martes, 19 de abril de 2011

Estructura del Evangelio de Juan





C.H. Dodd, Interpretación del Cuarto Evangelio. Madrid, Cristiandad, 1978. Reedición: 2004.



I. El proemio. Prólogo y testimonios (1)



II. El Libro de los Signos



Primer episodio: El nuevo comienzo (2.1-4.42)

Segundo episodio: La palabra que da vida (4.46-5)

Tercer episodio: El pan de vida (6)

Cuarto episodio: Luz y vida. Manifestación y rechazo (7-8)

Quinto episodio: El juicio por la luz (9.1-10.21, con el apéndice 10.22-39)

Sexto episodio: La victoria de la vida sobre la muerte (11)

Séptimo episodio: La vida a través de la muerte. El significado de la cruz (12.1-36)



Epílogo al Libro de los Signos (12.37-50)



III. El Libro de la Pasión


1. Los discursos de despedida (13-17)

2. El relato de la Pasión (18-19)

3. La resurrección y conclusión del libro (20)



Epílogo (21)

domingo, 17 de abril de 2011

Jesús, Jerusalén y la vida recuperada, L. Cervantes-O.

17 de abril, 2011


Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

Juan 12.23, RVR 1960


1. Jesús es glorificado al entrar a Jerusalén

En el proyecto narrativo del Cuarto Evangelio, la entrada de Jesús a Jerusalén en la fiesta de la Pascua marcó uno de los momentos en los que debía de comenzar la glorificación de su persona como Hijo de Dios en el mundo. A la pregunta popular sobre la actitud que tomaría Jesús en relación con la fiesta, si se presentaría allí o no (11.56b), el evangelio responde afirmativamente (12.12), lo que desencadena una reacción de esperanza expresada en la forma con que lo reciben. Mientras la gente se plantea esa duda, el texto se encarga de mostrar cómo los planes alternativos en su contra también estaban en marcha (11.57), simultáneamente a su decisión previa de entregar su vida voluntariamente. Ambos proyectos, por así decirlo, el divino y el humano, confluirán en los grandes episodios de la Pasión. El complot incluyó también a Lázaro, testimonio viviente de su acción vivificadora (12.10-11), puesto que le ganó a Jesús muchos seguidores. Es más, ése fue el motivo, según se dirá más adelante (12.18) para que la multitud acudiera a recibirlo, pues se trató de uno de los mayores signos que había realizado.

Para Juan, la idea de la realeza de Cristo tiene una enorme importancia, de ahí la cita de Zacarías (9.9) que se utiliza para enmarcar e interpretar los gritos de la multitud. El relato en sí, sumamente escueto, es explicado por los vv. 16-19, que dan cuenta, primero, de la absoluta incomprensión del suceso por parte de los discípulos y, después, de su significado a la luz de su “glorificación” (resurrección) posterior. De modo que ellos visualizarían después en esta “entrada triunfal” a Cristo muerto y resucitado llegando a la ciudad de manera gloriosa, como un auténtico rey. “El rey que llega es el vencedor de la muerte (muriendo)”.[1] Al no colocar la “purificación del templo” después de su ingreso a Jerusalén, algo que ya había sucedido (2.13-25), el Cuarto Evangelio destaca con mayor intensidad el acto de glorificación que significó su llegada y las palabras que pronunciará para explicar su muerte próxima. Jesús ya había estado muchas veces en Jerusalén y el entusiasmo que despertó esta nueva (y última) visita se debió a la resurrección de Lázaro (v. 17).

La primera parte del relato concluye con un contrapunto: la irónica y amarga afirmación de los fariseos acerca de la manera en que el “mundo” está aceptando el mensaje de Jesús (12.19). La palabra “mundo” tiene un significado muy amplio: “es el ‘mundo’ del género humano al que Dios amó (3.16) y al que Cristo vino a salvar (3.17; 4.42). (Es el mismo juego de palabras que tenemos en 7.4: ‘Manifiéstate al mundo’.) La muchedumbre aclamando al rey que llega es una anticipación de toda la humanidad unida balo la soberanía de Cristo”.[2] Pero es un rey en la estela mesiánica anunciada por el profeta Zacarías, contradictoriamente montado en un asnillo, aunque Jn ha eliminado la mención a la humildad (destacada, a su vez, por Mt). Las palmas son una evocación de nacionalismo macabeo, pues cuando Judas Macabeo purificó el templo después de la abominación de Antíoco, los judíos de posesionaron de la ciudad llevando ramas de palmera. “Sobre la base de este trasfondo, las acciones de la multitud en la escena joánica parecen tener resonancias políticas, como si recibieran a Jesús en calidad de liberador nacional”.[3] De ahí que los clamores retomen el “Hosanna” (“Salva ahora”) del salmo 118. Era el grito que se usaba para recibir triunfalmente a los reyes (II S 14.4; II R 6.26). Jesús se sube al asno como reacción a la aclamación de la que es objeto, es decir, la realiza como gesto de glorificación, pero no en el sentido que la multitud supuso, puesto que la multitud reaccionó con un “malentendido nacionalista” (Brown).


Lo decisivo es para Juan la primera frase del v. 15, tomada al parecer de Sof 3.16. El correspondiente pasaje de Sofonías dice a Israel que Yahvé esté en medio de él como “rey de Israel”, pero la imagen de este rey está desprovista de rasgos nacionalistas. Hacia Jerusalén, henchida de la presencia de Yahvé, acudirán gentes de toda la tierra en busca de refugio (3.9-10). Yahvé salvará a Israel de todos sus enemigos; sobre todo salvará a los lisiados y reunirá a los proscritos (3.19). Este pasaje esclarece la forma en que Jesús deseaba que la multitud interpretase la resurrección de Lázaro. Se trata del don de la vida que se ofrece a todos los pueblos de la tierra, no de un signo de gloria nacionalista para Israel. No deben aclamarle como rey terreno, sino como manifestación del Señor su Dios que por fin está en medio de ellos (Sof 3.17) para congregar a los dispersos.[4]


2. Profecía y anuncio de su entrega y victoria

Los fariseos, así, son presentados como testigos involuntarios de la universal aceptación de Cristo por parte de la humanidad. Inmediatamente después de su llegada a la ciudad, un grupo de griegos se acerca a él, mediante los discípulos que llevaban nombres griegos, Felipe y Andrés. Eran prosélitos probablemente, por lo que se encontraban allí para asistir a la gran fiesta judía. Ellos representan a todo el mundo, al que se han referido los fariseos y son algo así como la “vanguardia del género humano” (Dodd) que viene a Cristo. Desean “ver a Jesús”, una frase que, para el vocabulario juanino, no puede significar sino un empeño espiritual por alcanzar la visión de Dios y de la vida eterna (6.40). La presencia de ese tipo de peregrinos es el marco para que Jesús subraye la universalidad de su obra redentora a partir de la metáfora de la semilla que muere para dar vida. Jesús habla como si estuviera ya delante de la consumación misma de su obra, es decir, su pasión. Se subraya que la hora de la crisis ha llegado, pero siempre en la clave de la “glorificación” (v. 23).

Jesús expresa, en un orden admirable de enseñanza, que él es la semilla que morirá para ofrecer vida (v. 24); que la vida aparentemente perdida se desdoblará en vida eterna (v. 25) y que seguirlo a él significará ser honrado por el Padre (v. 26). A eso le sigue una exclamación de turbación (v. 27), equivalente a la manifestada en el Getsemaní según los Sinópticos (y a Heb 5.7-9) , pero ahora respondida desde los cielos mediante una auto-afirmación de la gloria divina (vv. 28-29). “El juicio de este mundo” (v. 31) ha comenzado y él anuncia que será levantado, sacrificado, para “atraer a todos hacia sí mismo” (v. 32). Este levantamiento, su martirio, provocará una aceptación de su trabajo salvador que las comunidades juaninas vieron como una comprobación de su glorificación.

La incomprensión por sus palabras se hace presente ante la duda por la permanencia del Mesías (v. 34) y el pasaje concluye con una obligada referencia a la luz, cuya impronta sigue presente en su actuación (v. 35), pero que será apartada pronto. El final del v. 36 provoca un suspenso y un instante climático: “Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos”. “La Luz se retira; los incrédulos quedan en tinieblas” (Dodd).


Notas

[1] C.H.Dodd, Interpretación del Cuarto Evangelio. Madrid, Cristiandad, 1978, p. 371.

[2] Idem.

[3] R.E. Brown, El evangelio según Juan. Vol. I. Madrid, Cristiandad, 1979, p. 793.

[4] Ibid., pp. 794-795. Énfasis agregado.

sábado, 9 de abril de 2011

Cultos de Semana Santa 2011



Alberto Durero, Crucifixión, ca. 1500




CULTOS DE SEMANA SANTA


Tema:


EL DIOS CRUCIFICADO: LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN




La cruz ni se ama ni se puede amar. Y sin embargo, sólo el Crucificado es el que realiza aquella libertad que cambia al mundo, porque ya no teme la muerte. El Crucificado fue para su tiempo escándalo y necedad. También hoy resulta desfasado ponerlo en el centro de la fe cristiana y de la teología. Con todo, únicamente el recuerdo anticuado de él es el que libera a los hombres del poder de los hechos presentes y de las leyes y coacciones de la historia, abriéndolos para un futuro que no vuelve a oscurecerse. Hoy lo que interesa es que la iglesia y la teología vuelvan a concentrarse en el Cristo crucificado, para demostrar al mundo su libertad, si es que quieren ser lo que dicen de sí mismas, es decir, la iglesia de Cristo y teología cristiana.


Jürgen Moltmann, El Dios crucificado




Marcos nos ofrece un Jesús que toca los límites más hondos del abandono y sólo después de la cruz puede ser reconocido como Hijo de Dios. En Lucas el abandono no es presentado de forma tan cruda y radical y la pasión y crucifixión aparece como la ocasión para manifestar la grandeza del amor y del perdón divino. La narración de Juan es muy diversa. Es la narración de un Jesús dueño de su propio destino cuya vida nadie se la quita sino que él la entrega voluntariamente (cf. Jn 10.18). Es su glorificación. Casi la entronización de un rey en el mundo…






Domingo 17, 10.30 hrs.


Jesús, Jerusalén y la vida recuperada




Expositor: L. Cervantes-O.




Dirige: A.I. Angelita Martínez








Domingo 17, 17.30 hrs.


Vésper de Palmas




Alabanza y reflexión








Lunes 18, 19 hrs.


La humildad de Jesús y el anuncio de la traición




Expositor: A.I. Ricardo Ruiz O.




Dirige: D.I. Israel Núñez C.








Martes 19, 19 hrs.


El gozo de Jesús en el mundo: la obediencia al Padre




Expositora: A.I. Edith Martínez Vázquez




Dirige: A.I. María Elena Paredes








Miércoles 20, 19 hrs.


El Espíritu anunciado por Jesús: guía hacia la verdad




Expositor: Lic. Raúl Méndez Y.




Dirige: A.I. Vicente Orozco G.








Jueves 21, 19 hrs.


Comunión, presencia en el mundo y vida eterna




Expositor: L. Cervantes-O.




Dirige: Consistorio



Hacer hoy teología de la cruz implica sobrepasar la preocupación por la salvación personal, preguntando por la liberación del hombre y su nueva relación con la realidad de los inextricables círculos en su sociedad. ¿Quién es el verdadero hombre a la luz del hijo del hombre rechazado y resurgido para la libertad de Dios?
Realizar hoy teología de la cruz significa, por último, tomar en serio a la teología reformada en sus exigencias crítico-reformadoras, haciendo que sobrepasen la crítica a la iglesia para convertirse en crítica a la sociedad. ¿Qué significa el recuerdo del Dios crucificado en una sociedad oficialmente optimista que camina por encima de muchos cadáveres?
J. MOLTMANN


Viernes 22, 12 hrs.


El Dios crucificado y la abolición del sufrimiento humano




Expositor: L. Cervantes-O.




Dirige: Consistorio



Quien reconozca a Dios en la bajeza, debilidad y muerte de Cristo, no lo hace en la supremacía y divinidad soñada por el hombre que busca a Dios, sino en la humanidad que él mismo ha abandonado, rechazado y despreciado. Y esto destruye su soñada semejanza con Dios, que lo convirtió en un monstruo, y lo hace volver a su humanidad, que hizo suya el verdadero Dios.
J. MOLTMANN





Domingo 24, 7 A.M.


La resurrección: fe de Magdalena y las demás mujeres




Expositora: Hna. Graciela Arellano




Dirigen: Hnas Nelly Arroyo y Lidia González





La anticipación del resurgimiento de los muertos en el de Jesús de entre los muertos puede tener un efecto estimulante para hombres abiertos al mundo y al futuro. Pero nada significa, pues no los alcanza, para hombres cerrados al futuro y privados de esperanza, para el hombre encorvado en sí mismo y para el narcisista enamorado tristemente de sí mismo. Sólo los sufrimientos sustituyentes y la entrega de Cristo en su muerte de cruza “por ellos” lleva esperanza a los desesperanzados, futuro a los condenados a la caducidad y nuevo derecho a los injustos. J. MOLTMANN



Domingo 24, 11 A.M.


Concierto de Resurrección, Coro Laudate Dominum


Jesús resucitado: fe, incredulidad y esperanza








Expositor: L. Cervantes-O.
Dirigen: Hna. Noemí Pastor y D.I. Miguel Medina
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CELEBRACIONES DE LA RESURRECCIÓN

Rubem Alves

Los cristianos incluyeron una declaración extraña en su Credo. Decían que creían y deseaban la resurrección del cuerpo. Como si el cuerpo fuese la única cosa que importara… ¿Pero habrá algo que importe más? ¿Habrá una cosa más bella? Él es como un jardín, donde crecen flores y frutos.
Crece la risa,/la generosidad,/ la compasión,/ el deseo de luchar,/ la esperanza;/ la voluntad de plantar jardines,/ de engendrar hijos,/ de dar las manos y pasear,/ de conocer…
Y él desborda las aguas que van subiendo, y ellas salen de él, y el desierto seco se vuelve un oasis regado. Así es: en este cuerpo tan pequeño, tan efímero, vive un universo entero y, si pudiera, bien que daría su vida por la vida del mundo. En nuestro cuerpo se revela el deseo de Dios. A fin de cuentas, lo que nos susurra la doctrina de la encarnación es que Dios, eternamente, quiso tener un cuerpo como el nuestro. ¿Había usted pensado en esto? ¿Qué en Navidad lo que se celebra es nuestro cuerpo, como algo deseado por Dios?
Pero el cuerpo no es sólo fuente que desborda: es un cuello que acoge. El oído que escucha el lamento, en silencio, sin decir nada… La mano que asegura a la otra…
El poema, que es magia que transustancia el mundo, colocando en él cosas invisibles, sólo reveladas por la palabra. La capacidad mágica de escuchar las lágrimas de alguien, lejos, nunca visto, y llorar también.
Mi cuerpo desborda y fertiliza el mundo…
El mundo desborda y mi cuerpo lo recibe…
Tan simple, tan bello.
Pero algo extraño sucedió. Algo nos tentó, y comenzamos a buscar a Dios en lugares perversos.
Pensamos encontrar a Dios donde termina el cuerpo: y lo hicimos sufrir y lo transformamos en bestia de carga, en enemigo a ser silenciado, y así lo perseguimos, hasta el punto de elogiar la muerte como camino hacia Dios, como si Dios prefiriera el olor de los sepulcros a las delicias del Paraíso.
Y nos volvemos crueles, violentos, permitimos la explotación y la guerra. Pues si Dios se encuentra más allá del cuerpo, entonces todo puede hacérsele al cuerpo.
Escribí estas cosas como celebraciones de resurrección.
En la esperanza de la resurrección de los muertos.
Para exorcizar la muerte, que nosotros mismos alimentamos con nuestra carne.
Invocaciones de alegría y belleza.
Quien tiene alegría y ama la belleza puede luchar mejor.
Los cuerpos resucitados son guerreros más bellos porque traen en sus manos los colores del arco-iris.
Y los cuerpos se transforman entonces en simiente que fecunda la tierra para que nazca el futuro…



viernes, 8 de abril de 2011

Letra 216, 10 de abril de 2011


¿PUEDE SUFRIR DIOS? José Luis Caravias


Hoy en día, subidos a las nubes rosadas de las teorías abstractas, hemos perdido la capacidad del asombro. Nos parece normal la visión de la imagen del Crucificado, y afirmamos con toda tranquilidad que ese crucificado es Dios cia de la admiración y el asombro ante la verdad histórica de la muerte horrenda del Hijo de Dios a manos de los que se decían creer que "murió por nuestros pecados". Necesitamos redescubrir la vivencia de la admiración y el asombro ante la verdad histórica de la muerte horrenda del Hijo de Dios a manos de los que se decían creer en Dios. Por mucho tiempo, siguiendo los principios de la filosofía griega, casi todos los cristianos han creído que Dios no puede sufrir. La divinidad, según ellos, no puede padecer; si sufriera no sería Dios. Pero en la Biblia se presenta Dios de una manera muy diferente.

El núcleo del mensaje cristiano es la pasión y muerte de Jesús, y sabemos por la fe que el Crucificado es Dios. Además, el sacrificio del Hijo de Dios por la reconciliación del mundo se renueva cada día en la Eucaristía. La conmemoración de la pasión-resurrección de Cristo por la palabra y sacramento ha alimentado siempre la fe cristiana en Dios. Pero, ¿de qué modo Dios está comprometido en la historia de la pasión de Cristo? ¿Cómo es posible que la fe cristiana considere la pasión de Cristo como revelación de Dios, si la divinidad no puede padecer? ¿Dios hace sufrir al hombre Jesús por nosotros o es que Dios mismo sufre en Cristo por nosotros?

Si Dios fuera incapaz de padecer, la pasión de Jesús sería meramente una tragedia humana. Es más, el que sólo vea en la pasión el sufrimiento de un buen hombre, llamado Jesús de Nazaret, corre el peligro de considerar a Dios como un poder celestial frío, antipático y cruel. Ello sería destruir la fe cristiana. Por eso muchos teólogos actuales se ven obligados a implicar a Dios en la pasión de Cristo y a descubrir esta pasión en el seno mismo de Dios. La misma piedad cristiana tradicional siempre ha adorado al Crucificado como Dios y ha hablado sin problemas de la "pasión de Dios".

Hagamos algunas distinciones. Dios ciertamente no puede sufrir al estilo de los humanos. A él no le puede venir ningún sufrimiento inesperado, como fatalidad o castigo. El no está sujeto al dolor al modo de la criatura limitada y perecedera. Pero esto no quiere decir que Dios no pueda padecer de ninguna manera. Si Dios fuera impasible en absoluto, seguramente sería incapaz de amar. Sería capaz de amarse a sí mismo, pero no a sus criaturas. Pero si Dios es capaz de amar a otros, está expuesto a los sufrimientos que le acarreará este amor; aunque el mismo amor no le permite sucumbir al dolor. Dios no sufre, como la criatura, por faltarle algo. En ese sentido él es impasible. Dios padece por efecto de su amor, que es el desbordamiento de su ser. En este sentido Dios parece estar sujeto al sufrimiento. Los judíos en el Antiguo Testamento se tomaron en serio el tema del sufrimiento divino. Dios es libre y no está sometido al destino. Pero, movido por el amor, se comprometió en una Alianza. El es "Dios de los dioses" y al mismo tiempo es el Dios aliado del pequeño pueblo de Israel. Reina en el cielo y vive a la vez entre los seres inferiores y humillados.

En la Alianza Dios se vuelve vulnerable: vive las experiencias de Israel, sus triunfos, sus pecados, sus sufrimientos. Su existencia y la historia del pueblo están estrechamente ligadas. Dios tiene una relación libre y apasionada con sus criaturas. El Eterno toma en serio a los hombres, hasta el punto de sufrir con ellos en sus luchas y de sentirse herido por sus pecados. Según cuentan los profetas, Dios siente amor por su pueblo como un amigo, como un padre (Os 11,1-9; Mal 3,17; Sal 102,13), o una madre (Is 49,15-16; 66,13), y hasta como un amante decepcionado (Ez 16; Is 54,4-10; Os 2,6-7).

El Dios del universo se comporta como padre "paciente y misericordioso" (Sal 102,8), que sabe sufrir a su modo.

El sabe lo que es padecer el sufrimiento del amor: "Cada vez que le reprendo... se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión" (Jer 31,20). "Me da un vuelco el corazón y se me revuelven todas las entrañas" (Os 11,8), hacen decir los profetas al mismo Dios. Decir que Dios es amor es decir que es vulnerable. Dios ama y, por tanto, puede ser correspondido o puede ser rechazado. Y la historia muestra duramente la gran capacidad del hombre para rechazar el amor. Eso no le es indiferente a Dios. El sufre por el rechazo del amor.

Sin embargo, el amor no quiere el sufrimiento. El amor quiere la felicidad del otro y sigue amándolo aunque él se niegue a amar. Asume su dolor porque lo ama y quiere compartirlo con él. Tal es el sufrimiento de Dios, fruto del amor y de su infinita capacidad de solidaridad.

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EL CONSEJO PASTORAL COMO PRÁCTICA DE SABIDURÍA (III)

Daniel Schipani Visiones y Herramientas, 2004


Los consejeros pastorales se interesan en las expresiones múltiples de fidelidad y crecimiento en la vida definida por la fe o discipulado. Así procuran relacionar esa fidelidad y ese crecimiento a los ámbitos del aconsejamiento y a las agendas ricas y complejas de quienes solicitan nuestro servicio. Hay desde luego innumerables situaciones que requieren aconsejamiento pastoral cuando se enfrentan los desafíos y las luchas de la vida (por ejemplo, decisiones vocacionales, serios conflictos matrimoniales, el dolor y la muerte, o el abuso emocional o sexual). En todas las ocasiones la reflexión teológico-pastoral y la tarea de aconsejamiento deben establecer conexiones significativas entre el problema o foco particular de atención que presentan las personas y la comprensión del crecimiento humano a la luz de la fe cristiana. El crecimiento espiritual se entiende entonces a la luz de la convicción de que "Cristo es poder y sabiduría de Dios…al cual hizo Dios por nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención…tenemos la mente de Cristo." (I. Cor. 1:24b, 30b; 2:16b). En tanto representantes de Cristo, los consejeros pastorales atienden a su propio crecimiento espiritual y procuran practicar su ministerio a la manera de Cristo. Esta clase de aconsejamiento supone entonces varias dimensiones interrelacionadas de identidad y carácter de parte del consejero, incluyendo ciertas maneras de percibir y conocer (visión), de ser y de amar (virtud), y de vivir y trabajar (vocación). Los consejeros pastorales realizan tal representación en medio de esa relación tan especial que define al aconsejamiento como pastoral en el sentido específico del término. En otras palabras, los consejeros pastorales procuran explícitamente establecer una relación de cuidado pastoral en el nombre y en el espíritu de Cristo. Obviamente, se espera que algo similar ocurra en el caso de personas cristianas que trabajan en las ciencias humanas prácticas como lo son la educación y la psicoterapia u otra forma de psicología aplicada. En tales casos esperamos, también, que los profesionales cristianos trabajen "cristianamente" y con un carácter cristiano. La diferencia respecto a los consejeros pastorales, y especialmente los pastores en tanto consejeros, es que todos éstos representan también a la iglesia en forma explícita. Además, representan intencionalmente a Cristo como quien guía y orienta, reconcilia, apoya, y sana a los necesitados de la Gracia en medio de sus desafíos y luchas existenciales.

4. El consejo pastoral debe fundamentarse en la Escritura

La fundamentación e inspiración bíblica del consejo pastoral debe reflejarse y expresarse de varias maneras interrelacionadas, incluyendo las cuatro que destacamos en los próximos párrafos. Tomados en conjunto, estos principios nos ayudan a definir lo que significa aconsejar bíblicamente como un rasgo esencial del consejo pastoral. Los pastores consejeros trabajan con un marco y una perspectiva de la sabiduría presentada en la Escritura como una manera especial de hacer teología. Este marco referencial está en armonía con la afirmación de que la Escritura revela en forma veraz y confiable la naturaleza y el destino humanos, con una visión de la vida plena, cuando se la interpreta en armonía con Jesucristo, la Palabra encarnada, Sabiduría de Dios, según la guía del Espíritu y en medio de una comunidad que busca y discierne la voluntad divina.

Tal marco referencial y perspectiva determina decisivamente nuestra visión de la realidad, del conocer y de la verdad; de la formación y la transformación; de la naturaleza del bien, y de la plenitud humana, y del diario vivir con sabiduría para amar y trabajar. El consejo pastoral—en forma análoga a la predicación y la enseñanza—incluye la consideración debida a las narrativas, enseñanzas, poesía, profecía, y otros materiales bíblicos, en la medida que tales variaciones de la Palabra escrita iluminan y responden a las necesidades de orientación en medio de los desafíos y las luchas de la vida. Podríamos de hecho identificar varias posibilidades de aplicación.

Sin embargo, la Biblia no se considera meramente como un instrumento útil para el consejo pastoral, sino como que contribuye en forma decisiva a definir las metas, los procesos, y el contenido mismo de este ministerio. Por lo tanto, los consejeros pastorales afirman el poder de la Escritura como agente de revelación e iluminación y cambio. Simultáneamente, han de permanecer concientes de las situaciones específicas que abordan en la consejería y ser sensibles a las necesidades particulars y el potencial único de crecimiento de quienes necesitan su servicio.

De todas maneras, la Biblia no debe conformarse a las metas de la consejería o la psicoterapia, sino al revés. Toda teoría y enfoque psicológico o psicoterapéutico utilizado en el aconsejamiento pastoral debe ser consistente con el poder de la Escritura de revelar sabiduría a la luz de Dios. Este principio supone la afirmación de que la Biblia es el texto de la iglesia por excelencia.

Los consejeros pastorales prestan especial atención a un proceso hermenéutico único cuya meta es el discernimiento sabio, la toma de decisiones sabias, y el sabio diario vivir. Reconocen que el proceso del aconsejamiento, visto como un encuentro dinámico con esos documentos vivos que son las narrativas de la vida de las personas a quienes sirven, incluye una estructura inductiva análoga a la lectura del texto bíblico en términos de ver, juzgar, y actuar.

Reconocen además que el proceso de aconsejamiento incluye una forma especial de circulación hermenéutica que involucra no sólo la agenda personal de las personas en el contexto de sus familias y de sus realidades sociales, sino también la agenda del reino de Dios en diálogo con las de la iglesia y la sociedad. Así orientado, el consejo pastoral rechaza todo uso literalista, fundamentalista y racionalista de la Biblia.

Al contrario, los consejeros pastorales procuran conducir una conversación multidimensional que parte de las historias y visiones personales y familiares de las personas a quienes se sirve en medio de sus situaciones sociales y a partir de sus desafíos y luchas existenciales. Junto con la comprensión necesaria basada en las contribuciones de las ciencias humanas (especialmente la psicología incluyendo, claro está, determinadas destrezas clínicas) esa "conversación" incluye las perspectivas teológico-pastorales enraizadas en las historia viva del pueblo de Dios y en la visión esperanzada de su reino. En síntesis, se trata del tipo de proceso que es práctico y teológico a la misma vez, es decir, una forma de hacer teología práctica.

Avisos: 10 de abril de 2011

Hoy, a las 17.30 hrs., tendremos la 2ª sesión de reflexión "La espiritualidad del seguimiento?", con el tema: "¿Puede sufrir Dios?". Los/as esperamos. *** CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO Martes 12 de abril, 19 hrs ELIÚ RESPONDE A JOB (IV) (Job 35) Modera: Hno. David Ábrego JOB 35 Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy Continuó Eliú, y dijo: "¿Piensas que esto es justo? Dices: "Mi justicia es más que la de Dios.‟ Porque dices: "¿Qué ventaja será para Ti? ¿Qué ganaré yo por no haber pecado?‟. Yo te daré razones, Y a tus amigos contigo. Mira a los cielos y ve, Contempla las nubes, son más altas que tú. Si has pecado, ¿qué logras tú contra Él? Y si tus transgresiones son muchas, ¿qué Le haces? Si eres justo, ¿qué Le das, O qué recibe Él de tu mano? Tu maldad es para un hombre como tú, Y tu justicia para un hijo de hombre. A causa de la multitud de opresiones claman los hombres; Gritan a causa del brazo de los poderosos. Pero ninguno dice: "¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que inspira cánticos en la noche, Que nos enseña más que a las de los cielos?‟. Allí claman, pero Él no responde A causa del orgullo de los malos. Ciertamente el clamor vano no escuchará Dios, Y nos hace más sabios que las bestias de la tierra, El Todopoderoso (Shaddai) no lo tomará en cuenta. Cuánto menos cuando dices que no Lo contemplas, Que la causa está delante de Él, y tienes que esperarlo. Y ahora, porque Él no ha castigado con Su ira, Ni se ha fijado bien en la transgresión. Job abre vanamente su boca, Multiplica palabras sin sabiduría." *** PRÓXIMAS ACTIVIDADES 11 – Célula de estudio bíblico: Familia Arellano-Arrieta 16 – Curso para matrimonios: clausura 17-24 – Cultos de Semana Santa 30 – Día del Niño/a

María unge a Jesús en Betania: preparación para el martirio, L. Cervantes-O.

CursivaCursiva10 de abril de 2011


Entonces Jesús le dijo a Judas: —¡Déjala tranquila! Ella estaba guardando este perfume para el día de mi entierro. En cuanto a los pobres, siempre los tendrán cerca de ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Juan 12.6-8, Traducción en Lenguaje Actual


1. La acción de María dentro del proyecto juanino

Cupo el mérito al Cuarto Evangelio de nombrar a la mujer que ungió a Jesús como una preparación simbólica, pero muy elocuente, para el martirio (Jn 12.1-8), a diferencia de Marcos (14.3-9), Mateo (26.6-13) y Lucas (7.36-50), quienes no la identifican. Además, la circunstancia y ubicación del suceso en esos relatos es muy distinta, pues para Mr y Mt aconteció durante la cena en casa de Simón, un leproso, y en Lc en la de un fariseo. A pesar del anonimato de la mujer, en Marcos 14.9 se subraya la memoria futura de lo que hizo, literalmente, “dondequiera que se predique el Evangelio”. La acción realizada por María forma parte también de la intención juanina por presentar de manera central la vida y acción de las mujeres en un marco estrechamente ligado al movimiento igualitario de Jesús: encuentro con la samaritana (cap. 4), a quien se revela en forma personal y es constituida misionera; la confesión mesiánica de Marta (11.27), más importante que la de Pedro, es el fundamento de una Iglesia construida sobre el testimonio apostólico de una mujer; el perdón y restauración de la adúltera (cap. 8); María de Betania anuncia la muerte y resurrección de Jesús(cap 12); la madre de Jesús, es la discípula que recorre el camino desde Israel (Bodas de Caná) hasta la Iglesia (al pie de la cruz); y .María Magdalena, enviada a evangelizar a los 12, es el primer y más destacado testigo de Jesús resucitado (20.18).[1] La narración se mueve desde un espacio abierto, “Betania”, hasta uno cerrado: “la casa de alguien”, para finalizar en el ámbito privado: “sentados a la mesa”, en este caso, con Lázaro, el resucitado (12.2).

Según Elisa Estévez: “La valoración que esta tradición tiene de las mujeres es inseparable del desarrollo de su pensamiento acerca del Hijo único del Padre, del amor como vinculación definitiva y permanente con Él, así como de su peculiar teología sobre el Espíritu, abogado y maestro de todo creyente. Por otra parte, el reconocimiento de las mujeres como discípulas cualificadas del Maestro, está ligado asimismo al momento histórico-social-religioso en el que esta tradición se desarrolla”.[2] El ambiente de la unción es eminentemente pascual y la clave del pasaje está en el v. 7, donde Jesús mismo explica su significado: sin diálogo de por medio, como en otras ocasiones, María, la hermana de Lázaro, “ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos” (v. 3b). Se trató de un acto de amor y compromiso desde la percepción femenina:


El amor de Jesús, experimentado por esta mujer en distintas ocasiones y, de un modo singular, en la resurrección de su hermano Lázaro, la mueve a realizar un gesto gratuito de amor. Ella encarna a todos los que aman a Jesús con corazón sincero y agradecido. El amor como vinculación personal con Jesús es la señal de los auténticos discípulos. La unión es tan profunda que, con este gesto, María anticipa el hecho fundante de la fe de la Iglesia: la muerte y la resurrección del Hijo amado del Padre. Su gesto es anuncio y testimonio anticipado para el resto de los comensales del amor entrañable del Padre. Al secar con sus cabellos los pies de Jesús, queda empapada del mismo perfume, es decir, queda envuelta en ese misterio de amor que ha de ser Buena Noticia para todo el que cree. También la casa, símbolo de la comunidad creyente, experimenta la presencia permanente del resucitado. Una vez más la mujer es reconocida con el más alto grado por parte de la tradición del Discípulo Amado: su vinculación al Maestro por medio del amor es lo que la confiere su dignidad y su igualdad en la estructura comunitaria.[3]


Al ungir los pies del Nazareno, María estaba “preanunciando el lavatorio de los pies de los discípulos, transformándose ella misma en la primera servidora, partícipe de los sufrimientos de Jesús (13.3-11)”.[4]


2. Los pobres, el pretexto (igual que siempre…)

Pero, como siempre sucede, tenía que haber un tercero en discordia, aunque en esta ocasión se trata de “terceros”: se trata, evidentemente, de los pobres, cuya presencia corre por cuenta del antagonista (o villano) de la historia, Judas el Iscariote, tesorero corrupto del movimiento de Jesús (v. 6) y que ya desde aquí es señalado por el narrador como quien habría de entregarlo a sus enemigos (v. 4b). Su reacción ante el desperdicio que significaba el gesto simbólico de María es estrictamente materialista, dejando de ver, de un solo golpe, las implicaciones aludidas por el suceso en los dos terrenos: por un lado, Judas (como toda persona ligada al culto idolátrico del dinero) no comprende la necesidad de preparar a Jesús para los sucesos por venir, pues éstos requieren una clave teológica firme para interpretarlos (algo así como nuestra época tan secularizada y desencaminada por su visión mercantilista), y por el otro, porque su alusión a los directa a los pobres, según explica el texto, era apenas un pretexto para encubrir su codicia, según explica el propio texto (v. 6). A la actitud comprensiva y creyente de María, este hombre opone una “mezquindad masculina” que destaca aún más la sinceridad y el “desprendimiento femenino”. Como subraya el texto, el perfume era muy costoso (v. 3a), puesto que se obtenía de las raíces del nardo (perteneciente a la especie vegetal Valeriana), que llegaba desde la India y Asia Oriental. Los 300 denarios referidos referidos por Judas (v. 5) equivalían al salario anual de un jornalero.

La respuesta de Jesús se desarrolla en dos niveles: primero, reivindica el acto de María como un “signo” (anuncio y proyección) de su sepultura, es decir, del camino martirial que Jesús ha asumido voluntariamente: así sería impregnada de perfume la tela de su sudario mortuorio (19.40), pues no se utilizó todo el bálsamo, sino sólo una libra (unos 450 g). En segundo lugar, Jesús se remite al Dt (15.11) y en sus palabras el recuerdo de los pobres adquiere una significación distinta a las de Judas: Jesús no se desentiende de los pobres, pues retoma el espíritu de Dt 15 acerca de la preocupación divina por ellos, ni tampoco profetiza la “necesidad histórica” de que los haya, sino que siguiendo ese mismo espíritu, destaca la forma en que seguirá produciéndose la pobreza como un fenómeno estructural, a diferencia de lo irrepetible de su presencia en el mundo. No le hace justicia al texto relato hablar de una disyuntiva entre “los pobres o Jesús”, porque se denuncia proféticamente la invalidez del planteamiento sobre ellos en labios de un ladrón y avaro. Más bien, se subraya la necesidad de atenderlos con la misma preocupación que manifiesta el AT, pues Dt 15 pertenece al tipo de textos cuya vigencia es intemporal.

Finalmente, el simbolismo de la acción de María puede leerse en la clave del seguimiento público, visible y comprometedor de Jesús: “Así como en Marcos el gesto desinteresado de la mujer contrasta con el marcado egoísmo de los discípulos, en Juan, además de contrastar con Judas, el ungimiento que hace María frente a todos los presentes también se opone al posterior ungimiento del cuerpo de Jesús que dos hombres, José de Arimatea y Nicodemo, realizarán en secreto por temor de hacer pública su fe (Jn 19.38-40)”.[5] Jesús no entrará a Jerusalén, a cumplir su destino, “como rey ungido, sino como Mesías preparado para la sepultura, para la muerte por el pueblo”.[6]

Notas


[1] Elisa Estévez, “La mujer en la tradición del Discípulo Amado”, en RIBLA, núm. 17, www.clailatino.org/ribla/ribla17/7%20estevez.htm.


[2] Idem.


[3] Idem.


[4] “La mujer que ungió a Jesús”, en Biblia Isha. Traducción en Lenguaje Actual. Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008, p. 1157.


[5] Idem.


[6] José Luis Espinel Marcos, Evangelio según san Juan. Texto, introducción y comentario. Salamanca, San Esteban-Edibesa, 1998, p. 189.

Juan 12.1-8


Traducción en Lenguaje Actual


Seis días antes de que se celebrara la fiesta de la Pascua, Jesús fue al pueblo de Betania. Allí vivía Lázaro, el hombre a quien Jesús había resucitado. En ese pueblo, unos amigos de Jesús hicieron una cena para él. Lázaro estaba sentado a la mesa con Jesús, y su hermana Marta servía la comida. María, su otra hermana, tomó una botella de un perfume muy caro y perfumó los pies de Jesús. Después los secó con sus cabellos, y toda la casa se llenó con el olor del perfume.


Pero uno de los discípulos, llamado Judas Iscariote, el que después traicionaría a Jesús, dijo: —¿Por qué no se vendió este perfume? Nos habrían dado el dinero de trescientos días de trabajo, y con él podríamos haber ayudado a los pobres.


Entonces Jesús le dijo a Judas: ¡Déjala tranquila! Ella estaba guardando ese perfume para el día de mi entierro. En cuanto a los pobres, siempre los tendrán cerca de ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. En realidad, a Judas no le importaban los pobres; dijo eso porque era un ladrón. Como él era el encargado de cuidar el dinero de Jesús y de los discípulos, a veces se lo robaba.

sábado, 2 de abril de 2011

Letra 215, 3 de abril de 2011


ESTRASBURGO ADMITE UNA DEMANDA POR DISCRIMINACIÓN DEL ESTADO ESPAÑOL A LOS EVANGÉLICOS

Protestante Digital, 29 de marzo de 2011


El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha admitido a trámite una demanda presentada por la Iglesia Evangélica Española (IEE) contra el Estado Español a favor de la pensión de jubilación de un pastor protestante. El Tribunal Europeo ha señalado en un comunicado que darán traslado de la demanda al Estado español para que la conteste. En esta misma línea de comunicación de lo decidido, el Tribunal de Estrasburgo ha enviado una notificación a la Iglesia Evangélica Española (IEE) en la que el magistrado ponente afirma que "existen indicios de discriminación en la actuación del Estado Español contra los pastores evangélicos fundada en la religión".

Esta demanda ha surgido ante el no reconocimiento en España del derecho de los pastores protestantes de tiempos del franquismo a recibir una pensión de la Seguridad Social; algo que por la normativa habitual no puede ejercerse, ya que no era legal ser pastor protestante durante el Gobierno de Franco. Otros colectivos con una situación similar reivindicaron este mismo derecho y les fue reconocido, salvo al colectivo protestante única y exclusivamente.

La IEE ha reivindicado este derecho por un lado la de la negociación con el Estado, mediante la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España) y por otro mediante contactos personales. También intentando que las Cortes Generales introdujeran un artículo en la Ley de Presupuestos Generales del Estado reconociendo el citado derecho y, por último, utilizando el camino de la Justicia. Esta última vía, la jurídica, la inició la IEE al presentar una demanda solicitando la pensión de jubilación para uno de los pastores, que fue revocada por la Sala Social del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Ante dicha decisión, presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, que no fue admitido.

Finalmente, la Comisión Permanente de la IEE decidió presentar esta demanda ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahora, ante la respuesta de este último, la Iglesia Evangélica Española ha expresado su "gran satisfacción" por la admisión a trámite de su demanda y lo consideran "un pequeño paso adelante". "Es un reconocimiento de que, en principio, y según el Magistrado ponente, existen indicios de discriminación en la actuación del Estado Español contra los pastores evangélicos fundada en la religión y nos permite mantener la esperanza de que al final se dicte sentencia favorable a nuestro planteamiento", indica.

La Iglesia Evangélica Española, una denominación protestante en la línea metodista/presbiteriana, fue fundada en 1869, y es miembro del Consejo Mundial de Iglesias, de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y del Consejo Mundial Metodista.

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EL CONSEJO PASTORAL COMO PRÁCTICA DE SABIDURÍA (II)

Daniel Schipani

Visiones y Herramientas, 2004

2. El consejo pastoral debe contextualizarse eclesiológicamente

Al replantear el consejo pastoral como un ministerio de la iglesia tenemos en cuenta la vocación de ésta de convertirse en un sacramento (5) vivo del reino y de la sabiduría de Dios en medio de la historia y la cultura. Utilizamos el término sacramento intencionalmente, con su triple significado de señal, símbolo, y medio de gracia.. La iglesia está llamada a ser una señal veraz que apunta en la dirección de la plenitud de vida. También está llamada a ser un símbolo que re-presenta fielmente, o que corporiza en su propio seno, la sabiduría de Dios. Y está llamada a ser un medio de gracia fructífero, o sea un instrumento y agente de la sabiduría divina en el mundo.

En síntesis, dado su compromiso en el seguimiento de Jesús por los caminos del reino, y su continuo discernimiento en búsqueda de la fidelidad, la iglesia procura convertirse en comunidad de sabiduría por excelencia. Por eso es que percibimos a la iglesia como el foco primario de atención cuidadosa y como contexto y agente primario del cuidado y el consejo pastoral para el pueblo de Dios. Esto tiene, por lo menos, tres implicancias, como se indica a continuación.

Los consejeros pastorales procuran ministrar primordialmente según un paradigma comunal y contextual del cuidado pastoral. Dentro de este marco referencial los modelos clínicos y otros pueden integrarse selectiva y críticamente. En este paradigma, el cuidado pastoral se ve como un ministerio de la comunidad de fe como tal a la luz de su contexto social. El foco de atención es la comunidad sanadora con sus diversos contextos de servicio, en lugar del trabajo de los pastores ordenados. En otras palabras, las dimensiones de guía y orientación, apoyo, reconciliación y sanidad, se ven como función de la iglesia como tal, no sólo para el bienestar de sus miembros sino, especialmente, para el bienestar de la comunidad humana en sentido más amplio.

Como consejeros y teólogos, los pastores reconocen que Dios llama a la iglesia a manifestar la presencia revelatoria y la praxis del reino y de la sabiduría de Dios. Al mismo tiempo, ayudan a la iglesia a discernir la naturaleza de tal llamamiento el que, por otra parte, a su vez los forma. Identifican y describen tal llamado como la vocación de la iglesia de convertirse en una "buena forma" de plenitud humana a la luz del reinado y la sabiduría de Dios. Utilizamos la noción de buena forma incluyendo tanto las connotaciones éticas (moralmente buena) como las estéticas (armoniosa, de forma bella). Por supuesto, tal buena forma siempre consiste en la representación histórica única, contextualizada, del reino y la sabiduría de Dios.

La idea es que las comunidades de fe son tan mejores y más bellas en la medida que toman la forma de Cristo. Es apropiado hablar de artes ministeriales porque todos los tipos de ministerio cristiano tienen que ver con la formación y la transformación humanas, pero cuya culminación, en última instancia, sólo podemos imaginar escatológicamente. Por eso es que los consejeros pastorales deben reconocer las dimensiones éticas y estéticas de la identidad y el carácter de la iglesia como pueblo de Dios del Pacto, cuerpo de Cristo, y templo o morada del Espíritu.

Las congregaciones se convierten en contextos de revelación divina en la medida que son comunidades sacramentales veraces, fieles y fructíferas. Así es como, por gracia, proveen reflejos del reino y la sabiduría de Dios. La formación y transformación de la comunidad de fe resulta ser un interés y una preocupación especial para el consejo pastoral. Por lo tanto, un foco primario, aunque ciertamente no exclusivo, del consejo pastoral, es el proceso de formación y transformación de la congregación toda y de cada aspecto de la vida congregacional. Más específicamente, tal interés y preocupación puede expresarse en términos de ciertas preguntas fundamentales: ¿cómo puede la práctica del consejo pastoral contribuir a la adoración del pueblo de Dios? ¿Cómo ayuda a equipar a la iglesia para edificar la familia de Dios en tanto cuerpo de Cristo? ¿Cómo contribuye el consejo pastoral a potenciar a la iglesia, en tanto morada del Espíritu, para participar en la misión divina en el mundo y a favor del mundo?

3. El consejo pastoral debe estar centrado en Jesucristo, Sabiduría de Dios

Si revisualizamos el consejo pastoral como práctica de sabiduría a la luz de Dios, se entiende que afirmamos la centralidad de Cristo en esta práctica ministerial. También se entiende que Cristo se ubica al centro de la reflexión teológico-pastoral, tanto crítica como constructiva, que surge de la práctica y sostiene y evalúa a la práctica de cuidado pastoral. Esta afirmación encierra varias implicancias, como se discute a continuación. Los pastores consejeros (y los consejeros pastorales, propiamente hablando) procuran guiarse por una visión cristocéntrica de la humanización, es decir de la ple nitud humana y de la vida abundante y sabia. Por lo tanto necesitan encontrar conexiones explícitas entre su práctica ministerial y la confesión de que Jesucristo encarna la vida y la sabiduría de Dios y nos revela la voluntad divina para el devenir humano auténtico.

Y tal visión cristocéntrica de lo que significa ser humano debe considerarse junto con nociones bien abarcativas de lo que es la salvación y la paz en el sentido más inclusivo del término (shalom). Los consejeros pastorales así integran esas convicciones teológicas fundamentales sobre la obra de Cristo para la recreación de nuestra humanidad."La envidia es cuando en lugar de enfocar la energía a mejorar y envidiar positivamente, nos vamos a hacer a la otra menos para sentirnos bien. El no poder poner en palabras lo que sentimos no estar en contacto con las emociones hace que todo se convierte en enojo, envidia y agresión", dijo la psicoanalista.

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UNA BEATIFICACIÓN FAST TRACK

Lizbeth Hernández

El Universal, 29 de marzo de 2011

El hombre que jugaba ajedrez y estudió teología, se convirtió en Papa en 1978, luego de la muerte de Juan Pablo I, quien sólo estuvo 33 días frente al Vaticano. Juan Pablo II promovió la nueva evangelización, la paz y condenó a la Teología de la Liberación. Su pontificado tuvo momentos clave como: su visita a una iglesia luterana y a una sinagoga. Su reunión con comunidades musulmanas. Sin olvidar el atentado que sufrió en 1981.

Aun así, Juan Pablo II, quien llegó a citar frases de Bob Dylan y a quien Bono, líder de la banda U2 llamó "Papa funky", no escapó a la controversia ni antes ni después de su muerte. Se le cuestionó por querer debatir el celibato, por su "poca flexibilidad en materia sexual", su fijación por una "estructura piramidal y controladora" en la Iglesia, así como por su manejo de su proyección personal, considerado excesivo por algunos.

Punto y aparte merece la sombra de la pederastia clerical. A Juan Pablo II se le acusa de proteger a figuras como el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Leonardo Boff, teólogo brasileño, aseguró que Maciel era una vergüenza para la iglesia, pero "Juan Pablo II siempre lo apoyó, porque lo visitaba con maletines de dólares". El ex Obispo John Cummins, aseguró que, cuando en 1980 reclamó al Vaticano la expulsión del padre Stephen Kiesle, quien admitió haber abusado de niños, supo que Juan Pablo II se oponía a echar sacerdotes.

Está el caso de Bernard Law, Cardenal de Boston, quien renunció en 2002 luego de un escándalo de abuso sexual contra miles de niños, entonces Law tuvo que pagar indemnizaciones por más de 90 millones de dólares a unas 600 víctimas. El Papa le dio posterior refugio en Roma como arcipreste de la Basílica de Santa Maria Mayor. Juan Pablo II, fallecido hace 6 años, será beatificado el 1 de mayo de este 2011, luego un proceso, el más corto de la historia moderna de la iglesia católica, que "comprueba" un milagro de Karol Józef Wojtyla: la curación de una monja que padecía Parkinson. Sus restos serán trasladados a una capilla de la Basílica de San Pedro.

Avisos: 3 de abril de 2011

Hoy, a las 17.30 hrs., tendremos la planeación de actividades para el resto del año. Esperamos a los/as integrantes de todos los ministerios.


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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO

Martes 5 de abril, 19 hrs.

ELIÚ RESPONDE A JOB (III) (Job 34)

Modera: A.I. Martha Aguilar A.

JOB 34.1-20

Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy

Entonces prosiguió Eliú, y dijo:

"Oigan, sabios, mis palabras,

Y ustedes los que saben, préstenme atención.

Porque el oído distingue las palabras,

Como el paladar prueba la comida.

Escojamos para nosotros lo que es justo;

Conozcamos entre nosotros lo que es bueno.

Porque Job ha dicho: ‘Yo soy justo,

Pero Dios me ha quitado mi derecho.

‘¿He de mentir respecto a mi derecho?

Mi herida es incurable, sin haber yo cometido transgresión.’

¿Qué hombre es como Job,

Que bebe el escarnio como agua,

Que va en compañía de los que hacen iniquidad,

Y anda con hombres perversos?

Porque ha dicho: ‘Nada gana el hombre

Cuando se complace en Dios.’

Por tanto, escúchenme, hombres de entendimiento.

Lejos esté de Dios la iniquidad,

Y del Todopoderoso (Shaddai) la maldad.

Porque El paga al hombre conforme a su trabajo,

Y retribuye a cada uno conforme a su conducta.

Ciertamente, Dios no obrará perversamente,

Y el Todopoderoso no pervertirá el juicio.

¿Quién Le dio autoridad sobre la tierra?

¿Y quién ha puesto a Su cargo el mundo entero?

Si El determinara hacerlo así,

Si hiciera volver a sí mismo Su espíritu y Su aliento,

Toda la humanidad a una perecería,

Y el hombre volvería al polvo.

Pero si tienes inteligencia, oye esto,

Escucha la voz de mis palabras.

¿Gobernará el que aborrece la justicia?

Y condenarás al Justo poderoso,

Que dice a un rey: ‘Indigno,’ A los nobles: ‘Perversos’;

Que no hace acepción de príncipes,

Ni considera al rico sobre el pobre,

Ya que todos son obra de Sus manos?

En un momento mueren, y a medianoche

Se estremecen los pueblos y pasan,

Y los poderosos son quitados sin esfuerzo.


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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

5 – Reunión de Consistorio

16 – Curso para matrimonios: clausura

17-24 – Cultos de Semana Santa

Jesús anuncia la entrega de su vida, L. Cervantes-O.

3 de abril de 2011


Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero. Tengo poder para entregar mi vida, y tengo poder para volver a recibirla, pues esto es lo que mi Padre me ha ordenado hacer.

Juan 10.18, Traducción en Lenguaje Actual


1. La salvación es una entrega de amor

Las acciones redentoras de Dios en la historia enfrentaron siempre la oposición del establishment amparado en la supuesta necesidad de mantener las cosas para beneficio de todos, aunque siempre lo fue para unos cuantos. De ahí que las lecturas, contra-lecturas y diversas interpretaciones de dichas acciones siempre estuvieron en la palestra aunque el acceso de los más desprotegidos a ellas estuviera filtrado por las mediaciones políticas, religiosas y culturales más interesadas en controlar la religiosidad popular que en servir como canales de bendición para esas clases subalternas. Esta es una de las razones por las que cuando el Cuarto Evangelio presenta la decisión de Jesús de entregar su vida como un valiente y significativo acto de amor, se cimbraron de arriba abajo las estructuras mentales, psicológicas y espirituales del sistema vigente, pues estaban al servicio de la enajenación de los sujetos, de esta vida presente, entendida como una cadena de sucesos aparentemente inevitables, guiada por una fatalidad ciega según el pensamiento greco-romano (las Moiras o las Parcas), al servicio de las clases dominantes y que conducía a cada persona a través de un destino trazado sin remedio, siempre en el marco de una dominación jerárquica sancionada por la violencia, en este caso, del casi omnipresente Imperio Romano.

El proyecto redentor encarnado por Jesús por supuesto que no aceptaba estas imposiciones inevitables, puesto que se conducía por otras premisas. La entrega de amor que representa su esfuerzo por hacer accesibles los beneficios de la gracia de Dios para las mayorías fue la máxima expresión de la tarea divina de conducir la historia humana por senderos de una efectiva aplicación de la vida deseada, instalada y sostenida por Él. Como escribe Franz Hinkelammert al situar el marco histórico de la muerte de Jesús según la describe el Cuarto Evangelio:


Juan había mostrado las razones de la rabia que le tenían a Jesús. Los revelaba constantemente en su hipocresía de la ley, y al no convertirse, los dejaba como mentirosos. […] Juan escribe […] una o dos décadas después de la destrucción de Jerusalén y del Templo por los romanos. Ha sido la gran catástrofe del pueblo judío y era, por supuesto también sentido por los judíos cristianos como gran catástrofe. Juan ahora dice del Sanedrín del tiempo de Jesús, que ya preveía esta catástrofe, tenía miedo frente a ella y que buscaba matar a Jesús para prevenirla. […] La muerte de Jesús no salvó el Templo y Jerusalén, ni la Nación [como esperaba el Sumo Sacerdote, 11.49-51]. Pero reivindica otro sentido de la profecía […] Lo reivindica como salvador más allá de la existencia de Jerusalén y del Templo.[1]


En suma, y a los ojos de la historia de su tiempo, con el realismo más grande de que el Dios redentor fue capaz, Jesús, mediante el más supremo acto de amor, hizo presente la intención del Padre de propugnar por la efectividad de una vida que verdaderamente pudiera llevar ese nombre, en medio de la idolatría de los falsos nacionalismos, religiosidades y esperanzas. La vida que ofrece Jesús es más grande que cualquier forma de mezquindad humana.


2. Jesús asume la entrega de su vida voluntariamente

La imaginería del pastor excelente que traslucen las famosas palabras de Jesús en Juan 10 conduce su discurso hasta el extremo de anunciar la entrega voluntaria de su vida. Este lenguaje procedente de la imagen del pastor heroico se relaciona con la intención juanina de mostrar cómo Jesús ha venido a dar la vida eterna a sus seguidores, es decir, el grupo de hombres y mujeres dispuestos a acompañarlo en el camino de la luz. Dándose a sí mismo, como se esboza desde el cap. 6, Jesús es un manantial de vida que brota de su propio cuerpo en actitud sacramental para el mundo y especialmente para las comunidades que reivindican su nombre. Explica Dodd: “Cristo va realmente a encontrar la muerte en su conflicto con los falsos dirigentes, y con su muerte dará vida a otros, de una forma tan real como un pastor podía salvar las vidas de sus ovejas luchando contra el lobo a costa de su propia vida. Si esto no dice toda la historia, proporciona, al menos, parte de la respuesta a la pregunta de 6.52, que no había recibido contestación: ‘¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?”.[2]

Una lectura meramente sacrificial de la entrega voluntaria de su vida, coloca a Jesús únicamente como mártir, pero deja de señalar la conflictividad que con tanta intensidad se destaca en el Cuarto Evangelio, pues a la propuesta de vida con que él se coloca frente a los poderes de su tiempo, la respuesta del sistema político-religioso es de muerte, dirigida en primer lugar contra él y luego contra sus seguidores/as. La entrega de Jesús es acompañada de una campaña mortífera para tratar de acabar con el proyecto divino de instalar la vida en el centro de la existencia humana en todos sus niveles. En contraste, la actitud pastoral del maestro de Nazaret consistió en otorgar vida con cada una de sus acciones y, más aún, en enfrentar ya fuera simbólica o efectivamente, al fuerza con que los poderes mundanos se opusieron a su intención reivindicadora y salvífica:


Su don de vida y luz encuentra rechazo. Los que lo rechazan son presentados en el acto mismo de atraer sobre ellos el juicio inevitable de Dios sobre los que prefieren las tinieblas a la luz. Pero con este mismo acto están preparando la muerte de Cristo, mediante la cual él da vida al mundo. Por un ligero cambio de pensamiento, su muerte misma es un juicio sobre los que maquinan mediante su rechazo de la luz, como la muerte heroica del noble pastor denuncia tanto la codicia del ladrón como la cobarde deserción del asalariado.[3]


Dodd añade que de esta manera se prepara el escenario para la afirmación de 12.31, en el sentido de que la muerte de Cristo es “el juicio de este mundo” y que, al mismo tiempo, esa muerte es la condición necesaria para que de la semilla enterrada brote la vida nueva (12.24). Dicho en otras palabras: Juan expone a Jesús anticipándose a los planes de matarlo y modificando ese proyecto en una plan de deliberada entrega que exhibe las características criminales del sistema que acabará con su vida, sin contar con que él ha decidido entregar su vida y volverla a tomar como parte de un proyecto divino capaz de estar por encima de los proyectos de muerte y destrucción dirigidos contra su persona. Jesús no hace alarde de un poder extraordinario que le permita estar más allá de las realidades de este mundo, sino que, por el contrario, acepta y anuncia que su vida terminará conflictivamente por su oposición a las estructuras de poder del mundo y el ejercicio de una libertad ante las leyes, desconocida hasta ese momento, pero que su filiación divina y la certeza de que estaba cumpliendo con el encargo de Dios (“dar vida plena”) le permitirán recuperar su vida para transmitirla a su pueblo, el nuevo pueblo de Dios, guiado ahora por la luz y no por las tinieblas.

Notas

[1] F. Hinkelammert, El grito del sujeto. Del teatro-mundo del evangelio de Juan al perro-mundo de la globalización. San José, DEI, 1998, pp. 58-59.

[2] C.H.Dodd, Interpretación del Cuarto Evangelio. Madrid, Cristiandad, 1978, p. 360.

[3] Idem. Énfasis agregado.

Juan 10.17-21


EL DIOS CRUCIFICADO, FUNDAMENTO RADICAL DE LA FE CRISTIANA


Juan 10.17-21

Traducción en Lenguaje Actual

Mi Padre me ama porque estoy dispuesto a entregar mi vida para luego volver a recibirla. Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero. Tengo poder para entregar mi vida, y tengo poder para volver a recibirla, pues esto es lo que mi Padre me ha ordenado hacer".

Cuando aquellos judíos oyeron esto, se pusieron a discutir, pues unos pensaban una cosa y otros otra. Muchos decían: "Ese hombre tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le hacen caso?". Pero otros decían: "Nadie que tenga un demonio puede hablar así. Además, ningún demonio puede darle la vista a un ciego".

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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