viernes, 5 de agosto de 2011

Leer y retener el mensaje divino



Apocalipsis 1.1-8


Traducción en Lenguaje Actual




Dios le ha mostrado a Jesucristo lo que pronto sucederá, para que él se lo enseñe a sus servidores. Por eso Jesucristo se lo ha comunicado a Juan, su servidor, por medio de un ángel; y Juan ha puesto por escrito toda la verdad.
¡Dios bendiga a quien lea en público este mensaje! ¡Y bendiga también a los que lo escuchen y lo obedezcan! ¡Ya viene el día en que Dios cumplirá todo lo que se anuncia en este libro!



Yo, Juan, saludo a las siete iglesias que están en la provincia de Asia. Dios es el que vive, el que siempre ha vivido, y el que está por venir. Deseo que Dios y Jesucristo, y los siete espíritus que están delante de su trono, los amen a ustedes y les den su paz. Podemos confiar en que Jesucristo nos ama y dice la verdad acerca de Dios. Él fue el primero en resucitar, y es también el que gobierna sobre todos los reyes de la tierra.
Por medio de la muerte de Jesucristo, Dios nos ha perdonado nuestros pecados. Además, Cristo nos permite gobernar como reyes, y nos ha puesto como sacerdotes al servicio de Dios su Padre. Por eso, ¡alaben todos a Jesucristo, y que sólo él tenga todo el poder del mundo! Amén.
¡Miren! ¡Cristo viene en las nubes!
Todos lo verán venir, aun los que lo mataron; y todos los habitantes del mundo llorarán por él. Así sucederá. Amén.
El Señor todopoderoso, el que vive y siempre ha vivido, y que está por llegar, dice: "Yo soy el principio y el fin".[

sábado, 30 de julio de 2011

Programa de agosto de 2011

IGLESIA PRESBITERIANA AMMI-SHADDAY
PLAN DE PREDICACIONES Y TEMAS PARA AGOSTO DE 2011

1. Domingos, 10.30 hrs.
Tema general: Leer y retener el mensaje divino

7: “Bienaventurado el que lee”: el milagro de la lectura bíblica
Lectura bíblica: Apocalipsis 1.1-8
Expositor: LCO
Dirige: Hna. Angélica Chávez

14: “Ocúpate en la lectura”: revelación escrita y voluntad de Dios
Lectura bíblica: I Timoteo 4.11-16
Expositora: LCO
Dirige: D.I. electo Pablo F. Sandoval

21: ¿Entiendes los que lees?”: revelación escrita, lectura y cultura
Lecturas bíblicas: Hechos 8.26-40
Expositora: A.I. Vicente Orozco G.
Dirige: A.I. Sandra Salgado A.

28: “Comamos el libro”: actualidad de la palabra divina
Lecturas bíblicas: Ezequiel 2.8-3.3
Expositor: LCO
Dirige: Hno. Genaro Barnard

2. Domingos, 17.30 hrs.

7: Reunión de Consistorio
14: Reunión de evaluación y planeación
21: Capacitación y actualización de oficiales

3. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: El amor humano en el Cantar de los Cantares (III)

2: El tormento de la separación (Cantares 5.1-8)
Moderadora: Hna. Andrea Naranjo

9: La mujer describe a su amado (Cantares 5.9-16)
Moderador: Hno. David Ábrego

16: Expresiones amorosas (I) (Cantares 6)
Moderadora: Hna. Lidia Martínez M.

23: Expresiones amorosas (II) (Cantares 7)
Moderador: A.I. Pablo Gil

30: Hermosura y grandeza del amor (Cantares 8)
Moderadora: Hna. Marena Ponce

viernes, 29 de julio de 2011

Letra 230, 31 de julio de 2011



CLAVES DE LA ESPIRITUALIDAD DE JESÚS
José Antonio Pagola
www.redescristianas.net



“Espiritualidad”» es una palabra desafortunada. Casi siempre se la vincula con la religión, y para muchos significa algo alejado de la vida real, algo inútil que no se sabe exactamente para qué puede servir. Lo que interesa es lo concreto, lo práctico, lo material, no lo “espiritual”.
Sin embargo, el “espíritu” de una persona es algo muy valorado incluso en la sociedad actual, pues indica lo más hondo de su propio ser: sus motivaciones últimas, su ideal, la pasión que lo anima, la mística por la que vive y trabaja, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.
La “espiritualidad” en su sentido más amplio consiste en vivir realmente con espíritu, no de forma inconsciente, automática, vacía. Según sea el “espíritu” que inspira e impregna nuestros proyectos y compromisos, así será nuestra espiritualidad. Se puede vivir con “espíritu franciscano” o con “espíritu capitalista”.
La espiritualidad no es patrimonio de las religiones. Cualquier persona que vive con hondura y calidad humana su existencia, vive con una determinada espiritualidad que motiva su vida, inspira su comportamiento y configura sus valores y el horizonte de su ser.
Sin embargo, es cierto que la espiritualidad es algo muy propio de la experiencia religiosa. La religión sitúa al ser humano frente al misterio último de su existencia, invita a descubrir el verdadero sentido de la vida y a tomar opciones fundamentales; ¿cuál es nuestro Dios? ¿Cuál es el centro de nuestra vida? ¿Dónde ponemos nuestra última esperanza?
Los cristianos hablamos hoy de diferentes escuelas o corrientes de espiritualidad: espiritualidad luterana, calvinista o católica; espiritualidad monástica, laical, familiar, sacerdotal; espiritualidad benedictina, ignaciana, teresiana. Como es obvio, la espiritualidad cristiana consiste en seguir a Jesús de manera que su experiencia de Dios y su Espíritu sean los que configuren nuestra vida. Esto es lo que diferencia la espiritualidad cristiana de la budista, la judía o la islámica.
No hay un camino hecho en la espiritualidad. El itinerario espiritual de cada persona es una aventura inédita y original de cada uno. Si queremos vivir una espiritualidad viva y actualizada en nuestro tiempo, tendremos que estar muy atentos y muy abiertos al Espíritu que animó a Jesús.
Vamos a aproximarnos a la espiritualidad de Jesús. No es mi intención detenerme a estudiar cómo esa espiritualidad se arraigó en la experiencia religiosa de su pueblo, cómo se alimenta en el espíritu de los profetas de Israel y de los grandes orantes de los salmos; tampoco voy a hablar directamente de la oración de Jesús, sus rasgos principales, su búsqueda de silencio y recogimiento, su capacidad de conjugar la dimensión contemplativa y una intensa actividad.
Voy a hablar solamente de las claves de la espiritualidad de Jesús. Nos vamos a centrar en lo esencial. Las preguntas que están en el trasfondo de esta exposición son las decisivas: ¿qué experiencia de Dios tiene Jesús?, ¿quién es Dios para él?, ¿cómo se sitúa ante su misterio?, ¿cómo vive a Dios? y ¿cómo esa experiencia de Dios inspira y marca toda su vida?

Buscar el reino de Dios y su justicia
Jesús no es un hombre disperso, atraído por diferentes intereses, sino una persona profundamente unificada en torno a una experiencia nuclear: Dios, el Padre bueno de todos. Es él quien unifica su intensa actividad, inspira su mensaje y polariza todas sus energías. Captar las claves de la espiritualidad de Jesús exige captar cómo vive Jesús de esa experiencia de Dios.
Hay algo que se percibe enseguida. Para Jesús, Dios no es una teoría, sino una experiencia. Nunca propone una doctrina sobre Dios. Nunca se le ve explicando su idea de Dios. Para Jesús, Dios es una presencia cercana y amistosa que transforma todo su ser y le hace vivir buscando una vida más digna, amable y dichosa para todos, empezando por los últimos.
Jesús no pretende en ningún momento sustituir la doctrina tradicional de Dios por otra nueva. Su Dios es el Dios de Israel: el único Señor, creador de los cielos y de la tierra, el salvador de su pueblo querido. Nunca discute Jesús con ningún sector judío sobre Dios. Todos creen en el mismo Dios.
La diferencia está en que los dirigentes religiosos del pueblo asocian a Dios con su sistema religioso y no tanto con la vida y la felicidad de la gente. Lo primero y más importante para ellos es dar gloria a Dios observando la ley, respetando el sábado y asegurando el culto del templo. Jesús, por el contrario, asocia a Dios con la vida: lo primero y más importante para él es que los hijos e hijas de Dios gocen de una vida digna y justa. Esto es lo nuevo. Jesús implica a Dios no con la religión, sino con la vida. Lo más importante para Dios es la vida de las personas, no la religión. Los sectores más religiosos de Israel se sienten urgidos por Dios a cuidar la religión del templo y la observancia de la ley. Jesús, por el contrario, se siente enviado por Dios a promover su justicia y su misericordia.
Lucas ha captado muy bien la espiritualidad de Jesús cuando lo presenta en la sinagoga de Nazaret aplicándose a sí mismo estas palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me han ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” . A Jesús el Espíritu de Dios lo impulsa a introducir en el mundo la “Buena Noticia” para los pobres, “liberación” para los cautivos, “luz” a los ciegos, “libertad” a los oprimidos, “gracia” a los desgraciados.
La escena es probablemente una composición de Lucas, pero recoge muy bien el Espíritu que anima a Jesús. La espiritualidad cristiana empuja, antes que nada, a promover una vida más liberada, más sana, más dichosa. Es lo que más agrada a Dios.
Por eso, el centro de la espiritualidad de Jesús no lo ocupa Dios propiamente, sino el «reino de Dios». Jesús no separa nunca a Dios de su reino. No puede pensar en Dios sin pensar en su proyecto de trasformar el mundo. No invita a la gente a buscar a Dios simplemente, sino a “buscar el reino de Dios y su justicia”. No llama a “convertirse” a Dios sin más, sino que pide a todos a “entrar” en el reino de Dios.
Jesús no contempla a Dios encerrado en su propio mundo, aislado de los problemas de la gente; lo siente comprometido por un mundo más humano. Lo vive como la presencia buena de un Padre que se está introduciendo en el mundo para humanizar la vida. Por eso, para Jesús, el lugar privilegiado para vivir a Dios no es el culto, ni tampoco el desierto, sino allí donde se va haciendo realidad su reino de justicia.
Resumiendo. La espiritualidad de Jesús está centrada en el reino de Dios, es decir, se alimenta de un Dios que sólo busca una humanidad más justa y más feliz, y tiene como centro y tarea decisiva construir una vida más humana, tal como la quiere Dios. Cualquier espiritualidad que quiera llamarse y ser cristiana tendrá que seguir a Jesús por los caminos del reino de Dios.
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NORUEGA: PANORAMA RELIGIOSO
Prensa Ecuménica, 26 de julio de 2011

Hasta el presente Noruega es oficialmente un Estado de Iglesia Protestante expresado en la Iglesia Evangélica-Luterana. Alrededor del 88% de la población es miembro de la Iglesia oficial de Noruega. Alrededor del 6% practica otras religiones y otro 6% no pertenece a ninguna comunidad religiosa.
Otras expresiones religiosas son el Movimiento Humanista, representado por la Asociación Humanista Noruega; el Islam; el Movimiento Pentecostal; la Iglesia Católica Romana; la Iglesia Libre Evangélica-Luterana, la Iglesia Metodista y otras iglesias libres. Para la mayoría la asistencia a los cultos no es una actividad regular y en gran parte la práctica religiosa es privada. Existe amplia libertad religiosa desde la enmienda constitucional efectuada en 1964.
Aunque no hay separación entre la Iglesia y el Estado, todos los habitantes tienen el derecho a ejercer libremente su religión de acuerdo con una enmienda en 1964 a la Constitución. La práctica de la religión en Noruega es en gran parte privada. Noruega era parte de la Iglesia Católica Romana hasta 1537 que pasó a ser protestante. Época de las luchas religiosas, Noruega declaró prohibido el catolicismo romano en su tierra. Tal decisión fue revocada tres siglos después, en 1843.
Actualmente existe un acuerdo entre los partidos políticos, aprobado en la Legislatura de Noruega, para la separación de la Iglesia Evangélica Luterana del Estado El cambio, se implementará en 2012 dado que tal resolución necesita ser aprobada en dos legislaturas consecutivas. Si bien no será una ruptura total de los vínculos iglesia-estado se entiende que esa nueva relación dará mayor autonomía para ambas partes.
La práctica del islamismo tiene la misma libertad que cualquier otra religión. De hecho la mayor mezquita de Escandinavia se encuentra en el barrio de Grønland en Oslo. Sin embargo existe un interesante conflicto con Arabia Saudita que quiere financiar la construcción de mezquitas en Noruega. El gobierno noruego lo prohíbe porque Arabia Saudita no respeta la libertad religiosa. […]
La legislación noruega permite la construcción de cualquier templo religioso que quieran construir sus habitantes, pero debe ser la Administración central la encargada de aprobar el apoyo financiero de estos proyectos, evitando que se incurra en cualquier tipo de delito.
El ministro de Asuntos Exteriores Jonas Gahr Stor declaró que "Sería una paradoja, y antinatural aceptar las fuentes de financiación de un país donde no hay libertad religiosa" recordando que en Arabia Saudita está prohibida la construcción de iglesias.
El funcionario afirmó que "Noruega llevará el asunto ante el Consejo de Europa" donde defenderá esta decisión basada en la más estricta reciprocidad con los sauditas.
La reciente Matanza Noruega coloca en tela de juicio la relación entre la religión, en este caso de fuerte raigambre protestante, y el desarrollo de la vida ciudadana. El autor de la matanza es calificado como un “fundamentalista cristiano” Se puede alegar que no se sabe de su práctica religiosa activa, pero en una sociedad como la noruega, al igual que en otras, este no es argumento válido. La cuestión es cómo se formó su estructura de pensamiento y de prejuicios que lo obligó a actuar de esa forma.
Al respecto no se puede olvidar que la Alemania nazi tenía de trasfondo una fuerte religiosidad, también protestante, con una enseñanza sobre la obediencia (debida) instalada en sus dirigentes y población como una instancia esencial de la ética cristiana.
Por otra parte, matanzas similares se produjeron en el cristianísimo Estados Unidos con protagonistas de perfiles semejantes a los de Anders Breivik, sin olvidar las guerras religiosas, la despiadada colonización en América Latina, el Caribe, África, India ni la Inquisición. […].
De Behring Breivik también se comprobó, por sus propias declaraciones, que odia al Islam, quiere salvar la civilización y sabe que lo que hizo es atroz pero lo considera necesario. Ese coctel de especificaciones hace que sea clasificado como de ultra derecha por lo que es habitual que al mismo tiempo sea un fundamentalista religioso.
Esas características también corresponden a personajes como Bush, quien recibía órdenes directas desde Dios, como a los Ayatolas que sostienen la “guerra santa” y que pueden desatar guerras como a Irak, Afganistán y terrorismo de alta escuela que saben que son atroces pero que los considera necesario.
Que esta matanza haya ocurrido en Noruega es un dato más que importante para el análisis entre la religión y la ciudadanía. No son pocos los que exclamaron ¿Quién iba a pensar que esto ocurriría en Noruega? Es que una de las características del siglo XXI es el desnudamiento de situaciones que hasta ahora no la percibíamos adecuadamente.
Por cierto, el domingo24 un solemne y emotivo culto en la Catedral de la Iglesia de Noruega en Oslo recordó a las víctimas de la matanza.

Actividades

¡PREPARÉMONOS TODOS/AS PARA PARTICIPAR EN EL CONCURSO BÍBLICO SOBRE EL LIBRO DE LOS HECHOS PARA CELEBRAR EL MES DE LA BIBLIA!

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 2 de agosto, 19 hrs.


EL TORMENTO DE LA SEPARACIÓN (Cantares 5.1-8)
Modera: Hna. Andrea Naranjo

CANTARES 5.1-8, REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA

Ya he entrado en mi jardín,
hermana y esposa mía;
recolecto ya la mirra y las especias,
libando estoy la miel del panal,
y ahora bebo el vino y la leche
que has reservado para mí.

Queridos amigos míos,
¡coman y beban hasta saciarse!
Yo dormía, pero mi corazón velaba,
y pude escuchar la voz de mi amado:
«Hermana y amiga mía;
mi palomita inmaculada,
¡déjame entrar!
Tengo la cabeza empapada de rocío;
¡escurre por mi pelo la lluvia de la noche!»
«¡Pero ya me he desnudado!
¿Cómo he de volver a vestirme?
¡Ya me he lavado los pies!
¿Cómo he de volver a ensuciarlos?»
Se conmovieron mis entrañas

cuando mi amado introdujo la mano
por la apertura del cerrojo.
Me levanté para abrirle a mi amado.
Por mis manos y mis dedos
corrían las gotas de mirra
hasta caer sobre la aldaba.
Le abrí a mi amado,
pero él se había marchado ya.
Con el alma salí en pos de su voz.
¡Lo busqué, y no lo encontré!


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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

AGOSTO: MES DE LA BIBLIA
LEER Y RETENER EL MENSAJE DIVINO
6 – Talleres
7 – Comunión/ Reunión de Consistorio
14 – Evaluación y planeación
18-19 – Concilio Teológico

21 – Capacitación y actualización de oficiales

Una humanidad orientada espiritualmente, Raúl Méndez Yáñez

31 de julio de 2011

Creer como Jesús: la espiritualidad del Reino, José María Vigil



"Creer hoy, nosotros, en nuestro mundo actual, como Jesús creyó en medio de aquel mundo de la imperial pax romana”: eso es ser cristiano, ser seguidor de Jesús. Y, por eso, porque se trata de creer como él, ha de hacerse con su mismo Espíritu, con aquella su “espiritualidad del Reino”. […]


Creer como Jesús implica tener una visión histórica de la realidad. Jesús tenía una concepción dinámica del tiempo, histórica, lineal, no cíclica ni encadenada a sí misma, sino abierta, lineal, con un alfa y una omega, con una percepción de Dios como el que camina delante de nosotros abriéndonos el futuro y encomendándonos construir la historia. […]

“Creer como Jesús” implica concebir la realidad como historia, como quehacer libre del ser humano, alentado por alguna utopía generadora de sentido. Desde cualquier otro esquema, desde cualquier otra lectura de la realidad se puede ser religioso, pero no se podrá "creer como Jesús".

sábado, 23 de julio de 2011

Letra 229, 24 de julio de 2011





JESÚS, APROXIMACIÓN HISTÓRICA, DE J.A. PAGOLA
José Antonio Sayés

Decía J. A. Pagola en una entrevista concedida al Diario Vasco (16-10-07) que a él le interesa Jesús porque es el hombre compasivo, que se acerca a los últimos, que busca la dignidad de la mujer. “Los rasgos más importantes de su perfil retratan a un hombre compasivo, un defensor de los últimos, que se interesó sobre todo por la salud de la gente (algunos dicen que fue un terapeuta religioso), y que frente a una visión legalista introduce la compasión como criterio de actuación”.
Esta es la búsqueda que hace Pagola de Jesús. A la verdad, que se trata de una obra ambiciosa, que conoce a la perfección el ambiente cultural, económico y religioso de la época de Jesús. No se puede negar que el autor en este sentido posee una enrome erudición. Su lenguaje es directo y sugerente. Su método le lleva a rehacer la experiencia de aquel mundo en el que vivía Jesús y a comunicarnos la experiencia misma que Jesús vivió. Jesús era un profeta itinerante que atrae por la fuerza de su persona y la originalidad de su mensaje. Y así trata de recuperar a Jesús en su atractivo personal. Dice en la misma entrevista mencionada que “una predicación que subraye lo doctrinal de una manera fría y encierre a Jesús en una doctrina muy sublime pero muy abstracta, impide llegar hasta el Jesús concreto. Jesús puede ser muy divinizado, pero entonces se nos queda muy lejos”.
[…]

La llegada del Reino
Nadie discute hoy en día que Jesucristo predicó como argumento central la llegada del Reino de Dios. Lo hacía en el campo y en las sinagogas. «El Reino de Dios ha llegado, convertíos» (Mc 1, 15).
En el mundo judío se esperaba un Reino que tendría como fin el sometimiento de todos los pueblos a la voluntad de Yahvé (el reinado de Dios), y al mismo tiempo el triunfo de Israel. Pero aquí el Reino no aparece de forma espectacular. Jesús tiene conciencia de que ha llegado el acontecimiento preparado por Dios en la historia de Israel: «el tiempo se ha cumplido». Lo dijo en su pueblo comentando a Is 61, 1-2; un texto que hablaba de la llegada del Reino. Y anotó: «esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy» (Lc 4, 21). Pero Jesús tiene conciencia de que con él ha llegado el Reino. El Reino de Dios se identifica personalmente con el mismo Jesús. Hay una equivalencia constante entre entregarlo todo por Cristo o por causa del Reino, entre seguir a Cristo o aceptar el Reino (Lc 18, 29; Mt 19, 29; Mc 10, 29). Con su llegada, predicación y milagros ha llegado definitivamente el Reino: «decid a Juan: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados» (Lc 7, 22-23; Mt 11, 5). Hay una idea en Orígenes que expresa esto con exactitud: Cristo es la autobasileia es decir, él mismo es el Reino en persona. Quien le acoge a él, quien se convierte a él, ha recibido el Reino.
Cristo en persona es la salvación. El Reino se manifiesta en su predicación y en sus milagros. E implica una nueva noción de Dios: Dios es Padre. Y esto entra en contraposición con la idea que tienen los fariseos que pensaban que la justicia (salvación-santidad) la lograban ellos con el cumplimiento exacto de la ley y excluían de la salvación a los que no la cumplían como ellos, a los pecadores, recaudadores de impuestos y prostitutas. Viene Cristo y en la parábola del hijo pródigo nos habla del Padre que goza perdonando y que escandaliza al hermano mayor que representa al fariseo. Dios ama a las personas independientemente de sus méritos, porque es un Dios que goza perdonando: «hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve que no necesitan de arrepentimiento» (Lc 15, 7). Éste es el Padre de Cristo. Ahora bien, el castigo del infierno es para aquellos que desprecian el amor del Padre renunciando a la conversión y a la gracia que se les da (Mt 11, 20-29) porque los que se obstinan en no creer, los que se burlan de ese amor misericordioso de Dios, morirán en su pecado (Jn 8, 12.21-24). Se condenan aquellos que se cierran obstinadamente a la invitación misericordiosa de Dios (Jn 3, 16-21; 5, 24) y no quieren cambiar de vida.
Pero ha quedado rota la lógica del fariseo. El Padre ama independientemente de los méritos que uno tenga. También se salvan los recaudadores de impuestos (decían los fariseos que ni Dios mismo los podría salvar). Dios goza perdonando. En la parábola del fariseo y del publicano, el publicano no podía presentar méritos como el fariseo, pero pide perdón (Lc 18, 9-14) y por ello salió justificado del templo. Creo que habría que decir en consecuencia que el primer mandamiento es dejarse amar por Dios. Al Reino se entra por tanto por la conversión y la fe.
Y el Reino tiene dos dimensiones (como la gracia): por un lado nos hace hijos en Cristo y, por otro, nos libera del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Y lógicamente, el Reino no puede limitarse a la dimensión interior de la gracia, sino que por su lógica interna ha de suprimir la injusticia y ha de preocuparse por la salud social de los hombres.
Pues bien, para Pagola, el Reino se reduce exclusivamente a última dimensión. Pagola se rebela contra los que hacen del Reino de Dios algo privado y espiritual que se produce en lo íntimo de la persona cuando se abre al amor de Dios (95). No, el Reino es una fuerza liberadora que trata de curar el sufrimiento, la enfermedad y la pobreza. El enemigo a combatir es el mal que reina en el mundo. Jesús proclama la salvación de Dios curando. Dios es amigo de la vida y quiere generar una sociedad más saludable: curar, liberar del mal, sacar del abatimiento, sanar la religión. Eso es el Reino (101). Dios viene para suprimir la miseria, para que los hombres recuperen su dignidad. Dios no tolera el sufrimiento de los pobres. Y las cosas tienen que cambiar. […]

El perdón de Dios
Pagola sigue explicando que Dios es bueno, que su bondad lo llena todo, que su misericordia ha irrumpido ya en la vida. Pero al meditar sobre la parábola del hijo pródigo (127 y ss.), la tergiversa al olvidar que el hijo vuelve arrepentido: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros» (Lc 15, 21). Y dice Pagola que el padre interrumpió la confesión de su hijo (130) cuando en realidad esa confesión de arrepentimiento el hijo la había dicho cuando estaba todavía lejos de casa. En la parábola hay conversión. Dios perdona sí, pero a un hijo que ha vuelto arrepentido. Se tergiversa el Evangelio cuando se dice que Dios perdona sin conversión; otra cosa es decir que el Padre goza perdonando: «hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve que no necesitan de arrepentimiento» (Lc 15,7). Ahí está también la parábola del fariseo y el publicano. El publicano salió justificado porque pidió perdón.
Recuerda Pagola que Dios acoge a publicanos y pecadores sin condición ninguna (199). Jesús comparte mesa con ellos y se sienten acogidos por Dios y así se va despertando en ellos el sentido de su propia dignidad. Dios es un amigo que ofrece su amistad, y así poco a poco se despierta en el pecador el sentido de su dignidad. Los pecadores pueden abrirse al perdón de Dios y cambiar, pero no se da ninguna declaración, no les absuelve de sus pecados, sencillamente los acoge como amigo. Jesús enseña que Dios sale hacia el pecador no como juez que dicta sentencia, sino como un padre que busca recuperar a sus hijos perdidos. En el Antiguo Testamento se perdona a los que previamente se han arrepentido; Jesús no exige un arrepentimiento previo. Jesús acoge a los pecadores tal como son, pecadores. Se trata de un perdón no condicionado al arrepentimiento:

Este perdón que ofrece Jesús no tiene condiciones. Su actuación terapéutica no sigue los caminos de la ley: definir la culpa, llamar al arrepentimiento, lograr el cambio y ofrecer un perdón condicionado a una respuesta posterior positiva. Jesús sigue los caminos del Reino: ofrece acogida y amistad, regala el perdón de Dios y confía en su misericordia, que sabrá recuperar a sus hijos e hijas perdidos. Se acerca, les acoge e inicia con ellos un camino hacia Dios que solo se sostiene en su compasión infinita. Nadie ha realizado en esta tierra un signo más cargado de esperanza, un signo más gratuito y más absoluto del perdón de Dios.
Jesús sitúa a todos, pecadores y justos, ante el abismo insondable del perdón de Dios. Ya no hay justos con derechos frente a pecadores sin derechos. Desde la compasión de Dios, Jesús plantea todo de manera diferente: a todos se les ofrece el Reino de Dios; sólo quedan excluidos quienes no se acogen a su misericordia. (208).
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MUJERES, MUJERES
Juan Gelman
Página 12, 14 de julio de 2011

Englobar a todas las mujeres en la palabra mujer o su plural sería un empeño fútil, como dijera Juan Carlos Onetti. […] La flamante entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Géneros y el Empoderamiento de la Mujer (UNW), que la Asamblea General, órgano máximo de la ONU, creó en julio de 2010 y que preside la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, acaba de dar a conocer su primer informe sobre la situación de la mujer en todo el mundo (progress.unwomen.org, junio de 2011). El estudio guarda objetividad, señala los progresos en la materia que se vienen dando desde comienzos del siglo XX y, a la vez, despliega un panorama en el que la desigualdad de géneros persiste tenazmente. […]
En 117 países rigen leyes que garantizan la igualdad de salario de los géneros por el mismo trabajo, pero el promedio global indica que la mujer recibe del 10 al 30% menos que el hombre en todas las regiones y sectores. Ese desnivel alcanza el 23% en EU, donde se acentúa para las afroamericanas (39%) y las latinas (48%). La discriminación racial agrava la económica.
El informe aborda la presencia de la mujer en las instituciones y anota avances: la presencia femenina en el Congreso de EU aumentó del 11% en 1997 al 17% en 2010, mientras que en Ruanda asciende al 51 % y en 6 países de América Latina y el Caribe –Argentina, Bolivia, Costa Rica, Cuba, Ecuador y Guyana– cumple o excede el 30% fijado como meta mínima a nivel internacional. Las mujeres desempeñan un tercio de los cargos ministeriales estadunidenses, el doble del promedio mundial, y cuatro ocupan la presidencia (en Argentina, Brasil, Costa Rica y Trinidad Tobago).
Hay fenómenos nuevos, como la promulgación en Nepal de leyes que aseguran a la mujer la igualdad de derechos hereditarios, y otros que no cesan: la violencia hogareña, la violación dentro y fuera del matrimonio no cuenta con una verdadera protección legal y padece una condena social tácita. El informe de la UNW registra que las mujeres de todo el mundo denuncian más los robos que las violaciones: los resultados obtenidos en 57 países revelan que sólo el 11% del total acude a la Justicia en el primer caso, contra el 38% en el último. “La evidencia muestra –apunta– que en EU los jurados son especialmente proclives a cuestionar la credibilidad de las mujeres afroamericanas y latinas en los casos de violación.”
Esta lenidad o insolvencia judicial se repite en el Viejo Continente: un estudio de 2009 detectó que sólo un 14% de las denuncias por violación presentadas en países europeos desembocó en una condena del culpable y en alguno, apenas el 5%. En Sudáfrica únicamente uno de cada seis casos llega a los tribunales y el 94% de los acusados sale indemne. Las mujeres indígenas de varios países latinoamericanos sufren una triple discriminación en las cortes por razones étnicas, de pobreza y de género. Pocas hablan español o portugués y los servicios de traducción son casi inexistentes. El acceso igualitario de la mujer a la justicia está en veremos todavía.
El estudio de la UNW centra su atención en el tema de la violencia marital contra la mujer, es decir, el de “la mujer golpeada”. El ordenamiento interno de 125 naciones ilegaliza la violencia doméstica, pero según encuestas que se realizaron en 20 países de Europa, del 8 al 35% de las mujeres la sufría en el hogar. En EU, un 22%. Casi un 50% en Sri Lanka, 33% en Jordania y así de seguido. A la vez, se observa un suceso verdaderamente extraño: los niveles de consentimiento del maltrato.
Mentes occidentales prejuiciosas tal vez no se sorprendan de que el 30% de los interrogados y las interrogadas en Sri Lanka, más del 50% en Malasia y el 65% en Tailandia hayan manifestado que es aceptable a veces que un hombre le pegue a la mujer. Qué han de pensar cuando se enteren de que esa proporción es del 16% en EU. El mito del machismo latinoamericano parece en decadencia: el 85 % de los encuestados en siete países de la región opinó que es inadmisible pegarle a su mujer.

Los derechos de la mujer mucho adelantaron en el mundo desde que por primera vez se ejerció el voto femenino, en Nueva Jersey, en 1776, abolido 30 años después, y es evidente que ello se debe sobre todo a las luchas por la igualdad de las mujeres mismas. El informe de la UNW descubre hasta qué punto, dados los disímiles paisajes del mundo, hombres y mujeres no han llegado aún al cabo de la calle.

Actividades

HOY, A LAS 17.30 HRS., TENDREMOS LA MESA REDONDA: “IMÁGENES E IDEAS SOBRE JESÚS EN EL MUNDO ACTUAL”. TODOS/AS ESTÁN INVITADOS/AS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 19 de julio, 19 hrs.


EL ESPOSO ALABA A LA ESPOSA (II) (Cantares 4.9-16)
Modera: D.I. Odilón Arellano

CANTARES 4.9-16, REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA
Hermana y esposa mía,
con una sola mirada tuya
y con un solo hilo de tu collar
me robaste el corazón.
Hermana y esposa mía,
¡cuán deliciosas son tus caricias!
¡Son más deliciosas que el vino!
¡Es más dulce el olor d
e tus perfumes
que el de todas las especias aromáticas!
De tus labios fluye miel, esposa mía;
leche y miel hay debajo de tu lengua.
La fragancia de tus vestidos
evoca la fragancia del monte Líbano.
Eres un jardín cercado,
hermana y esposa mía;
eres cerrada fuente, ¡sellado manantial!
Eres un jardín de granados,
donde crecen frutos exquisitos,
y flores de alheña y nardos;
nardo y azafrán, cálamo y canela,
toda clase de árboles de incienso,
y mirra y áloes, y las más finas especias.
Eres fuente de los jardines,
eres pozo de aguas vivas
que fluyen desde el Líbano.
Ven, amado mío, a tu jardín
y deléitate con sus dulces frutos!


***

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18-19 – Concilio Teológico: Xonacatlán, Edo. de México

Una humanidad basada en el amor, L. Cervantes-O.

24 de abril de 2011


Si sólo aman a la gente que los ama, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los pecadores hacen eso!
Lucas 6.31, Traducción en Lenguaje Actual

En un mundo sometido a los dictados del interés económico, la propuesta de Jesús de Nazaret de una humanidad basada en el amor parecería fuera de moda y de cualquier posibilidad real de llevarse a cabo. En la época de Jesús la situación no era muy diferente. Él se atrevió a reinterpretar la Ley del modo más profundo que pudiera imaginarse, algo impredecible para sus contemporáneos, especialmente los expertos en religión. Por ello, el “sermón de la llanura” (en Lucas), siguiendo a Mateo, lo muestra en un particular rechazo de la práctica del amor entre quienes representaban la supuesta obediencia a Dios. El punto álgido es el amor hacia los propios y hacia los extraños. Éstos estaban descartados para sentir algo por ellos, pero Jesús plantea un camino más amplio y exigente, la “revolución del amor”:

No podía haber nada más revolucionario y radical. […]
En el Antiguo Testamento, amar al prójimo como a sí mismo constituye la experiencia de la solidaridad de grupo. Pero sólo el pariente o el ser cercano ha de ser tratado como otro “yo”. La fraternidad para con unos implica siempre la enemistad para con otros.
Jesús amplía el concepto de prójimo hasta el punto de abarcar a los enemigos. No podía haber encontrado un medio más efectivo para hacer ver a sus oyentes que lo que él deseaba era que esta solidaridad se amor incluyera a todos los hombres. Sus palabras son casi intolerablemente paradójicas: la contradicción natural existente entre “prójimo” y “enemigo”, entre “íntimo” y “extraño”, ha de ser olvidada y superada de tal forma que los enemigos se conviertan en parientes, y los extraños en íntimos.
Jesús no duda en declarar abiertamente las consecuencias casi inconcebibles de semejante actitud: “Haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian” (Lucas 6.27-28).
[1]

Pero la instalación de esta actitud en el mundo enfrenta muchos problemas y la necesidad de aprender del ejemplo de Jesús en cuanto a la forma de tratar con quienes no aceptan esta posibilidad como algo efectivo. La presencia auténtica del reino de Dios en el mundo se caracteriza por una práctica del amor que es capaz de enfrentar la oposición, el ridículo y la persecución. Cuando Jesús empuñó el amor como el arma más revolucionaria jamás concebida enfrentó el cuestionamiento cínico y mordaz de los fariseos, es decir, aquellos que asumen la fe como un instrumento de engaño y simulación. Pero aun a ellos los amó a Jesús y enseñó a sus seguidores/as a practicar un amor radical, incluso hacia los enemigos, a quienes hay que denunciar con una vida transparente de buena voluntad permanente hacia todos sin transigir con la injusticia y la maldad:

Si el amor se entiende como solidaridad, entonces el amor no es incompatible con la indignación y la ira. Todo lo contrario: si uno está auténticamente interesado por las personas como personas y es dolorosamente consciente de sus sufrimientos, habrá de sentirse necesariamente indignado y airado contra cualquier hombre que cause sufrimiento a sí mismo y a los demás. Jesús se sentía enojado, muy enojado en ocasiones, contra quienes se arruinaban a sí mismos y a los demás, contra aquellos cuyo orgullo e hipocresía no les permitía prestar oídos a las advertencias del mismo Jesús en el sentido de que estaban encaminándose a su propia destrucción y arrastrando a todos consigo. Su enojo contra ellos era por causa de todo el pueblo, incluidos ellos mismos. De hecho, la prueba más evidente de que Jesús amaba a todos los hombres la constituye esta misma y explícita indignación contra los enemigos de la condición humana de todo el mundo, incluida la suya propia.
[2]


De todo esto debe brotar una actitud crítica, militante y creativa hacia lo que se entiende por amor en el mundo.


Notas
[1] Albert Nolan, ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo. Santander, Sal Terrae, 1981 (Presencia teológica, 9), pp. 101, 102.
[2] Ibid., p. 107.

El Reino y la solidaridad, Albert Nolan




En el Antiguo Testamento, amar al prójimo como a sí mismo constituye la experiencia de la solidaridad de grupo. Pero sólo el pariente o sel ser cercano ha de ser tratado como otro “yo”. La fraternidad para con unos implica siempre la enemistad para con otros.
Jesús amplía el concepto de prójimo hasta el punto de abarcar a los enemigos. No podía haber encontrado un medio más efectivo para hacer ver a sus oyentes que lo que él deseaba era que esta solidaridad se amor incluyera a todos los hombres. Sus palabras son casi intolerablemente paradójicas: la contradicción natural existente entre “prójimo” y “enemigo”, entre “íntimo” y “extraño”, ha de ser olvidada y superada de tal forma que los enemigos se conviertan en parientes, y los extraños en íntimos.Jesús no duda en declarar abiertamente las consecuencias casi inconcebibles de semejante actitud: “Haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian” (Lucas 6.27-28). […]

sábado, 16 de julio de 2011

Letra 228, 17 de julio de 2011



EL JESÚS HISTÓRICO: CONSIDERACIONES PASTORALES
Luigi Schiavo y Lorenzo Lago
RIBLA, núm. 47

Jesús, símbolo de la fe
Aunque haya discontinuidad entre el Jesús histórico y el Jesús de la fe, no podemos todavía separarlos. El Jesús post-pascual (de la fe), depende y está, de cierta forma, en continuidad con el Jesús pre-pascual. Ambos son verdaderos: uno por referirse a una persona y a unos acontecimientos concretos: el hombre Jesús de Nazaret y su trayectoria existencial; el otro por constituir la referencia de la fe, de quien en él acredita. Sin embargo, cuanto más nos distanciamos de la historia, tanto más el Jesús de la fe, expresado en múltiples imágenes, se enriquece de elementos culturales y se vuelve revelante. Para las comunidades, no importa el Jesús real, quién fue él, en la realidad de su tiempo, su humanidad hecha de deseos, sueños, expectativas, sufrimientos, frustraciones, relaciones, etc. Vale el Jesús del gesto, que es imaginado y en el cual se confía. Tales imágenes son el resultado de la memoria y de la tradición que atravesarán los siglos, y que en cada generación fueron reinterpretadas y re-significadas: de esta manera, Jesús se volvió un símbolo aglutinador de ansias y expectativas.
El símbolo, en su etimología (sym-ballo, literalmente ‘es situar junto’), busca unir dos cosas. Una, podemos considerar “empírica”: un objeto, una persona, un acontecimiento. Otra, tiene que ver con el significado que atraviesa y trasciende la primera. Es lo simbólico que trans-significa el sentido primario, “remitiendo para otra realidad que es la que importa existencialmente” (Croatto, 2001, p.87). Entre las características más importantes del símbolo están su polisemia, que sugiere y evoca varias significaciones al mismo tiempo y en épocas diferentes; la relación: el símbolo se vuelve un patrimonio social; y el hecho de ser permanente y universal (Croatto, 2001, p.102-110). Jesús, en este sentido, es un símbolo, que se transfigura y re-significa en las innumerables imágenes de él surgidas en la historia de la humanidad y que son expresión de la fe en él. Jesús como símbolo es algo vivo, abierto siempre a nuevas significaciones, ecuménico, plural, y no dogmático. Aquí está su fuerza y su encanto que lo hacen siempre actual. Cualquier persona, de cualquier lugar y época histórica, mirando hacia él, podrá reconocerse y depositar en él sus ansias, y volviéndose creyente y seguidor.

El peligro de un Jesús mágico y desencarnado
La búsqueda por el Jesús de la historia, permite cimentar la fe en el proyecto histórico de Jesús, el cual, más allá de la dimensión religiosa, envolvía lo social, lo económico y la política. De este modo, creer en Jesús significa comprometerse con su proyecto de transformación de la realidad humana y social.
La reconstrucción del contexto histórico es condición para la reconstrucción de la presencia, de la acción y de la predicación históricas de Jesús en su ambiente vital: el contexto del judaísmo del I siglo, de los movimientos sociales y de reforma religiosa y política, la situación de dominación del imperio romano, lo cotidiano del pueblo, sus esperanzas y sufrimientos. Se vuelve indispensable el preguntar: ¿Cuál es el impacto de la figura de Jesús en este contexto? ¿Qué esperanzas y actitudes provocaban sus palabras y acciones? ¿Era Jesús solamente un reformador religioso? ¿Cuál fue su apertura: era también político-social?
Esta reconstrucción, todavía sujeta a las limitaciones de la investigación histórica, aleja un poco el peligro de un Jesús mágico y desencarnado. En el símbolo, las dos realidades, la histórica y la trascendente, se fundamentan la una en la otra, en una dialéctica de reciprocidad. Si, con el pasar del tiempo, la figura de Jesús se fue enriqueciendo con trazos míticos y culturales, que enfatizan su dimensión divino-salvífica, el proceso de búsqueda del Jesús histórico ondeará su dimensión humana y su inserción crítica en la historia y en la realidad.
En tiempos de post-modernidad y de crisis de los grandes proyectos, la búsqueda es por la satisfacción inmediata de necesidades y deseos particulares. La individualidad sobresale por encima de la colectividad. El bien estar del individuo es el imperativo ético de toda persona. Sin embargo, en el mismo instante en que la globalización se abre a lo universal, paradójicamente dirige sus atenciones por encima del individuo: eso porque su objetivo es una felicidad parcial y siempre nueva, cuya satisfacción pasa por el consumo material. Es la lógica del mercado y de la economía. En este contexto, se favorece la imagen de un Jesús desencarnado y mágico: una especie de “deus ex machina” el cual resuelve nuestros problemas particulares y momentáneos. Es el “Jesús poderoso”, el “milagrero”, el “Jesús-solución”: nada más que un símbolo desencarnado, y muchas veces, alienante, una solución “barata”, de nuestras inquietudes y búsquedas, un manual personalizado de auto-ayuda.
Con “un mínimo de historicidad” (Zuurmond, 1998, p.118) será posible mantener la referencia al proyecto histórico de Jesús, indispensable en la transformación de la realidad como un todo, sin olvidar los problemas particulares de los individuos.

Jesús histórico y pastoral – El problema del método
La discusión sobre el Jesús histórico, en cuanto inserta en el contexto de una acción formadora pastoral, suscita específicos problemas metodológicos. Presenta una doble problematización: de Jesús y de su historia, de un lado; de nuestras concepciones y tradiciones acerca de Jesús y de su historia, de otro.
No podemos suponer que las personas y las comunidades que ofrecen momentos específicos de formación, puedan cuestionar con facilidad estos elementos, es decir, problematizarlos, sobre todo por tratarse de cuestiones centrales, aquellas que definen la identidad asumida por las personas y las comunidades. A lo largo de nuestra experiencia quedó claro que –inicialmente- el Jesús histórico, en la mayoría de los casos, no representa un problema. El Jesús conocido y reconocido en las experiencias catequéticas, litúrgicas o hasta de formación teológica, es percibido como siendo el Jesús de la historia y no hay espacio significativo para preguntas, a no ser en lo que toca respecto a los milagros. De cierta manera, ésta es la situación normal, en los dos sentidos positivos del término.
En un primer sentido, normal es lo que no es cuestionado. Ésta parece ser la característica de todas las concepciones de los orígenes. La figura de Jesús, está en el origen de la fe, de la esperanza, de la vida y de la concepción de la vida, tanto individual como comunitaria, de las personas que participan en los cursos bíblicos y de acción pastoral de formación.
Las concepciones que construimos en nuestras relaciones culturales originarias –‘de cuna’, por decir así- son el aire que respiramos ‘normalmente’, es decir, sin pensar: es lo normal. Y, como en el caso del aire o del agua, percibimos lo normal precisamente cuando se transforma en su contrario, cuando se vuelve problema. El sentido de una presencia se impone en la ausencia. Este es el mecanismo de añoranza, que es una forma de problematización de lo normal.
Volviendo al caso de Jesús, normalmente no sentimos nostalgia de un Jesús ‘diferente’, no experimentamos todavía su ausencia. O lo creemos, al contrario, super-presente, evidente, en las concepciones que tenemos de él.
En un segundo sentido, normal es lo que es incuestionable. Es aquello que debe ser, no apenas porque se impone su presencia, como el aire, sino explicita una voluntad, una determinación que aceptamos como superior a nuestra propia percepción. La figura de Jesús, por ser una concepción originaria para todas las tradiciones cristianas, atrae la atención de las fuerzas normalizadotas que estructuran estas mismas tradiciones. Las eclesiologías, antropologías, teorías morales o jurídicas que construimos y escogemos, definen –al mismo tiempo que las suponen- una lectura normal, es decir, regulada, del fenómeno Jesús. Esta lectura tiende a mantenerse incuestionada e incuestionable en cuanto sobreviven las opciones que la generaron.

Primer paso - La percepción del problema
El primer requisito de una acción de formación pastoral, centrada en la problemática reflexiva del Jesús de la historia, es la conciencia responsable de estos mecanismos de normalidad y normalización. Es evidente que los dos niveles de problematización,
el de Jesús y el de nuestras concepciones, están visceralmente implicados, por tratarse de la discusión de cuestiones originarias. Investigar a Jesús y su historia, redunda en cuestionamientos radicales, es decir, originarios, de nuestras concepciones normales. Es un caso importante de “efecto dominó”. La problematización histórica acerca de Jesús, induce a la discusión de las reglas que normalizan nuestras concepciones acerca de Jesús y de las concepciones derivadas, que a su vez, implican una revisión de las opciones eclesiológicas, antropológicas, morales o institucionales que ya hicimos y asumimos. En el campo de la formación, más que en cualquier otro campo, es vital intentar imaginar los efectos a medio y a largo plazo, de nuestras intervenciones cuando éstas tienen como objetivo concepciones originarias, cuestiones –en cierta forma- vitales.
Por esto el primer paso de nuestro método de trabajo, consiste en una estrategia de condivisión de la responsabilidad. Comenzamos con una dinámica de visualización y discusión de las concepciones de Jesús que heredamos y asumimos. Invitando al grupo a explicitar su imagen ‘espontánea’ de Jesús, construimos un cuadro de referencia. Todas las imágenes son aceptadas y valorizadas, lo que origina alguna sorpresa. Existe la expectativa de recibir criterios claros de discernimiento, orientaciones explícitas sobre cómo juzgar las diferentes imágenes. La discusión surge naturalmente, por el simple hecho de colocar lado a lado, en un único panel, las imágenes de Jesús. El panel hace aparecer de forma clara y visible un significativo pluralismo cristológico.

Segundo paso - La búsqueda de los criterios
La pregunta por la legitimidad del pluralismo detectado, lleva al problema de los orígenes y al cuestionamiento de su singularidad. A esta altura de la discusión, el Jesús de la historia ya es un problema percibido por el grupo y no apenas un ‘grillo’ de unos pocos. A partir de este punto en adelante, la responsabilidad y el interés por las preguntas a ser formuladas y por las respuestas que deberán ser buscadas es de todos. Llevar a las personas a tener conciencia de los problemas (problematizar las concepciones de cuna) es una manera de pedir el consentimiento informado para intervenir. Como la intervención tendrá consecuencias importantes, el problema tiene que ser percibido con claridad, a fin de que la intervención no sea totalitaria y violenta, una verdadera invasión. Todo proceso de formación consciente y participativo –perfil esperado de cualquier acción pastoral- debe ser asumido en primera persona por los actores.
Por el hecho de que todas las imágenes tienen que haber sido aceptadas para integrar el panel, se puede concluir que ninguna tiene el privilegio de estructurar las respuestas. Criterios de evaluación deben ser buscados fuera del cuadro de referencia construido a partir de las imágenes ‘espontáneas’ de Jesús y también fuera de sus fuentes tradicionales, o mejor, fuera de las interpretaciones tradicionales de las fuentes. Las fuentes canónicas y sus tradiciones hermenéuticas necesitan ser sometidas a una seria discusión, lo que no es habitual en el contexto pastoral.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...