sábado, 22 de diciembre de 2012

Actividades

30 - Culto de adoración/ Cumpleaños
31 - Culto de fin de año, 19 hrs.

Los martes 25 de diciembre y 1 de enero se suspenden los cultos de estudio y oración.

Dios nace en un mundo conflictivo, L. Cervantes-O.


23 de diciembre, 2012

Augusto, el emperador romano, publicó por aquellos días un decreto disponiendo que se empadronaran todos los habitantes del Imperio. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Todos tenían que ir a empadronarse, cada uno a su ciudad de origen. Por esta razón, también José, que era descendiente del rey David, se dirigió desde Nazaret, en la región de Galilea, a Belén, la ciudad de David, en el territorio de Judea, para empadronarse allí juntamente con su esposa María, que se hallaba embarazada. Y sucedió que, mientras estaban en Belén, se cumplió el tiempo del alumbramiento.
Lucas 2.1-6, La Palabra, SBU

Afirmar que Dios nació en un mundo conflictivo parece una repetición innecesaria, porque el mundo siempre ha sido conflictivo, pues es un conjunto múltiple de fuerzas y dinámicas en acción que cuesta mucho trabajo entender e interpretar. Esta combinación de elementos teológicos e históricos para referirse a los actos divinos no es nueva, pues forma parte de la manera en que muchas veces las Escrituras presentan los acontecimientos. La introducción de Lucas 2, al menos hasta el v. 6 nos coloca frente a un escenario donde la aparente normalidad de la época se había establecido gracias a la fuerza de las armas del imperio romano, el cual, a su vez, había sustituido a otro imperio, y así sucesivamente. Nadie discutía la pax romana, o al menos aparentemente, pues detrás del disfraz de aceptación que trasluce la obediencia con que José y su esposa acuden a Belén para empadronarse estaban los grupos opositores y de resistencia que rechazaban rotundamente la presencia de los legionarios romanos.
La intención del censo ordenado por el emperador, cuya legitimidad cuando se expone este pasaje eclesiásticamente al parecer tampoco nadie discute, obedeció al proyecto político de Roma, e implícitamente Lucas está evidenciando esta oposición con los plantes divinos, con los cuales sin embargo se entrelaza para proyectar no el suceso oficial como relevante o primordial, sino aquel otro, el que estaba condenado a quedar en las orillas de la historia, el nacimiento de un niño celebrado por ángeles y alabado por pastores, es decir, lo más alto y lo más bajo en la escala simbólica y social. La conflictividad política y religiosa es trabajada por el evangelista en una clave capaz de producir fe y confianza en medio de las condiciones adversas para los más desfavorecidos, encarnados por los pastores. Como explica José Severino Croatto:

Según el esquema lucano, los episodios del anuncio, nacimiento e infancia de Jesús son paradigmáticos, apuntando a “realizaciones” en su vida pública y a trans-significaciones en la vida de la comunidad de sus seguidores. Por eso, la configuración mesiánica del Jesús resucitado (Hechos 2.36) es anticipada, casi diríamos que esotéricamente (como anuncio y prefiguración), en el episodio del nacimiento y de la epifanía angélica: “No temáis […] Os ha nacido hoy un salvador, que es Mesías Señor, en la ciudad de David” (Lucas 2,11).[1]

Podría decirse que “Dios le contesta al sistema” proponiendo una significación intrínseca al tiempo, a la historia, a la vida humana, más allá de los proyectos burocráticos de un imperio preocupado por ampliar las redes de su poder y de su control sobre la vida de las personas. Ante ello, la acción divina es profundamente intrahistórica y, en medio de los conflictos e insatisfacciones, instala razones para la esperanza. El nacimiento de Jesús, anuncia Lucas, cambiará literalmente la historia, pues se coloca en el plano que supuestamente merecían los planes imperialistas. Así lo resume Darío Barolín:

…¿cómo debemos entender la alegría y esperanzas que aparecen en los dos primeros capítulos? Hay dos aspectos: a) por un lado esta alegría y gozo que mostraban Zacarías, María, Isabel, Simeón, Ana, los pastores y cuantos más se alegraban con ellos/as, es la respuesta adecuada a la promesa de Dios y también a la presencia del Cristo Señor. Lucas ha rescatado esa alegría, sabiduría y esperanza de la piedad judía popular pues la considera válida para sus lectores/as. Una piedad muy distinta a la de la dirigencia farisaica; b) por otro lado, “cuando llegó [Jesús ] a la ciudad [Jerusalén] viéndola, lloró por ella” (19.41; cf. también 23.28). Ésta es la respuesta de Jesús ante Jerusalén y seguramente es la que Lucas espera de Teófilo para con el pueblo judío. El lector por cierto, no puede dejar de sentir lástima ante tanta esperanza, tanta alegría que no logra concretarse en plenitud por el rechazo de los líderes. Sin embargo esta redención esperada no ha sido descartada por Dios sino que es transportada hacia el futuro.[2]


[1] J. Severino Croatto, “Jesús muere como profeta en Jerusalén. La construcción lucana del Jesús profeta”, en RIBLA, núm. 44, http://claiweb.org/ribla/ribla44/jesus%20muere%20como%20profeta.html.
[2] D. Barolín, Fortaleciéndonos con Teófilo. Una lectura de Lucas 1-2”, en RIBLA, núm. 53, http://claiweb.org/ribla/ribla53/fortaleciendonos.htmlhttp://claiweb.org/ribla/ribla53/fortaleciendonos.html.

Lucas 2.1-20

La Palabra, SBU



1 Augusto, el emperador romano, publicó por aquellos días un decreto disponiendo que se empadronaran todos los habitantes del Imperio. 2 Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Todos tenían que ir a empadronarse, cada uno a su ciudad de origen. 4 Por esta razón, también José, que era descendiente del rey David, se dirigió desde Nazaret, en la región de Galilea, a Belén, la ciudad de David, en el territorio de Judea, 5 para empadronarse allí juntamente con su esposa María, que se hallaba embarazada. 6 Y sucedió que, mientras estaban en Belén, se cumplió el tiempo del alumbramiento. 7 Y María dio a luz a su primogénito; lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
8 En unos campos cercanos había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie cuidando sus rebaños. 9 De pronto, se les apareció un ángel del Señor y el resplandor de la gloria de Dios los llenó de luz de modo que quedaron sobrecogidos de temor. 10 Pero el ángel les dijo: — No tengan miedo, porque vengo a traerles una buena noticia, que será causa de gran alegría para todo el pueblo. 11 En la ciudad de David les ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 12 Esta será la señal para que lo reconozcan: encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
En aquel mismo instante apareció junto al ángel una multitud de otros ángeles del cielo, que alababan al Señor y decían: 14 — ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que gozan de su favor! 15 Luego los ángeles volvieron al cielo, y los pastores se decían unos a otros: — Vamos a Belén, a ver eso que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer. 16 Fueron a toda prisa y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron todo lo que el ángel les había dicho acerca del niño. 18 Y todos cuantos escuchaban a los pastores se quedaban asombrados de lo que decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en lo íntimo de su corazón. 20 Los pastores se volvieron dando gloria a Dios y alabándolo por lo que habían visto y oído, pues todo había sucedido tal y como se les había anunciado.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Letra 300, 16 de diciembre de 2012

¡300 NÚMEROS!

ADVIENTO: TIEMPO DE VIGILANCIA, COMPASIÓN Y ESPERANZA
Carlos Ayala Ramírez
Adital, 17 de diciembre de 2007



1. El Adviento consiste en despertar a la realidad
Velar, vigilar, es vivir cada instante conscientemente. Es salir del estado de inconsciencia, de apatía, de indolencia. La liturgia de la palabra propia del tiempo de Adviento, pone dos voces (de fuerza profética) que invitan a despertar: Isaías y Juan Bautista. Isaías proclama la esperanza de una realidad en la que reinarán plenamente la misericordia y la justicia de Dios (Is 56.1; 65.17-19; 65.20). Juan, la voz que clama en el desierto, preparaba y anunciaba la llegada de un Mesías liberador. Pregonaba un bautismo en señal de arrepentimiento (Mc 1.3-4). Su predicación le valió ser apresado por el rey Herodes, que veía en ella un cuestionamiento a su poder y a sus privilegios.
Tanto en Isaías como en Juan Bautista, el llamado a despertar a la realidad exige concreción: alegría y gozo porque la vida de los débiles y oprimidos está protegida, porque el tiempo de Dios (su reino de amor y justicia) ha entrado en la historia humana. Quien vigila está abierto a esa misericordia y justicia de Dios. Está abierto al mundo (empatía), para transformarlo; al otro (pobres y víctimas), para reaccionar con compasión.
Desde ellos podemos afirmar que el tiempo de Dios no es simplemente un tiempo litúrgico retórico. Adviento no debe ser una liturgia sin historia, sino una liturgia que ilumina realidades concretas. Tenemos, en ese sentido, emblemáticos ejemplos: “¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos?”. Esta pregunta interpeladora la hizo fray Antonio de Montesinos en su famoso sermón del cuarto domingo de adviento de 1511, ante el maltrato, explotación y muerte de los habitantes de las llamadas Indias occidentales, por parte de quienes se consideraban “descubridores de América”. La interpelación fue dirigida, precisamente, a los conquistadores y colonizadores de la época. A los que se les exhortaba a despertar del sueño del egocentrismo que deshumaniza.
Monseñor Romero en su homilía del segundo domingo de adviento de 1977, a propósito de las situaciones que estorban para ver al Cristo que viene, manifestó: “el vivir tan cómodo, tan instalado, tan rico, que prácticamente son materialistas, no tienen tiempo, no les importa analizar la situación dramática del país y de su propia conciencia, están muy a gusto en sus jaulas de oro” (04.12.7).
Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino también nos han hablado de la necesidad de estar atentos a ese momento especial de manifestación de Dios en nuestro aquí y ahora. Concretamente eso significa discernir los signos de los tiempos desde los pobres y las víctimas. Ellos y ellas, según Ellacuría y Sobrino, nos interpelan a ser humanos, nos hacen ver la verdad de la realidad y nos convocan a construir una civilización de la pobreza. Pobres y víctimas pueden ayudarnos a despertar del sueño de cruel inhumanidad, a pasar de la indolencia a la compasión. Pueden ayudarnos a hacernos cargo de la verdadera realidad del mundo (tener no solo un conocimiento que supera la ignorancia, sino llegar a la verdad que supere el encubrimiento). Pueden ayudarnos a forjar una nueva civilización que humanice, es decir, que no esté en función del capital, sino del ser humano, que pueda ser universalizable porque posibilita una vida digna y sustentable para todos, una civilización donde no haya lugar para lo superfluo, cuando las necesidades básicas de las mayorías no están cubiertas.

2. La misericordia que genera esperanza es la que se historiza
La misericordia que se historiza toma en serio lo real del sufrimiento y la práctica que lo transforme. Así lo visualizaba el profeta Isaías: “Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en jardín, y el jardín parecerá un bosque; aquel día oirán los sordos las palabras del libro, sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos; los oprimidos volverán a festejar al Señor y los pobres se alegrarán con el Santo de Israel, porque no quedarán tiranos, se acabarán los cínicos y serán aniquilados los que se desviven por el mal” (Is 29, 17-20).
Leonardo Boff, en su libro El cuidado esencial, nos dice que la nota dominante del mundo actual no es la misericordia, sino el descuido, la indiferencia y el abandono. Hay descuido e indiferencia por la vida de los niños y niñas: en América Latina tres de cada cinco niños trabajan, en África, uno de cada tres, en Asia, uno de cada dos. A esos niños se les niega la infancia, la inocencia y la posibilidad de soñar. Hay descuido y abandono por el destino de los pobres, castigados por la muerte del hambre crónica y mil enfermedades erradicadas en los países ricos. Hay descuido y perversión en los asuntos públicos: las sociedad se organiza en contra de las mayorías empobrecidas y a favor de las minorías privilegiadas. Hay un descuido y depredación de nuestra casa común (se envenenan suelos, se contamina el aire y el agua, se exterminan especies de seres vivos. Hay un descuido por la dimensión espiritual del ser humano, hay poco interés por cultivar el espíritu de ternura y de misericordia como actitudes fundamentales de convivencia humana.
Jon Sobrino, en su libro Fuera de los pobres no hay salvación, nos dice que en el mundo actual donde predomina no sólo el descuido sino la deshumanización; la misericordia que se hace historia, que se hace carne, debe implicar la salvación de la muerte (particularmente salvar al pobre de la muerte lenta de la pobreza y de la muerte rápida de la violencia); salvar de la indignidad (con frecuencia las víctimas de este mundo no solo han sido ignoradas, sino tenidas por victimarias) buscando y comunicando verdad, sacando a la luz los males de la realidad (profecía); salvar de la no existencia a la que han sido sometidas pobres y víctimas, devolviéndoles la palabra, su nombre, su identidad, su rostro.
Sólo la misericordia que se hace historia puede desencadenar esperanza y salvación. Eso fue lo que ocurrió con Jesús de Nazaret: en él se hizo presente El misericordioso (Dios), sanando, consolando, liberando, dignificando a los pobres, enfermos, extranjeros, mujeres, niños, pecadores.
_____________________________________________

MENSAJE DESAFIANTE DE LA COMUNIÓN REFORMADA MUNDIAL EN ESTE ADVIENTO

World Communion of Reformed ChurchesEntonces María dijo al ángel: "¿Cómo será esto...? ...El ángel le dijo: "...porque nada hay imposible para Dios." Entonces María dijo: "Aquí estoy, el siervo del Señor. Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, Extractos de los vv. 26 al 38)


La joven, María, debe haberse sentido abrumado por esta visita en particular - un extraño visitante con un extraño mensaje que anunciaba que iba a ser la madre de un bebé especial - el Hijo del Altísimo. Me gusta el regalo de los jóvenes a ser sencillo. Así María se atrevió a preguntar: “¿Cómo puede ser esto?”. A cambio, recibió una respuesta clara: “... nada hay imposible para Dios”. La respuesta de María fue notable. No iba a ser fácil, pero ella se comprometió a cumplir con su tarea a sabiendas de que con Dios nada es imposible.
María no tardó en enterarse de que, como mujer soltera embarazada, su relación con su novia estaba en peligro y su reputación en peligro de desgracia. Ella estaba a punto de hacer frente a la situación imposible de viajar lejos de su zona de confort mientras ella estaba cargado de niño y más tarde tiene que huir porque la vida de su hijo estaba en peligro - el blanco de los poderes políticos de la época. Las palabras de María en respuesta a su situación: "Aquí estoy, la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra", no eran dóciles. Fueron palabras simples y poderosas que indican su deseo de ser útil a Dios en hacer una diferencia en el mundo. […]
Le pido una cosa, querido lector, en este tiempo de Adviento: haga su parte en la oración y en la vivencia de esta visión para que, inspirado por la acción valiente de María, usted también puede ser el instrumento de Dios para el cambio.

_____________________________________

SORPRESAS PAPALES
La Jornada, 14 de diciembre de 2012

Joseph Ratzinger, como se sabe, es uno de los más importantes teólogos de la Iglesia católica. Alguien que no duda en dejar sin sostén lo que se creía era verdad revelada en directo por el Altísimo. De igual manera no se anda con rodeos en respaldar asuntos de revelación terrenal, como los motivos por los cuales el sacerdocio está negado a las mujeres: porque Jesús no escogió para apóstol a ninguna mujer. Más claro, imposible.
Antes, en 2007, resucitó de nuevo la idea del infierno, desestimada durante su reinado por Juan Pablo II, quien vinculó el infierno no a un castigo físico sino a una situación espiritual metafórica en la que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría.
Mas para Ratzinger, el infierno existe y es eterno. Dejó así vivo el dilema de o te salvas o te condenas. Con las llamas esperando a los últimos. Dante en todo su esplendor.
Tras años de intenso debate (según fuentes generalmente bien informadas) el Vaticano, de la mano de Ratzinger, también resolvió eliminar la idea del limbo. Ese inmenso lugar sin tormento pero alejado de Dios, al que iban los niños recién nacidos que no tuvieron la fortuna de recibir el sacramento del bautismo, de lavar la culpa del pecado original del hombre en el Paraíso. Es decir, la inmensa mayoría de la humanidad.
Y a principios del año pasado, Ratzinger aseguró que el purgatorio no es un lugar del espacio, del universo, sino un fuego interior, que purifica el alma del pecado. Nada entonces de tormentos. Ya no más rezos, limosnas y misas para librar a las benditas almas del fuego que todo lo quema. Por eso el Papa pidió a los católicos rezar por los difuntos para que puedan gozar de la visión de Dios. De paso los invitó a prestar una mayor atención a los pobres y más necesitados.
El teólogo convertido en pontífice contra su voluntad (su ideal era pasar sus últimos años escribiendo, acompañado de sus gatos y la música de Wolfgang Amadeus Mozart), acaba de sorprender con un nuevo libro editado por Rizzoli: La infancia de Jesús, cuyo tiraje en italiano consta de un millón de ejemplares a 220 pesos cada uno. Está lista su distribución en 70 países y 20 idiomas.
Y como ocurre con un best-seller, con la más avanzada mercadotecnia el Vaticano se encargó de adelantar algunas revelaciones del libro. Por ejemplo, que Jesús no nació en ningún portal de Belén, y menos acompañado de una mula y un buey. Y que nació bajo la conjunción de Júpiter, Saturno y Marte seis o siete años antes de lo que la propia Iglesia tiene establecido.
Tampoco la estrella que supuestamente guió a los magos de Oriente era una supernova. Eso sí, reafirma el teólogo, el niño fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen.
Espere más sorpresas papales.

Actividades

OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DECEMBRINAS PARA QUE EL PROPÓSITO DE DIOS SE CUMPLA A TRAVÉS DE ELLAS.
__________________________________

VÉSPER DE NAVIDAD
17.30 hrs.

Introducción

Lectura unida: Juan 1.1-5
Himno “Oh ven, oh ven Emanuel” (106)
Oración de ofrecimiento
Himno “Ven, Jesús muy esperado” (111)

I. Las profecías acerca del Mesías

Lecturas
·  Isaías 40.1-5 (Mujeres)
·  Hageo 2.6-7 (Hombres)
·  Malaquías 3.1-3 (Unidos/as)

* Himno “Suenen dulces himnos” (112)

·  Isaías 7. 14 (H)
·  Isaías 40.9-11, 60.1 (M)
·  Zacarías 9.9-10 (H)
·  Isaías 9.6 (U)

Número musical:                Citlali y David

II. El nacimiento del Mesías
“Al nacimiento”
Hernán González de Eslava
* Himno “Anuncian ángeles cantores” (116)
* Himno “Gloria a Dios en las alturas” (120)

·  Lucas 1.26-33, 38 (U)
·  Lucas 1. 46-55, Magnificat (M)
·  Lucas 1. 67-79, Profecía de Zacarías

* Himno “Cristianos, alegraos” (117)

·  Lucas 2.1-7 (Derecha)

* Himno “En la noche los pastores” (119)
* Himno “Venid, pastorcillos” (135)

·  Lucas 2.8-15 (Izquierda)
·  Lucas 2.25-32, Nunc dimittis (H)
·  Mateo 2.1-12 (H)
 
Ofertorio                               Citlali y David

Bendición pastoral

* Himno
“Ahora, despide a tu pueblo en paz”, S. Palomino L.
____________________________________ el

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 18 de diciembre, 19 hrs.
Yahvé enjuicia a Ajab (I Reyes 20.35-43)
Moderador: Mauricio Magallanes

__________________________


PRÓXIMAS ACTIVIDADES

22 – Cena de Navidad
23 – 4o Domingo de Adviento/ Concierto coral/ Obra de teatro
24 – Culto de Navidad, 19 hrs.
30 – Culto de adoración/ Cumpleaños
31 – Culto de fin de año, 19 hrs.

Jesús cumplió los sueños proféticos con su venida, L. Cervantes-O.

16 de diciembre, 2012

En cuanto a ti, Belén Efrata,/ tan pequeña entre los clanes de Judá,/ de ti saldrá el caudillo de Israel,/ cuyo origen se remonta a días antiguos,/ a un tiempo inmemorial. […] [El que ha de nacer] se mantendrá firme/ y pastoreará con la fuerza del Señor/ y con la majestad del Señor, su Dios.
Miqueas 5.1, 3, La Palabra, SBU

Jesús de Nazaret perteneció con todo derecho al “gremio” de los profetas pues actuó en estricta consonancia con la pasión contestataria que los caracterizó siempre. La congruencia entre sus palabras y acciones evidenció todo el tiempo su apego a la gran tradición de la religión bíblica que le dio grandes alturas y por la que ha alcanzado un sitio en la historia social, religiosa y política. Articuló magistralmente el celo profético con una clara convicción, propia de la época, de que el Reino de Dios se aproximaba y que era preciso tomar una determinación personal al respecto. La suya fue salir a las calles y ejercer como un “profeta itinerante” dispuesto a crear conciencia entre su pueblo de las exigencias éticas de semejante suceso. Su ruptura con la comodidad y el confort lo llevó a enfrentar abiertamente el statu quo y a poner en crisis la aparente estabilidad que había obtenido el liderazgo religioso de su pueblo a costa de distanciarse de éste y de la voluntad del Dios liberador. Como escribió José Comblin:

Jesús tuvo la conciencia de que era un profeta. Entendió su misión dentro de las categorías de la religión de Israel y se identificó con los profetas. Entre él y los profetas del Antiguo Testamento, aunque hubo diferencias, las semejanzas eran tan grandes que se atribuyó a sí mismo el título de profeta del mismo modo que se lo atribuyó el pueblo. […]
Jesús sabía que había sido enviado por el Padre como profeta. […] Como profeta podía ser reconocido e identificado por su pueblo. Sin esa identificación, el no habría sido nada.[1]

La identificación plena de Jesús con los sueños, ideales y utopías proféticos se aprecia a cada paso en que se radicaliza y exige la conversión del pueblo para vivir en consonancia con los designios de Dios. Su creatividad e impulso fueron más allá del último profeta, anterior a él, Juan bautista, quien siendo también radical, optó por el aislamiento y por una confrontación activa con los poderes. Su intransigencia lo llevó a la muerte violenta, lo mismo que a Jesús, con la diferencia de que éste hizo público su mensaje liberador y reivindicatorio de las masas pobres de lo que quedaba de Israel. En ello también siguió la tradición de sus antecesores:

Jesús estaba en continuidad con los profetas de Israel. No sólo era un profeta semejante a ellos, sino que realizó el modelo, el ejemplo perfecto de profeta. De ese modo, los profetas de la antigua Ley fueron vistos como precursores, como preparación del papel profético de Jesús. En esa condición, inauguró un nuevo modo de ser profeta que pasa a ser modelo desde entonces y que llega hasta hoy. Jesús está en el centro de la historia del profetismo. Ninguno fue igual a él, pero todos se refirieron y se referirán a él como profeta.  (Énfasis agregado.)

Como Miqueas, el “profeta agrario” del siglo VIII a.C., Jesús se identificó completamente con el pueblo pobre y sufriente. Ése es el motivo de su predicación intensa y comprometida del Reino de Dios que sintonizó directamente con lo anunciado por él, de ahí la cita del cap. 5, usada siempre en el contexto navideño, pero casi siempre desconectada de su ámbito original en el marco de ese proyecto profético y utópico, contemporáneo de Jeremías (26.17-19):

Acordémonos del texto de una visión universal, que dice que las personas “transformarán sus espadas en azadones y sus lanzas en podaderas; una nación no levantará la espada contra otra nación, ni se prepararán más para la guerra” (Mi 4.3). También acostumbramos, usar el texto, en el que se habla del contraste entre una religión de culto sacrificial y una religión de vida ética, de justicia y humildad delante de Dios (6.8). Se habla también de una figura mesiánica, que vendrá de la periferia, de la menor de las aldeas de Judá y, a partir de ahí, reorganizará la vida del pueblo (5.1-5).[2]

La profecía mesiánica se ubica en medio del conflicto entre las ciudades explotadoras y el campo oprimido, algo que seguía ocurriendo en la época de Jesús, cuando los terratenientes eran muy religiosos y ocupaban los puestos principales del gobernó autóctono tolerado y alentado por Roma. La Navidad anunciada por Miqueas, entonces, tiene esta plataforma:

En el trasfon­do es­tá un con­flic­to bá­si­co en­tre cam­po y ciu­dad. Se ve­ri­fi­ca tam­bién un cho­que cul­tu­ral. Desarro­llos cul­tu­ra­les y acul­tu­ra­cio­nes den­tro del mis­mo y pro­pio pue­blo en­tran en cho­que.
Mi­queas anun­cia que la éli­te ur­ba­na, así co­mo la mis­ma ciu­dad jun­to con el tem­plo, ten­drán un fin in­mi­nen­te (cap. 3). Ha­brá co­mo que un “va­cío de po­der”. Y la éli­te cam­pe­si­na la­ti­fun­dista se­rá des­po­ja­da de sus bie­nes y de la po­se­sión de sus par­tes de tie­rra. Es­tas fa­mi­lias se­rán ex­clui­das de la “re­for­ma agra­ria” pro­pues­ta (Mi 2.4-5). Es­ta­mos aquí de­lan­te de “sue­ños re­vo­lu­cio­na­rios”.

Jesús se conectó profundamente con estos sueños proféticos y su nacimiento revivió la esperanza de las masas campesinas de que las cosas cambiarían. La Navidad está profundamente arraigada en las utopías campesinas. Celebrarla es compartir esos mismos sueños y esperanzas:

El tex­to tie­ne ai­res me­siá­ni­cos. Mi­queas pre­vé un nue­vo go­ber­nan­te. Es­te sal­drá de la al­dea más in­sig­ni­fi­can­te de Ju­dá, de don­de na­die se­ría re­clu­ta­do pa­ra par­ti­ci­par del po­der del Es­ta­do. Y don­de pro­ba­ble­men­te tam­bién na­die es­ta­ría co­rrom­pi­do por el ba­ci­lo del po­der. Mi­queas pre­vé el re­sur­gi­mien­to de un go­ber­nan­te co­mo David. En eso él se re­ve­la co­mo adep­to del li­na­je da­ví­di­co, tal vez has­ta mo­nar­quis­ta co­mo Isaías (Is 11.1-9), sin em­bar­go, con una pers­pec­ti­va de un “da­vi­dis­mo cam­pe­si­no”. Des­pués de la rui­na, la reor­ga­ni­za­ción ten­drá nue­va ca­li­dad en las re­la­cio­nes de po­der.



[1] J. Comblin, A profecía na Igreja. São Paulo, Paulus, 2008, p. 52. Versión de LC-O.
[2] Ha­rol­do Rei­mer, “Rui­na y reor­ga­ni­za­ción. El con­flic­to cam­po - ciu­dad en Mi­queas”, en RIBLA, núm. 26, http://claiweb.org/ribla/ribla26/ruina%20y%20reorganizacion.html.

Miqueas 5.1-7

La Palabra, SBU


1 En cuanto a ti, Belén Efrata,
tan pequeña entre los clanes de Judá,
de ti saldrá el caudillo de Israel,
cuyo origen se remonta a días antiguos,
a un tiempo inmemorial.
2 Por eso el Señor abandonará a los suyos
hasta que dé a luz la que ha de dar a luz.
Y el que aún quede de sus hermanos
volverá a reunirse con el pueblo de Israel.
[El que ha de nacer] se mantendrá firme
y pastoreará con la fuerza del Señor
y con la majestad del Señor, su Dios.
Ellos, por su parte, vivirán seguros,
porque él extenderá su poder
hasta los confines mismos de la tierra.

4 Él nos traerá la paz;

y cuando Asiria invada nuestra tierra
e irrumpa en nuestros palacios,
nos enfrentaremos a ella
con siete pastores y ocho príncipes
5 que pastorearán Asiria con la espada
y el país de Nemrod con el acero.
Porque él será quien nos libre
cuando Asiria invada nuestra tierra
y ponga su pie en nuestro territorio.
6 Será entonces el resto de Jacob
como rocío del Señor entre las naciones,
como lluvia que cae sobre la hierba
y para nada depende de humanos.
7
Será entonces el resto de Jacob,
entre pueblos y naciones numerosas,
como un león entre fieras salvajes,
como un cachorro de león
en medio de rebaños de ovejas:
penetra, pisotea y desgarra
sin que haya nadie que defienda.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Letra 299, 9 de diciembre de 2012


“LA LUZ DE DIOS ES LA QUE ILUMINA NUESTROS PASOS Y NOS ALUMBRA EL CAMINO HACIA LA PAZ Y LA JUSTICIA”, DICE EL MENSAJE DEL CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS
ALC Noticias, 7 de diciembre de 2012

Traerá la justicia a las naciones… … No hará pedazos la caña quebrada, ni apagará la mecha humeante; Traerá la justicia por medio de la verdad.                              Isaías 42.1, 3

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron.                                                                      Juan 1.3-5

El salmista describe la Palabra de Dios como una lámpara que alumbra nuestros pasos y nos guía en el camino de la vida. En las Sagradas Escrituras, encontramos muchas alusiones a la luz como símbolo de la gloria de Dios y de su mano que nos guía. Los artistas ulteriores utilizaron la luz en sus representaciones de la Natividad de Jesucristo: la luz de una estrella que brilla en el cielo, la luz que rodea a las figuras de los ángeles, el resplandor divino que surge de un pesebre para iluminar los rostros humanos.
Isaías nos enseña que el siervo del Señor, en los tiempos venideros, avivará hasta el fulgor más tenue que brille entre las tinieblas. El himno de la encarnación que abre el Cuarto Evangelio proclama que la luz sigue brillando entre las tinieblas y que la muerte y la oscuridad nunca se superpondrán a la Palabra, la vida y la luz de Dios.
Lo que la Palabra ha traído al mundo es la vida, y la vida es la luz de todas las naciones. Durante el próximo año, el Consejo Mundial de Iglesias centrará su labor y testimonio en una simple oración que servirá como tema de nuestra décima Asamblea: Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz.
Durante los tiempos de Adviento, Navidad y Epifanía, somos especialmente conscientes del don de Dios de la luz, revelado en la Palabra eterna que se hizo carne, y que sigue habitando ahora entre nosotros. Esta es la luz que nos da esperanza en nuestro mundo actual a pesar de la desunión, el abuso, el odio, la violencia, la pobreza, la codicia y la corrupción.
La luz de Dios es la que ilumina nuestros pasos y nos alumbra el camino hacia la paz y la justicia. Incluso aunque el brillo de nuestras luces sea muy débil, la Palabra de Dios prevalece en la oscuridad, poniendo siempre la justicia en el centro de nuestro camino común hacia la paz.
Que disfruten de todas las bendiciones de estas Navidades, recordando la Buena Nueva:¡Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a todos los que gozan de su favor!
Suyo en la alegría del Espíritu Santo, y en el amor de Cristo,

Pastor Dr. Olav Fykse Tveit
Secretario general
___________________________________________

A PROPÓSITO DEL DÍA INTERNACIONAL DEL DISCAPACITADO. MEDITACIONES EN TORNO A MARCOS 7.31-37 (II)
Amós López Rubio

Elsa Tamez, teóloga mexicana, nos dice que la deshumanización es la pérdida de la sensibilidad por lo que le pasa a las demás personas y a nuestro planeta, es indiferencia mezclada con codicia, sin importar el sufrimiento de quien no tiene nada. Esta es una buena fotografía de lo que algunos llaman hoy la sociedad de consumo o la cultura del mercado.
El pastor David Potter fundó un ministerio en Inglaterra que vela por la integridad espiritual y social de las personas con discapacidad. En uno de sus libros, él habla de seis principios inspirados en la Biblia y que son importante en el trabajo con las personas con discapacidad: la individualidad de la persona, su dignidad, su integridad, su independencia, su integración y su espiritualidad. En el ministerio de sanidad que Jesús desarrolla podemos ver cómo su atención a las personas con discapacidad tiene en cuenta las particularidades de cada cual, cada gesto sanador de Jesús se desarrolla de manera diferente y respondiendo a las necesidades puntuales y a las peticiones de aquellos que le buscaban para ser sanados.
No poder escuchar y no poder hablar, son imágenes que nos remiten a situaciones de opresión, de exclusión, de incomunicación. Escuchar y hablar son actos que remiten a la esencia de las relaciones humanas, de la vida en comunidad. El encuentro con Jesús adquiere una relevancia y una profundidad en el proceso de liberación del tartamudo que va más allá de la sanidad en sí misma. El que antes vivía sumido en un silencio que le aislaba, ahora puede apreciar y comprender mejor el mundo que le rodea; el que antes no podía expresarse con facilidad, ahora tiene la oportunidad de hablar y decir su propia palabra.
En su trabajo con personas con discapacidad, las iglesias deben considerar algunos elementos  importantes. Hay quienes oran para que las personas con discapacidad sean curadas, grandes campañas de sanidad son realizadas con este fin. Pero esta actitud acentúa, ahora desde la fe religiosa, aquellos mitos sobre las personas con discapacidad, y no nos permite valorarlas en sí mismas como creación buena de Dios, como personas con dignidad, valores y capacidades propias. Lo primero al compartir el evangelio a las personas con discapacidad es romper con aquellas mitos y situar a la persona en el centro del cuidado y el amor de Dios, así como respetar su dignidad propia y hacerle partícipe tanto de la salvación en Cristo como del llamado a colaborar con la misión de Dios en el mundo.

La curación de un mundo sordo y mudo
Sordera y mudez son también señales de nuestro mundo actual. Padecemos de sordera cuando cerramos nuestros oídos al clamor del necesitado. Preferimos hacer silencio ante las injusticias para no complicarnos la vida y asumir responsabilidades. No querer escuchar y no querer hablar son formas de evitar el compromiso, son formas de negar a Dios. Sin embargo, Dios continúa hablando a nuestro oído, Dios quiere que escuchemos con atención y que comuniquemos su mensaje sin temor y con alegría. Dios quiere seguir destapando nuestros oídos y desatando nuestra lengua para compartir su mensaje de amor y salvación.
Después de aquel gesto de sanidad, el texto de Marcos afirma que la gente comentaba que Jesús “lo hacía todo bien”, esta frase nos recuerda las palabras de Dios en el libro del Génesis. Cuando la creación fue completada, dice el texto que “Dios vio que todo lo que había hecho estaba bien”. En esta perspectiva, la curación de aquel tartamudo señala también hacia una nueva creación que está llegando con Jesús, quien restaura la vida y rescata al mundo de la destrucción del pecado humano. Son las palabras del apóstol Pablo: “en Cristo somos una nueva criatura”.
Y la segunda parte del comentario de la gente es que Jesús “hacía oír a los sordos y hablar a los mudos”. Aquí es recordado el texto del profeta Isaías, capítulo 35, al hablar de la futura restauración de Jerusalén cuando sea librada de sus enemigos: “Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes; decir a los de corazón inquieto ‘sean fuertes, no tengan miedo. Vuestro Dios viene, trayendo recompensa y salvación’. Entonces se abrirán los ojos del ciego, se destaparán las orejas de los sordos, saltará el cojo como el ciervo, y la lengua del mudo gritará de júbilo”.
Ésa es también nuestra misión como iglesia de Jesucristo, ser instrumentos de la nueva creación que llega por el amor restaurador de Dios, ¿de qué manera? En primer lugar, devolviendo a las personas su derecho a escuchar y ser escuchadas, así como su derecho a la palabra; en segundo lugar, haciendo oír a los sordos aquello que no quieren escuchar, diciendo la palabra del evangelio para este tiempo. Esto es, denuncia del pecado y la injusticia, y anuncio de la liberación y la esperanza que trae el evangelio a través de gestos concretos de dignificación humana.
Ser instrumentos de la nueva creación que Dios está trayendo tiene que ver, en este pasaje, con un don que es comunicado a través de gestos concretos de liberación, gestos que pasan por nuestro cuerpo, por nuestros sentidos. Manos que se imponen sobre nuestra cabeza, dedos que se meten en nuestros oídos y saliva que desata nuestra lengua, la palabra de Dios en nuestra palabra y a través de nuestra palabra. Y esta palabra es palabra de salvación, de consuelo, de amor y esperanza.
Siempre me llamó la atención el hecho de que Zacarías, padre de Juan el bautista, quedara mudo cuando recibió la noticia del nacimiento de Juan, y solo recuperó el habla cuando su hijo nació. Dice el evangelio de Lucas que cuando Zacarías escribió sobre una tablilla que su hijo se llamaría Juan, confirmando el llamado de Dios y la palabra de su esposa Isabel, “al punto se abrió su boca y se desató su lengua, y hablaba alabando a Dios”. Y entonces entonó un cántico conocido como el cántico de Zacarías, cuyas primeras estrofas dicen así: “Bendito el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas”.
La lengua de Zacarías fue desatada para proclamar la salvación de Dios. Con ese mismo propósito fue desatada la lengua del tartamudo que vino al encuentro de Jesús. El cántico de Zacarías bien podría ser el cántico de aquel que era tartamudo y sordo, quien había recibido la visita del Señor y había sido redimido por la fuerza salvadora del amor de Dios.
Termino con las palabras de Alejandra Meneses, una cristiana del Ecuador y portadora de discapacidad física:

La iglesia como referente de justicia, solidaridad y amor, está llamada a convertirse en una comunidad inclusiva, que no hace acepción de personas, sino que propicia y facilita el espacio para que todas las personas se sientan acogidas, sanadas, dignas y convocadas a ser parte de su misión. El Evangelio nos pide seguir el ejemplo del Maestro, quien sin pena ni vergüenza fue capaz de tener actos de amor concretos a favor de sus pequeñuelos y pequeñuelas, entre los que estaban las personas con discapacidad…es necesario que como iglesias comencemos a develar este problema que existe en nuestra sociedad y ser conscientes de que nos concierne como los llamados y las llamadas a ser sal y luz.
Promover debates en torno al tema en nuestras congregaciones… discipular a las familias que tienen seres queridos con discapacidad acerca de la autoestima, la autonomía, la independencia, la forma de desarrollar sus habilidades sociales, recordando que la sobreprotección les hace más vulnerables a todo acto de violencia…todos y todas podemos hacer algo, y lo primero es salir de la lástima que nos inmoviliza y acomoda… éste es un problema que nos desafía a tomar una posición definida como discípulos y discípulas de Cristo, a fin de lograr que este grupo de personas históricamente marginadas y olvidadas, encuentren que las iglesias son espacios de gracia, amor y aceptación.

Que así sea.

Las promesas mesiánicas en perspectiva, L. Cervantes-O.


9 de diciembre, 2012

No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece [Shiloh] y a quien obedecerán los pueblos.
Génesis 49.10, La Palabra, SBU

Las promesas mesiánicas que aparecen desde los tiempos más remotos y que registra el Antiguo Testamento se fueron desarrollando progresivamente con el tiempo y fueron el resultado de la manera en que las esperanzas del pueblo de Dios se consolidaron en la fe colectiva. Cuando mucha gente habla de lo que se denomina el “protoevangelio” de Génesis 3.15 o se buscan persistentemente “tipos” de la figura de Jesucristo en personajes o situaciones más antiguas, debería considerarse la magnífica lección de los Evangelios y del Nuevo Testamento en general: La presentación de la persona y el ministerio de Jesús va acompañada muchas veces de la frase ya clásica: “Para que se cumpliese la Escritura…”. Los autores del NT practicaron una selección muy rigurosa de citas, lo que implicó dejar fuera algunas, como Gn 3.15 y 49.10, entre muchas otras:

Es importante advertir que no todas las citas del Antiguo Testamento recogidas en el Nuevo son de igual importancia. Y también que no todas las profecías mesiánicas del AT son utilizadas en el Nuevo […] La Iglesias rechazó algunas profecías. ¿Por qué lo hizo? Porque la Iglesia se regía en la interpretación del NT por la historia misma de Jesús. Los evangelistas no se sintieron obligados a trazar una imagen mesiánica de Jesús circunscrita a los datos del AT, sino que se servían de éste para interpretar ciertos acontecimientos que a su juicio poseían un alcance mesiánico. […] Jesús tenía sus raíces en el AT, pero también rompió sus límites.[1]

Y es que resulta particularmente difícil leer esas promesas mesiánicas y aplicarlas a Jesús, por ejemplo, en la clave del Israel contemporáneo. Ese sería uno de los límites mencionados, el del nacionalismo ligado al etnocentrismo, razón por la cual es muy probable que las referencias del Génesis, ligadas en extremo a la construcción del pueblo histórico de Israel, que teológicamente dan pie para una sana comprensión del “linaje salvífico” de Jesús (cómo, si no, interpretar, y sobre todo en estos tiempos, la tipología de Jesús como “descendiente de la mujer” según Gn 3.15 para vencer a la serpiente, tipo a su vez del mal y del pecado en el nivel  incluso cósmico), hayan sido hechas a un lado.
Las palabras de Gn 49.10 forman parte de un documento muy valioso en el que Jacob, patriarca de la nación hebrea, señala los rumbos que habría de seguir cada una de las tribus en la bendición con que concluye su vida. Los paralelismos con Gn 27 (la bendición de Isaac) son evidentes: “…la bendición que Jacob recibe en Gn 27.28-29 es semejante a la que Judá recibe en Gn 49.8-12”.[2] Toda la historia de José y sus hermanos ha quedado atrás y la reconstrucción de esta familia peculiar (un padre, cuatro madres y 12 hermanos) representa el surgimiento de la nación israelita. Pero también es posible interpretar mesiánicamente (en el sentido davídico, todavía nacionalista) esta parte de la bendición, aunque no tanto en el sentido con que se ha traducido y ampliado el significado de la palabra Shiloh, “aquel a quien le pertenece el cetro”, pues el pasaje está estableciendo las bases para la preeminencia de la familia monárquica, sino también en el sentido de salvación, que es como fue tomado en el NT, especialmente en Juan 4.22c, en los labios del propio Jesús: “…porque la salvación viene de los judíos”. La mujer samaritana, en el diálogo con Jesús, da por sentado ese origen.[3]
Para apropiarnos hoy de esa promesa mesiánica hemos de hacer el esfuerzo por trascender las limitaciones culturales, históricas, geográficas e ideológicas a fin de superar los riesgos del “sionismo evangélico” y poder sumarnos a las esperanzas de un pueblo pobre que, en lontananza, avizoraba tiempos mejores. Para ese pueblo, como para nosotros hoy, la figura de un mesías, como David primero, y como lo que se esperaba vendría en su descendencia, ya desde la fe cristiana, en la figura y acción de Jesús, vendría a ser la concentración de la acción redentora de Dios en una persona que recuperaría y relanzaría las esperanzas acumuladas, tantas veces traicionadas, para ubicarlas en la perspectiva del reinado universal de Dios. La bendición de Judá anunció la preeminencia de una tribu sobre las demás en la realización de una monarquía fallida, pero también entre todo ello fue posible rescatar y canalizar los sueños de las tribus israelitas para que la promesa de un reino futuro les permitiera continuar su lucha cotidiana por la vida y el bienestar. Ése es el otro punto de contacto actual con un pasaje tan remoto: la recuperación y actualización viable de esperanzas que se han cumplido ya y se seguirán cumpliendo en la estela de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios en el mundo.


[1] W.D. Davies, Aproximación al Nuevo Testamento. Guía para una lectura ilustrada y creyente. Madrid, Cristiandad, 1979, pp. 157-158.
[2] José Ademar Kaefer, “La función de Génesis 49 en la narrativa del libro de Génesis”, en RIBLA, núm., 50, http://claiweb.org/ribla/ribla50/la%20funcion%20de%20genesis.html.
[3] Anthony Tyrrell Hanson, The Prophetic Gospel. A study of John and the Old Testament. Londres-Nueva York, T & T Clark, 1991, pp. 58-59.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...