sábado, 17 de noviembre de 2012

"Las iglesias que los apóstoles nos dejaron...", L. Cervantes-O.


18 de noviembre, 2012

Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Mateo 18.19-20, La Palabra, SBU

Jesús, ya se ha visto, no tuvo la intención formal de fundar una “iglesia institucional” puesto que más bien lo que hizo con la comunidad que lo siguió fue forjar un movimiento contestatario y alternativo a la religión oficial de su tiempo. No obstante, cuando él ya no está presente físicamente, las diversas comunidades que surgieron llegarían a ser “las iglesias que los apóstoles nos dejaron”, esto es, que a partir de los postulados de Jesús se fueron desarrollando diversos grupos que interpretaron su mensaje para transmitirlo en medio de las circunstancias que les tocó vivir. A partir de esto, es posible hablar, como se hace actualmente, de una suerte de “familias confesionales” que aparecen ya delineadas en varios lugares del Nuevo Testamento comenzando con la existencia misma de textos completos que lo atestiguan, así como muchas observaciones en ese sentido, ejemplo de lo cual son las palabras de Pablo acerca de las comunidades que siguen a diversos apóstoles o líderes (I Corintios 1.10-13). Raymond E. Brown ha reconstruido la figura de esas “familias” y ha encontrado al menos siete: tres en el espectro de Pablo, y las correspondientes a Pedro, el “discípulo amado” (en el cuarto evangelio y en las cartas de Juan) y Mateo. En su análisis a este último lo ubica al final pues considera que es quien resume muy bien la preocupación por la naturaleza y misión de la Iglesia.
Dada su visión de la vida de la Iglesia,

Mateo protege de estos peligros [autoritarismo, legalismo y clericalismo] a la comunidad, insistiendo en que la voz de Jesús debía ser escuchada en la iglesia. […]
Se perfilan, por otra parte, los instrumentos para el ejercicio de la autoridad (Pedro, los Discípulos, toda la comunidad), pero el evangelista insiste en que es Jesús quien les otorga el poder a todos ellos, por lo que en el ejercicio deben ajustarse a las normas de Jesús. […] La singularidad del primer evangelio consiste en que, a causa de la continua y desagradable confrontación con los fariseos, el autor se manifiesta consciente de los peligros que lleva consigo la adhesión eclesial a la ley y a la autoridad, por lo que introduce un correctivo.[1]

Mateo es el único evangelio que usa la palabra iglesia (ekklesía) y “no separa la vida de la Iglesia de la vida de Jesús”, es decir, que ambas van entrelazadas y que al contar la vida y obra de Jesús esto se hace en la clave de la vida de las comunidades mateanas. Este evangelio vislumbra también la construcción o fundación de la iglesia y

…entrevió la posibilidad de que ésta se convirtiera en una entidad autosuficiente, gobernada (en nombre de Cristo, para su seguridad) por su propia autoridad, sus propias enseñanzas, sus propios mandamientos. Para contrarrestar el peligro, Mateo insiste en que la Iglesia debe gobernar no sólo en nombre de Jesús, sino también en el espíritu de Jesús, y con sus enseñanzas y mandamientos. Si la iglesia se considera como una institución o sociedad con ley y autoridad, tenderá a dejarse influir por los principios de la sociología, y a configurarse según las sociedades de la cultura circundante […] Mateo acepta la institución, la ley y la autoridad, pero quiere una sociedad peculiar, en la que la voz de Jesús no sea suplantada, y siga siendo normativa.[2]

Para muchos, Mateo 18 describe la realidad de una comunidad eclesiástica ya existente que, en la estela de su fe en Jesucristo, ya está intentando hacer realidad los ideales humanos y colectivos del Reino de Dios, pero como es lógico, enfrenta los obstáculos propios de una organización en busca de un perfil propio, además de que era una comunidad “mixta” formada por judíos y gentiles.[3] Es “el tratado práctico más profundo acerca de la Iglesia en el Nuevo Testamento […] que anticipa los peligros con los que las iglesias se pueden encontrar por el hecho de su estructura y autoridad”.[4]
Un esquema propuesto para este capítulo evidencia su profunda preocupación eclesial:

1: Una Iglesia que opta por los pobres (18.1-14)
1) Quien es el mayor en el Reino de los Cielos (1-5)
2) No escandalizar a los pequeños (a los pobres) (6-9)
3) No despreciar a los pequeños (10)
4) Parábola de la oveja descarriada (12-13)
Conclusión: El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños (14)

2: Una Iglesia del perdón y de la reconciliación (18.15-35)
1) Corrección fraterna y comunitaria (15-17)
2) Autoridad e importancia de la comunidad eclesial local:
La comunidad ata y desata (18) cf. 16.19
Acuerdo comunitario para la oración (19)
Jesús en la comunidad (20)
3) Parábola del perdón (21-34)
Conclusión: Así hará el Padre celestial si no se perdonan de corazón unos a otros (35)[5]

A partir de la pregunta por la supuesta superioridad “en el reino de los cielos” (v. 1), el resto del capítulo se ocupa de la práctica eclesial de la iglesia terrenal, humana. Se abandona la idea del prestigio para asumir los riesgos y los costos de la existencia cotidiana de la comunidad. El niño es el modelo de la anti-autoridad (vv. 2-7) y de allí se sigue el tema del escándalo, que seguramente ya agobiaba a la comunidad de Mateo, lo mismo que la atención a las “ovejas descarriadas” (vv. 10-14, “las obligaciones pastorales hacia los miembros extraviados de la comunidad”). Inmediatamente se aborda el asunto de la “disciplina eclesiástica” (vv. 15-18) y finalmente se trazan líneas sobre el auténtica poder y la autoridad eclesiásticos (18-20) para concluir con la parábola del perdón (21-35). La observación de Brown es digna de citarse como conclusión:

Ninguna sociedad terrena duraría mucho con estos principios; y la mayoría de las personas no pueden ponerlos en práctica de manera constante. Y sin embargo, manifiestan el estilo de Dios; y, cuando se ponen en práctica, en ese momento y en ese lugar, se ha hecho realidad el reino de Dios. […] Los cristianos deben, por tanto, mantener como objetivo el cumplimiento de estas exigencias escatológicas, aunque solamente en ocasiones sean capaces de llevarlas a la práctica durante la vida.[6]


[1] Raymond E. Brown, Las iglesias que los apóstoles nos dejaron. 3ª ed. revisada. Nueva traducción: Pedro Jaramillo. Bilbao, Descleé de Brouwer, 1998 (Cristianismo y sociedad, 13), pp. 35-36.
[2] Ibid., p. 185. Énfasis agregado.
[3] Ibid., pp. 182-183.
[4] Ibid., pp. 185-186.
[5] Pablo Richard, “Evangelio de Mateo: una visión global y liberadora”, en RIBLA, núm. 27, http://claiweb.org/ribla/ribla27/evangelio%20de%20mateo.html. Cf. G. Gutiérrez, “Gratuidad y fraternidad: Mateo 18”, RIBLA, núm. 27, http://claiweb.org/ribla/ribla27/gratuidad%20y%20fratrnidad.html.
[6] R.E. Brown, op. cit., p. 190.

Actividades


PARTICIPEMOS TODOS/AS CON ENTUSIASMO EN EL SEGUNDO TALLER DE ELABORACIÓN DE DOCUMENTOS BÁSICOS DE NUESTRA IGLESIA EL PRÓXIMO DOMINGO EN LA CLASE UNIDA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 20 de noviembre, 19 hrs.
Eliseo toma el relevo (I Reyes 19.19-20.12)
Moderador: D.I. Odavia Palomino L.

EL CICLO NARRATIVO DE ELISEO
S. Virgulin

Las informaciones sobre el profeta Eliseo están contenidas en 2Re 2-13. Los capítulos 2-8 forman un bloque completo, pero interrumpido por peripecias políticas, como la introducción al reinado de Jorán (2Re 3.Iss), cuya conclusión se encuentra en 2Re 8.1-6. Después de este relato viene el de la participación de Eliseo en la unción de Jazael (2Re 8.7-15) y de Jehú (2Re 9.Iss) y la narración de la muerte del profeta (2Re 13.14-21).
El ciclo de Eliseo es menos homogéneo que el de Elías, presentando un carácter más artificial. Hay cierto número de relatos que provienen de la tradición popular; otros proceden de cronistas bien informados, y otros, además, de un hagiógrafo que quería conservar para la posteridad los recuerdos del profeta. Los trozos no siguen un orden cronológico, pertenecen a diversos géneros literarios y están estrechamente relacionados con el ciclo de Elías tanto por su forma como por su contenido. Pueden distinguirse varios tipos de narraciones. Un primer grupo comprende narraciones sobre la vida privada del profeta, ricas en episodios maravillosos que se transmitían en los círculos de "los hijos de los profetas". Algunos prodigios se parecen a los de Elías, como la multiplicación del aceite en favor de la viuda (2Re 4.1-7), la resurrección del hijo de la sunamita (2Re 4.8-37).
Otros prodigios tienen más bien el sabor de florecillas edificantes, como la desintoxicación de la olla envenenada (2Re 4.38-41), la multiplicación de veinte panes para alimentar a cien personas (2Re 4.42ss), la recuperación milagrosa del hacha (2Re 6.1-7), la reanimación de un cadáver por el contacto con los huesos secos de Eliseo (2Re 13.21). La curación del sirio Naamán presenta las características de las florecillas franciscanas por la ingenuidad con que se narra el hecho y por la profunda espiritualidad que anima al profeta (2Re 5.1-27). Una segunda serie de episodios está relacionada con la intervención del profeta en las peripecias políticas de su tiempo, como las guerras arameas, descritas con colores populares (2Re 6,6-7,20), la usurpación de Jazael (2Re 8.7-15) y la muerte misma del profeta (2Re 13.14-25). Hay dos episodios que parecen derivarse de otras fuentes: la usurpación de Jehú (2Re 9.11-21) y la historia de Atalía (2Re 11-12), que provienen probablemente de los archivos del templo.
http://mercaba.org/DicTB/E/elias_eliseo.htm
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

24 – Reunión de planeación para 2013
25 – Cumpleaños/ Despensas/ Segundo Taller de elaboración de documentos básicos
30 – Reunión de oración, 19.30 hrs.

Mateo 18.1-7; 10-20


1 En aquella ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? 2 Jesús llamó a un niño y, poniéndolo en medio de ellos, 3 dijo: —Les aseguro que, si no cambian de conducta y vuelven a ser como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 El más importante en el reino de los cielos es aquel que se vuelve pequeño como este niño. 5 Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
6 Pero a quien sea causa de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que lo arrojaran al fondo del mar con una piedra de molino atada al cuello. 7 ¡Ay del mundo a causa de los que incitan al pecado! Porque instigadores de pecado tiene que haberlos necesariamente; pero ¡ay de aquel que incite a pecar! […] 10 Cuídense, pues, de despreciar a alguno de estos pequeños, porque les aseguro que en el cielo sus ángeles están siempre en presencia de mi Padre celestial. 11 [Y es que el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido].
12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá en busca de la extraviada? 13 Y, si logra encontrarla, les aseguro que sentirá más alegría por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. 14 De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
15 Si alguna vez tu hermano te ofende, ve a buscarlo y habla a solas con él para hacerle ver su falta. Si te escucha, ya te lo has ganado. 16 Si no quiere escucharte, insiste llevando contigo una o dos personas más, para que el asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos. 17 Si tampoco les hace caso a ellos, manifiéstalo a la comunidad. Y si ni siquiera a la comunidad hace caso, tenlo por pagano o recaudador de impuestos. 18 Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. 19 Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. 20 Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Letra 295, 11 de noviembre de 2012


PRIMER TALLER DE ELABORACIÓN DE DOCUMENTOS BÁSICOS DE LA IGLESIA PRESBITERIANA AMMI-SHADDAY
11 de noviembre de 2012

No ahorren esfuerzos para consolidar, con ataduras de paz, la unidad, que es fruto del Espíritu. Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados. Sólo hay un Señor, sólo una fe, sólo un bautismo. Sólo un Dios, que es Padre de todos, que todo lo domina, por medio de todos actúa y en todos vive. Cada uno de nosotros ha recibido el don en la medida en que Cristo ha tenido a bien otorgárnoslo.
Efesios 4.3-7, La Palabra, Sociedades Bíblicas Unidas

Antecedentes e introducción
1. Cada vez que una comunidad cristiana decide organizarse y establecer un orden para adorar a Dios, proclamar el Evangelio de Jesucristo, enseñar el contenido de las Sagradas Escrituras, llamar a otros/as a al conversión y servir al prójimo  recurre a la dirección del Espíritu Santo y echa mano de los elementos que éste pone a su disposición a través de la historia. Estas acciones reproducen históricamente la actuación de Jesús en el mundo (“Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas judías. Anunciaba la buena noticia del Reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias de la gente”, Mateo 4.13; 9.35; 11.1) y actualizan su presencia en el mundo como parte del anuncio de la venida del reino de Dios a través de él, la comunidad y todos los signos que Dios realiza para ello y que hace comprensibles a los seguidores/as de Jesús (Juan 14.26).

2. El Nuevo Testamento da testimonio de la manera en que los apóstoles y los discípulos, hombres y mujeres, comenzaron, a partir de la tradición en que habían sido formados (“Por lo que a mí toca, les he transmitido una tradición que yo recibí del Señor…”, I Corintios 11.23a) a articular un conjunto de acuerdos y normas básicas de convivencia, doctrina y misión, a fin de que cada nuevo integrante las asumiera como base de su existencia y comportamiento en medio de la comunidad.

3. De este modo, la libre circulación de los dones recibidos por parte de Jesucristo (“Cada uno de nosotros ha recibido el don en la medida en que Cristo ha tenido a bien otorgárnoslo. Por eso dice la Escritura: Al subir a lo alto,/ llevó consigo prisioneros/ y repartió dones a los seres humanos”, Efesios 4.7-8), único Jefe y Cabeza de la Iglesia, comenzó a producir criterios y ordenanzas aceptados por todos/as para sobrevivir como comunidad cristiana incluso contra la oposición del mundo. Los primeros oficios y ministerios establecidos (apóstoles/as, diáconos/diaconisas, ancianos/as [presbíteros], obispos, pastores, maestros, evangelistas) sirvieron como base para los que, durante el tiempo de la Reforma se (re)establecieron para tratar de recuperar los lineamientos bíblicos.

4. Todo ello es el origen de los credos, catecismos, confesiones de fe, documentos de gobierno (“constitución”) y disciplina emanados de la tradición reformada (calvinista) que periódicamente se ponen al día para dar cumplimiento a la razón de ser de la Iglesia en el mundo. Hoy, ante el desafío histórico de elaborar documentos propios, hemos de tomar en cuenta todas las fuentes y antecedentes al respecto, en el orden adecuado: Sagradas Escrituras, credos antiguos, confesiones de fe y catecismos de las iglesias de la Reforma y demás confesiones.

Áreas de definición para elaborar documentos (propuesta de trabajo)
Como parte de los procesos organizativos de las comunidades e iglesias los documentos que consignan los elementos fundamentales de la vida de la Iglesia deben incluir los siguientes contenidos.

1. Creencias o doctrinas. Como en las diversas confesiones de fe que se e encuentran desde el Nuevo Testamento (I Corintios 15.3ss; I Pedro 3.18ss; I Timoteo 3.16) y en la historia de la Iglesia. De los credos históricos recibidos a la elaboración de confesión(es) de fe propias que deriven en catecismos o equivalentes y en principios básicos que normen la totalidad de la vida de la Iglesia.

2. Forma del culto y sacramentos. En la tradición reformada: superación del criterio sacrificial (misa), centralidad de la Palabra y adecuada relación entre Palabra y sacramentos.

3. Forma(s) de gobierno, propósito y auto-sostenimiento. Nombre de la iglesia, lema(s) y objetivos de su existencia. A diferencia de los modelos episcopal y congregacional, legítimos también dentro de la diversidad eclesiástica. Primacía de la voluntad inalienable e irrenunciable de los miembros: democracia representativa.

4. Reconocimiento de los dones, ministerios y oficios. Lugar de la ordenación (“imposición de manos”, I Timoteo 4.14; 5.22; II Timoteo 1.6) para los ministerios de hombres y mujeres. Equilibrio entre dones y funciones que impida el surgimiento de “jerarquías” (Marcos 10.42-45).

5. Modelos de proclamación, evangelización y misión. Recuperación del espíritu bíblico encaminado hacia una visión integral y profética del testimonio cristiano en todas sus manifestaciones.

6. Modelos y formas de servicio. Revisión del testimonio bíblico para delimitar acciones de diaconía efectiva en los diferentes niveles (Romanos 12.7a).

7. Relaciones con otras iglesias (y religiones, en nuestro tiempo). Un ecumenismo sano y participativo que contribuya a la unidad visible y espiritual de la Iglesia (Efesios 4).

8. Relación con los gobiernos o poderes humanos. Autonomía completa de la Iglesia para sus asuntos internos. Total transparencia para cumplir los requisitos establecidos.

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DE LA SEPARACIÓN INEVITABLE A LA UNIDAD
IMPRESCINDIBLE (IV)
Zwinglio M. Dias
Tiempo y Presencia (1983), Lupa Protestante,  14 de diciembre de 2011

La realización de esta tarea debe ser, por lo tanto, un esfuerzo común de todos/as. Tenemos que comenzar a pensar en nuestra identidad teológica, eclesial y pastoral o misionera a la luz de las diversas coyunturas nacionales que hemos de enfrentar al lado de nuestro pueblo.
Para lograr eso necesitamos relativizar nuestra importancia como institución. Si pretendemos ser ecuménicos asumiendo de hecho el valor de la comunión inter-eclesial, la legitimidad eclesial de otros cuerpos eclesiásticos, debemos asumir también la necesidad de una real convergencia eclesiástica entre nosotros en beneficio de nuestro pueblo. Hacer eso implica un esfuerzo para determinar el perfil de nuestra identidad eclesial. No basta con subrayar que somos calvinistas, presbiterianos auténticos, abiertos, progresistas, ecuménicos o lo que sea. Nuestra práctica eclesial, es decir, lo que hacemos en cuanto comunidades locales, debe responder de alguna forma a esa propuesta teórica que nos hemos dado. Si creemos en el valor de nuestra herencia, y si ésta forma parte de nuestra contribución al diálogo inter-eclesial, necesitamos conocerla en profundidad, además de tener el valor de hacerle correcciones en nuestro curso histórico y la humildad para reconocer sus límites, asumiendo los valores de otras tradiciones igualmente válidas y tan significativas como la nuestra.
Hay muchos otros elementos del calvinismo que necesitamos reaprender y reabsorber en nuestra práctica eclesial. Destaco este sobre un aspecto de la eclesiología, porque me parece fundamental. ¿Cómo asumiremos esa herencia más profunda y más sustancial frente al modelo eclesiológico que recibimos del trabajo misionero y que es tan distinto de la propuesta original y que, al mismo tiempo, modela a la mayoría de nuestras congregaciones? ¿Qué tipo de trabajo educativo de carácter formativo/informativo debemos desarrollar? ¿De qué modo podremos, a partir de ahora, pensar en términos de la producción/divulgación de nuestra reflexión teológica?
¿Cómo ser ecuménicos entre nosotros mismos? ¿Cuál es el elemento positivo que nos une como presbiterianos? Creo que no bastan las afirmaciones históricas de carácter general; es necesario algo más sólido y concreto que brote de nuestra práctica eclesial. ¿De qué manera, por qué caminos, podremos dar expresión real a todo esto?

De la Federación a la Iglesia
Estas preguntas me llevaron a pensar en el paso que pretendemos dar ahora. Espero, como todos ustedes, que el cambio de nombre de Federación de Iglesias Presbiterianas por el de Iglesia Presbiteriana Unida sea algo más que un cambio de razón social de la entidad jurídica formulada en 1978. Este cambio implica un proyecto que pretende ser realizado a largo plazo. Queremos ser el presbiterianismo que la Iglesia Presbiteriana de Brasil no logró ser porque perdió el rumbo dentro de la historia eclesiástica del país. Esto implica muchas otras preguntas que no pueden responderse ahora, pero que lo serán en la medida en que, durante nuestro caminar futuro, vayan siendo asumidas a partir de las prácticas concretas de nuestras comunidades y regiones eclesiásticas.
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MERKEL AGRADECE A LUTERO EL LOGRO DE UNA SOCIEDAD “MADURA Y RESPONSABLE”
Protestante Digital, 5 de noviembre de 2012

Merkel agradece a Lutero el logro de una sociedad Ángela Merkel, durante su intervención en el Sínodo de la Iglesia Evangélica de Alemania defendió en el sínodo de la Iglesia Evangélica alemana la libertad religiosa como derecho humano básico, y pidió a los católicos reconocer la figura de Lutero en el 5º centenario de la Reforma en 2017.
El cristianismo es “la religión más perseguida” en el mundo. Así lo manifestó Ángela Merkel, hija de un pastor protestante, al hablar en el reciente sínodo de la Iglesia Evangélica de Alemania (EKD, por sus siglas en alemán) en la localidad costera de “Lübeck”, en el Mar Báltico.
La canciller destacó que la protección de los cristianos perseguidos en el mundo es “una parte importante de la política exterior alemana”, porque la libertad religiosa es un “derecho humano básico”, que no se observa en todas partes.
“El fanatismo, la restricción de la libertad religiosa y el desprecio por la fe son parte del mundo moderno”, agregó Merkel, señalando en referencia al preámbulo de la Constitución alemana que “la República Federal, de manera expresa, no fue creada como sólo secular”. Y añadió “Creo que en un mundo secular, pero (también creo que) hay puntos en común con la religión cristiana que deben ser colocados en el primer plano” de la vida social.

Cinco siglos de la Reforma Protestante en 2017
La Reforma protestante comenzó 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero protestó públicamente contra la venta de indulgencias, clavando sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg.
Merkel mencionó en su discurso, a continuación de lo dicho anteriormente, el quinto centenario de la Reforma protestante, que la Iglesia Evangélica conmemorará en 2017, expresando un profundo agradecimiento por la obra de Martín Lutero, quien con su trabajo ayudó a definir la imagen de un ser humano “maduro y responsable”.
Ángela Merkel ha expresado también la esperanza de que las celebraciones previstas para dentro de en cinco años incluyan un “componente de misión” que puede alcanzar a las personas que viven lejos de la fe en Jesús.

El ecumenismo ante la Reforma
Ante la conmemoración de los cinco siglos de la reforma protestante en 2017 la Canciller alemana invitó a celebrar esta efeméride de la Reforma en un espíritu ecuménico, a pesar de que católicos y protestantes no han logrado ponerse de acuerdo sobre un marco común de las celebraciones.
Una invitación que señala directamente las declaraciones del Cardenal Koch, Presidente del católico Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, que ha tildado a la reforma protestante de "pecado y "fracaso", expresando además que le gustaría asistir -en lugar de a una celebración de la memoria de la Reforma protestante- a una reunión en la que las confesiones reformadas pidieran disculpas y reconociesen sus errores.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Actividades


PARTICIPEMOS TODOS/AS CON ENTUSIASMO HOY EN EL PRIMER TALLER DE ELABORACIÓN DE DOCUMENTOS BÁSICOS DE NUESTRA IGLESIA


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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 13 de noviembre, 19 hrs.
La huida de Elías a Horeb (I Reyes 19.1-18)
Moderador: D.I. Odilón Arellano A.

ELÍAS (IV)
S. Virgulin

2. Rasgos innovadores
Pero el profeta supo adaptar la fe de los antepasados a las nuevas exigencias de la situación histórica que le tocó vivir. No son los baales los que conceden la lluvia y la fecundidad; no son ellos la causa de la sequía, sino que es Yahwé el que preside los ritos de la naturaleza. Por primera vez Elías anuncia que Yahwé es el origen de aquellos bienes que los cananeos atribuían a las fuerzas divinizadas de la naturaleza. El símbolo de Dios no son los fenómenos turbulentos de la atmósfera, sino la acción tranquila y silenciosa, apenas perceptible, de aquellos que son sus enviados: los profetas.
La tradición ha equiparado a Elías con Moisés. Efectivamente, Elías, lo mismo que el gran legislador de Israel, asentó la fe en Yahwé en el Estado de Israel sobre bases nuevas, afirmando la antigua tradición y ofreciendo una nueva concepción más profunda y más comprensiva de la naturaleza y de la acción divina. Con enorme vigor, Elías fue el primero en oponerse a los intereses políticos de los monarcas cuando estaban en contradicción con los principios religiosos. Elías es el precursor y el pionero de los profetas de la época clásica.

VI. Elías en el resto de la Biblia
Después del destierro de Babilonia, Elías fue considerado como aquel que ha de volver a anunciar el juicio final, con la tarea de convertir a las familias de los hombres, para que la maldición no caiga sobre la tierra (Mal 3,23s). […]
En el NT se pone a Elías en relación con Juan Bautista. Efectivamente, éste se presenta como revestido del poder del tesbita (Lc 1.17), y los levitas llegan a preguntarle si es él el profeta Elías (Jn 1.20s). Jesús afirma que antes del día del Señor hará su aparición Elías (Mc 9.11ss), que tendrá que sufrir mucho; más aún, que ya había venido y le habían matado, identificando manifiestamente al profeta con Juan Bautista (Mt 11.14). El pueblo de Palestina pensaba también que Jesús era Elías, que había regresado (Mt 16.14; Mc 6.15; 8.28; Lc 9.8.19). En el episodio de la transfiguración, Elías se encuentra con Moisés al lado de Jesús (Mt 17.3ss; Mc 9.4s; Lc 9.30s) y hablan de su desenlace. La unión de los dos profetas del AT se explica por el hecho de que ambos son los anunciadores del tiempo mesiánico (Dt 18.15; Mal 4.23), y el tiempo del mesías, que en la concepción judía correspondía al de Moisés, tenía que ser preparado por Elías. Los que insultaban a Jesús en la cruz relacionaron con Elías el comienzo del Sal 22,2, puesto en labios de Jesús (Mt 27.47.49; Mc 15.35s). Como prueba de que Dios ha conservado siempre un resto en Israel, san Pablo en Ro 11.2-5 cita a l R 1.10,18. El autor de la carta de Santiago aduce l Re 17.1; 18.48, para mostrar la eficacia de la oración dirigida a Dios por el profeta Elías (Stg 5.17s).
http://mercaba.org/DicTB/E/elias_eliseo.htm
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

16-20 – Brigada misionera a Guerrero
24 – Reunión de planeación para 2013
25 – Cumpleaños/ Despensas/ Segundo Taller de elaboración de documentos
30 – Reunión de oración, 19.30 hrs.

"La Iglesia que Jesús quería...", L. Cervantes-O.

11 de noviembre, 2012

Como muy bien saben ustedes, los que se tienen por gobernantes de las naciones las someten a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas las rigen despóticamente. 43 Pero entre ustedes no debe ser así. Antes bien, si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás; y si alguno quiere ser principal, que se haga servidor de todos.
Lucas 10.42-44, La Palabra, SBU

El título de esta reflexión está tomado de un libro del biblista alemán Gerhard Lohfink que expone “la dimensión comunitaria de la vida cristiana”. Ciertamente, y siguiendo el orden que proponen los textos del Nuevo Testamento, es posible esbozar el siguiente orden de hechos, que se han desarrollado previamente desde mucho tiempo atrás, hasta el punto en que se han vuelto casi “lugares comunes”:

a)       Jesús predicó la venida inminente del Reino de Dios y lo que vino fue un conjunto de comunidades denominadas después iglesias.
b)       Formó, más bien, un grupo que entra en la categoría de “movimiento”, el cual era igualitario y profético.
c)         No fundó ninguna iglesia, en el sentido formal, ni mucho menos institucional, aunque al hablar de “la iglesia antes de la Iglesia” y del “movimiento de Jesús”, es posible percibir la orientación inicial de las comunidades judeo-cristianas.
d)        Las comunidades que reivindicaron su nombre se organizaron jerárquicamente con el tiempo y adaptaron sus características a las exigencias del momento.

Con estos planteamientos en la mente, Lohfink explica que la pregunta acerca de si Jesús fundó o no una iglesia, está mal planteada porque

…ésta existía ya mucho antes de que Jesús apareciera en Palestina. Esa iglesia era el pueblo de Dios, Israel. Jesús se dirige a Israel. Quiere reunirlo ante la inmediata irrupción del Reino de Dios, y hacerlo verdadero pueblo de Dios. Lo que llamamos iglesia no es sino la comunidad de aquellos que están dispuestos a vivir en el pueblo de Dios congregado por Jesús y santificado por su muerte. Desde esta perspectiva no tiene sentido preguntar si Jesús fundó formalmente la iglesia. Es, en cambio, extraordinariamente interesante preguntar cómo congregó Jesús a Israel y cómo concibió la comunidad del verdadero Israel. Precisamente entonces nos hallamos ante la pregunta verdaderamente decisiva: ¿qué rostro debería tener hoy la iglesia?[1]

En la tercera parte de su libro, Lohfink desarrolla ocho aspectos desde el Nuevo Testamento relacionados con la novedad que debían experimentar las comunidades seguidoras del legado de Jesús de Nazaret: 1) la iglesia como pueblo de Dios, 2. la presencia del Espíritu, 3) la supresión de las barreras sociales, la práctica de la “convivencia” solidaria (o koinonía), 4) el amor fraterno, 6) la renuncia a la dominación, 7) la iglesia como “sociedad de contraste” y 8) la iglesia, como señal para las naciones. Cada uno de ellos sigue plenamente vigente para la situación actual. Sobre la renuncia a la dominación y comentando Mr 10.42-45, escribe Lohfink:

…el texto alude ya a problemas de dominación en la iglesia. Se trata de la estructura fundamental de los oficios eclesiásticos, que son definidos basándose en la existencia de servicio de Jesús. En la iglesia tiene que darse la autoridad y el poder. Esto se presupone. Pero esta autoridad no debe ser dominación, tal como llega a ser en la sociedad habitual. En tales situaciones, la dominación suele perseguir frecuentemente intereses que nada tienen que ver con el verdadero servicio de los subordinados. Por el contrario, la autoridad en el pueblo de Dios tiene que girar siempre alrededor del servicio. En la iglesia, solo debe llegar a tener autoridad aquella persona que prescinde por completo de si misma y de sus intereses, y vive su existencia para los otros. […]
Partiendo de ese comportamiento de Jesús, Me 10,42-45 define con lógica demoledora el único tipo de autoridad posible dentro de la iglesia. La praxis de Jesús funda de manera inmutable la no violencia, la renuncia a la dominación, en la iglesia y en sus ministerios.[2]

De modo que la preocupación por la Iglesia que Jesús quería debe situarse en el plano del presente: ¿qué clase de Iglesia quiere Jesús hoy que esté presente en el mundo para cumplir adecuadamente con el Evangelio liberador y transformador de vidas, estructuras, culturas e instituciones humanas para ser fiel a la presencia anticipada y futura del reino de Dios? Porque de ahí surgen otras dudas e interrogantes aún más directas y exigentes: ¿el modelo de iglesia-comunidad que estamos practicando responde a las expectativas que brotan del Nuevo Testamento? O más, aún, ¿debemos revisar profundamente y cambiarlo para conformarlo más al ideal que propuso el propio Jesús de Nazaret pero que siempre se ha adaptado a las circunstancias del momento? Y todavía: ¿hasta donde el eventual falseamiento de dicho ideal es rescatable en medio de los nuevos proyectos eclesiásticos que surgen todos los días? ¿No estaremos incurriendo en uno más sin la suficiente conciencia de sus limitaciones, riesgos y alcances?
Todo ello es posible discutirlo a la luz del episodio registrado en Marcos 10.35-45, puesto que allí aparecen las ansias de poder y protagonismo de una parte de la “iglesia” de las primeras décadas, representada por Jacobo y Juan, intentó (o “solicitó”) apropiarse de los mejores lugares en la dimensión futura (escatológica) del Reino de Dios, lo cual fue rechazado tajantemente por el propio Jesús. Al mismo tiempo, estableció un criterio radical en cuanto a la actitud que debería predominar en la vida comunitaria, el del servicio mutuo. Debían sintonizar con su proyecto comunitario:

Ellos no se acordaban de valorar la esperanza mesiánica como servicio del pueblo de Dios a la humanidad, concretamente de la comunidad al pueblo del barrio. Cada uno, conforme a sus propios intereses y conforme a su clase social, aguardaba al Mesías, queriendo encajarlo en su propia esperanza. Por eso, el título Mesías, dependiendo de la persona o de la posición social, podía significar cosas bien diferentes. ¡Había mucha confusión de ideas!
Era su actitud como Servidor lo que llevaba a Jesús a donar su vida en rescate de muchos (Mr 10.45). Por eso criticaba la situación que generaba la falta de pan para los pobres y excluidos [Mr 8.17-21]. Aquí está la causa para entender el conflicto con los discípulos. Un Mesías así era extraño para ellos.[3]

Estamos, así, ante la crítica del Jesús histórico a las veleidades políticas que la iglesia enfrentó desde muy pronto, incluso bastante tiempo antes de transformarse de perseguida en perseguidora. Jesús quiere hoy una iglesia que se reinvente siempre a sí misma con la dirección del Espíritu y que sea capaz de recuperar los postulados originales de la existencia de la comunidad en el mundo.


[1] N. Lohfink, La iglesia que Jesús quería. 2ª ed. Bilbao, Descleé de Brouwer, 1986, p. 7. Énfasis agregado.
[2] Ibid., p. 128.
[3] Mercedes Lopes y Carlos Mesters, “Comunidad que comparte - perspectiva económica y ecológica del evangelio de Marcos”, en RIBLA, núm. 59, 2008, p. 21, www.claiweb.org/ribla/ribla59/lopez_mesters.html.

Marcos 10.35-45


35 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: —Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. 36 Jesús les preguntó: —¿Qué quieren que haga por ustedes? 37 Le dijeron: —Concédenos que nos sentemos junto a ti en tu gloria: el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. 38 Jesús les respondió: —No saben lo que están pidiendo. ¿Pueden ustedes beber la misma copa de amargura que yo estoy bebiendo, o ser bautizados con el mismo bautismo con que yo estoy siendo bautizado? 39 Ellos le contestaron: —¡Sí, podemos hacerlo! Jesús les dijo: —Pues bien, beberán de la copa de amargura que yo estoy bebiendo y serán bautizados con mi propio bautismo; 40 pero que se sienten el uno a mi derecha y el otro a mi izquierda, no es cosa mía concederlo; es para quienes ha sido reservado.
41 Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enfadaron con Santiago y Juan. 42 Entonces Jesús los reunió y les dijo: —Como muy bien saben ustedes, los que se tienen por gobernantes de las naciones las someten a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas las rigen despóticamente. 43 Pero entre ustedes no debe ser así. Antes bien, si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás; 44 y si alguno quiere ser principal, que se haga servidor de todos. 45 Porque así también el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Letra 294, 4 de noviembre de 2012


NACE LA COMUNIÓN MEXICANA DE IGLESIAS REFORMADAS Y PRESBITERIANAS, Y ORDENA PRIMERAS PASTORAS
Lupa Protestante, 2 de noviembre de 2012

Teniendo como marco la celebración del CDXCV aniversario de la Reforma Protestante, el domingo 28 de octubre en la Capilla de la Iglesia Anglicana adjunta a la Comunidad Teológica de México, se anunció el surgimiento de la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas (CMIRP), nombre inspirado en el de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR), organizada a su vez en junio de 2010 como resultado de la fusión de la Alianza Reformada Mundial y el Concilio Mundial de Iglesias Reformadas. Con la asistencia de más de 300 personas y la participación de invitados/as de diversas confesiones, el culto aglutinó a pastores y miembros de varias decenas de iglesias locales, incluyendo en primer término a los pastores excomulgados por la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) y sus congregaciones, además de un grupo representativo proveniente de Chiapas que también se integrará al nuevo cuerpo eclesiástico. Un día antes, el sábado 27, en la Iglesia Esmirna de Cuernavaca, Morelos, se tomó el acuerdo que formalizó el nacimiento de la CMIRP, con la presencia de la representación chiapaneca también.
En esa línea celebratoria y como punto de partida para un nuevo caminar eclesiástico y ecuménico, este conjunto de comunidades de iglesias de tradición calvinista-presbiteriana, realizó la ordenación de las primeras pastoras en México, Gloria González Esquivel y Amparo Lerín Cruz. González Esquivel, licenciada en Teología y originaria del estado de Morelos (sur del Distrito Federal), pero avecindada en Chiapas, adonde pastorea una comunidad y preside una ONG que trabaja con mujeres de escasos recursos, fue recibida por el grupo en cuestión. Lerín Cruz, nacida en Oaxaca, con maestría en Divinidades y realizando trabajo pastoral en la Iglesia El-Shadday, luego de un largo proceso iniciado en el Presbiterio Juan Calvino (fundado en 1989) que desembocó en un fuerte conflicto con la asamblea general de la INPM,pues ella misma fue ponente en el Concilio Teológico llevado a cabo en agosto de 2011.El acuerdo para ordenar a ambas en una fecha tan significativa marca el inicio de labores de la CMIRP y afirma una postura teológica que se coloca lado a lado con las iniciativas promovidas por los organismos reformados regional (Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina, AIPRAL) y mundial (CMIR).
El acto litúrgico dio inicio con un procesional (los pastores presbiterianos ataviados con cuellos clericales hugonotes) y la oración de Dave Thomas, ex representante de la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (PCUSA, por sus siglas en inglés), con quien la INPM rompió relaciones en agosto de 2011. El llamado a la adoración fue un texto de Gerardo Oberman, en la confesión de pecados se entonó el canto “Dios, manda la lluvia”, y en la intercesión comunitaria, “Kyrie eleison”, del brasileño Rodolfo Gaede Neto.
La reflexión bíblica, “El Espíritu de Dios reforma a su iglesia y confirma los ministerios”, basada en Joel 2, I Corintios 4 y Apocalipsis 5, estuvo a cargo de Leopoldo Cervantes-Ortiz, comenzó como sigue: “Cobijados/as en este día tan relevante para la vida y misión de las iglesias en el mundo por la palabra profética de quien anunció la venida renovadora y sorprendente del Espíritu, y también por la palabra apostólica que no dudó en afirmar la validez y vigencia de los ministerios eclesiásticos para hombres y mujeres en medio de la incomprensión que sigue hasta nuestros días, y por la palabra apocalíptica que vislumbró la victoria final de los proyectos divinos en el cosmos entero, a pesar de la oposición violenta de las fuerzas más oscuras y retardatarias, no podemos menos que alzar la mirada al cielo, tomar nuevas fuerzas y mirar hacia adelante, hacia los albores y los signos del reino de Dios que nos toca vivir hoy. Además, y con base en la evidencia escritural, es posible afirmar que el esfuerzo divino por reformar a su Iglesia nunca ha cesado y que, en el fragor de los conflictos históricos y humanos que nos toque vivir, la gracia de Dios nunca la abandona y, por el contrario, sigue suscitando nuevas y refrescantes formas de experimentar el gozo de la salvación en Cristo Jesús, y de traducir todo ello en prácticas consecuentes con los valores de su Reino”. La homilía concluyó con el poema “Su bandera sobre mí es amor”, de la autora presbiteriana guatemalteca Julia Esquivel.
Como corolario de la exposición bíblica se leyó el “Credo de la mujer”, de Judith van Osdol, ex responsable de los ministerios femeninos y justicia de género del Consejo Latinoamericano de Iglesias, que en una parte afirma: “Creo en Jesús, que habló de teología con una mujer junto al pozo, y le confió por primera vez que él era el Mesías, que la alentó a que fuera a la ciudad y contara las grandes nuevas —la primera predicadora de las buenas nuevas”. A continuación se procedió al acto solemne de ordenación presidido por el presbítero Rubén Montelongo, presidente de la CMIRP, acompañado por el resto de los pastores, a quienes se sumaron los demás ministros/as ordenados presentes. Se hizo la entrega de diversos símbolos y elementos para la práctica pastoral: Biblia, estolas (unas de ellas enviadas por Alison Young, del Presbiterio de New Brunswick, Estados Unidos), equipo eucarístico, cruces y cuellos clericales.
Se procedió entonces a la imposición de manos en la que participaron los ministros, hombres y mujeres, de las iglesias presentes. La oración la hizo el presbítero Hugo Gallardo Duarte y la declaración formal de ordenación, el presbítero Silfrido Gordillo Borralles, secretario de la naciente CMIRP, con la entrega del certificado correspondiente. Enseguida se entonó el canto “El profeta”, para lo cual, Lerín Cruz invitó a niñas y jóvenes a acompañarlas. Ellas mismas, aunque se había anunciado que la directiva de la CMIRP presidiría la celebración de la Eucaristía, oficiaron su administración, para lo cual invitaron a pastores/as y ancianos/as de iglesia presentes. En ese momento se entonó “Y andaremos por el mundo con fe”, del venezolano Eseario Sosa. Fue un momento conmovedor y solemne.
Inmediatamente después se hizo el anuncio de la organización de la nueva iglesia, para lo que se llamó al estrado a los pastores/as y representantes de las iglesias y congregaciones, incluida la representación de Chiapas, al final de lo cual se elevó una plegaria. Luego se leyeron o mencionaron varias cartas de saludo y apoyo provenientes, entre otras, de la AIPRAL, de las Iglesias Reformadas en Argentina y algunas comunicaciones personales. La carta de AIPRAL expresa lo siguiente: “Como ustedes saben, tanto la CMIR como AIPRAL, después de mucho estudio sobre la palabra de Dios ha llegado a la conclusión [de] que tanto mujeres como hombres son llamados a la misión de Dios y a los diferentes ministerios de la iglesia. Por lo tanto, animamos a nuestras iglesias a reflexionar sobre esto y sumarse a una inclusión completa de las mujeres en todos los ministerios pastorales”. Ese día, por la noche, llegaría el saludo de María Arroyo, a nombre de la PCUSA.
Antes de cantar el clásico himno de Martín Lutero, “Castillo fuerte es nuestro Dios”, varios pastores/as expresaron de viva voz su simpatía por la nueva iglesia y por lo realizado. Especialmente conmovedor fue el testimonio del obispo anfitrión Carlos Touché, quien no dejó de mencionar su trasfondo presbiteriano y el de Rebeca Montemayor, quien fue ordenada como pastora bautista hace 12 años en el mismo lugar. Finalmente, después del ofertorio (“Caminando hacia ti”, creación colectiva, Matanzas, Cuba, 2008) y del envío, las flamantes pastoras impartieron la bendición apostólica y con el recesional en el que se entonó otro himno clásico, “Firmes y adelante, huestes de la fe”, se dio por concluido el acto, inédito en la vida del presbiterianismo mexicano. A la celebración litúrgica le siguió un convivio en los jardines de la Comunidad Teológica. (LCO)
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DE LA SEPARACIÓN INEVITABLE A LA UNIDAD
IMPRESCINDIBLE (II)
Zwinglio M. Dias
Tiempo y Presencia (1983), Lupa Protestante,  14 de diciembre de 2011

El artículo sobre la comunión de los santos, según Calvino fue introducido en el Credo para expresar con más claridad la unidad que existe entre los miembros de la Iglesia y para indicar que los dones que Dios les concede redundan para el bien común de todos. La comunión de esos bienes no excluye la propiedad privada ni la diversidad de dones afirmada por Pablo (I Co 12 y Ro 12.3-8). Ella significa, verdaderamente, que los fieles se comunican entre sí los bienes del cuerpo y los bienes del Espíritu de forma benigna y amorosa, en justa medida y de acuerdo con las exigencias del momento.
Esto supone una perspectiva de unidad de la comunidad. A Calvino le impresionaba mucho la imagen del cuerpo usada por Pablo para describir las relaciones prevalecientes en la Iglesia. Pluralidad de funciones y orientación hacia el bien común son las dos características de la Iglesia que se vuelve así el “cuerpo místico de Cristo”. La unión de cada creyente con Cristo constituye la raíz última de la unidad corporal de la Iglesia y de la unión comunitaria entre los miembros. Dice: “Los santos son agregados a la compañía de Cristo para que se comuniquen entre sí los beneficios que Dios les otorga”. La relación y el intercambio de bienes es consecuencia del vínculo con que Cristo une consigo a los fieles. Él forma a la Iglesia mediante la acción del Espíritu; cuando otorga sus dones a un creyente, enriquece de hecho a los demás. No puede conferir sus dones a uno sin que los demás dejen de participar de los mismos. Pero esa comunión es también tarea de los miembros. Calvino no concebía la unión eclesial como resultado de una decisión de los elegidos para unirse y desarrollar una tarea específica a fin de instaurar el Reino; más bien, afirma que Cristo mismo —dada la incapacidad humana— crea entre los creyentes una unidad mística que se concreta como unidad orgánica en la comunidad visible. Como consecuencia de tal unión, quienes están unidos orgánicamente colaboran con sus dones respectivos para el bien de todo el cuerpo. Así, el carácter de miembro del cuerpo no es consecuencia de su decisión de colaborar, pues al contrario, debido a que somos miembros de Cristo estamos obligados a mantener a la vista esa comunión que tenemos en Cristo.
De este modo, la tarea de construir el Reino es una acción comunitaria. Extrapolando eso a nuestros días, se diría que es una tarea ecuménica que incluye a todos los que de una u otra forma están ligados a la propuesta de construir el Reino. Una tarea unitaria. Calvino se muestra profundamente impresionado por la idea de que el cristiano, como consecuencia de su unión con Cristo, no puede llevar una existencia meramente individual, ni ser un francotirador, pues para él la tarea de construcción del Reino es esencialmente una tarea comunitaria. El creyente tiene que edificar a los demás con los dones que le son concedidos por Dios, ¡pues para eso se los ha dado! Por ser miembros coordinados por una misma cabeza estamos obligados a compartir fraternalmente nuestros dones. Debemos usar nuestros bienes en provecho del prójimo; a su vez, los dones del prójimo resultarán benéficos para nosotros. Dice, entre otras cosas: “Todas las posibilidades de que dispone el ser humano piadoso serán posibilidades para sus hermanos, y él no debe buscar ningún provecho particular, sino que todo su esfuerzo será en el sentido de orientar su trabajo y su vida para la edificación común de la Iglesia”.
El peregrinaje iniciado en 1978 para la edificación de una Iglesia Presbiteriana que entre nosotros sea fiel a sus orígenes y, al mismo tiempo, represente las aspiraciones, los deseos, las necesidades y los sueños de nuestro pueblo, implica, a  mi modo de ver, una doble tarea: por un lado, reexaminar con honestidad nuestra herencia en las prácticas, ideas y valores y, por otro, articular todo eso a la luz de la realidad histórica nacional de la que necesariamente somos parte.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...