La Iglesia Presbiteriana Ammi-Shadday es una comunidad cristiana que adora y sirve al Dios único y verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ella se reúnen hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones para celebrar agradecida, gozosa y conscientemente el amor divino revelado en Jesucristo, y para ofrecer humilde pero sinceramente el afecto fraterno a todas las personas que buscan el consuelo de Dios y el calor de la comunidad humana.
sábado, 25 de febrero de 2012
Hebreos 13.8-16
sábado, 18 de febrero de 2012
Letra 259, 19 de febrero de 2012

BAUTISMO, SACERDOCIO UNIVERSAL Y MINISTERIO ORDENADO: IMPULSOS PARA LA REFLEXIÓN (II)
Martin Junge
En su respuesta a estas preguntas, Lutero reposiciona al bautismo como el factor constitutivo del estamento espiritual. Toda persona bautizada es —por fuerza del bautismo— parte del estamento espiritual, es –por fuerza del bautismo– sacerdote/sacerdotisa, y ostenta por ello –por fuerza del bautismo– autoridad en el estamento espiritual. En definitiva, entonces, el bautismo se constituye en el acto de ordenación al estamento espiritual, y de empoderamiento del pueblo de Dios con la autoridad sacerdotal. El poder espiritual, en el concepto de Lutero, no se concentra como tesoro en una estructura determinada, la cual lo reparte según su criterio por medio de imposición de manos. En cambio, se ubica en el sacramento del bautismo y se comunica por medio del acto bautismal, donde la persona bautizada es incorporada en el cuerpo de Cristo y dotada con los dones (carismas) que el Espíritu Santo quiera conceder.
Resulta importante profundizar todavía algo más en esta línea de pensamiento. A través del bautismo, las personas son incorporadas en el nuevo pacto del pueblo de Dios y son transformadas y empoderadas, por los dones del Espíritu (los carismas) como instrumento del propósito amoroso de Dios para toda la creación. Con este énfasis, Lutero entrelaza con mucha fuerza su teología del Sacerdocio Universal de todos los y las Creyentes con la missio Dei, la misión de Dios, tal como se expresa particularmente en la obra y los méritos de Cristo. A través del bautismo y por medio de los dones del Espíritu, cada persona participa en aquella misión que toma su origen en Dios y se encarna en el mundo en Cristo. A pesar de sus imperfecciones y fracturas, el pueblo de Dios tiene la vocación de anunciar y vivir la reconciliación, la transformación y el empoderamiento como manifestaciones de su Reino. El sacerdocio universal de todos los y las creyentes adquiere su sentido y razón de ser en la participación de la comunión de los santos y santas (las personas bautizadas) en la misión de Dios. Sin ese contexto, el concepto del sacerdocio universal, y el del ministerio ordenado, como veremos más adelante, se vaciaría de todo su propósito e intencionalidad originales.
Es importante mencionar, aunque en forma breve, que para Lutero el sacerdocio universal no se ejerce exclusivamente en el ámbito de la iglesia institucional, ni tampoco exclusivamente en el ámbito secular. En cambio, este sacerdocio se vive en todos los ámbitos y relaciones de cada persona: la familia, el vecindario, la relación laboral, el ámbito público…. todos estos son espacios donde la persona bautizada tiene la vocación de vivir su bautismo. Pero también como parte de una comunidad eclesial, como miembro de una iglesia, toda persona bautizada está llamada a vivir su bautismo. Pues así como el bautismo incorpora a la totalidad de la persona en el cuerpo de Cristo, así el sacerdocio universal apunta a la totalidad de las dimensiones de la vida de las personas como espacio para expresar ese bautismo. El sacerdocio universal de todos los y las creyentes se vive en la iglesia y en la sociedad.
Esta comprensión amplia del concepto del sacerdocio universal se dibuja claramente en las expresiones que el mismo Martín Lutero esbozó en sus escritos para este sacerdocio:
- Vivir el sacerdocio universal es compartir los bienes materiales;
- …es ejercer la profesión secular como un sacerdocio;
- …es ejercer el derecho y el deber de proclamar la Palabra;
- …es ejercer la consolación mutua y el anuncio mutuo del perdón de los pecados;
- …es practicar la intercesión por los hermanos y las hermanas;
- …es discernir y juzgar las doctrinas.
Queda de manifiesto así, que tanto el intento de reducir el sacerdocio universal de todos los y las creyentes solamente al ámbito de la iglesia, como el intento inverso de excluir el ejercicio del sacerdocio del ámbito de la iglesia y solamente dirigirlo al ámbito secular, no corresponden a la amplitud original del concepto teológico desarrollado por el reformador.
El sacerdocio universal de todos los y las creyentes y el ministerio especial
A partir de las citas textuales de Lutero, queda de manifiesto, sin embargo, que la reconceptualización del sacerdocio a partir del bautismo no lleva a Lutero a descalificar la razón de ser de un ministerio especial dentro del sacerdocio universal, y con ello de una ordenación especial a este ministerio. Pues así como Lutero es vehemente en criticar la legitimación, la concentración de poder y la jerarquización de este orden, así es también claro en defender su necesidad y función dentro del pueblo de Dios. Lutero rechaza la idea que aquello que distinguiría al ministro ordenado sería su supuesta superioridad espiritual, o su supuesta capacidad metafísica de efectivizar la transubstanciación del pan y vino en cuerpo y sangre de Jesucristo. Pero Lutero no deja lugar a dudas en cuanto a la necesidad de una diferenciación en el ámbito del pueblo de Dios a partir de la función especial de la persona ordenada: a su cargo están la predicación de la palabra y la administración de los sacramentos, tareas que pertenecen a todo el pueblo de Dios, pero a las cuales él (y hoy ellas) se dedican en forma exclusiva y para la cual han sido debidamente llamados/as por la comunidad e iglesia.
La argumentación de Lutero para este fin tiene dos vertientes distintas. Por una parte, Lutero argumenta desde una perspectiva muy práctica, nutrida en parte de dolorosas experiencias vividas en el seno del proceso de la Reforma. Efectivamente, quedó de manifiesto tempranamente para Lutero que el “todos están a cargo” fácilmente derivaría en “nadie lo hace”. Por otro lado, Lutero debió reconocer también que sin un orden comúnmente acordado y aceptado, el sacerdocio universal podía degradarse en experiencias de abuso de poder y de atropello, ahora de otra índole: se imponía el más fuerte, el más locuaz, el socialmente más reconocido, el más sagaz… El ministerio ordenado adquiere de esta forma una función que posibilita participación, interacción y responsabilidad mutua en el ministerio que pertenece a todas las personas bautizadas.
Pero para Lutero, el ministerio ordenado, u especial, es más que un arreglo práctico para el ejercicio ordenado de aquellas funciones que en el fondo pertenecen a toda la comunidad. Como se desprende de las citas, Lutero también argumenta sosteniendo que el ministerio ordenado es divinamente instituido, un orden creado por Dios. Su autoridad está enraizada en Cristo mismo, quien enmarca este ministerio dentro del carácter que Él mismo otorgó a su ministerio: la diaconía, el servicio. Ser ordenado/a, entonces, significa estar apartado para el servicio en la comunidad cristiana. Su autoridad, por ende, no se refiere a un status, sino a ese servicio. El /la ministro ordenado está dentro de la congregación, pues participa del único ministerio de la iglesia. Está al frente de ella, pues en nombre de Dios proclama el Evangelio y celebra los sacramentos. El ministro / la ministro surge desde el sacerdocio universal y es electo/a por la comunidad; el ministerio que asume, sin embargo es instituido por Dios. En este sentido, la funcionalidad del ministerio ordenado ya no se explica exclusivamente como una delegación de una tarea de todos/as en una persona debidamente llamada. Su funcionalidad también se explica desde el argumento de la continuidad del apostolado en la iglesia cristiana, la representación de Cristo en medio de ella y la unidad en el cuerpo de Cristo.
En términos prácticos, el sacerdocio universal de todos los y las creyentes, por un lado, y el ministerio ordenado, por el otro, no son opciones excluyentes sino expresiones interrelacionadas e interdependientes, que además constituyen, en teoría, un fino equilibrio de poder en el estamento espiritual del cual, reiteramos, toda persona bautizada es parte: El sacerdocio universal y su potestad, incluso la del discernimiento de la Escritura y de la doctrina, es un contrapeso a una posible dominación y abuso de poder desde el ministerio (ordenado). Nada más como ejemplo: la impresionante creatividad de aquellos “ministros, apóstoles, profetas, etc.” de ciertos grupos religiosos contemporáneos para crear y deshacer doctrina y prácticas cristianas, dan cuenta de la utilidad y necesidad de tal contrapeso ubicado con plena autoridad en el pueblo de Dios. El sacerdocio universal corrige el potencial peligro de un tutelaje espiritual por parte de una élite clerical, ya sea autoproclamada, o efectivamente ordenada.
De la misma forma, el ministerio ordenado se constituye en contrapeso a una posible manipulación del Evangelio de Jesucristo por parte de una comunidad, dotándolo de una autoridad que se origina más allá de sus propios confines y la conecta con todo el cuerpo de Cristo. La soledad de Cristo en la cruz debería servir de suficiente advertencia a quienes demasiado rápidamente quisieran aplicar el principio del vox populi, vox Dei —la voz del pueblo es la voz de Dios— a la misión de la iglesia. Expresiones contemporáneas de un sinnúmero de grupos endosando, y hasta clamando por nuevas formas de palpar, controlar y asegurar su salvación (casi siempre personal), nos hablan hoy de la utilidad de este contrapeso ubicado más allá del ámbito de control de una comunidad determinada.
Es dentro del campo de fuerza que se abre a partir de esta importante diferenciación, pero a la vez interrelación entre sacerdocio universal y ministerio ordenado que las iglesias luteranas deben buscar una adecuada expresión de su vocación de participar en la misión de Dios.
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AMENAZAN ACABAR CON EL ESTADO LAICO
Israel Mariano Ramírez
El Sol de Cuernavaca, 17 de febrero
Ciudadanos autodenominados liberales manifestaron su inconformidad por las reformas al art. 24 de la Constitución Política Mexicana, que fueron aprobadas el pasado 15 de diciembre en la cámara baja, las cuales dicen que abren las puertas para acabar con el Estado laico, por lo tanto, acudirán ante los senadores y hacerles ver la gravedad y el retroceso que implicaría en materia de derechos sociales el aprobarlas.
A nombre de las logias y ritos de masones en la entidad, Adolfo Viazcán Rebollo, explicó que muchos de los diputados federales están comenzando a entender la gravedad de lo que hicieron porque todo ocurrió en la última sesión del 2011. Para el próximo 21 de marzo, fecha significativa de Benito Juárez, realizarán una gran asamblea con los senadores morelenses, donde explicarán los alcances de estas reformas.
Y es que Morelos, dijo junto con cinco estados de la República es de los pocos que tiene reconocida la condición de laico por decreto […] "lo que pone en grave peligro la laicidad del país y pone sobre el camino del Estado confesional, que durante 200 años ha pretendido recuperar el clero político".
En su opinión no pueden aceptar el Estado laico porque ha sido larga la lucha para alcanzar a ser un estado laico, "no hemos perdido de vista el avance de las fuerzas de derecha desde 1988; y hemos decidido ayudar para que los ciudadanos se enteren de lo que están pretendiendo hacer los legisladores, menos las repercusiones del texto que aprobaron el 15 de diciembre".
Desde esa fecha hasta hoy, dijo Viazcán Rebollo, los legisladores se han retractado luego de hablar con ellos y han reconocido su equivocación […] es que la ley aún no ha sido aprobada por el Senado y en razón de ello, "creemos que estamos a tiempo para evitar que esta reforma se llegue a consolidar en todo México […]".
Por eso, los llamados liberales en Morelos, criticaron el objetivo de la reforma, por medio de la cual los religiosos solicitan ser propietarios de medios masivos de comunicación, tener acceso y evangelizar al Ejército Mexicano, construyendo capillas y curas en cada uno de las zonas militares, ser votados sin renunciar a la representación clerical, "es decir, que de aprobarse después de este sexenio, el próximo presidente podría ser un obispo o cura, pero además piden ser asesores morales en hospitales, orfanatos y asilos, el más grave quizás, es que piden que en todas las escuelas públicas haya un ministro de culto pagado por el Gobierno federal".
Actividades
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Un sacerdocio integral en la vida entera (según el modelo de Jesús de Nazaret), L. Cervantes-O.
Hebreos 12.1-6

¡Todas esas personas están a nuestro alrededor como testigos! Por eso debemos dejar de lado el pecado que es un estorbo, pues la vida es una carrera que exige resistencia.
Pongamos toda nuestra atención en Jesús, pues de él viene nuestra confianza, y es él quien hace que confiemos cada vez más y mejor. Jesús soportó la vergüenza de morir clavado en una cruz porque sabía que, después de tanto sufrimiento, sería muy feliz. Y ahora se ha sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en el ejemplo de Jesús. Mucha gente pecadora lo odió y lo hizo sufrir, pero él siguió adelante. Por eso, ustedes no deben rendirse ni desanimarse, pues en su lucha contra el pecado todavía no han tenido que morir como él.
Pero ustedes parecen haberse olvidado ya del consejo que Dios les da a sus hijos en la Biblia: “Querido jovencito, no tomes las instrucciones de Dios como algo sin importancia. Ni te pongas triste cuando él te reprenda. Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo”.
sábado, 11 de febrero de 2012
Letra 258, 12 de febrero de 2012
LOS CANDIDATOS Y EL ESTADO LAICO
Roberto Blancarte
Milenio Diario, 7 de febrero de 2012
Una vez que los principales partidos políticos han prácticamente definido quiénes serán sus candidatos a la Presidencia de la República, podemos ver cada vez más claramente cuáles son nuestras opciones. Y desafortunadamente, en materia de laicidad del Estado, las noticias no son buenas. Por un lado tenemos a la virtual candidata del PAN, que para las elecciones internas le pidió a los afiliados a ese instituto político que salieran a votar, pero eso sí, sólo después de ir a misa tempranito, a las 8. Rezar y votar, por ella por supuesto: porque, supongo, rezando, Dios les ayudaría a escoger a la mejor candidata. Por otro lado, tenemos a un candidato que estudió en la Universidad Panamericana, propiedad del Opus Dei y que dice que uno de los libros que han marcado su vida es la Biblia, aunque no la ha leído completa. Hay además fuertes sospechas de que por indicaciones suyas la fracción parlamentaria del PRI se puso de acuerdo con la del PAN para modificar el artículo 24 de la Constitución y abrirle las puertas de la educación pública a la Iglesia católica. Finalmente, la coalición de partidos de izquierda tiene como virtual candidato a un juarista guadalupano, que más que creer en el Mesías piensa que él es el redentor. Parece ser que no son los peores, porque Ernesto Cordero todavía dijo hace poco que si él llegaba a la Presidencia permitiría la educación religiosa en las escuelas públicas. Me hizo recordar el dicho: “Por algo Dios no les dio alas a los alacranes”. Aunque también se dice que “hierba mala nunca muere”, por lo que, no lo dude usted, el insulso personaje pronto reaparecerá en algún puesto público o de campaña, promoviendo tan disparatado propósito. Es parte de la nueva generación de panistas, tan socialmente conservadores como analfabetos del Estado laico.
De cualquier manera, el panorama es preocupante. El problema no es que los candidatos sean o no creyentes, que pertenezcan a alguna Iglesia o que sean seguidores de alguna religión. Ni siquiera que sean practicantes regulares, esporádicos o temporales de algún culto religioso. A eso tienen derecho y es algo que nuestra Constitución garantiza y defiende. El verdadero problema es que, por lo visto, ninguno de los virtuales candidatos tiene idea de la importancia de distinguir sus creencias personales de sus convicciones políticas y, por lo tanto, de lo que sería su función pública, en caso de ser elegidos por el pueblo (no por Dios). Peor aún, todos evidentemente creen en la necesidad de manipular el sentimiento religioso a favor de su opción política y están dispuestos en consecuencia a negociar las leyes y políticas públicas con las dirigencias religiosas. Se imaginan equivocadamente que, congraciándose con algunos de estos dirigentes, apareciendo en la foto con ellos, saludando al Papa en televisión, hablando con un lenguaje religioso, invocando a Dios, haciendo referencia a la Biblia (aunque hayan leído sólo unas partecitas), cantándole a la virgen morena o simple y sencillamente asumiendo una actitud piadosa, van a obtener el voto de las y los mexicanos. Son las y los mismos que ahorita se estarán preguntando cómo hacer para saludar a Benito XVI en su corta visita a México, o qué cosa pueden prometer para tener la bendición eclesiástica. Y algunas de estas dirigencias religiosas, a quienes nunca les ha importado la religiosidad o la vida personal de estos candidatos o candidatas, sino los posibles beneficios provenientes del Estado, están dispuestos a voltear la mirada hacia otro lado, a declarar nulos matrimonios, a torcer sus propias reglas, en suma a blanquear sepulcros, con tal de que su institución obtenga los privilegios demandados.
No hay, no ha habido, hasta ahora, una indicación seria de que alguno de estos candidatos pretende, en primer lugar, defender al Estado laico y lo que éste significa, es decir las libertades de todos. Como tampoco hay un posicionamiento claro de que, por lo mismo, las creencias personales son precisamente eso, personales, y que no deben tener cabida en una campaña en la que se establecen los proyectos de políticas públicas para una población muy diversa religiosamente hablando. Se les olvida a los aspirantes que México tiene casi 20 millones de no católicos. Así, por ejemplo, cuando Josefina Vázquez Mota le pide a los panistas primero ir “a misa” y después votar, olvida (o simplemente ignora) que “a misa” no van más que los católicos, porque ni los evangélicos, ni los budistas, ni los judíos, ni los testigos de Jehová, ni los mormones van “a misa”. ¿Supuso ella que todos los panistas son católicos, o no le importó? Sería todavía más grave.
Lo peor de todo es que estos virtuales candidatos no son ni siquiera un reflejo en esta materia de los militantes de sus partidos. Si bien es cierto que el PAN se ha llenado de conservadores mochos, hay muchos que tienen una perspectiva laica de la política. En el PRD, el mesianismo de su candidato no refleja las posturas laicas de los partidos y de sus miembros. Y en el PRI sólo la disciplina y la sumisión política a la que están acostumbrados permite que no haya mayores protestas y disidencia dentro del mismo. Nada de esto anuncia buenos tiempos para el Estado laico y las libertades que éste garantiza.
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BAUTISMO, SACERDOCIO UNIVERSAL Y MINISTERIO ORDENADO: IMPULSOS PARA LA REFLEXIÓN (I)
Martin Junge
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Una experiencia intrigante
Años atrás, tuve una experiencia muy reveladora sobre el tema que nos ocupa esta mañana: Bautismo, Sacerdocio Universal y Ministerio Ordenado. Estábamos trabajando un grupo de pastores y sacerdotes en una planificación de actividades para una organización ecuménica barrial. El tiempo pasó más rápido que previsto y pronto llegó el momento en que tuve que optar por quedarme en aquella reunión, pero faltando a mi compromiso con un grupo de mujeres de mi congregación y luego a las clases de confirmación, o dejar la reunión ecuménica para atender mis responsabilidades pastorales. —“Lo siento”, le dije a mis pares, “pero debo retirarme pues debo hacer el estudio bíblico en el grupo de mujeres, y luego en la tarde impartir las clases para el proceso de confirmación”.
El sacerdote católico me miró y luego, en un tono amistoso me dijo: —“¿Cómo? ¿Tú personalmente tienes que hacerlo? ¿No tienes cuadros laicos que asuman esta tarea? Yo tengo todas las actividades en manos de los líderes de la comunidad. Mi rol es trabajar con ellos y leer misas. Su rol es trabajar con la parroquia y con sus grupos.” Y luego, con un tono que reflejaba solidaridad y amonestación a la vez complementó: —¡Me extraña, Martín! Ustedes con esa rica teología del sacerdocio universal de todos los creyentes… con comunidades tan pastor-dependientes…. Me resulta contradictorio.”
Me dejó reflexionando el colega sacerdote. Yendo para mi congregación, repasé mentalmente la situación de las demás congregaciones de mi iglesia, pensando que quizás yo estaba equivocándome en mi actitud, monopolizando actividades y liderazgo, haciéndome imprescindible, copando espacios…. Pero hasta donde conocía a mi iglesia, la situación era similar en otras congregaciones también. La presencia en los grupos, la catequesis – hasta donde yo veía ese siempre fue el rol del pastor o de la pastora.
Pero si aquello era práctica establecida, ¿dónde se expresa entonces el sacerdocio universal de todos los y las creyentes, ya no solamente como una teología, sino como una práctica en la iglesia luterana? ¿Qué afirmamos, en términos concretos, cuando enérgicamente sostenemos en nuestros escritos confesionales el sacerdocio de todos y todas?
2. Vamos a las fuentes. La teología del sacerdocio universal de todos los y las creyentes en Martín Lutero
Lutero, como siempre, es contundente en su argumentación, en el uso de las palabras y en la claridad de su pensamiento. Escuchen estas frases: “Así pues, somos todos ordenados sacerdotes a través del bautismo, como dice San Pedro en 1 Pe 2.9: ‘Ustedes son un sacerdocio real’”. Y luego: “Pues quien sale del Bautismo puede gloriarse de ya estar ordenado como sacerdote, obispo o Papa, si bien que no conviene a cada uno ejercer este oficio”.
En términos muy concretos ilustra: “En caso de necesidad, cada uno puede celebrar el bautismo y absolver, lo cual no sería posible si no fuéramos sacerdotes”. Y con indiscutible polémica, arremete: “...se inventó que el papa, los obispos, los sacerdotes y los monjes sean llamados estamento espiritual; príncipes, señores, artesanos y agricultores de estamento secular. Esto es un invento y un fraude muy refinado. Pero que nadie se intimide por esta causa y por la siguiente razón: todos los cristianos son verdaderamente del estamento espiritual y no hay ninguna diferencia
entre ellos, a no ser exclusivamente por fuerza del oficio”. Sobre este oficio escribe: “…cada ciudad elige de la comunidad a un cristiano piadoso e instruido, encomendándole el cargo de párroco, y lo sustenta con los recursos de la comunidad, dándole la libertad de casarse o no.” Y luego sostiene: “Quiero hablar del estamento pastoral, que fue instituido por Dios y que debe regir una comunidad con la predicación y los sacramentos, morar en medio de ella y mantener un lugar temporal”.
3. La ordenación al sacerdocio universal por medio del bautismo
Así fue Lutero: creativo, intempestivo, un verdadero fuego artificial de intuiciones y conocimientos teológicos. Pero atención: las citas provienen de libros distintos que fueron escritos en distintos momentos. De hecho, Lutero nunca se sentó a escribir un tratado sobre “Bautismo, Sacerdocio Universal y Ministerio Ordenado”, sino fue escribiendo y predicando en la medida que se presentaban las situaciones en aquel fascinante proceso de la Reforma, en el cual la cristiandad se halló de pronto frente a insospechados espacios para pensar y construir iglesia (¡nuestra frase para el primer lóbulo!), para reubicarla dentro de los procesos sociales, políticos y religiosos que se vivían en el ocaso de la Edad Media, y para redefinir las matrices teológicas que ordenarían su quehacer.
Efectivamente, también la teología del Sacerdocio Universal de todos los y las Creyentes se genera en este proceso dinámico y va ganando cuerpo a partir de la necesidad de responder a situaciones muy concretas y específicas que surgen del proceso de la Reforma. No es expresión de aquella teología más bien “lúdica”, que elabora e hilvana por el indudable placer de desarrollar el pensamiento; en cambio, es respuesta a desafíos pastorales, eclesiológicos y teológicos que la iglesia cristiana en proceso de Reforma fue enfrentando.
En su calidad de respuesta, la Teología del Sacerdocio Universal de todos los y las Creyentes refleja una fuerte crítica al modo como la iglesia cristiana occidental se había organizado a sí misma y al mundo. Es decir, responde a una realidad que en la percepción de Lutero era pastoral y teológicamente insatisfactoria e insostenible.
Lutero critica: la división de la cristiandad entre un estamento espiritual (=clerical, es decir, monjes, sacerdotes, obispos, etcétera) y un estamento secular (zapateros, médicos, campesinos); la prerrogativa del estamento espiritual (concentrada en última instancia en la autoridad del papa) para interpretar las Escrituras.
Con su crítica fundamental a la autoridad exclusiva del papa (y por extensión a los estamentos subordinados a él), el proceso de la Reforma se vio enfrentado, sin embargo, a la pregunta que surge como consecuencia lógica de esta crítica: si la autoridad y la prerrogativa exclusiva en los asuntos espirituales no se ubica en la construcción piramidal que caracteriza la eclesiología católico-romana con su punto focal en la figura del papa, ¿dónde se ubica entonces? ¿Dónde está la autoridad y la potestad en la cristiandad, quién la ostenta? En términos bien prácticos, ¿quién interpreta las Escrituras, quién confiere autoridad para que alguien actúe como pastor en medio de una comunidad, quién tiene derecho a la palabra en la comunidad, a la predicación y a la administración de los sacramentos? Guarden la compostura, pues son las instituciones eclesiásticas las cuales en estos tiempos difíciles deben dar testimonio de compostura y diálogo.
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Actividades
EL PRÓXIMO DOMINGO SEGUIREMOS REFLEXIONANDO SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA EVANGELIZACIÓN
CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 14 de febrero, 19 hrs.
Un profeta amonesta a Jeroboam (I Reyes 13.1-20)
Modera: D.I. Odilón Arellano
Y, NO OBSTANTE…
Carlos A. Dreher
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on toda certeza, la revuelta de Siquem, caracterizada ahora no ya sólo como una reivindicación reformista sino como un retorno al sistema tribal, como “regreso a las tiendas”, no pretendía recrear la monarquía. En analogía con la revuelta de Seba, se puede percibir que no se pretendía, en Siquem, substituir la monarquía davídida por alguna otra, autóctona. Se pretendía realmente una sociedad sin Estado.
Sin embargo, así como otrora la amenaza filistea había exigido la formación de un ejército permanente para la defensa y, con ella, la elección de un rey, así también ahora, frente al riesgo de que Roboam intentara recuperar sus dominios por medio de la fuerza, con base en su fuerte aparato militar heredado de Salomón, Israel se veía forzado a transitar el mismo camino. El enemigo davídida estaba en las puertas. Era preciso hacerle frente. La amenaza no sería solo temporaria. Los davídidas no desistirían tan fácilmente. Sería imposible, para Israel, defenderse sólo con las unidades de defensa tribal. El trabajo en el campo quedaría comprometido. Era, por tanto, necesario elegir un rey, capaz de organizar una fuerza permanente y de garantizar las fronteras. Y así, porque ya no quería el Estado, se vio obligado a recrearlo. […]
Sea como fuere, por la necesidad de organizar la defensa y también de crear santuarios capaces de competir con el templo de Jerusalén, edificado por Salomón, Jeroboam fue hecho rey sobre Israel. Tal vez que hasta se había podido imaginar que, vencido el enemigo y organizado el culto, volvería él a ser un campesino convencional, como cualquier otro. Así había funcionado el sistema en el tiempo de los jueces. Con todo, por las noticias de 1 Re 15,6.16, la guerra de frontera fue más larga de lo que se podía imaginar. Tres reyes de cada lado estuvieron en el poder, mientras duró aquella disputa: Roboam, Abiyyam y Asá, del lado de Judá, Jeroboam, Nadab y Basá, del de Israel. La paz solo fue establecida en tiempo de los omridas, con el casamiento de Atalía, hija de Omrí o de Ajab, con Jorán, hijo de Josafat. Con esto ya habían pasado casi 80 años.
A esta altura, la nueva zarza ya había crecido, y ya no podía ser arrancada tan fácilmente. […]
Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, 32
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
18 – Inicio de cursos de música
19 – Predicación con énfasis en la evangelización
26 –Clase unida: Sacerdocio universal y liturgia reformada/ Mesa redonda: Sacerdocio universal y género
Sacerdocio universal y testimonio cristiano, Raúl Méndez Y.
12 de febrero de 2012
I Pedro 4.1-11
Introducción
Como se ha venido comentando en sermones anteriores, el Sacerdocio Universal es una cuestión de trabajo en comunidad. Al interior de la iglesia, como comunidad de fe democrática, el Sacerdocio Universal (aun una utopía, según el triste reconocimiento del pastor Cyril Eastwood) implica que cada creyente asuma su responsabilidad como constructor del Reino y heraldo del Evangelio. El día de hoy repararemos en las implicaciones de esta, más que ministerio, identidad, al momento de proyectar hacia fuera las virtudes de aquel que nos llamó a su luz admirable.
Como se dijo la semana pasada, la palabra clave para pensar el Sacerdocio Universal es “empoderamiento”. Se puede hablar de este empoderamiento en dos sentidos: como es entendido este término en los ámbitos político-sociales y como es entendido en el marketing. Ambos sentidos apelan directamente a la evangelización. Una vez analizados estos aspectos, en un tercer momento comentaré sobre la retroalimentación que al interior de las iglesias produce la evangelización. Finalizaré con algunas posibles líneas de acción del sacerdocio universal o empoderamiento evangélico (como también le habré de llamar) en nuestro contexto local.
1. Empoderamiento evangélico: gestión pública
En el contexto político-social el empoderamiento es entendido como “transformación estratégica de las relaciones de poder”[1] Es referido especialmente en la cuestión de género como el surgimiento de nuevas mujeres que buscan un reconocimiento público de su dignidad, no sólo en cuanto mujeres, sino también en su calidad de gestoras y representantes de su comunidad marginada y pobre. En este sentido el empoderamiento significa habilitar a cualquier persona para poder transformar la forma en la cual se decide quien y cómo gobierna, o como actúa desde el poder. Y por “poder” no se debe pensar exclusivamente en el tan preciado lugar que la alternancia desperdiciada, el nuevo rostro o el cambio verdadero se encuentran buscando este año.
Antes se definía poder como la capacidad que alguien tiene para obligar a otro a hacer algo.[2] Hoy puede entenderse el poder más bien como la capacidad de una persona para movilizar recursos materiales o humanos, sin ser necesariamente obligatorio. Es decir, poder es cuando una persona puede disponer de más energía que la que por si sola posee.[3] Ahora mismo yo tengo cierto poder pues soy capaz de atraer y aprovechar su atención durante un tiempo determinado; pensando en el próximo día 14 una novia tiene poder pues es capaz de movilizar a su novio por toda la ciudad con tal de que llegue a verla. Un patrón tiene poder pues dispone de la energía de sus empleados.
En este sentido el poder, como movilización de recursos y energía, puede ser mal o bien aprovechado, ética o inmoralmente. En el contexto bíblico este exceso de energía sólo es legítimo por una cosa: su capacidad de preservar la vida. Todo aquel poder que no movilice los recursos para preservar la vida individual y colectiva carece de autoridad. Así, en el momento en que Elí fue incapaz de controlar el mal sacerdocio de sus hijos, quienes en lugar de promover el cuidado y vida del pueblo procuraban su debilitamiento de recursos y de energía, fue quitado de su puesto; cuando un rey (y fue la constante) era inepto para hacer que el pueblo viviera bien era depuesto. Y finalmente, cuando Jesús señala que le ha sido dada toda potestad en los cielos y la tierra, esto va relacionado a su capacidad de traer vida en abundancia.
El empoderamiento es entonces el proceso por el cual se garantiza que la movilización de los recursos y la energía estén en las manos adecuadas. Lo cual implica, en la mayor parte de los casos, quitar el poder a una persona a una clase o grupo social. En el caso de las mujeres, equilibrar el poder en manos de los hombres recuperando ellas mismas muchas facultades. Para la Reforma Protestante el empoderamiento se dio en forma de la doctrina del Sacerdocio Universal. Por una feliz coincidencia pude obtener por un contacto de Facebook el segundo tomo de la Institución de la Religión Cristiana de Calvino en su prístina versión de 1597 de Casidoro de Reina en formato digital, escaneado por Google. De esta versión tomo el siguiente fragmento: “I si es verdad lo que dezimos, que el Sacramento no se debe estimar como que lo rezibiésemos de la mano de quien nos es administrado, sino como que lo rezibiésemos de la mano del mismo Dios, el cual sin duda nos lo dá: de aquí se puede colejir que ni se le quita, ni se le añide nada al Sacramento á causa de la dignidad de aquel que nos lo administra” (ICR, IV, 15, xvi).
Calvino piensa en los donatistas, grupo cismático del siglo IV que pensaba que la efectividad del Sacramento dependía de la dignidad del Ministro, pero también está pensando en la dignidad que el Ministro romano pensaba adquirir por administrar el sacramento, que se traducía en poder y dominación sobre el pueblo. La Reforma protestante, especialmente la segunda generación, hizo un ataque frontal a esta relación de poder predicando el Sacerdocio Universal. Se estableció que cada creyente era igual representante de Cristo, empoderando, teóricamente, a toda la comunidad. Y teóricamente pues la “administración de la Cena del Señor” se ha vuelto uno de los últimos recaudos de un viejo sistema vertical de Sacerdocio Limitado. Sólo el pastor la puede administrar.
Según un testimonio que escuché esta semana, en una iglesia del interior de la República varias hermanas y hermanos insistieron para modificar un tanto el formato de la administración de la cena. Se consiguió que los jóvenes se encargaran de su administración por primera vez. Cuando se sugirió que en otra ocasión podrían ser las mujeres las encargadas de presidir el sacramento la respuesta fue: “Bueno, bueno, somos modernos pero no tanto”. Frente a esta idea de Sacerdocio Limitado, el Nuevo Testamento muestra que el sustento del Sacerdocio Universal lo otorga Cristo mismo. La Primera Epístola de Pedro dice: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”. (v.1)
“Vosotros también” significa compartir la carne, compartir el padecimiento. Y es en el padecimiento, en la marginación, en el dolor, en las dificultades cuando empieza el Sacerdocio Universal, la toma de responsabilidad y la génesis del empoderamiento evangélico. El riesgo es creer que nos parecemos a Cristo cuando sufrimos, es decir, cuando olvidamos que la vida de Cristo es un proceso. Él no sólo sufrió, no sólo padeció, de hecho, al final triunfó, se empoderó obteniendo “toda potestad” y terminando con el pecado.
Más adelante la Epístola nos recuerda que el padecimiento no es la última palabra: “para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios” (v. 2). Esto, junto con la amonestación del versículo 3 (“Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.”). No sólo significa que el creyente debe alejarse de estas acciones, si no que debe dejar de sufrir a causa de ellas.
La frase “no vivir el tiempo que resta en la carne” es traducida del griego "ἐν σαρκὶ βιῶσαι χρόνον" (én sarki biosai krónon). Negar vivir en el contexto de la carne. Debe destacarse que no dice kata sarki, o “según la carne” que es la expresión paulina para vida en pecado. Aquí el texto indica que la carne es algo ajeno a nosotros, las lascivias, embriagueces, etc., no sólo nos afectan si las cometemos, si no que estas acciones nos dañan. Si bien estas acciones no son privativas de un grupo en específico, por el contexto de la epístola se desprende que aquí el autor se encuentra señalando vicios típicos de los estamentos de poder. Dejar de vivir en la carne, significaría evitar que los poderosos nos sigan dañando o haciendo padecer, como a Cristo. El llamado sí es a una vida en santidad, pero a una santidad empoderada, donde como pueblo evangélico recuperemos la capacidad de gestionar recursos y energías.
Esto, en efecto ocurría. La Primera Epístola de Pedro se da en un momento de persecución inminente, no totalmente declarada pero si pronta. Esto se debía a que para entonces los cristianos ya eran un grupo reconocido. Como demostró Elisabeth Shussler en su famoso ensayo sobre las primeras comunidades cristianas, las mujeres de los funcionaros públicos fueron de las primeras en convertirse fundando iglesias domésticas en sus hogares. Con el tiempo algunos de estos funcionarios (como nos muestra el libro de Hechos) también se interesaron en el Evangelio. Lo que se estaba generando entonces era el surgimiento de un frente evangélico importante. Santiago nos recuerda que no sólo los pobres eran cristianos, también había cristianos con dinero, prestigio y poder. Dado este contexto, estos cristianos empoderados tenían la responsabilidad de usar bien el poder, por eso: “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (4-5).
Esta “cosa extraña” eran cristianos con poder que no malgastaban energía en disipaciones e indolencias, sino que buscaban canalizar bien los recursos a su cargo.Pues esta administración pública de los recursos también es un resultado del Sacerdocio Universal. Así como Cristo padeció “en la carne”, o bien padeció por el mal uso del poder, así los cristianos padecen cuando en sus colonias, delegaciones, países diríamos ahora se usa de forma inadecuada el poder, cuando los recursos y energía no están siendo bien aprovechados para preservar la vida. Por eso el empoderamiento evangélico, que en resumen puede definirse como la capacidad del creyente de disponer de insumos públicos, debe estar ligado a su identidad como sacerdote de Cristo. Como se ha mencionado antes, no es necesario tener un “cargo” de elección popular para tener poder. Un solo ejemplo de momento.
La banqueta en nuestra ciudad es pública en teoría, En la práctica el “cuadrado” frente a mi casa es algo de mi incumbencia, un perro no debe venir a poner sus desechos frente a mi puerta, un carro no debe estacionarse en mi entrada. Al mismo tiempo yo tengo la responsabilidad de barrer “mi frente”, de cuidarlo, no debería modificarlo para hacer rampas y que suba mi coche afectando el paso. Y ahí están los vecinos que me lo recordarán, pese a ser mi frente la banqueta no es mi propiedad. Es decir, la banqueta no es totalmente pública, pero tampoco totalmente privada, más bien es un espacio colectivo del que soy responsable[4]. En un sentido tengo poder sobre “mi frente”. ¿Habremos pensado la cantidad de relaciones que se rompen debido al mal uso de la banqueta?, ¿y en la gran oportunidad de dar testimonio evangélico mediante una gestión eficiente del espacio frente a mi casa? Si logro destacar por ser un vecino que exige que se respete su banqueta, pero al mismo tiempo cuida de ella y la convierte en un espacio agradable para el resto de los vecinos, si la familiaridad ha hecho saberles que soy evangélico. Ese empoderamiento de mi frente da testimonio de Cristo.
Ahora pensemos en los demás lugares donde debemos empoderarnos responsablemente y ser sacerdotes de Cristo sabiendo que el mal uso del poder duele: mientras manejamos, al viajar por el transporte público, en el cargo de mi trabajo, como madres, padres. Aquí aplica el sacerdocio universal en la medida en la que no sólo exigimos reconocimiento, sino que somos proactivos buscando que a la par que recuperamos nuestros cotidianos espacios de poder, dispongamos con sabiduría de los recursos.
2. Empoderamiento evangélico: administración personal
Otro uso del término “empoderamiento” se da en el contexto del marketing. Significa la capacidad que tiene el cliente de resolver los problemas que se presenten respecto de su producto. Para eso es necesario que el proveedor capacite o explique eficientemente al consumidor respecto de lo que está adquiriendo. Hace poco me hice de un teléfono, de hecho un Smart phone, debo decir que fue una compra en la que estaba muy poco empoderado. Entendía que el aparato me conectaba a internet, me graba videos, toma fotos, dispone de casi dos Gigas de memoria, pero en la bendita hora de encontrar el botón de colgar para terminar una llamada, sencillamente no tenia capacidad alguna en tal ministerio. En la compra no se me dio ningún manual, sino sólo una Guía Rápida que rápidamente demuestra no servir para nada, y sólo con el uso he aprendido a resolver alguna que otra dificultad.
El Evangelio también nos empodera en este sentido, no sólo nos brinda la salvación, también nos habilita y capacita para resolver problemas. El Sacerdocio Universal también es empoderamiento que nos permite hacer frente a dificultades.
“Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios” (v. 6)
Las espectaculares imágenes que evoca este pasaje pueden distraernos de su sentido. Según Calvino, no significa que los que ya estaban muertos recibieran el mensaje ahí, en su muerte, o en un secreto lugar extra mundano. La interpretación reformada clásica a este pasaje ha sido la de entender a “los muertos” como aquellos que vivieron antes de Cristo y quienes también pudieron escuchar el evangelio en su tiempo. Desde luego no del mismo modo que cuando vino Jesús pero si en su tenor general de la bondad de Dios para el mundo. En este pasaje se indica que quienes conocen el evangelio, en efecto, atraviesan juicio o crisis pero viven κατὰ θεὸν πνεύματι (katà teón pneúmati), “según el Espíritu de Dios”. Es decir se padece el contexto de la carne, pero se vive en Espíritu. Es como decir que estamos rodeados de las penalidades del mundo, pero nuestro poder está en Dios. De este modo somos sacerdotes capaces de hacerle frente a la carne, a las dificultades, a las diversas crisis por las que atravesamos.
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (v7).
El sacerdocio o empoderamiento evangélico también tiene que ver con la administración personal, la organización y planeación de la vida. Sin negar que el autor efectivamente pensaba en un “fin” (difícil saber si un fin absoluto, o un fin de todas las cosas del entorno, del estilo de vida que se llevaba, como en efecto ocurrió cuando se consolidó la persecución de Nerón), nosotros podemos entender este “fin”, más que como un patrocinio maya, como un tiempo limite, un deadline. El deadline es tiempo que tengo para realizar algo, y es un punto fundamental para una correcta administración en la persona, en la casa, el trabajo y la iglesia. Respetar, o intentar respetar al máximo los tiempos establecidos es un punto fundamental para evitar crisis. Ser sobrios y velar en oración, que implica hacer oraciones inteligentes, despabilados, no guiados por la tristeza o desesperación, sino por la confianza, es la respuesta cotidiana del sacerdote evangélico a las dificultades diarias.
Esta sobriedad y vigilia es un fuerte testimonio de empoderamiento evangélico, del sacerdocio universal. No se trata de ser circunspectos, frugales y severos[5], sujetos excelentes. Sencillamente se trata de prudencia, de saber que hay tiempos que se deben cumplir y actuar conforme a ellos. Hacer esto nos evitará actuar con estrés, hará más eficiente nuestra vida diaria. Podremos ser, mujeres y hombres, sacerdotes sabios que actúan con cabalidad en la vida. La epístola nos muestra la importancia de pensar en el fin, pero no como una catástrofe, sino verlo, incluso con alegría, sabiendo que ahora si tengo un parámetro para organizar mis acciones. Una tortura, resultado de algunos experimentos con humanos, fue aislar a una persona en una habitación sin un reloj. La conmoción venía cuando el sujeto no sabia qué hora era, si era de día o de noche. Si no tenemos presente el fin o los tiempos establecidos, estaremos en condiciones semejantes. Por eso también podemos agradecer el fin, los tiempos establecidos, los deadline. Como dice la autora de novelas de misterio Rita Mae Brown: “Un deadline es una inspiración negativa, pero es mejor a no tener ninguna inspiración”
3. Empoderamiento evangélico y evangelización
El sacerdocio universal o el empoderamiento evangélico como gestión o como administración personal tienen importantes repercusiones en la evangelización. Una creyente o un creyente que ha entendido, como se dijo la semana pasada, “los planes liberadores y empoderadores de Dios”, puede dar testimonio de Cristo y de su liberación.
En alguna otra ocasión les he comentado que el centro de la evangelización no es la conversión, sino la comunicación. La relevancia de evangelizar consiste en esparcir la semilla, en hacer que nuestro mensaje de Cristo sea entendible. Y esto mediante palabras y acciones. La evangelización es un performance de Cristo, una escenificación del poder redentor de Cristo en la vida cotidiana. A fin de comunicar efectivamente este mensaje en palabras y acciones, es decir, de volverlo performativo, se requieren estos dos aspectos del sacerdocio universal que se han comentado.
Por un lado es necesario que los cristianos nos empoderemos públicamente, no como partido o ideología. Ciertamente no como lo ha intentado la Democracia Cristiana en América Latina, pues sus intentos han sido invisibilizar a la población que no es cristiana. Todo lo contrario, el cristiano debe empoderarse como sacerdote en la vida pública compartiendo con los demás la gestión de recursos y energía de la creación de Dios. Se debe mejorar la experiencia comunitaria en la iglesia y en la sociedad.
Las comunidades cristianas que buscan el equilibrio de poderes entre pastores y comunidad, equidad entre hombres y mujeres, diálogo entre ancianos, adultos, jóvenes y niños, son en sí mismas un poderoso testimonio del sacerdocio universal. ¿Por qué? Porque se trata de comunidades empoderadas, donde todos han aprendido la dignidad de su condición, y comparten el uso del poder a fin de generar climas de inclusión buscando erradicar la vida en la carne, en el dolor y sufrimiento, para transformarla en una vida en el espíritu, en la celebración de la redención de Cristo solidarizándonos con todos: “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones” (v.9). Murmurar es una energía desaprovechada, es un mal uso del poder.
Por otra parte, el sacerdocio universal como empoderamiento personal también es muy relevante, en particular para la evangelización cotidiana, el testimonio familiar, laboral. En la medida en que me asumo como sacerdote de Cristo debo también asumir el control adecuado de los recursos a mi disposición. Como decía Calvino, aprovechar “todas las mercedes” que Dios nos otorga para compartirlas “liberalmente” con los demás. Si estamos bien organizados en lo personal, tendremos tiempo y energía para ayudar a los demás, para compartirles de este modo el amor de Cristo. Nuestra peri copa evangélica termina llamando nuestra atención a este aspecto de fraternidad evangélica originada en el empoderamiento personal, en la correcta administración de nuestra vida. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (v.10)”.
El sacerdocio universal es, a fin de cuentas, un empoderamiento responsable, personalizado pero con fines comunitarios y para la gloria de Dios: 11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. (v. 11)
[1] Hainard, Francoise, et al, “Empoderamiento de las mujeres en las crisis urbanas. Género, medio ambiente y barrios marginados” . Most, UNESCO, IEPALA, Editorial, Madrid, pág. 31.
[2] Weber, Max, Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
[3] Definición basada en Adams, Richard, El Octavo Día. La evolución social como autoorganización de la energía, Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, 2001.
[4] Cf. Emilio Duhau y Ángela Giglia, Las reglas del desorden. Habitar la metrópoli. México, Siglo XXI-Universidad Autónoma Metropolitana, 2008, p. 215.
[5] Cf con el “tipo ideal protestante” Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Premia (La red de Jonás), 1984.
Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.
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