La Iglesia Presbiteriana Ammi-Shadday es una comunidad cristiana que adora y sirve al Dios único y verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ella se reúnen hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones para celebrar agradecida, gozosa y conscientemente el amor divino revelado en Jesucristo, y para ofrecer humilde pero sinceramente el afecto fraterno a todas las personas que buscan el consuelo de Dios y el calor de la comunidad humana.
viernes, 15 de marzo de 2013
Lucas 5.1-11
La Palabra (Hispanoamérica)
1 En cierta ocasión
estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente se apiñaba a su
alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. 2 Atracadas a la
orilla, Jesús vio dos barcas. Los pescadores habían descendido de ellas y
estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, rogó a su
dueño, Simón, que la apartara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca,
y desde allí estuvo enseñando a la gente. 4 Cuando acabó su
discurso, dijo a Simón: —Rema lago adentro y echen las redes para pescar. 5
Simón le contestó: —Maestro, hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos
pescado nada; pero, puesto que tú lo dices, echaré las redes. 6 Así
lo hicieron; y recogieron tal cantidad de pescado que las redes estaban a punto
de romperse. 7 Entonces avisaron por señas a sus compañeros, que
estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Llegaron ellos
y llenaron las dos barcas, hasta el punto que casi se hundían. 8 Al
ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —Señor,
apártate de mí, que soy un pecador.
9
Y es que el temor los había invadido a él y a todos sus
compañeros a la vista de la gran redada de peces que habían capturado. 10
Lo mismo les ocurría a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo, que acompañaban
a Simón en la pesca. Pero Jesús dijo a Simón: —No tengas miedo. Desde ahora
serás pescador de hombres. 11 Y después de sacar las barcas a
tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús.
Segunda clase unida, 10 de marzo de 2013
LABORATORIO DE LITURGIA (II)
EL TIEMPO
LITÚRGICO EN EL EL CULTO REFORMADO
10
de marzo de 2013
Una sola cosa pido al Señor,
sólo esto quiero:
sentarme en su casa
sólo esto quiero:
sentarme en su casa
todos los días de mi vida,
contemplar su gracia
y frecuentar su Templo.
contemplar su gracia
y frecuentar su Templo.
Salmo 27.4
Éste es el día que hizo el Señor;
nos gozaremos y alegraremos en él.
Salmo 118.24
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?
Salmo 42.2
Para los/as cristianos no hay tiempo sagrado y profano en sentido
estricto, ya que “en todo tiempo y lugar” es “justo y necesario dar gracias a
Dios”
Jean Lebon, Para vivir la liturgia
El domingo, como “día del Señor”, sustituyó al sábado judío, lo que
significó una auténtica “revolución litúrgica” pues la resurrección de Cristo
inauguró un tiempo nuevo.
Jesús es el verdadero sábado, porque él lo realiza. […] Con él ha venido
el verdadero descanso […] El descanso consiste para toda la Iglesia primitiva,
no en consagrar un día a Dios, sino todos los días; y no en abstenerse del
trabajo corporal, sino del pecado…
J.-J. von Allmen, El culto cristiano
EL
TIEMPO EN EL CULTO CRISTIANO
·
Las dos variables del culto: el tiempo y el espacio
·
El culto puede definirse como “la redención del
tiempo humano en el mundo”
·
Forma parte de la anticipación del futuro al que
Dios nos llama: Apocalipsis 4
·
El culto cristiano es una invasión del tiempo divino
(kairós) en el tiempo humano (cronos)
·
Pero lo hace sin enajenar a quienes participan
·
Es parte del esfuerzo divino por romper el tiempo
cíclico, circular (Jueces 2)
La historia de la salvación es la de un pueblo en marcha; es un tiempo
que va de la creación a la nueva creación y este mundo nuevo se construye en el
presente humano, día a día y año tras año.
Jean Lebon, Para
vivir la liturgia
·
La participación y apreciación del culto como una
totalidad
·
La posibilidad de participar en el culto “completo”
·
Los dilemas sobre la “duración” del culto: no
dejarnos dominar por el “tiempo del lucro” o del mercado. Un culto “sin tiempo”
cuya referencia última es el culto eterno y permanente
·
No podemos dejarnos dominar por el tiempo durante el
culto. Ejemplo: importancia de la puntualidad
·
El tiempo del culto es una inversión existencial de
encuentro con Dios y con la comunidad
·
El culto reformado procede de la tradición, pero se
orienta hacia el futuro
¿CÓMO
ES NUESTRO USO DEL TIEMPO LITÚRGICO DOMINICAL?
·
¿Reflejamos, desde la puntualidad, nuestro deseo de
participar?
·
¿Es funcional, dinámico, “atractivo”…?
·
¿Mantenemos un ritmo fluido, natural, en nuestras
acciones litúrgicas
·
¿Experimentamos adecuadamente el tiempo de la
liturgia?: concentración, distracciones, prisas…
·
¿El “día del Señor” verdaderamente marca una
diferencia en medio de nuestra vida cotidiana?
·
¿Qué podemos hacer para mejorar?
sábado, 9 de marzo de 2013
Letra 312, 10 de marzo de 2013
CONCENTRAN
OCHO ENTIDADES 61% DE LOS FEMINICIDIOS
QUE SE COMETEN
Fabiola
Martínez
La Jornada, 8 de marzo de 2013
En México, los
feminicidios siguen al alza en sus formas más crueles y dolorosas. Ocho
entidades, encabezadas por el estado de México, concentran 61 por ciento de los
homicidios de mujeres por causa de género.
En el interior de
este grupo (Estado de México, Chihuahua, Distrito Federal, Guerrero, Baja
California, Jalisco, Michoacán y Veracruz), varios de sus municipios tienen el
mayor número de casos, es decir, zonas que están significativamente por arriba
del promedio nacional. Sin embargo, alerta la Secretaría de Gobernación, los
crímenes cometidos contra las mujeres –acrecentados por la violencia social de
la década reciente– se expanden de modo preocupante en un esquema de contagio
que afecta zonas que hace una década no tenían esta situación.
Lo anterior se
desprende del Estudio nacional sobre todas las fuentes, orígenes y factores que
producen y reproducen la violencia contra las mujeres —presentado en noviembre
pasado—, así como de las proyecciones de los funcionarios encargados de atajar
esta problemática.
“En 2012 hubo una
réplica similar a 2011 (de feminicidios) y ahora va la misma tendencia al alza
(…) De lo más valioso que arroja el estudio es advertir acerca de este repunte
terrible (homicidios por causas de género)”, advirtió Dilcya García Espinoza de
los Monteros, comisionada nacional para prevenir y erradicar la violencia
contra las mujeres.
El problema persiste
y, además, está inserto en lo más profundo de nuestra cultura. Lo tenemos que
atender a partir del combate a la impunidad, pero también mediante prevención,
clave de la erradicación, y no en las cadenas perpetuas o en la pena de muerte
para los agresores, dijo en entrevista.
Aunque en algunas
entidades, como Baja California, las autoridades no tienen claridad en cuanto a
las subidas y bajadas de los homicidios contra mujeres (en determinados meses
los feminicidios suben y de pronto desaparecen), lo más preocupante es el
factor contagio.
El Estado de México
tiene 20 por ciento de los feminicidios que se cometen en el país; en el
interior de la entidad están a tres ayuntamientos: Ecatepec (12.4 por ciento de
los casos), Nezhualcóyotl (7.6) y Toluca (5.2). La segunda entidad más violenta
en esta lista es Chihuahua con 9.44 de las muertes; la mayoría de los ataques
son reportados en Ciudad Juárez, seguido de Distrito Federal (8.35), con el
fenómeno concentrado en las delegaciones Izatapalapa y Gustavo A. Madero.
En Baja California,
el foco rojo es Tijuana; en Guerrero, Acapulco; para Jalisco, Guadalajara y
Zapopan; Michoacán, Morelia y Lázaro Cárdenas; Oaxaca, su capital, y Veracruz,
el puerto. En cuanto al contagio persiste la problemática en 12 puntos,
identificados como hot spots, ubicados en igual número de entidades, donde los
municipios contiguos a los focos rojos empiezan a registrar una tasa de
crecimiento de homicidios.
La funcionaria,
encargada en este tema de la coordinación y operación política entre gobierno
federal y estatales, señala que esta proclividad al contagio ha provocado que
el estado de México continúe a la cabeza de la lista de feminicidios. Entonces,
añadió, empieza a subir la mancha de la violencia en estos municipios. Se ha
demostrado –dijo– que el gobierno tiene un año para trabajar en las áreas
recién afectadas, porque de lo contrario el problema escala a una situación más
crítica.
___________________________
¿UNA
“PRIMAVERA VATICANA”?
Hans
Küng
El País, 1 de marzo de 2013
La primavera
árabe sacudió toda una serie de regímenes autoritarios. Ahora que ha
dimitido el papa Benedicto XVI, ¿será posible que ocurra algo similar en la
Iglesia católica, una primavera vaticana?
Por supuesto, el sistema de la Iglesia católica, más
que a Túnez o Egipto, se parece a una monarquía absoluta como Arabia Saudí. En
ambos casos, no se han hecho auténticas reformas, sino concesiones sin
importancia. En ambos casos, se invoca la tradición para oponerse a la reforma.
En Arabia Saudí, la tradición solo se remonta a 200 años atrás; en el caso del
papado, a 20 siglos. Ahora bien, ¿es cierta esa tradición? En realidad, la
Iglesia vivió durante un milenio sin un papado de tipo monárquico absolutista
como el que conocemos.
Fue a partir del siglo XI cuando una “revolución desde
arriba”, la “reforma gregoriana” iniciada por el papa Gregorio VII, nos legó
las tres características históricas del sistema de Roma: un papado centralista
y absolutista, un clericalismo forzoso y la obligación del celibato para los
sacerdotes y otros clérigos seglares.
Los esfuerzos de los concilios reformistas del siglo
XV, los reformadores del siglo XVI, la Ilustración francesa en los siglos XVII
y XVIII y el liberalismo del siglo XIX tuvieron éxito solo en parte. Incluso el
Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965, a pesar de abordar muchas preocupaciones
de los reformadores y los críticos modernos, se vio obstaculizado por la curia,
el órgano rector de la Iglesia, y no logró poner en práctica más que parte de
los cambios exigidos.
Hoy, la curia, que también es un producto del siglo
XI, sigue siendo el principal obstáculo para cualquier reforma de fondo de la
Iglesia católica, cualquier acuerdo ecuménico con las demás iglesias cristianas
y religiones mundiales y cualquier actitud crítica y constructiva frente al
mundo moderno. Con los dos últimos papas, Juan Pablo II
y Benedicto XVI, se ha producido un fatal regreso a los viejos hábitos
monárquicos de la Iglesia.
En 2005, en una de sus escasas muestras de audacia,
Benedicto mantuvo una amigable conversación de cuatro horas conmigo en su
residencia de verano, en Castelgandolfo, cerca de Roma. Yo había sido colega
suyo en la Universidad de Tubinga y también su crítico más feroz. Durante 22
años, después de que criticara la infalibilidad del Papa y me retirasen la
autorización eclesiástica para dar clase, no habíamos tenido el menor contacto
privado.
Antes del encuentro, decidimos dejar de lado nuestras
diferencias y hablar de temas sobre los que podíamos estar de acuerdo: la
relación positiva entre la fe cristiana y la ciencia, el diálogo entre
religiones y civilizaciones y el consenso ético entre fes e ideologías. Para
mí, y para todo el mundo católico, la entrevista fue una señal de esperanza.
Pero, por desgracia, el pontificado de Benedicto estuvo marcado por crisis y
malas decisiones. Logró irritar a las iglesias protestantes, los judíos, los
musulmanes, los indios de Latinoamérica, las mujeres, los teólogos reformistas
y todos los católicos partidarios de las reformas.
Los mayores escándalos de su papado son conocidos:
para empezar, el hecho de que Benedicto reconociera a la archiconservadora
Sociedad de San Pío X del arzobispo Marcel Lefebvre, que se opone de manera
rotunda al Concilio Vaticano II, y a un personaje que niega el Holocausto, el
obispo Richard Williamson.
Luego estuvo la inmensa ola de abusos sexuales a
menores por parte de sacerdotes, que el Papa ayudó en gran parte a encubrir
cuando era el cardenal Joseph Ratzinger. Y después el caso Vatileaks,
que reveló un espantoso número de intrigas, luchas de poder, corrupción y
deslices sexuales en la curia, y que parece ser una de las principales razones
por las que Benedicto ha decidido abandonar.
Esta primera dimisión de un papa en casi 700 años deja
al descubierto la crisis fundamental que se cierne sobre una Iglesia
anquilosada. Y ahora, todo el mundo se pregunta: ¿Será posible que el próximo
Papa, a pesar de todo, inaugure una nueva primavera para la Iglesia católica?
No se pueden ignorar las desesperadas necesidades de la Iglesia. Existe una
desastrosa escasez de sacerdotes, en Europa, Latinoamérica y África. Son
muchísimas las personas que han dejado la Iglesia o han emprendido una
“emigración interna”, sobre todo en los países industrializados. Ha habido una
inequívoca pérdida de respeto hacia obispos y sacerdotes, el distanciamiento, en
particular, de las mujeres jóvenes, y la incapacidad de incorporar a los
jóvenes a la Iglesia.
No debemos dejarnos engañar por el poder mediático de
los grandes acontecimientos papales de masas ni por los aplausos enloquecidos
de los grupos juveniles católicos. Detrás de la fachada, la casa está
viniéndose abajo.
En esta dramática situación, la Iglesia necesita un
Papa que no viva desde el punto de vista intelectual en la Edad Media, que no
defienda ningún tipo de teología, liturgia ni constitución eclesiástica propias
de la época medieval. Necesita un Papa abierto a las preocupaciones de la
reforma, a la modernidad. Un Papa que defienda la libertad de la Iglesia en el
mundo no solo mediante sermones sino luchando con hechos y palabras por la
libertad y los derechos humanos dentro de la Iglesia, por los teólogos, por las
mujeres, por todos los católicos que desean decir la verdad abiertamente. Un
Papa que no siga obligando a los obispos a obedecer una línea oficial
reaccionaria, que ponga en práctica una democracia apropiada dentro de la
Iglesia, construida según el modelo del cristianismo primitivo. Un Papa que no
se deje influir por ningún otro “Papa en la sombra” del Vaticano como Benedicto
y sus leales seguidores.
La procedencia del nuevo Papa no debería ser un factor
crucial. El Colegio Cardenalicio debe elegir al mejor, sin más. Por desgracia,
desde la época del papa Juan Pablo II, se emplea un cuestionario para hacer que
todos los obispos sigan la doctrina oficial de Roma en los asuntos polémicos, un
proceso sellado por el voto de obediencia incondicional al Papa. Por eso, hasta
ahora, no ha habido disidentes públicos entre los obispos.
Sin embargo, la jerarquía católica ha recibido
advertencias sobre la brecha existente entre ella y los seglares en asuntos
importantes relacionados con posibles reformas. Una encuesta reciente en
Alemania muestra que el 85% de los católicos son partidarios de dejar que los
curas se casen, el 79%, de que los divorciados puedan volver a casarse por la
Iglesia, y el 75%, de que las mujeres puedan ordenarse. Probablemente, las
cifras serían similares en muchos otros países.
¿Será posible que tengamos un cardenal o un obispo que
no esté dispuesto a seguir por la misma senda trillada de siempre? ¿Alguien que
sepa lo profunda que es la crisis de la Iglesia y conozca vías para salir de
ella? Estas preguntas deben discutirse abiertamente, antes del cónclave y
durante él, sin que nadie amordace a los cardenales, como se hizo en 2005 para
que se atuvieran a las directrices.
Soy el último teólogo en activo de los que participó
en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto) y, como tal, me pregunto si no
será posible que haya al comienzo del cónclave, igual que hubo al comienzo del
Concilio, un grupo de cardenales valientes que se enfrenten a los miembros más
inflexibles de la jerarquía católica y exijan un candidato dispuesto a
aventurarse en nuevas direcciones. ¿Tal vez a través de un nuevo concilio
reformista o, mejor aún, una asamblea representativa de obispos, sacerdotes y
seglares?
Si el próximo cónclave elige a un Papa que vuelva a lo
de siempre, la Iglesia nunca experimentará una nueva primavera, sino que caerá
en una edad de hielo y correrá el peligro de encogerse hasta convertirse en una
secta cada vez más irrelevante.
Actividades
HOY CELEBRAMOS CON ESPECIAL GRATITUD LOS 95 AÑOS DE NUESTRA HERMANA
LILIA LÓPEZ. QUE DIOS LA SIGA BENDICIENDO
***
CULTO DE
ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes
12 de marzo, 19 hrs.
Modera: Hno. David Ábrego
Llamamiento: Salmo
42
Oración de ofrecimiento
Himno: “Alma, bendice al Señor” (82)
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 3.1-17
Tema: La
guerra contra Moab
Himno: “Señor, tú me llamas” (537)
Ofertorio
Bendición pastoral
EL PROFETA DE LOS MILAGROS
Pierre Buis
Sucesor del profeta Elías en el reino del
norte. Hijo de Safat; vivía en Abel-Mehola, en el valle del Jordán, y
pertenecía a una familia de buena posición económica; eran propietarios de 12
pares de bueyes que laboraban en sus campos.
Dios lo designó como sucesor de
Elías que, al encontrarlo tras el arado, echó sobre él su manto (1 R. 19:16,
19). Eliseo comprendió el significado de este gesto simbólico. Volviendo a los
suyos, ofreció un sacrificio y dio a su gente un festín de despedida, y después
siguió a Elías y le sirvió (1 R. 19:19-21). Elías, antes de ser arrebatado,
cruzó el Jordán, y Eliseo rehusó separarse de él. Elías le dijo que pidiera lo
que quisiera. Entonces Eliseo tuvo la sabiduría de solicitar una doble porción
de la sabiduría de Elías. […]
Una serie de hechos sobrenaturales
marca la carrera de su ministerio: milagros de conocimiento, o milagros de
poder, todos ellos cumplidos expresamente en nombre del Señor. En la historia
de la redención, forma parte del segundo grupo de milagros. Los milagros de
Eliseo tuvieron lugar en una época en que la religión de Jehová estaba
enfrentada de una manera total contra el culto a Baal.
De la misma manera que los
milagros de Elías, los de Eliseo tenían el propósito de manifestar la autoridad
del profeta y de presentar al Dios viviente. […]
http://es.shvoong.com/books/biography/1949230-eliseo-el-profeta-los-milagros/
____________________________________
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
16-18 – Visita a las misiones de Guerrero
17 – 3er testimonio de evangelización/ Clase especial para adolescentes
19 – Preparación para Semana Santa
Semana Santa: 24-31 - Una salvación llena de riesgos. La Pasión según san Pedro
24 – Domingo de Palmas
Mateo 16.13-20
La Palabra (Hispanoamérica)
13 Cuando Jesús llegó a
la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la
gente que es el Hijo del hombre? 14
Ellos contestaron: —Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que Elías, y
otros, que Jeremías o algún otro profeta.
15
Jesús les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy? 16
Entonces Simón Pedro declaró: —¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!
17
Jesús le contestó: — ¡Feliz tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún mortal te
ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos! 18
Por eso te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi
Iglesia, y el poder del abismo no la vencerá. 19 Yo
te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará
atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
20
Entonces Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el
Mesías.
sábado, 2 de marzo de 2013
Letra 311, 3 de marzo de 2013
POR
PRIMERA VEZ, UNA MUJER ELECTA COMO PRESIDENTA
EN LA IGLESIA EVANGÉLICA NACIONAL PRESBITERIANA DE GUATEMALA
Azucena
Rosal
ALC Noticias, 28 de febrero de 2013
En la renovación del liderazgo del Comité Ejecutivo, resultó electa, por
primera vez una mujer. Se trata de la Presbítera Gobernante Esther Polo de
Sánchez, con mucha experiencia dentro de la iglesia nacional y en su
congregación local la Primera Iglesia Presbiteriana de Antigua Guatemala
(recién fundada en el mes de octubre del 2012).
Han sido llamadas a conformar el Comité Ejecutivo las Presbíteras
Gobernantes: Consuelo de Molina, de la iglesia El Mesías; Ruth Ixcot de la
iglesia Eben-Ezer y actual moderadora de la Unión Femenil Presbiterial del
Centro y Bessie Orozco de la iglesia Central. Ofició el acto de instalación el
PD Baudilio Recinos.
En la misma Asamblea, se acordó la fecha de ordenación e instalación
como Ministra de la Palabra y los Sacramentos de la hasta ahora Licenciada
Predicadora Azucena Rosal, en la iglesia Peniel, siendo la primera mujer
ordenada a éste ministerio en la historia del Presbiterio Central. La iglesia
crece como manifestación de la buena voluntad de Dios cuando son tomadas en cuenta
todas las personas que Dios, en su amor ha llamado.
Foto: Aparecen
de izquierda a derecho, los/as integrantes del Comité Ejecutivo del Presbiterio
Central de la IENP: PD Óscar Flores y Ramiro Bolaños, PG Ruth Ixcot y Consuelo
de Molina, PD Julio Paz, PG Esther Polo de Sánchez (moderadora) y Bessie
Orozco, PD Ovidio Magaña y Tito Calderón.
________________________________________
EL
HOMBRE QUE ESTORBABA
Mario
Vargas Llosa
El País, 24 de febrero de 2013
No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol
Wojtyla, el Papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión
y de estudio, seguramente uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que
ha tenido en toda su historia la Iglesia católica. En una época en que las
ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph
Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una
especie en extinción: el intelectual. Reflexionaba con hondura y originalidad,
apoyado en una enorme información teológica, filosófica, histórica y literaria,
adquirida en la decena de lenguas clásicas y modernas que dominaba, entre ellas
el latín, el griego y el hebreo.
Aunque concebidos siempre dentro de la ortodoxia
cristiana pero con un criterio muy amplio, sus libros y encíclicas desbordaban
a menudo lo estrictamente dogmático y contenían novedosas y audaces reflexiones
sobre los problemas morales, culturales y existenciales de nuestro tiempo que
lectores no creyentes podían leer con provecho y a menudo —a mí me ha ocurrido—
turbación. Sus tres volúmenes dedicados a Jesús de Nazaret, su pequeña
autobiografía y sus tres encíclicas —sobre todo la segunda, Spe Salvi, de 2007,
dedicada a analizar la naturaleza bifronte de la ciencia que puede enriquecer
de manera extraordinaria la vida humana pero también destruirla y degradarla—,
tienen un vigor dialéctico y una elegancia expositiva que destacan nítidamente
entre los textos convencionales y redundantes, escritos para convencidos, que
suele producir el Vaticano desde hace mucho tiempo.
A Benedicto XVI le ha tocado uno de los períodos más
difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de
historia. La secularización de la sociedad avanza a gran velocidad, sobre todo
en Occidente, ciudadela de la Iglesia hasta hace relativamente pocos decenios.
Este proceso se ha agravado con los grandes escándalos de pedofilia en que
están comprometidos centenares de sacerdotes católicos y a los que parte de la
jerarquía protegió o trató de ocultar y que siguen revelándose por doquier, así
como con las acusaciones de blanqueo de capitales y de corrupción que afectan
al banco del Vaticano.
El robo de documentos perpetrado por Paolo Gabriele,
el propio mayordomo y hombre de confianza del Papa, sacó a la luz las luchas
despiadadas, las intrigas y turbios enredos de facciones y dignatarios en el
seno de la curia de Roma enemistados por razón del poder. Nadie puede negar que
Benedicto XVI trató de responder a estos descomunales desafíos con valentía y
decisión, aunque sin éxito. En todos sus intentos fracasó, porque la cultura y
la inteligencia no son suficientes para orientarse en el dédalo de la política
terrenal, y enfrentar el maquiavelismo de los intereses creados y los poderes
fácticos en el seno de la Iglesia, otra de las enseñanzas que han sacado a la
luz esos ocho años de pontificado de Benedicto XVI, al que, con justicia, L’Osservatore Romano describió como “un
pastor rodeado por lobos”.
Pero hay que reconocer que gracias a él por fin
recibió un castigo oficial en el seno de la Iglesia el reverendo Marcial Maciel
Degollado, el mejicano de prontuario satánico, y fue declarada en
reorganización la congregación fundada por él, la Legión de Cristo, que hasta
entonces había merecido apoyos vergonzosos en la más alta jerarquía vaticana.
Benedicto XVI fue el primer Papa en pedir perdón por los abusos sexuales en
colegios y seminarios católicos, en reunirse con asociaciones de víctimas y en
convocar la primera conferencia eclesiástica dedicada a recibir el testimonio
de los propios vejados y de establecer normas y reglamentos que evitaran la
repetición en el futuro de semejantes iniquidades. Pero también es cierto que
nada de esto ha sido suficiente para borrar el desprestigio que ello ha traído
a la institución, pues constantemente siguen apareciendo inquietantes señales
de que, pese a aquellas directivas dadas por él, en muchas partes todavía los
esfuerzos de las autoridades de la Iglesia se orientan más a proteger o
disimular las fechorías de pedofilia que se cometen que a denunciarlas y
castigarlas.
Tampoco parecen haber tenido mucho éxito los esfuerzos
de Benedicto XVI por poner fin a las acusaciones de blanqueo de capitales y
tráficos delictuosos del banco del Vaticano. La expulsión del presidente de la
institución, Ettore Gotti Tedeschi, cercano al Opus Dei y protegido del
cardenal Tarcisio Bertone, por “irregularidades de su gestión”, promovida por
el Papa, así como su reemplazo por el barón Ernst von Freyberg, ocurren
demasiado tarde para atajar los procesos judiciales y las investigaciones
policiales en marcha relacionadas, al parecer, con operaciones mercantiles ilícitas
y tráficos que ascenderían a astronómicas cantidades de dinero, asunto que sólo
puede seguir erosionando la imagen pública de la Iglesia y confirmando que en
su seno lo terrenal prevalece a veces sobre lo espiritual y en el sentido más
innoble de la palabra.
Joseph Ratzinger había pertenecido al sector más bien
progresista de la Iglesia durante el Concilio Vaticano II, en el que fue asesor
del cardenal Frings y donde defendió la necesidad de un “debate abierto” sobre
todos los temas, pero luego se fue alineando cada vez más con el ala
conservadora, y como Prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) fue un adversario resuelto de la
Teología de la Liberación y de toda forma de concesión en temas como la
ordenación de mujeres, el aborto, el matrimonio homosexual e, incluso, el uso
de preservativos que, en algún momento de su pasado, había llegado a considerar
admisible.
Esto, desde luego, hacía de él un anacronismo dentro del anacronismo en
que se ha ido convirtiendo la Iglesia. Pero sus razones no eran tontas ni
superficiales y quienes las rechazamos, tenemos que tratar de entenderlas por
extemporáneas que nos parezcan. Estaba convencido que si la Iglesia católica
comenzaba abriéndose a las reformas de la modernidad su desintegración sería
irreversible y, en vez de abrazar su época, entraría en un proceso de anarquía
y dislocación internas capaz de transformarla en un archipiélago de sectas
enfrentadas unas con otras, algo semejante a esas iglesias evangélicas, algunas
circenses, con las que el catolicismo compite cada vez más –y no con mucho éxito—
en los sectores más deprimidos y marginales del Tercer Mundo. La única forma de
impedir, a su juicio, que el riquísimo patrimonio intelectual, teológico y
artístico fecundado por el cristianismo se desbaratara en un aquelarre
revisionista y una feria de disputas ideológicas, era preservando el
denominador común de la tradición y del dogma, aun si ello significaba que la
familia católica se fuera reduciendo y marginando cada vez más en un mundo
devastado por el materialismo, la codicia y el relativismo moral.
Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es
algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes
haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el
fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba
la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia: la
de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo
olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos,
bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con
ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia
con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos
humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del
pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie
e impulsar la civilización.
La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto
en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que
parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de
su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con
todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y
vocación por la cultura y las ideas.
Actividades
OREMOS POR LOS ACUERDOS DE LA PRIMERA REUNIÓN DE LOS JÓVENES Y LOS
SIGUIENTES PASOS QUE SE DARÁN CON ELLOS/AS
***
CULTO DE
ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes
5 de marzo, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera
Berrocal
Llamamiento: Salmo 131
Oración de ofrecimiento
Himno: “Cuán grande es Él” (74)
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 2.19-24
Tema: Milagros
de Eliseo
Himno: “Feliz momento” (302)
Ofertorio
Bendición pastoral
LA FIGURA DE ELISEO
Pierre Buis
La figura del profeta que aparece en estos relatos encierra no pocos
contrastes. Por un lado, se le presenta como sucesor de Elías, encargado de
pronunciar y de ejecutar la condenación de Ajab y de sus hijos. Por otro lado,
es el salvador y el bienhechor de Israel y de algunos extranjeros. Este doble
aspecto de Eliseo plantea la cuestión de la función de su ciclo en el libro de
los Reyes. ¿Por qué se le da tanta importancia? (8 capítulos, contra 5 para
Elías y 2 para Isaías).
Como sucesor de Elías, ocupa un
lugar entre los profetas justicieros que ponen fin a las primeras dinastías del
reino; pero en este punto Elías sigue siendo el actor principal. La
consagración de Jehú da una nueva oportunidad al reino del Norte durante casi un
siglo. Así pues, Eliseo relanza en cierto modo la historia del pueblo, aunque
no sea personalmente él quien transmita a Jehú la promesa hecha a su dinastía (2
Re 10.30).
Otro interés del ciclo de Eliseo
consiste en que nos habla de la vida cotidiana de las gentes de Israel y en que
es agente de la bendición de Dios. El esquematismo de las actuaciones y de las
condenaciones proféticas podría hacer que olvidásemos este aspecto, que es sin
embargo esencial en la historia de los hombres.
El libro de los Reyes. Estella, Verbo
Divino, 1995, p. 33.
____________________________________
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
10 – Clase unida: Laboratorio de liturgia (II)/ Reunión de Consistorio
16-18 – Visita a las misiones de Guerrero
17 – 3er testimonio de evangelización/ Clase especial para adolescentes
19 – Preparación para Semana Santa
24 – Domingo de Palmas
Pedro, el discípulo: seguimiento en el camino de la cruz, L. Cervantes-O.
3 de marzo, 2013
Iba Jesús paseando por
la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: Simón, también
llamado Pedro, y su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red
en el lago. Jesús les dijo: —Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. Ellos
dejaron de inmediato sus redes y se fueron (ekoloúthesan)
con él.
Mateo 4.18-20, La
Palabra (Hispanoamérica)
Ahora
que se habla tanto del llamado “ministerio petrino” o papado por la renuncia
del teólogo católico alemán Joseph Ratzinger al obispado de Roma, la figura del
apóstol Pedro, Simón o Cefas, vuelve a adquirir relevancia en todas las
iglesias, más allá de la aceptación o el rechazo de quienes han pretendido
ser sus “sucesores”. Obviamente, la lectura
protestante de Pedro difiere radicalmente de la católica en los aspectos
básicos relacionados directamente con la tradición y con la interpretación de
los textos bíblicos claves, especialmente Mt 16.18. Para la tradición
reformada, Pedro es uno más de los discípulos y apóstoles, sin ningún rango
superior sobre sus demás hermanos. Es más, sus notorias deficiencias en la
fidelidad al Maestro lo colocaron en una situación muy complicada, y sus
fricciones con el apóstol Pablo lo mostraron como alguien que actuó con poca
congruencia. Una “biografía teológico-exegética” de Pedro, obra del reformado
francés Oscar Cullmann (Pedro: discípulo, apóstol, mártir, 1952), plantea que el apostolado de los Doce fue un suceso de
salvación irrepetible y que, por lo tanto, no admite sucesión. Por ello, el
“primado temporal” de Pedro estuvo en función de ese apostolado:
Él es la roca de la
Iglesia simplemente porque fue el primer testigo y el primer apóstol que
anunció la resurrección del Señor y que dirigió la Iglesia-Madre de Jerusalén
hasta que, liberado por el ángel de la cárcel, ‘marchó a otro lugar’ (Hch
12.17). Desde entonces, hacia el año 42, Santiago asumirá el episcopado de
Jerusalén, y San Pedro se convertirá en el gran misionero de los
judío-gentiles. El tiempo de la roca se habría realizado, pues, de una vez para
siempre, sin sucesión posible (pp. 182-196). Sería, pues, un primado temporal
muy distinto del primado de jurisdicción que la Iglesia reconoce y atribuye a
San Pedro.[1]
Luego de tomar aquí en
años pasados a cada evangelista y al apóstol Pablo como testigos privilegiados
de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, resulta obligado considerar
también a Pedro a partir de lo que los propios evangelios, los Hechos de los
Apóstoles y otras cartas (incluyendo las suyas) dicen que fue: discípulo,
apóstol y mártir y, en ningún modo, jefe de la Iglesia, dado que la
colegialidad con que actuaron los líderes de las comunidades durante el primer
siglo impidió que se impusiera, en un primer momento, alguna forma de jerarquía
o “autoridad superior”, lo que sucedería sólo posteriormente como resultado del
embate de las fuerzas externas a la vida de la iglesia y de tendencias
clericales internas que se asoman ya en las llamadas “cartas pastorales”
déutero-paulinas.Y es que según Mateo 4, todo empezó en un
momento: en un abrir y cerrar de ojos, Jesús ve a dos pescadores, los hermanos
Simón y Andrés, y los invita a seguirlo, a él que recién estaba comenzando una
labor incierta muy similar a la de Juan el Bautista (predicar la conversión
ante la cercanía del reino de los cielos: 4.17), cuyo arresto hizo que se
retirara a Capernaum, en Galilea, donde sería su base de operaciones. Pero en
el momento de llamarlos a ambos no es posible saber nada de eso; solamente se
trata de una acción simple ante un par de trabajadores que son conminados a
cambiar de oficio mediante una metáfora tan extraña como hermosa: “…ahora serán
pescadores de personas” (v. 19). Sorprendentemente, la respuesta de ellos es
positiva, pues abandonaron sus instrumentos de trabajo “y se fueron con él”. La
simplicidad de la invitación y de la aceptación puede confundir porque
representa el inicio formal del grupo de discípulos. El relato contiene muchas
resonancias del Antiguo Testamento y, al mismo tiempo, ofrece rotundas
novedades. Como explica Juan Mateos:
La llamada de estas dos
parejas de hermanos será el paradigma de toda llamada en Mt. Jesús camina junto
al lago/mar de Galilea, en la frontera marítima con los pueblos paganos. Esta
localización ilumina la escena: los hombres que habrá que pescar serán lo mismo
judíos que paganos. […]
Jesús
llama a una misión profética, que pretenderá atraer a los hombres […] y cuyo
éxito está asegurado. Aparece por primera vez el verbo “seguir”, que, referido
a los discípulos, indicará la adhesión a la persona de Jesús y la colaboración
en su misión. A los que lo siguen, Jesús no pide “la enmienda” (4.17); la
adhesión a su persona y programa supera con mucho las exigencias de aquélla;
comporta una ruptura con la vida anterior, un cambio radical, para entregarse a
procurar el bien del hombre.[2]
Pedro inicia su seguimiento personal como un
auténtico “camino hacia la cruz” y su biografía espiritual comienza con la
respuesta afirmativa a la llamada de Jesús a seguirlo. Lo que cualquier lector
puede hoy reconstruir armando la vida del apóstol como un rompecabezas con base
en los textos es, en realidad, una muestra del seguimiento de Jesús que, en el
caso de Pedro, terminó en el martirio, es decir, en su propia cruz, literalmente,
pero que comporta la comprensión de los designios del Señor para su vida, y en
cuyo horizonte nunca estuvo el ejercicio del poder sino más bien el del
servicio.
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