sábado, 12 de enero de 2013

Letra 304, 13 de enero de 2013


PRIMERA CLASE UNIDA
LA KOINONÍA, VIDA EN COMUNIDAD

1. Bases bíblicas
·      Todos se mantenían constantes a la hora de escuchar la enseñanza de los apóstoles, de compartir lo que tenían, de partir el pan y de participar en la oración. Todo el mundo estaba impresionado a la vista de los numerosos prodigios y señales realizados por los apóstoles. En cuanto a los creyentes, vivían todos de mutuo acuerdo y todo lo compartían. Hasta vendían las propiedades y bienes, y repartían el dinero entre todos según la necesidad de cada cual. A diario acudían al Templo con constancia y en íntima armonía, en familia partían el pan y compartían juntos el alimento con sencillez y alegría sinceras. Alababan a Dios, y toda la gente los miraba con simpatía. Por su parte, el Señor aumentaba cada día el grupo de los que estaban en camino de salvación. (Hechos 2.-42-47).
·      En cuanto al amor fraterno, no hace falta que les diga nada por escrito, ya que el mismo Dios les ha enseñado a amarse los unos a los otros. Y así lo practican con todos los hermanos de la entera Macedonia. Sólo les pedimos, hermanos, que progresen en ello más y más, que procuren vivir tranquilos, que se ocupen de sus asuntos y que trabajen con sus propias manos, según las instrucciones que les dimos. Así se ganarán el respeto de los no cristianos y no tendrán que importunar a nadie. (I Tesalonicenses 4.9-12)
·      Así pues, yo, prisionero por amor al Señor, les exhorto a que lleven una vida en consonancia con el llamamiento que han recibido. Sean humildes, amables, comprensivos. Sopórtense unos a otros con amor. No ahorren esfuerzos para consolidar, con ataduras de paz, la unidad, que es fruto del Espíritu. Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados. (Efesios 4.1-5)
·      Que no decaiga el amor fraterno. No echen en olvido la hospitalidad pues, gracias a ella, personas hubo que, sin saberlo, alojaron ángeles en su casa. Tengan siempre presentes a los encarcelados como si ustedes mismos se encontraran presos junto con ellos; y también a los que sufren malos tratos, como si ustedes estuvieran en su lugar. (Hebreos 13.1-3)

2. La práctica de la koinonía en el Nuevo Testamento
·      El término koinonía está totalmente ausente de los sinópticos y del evangelio de Juan; en cambio, se encuentra 13 veces en Pablo y con ello se manifiesta como un concepto típicamente paulino. […] Por otra parte, merece especial atención el empleo de koinós y koinonía en Hechos 2 y sobre todo la imagen que da Lucas de la comunidad primitiva. Koinonós quiere decir camarada, socio, colaborador (Lc 5.10; 2 Cor 8.23; Flm 17). […]
·      En Hechos, en la descripción de la vida de la primitiva comunidad, se nos habla también de la comunidad de bienes que en ella se practicaba. Este “comunismo religioso basado en el amor” […] de la primitiva comunidad era la consecuencia de un amor carismático, pero tenía como supuesto la permanencia de la propiedad privada, así como la voluntariedad de la ofrenda y de la ayuda al necesitado.
·      No conocía ni la producción ni el consumo colectivo, no estaba organizado ni tampoco hay que concebirlo a partir de categorías económicas. Surge de aquella ausencia de inquietud que predicó Jesús y de su ilimitado desprecio de las riquezas (Mt 6.25-34) y hay que reclamarlo como continuación de la vida en común que Jesús realizó con sus discípulos (Lc 8.1-3; Jn 12.4ss, ss; 13.29). […]
·      La koinonía, que en Hechos 2.42 se emplea en un sentido absoluto, podría considerarse como un componente de la vida de servicio al Señor, de la que forman parte también los otros tres conceptos: la enseñanza de los apóstoles, la fracción del pan y la oración. En ese caso, koinonía habría que traducirlo por “comunión” o “comunidad litúrgica”. Pero el término koinonía expresa una realidad nueva y autónoma. Designa la unanimidad y la concordia operadas por la acción del espíritu. El individuo era totalmente sostenido por la comunidad. […]
·      En Gál 2.9, la koinonía no significa un acuerdo subjetivo corroborado por un apretón de manos, sino el reconocimiento recíproco del “ser en Cristo”. Asimismo, en 1 Cor 10.16 koinonía significa la participación en el cuerpo y la sangre de Cristo y con ello el hacerse uno con Cristo glorificado.

3. Vida en comunidad (Dietrich Bonhoeffer)

La comunidad
·    El hecho de que, en el tiempo comprendido entre la muerte de Jesucristo y el último día, los cristianos puedan vivir con otros cristianos en una comunidad visible ya sobre la tierra no es sino una anticipación misericordiosa del reino que ha devenir, Es Dios, en su gracia, quien permite la existencia en el mundo de semejante comunidad, reunida alrededor de la palabra y el sacramento.
·      Pese a todo, la presencia sensible de los hermanos es para el cristiano fuente incomparable de alegría y consuelo. […] El creyente no se avergüenza ni se considera demasiado carnal por desear ver el rostro de otros creyentes. El hombre fue creado con un cuerpo, en un cuerpo apareció por nosotros el Hijo de Dios sobre la tierra, en un cuerpo fue resucitado; en el cuerpo el creyente recibe a Cristo en el sacramento, y la resurrección de los muertos dará lugar a la plena comunidad de los hijos de Dios, formados de cuerpo y espíritu. […]
·      Ahora bien, si el mero encuentro entre dos creyentes produce tanto gozo, ¡qué inefable felicidad no sentirán aquellos a los que Dios permite vivir continuamente en comunidad con otros creyentes! Sin embargo, esta gracia de la comunidad, que el aislado considera como un privilegio inaudito, con frecuencia es desdeñada y pisoteada por aquellos que la reciben diariamente. Olvidamos fácilmente que la vida entre cristianos es un don del reino de Dios que nos puede ser arrebatado en cualquier momento y que, en un instante también, podemos ser abandonados a la más completa soledad. […]
·      La medida en que Dios concede el don de la comunión visible varía. Una visita, una oración, un gesto de bendición, una simple carta, es suficiente para dar al cristiano aislado la certeza de que nunca está solo. El saludo que el apóstol Pablo escribía personalmente en sus cartas ciertamente era un signo de comunión visible. Algunos experimentan la gracia de la comunidad en el culto dominical; otros, en el seno de una familia creyente. […] Y actualmente los cristianos más sinceros sienten necesidad de participar en «retiros» para convivir con otros creyentes bajo la palabra de Dios. Los cristianos de hoy descubren nuevamente que la vida comunitaria es verdaderamente la gracia que siempre fue, algo extraordinario, “el momento de descanso entre los lirios y las rosas” al que se refería Lutero.
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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
www.oikoumene.org

Al menos una vez al año, muchos cristianos toman conciencia de la gran diversidad de formas de adorar a Dios, se conmueven y caen en la cuenta de que no es tan extraña la manera en que el prójimo rinde culto a Dios.
El acontecimiento que desencadena esta experiencia única se conoce como la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Congregaciones y parroquias de todo el mundo toman parte en la semana de oración, que se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero (en el hemisferio norte) y en torno a Pentecostés (en el hemisferio sur). Durante este período, se intercambian los púlpitos y se organizan oficios ecuménicos especiales. 
Cada año, se pide a los asociados ecuménicos de una región concreta que preparen un texto sencillo sobre un tema bíblico. Después, un grupo internacional de participantes patrocinados por el CMI (protestantes y ortodoxos) y católicos romanos edita este texto y se asegura de que está relacionado con la búsqueda de la unidad de la iglesia.
El texto es publicado conjuntamente por el Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos y el CMI, a través de su Comisión de Fe y Constitución, que también acompaña todo el proceso de producción del texto. El material final es enviado a las iglesias miembros y las diócesis católicas romanas, a quienes se invita a que traduzcan el texto y lo contextualicen para su propio uso.

Tema para 2013
¿Qué exige el Señor de nosotros?
¿Con qué me presentaré al Señor y me postraré ante el Dios de lo alto? Me presentaré ante él con holocaustos, con novillos que tengan un año. ¿Agradarán al Señor miles de carneros? ¿Le complacerán diez mil ríos de aceite? ¿Le entregaré mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por mi pecado? Se te ha hecho conocer lo que está bien, lo que el Señor exige de ti, ser mortal: tan sólo respetar el derecho, practicar con amor  la misericordia y caminar humildemente con tu Dios. (Miqueas 6.6-8, Biblia Traducción Interconfesional, BTI)
El Libro de Miqueas pertenece a la tradición literaria de la profecía. En el centro de su mensaje se sitúa el oráculo del juicio. El libro se desarrolla en tres partes que nos van llevando desde el juicio en general (cap. 1-3), a la proclamación de la salvación (cap. 4-5), y después al juicio en sentido estricto y a la celebración de la salvación (cap. 6-7). En la primera parte, Miqueas critica con dureza a los que tienen autoridad, tanto política como religiosa, por abusar de su poder y robar a los pobres: “arrancáis la piel a la gente” (3,2), y “juzgan por soborno” (3,11). En la segunda parte del libro, Miqueas exhorta al pueblo a peregrinar “al monte del Señor... Él nos indicará sus caminos y nosotros iremos por sus sendas” (4,2). En la tercera parte se revela el juicio de Dios acompañado por una llamada a aguardar con esperanza la salvación, con fe en Dios que “perdona el pecado y pasa por alto... las culpas” (7, 18). Esta esperanza se concreta en el Mesías, que será la “la paz” (5,4), y que saldrá dE Belén para llevar la salvación “hasta los confines mismos de la tierra” (5,3). Finalmente, Miqueas llama a todas las naciones a caminar en esta peregrinación para compartir la justicia y la paz que es la salvación.

Actividades


CON MUCHA PENA INFORMAMOS DEL FALLECIMIENTO DE NUESTRA HERMANA MARY OCAMPO A. OREMOS POR QUE DIOS CONSUELE A SU FAMILIA.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 15 de enero, 19 hrs.
La viña de Nabot (II) (I Reyes 21.17-29)
Moderador: Mauricio Magallanes

LA ANTIGUA HISTORIA DE NABOT SE REPITE COTIDIANAMENTE
Lorenzo Cappelletti

La historia, que no es una fábula, se remonta a mediados del siglo IX antes de Cristo. Pero la antigua historia de Nabot se repite cotidianamente: Nabuthae historia tempore vetus est, usu cottidiana, comienza diciendo san Ambrosio en su obra De Nabuthae, que toma el nombre de aquel miserable que contradijo al poderoso que entonces estaba en el trono.
“No ha nacido sólo un Ajab, pero lo peor es que cada día nace un Ajab y para este mundo nunca muere. Si fallece uno, nacen muchos; son más numerosos los que roban que los que pierden. No fue asesinado sólo un Nabot; cada día un Nabot es oprimido, cada día un pobre es asesinado”. La verdad es que no calma nuestra curiosidad saber que la historia se repite cotidianamente. Si la de hoy la podemos ver, para poder comprender la de entonces quisiéramos tener ante nuestra mirada lo que veía Ambrosio, los rostros, las voces, las facciones únicas de los Ajab y de los Nabot de entonces. […]
Pero volvamos a ocuparnos del Ambrosio del De Nabuthae, que elige (por lo menos a primera vista) un leitmotiv de carácter social: el verdadero pobre es el rico o, si se quiere, el rico no es un verdadero pobre: es miserablemente indigente, porque busca lo que es de otros; en su deseo “no existe la disposición de la humildad, sino el ardor de la codicia”. La suya es, pues, una forma de insania. Al igual que es insano el capricho del rico Ajab, que deja de comer y dormir porque Nabot le ha negado la viña. Cuán diferente es el ayuno del pobre, «que no tiene nada y que no sabe ayunar voluntariamente sino por Dios, no sabe ayunar sino por necesidad”.
Pero la insania es aún más profunda. En realidad el rico no pretende poseer, sino más bien excluir de la posesión de bienes a otro. Hasta llegar a consecuencias económicas desastrosas para aquella época. Y hoy no es distinto. Así habla el rico: “Mientras espero que los precios suban he perdido la costumbre de hacer la caridad. ¿Cuántas vidas de pobres hubiera podido salvar con el grano del año pasado?”. […]
www.30giorni.it/articoli_id_21029_l2.htm
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

25-27 – Visita a Guerrero
27 – Primer testimonio de Evangelización/ Culto de estudio y oración: “‘Sed llenos del Espíritu’: los dones del Espíritu Santo”. Preside: Lidia Martínez Murillo

Las bases cristológicas de la koinonía, L. Cervantes-O.


13 de enero, 2013

Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Mateo 18.19-20

La realidad de la comunidad como koinonía en los Evangelios se remonta hasta el propio Jesús de Nazaret. En Mateo 18 se esboza una clara definición de lo que debía ser la iglesia como comunidad escatológica, pero también con un enorme realismo y una conciencia de su novedad en la continuidad y discontinuidad como pueblo de Dios en el mundo. El proyecto de Mateo, resumido en la posibilidad de que el Reino de Dios produzca la realidad de una comunidad nueva, proyecta en este capítulo en particular una visión no idealizada de lo que podía y debía ser la Iglesia de Jesucristo, quien desde el capítulo 16 anuncia la realización de un nuevo pueblo de Dios basado en el reconocimiento de sí mismo como Hijo de Dios y Señor (16.13-20). Si la utopía de una “iglesia nueva” le sigue quitando el sueño a tantas personas, la manera en que Jesús mismos, los discípulos luego y las comunidades iniciales en su conjunto asumieron la labor de reconstruir la visión de ese nuevo pueblo de Dios hoy puede ayudar a revisar las bases que Mateo expone como esenciales para subrayar la existencia de la comunidad como auténtica koinonía.
No olvidamos que el énfasis dado por esa palabra apunta hacia una realidad más amplia, pues el apóstol Pablo, quien la utilizó con mayor frecuencia, vislumbraba una realización ecuménica y universal de la presencia del pueblo de Dios en medio de los conflictos sociales. Luego del rechazo de Jesús en la sinagoga de Nazaret (13.54-58), Jesús abre las puertas de la gracia a los gentiles, con lo que la utopía de un pueblo verdaderamente nuevo comienza a plantearse. Mt 18.1-35 es el cuarto discurso de este evangelio (luego de tres: sermón del monte, instrucciones sobre la misión, parábolas) y en él se ofrece una instrucción sobre la comunidad eclesial, con base en un esquema que delinea las bases del comportamiento deseado por Dios en los últimos tiempos:

1. Una Iglesia que opta por los pobres (18.1-14)
1.1 Quien es el mayor en el Reino de los Cielos (1-5)
1.2 No escandalizar a los pequeños (a los pobres) (6-9)
1.3 No despreciar a los pequeños (10)
1.4 Parábola de la oveja descarriada (12-13)
Conclusión: El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños (14)

2. Una Iglesia del perdón y de la reconciliación (18.15-35)
2.1 Corrección fraterna y comunitaria (15-17)
2.2 Autoridad e importancia de la comunidad eclesial local:
      La comunidad ata y desata (18) cf. 16.19
      Acuerdo comunitario para la oración (19)
      Jesús en la comunidad (20)
2.3 Parábola del perdón (21-34)
Conclusión: Así hará el Padre celestial si no se perdonan de corazón unos a otros (35)[1]

Estamos, pues, ante el proyecto eclesial del propio Señor de la Iglesia. Ése es el mensaje que quiere dar Mateo: no promover las ideas y planes humanos sobre una comunidad sino afirmar la visión que sobre la única iglesia tiene el propio Dios en Jesús. La comunidad sólo puede tener sus bases en esa visión cristológica: “Los seguidores de Jesús deben vivir en comunidad su fe en el Dios de la vida. Mateo es atento a la riqueza, pero también a las dificultades de esa convivencia; al recordarlo reflexiona la experiencia eclesial que sustenta su evangelio. Por ello da normas muy precisas para ese compartir”.[2] Y la ruta crítica para alcanzar los objetivos es muy clara: primero, acoger a los más pequeños: “El v. 5 […] nos indica ya un primer requisito para la vida en comunidad: dejar de lado toda búsqueda de privilegios y toda preferencia por personas de alto rango social (cf. también la carta de Santiago). El mayor en el Reino es el menor en este mundo, el despreciado. Aquellos que siguen esta norma de conducta no deben preocuparse más por saber quién es “el más grande” en la comunidad cristiana, en la Iglesia. Colocando al niño ante sus discípulos, Jesús le quita el piso a esa inquietud desorientadora”. (Ídem)

Segundo, el amor al hermano y la corrección mutua y fraterna: "

Siguen tres perícopas que nos recuerdan que la Iglesia está formada por justos y pecadores, o más exactamente por personas que son las dos cosas a la vez. El acento ahora está puesto en la vida dentro de la comunidad.
La primera de ellas nos habla de la corrección fraterna. El tratamiento es detallado, sólo puede venir de una experiencia eclesial interna. La vida en comunidad no puede basarse en actitudes fáciles y componedoras. El amor cristiano rechaza el amiguismo que se traduce en una especie de coexistencia pacífica. Nada más lejos de una auténtica comunidad, ésta supone fraternidad pero también exigencia mutua. […](Idem)

Tercero: la Iglesia debe vivir siempre “en presencia de Jesús”:

Plantado a mitad del capítulo se halla un elemento capital de la vida comunitaria: la presencia de Jesús en medio de ella. Esa presencia asegura el valor de la oración en comunidad, ella llegará al Padre. Si nos comportamos como auténticos hermanos, porque de lo contrario las normas de disciplina recordadas pierden sentido. La habitación de Dios en la historia que alcanza su punto más alto en la Encarnación se prolonga en la Iglesia en tanto signo visible del Reino. La oración es siempre una experiencia de gratuidad, de una cierta ‘inutilidad’ por decirlo así; ella debe poner su impronta en el amor por Dios y por los demás. Sin práctica orante no hay vida cristiana. En ella se da la síntesis de la gratuidad, marco y sentido de este capítulo, y dimensión comunitaria, tarea de la Iglesia. Estos versículos (19-20) nos recuerdan que Cristo es el corazón de la asamblea de los creyentes. (Idem)

Y cuarto, la disposición permanente para perdonar:

Perdonar es liberar. Se libera el perdonado de su falta y de su angustia, así como se libera el que perdona de su resentimiento o de su rencor.
Perdonar es dar vida, eso debe caracterizar a la asamblea de los seguidores de Jesús. Negarse a hacerlo, ilimitadamente, es negarse a creer en el Dios de la vida, que como lo dice la Biblia repetidamente, perdona y olvida el pecado. La terrible y frecuente frase ‘yo perdono, pero no olvido’, no puede ser mas anticristiana. El breve diálogo sobre el perdón nos abre a la parábola del servidor sin entrañas que ya examinamos. En efecto, el basamento del perdón está en el amor gratuito de Dios que todos estamos llamados a poner en práctica.

Más allá de idealizaciones irrealizables, la Iglesia es una koinonía de fe, servicio y fraternidad que intenta vivir según los postulados de quien la soñó y propuso una nueva manera de existencia en el mundo, Jesús de Nazaret, en la experiencia de la gratuidad.

Fuera de ese amor gratuito ésta puede perderse en reglas de conducta puramente  formales, distorsionarse en abusos de poder, vivir según las categorías mundanas que privilegian a los poderosos; no saber vivir la liberación del perdón, significa ignorar en la práctica la presencia de Jesús en medio de ella. En otros términos, es negarse a ser signo del Reino, que es ante todo un don, acogerlo es cambiar de perspectiva. La ética del Reino es una respuesta a  la  iniciativa de  amor de Dios. Viendo la historia desde los pequeños de este mundo, recibiéndolos, acogemos a Jesús y lo colocamos en el  centro de nuestra oración y de nuestro compromiso. Con él caminamos, como Iglesia peregrina, hacia el Padre, el Dios amor, el Dios de la vida.


[1] P. Richard, “Evangelio de Mateo: una visión global y liberadora”, en RIBLA, núm. 27, http://claiweb.org/ribla/ribla27/evangelio%20de%20mateo.html.
[2] Gustavo Gutiérrez, “Gratuidad y fraternidad: Meto 18”, en RIBLA, núm. 27, http://claiweb.org/ribla/ribla27/gratuidad%20y%20fratrnidad.html.

Mateo 18.1-20

La Palabra (Hispanoamérica), SBU


1 En aquella ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? 2 Jesús llamó a un niño y, poniéndolo en medio de ellos, 3 dijo: — Les aseguro que, si no cambian de conducta y vuelven a ser como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 El más importante en el reino de los cielos es aquel que se vuelve pequeño como este niño. 5 Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe. 6 Pero a quien sea causa de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que lo arrojaran al fondo del mar con una piedra de molino atada al cuello. 7 ¡Ay del mundo a causa de los que incitan al pecado! Porque instigadores de pecado tiene que haberlos necesariamente; pero ¡ay de aquel que incite a pecar!
8 Si, pues, tu mano o tu pie van a ser causa de que caigas en pecado, córtatelos y arrójalos lejos de ti, porque es mejor que entres manco o cojo en la vida eterna que con tus dos manos y tus dos pies seas arrojado al fuego eterno. 9 Y si tu ojo va a ser causa de que caigas en pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti, porque es mejor que entres tuerto en la vida eterna que con tus dos ojos seas arrojado al fuego de la gehena. 10 Cuídense, pues, de despreciar a alguno de estos pequeños, porque les aseguro que en el cielo sus ángeles están siempre en presencia de mi Padre celestial. 11 Y es que el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido.
12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá en busca de la extraviada? 13 Y, si logra encontrarla, les aseguro que sentirá más alegría por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. 14 De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
15 Si alguna vez tu hermano te ofende, ve a buscarlo y habla a solas con él para hacerle ver su falta. Si te escucha, ya te lo has ganado. 16 Si no quiere escucharte, insiste llevando contigo una o dos personas más, para que el asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos. 17 Si tampoco les hace caso a ellos, manifiéstalo a la comunidad. Y si ni siquiera a la comunidad hace caso, tenlo por pagano o recaudador de impuestos. 18 Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. 19 Algo les digo también: si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en el cielo se la concederá. 20 Pues allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

sábado, 5 de enero de 2013

Letra 303, 6 de enero de 2013


LA VIDA EN COMÚN (I)
Dietrich Bonhoeffer
Vida en comunidad. Salamanca, Sígueme, 1982, pp. 8-12

“¡Qué dulce y agradable es para los hermanos vivir juntos y en armonía!” (Sal 133.1).
Vamos a examinar a continuación algunas enseñanzas y reglas de la Escritura sobre nuestra vida en común bajo la palabra de Dios.
Contrariamente a lo que podría parecer a primera vista, no se deduce que el cristiano tenga que vivir necesariamente entre otros cristianos. El mismo Jesucristo vivió en medio de sus enemigos y, al final, fue abandonado por todos sus discípulos. Se encontró en la cruz solo, rodeado de malhechores y blasfemos. Había venido para traer la paz a los enemigos de Dios. Por esta razón, el lugar de la vida del cristiano no es la soledad del claustro, sino el campamento mismo del enemigo. Ahí está su misión y su tarea. “El reino de Jesucristo debe ser edificado en medio de tus enemigos. Quien rechaza esto renuncia a formar parte de este reino, y prefiere vivir rodeado de amigos, entre rosas y lirios, lejos de los malvados, en un círculo de gente piadosa. ¿No veis que así blasfemáis y traicionáis a Cristo? Si Jesús hubiera actuado como vosotros, ¿quién habría podido salvarse?” (Lutero).
“Los dispersaré entre los pueblos, pero, aun lejos, se acordarán de mí” (Zac 10, 9). Es voluntad de Dios que la cristiandad sea un pueblo disperso, esparcido como la semilla “entre todos los reinos de la tierra” (Dt 4.27). Esta es su promesa y su condena. El pueblo de Dios deberá vivir lejos, entre infieles, pero será la semilla del reino esparcida en el mundo entero.
“Los reuniré porque los he rescatado... y volverán” (Zac 10.8-9). ¿Cuándo sucederá esto? Ha sucedido ya en Jesucristo, que murió “para reunir en uno a todos los hijos de Dios dispersos” (Jn 11, 52), Y se hará visible al final de los tiempos, cuando los ángeles de Dios “reúnan a los elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo al otro de los cielos” (Mt 24.31). Hasta entonces, el pueblo de Dios permanecerá disperso. Solamente Jesucristo impedirá su disgregación; lejos, entre los infieles, les mantendrá unidos el recuerdo de su Señor.
El hecho de que, en el tiempo comprendido entre la muerte de Jesucristo y el último día, los cristianos puedan vivir con otros cristianos en una comunidad visible ya sobre la tierra no es sino una anticipación misericordiosa del reino que ha devenir, Es Dios, en su gracia, quien permite la existencia en el mundo de semejante comunidad, reunida alrededor de la palabra y el sacramento. Pero esta gracia no es accesible a todos los creyentes. Los prisioneros, los enfermos, los aislados en la dispersión, los misioneros están solos. Ellos saben que la existencia de la comunidad visible es una gracia. Por eso su plegaria es la del salmista: “Recuerdo con emoción cuando marchaba al frente de la multitud hacia la casa de Dios entre gritos de alegría y alabanza de un pueblo en fiesta” (Sal 42.5). Sin embargo, permanecen solos como la semilla que Dios ha querido esparcir. No obstante, captan intensamente por la fe cuanto les es negado como experiencia sensible. Así es como el apóstol Juan, desterrado en la soledad de la isla de Patmos, celebra el culto celestial “en espíritu, el día del Señor” (Ap 1.10), con todas las Iglesias. Los siete candelabros que ve son las Iglesias; las siete estrellas, sus ángeles; en el centro, dominándolo todo, Jesucristo, el Hijo del hombre, en la gloria de su resurrección. Juan es fortalecido y consolado por su palabra. Esta es la comunidad celestial que, en el día del Señor, puebla la soledad del apóstol desterrado.
Pese a todo, la presencia sensible de los hermanos es para el cristiano fuente incomparable de alegría y consuelo. Prisionero y al final de sus días, el apóstol Pablo no puede por menos de llamar a Timoteo, “su amado hijo en la fe”, para volver a verlo y tenerlo a su lado. No ha olvidado las lágrimas de Timoteo en la última despedida (2 Tim 1.4). En otra ocasión, pensando en la Iglesia de Tesalónica, Pablo ora a Dios “noche y día con gran ansia para volver a veros”  (1 Tes 3.10); Yel apóstol Juan, ya anciano, sabe que su gozo no será completo hasta que no esté junto a los suyos y pueda hablarles de viva voz, en vez de con papel y tinta (2 Jn 12). El creyente no se avergüenza ni se considera demasiado carnal por desear ver el rostro de otros creyentes. El hombre fue creado con un cuerpo, en un cuerpo apareció por nosotros el Hijo de Dios sobre la tierra, en un cuerpo fue resucitado; en el cuerpo el creyente recibe a Cristo en el sacramento, y la resurrección de los muertos dará lugar a la plena comunidad de los hijos de Dios, formados de cuerpo y espíritu.
A través de la presencia del hermano en la fe, el creyente puede alabar al Creador, al Salvador y al Redentor, Dios Padre, Hijo y Espíritu santo. El prisionero, el enfermo, el cristiano aislado reconocen en el hermano que les visita un signo visible y misericordioso de la presencia de Dios trino. Es la presencia real de Cristo lo que ellos experimentan cuando se ven, y su encuentro es un encuentro gozoso. La bendición que mutuamente se dan es la del mismo Jesucristo. Ahora bien, si el mero encuentro entre dos creyentes produce tanto gozo, ¡qué inefable felicidad no sentirán aquellos a los que Dios permite vivir continuamente en comunidad con otros creyentes! Sin embargo, esta gracia de la comunidad, que el aislado considera como un privilegio inaudito, con frecuencia es desdeñada y pisoteada por aquellos que la reciben diariamente. Olvidamos fácilmente que la vida entre cristianos es un don del reino de Dios que nos puede ser arrebatado en cualquier momento y que, en un instante también, podemos ser abandonados a la más completa soledad. Por eso, a quien le haya sido concedido experimentar esta gracia extraordinaria de la vida comunitaria ¡que alabe a Dios con todo su corazón; que, arrodillado, le dé gracias y confiese que es una gracia, sólo gracia!
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CARTA SOBRE INTOLERANCIA RELIGIOSA EN HIDALGO
Carlos Martínez García
Protestante Digital, 30 de diciembre de 2012

La comunidad lectora de  Protestante Digital  ha sido oportunamente informada del caso más reciente de persecución contra los evangélicos en una población de México. Aconteció en Pahuatlán, en el estado de Hidalgo, no muy lejos de la capital del país.
En los días más difíciles para los perseguidos de la Iglesia Bautista Emmanuel (17-23 de diciembre)  remití una carta al gobernador de Hidalgo. La misma fue reproducida y circulada por distintas personas en las redes sociales. Comparto aquí el contenido del escrito. A la vez solicito solidaridad para quienes en el futuro padezcan hostigamientos y persecuciones semejantes a la experimentada por los evangélicos de Pahuatlán . Porque tristemente acciones intolerantes contra los protestantes en México van a continuar.
Cada vez que esto suceda los lectores preocupados podrían hacer llegar su exigencia de justicia a las autoridades correspondientes . Sólo hay que tomar un poco de tiempo en investigar la dirección de correo electrónico a la cual enviar el mensaje desaprobando la acción persecutoria, al tiempo que se demanda la inmediata intervención de las autoridades para proteger los derechos humanos de la víctimas.
A continuación inserto lo remitido al funcionario de más alto nivel en Hidalgo, en donde se le instaba a cumplir irrestrictamente con su responsabilidad de servidor público:

José Francisco Olvera Ruiz
Gobernador de Hidalgo:

Me dirijo a usted para demandarle cumpla con sus deberes constitucionales y haga valer el marco jurídico que protege la libertad de cultos. Un grupo de evangélicos de Pahuatlán ha padecido violencia simbólica y física por parte de católicos tradicionalistas intolerantes, que se oponen a que en su poblado se practique otra confesión religiosa que no sea la suya.
Como consecuencia de ataques y persecuciones en su contra, los evangélicos han debido salir de Pahuatlán, para refugiarse en Huejutla, en un templo protestante. Tal situación es resultado de la inacción de funcionarios de su gobierno, quienes han incumplido lo prescrito por las leyes y han dejado en el desamparo a los perseguidos. Al actuar así son cómplices de quienes vulneran, con su intolerancia, las garantías constitucionales y los derechos humanos de la comunidad evangélica de Pahuatlán.
Es inaplazable que usted, mediante las atribuciones legales que le confiere su cargo de servidor público, brinde condiciones de seguridad a los desplazados para que retornen de inmediato a Pahuatlán, y sus violentos atacantes sean detenidos y llevados ante el Ministerio Público para que respondan de los delitos cometidos.
Hasta aquí la carta. Finalmente los evangélicos retornaron a Pahuatlán el 23 de diciembre. Su situación es precaria. Habrá que estar atentos a posibles nuevos ataques en su contra.
A los católicos tradicionalistas no les gustó que el caso se hiciera conocido, por lo cual, desde distintos lugares y formas, llegaron muestras de descontento con su intolerante forma de actuar.
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UN BANCO BLOQUEA LOS FONDOS DESTINADOS A LA PRÓXIMA ASAMBLEA DEL CLAI
oikoumene.org, 18 de diciembre

El bloqueo económico estadounidense contra Cuba ha obligado a aplazar la VI Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), que estaba prevista del 19 al 24 de febrero de 2013 en La Habana (Cuba).
La sucursal estadounidense del banco ecuatoriano Pichincha en Miami ha bloqueado un depósito de 101,000 US$ realizado por la sede del CLAI en Quito (Ecuador). La transferencia de estos fondos a Cuba estaba destinada a cubrir los gastos de comidas y alojamiento de los 400 delegados y otros participantes que habían sido invitados a asistir a la reunión en este país. 
“Se trata de una gran decepción para las iglesias miembros del CLAI y para la comunidad del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en su totalidad», afirmó en Rev. Dr. Olav Fykse Tveit el pasado 13 de diciembre, tras haber sido informado de la decisión del CLAI de aplazar la Asamblea.
El CMI es una comunidad de 349 iglesias miembros de 120 países de todo el mundo que representa aproximadamente 550 millones de cristianos y que cuenta a muchas de las iglesias miembros del CLAI entre sus propios miembros. […]

Actividades


OREMOS PORQUE EN ESTE NUEVO AÑO NUESTRA FE SE EDIFIQUE PERMANENTEMENTE Y EL TESTIMONIO DE LA IGLESIA SEA EL ADECUADO

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 8 de enero, 19 hrs.
La viña de Nabot (I) (I Reyes 21.1-16)
Moderadora: Hna. Andrea Naranjo

UN PROFETA SE ENFRENTA A SU REY: ELÍAS
José Luis Caravias

Nabot era un campesino honrado, que mantenía con fidelidad religiosa la integridad de su tierrita, heredada de sus antepasados. El rey Ajab le propuso comprarle su tierra para aumentar así sus posesiones. Pero el campesino, conocedor de que aquel pedazo de tierra era un don de Dios para mantener decentemente a su familia, se niega en rotundo a vender, ni a cambiar: "Líbreme Dios de que vaya yo a dar la herencia de mis padres" (1 Re 21.3). Nabot debiera ser declarado patrono de la fidelidad campesina a su tierra y a su cultura.
Ajab queda “triste y enojado”, pero su esposa Jezabel lo incita a que fraudulentamente se apodere de ese pedazo de tierra que tanto ambicionaba. Para ello usa la intriga, la calumnia, un juicio fraudulento y finalmente la muerte violenta del propietario. Todo ello envuelto en un ambiente pseudo-religioso (1 Re 21,5-14). […]
Pero en este mismo momento Dios habla al profeta Elías. Su Palabra es terrible: “Levántate, y anda al encuantro de Ajab, rey de Israel. Está en la viña de Nabot, a donde iba para tomar posesión de ella. Le dirás esto de mi parte: ¿Así que , además de matar, encima robas? Luego le dirás: En el mismo lugar en que los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán la tuya” (21-18-19).
El rey, que conocía la integridad del profeta, exclama: “Me encuentras aquí, enemigo mío” (21.20). Es como sentirse descubierto con las manos en la masa. Y el profeta le insiste: “Aquí te encuentro, porque tú has actuado como un pérfido y has hecho lo que no le gusta a Yavé...” Sigue una nueva lista de castigos contra toda su familia. En concreto, contra Jezabel, dice: “También ha hablado Yavé contra Jezabel, tu esposa. Los perros comerán a Jezabel en el campo de Jezrael” (21-23).
En el capítulo siguiente, el 22, se nos cuenta que Ajab sintiéndose herido en una batalla sobre su carro de guerra pide volver a su casa, en la que enseguida muere.
http://mercaba.org/FICHAS/AT/elias.htm
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

11 – Velada de oración
13 – Santa Cena/ Inicio de cursos de Escuela de Formación Cristiana: Clase unida sobre tema anual/ Reunión de Consistorio
25-27 – Visita a Guerrero
27 – Primer testimonio de Evangelización

¿Qué es la koinonía cristiana?, L. Cervantes-O.

6 de enero, 2013

¡Qué bueno, qué agradable es/ que los hermanos vivan juntos!
Salmo 133.1

Todos se mantenían constantes a la hora de escuchar la enseñanza (didajé) de los apóstoles, de compartir lo que tenían (koinonía), de partir el pan (klásei) y de participar en la oración (artou kai tais proseujais). […] El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar, y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común.
Hechos 2.42; 4.32, La Palabra (Hispanoamérica)

Es sinónimo de comunión
La común-unión que experimentaron varios de los grupos judeo-cristianos del primer siglo, y de lo cual da testimonio el libro de los Hechos de los Apóstoles alcanzó su expresión doctrinal “oficial” en el llamado Credo Apostólico, en la afirmación eclesiológica “Creo en la comunión de los santos”, que complementa a la otra referida “a la santa iglesia universal”. Ambas afirmaciones dan fe de la conciencia que se incubó en las comunidades en relación con el sentido de pertenencia y fraternidad al que eran llamados/as sus integrantes. Con ello dieron continuidad a lo expresado en diversos lugares del Antiguo Testamento, especialmente en los salmos que subrayan la dimensión comunitaria de la fe, como es el caso del muy famoso 133 acerca de lo agradable (“cuán bueno y delicioso”, Reina-Valera) y del 122: “Yo me alegré con los que me decían: vamos a la casa del Señor”. Ambos textos, pertenecientes a los llamados “salmos de la peregrinación” o “graduales” (120-134) manifiestan el ímpetu colectivo que animaba la vida religiosa cotidiana de Israel. En momentos especiales como las grandes reuniones para las fiestas, este ánimo ser disparaba y hacía ver, incluso físicamente, la comunión de la que participaban los integrantes del pueblo y de las tribus. “Dios trata de Israel como una comunidad y cumple en ella sus promesas”.[1]
La posibilidad efectiva de encontrarse con Dios en el templo se complementa siempre con el acompañamiento físico, la camaradería y el compartir con los demás creyentes. La filiación racial, el acercamiento y la amistad hacían de estos encuentros unas verdaderas efusiones comunitarias que exaltaban el espíritu de fiesta y de compañerismo en la fe. Es lo que celebra el salmo 133: la belleza y armonía de la comunión. Comenta María Cristina Ventura:

Así este conjunto de salmos nos obliga a pensar en personas concretas y viviendo situaciones concretas que desde sus imaginarios y mundo simbólicos practican re-pensar, dar nuevos significados a la vida cotidiana.
El valorar la importancia de estar juntos/as a otras personas revela, por un lado, que se tiene la experiencia de la soledad. Y, por otro, puede ser la confirmación de una experiencia de encuentros en el que al final se ven los resultados a favor del grupo que hace la constatación.[2]

Es sinónimo de comunidad
La comunión se logra con presencia física, con participación con constancia, pues como insiste el propio texto de Hechos, los y las discípulos “perseveraban” (“se mantenían constantes”, 2.42), es decir, no se ausentaban con demasiada frecuencia. Esa constancia salvó a las primeras comunidades de ser absorbidas por el judaísmo como comunidad originaria y mayoritaria. De ahí que la koinonía sea, por así decirlo, una “presencia ampliada”, una garantía de continuidad en el compromiso comunitario, la certeza de que se contará con las personas. Y es que acaso el comunitarismo actual ha perdido fuerza ante los embates del individualismo, puesto que se trata de crear, establecer y mantener lazos continuos de confianza, camaradería y visión (destino) común para las personas. El salmo 133 es incluso más abarcador, pues habla de “vivir juntos”: “‘habitar juntos/as’ es bueno, por la vida, la frescura y la productividad. […] [porque] “allá ordenó Yahveh bendición” (v. 3)” (Idem). Ventura detalla muy bien la fuerza, el peso de esta contigüidad cotidiana:

La raíz verbal yashab que tradujimos por “habitar”, lo consideramos central en el texto. Un “habitar” que es considerado “bueno” y “agradable”, precisamente por el hecho de estar “juntos”. Pero yashab está también relacionado con “cesar”, “parar”, “parar de trabajar”, “estar quieta”, “inercia”. [..] Las comparaciones son hechas con imágenes que parecen apuntar a cercanía, contacto, toque, presencia: “aceite de oliva… bajando sobre la cabeza”, “rocío… que baja sobre el monte Sión”. Las imágenes mismas nos llevan a imaginar contacto, pero un contacto que no es estático, sino que corre, fluye (Idem).

Estar juntos forma parte de la bendición divina que da resultados tangibles. “Vivir juntos” es una utopía “y Dios nos libre”, decimos, apresuradamente… En lenguaje coloquial, se trata de estar “juntos y revueltos”, más allá de las diferencias que tienden, socialmente, a separar, y esta separación “beneficia” a otros:

El término yahad que traducimos como “juntos”, debe ser entendido también en el sentido de “comunidad”, “con cada uno”. De nuevo, “habitar juntos” sugiere experiencias relacionadas con un contexto en el que la soledad es una realidad y además valorada negativamente. ¿Qué estará pasando que es recomendado estar “juntos/as”? Parece que la cuestión de fondo es una crítica a la manera de “habitar” que no sea en compañía de alguien. Sospechamos que se trata de mujeres y hombres conscientes del peligro y lo infructífero de la soledad.
Traducir por “habitar” nos amplia la posibilidad de pensar en una acción dinámica de permanencia junto a otras personas. Y de esta manera puede tranquilamente estar relacionado con “estar”, “existir” junto a alguien que da satisfacción. Pues no sólo es “bueno” es también naim, “agradable”, “gracioso”. Colocándonos con esto en el plano de lo placentero. […] (Idem)

Lo sucedido en Hechos 4 hoy sonaría escandaloso y provocativo:

En Hch, en la descripción de la vida de la primitiva comunidad, se nos habla también de la comunidad de bienes que en ella se practicaba. Este “comunismo religioso basado en el amor” (Troeltsch) de la primitiva comunidad era la consecuencia de un amor carismático, pero tenía como supuesto la permanencia de la propiedad privada, así como la voluntariedad de la ofrenda y de la ayuda al necesitado. No conocía ni la producción ni el consumo colectivo, no estaba organizado ni tampoco hay que concebirlo a partir de categorías económicas. Surge de aquella ausencia de inquietud que predicó Jesús y de su ilimitado desprecio de las riquezas (Mt 6.25-34) y hay que reclamarlo como continuación de la vida en común que Jesús realizó con sus discípulos (Lc 8.1-3; Jn 12, 4 ss; 13, 29).[3]

Es sinónimo de iglesia
“Hacer iglesia” es una expresión que restaura y reencarna el sentido de la koinonía, pues para ser iglesia es necesario hacer comunidad, practicar la comunión y experimentar la integración verdadera. La iglesia no se siembra de arriba hacia abajo ni se instala como si fuera la sucursal o la franquicia de una empresa. Tampoco es un club adonde se va a comparar o confrontar con personas del mismo ingreso los avances sociales de cada familia. La iglesia es “koinonía en movimiento”, a contracorriente de los mecanismos dominantes de ser asociaciones o grupos únicos por algún interés o propósito, que puede ser loable y hasta deseable, pero que no por ello serán iglesia. Un ejemplo es la YMCA, cuya tercera letra ya no tiene razón de ser, pues ha perdido lo cristiano desde hace mucho tiempo. Allí se pagan membresías anuales, lo que no sucede en la iglesia, porque ésta compromete sin cobrar; integra, sin obligar; garantiza “beneficios”, sin invertir; ayuda desinteresadamente, sin dejarse engañar; abre los brazos a todos/as, sin olvidar las advertencias del Señor sobre el “trigo” y la “cizaña”; se ofrece como una familia para los desamparados, aunque no pueda resolver todos sus problemas; es un hospital de enfermos rehabilitados, aunque no ofrezca recetas infalibles para nadie, etcétera…
Y es que en la iglesia, como en la propia familia, los hermanos/as no se escogen en una especie de casting o selección minuciosa. Somos hermanos/as y compañeros/as por la elección de alguien mayor que nosotros o que cualquier cuerpo colegiado, por la acción integradora del Espíritu que desafía las normas sociales e instala el amor (ágape) como norma de conducta comunitaria. Las iglesias no son organizaciones no gubernamentales (ong), aunque su acción se oriente socialmente, no son organismos Las iglesias son expresiones visibles, imperfectas y esperanzadas de la posible koinonía en el mundo: “El hecho de que, en el tiempo comprendido entre la muerte de Jesucristo y el último día, los cristianos puedan vivir con otros cristianos en una comunidad visible ya sobre la tierra no es sino una anticipación misericordiosa del reino que ha de venir. Es Dios, en su gracia, quien permite la existencia en el mundo de semejante comunidad, reunida alrededor de la palabra y el sacramento”.[4]




[1] J. Schattenmann, “Kononía”, en L. Coenen et al., eds., Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. IV. Salamanca, Sígueme, 1984, p. 230.
[2] M.C. Ventura, “¡Qué bueno estar juntos/as! Una reflexión a partir del salmo 133”, en RIBLA, núm. 50, http://claiweb.org/ribla/ribla50/quebueno%20es%20estar%20juntos.html.
[3] J. Schattenmann, op. cit., p. 231.
[4] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad. 3ª ed. Salamanca, Sígueme, 1982, p. 10.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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