volver al Centro, ese reconocimiento amoroso de dependencia, rápidamente pasamos a idolatrar nuestras acciones y actitudes, a menudo sin darnos cuenta de ello. En términos de paz y de justicia, la paz sólo puede ser verdaderamente nuestra, tanto personal como universalmente, cuando se da a Dios su verdadero lugar, el lugar de Dios, cuando Dios es el que primero recibe nuestra justicia.

Letra 101, 30 de noviembre de 2008

DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
Julián Germán Molina Carrillo
El origen de 25 de noviembre se remonta a 1960, año en que las hermanas Patricia, Minerva y Teresa Mirabal fueron brutalmente asesinadas en la República Dominicana por su activismo político en contra del gobierno del dictador Rafael Leónidas Trujillo.
Las Hermanas Mirabal, llamadas las “Mariposas”, por ser este nombre secreto de Minerva en actividades políticas clandestinas en contra de la Tiranía Trujillista, se convirtieron en el máximo exponente de la crisis de violencia contra la mujer en América Latina, y su cruel asesinato y sometimiento en que su condición de mujer las mantuvo durante su vida, fue la causa que origino que el 25 de noviembre haya sido fecha elegido por el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Bogotá en el año 1981, para conmemorar sus vida y promover el reconocimiento mundial de la violencia de genero.
Sin embargo, la comunidad Internacional no reconoció explícitamente las alarmantes dimensiones de la violencia contra las mujeres a escala mundial, y fue hasta diciembre de 1993, cuando a nivel internacional la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Hasta entonces la mayoría de los gobiernos consideraba la violencia contra las mujeres como un asunto privado entre particulares, y no un problema generalizado que afecta y conculca gravemente los Derechos Humanos y requiere la intervención de los Estados como responsables de la protección, prevención, control, detección y sanción de toda forma de violencia por razones de genero, toda vez que constituye un problema social de grandes dimensiones, producto de una organización estructurada en relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y varones, y responden a patrones sociales y culturales profundamente arraigados en la sociedad y que se realiza en todos los niveles de la sociedad sin distinción de condiciones económicas, culturales y educativas.
Es alarmante que en nuestra sociedad, un sinfín de hechos de violencia no son comprendidos ni percibidos por gran parte de la sociedad, ni por nuestras autoridades y son precisamente la propia estructura social quien proporciona legitimidad a esos actos, en virtud de que no solo son perpetrados en el seno familiar, como generalmente se cree, sino ahora son ejecutados en diversos ordenes de nuestra comunidad en todas y cada una de su múltiples formas, la violencia atenta contra la libertad y los Derechos Humanos, además de que provoca daños, sufrimiento o muerte en cada una de las mujeres que la padecen.
Es importante resaltar que de acuerdo a investigaciones recientes las principales manifestaciones de violencia contra la mujer son: las lesiones personales, el homicidio, la violación, el abuso y acoso sexual, la prostitución y diversas formas de discriminación, es decir toda forma de exclusión o limitación contra la mujer por razón de genero, que afecta y menoscaba el reconocimiento y el ejercicio legitimo de sus derechos.
Bajo este contexto, de igual forma, es importante establecer que la violencia de género al transformarse en un problema que no solo acontece en la vida privada de las personas, sino que va mas allá trascendiendo a la vida en sociedad, toda vez que se ejecuta de igual forma en un centro de trabajo como en la familia, las autoridades juegan un papel fundamental para prevenirla, castigarla y en el mejor de los casos erradicarla.
Las leyes contra la violencia significan un importante avance en cuanto a la protección de los Derechos de las mujeres y su efectivo ejercicio, y al reconocimiento por parte de los Estados para dar respuesta a las múltiples demandas de la sociedad y para su incorporación como política publica, deben constituir unas de las principales funciones y objetivos de nuestros gobernantes, situación que lamentablemente aun no se logra, en virtud de que lamentablemente solo la mitad de los 192 países miembros de Naciones Unidas, tienen leyes para castigar la violencia domestica, mientras que el número se reduce aún más cuando se trata de leyes para combatir el acoso sexual, la trata y la discriminación laboral.
Bajo ese contexto y en el marco de su celebración, debemos establecer, que si la violencia contra las mujeres es una de las caras mas dolorosas de la discriminación que ha aumentado en todo el mundo, su erradicación debe ser uno de los principales objetivos de los Órganos Internacionales y de los Gobiernos, que deberán redoblar esfuerzos para crear condiciones favorables que garanticen la integridad de las mujeres y niñas así como la reafirmación de sus derechos en todos los ámbitos de la sociedad.

IGLESIAS VINCULADAS AL MUNDO ECUMÉNICO SE EXPRESAN SOBRE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA

El CLAI contó para el encuentro con el apoyo del UNFPA, Fondo de Población de Naciones Unidas. El mensaje surgido del análisis de tan importante tema, expresa: "Hemos coincidido que la salud sexual y la salud reproductiva son un estado general de bienestar físico, mental y social y no una mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados de la vida. Hemos reconocido el derecho implícito de las mujeres en sus diversas etapas de la vida, al igual que los varones a la planificación de la familia de su elección, así como a obtener información sobre salud sexual y salud reproductiva y acceso a métodos para la regulación de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos en la legislación de cada país de los cuales procedemos. Métodos seguros, eficaces, asequibles y aceptables, y que respeten en todo momento la autonomía y libertad de conciencia y convicciones personales." Los y las participantes citan "con dolor y alarma" las estadísticas de muertes que en América Latina afectan a las mujeres, en especial aquellas que viven en situación de pobreza extrema, a causa de abortos realizados en condiciones inaceptables y que son consecuencia directa de las políticas penalizadoras actualmente vigentes. "Cada número representa para nosotras y nosotros una vida de hermanas amadas por Dios y creadas a su imagen. Esas muertes, que se hubieran podido evitar, son un grito que pide justicia y solidaridad". Levantamos nuestras voces, dicen, y nos comprometemos para trabajar "para que el estigma que afecta a las mujeres que se someten a un aborto ilegal sea eliminado y así puedan acceder rápidamente a los servicios de salud. La dignidad y el respeto de todos los derechos humanos y el pleno ejercicio de los derechos de ciudadanía de todas y cada una de estas mujeres deben ser garantizados por las autoridades de acuerdo con las convenciones internacionales suscriptas". El compromiso del Foro de Género de CLAI Argentina, el Foro de Género y lucha contra la violencia CLAI Paraguay, el Foro de Mujeres CLAI Uruguay y la Pastoral de Juventud del Río de la Plata CLAI, se hace extensivo a sus comunidades de fe, las que "puedan monitorear, junto a otras organizaciones, estas acciones y acompañar en forma integral a estas mujeres". El mensaje recomienda las siguientes acciones:
• Promover programas sostenibles de educación sexual que propicien una vivencia de la sexualidad y procreación responsable, que evite el embarazo no deseado.
• Promover y asegurar programas que faciliten el acceso gratuito y confiable a todos los métodos y recursos legales que permitan evitar los embarazos no programados.
• Promover la difusión y el conocimiento de los derechos que todas las mujeres tienen en relación al acceso a la información, asistencia y asesoramiento de los diversos programas de salud sexual y salud reproductiva.
• Frente al dramático informe y realidad que reflejan las estadísticas de muerte de las mujeres sometidas a abortos clandestinos, buscar juntas y juntos respuestas más imaginativas y creativas que puedan detener esta situación.

La Iglesia llena del conocimiento de Dios (Día de la Unidad Presbiteriana), Miriam D. Ábrego Castañeda

30 de noviembre de 2008

domingo, 28 de diciembre de 2008

Letra 100, 23 de noviembre de 2008

SURGEN AMENAZAS Y DETENCIONES POR CASOS DE INTOLERANCIA RELIGIOSA
José Antonio Román y Elio Henríquez
La Jornada, 20 de noviembre de 2008

CARTEL CONMEMORATIVO DEL 500 ANIVERSARIO DE JUAN CALVINO

SALMO 23
Pedro Casaldáliga

Gozo y armonía en medio de la vida, L. Iván Jiménez J.

23 de noviembre de 2008

Entre el gozo del don y la responsabilidad de la exigencia, Josep Vives

23 de noviembre de 2008
En el Nuevo Testamento, los gálatas son como el prototipo de aquellos que, aunque habían aceptado nominalmente el cristianismo, todavía querían seguir viviendo según los viejos esquemas religiosos de obediencia servil a la ley. Pablo les ha de increpar con dureza inaudita.
"¡Oh, insensatos gálatas! ¿Quién os tiene fascinados aun después de haberos sido mostrado Jesucristo crucificado?... Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama ¡Abba, Padre!, de modo que ya no eres esclavo, sino hijo... Declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley. Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia, porque a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe (en la gracia) los bienes que se esperaban de la justicia (según la ley). Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por el amor... Hermanos, vosotros habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis esa libertad como pretexto para entregaros a vuestros egoísmos (literalmente: 'a la carne') Todo lo contrario: (libremente) servíos por amor los unos a los otros, pues toda ley alcanza su plenitud en ese solo precepto Amarás al prójimo como a ti mismo. Si, en cambio, persistís en morderos y devoraros mutuamente, vais camino de destruiros unos a otros" (Gal 3,1;
5,13-15).
En magnifica síntesis, se expresa aquí lo que es el vivir cristiano de gracia, en libertad y con responsabilidad. Ya no se trata de hacer méritos para ganarse a Dios con las propias obras: Dios se nos ha ofrecido de antemano, sobre todo mérito nuestro, enviándonos a su Hijo e infundiendonos su Espiritu. Por pura gracia suya, no quiere que seamos esclavos de nuestras obras, sino hijos que se saben incondicionalmente amados del Padre (cf. la parábola del hijo pródigo). Quiere que le amemos y le sirvamos en libertad, con amor y confianza de hijos no por la recompensa que esperamos o por el miedo de perderla. Por éso, sólo vale "la fe (en él) que actúa por el amor". El cristianismo es la gran "llamada a la libertad".
El don gratuito de la filiación nos pone en situación de seres libres y responsables ante Dios y los unos para con los otros. La libertad no es la capacidad de hacer lo que a uno le venga en gana, sino la capacidad otorgada al hombre para que se realice, no por puro determinismo biológico o natural—como las plantas o los animales—, ni por imposición o servidumbre a ninguna otra criatura—como en las diversas formas antiguas y actuales de esclavitud—, sino por autodeterminación hacia su bien por el libre arbitrio "albedrío" abierto a la comunión con el bien infinito de Dios. La libertad es el espacio para el amor, y por eso es don y es gracia: es la posibilidad de optar por el bien propio como algo ofrecido y posibilitado por otro, no impuesto ni por autodeterminación intrínseca de naturaleza, ni por coacción: es la capacidad de abrazar el bien y entregarse a él por amor de él mismo, sin compulsión alguna. Porque un amor necesario o impuesto ya no seria amor.
Un don que nos desposee
Pablo dejó bien claro que la filiación en libertad es un don—gracia— del amor de Dios, que quiere ser correspondido en puro amor. Pero la gracia, si es gratuita, no por ello es absolutamente incondicionada. Todo amor se ofrece gratuitamente; pero sólo puede subsistir y realizarse a condición de que sea acogido como tal. Un amor rechazado o no correspondido es siempre un amor truncado, una frustración. La gracia de filiación es una oferta de Dios que ha de permanecer frustada si uno no la acoge viviendo las exigencias intrínsecas de la filiación en la fraternidad. Esto es lo que dice Pablo con claridad meridiana: "Habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis esta libertad como pretexto para entregaros a vuestros egoísmos..." La libertad no es para "hacer lo que venga en gana", sino para vivir por opción intrínseca, y no por coacción extrínseca, la relación filial en una "fe que actúa por el amor". Y esa relación, nota inmediatamente el Apóstol, se vive sirviendo por amor el uno al otro. Nótese la aparente paradoja: la libertad acaba en servicio; pero no es un servicio de esclavo—impuesto—, sino de hombre libre—por opción de amor.

Letra 99, 16 de noviembre de 2008

AIPRAL se manifiesta ante la crisis global, afirmando que hay opciones para nuevos modelos sociales

1ra. a los Tesalonicenses 5:21"Examinadlo todo; retened lo bueno"

El Comité Ejecutivo de la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina (AIPRAL) que se reunió en Caracas del 5 al 10 de noviembre pasado, publicó una Carta Abierta con un mensaje para estos tiempos de crisis que se visualizan en la economía, pero que tienen sus múltiples expresiones dolorosas para la vida en la tierra, según palabras textuales de la misiva.
Caracas, miércoles, 12 de noviembre de 2008"Hoy debemos reconocer el rol profético asumido hace ya más de una década por la Alianza Reformada Mundial y sus Iglesias miembros al levantar su voz contra el sistema neoliberal impuesto desde las trasnacionales como modelo único imperial, que forzó a estados y gobiernos a abrir sus economías, y con ello fue devastando la vida de millones de personas condenadas a la exclusión, como así también al medio ambiente viendo sus recursos como mera mercancía. La Confesión de Accra (2004) lo expresa de esta manera: Se trata de una ideología que aduce que no hay otra alternativa y exige una cadena interminable de sacrificios a los pobres y a la creación. Promete la falacia de salvar el mundo mediante la creación de riqueza y prosperidad, se atribuye la soberanía sobre la vida y se exige una lealtad total que equivale a idolatría".Afirma que el agotamiento y fracaso de este sistema muestra "algunas paradojas como el tener que adoptar medidas proteccionistas que no se permitían siquiera imaginar, en tanto la mano invisible del mercado lo regulaba todo. Sin embargo, vemos como nuevamente el modelo se defiende a sí mismo, destinando millones de dólares a salvar el sistema financiero, cuyos montos iniciales podrían terminar con el hambre y la pobreza del mundo".No obstante AIPRAL considera que surge una nueva oportunidad. El mundo está siendo convocado a una transición y a la construcción de un nuevo paradigma, subraya. "Esta nueva arquitectura económico y social deberá estar sustentada sobre una nueva ética y espiritualidad de los pueblos, convocados por el llamado de Jesús a una vida en plenitud para todos y todas".En sentido profético, las Iglesias nucleadas en AIPRAL se comprometen a continuar trabajando en la construcción y defensa de más espacios de vida, "articulando con otros actores sociales y ecuménicos, gestando modelos de participación activa sobre los valores fundamentales del respeto a la diversidad, la solidaridad generadora de mayor justicia, que permita un nuevo ambiente de encuentro y cooperación entre los pueblos".

Paz y mansedumbre para la convivencia, L. Cervantes-O.

16 de noviembre de 2008
Salmo 37; Juan 14.15-31

1. La búsqueda de la paz según el salterio bíblico
Es posible hablar de la paz en diversos niveles, pues existe un contrapunto muy claro entre la necesidad humana de no experimentar conflictos y la realidad plagada, eventualmente, de alteraciones del estado de armonía, esencial para la convivencia. En la Biblia se manejan ampliamente estos niveles y muchos textos ejemplifican, en acto, la manera en que la paz puede llegar a establecerse, más allá de los ideales y los sueños, los cuales también cumplen una función en este proceso. Con todo, lo más importante que hacen muchos textos es afirmar la manera en que Dios construye situaciones de paz y armonía para la convivencia humana mediante la participación directa de sus hijos en el mundo, pues como bien subrayó Jesús en el llamado Sermón del Monte, los pacificadores serán bienaventurados y reconocidos como hijos de Dios, no necesariamente reconocidos o aceptados por su pacifismo. Este reconocimiento e identificación con el propio Dios plantea también la necesidad de forjar una cultura de la paz que abarque aspectos espirituales y sociales por igual.
La búsqueda de la paz, personal y colectiva, es uno de los grandes temas de los salmos. Pasar revista al contenido de buena parte de ellos es una experiencia de encuentro con las expresiones de muchos creyentes que vieron alterada su situación por situaciones en donde la paz, entendida como fundamento del equilibrio individual y comunitario, se trastorna al grado de que, como abre el salmo 37, se cuestiona a Dios sobre el “éxito” de los malvados. El tono exhortatorio del salmo, influido por la perspectiva sapiencial, orienta la lectura de quien, al encontrarse en circunstancias similares, se interroga sobre el rumbo de la vida En ese sentido, el salmo tiene una arquitectura que parte del silencio (la actitud mística por excelencia, para abordar el problema: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él./ No te alteres con motivo del que prospera en su camino,/ Por el hombre que hace maldades” (v. 7). Esta tónica guía la reflexión de quien, con una amplia experiencia vital, sabe que los caminos de la fe pasan por la incertidumbre que puede incidir sobre la estabilidad emocional, afectiva, moral y espiritual. Las condiciones óptimas para el buen trato con Dios y los semejantes no se cumplen objetivamente y la fe puede proyectarse hacia espacios en los que la opinión generalizada sobre el bien y el mal consigue establecerse, si como una norma, sí como origen de un estado de ánimo que no logra resolver los dilemas del momento.

Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. (vv. 8-9)

Sólo una sabiduría establecida con el paso de los años puede anticipar el futuro de esta manera, pues no se trata de tener una bola de cristal o de llevar a cabo procedimientos adivinitarios, sino de ser capaces de poseer una estructura mental, espiritual y teológica que permita situarse ante las contingencias vitales para propiciar apreciaciones equilibradas. Según el salmo, lo placentero no consiste únicamente en cruzar los brazos y esperar que la intervención divina resuelva todas las cosas. La impaciencia por la ausencia de paz en el mundo precede, sin lugar a dudas, a las acciones que hay que realizar para que el mundo se parezca cada vez a más a lo que la utopía del Reino de Dios tiene proyectado sobre él en el futuro. La ausencia de paz es una de las características del mundo que no ha sido transformado plenamente, pero su vocación para el Reino no desaparece.

2. La paz de Jesús y los dilemas del mundo
En el Cuarto Evangelio, cuando Jesús se refiere a la consecución de la paz no promueve esperanzas ingenuas, pues él mismo se hallaba inmerso en un proceso humano, político, social y teológico, de enorme complejidad. La segunda parte del discurso del cap. 14 puntualiza una serie de razones objetivas, desde su parecer, para normar el criterio de los creyentes de una nueva generación que estaban enfrentando oposición, cerrazón y rechazo hacia su práctica y mensaje. Las enseñanzas del Discípulo Amado para las comunidades que se hallaban bajo su influencia estaban marcadas por un fuerte compromiso humano que no cejaba en su empeño por construir nuevas formas de relación humana a pesar de los conflictos y la incomprensión de que eran objeto. Esas comunidades (llamadas juaninas) creían firmemente en que la intervención del Espíritu podría lograr establecer un nuevo estado de cosas en el mundo a partir de lo sucedido en el acontecimiento de Cristo: una práctica de justicia dominada por la confianza en que el Reino de Dios vendría a sustituir lo vivido hasta entonces. Sólo que en medio de estas certezas se encontraba precisamente el Imperio Romano, con su afirmación oficial de que había conseguido una paz que armonizaba (globalizaba, diríamos hoy) la situación de miles y miles de personas en el mundo conocido de la época. Porque hay decirlo con claridad: la afirmación de Juan 14.27 (“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”) tiene un trasfondo y una dedicatoria bien clara.
El trasfondo en la historia del trato de Dios con el pueblo, es la búsqueda y la esperanza del shalom, entendido no como la simple paz o ausencia de violencia, sino como un amplio estado de bienestar.
El significado básico de la palabra hebrea shalom “es bienestar y, desde luego, con una clara preponderancia del lado físico” (G. von Rad). Se trata de un estado de cosas positivo, que no sólo incluye la ausencia de la guerra y de la enemistad personal -ésta es el requisito previo, para la shalom-, sino que comprende además la prosperidad, la alegría, el éxito en la vida, las circunstancias felices y la salud entendida en sentido religioso. En su palabra de salud los hombres de Israel y del próximo oriente siguen hasta el día de hoy deseándose la paz, shalom. En la aclamación al rey se dice: “Que los montes mantengan la paz (shalom; otros traducen: salud, bienestar) para el pueblo; las colinas, la justicia. Que él dé a los humildes sus derechos, libere a los hijos de los pobres, reprima al opresor. Viva tanto tiempo como duren el sol y la lluvia sobre el césped, como los chubascos que riegan las tierras. Que en sus días florezca la justicia y la plenitud de la paz (shalom) hasta que deje de brillar la luna” (/Sal/071/072/02-07).[1]
Esta visión de la paz como estado amplio de bienestar, abarca también la práctica y experimentación de la justicia en todos sus niveles, pues la presencia de paz sin su contraparte es impensable en la perspectiva teológica del A.T. Por otra parte, la pax romana era resultado de un proceso de explotación mediante la violencia, de modo que Jesús se sitúa en medio de estas dos perspectivas para afirmar la novedad de la actuación de Dios: el espíritu o corazón de su obra radica en que la paternidad bien entendida de Dios viene a superar los desequilibrios e inequidades ocasionados por el abuso del poder de algunos seres humanos y la imposición de un estado falso de paz basado en la superioridad militar. Jesús, en otras palabras, desenmascara a quienes, en nombre de un poder superior, pretenden obtener la aceptación de los demás para proseguir en sus iniciativas de dominación ajena a la voluntad del Dios que desea afirmar la dignidad de cada ser humano en su especificidad. La paz de Jesús es una paz obtenida mediante las acciones del Espíritu en la vida de las personas.
Nota
[1] El evangelio según san Juan. Barcelona, Herder, 1979, p. 128s, www.mercaba.org/DIESDOMINI/PASCUA/DO-06C/ev-comentario.htm.

Paz y mansedumbre: algunas citas

16 de noviembre de 2008

Letra 98, 9 de noviembre de 2008

¿UN PARTIDO POLÍTICO EVANGÉLICO?
Roberto Blancarte
Milenio Diario, 28 de octubre de 2008
Hace algunas semanas escribí acerca de los evangélicos mexicanos y de mi impresión de que por lo menos una parte de ellos está orientándose hacia el conservadurismo. Días después recibí una invitación para presentar un libro, el cual, me parece, por primera vez nos permite confirmar con algunos datos duros esta tendencia. Se trata de Entre Dios y el César: Líderes evangélicos y política en México (1992-2002), escrito por el pastor Mariano Ávila Arteaga, quien es profesor de Nuevo Testamento en el Calvin Theological Seminary de Grand Rapids, Michigan, y del Seminario Teológico Presbiteriano de México y la Comunidad Teológica de México.
Mariano Ávila sostiene que, en los últimos años, los líderes evangélicos han cambiado en forma notable su concepción de la política y han desarrollado un activismo completamente inusual: “En un periodo relativamente corto, iniciando con el sexenio salinista y hasta nuestros días hablaran de la formación de un partido político a nivel federal; algunos lo intentarán en el estado de Chiapas; ofrecerán clientelar y corporativamente el voto evangélico a los diversos partidos y candidatos presidenciales para 1994, que se asegura representa por lo menos diez por ciento de la población total; formarán asociaciones civiles y religiosas para acaparar y organizar a las múltiples iglesias evangélicas; y se dedicarán a un activismo político religioso considerable, ente el gobierno federal y los gobiernos locales, en las alianzas y organizaciones de pastores, dentro de su propias cúpulas denominacionales y en menor grado en sus comunidades religiosas”.
El libro intenta hacer un recorrido por este cambio en el liderazgo evangélico, tanto en México como en algunos países de América Latina. Y hace notar, entre otras cosas, el relativo abandono por parte de las iglesias evangélicas del laicismo, el cual significó uno de sus valores centrales y que durante muchas décadas compartió con el Estado mexicano. Una de las manifestaciones de este alejamiento de los valores laicos entre algunos evangélicos es precisamente la intención de crear un partido que promueva los derechos de los evangélicos. Ha habido varios intentos de ese tipo. Ávila documenta los más obvios: “Promovido por organizaciones como La voz del cambio, de Porfirio Montero; Partido Evangélico Mexicano, de Jesús Alzúa; UNO, de José Enrique Tapia; Acción Republicana, de Julio Sprinkler Martínez; y el Partido Encuentro Social, de Hugo Éric Flores.”
Más allá de las historias específicas de todos estos y otros intentos, de los deseos reales entre los cristianos evangélicos de formar una conciencia social, una agrupación política que pueda hacer una denuncia profética, o una asociación que defienda sus derechos, lo preocupante es lo que significa para la democracia laica que está tan ligada en su propio origen al pensamiento protestante. Y que al parecer hay muchos evangélicos que apoyarían la idea de un partido evangélico, es decir confesional, aun en contra de esta tradición. Según el mencionado autor, a partir de una encuesta aplicada en julio y agosto de 2002 a diversos líderes medios de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, 43.71 por ciento de ellos estaría a favor de la formación de un partido político evangélico. Ciertamente, la muestra no es representativa de todo el pensamiento evangélico mexicano, pero indica muy claramente la enorme tentación de muchos cristianos protestantes o evangélicos en crear una o varias instituciones políticas que expresen sus demandas sociales y políticas.Si esto llegara a suceder en México, estaríamos repitiendo el terrible esquema de otros países, como Brasil, donde algunos evangélicos han llegado a formar bancadas parlamentarias y se han dedicado a empujar agendas confesionales, muy en la lógica de la competencia por obtener privilegios al igual que la Iglesia católica. Así, en lugar de participar como cristianos, protestantes y evangélicos en la política de su país, buscando el bien común sin distingos de creencias, muchos han preferido constituir agrupaciones políticas para obtener beneficios para sus propias denominaciones religiosas. En lugar de un Estado laico que garantiza libertad religiosa para todos y la creación de un espacio público desconfesionalizado, estos evangélicos han decidido pujar por un Estado multiconfesional, en el cual, en lugar de eliminarse los privilegios de la iglesia mayoritaria, ahora los privilegios se extienden a otras. La política se ha vuelto confesional y la laicidad de las instituciones públicas se cuestiona. En lugar de construir un Estado laico que garantice a todos, creyentes y no creyentes, las libertades de cada quien, las normas doctrinales y religiosas se inmiscuyen cada vez más en las políticas públicas, en detrimento de las libertades de quienes no comparten dichas visiones.En México, por suerte, esto no ha sucedido, pues la cultura laica sigue siendo fuerte. Pero ciertamente preocupa que ahora algunos de sus mejores seguidores se estén pasando al campo del confesionalismo político. Y que así como nadie desea un partido católico mexicano, tampoco es buena idea promover los partidos confesionales.
NUEVO INTENTO DE EVANGÉLICOS CHIAPANECOS PARA QUE SE AUTORICEN SUS RADIODIFUSORAS
José Antonio Román
La Jornada, 7 de noviembre de 2008

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...