viernes, 15 de marzo de 2013

Pedro: pescador, discípulo, apóstol, mártir, A.I. Vicente Orozco G.

17 de marzo de 2013

Lucas 5.1-11

La Palabra (Hispanoamérica)


1 En cierta ocasión estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente se apiñaba a su alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. 2 Atracadas a la orilla, Jesús vio dos barcas. Los pescadores habían descendido de ellas y estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, rogó a su dueño, Simón, que la apartara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí estuvo enseñando a la gente. 4 Cuando acabó su discurso, dijo a Simón: —Rema lago adentro y echen las redes para pescar. 5 Simón le contestó: —Maestro, hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos pescado nada; pero, puesto que tú lo dices, echaré las redes. 6 Así lo hicieron; y recogieron tal cantidad de pescado que las redes estaban a punto de romperse. 7 Entonces avisaron por señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Llegaron ellos y llenaron las dos barcas, hasta el punto que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —Señor, apártate de mí, que soy un pecador.
9 Y es que el temor los había invadido a él y a todos sus compañeros a la vista de la gran redada de peces que habían capturado. 10 Lo mismo les ocurría a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo, que acompañaban a Simón en la pesca. Pero Jesús dijo a Simón: —No tengas miedo. Desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y después de sacar las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús.

Segunda clase unida, 10 de marzo de 2013

LABORATORIO DE LITURGIA (II)
EL TIEMPO LITÚRGICO EN EL EL CULTO REFORMADO
10 de marzo de 2013

Una sola cosa pido al Señor,
sólo esto quiero:
sentarme en su casa
todos los días de mi vida,
contemplar su gracia
y frecuentar su Templo.
Salmo 27.4

Éste es el día que hizo el Señor;
nos gozaremos y alegraremos en él.
Salmo 118.24

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?
Salmo 42.2

Para los/as cristianos no hay tiempo sagrado y profano en sentido estricto, ya que “en todo tiempo y lugar” es “justo y necesario dar gracias a Dios”
Jean Lebon, Para vivir la liturgia

El domingo, como “día del Señor”, sustituyó al sábado judío, lo que significó una auténtica “revolución litúrgica” pues la resurrección de Cristo inauguró un tiempo nuevo.

Jesús es el verdadero sábado, porque él lo realiza. […] Con él ha venido el verdadero descanso […] El descanso consiste para toda la Iglesia primitiva, no en consagrar un día a Dios, sino todos los días; y no en abstenerse del trabajo corporal, sino del pecado…
J.-J. von Allmen, El culto cristiano

EL TIEMPO EN EL CULTO CRISTIANO

·         Las dos variables del culto: el tiempo y el espacio
·         El culto puede definirse como “la redención del tiempo humano en el mundo”
·         Forma parte de la anticipación del futuro al que Dios nos llama: Apocalipsis 4
·         El culto cristiano es una invasión del tiempo divino (kairós) en el tiempo humano (cronos)
·         Pero lo hace sin enajenar a quienes participan
·         Es parte del esfuerzo divino por romper el tiempo cíclico, circular (Jueces 2)

La historia de la salvación es la de un pueblo en marcha; es un tiempo que va de la creación a la nueva creación y este mundo nuevo se construye en el presente humano, día a día y año tras año.
Jean Lebon, Para vivir la liturgia

·         La participación y apreciación del culto como una totalidad
·         La posibilidad de participar en el culto “completo”
·         Los dilemas sobre la “duración” del culto: no dejarnos dominar por el “tiempo del lucro” o del mercado. Un culto “sin tiempo” cuya referencia última es el culto eterno y permanente
·         No podemos dejarnos dominar por el tiempo durante el culto. Ejemplo: importancia de la puntualidad
·         El tiempo del culto es una inversión existencial de encuentro con Dios y con la comunidad
·         El culto reformado procede de la tradición, pero se orienta hacia el futuro

¿CÓMO ES NUESTRO USO DEL TIEMPO LITÚRGICO DOMINICAL?

·         ¿Reflejamos, desde la puntualidad, nuestro deseo de participar?
·         ¿Es funcional, dinámico, “atractivo”…?
·         ¿Mantenemos un ritmo fluido, natural, en nuestras acciones litúrgicas
·         ¿Experimentamos adecuadamente el tiempo de la liturgia?: concentración, distracciones, prisas…
·         ¿El “día del Señor” verdaderamente marca una diferencia en medio de nuestra vida cotidiana?
·         ¿Qué podemos hacer para mejorar?

sábado, 9 de marzo de 2013

Letra 312, 10 de marzo de 2013


CONCENTRAN OCHO ENTIDADES 61% DE LOS FEMINICIDIOS QUE SE COMETEN
Fabiola Martínez
La Jornada, 8 de marzo de 2013

Edomex, Chihuahua, Distrito Federal, Guerrero, Baja California, Michoacán y Veracruz presentan alto número de casos, que siguen al alza en sus formas más crueles y dolorosas.
En México, los feminicidios siguen al alza en sus formas más crueles y dolorosas. Ocho entidades, encabezadas por el estado de México, concentran 61 por ciento de los homicidios de mujeres por causa de género.
En el interior de este grupo (Estado de México, Chihuahua, Distrito Federal, Guerrero, Baja California, Jalisco, Michoacán y Veracruz), varios de sus municipios tienen el mayor número de casos, es decir, zonas que están significativamente por arriba del promedio nacional. Sin embargo, alerta la Secretaría de Gobernación, los crímenes cometidos contra las mujeres –acrecentados por la violencia social de la década reciente– se expanden de modo preocupante en un esquema de contagio que afecta zonas que hace una década no tenían esta situación.
Lo anterior se desprende del Estudio nacional sobre todas las fuentes, orígenes y factores que producen y reproducen la violencia contra las mujeres —presentado en noviembre pasado—, así como de las proyecciones de los funcionarios encargados de atajar esta problemática.
“En 2012 hubo una réplica similar a 2011 (de feminicidios) y ahora va la misma tendencia al alza (…) De lo más valioso que arroja el estudio es advertir acerca de este repunte terrible (homicidios por causas de género)”, advirtió Dilcya García Espinoza de los Monteros, comisionada nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.
El problema persiste y, además, está inserto en lo más profundo de nuestra cultura. Lo tenemos que atender a partir del combate a la impunidad, pero también mediante prevención, clave de la erradicación, y no en las cadenas perpetuas o en la pena de muerte para los agresores, dijo en entrevista.
Aunque en algunas entidades, como Baja California, las autoridades no tienen claridad en cuanto a las subidas y bajadas de los homicidios contra mujeres (en determinados meses los feminicidios suben y de pronto desaparecen), lo más preocupante es el factor contagio.
El Estado de México tiene 20 por ciento de los feminicidios que se cometen en el país; en el interior de la entidad están a tres ayuntamientos: Ecatepec (12.4 por ciento de los casos), Nezhualcóyotl (7.6) y Toluca (5.2). La segunda entidad más violenta en esta lista es Chihuahua con 9.44 de las muertes; la mayoría de los ataques son reportados en Ciudad Juárez, seguido de Distrito Federal (8.35), con el fenómeno concentrado en las delegaciones Izatapalapa y Gustavo A. Madero.
En Baja California, el foco rojo es Tijuana; en Guerrero, Acapulco; para Jalisco, Guadalajara y Zapopan; Michoacán, Morelia y Lázaro Cárdenas; Oaxaca, su capital, y Veracruz, el puerto. En cuanto al contagio persiste la problemática en 12 puntos, identificados como hot spots, ubicados en igual número de entidades, donde los municipios contiguos a los focos rojos empiezan a registrar una tasa de crecimiento de homicidios.
La funcionaria, encargada en este tema de la coordinación y operación política entre gobierno federal y estatales, señala que esta proclividad al contagio ha provocado que el estado de México continúe a la cabeza de la lista de feminicidios. Entonces, añadió, empieza a subir la mancha de la violencia en estos municipios. Se ha demostrado –dijo– que el gobierno tiene un año para trabajar en las áreas recién afectadas, porque de lo contrario el problema escala a una situación más crítica.
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¿UNA “PRIMAVERA VATICANA”?
Hans Küng
El País, 1 de marzo de 2013


La primavera árabe sacudió toda una serie de regímenes autoritarios. Ahora que ha dimitido el papa Benedicto XVI, ¿será posible que ocurra algo similar en la Iglesia católica, una primavera vaticana?
Por supuesto, el sistema de la Iglesia católica, más que a Túnez o Egipto, se parece a una monarquía absoluta como Arabia Saudí. En ambos casos, no se han hecho auténticas reformas, sino concesiones sin importancia. En ambos casos, se invoca la tradición para oponerse a la reforma. En Arabia Saudí, la tradición solo se remonta a 200 años atrás; en el caso del papado, a 20 siglos. Ahora bien, ¿es cierta esa tradición? En realidad, la Iglesia vivió durante un milenio sin un papado de tipo monárquico absolutista como el que conocemos.
Fue a partir del siglo XI cuando una “revolución desde arriba”, la “reforma gregoriana” iniciada por el papa Gregorio VII, nos legó las tres características históricas del sistema de Roma: un papado centralista y absolutista, un clericalismo forzoso y la obligación del celibato para los sacerdotes y otros clérigos seglares.
Los esfuerzos de los concilios reformistas del siglo XV, los reformadores del siglo XVI, la Ilustración francesa en los siglos XVII y XVIII y el liberalismo del siglo XIX tuvieron éxito solo en parte. Incluso el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965, a pesar de abordar muchas preocupaciones de los reformadores y los críticos modernos, se vio obstaculizado por la curia, el órgano rector de la Iglesia, y no logró poner en práctica más que parte de los cambios exigidos.
Hoy, la curia, que también es un producto del siglo XI, sigue siendo el principal obstáculo para cualquier reforma de fondo de la Iglesia católica, cualquier acuerdo ecuménico con las demás iglesias cristianas y religiones mundiales y cualquier actitud crítica y constructiva frente al mundo moderno. Con los dos últimos papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, se ha producido un fatal regreso a los viejos hábitos monárquicos de la Iglesia.
En 2005, en una de sus escasas muestras de audacia, Benedicto mantuvo una amigable conversación de cuatro horas conmigo en su residencia de verano, en Castelgandolfo, cerca de Roma. Yo había sido colega suyo en la Universidad de Tubinga y también su crítico más feroz. Durante 22 años, después de que criticara la infalibilidad del Papa y me retirasen la autorización eclesiástica para dar clase, no habíamos tenido el menor contacto privado.
Antes del encuentro, decidimos dejar de lado nuestras diferencias y hablar de temas sobre los que podíamos estar de acuerdo: la relación positiva entre la fe cristiana y la ciencia, el diálogo entre religiones y civilizaciones y el consenso ético entre fes e ideologías. Para mí, y para todo el mundo católico, la entrevista fue una señal de esperanza. Pero, por desgracia, el pontificado de Benedicto estuvo marcado por crisis y malas decisiones. Logró irritar a las iglesias protestantes, los judíos, los musulmanes, los indios de Latinoamérica, las mujeres, los teólogos reformistas y todos los católicos partidarios de las reformas.
Los mayores escándalos de su papado son conocidos: para empezar, el hecho de que Benedicto reconociera a la archiconservadora Sociedad de San Pío X del arzobispo Marcel Lefebvre, que se opone de manera rotunda al Concilio Vaticano II, y a un personaje que niega el Holocausto, el obispo Richard Williamson.
Luego estuvo la inmensa ola de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes, que el Papa ayudó en gran parte a encubrir cuando era el cardenal Joseph Ratzinger. Y después el caso Vatileaks, que reveló un espantoso número de intrigas, luchas de poder, corrupción y deslices sexuales en la curia, y que parece ser una de las principales razones por las que Benedicto ha decidido abandonar.
Esta primera dimisión de un papa en casi 700 años deja al descubierto la crisis fundamental que se cierne sobre una Iglesia anquilosada. Y ahora, todo el mundo se pregunta: ¿Será posible que el próximo Papa, a pesar de todo, inaugure una nueva primavera para la Iglesia católica? No se pueden ignorar las desesperadas necesidades de la Iglesia. Existe una desastrosa escasez de sacerdotes, en Europa, Latinoamérica y África. Son muchísimas las personas que han dejado la Iglesia o han emprendido una “emigración interna”, sobre todo en los países industrializados. Ha habido una inequívoca pérdida de respeto hacia obispos y sacerdotes, el distanciamiento, en particular, de las mujeres jóvenes, y la incapacidad de incorporar a los jóvenes a la Iglesia.
No debemos dejarnos engañar por el poder mediático de los grandes acontecimientos papales de masas ni por los aplausos enloquecidos de los grupos juveniles católicos. Detrás de la fachada, la casa está viniéndose abajo.
En esta dramática situación, la Iglesia necesita un Papa que no viva desde el punto de vista intelectual en la Edad Media, que no defienda ningún tipo de teología, liturgia ni constitución eclesiástica propias de la época medieval. Necesita un Papa abierto a las preocupaciones de la reforma, a la modernidad. Un Papa que defienda la libertad de la Iglesia en el mundo no solo mediante sermones sino luchando con hechos y palabras por la libertad y los derechos humanos dentro de la Iglesia, por los teólogos, por las mujeres, por todos los católicos que desean decir la verdad abiertamente. Un Papa que no siga obligando a los obispos a obedecer una línea oficial reaccionaria, que ponga en práctica una democracia apropiada dentro de la Iglesia, construida según el modelo del cristianismo primitivo. Un Papa que no se deje influir por ningún otro “Papa en la sombra” del Vaticano como Benedicto y sus leales seguidores.
La procedencia del nuevo Papa no debería ser un factor crucial. El Colegio Cardenalicio debe elegir al mejor, sin más. Por desgracia, desde la época del papa Juan Pablo II, se emplea un cuestionario para hacer que todos los obispos sigan la doctrina oficial de Roma en los asuntos polémicos, un proceso sellado por el voto de obediencia incondicional al Papa. Por eso, hasta ahora, no ha habido disidentes públicos entre los obispos.
Sin embargo, la jerarquía católica ha recibido advertencias sobre la brecha existente entre ella y los seglares en asuntos importantes relacionados con posibles reformas. Una encuesta reciente en Alemania muestra que el 85% de los católicos son partidarios de dejar que los curas se casen, el 79%, de que los divorciados puedan volver a casarse por la Iglesia, y el 75%, de que las mujeres puedan ordenarse. Probablemente, las cifras serían similares en muchos otros países.
¿Será posible que tengamos un cardenal o un obispo que no esté dispuesto a seguir por la misma senda trillada de siempre? ¿Alguien que sepa lo profunda que es la crisis de la Iglesia y conozca vías para salir de ella? Estas preguntas deben discutirse abiertamente, antes del cónclave y durante él, sin que nadie amordace a los cardenales, como se hizo en 2005 para que se atuvieran a las directrices.
Soy el último teólogo en activo de los que participó en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto) y, como tal, me pregunto si no será posible que haya al comienzo del cónclave, igual que hubo al comienzo del Concilio, un grupo de cardenales valientes que se enfrenten a los miembros más inflexibles de la jerarquía católica y exijan un candidato dispuesto a aventurarse en nuevas direcciones. ¿Tal vez a través de un nuevo concilio reformista o, mejor aún, una asamblea representativa de obispos, sacerdotes y seglares?
Si el próximo cónclave elige a un Papa que vuelva a lo de siempre, la Iglesia nunca experimentará una nueva primavera, sino que caerá en una edad de hielo y correrá el peligro de encogerse hasta convertirse en una secta cada vez más irrelevante.

Actividades

HOY CELEBRAMOS CON ESPECIAL GRATITUD LOS 95 AÑOS DE NUESTRA HERMANA LILIA LÓPEZ. QUE DIOS LA SIGA BENDICIENDO

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 12 de marzo, 19 hrs.
Modera: Hno. David Ábrego

Llamamiento: Salmo 42
Oración de ofrecimiento
Himno: “Alma, bendice al Señor” (82)
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 3.1-17
Tema: La guerra contra Moab
Himno: “Señor, tú me llamas” (537)
Ofertorio
Bendición pastoral

EL PROFETA DE LOS MILAGROS
Pierre Buis

 Sucesor del profeta Elías en el reino del norte. Hijo de Safat; vivía en Abel-Mehola, en el valle del Jordán, y pertenecía a una familia de buena posición económica; eran propietarios de 12 pares de bueyes que laboraban en sus campos.
Dios lo designó como sucesor de Elías que, al encontrarlo tras el arado, echó sobre él su manto (1 R. 19:16, 19). Eliseo comprendió el significado de este gesto simbólico. Volviendo a los suyos, ofreció un sacrificio y dio a su gente un festín de despedida, y después siguió a Elías y le sirvió (1 R. 19:19-21). Elías, antes de ser arrebatado, cruzó el Jordán, y Eliseo rehusó separarse de él. Elías le dijo que pidiera lo que quisiera. Entonces Eliseo tuvo la sabiduría de solicitar una doble porción de la sabiduría de Elías. […]
Una serie de hechos sobrenaturales marca la carrera de su ministerio: milagros de conocimiento, o milagros de poder, todos ellos cumplidos expresamente en nombre del Señor. En la historia de la redención, forma parte del segundo grupo de milagros. Los milagros de Eliseo tuvieron lugar en una época en que la religión de Jehová estaba enfrentada de una manera total contra el culto a Baal.
De la misma manera que los milagros de Elías, los de Eliseo tenían el propósito de manifestar la autoridad del profeta y de presentar al Dios viviente.  […]
http://es.shvoong.com/books/biography/1949230-eliseo-el-profeta-los-milagros/
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

16-18 – Visita a las misiones de Guerrero

17 – 3er testimonio de evangelización/ Clase especial para adolescentes

19 – Preparación para Semana Santa

Semana Santa: 24-31 - Una salvación llena de riesgos. La Pasión según san Pedro

24 – Domingo de Palmas

Una trayectoria espiritual basada en la confesión de fe en Cristo, Dr. Salatiel Palomino L.

10 de marzo de 2013

Mateo 16.13-20

La Palabra (Hispanoamérica)


13 Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? 14 Ellos contestaron: —Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que Jeremías o algún otro profeta.
15 Jesús les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy? 16 Entonces Simón Pedro declaró: —¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!
17 Jesús le contestó: — ¡Feliz tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún mortal te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos! 18 Por eso te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi Iglesia, y el poder del abismo no la vencerá. 19 Yo te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
20 Entonces Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

sábado, 2 de marzo de 2013

Letra 311, 3 de marzo de 2013


POR PRIMERA VEZ, UNA MUJER ELECTA COMO PRESIDENTA EN LA IGLESIA EVANGÉLICA NACIONAL PRESBITERIANA DE GUATEMALA
Azucena Rosal
ALC Noticias, 28 de febrero de 2013

La recién pasada Asamblea Plenaria del Presbiterio Central de la Iglesia Evangélica Nacional Presbiteriana, reunida 23 y 24 de febrero 2013, trae vientos de esperanza y justicia en la búsqueda de ser una comunidad fiel a los principios del evangelio del Reino de Dios.
En la renovación del liderazgo del Comité Ejecutivo, resultó electa, por primera vez una mujer. Se trata de la Presbítera Gobernante Esther Polo de Sánchez, con mucha experiencia dentro de la iglesia nacional y en su congregación local la Primera Iglesia Presbiteriana de Antigua Guatemala (recién fundada en el mes de octubre del 2012).
Han sido llamadas a conformar el Comité Ejecutivo las Presbíteras Gobernantes: Consuelo de Molina, de la iglesia El Mesías; Ruth Ixcot de la iglesia Eben-Ezer y actual moderadora de la Unión Femenil Presbiterial del Centro y Bessie Orozco de la iglesia Central. Ofició el acto de instalación el PD Baudilio Recinos.
En la misma Asamblea, se acordó la fecha de ordenación e instalación como Ministra de la Palabra y los Sacramentos de la hasta ahora Licenciada Predicadora Azucena Rosal, en la iglesia Peniel, siendo la primera mujer ordenada a éste ministerio en la historia del Presbiterio Central. La iglesia crece como manifestación de la buena voluntad de Dios cuando son tomadas en cuenta todas las personas que Dios, en su amor ha llamado.

Foto: Aparecen de izquierda a derecho, los/as integrantes del Comité Ejecutivo del Presbiterio Central de la IENP: PD Óscar Flores y Ramiro Bolaños, PG Ruth Ixcot y Consuelo de Molina, PD Julio Paz, PG Esther Polo de Sánchez (moderadora) y Bessie Orozco, PD Ovidio Magaña y Tito Calderón.


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EL HOMBRE QUE ESTORBABA
Mario Vargas Llosa
El País, 24 de febrero de 2013

No sé por qué ha sorprendido tanto la abdicación de Benedicto XVI; aunque excepcional, no era imprevisible. Bastaba verlo, frágil y como extraviado en medio de esas multitudes en las que su función lo obligaba a sumergirse, haciendo esfuerzos sobrehumanos para parecer el protagonista de esos espectáculos obviamente írritos a su temperamento y vocación. A diferencia de su predecesor, Juan Pablo II, que se movía como pez en el agua entre esas masas de creyentes y curiosos que congrega el Papa en todas sus apariciones, Benedicto XVI parecía totalmente ajeno a esos fastos gregarios que constituyen tareas imprescindibles del Pontífice en la actualidad. Así se comprende mejor su resistencia a aceptar la silla de San Pedro que le fue impuesta por el cónclave hace ocho años y a la que, como se sabe ahora, nunca aspiró. Sólo abandonan el poder absoluto, con la facilidad con que él acaba de hacerlo, aquellas rarezas que, en vez de codiciarlo, desprecian el poder.
No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol Wojtyla, el Papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio, seguramente uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que ha tenido en toda su historia la Iglesia católica. En una época en que las ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una especie en extinción: el intelectual. Reflexionaba con hondura y originalidad, apoyado en una enorme información teológica, filosófica, histórica y literaria, adquirida en la decena de lenguas clásicas y modernas que dominaba, entre ellas el latín, el griego y el hebreo.
Aunque concebidos siempre dentro de la ortodoxia cristiana pero con un criterio muy amplio, sus libros y encíclicas desbordaban a menudo lo estrictamente dogmático y contenían novedosas y audaces reflexiones sobre los problemas morales, culturales y existenciales de nuestro tiempo que lectores no creyentes podían leer con provecho y a menudo —a mí me ha ocurrido— turbación. Sus tres volúmenes dedicados a Jesús de Nazaret, su pequeña autobiografía y sus tres encíclicas —sobre todo la segunda, Spe Salvi, de 2007, dedicada a analizar la naturaleza bifronte de la ciencia que puede enriquecer de manera extraordinaria la vida humana pero también destruirla y degradarla—, tienen un vigor dialéctico y una elegancia expositiva que destacan nítidamente entre los textos convencionales y redundantes, escritos para convencidos, que suele producir el Vaticano desde hace mucho tiempo.
A Benedicto XVI le ha tocado uno de los períodos más difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de historia. La secularización de la sociedad avanza a gran velocidad, sobre todo en Occidente, ciudadela de la Iglesia hasta hace relativamente pocos decenios. Este proceso se ha agravado con los grandes escándalos de pedofilia en que están comprometidos centenares de sacerdotes católicos y a los que parte de la jerarquía protegió o trató de ocultar y que siguen revelándose por doquier, así como con las acusaciones de blanqueo de capitales y de corrupción que afectan al banco del Vaticano.
El robo de documentos perpetrado por Paolo Gabriele, el propio mayordomo y hombre de confianza del Papa, sacó a la luz las luchas despiadadas, las intrigas y turbios enredos de facciones y dignatarios en el seno de la curia de Roma enemistados por razón del poder. Nadie puede negar que Benedicto XVI trató de responder a estos descomunales desafíos con valentía y decisión, aunque sin éxito. En todos sus intentos fracasó, porque la cultura y la inteligencia no son suficientes para orientarse en el dédalo de la política terrenal, y enfrentar el maquiavelismo de los intereses creados y los poderes fácticos en el seno de la Iglesia, otra de las enseñanzas que han sacado a la luz esos ocho años de pontificado de Benedicto XVI, al que, con justicia, L’Osservatore Romano describió como “un pastor rodeado por lobos”.
Pero hay que reconocer que gracias a él por fin recibió un castigo oficial en el seno de la Iglesia el reverendo Marcial Maciel Degollado, el mejicano de prontuario satánico, y fue declarada en reorganización la congregación fundada por él, la Legión de Cristo, que hasta entonces había merecido apoyos vergonzosos en la más alta jerarquía vaticana. Benedicto XVI fue el primer Papa en pedir perdón por los abusos sexuales en colegios y seminarios católicos, en reunirse con asociaciones de víctimas y en convocar la primera conferencia eclesiástica dedicada a recibir el testimonio de los propios vejados y de establecer normas y reglamentos que evitaran la repetición en el futuro de semejantes iniquidades. Pero también es cierto que nada de esto ha sido suficiente para borrar el desprestigio que ello ha traído a la institución, pues constantemente siguen apareciendo inquietantes señales de que, pese a aquellas directivas dadas por él, en muchas partes todavía los esfuerzos de las autoridades de la Iglesia se orientan más a proteger o disimular las fechorías de pedofilia que se cometen que a denunciarlas y castigarlas.
Tampoco parecen haber tenido mucho éxito los esfuerzos de Benedicto XVI por poner fin a las acusaciones de blanqueo de capitales y tráficos delictuosos del banco del Vaticano. La expulsión del presidente de la institución, Ettore Gotti Tedeschi, cercano al Opus Dei y protegido del cardenal Tarcisio Bertone, por “irregularidades de su gestión”, promovida por el Papa, así como su reemplazo por el barón Ernst von Freyberg, ocurren demasiado tarde para atajar los procesos judiciales y las investigaciones policiales en marcha relacionadas, al parecer, con operaciones mercantiles ilícitas y tráficos que ascenderían a astronómicas cantidades de dinero, asunto que sólo puede seguir erosionando la imagen pública de la Iglesia y confirmando que en su seno lo terrenal prevalece a veces sobre lo espiritual y en el sentido más innoble de la palabra.
Joseph Ratzinger había pertenecido al sector más bien progresista de la Iglesia durante el Concilio Vaticano II, en el que fue asesor del cardenal Frings y donde defendió la necesidad de un “debate abierto” sobre todos los temas, pero luego se fue alineando cada vez más con el ala conservadora, y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) fue un adversario resuelto de la Teología de la Liberación y de toda forma de concesión en temas como la ordenación de mujeres, el aborto, el matrimonio homosexual e, incluso, el uso de preservativos que, en algún momento de su pasado, había llegado a considerar admisible.
Esto, desde luego, hacía de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha ido convirtiendo la Iglesia. Pero sus razones no eran tontas ni superficiales y quienes las rechazamos, tenemos que tratar de entenderlas por extemporáneas que nos parezcan. Estaba convencido que si la Iglesia católica comenzaba abriéndose a las reformas de la modernidad su desintegración sería irreversible y, en vez de abrazar su época, entraría en un proceso de anarquía y dislocación internas capaz de transformarla en un archipiélago de sectas enfrentadas unas con otras, algo semejante a esas iglesias evangélicas, algunas circenses, con las que el catolicismo compite cada vez más –y no con mucho éxito— en los sectores más deprimidos y marginales del Tercer Mundo. La única forma de impedir, a su juicio, que el riquísimo patrimonio intelectual, teológico y artístico fecundado por el cristianismo se desbaratara en un aquelarre revisionista y una feria de disputas ideológicas, era preservando el denominador común de la tradición y del dogma, aun si ello significaba que la familia católica se fuera reduciendo y marginando cada vez más en un mundo devastado por el materialismo, la codicia y el relativismo moral.
Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia: la de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos, bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización.
La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas.

Actividades


OREMOS POR LOS ACUERDOS DE LA PRIMERA REUNIÓN DE LOS JÓVENES Y LOS SIGUIENTES PASOS QUE SE DARÁN CON ELLOS/AS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 5 de marzo, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera Berrocal

Llamamiento: Salmo 131
Oración de ofrecimiento
Himno: “Cuán grande es Él” (74)
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 2.19-24
Tema: Milagros de Eliseo
Himno: “Feliz momento” (302)
Ofertorio
Bendición pastoral

LA FIGURA DE ELISEO
Pierre Buis

La figura del profeta que aparece en estos relatos encierra no pocos contrastes. Por un lado, se le presenta como sucesor de Elías, encargado de pronunciar y de ejecutar la condenación de Ajab y de sus hijos. Por otro lado, es el salvador y el bienhechor de Israel y de algunos extranjeros. Este doble aspecto de Eliseo plantea la cuestión de la función de su ciclo en el libro de los Reyes. ¿Por qué se le da tanta importancia? (8 capítulos, contra 5 para Elías y 2 para Isaías).
Como sucesor de Elías, ocupa un lugar entre los profetas justicieros que ponen fin a las primeras dinastías del reino; pero en este punto Elías sigue siendo el actor principal. La consagración de Jehú da una nueva oportunidad al reino del Norte durante casi un siglo. Así pues, Eliseo relanza en cierto modo la historia del pueblo, aunque no sea personalmente él quien transmita a Jehú la promesa hecha a su dinastía (2 Re 10.30).
Otro interés del ciclo de Eliseo consiste en que nos habla de la vida cotidiana de las gentes de Israel y en que es agente de la bendición de Dios. El esquematismo de las actuaciones y de las condenaciones proféticas podría hacer que olvidásemos este aspecto, que es sin embargo esencial en la historia de los hombres.
El libro de los Reyes. Estella, Verbo Divino, 1995, p. 33.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

10 – Clase unida: Laboratorio de liturgia (II)/ Reunión de Consistorio
16-18 – Visita a las misiones de Guerrero
17 – 3er testimonio de evangelización/ Clase especial para adolescentes
19 – Preparación para Semana Santa
24 – Domingo de Palmas

Pedro, el discípulo: seguimiento en el camino de la cruz, L. Cervantes-O.

3 de marzo, 2013

Iba Jesús paseando por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: Simón, también llamado Pedro, y su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red en el lago. Jesús les dijo: —Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. Ellos dejaron de inmediato sus redes y se fueron (ekoloúthesan) con él.
Mateo 4.18-20, La Palabra (Hispanoamérica)

Ahora que se habla tanto del llamado “ministerio petrino” o papado por la renuncia del teólogo católico alemán Joseph Ratzinger al obispado de Roma, la figura del apóstol Pedro, Simón o Cefas, vuelve a adquirir relevancia en todas las iglesias, más allá de la aceptación o el rechazo de quienes han pretendido ser sus “sucesores”. Obviamente, la lectura protestante de Pedro difiere radicalmente de la católica en los aspectos básicos relacionados directamente con la tradición y con la interpretación de los textos bíblicos claves, especialmente Mt 16.18. Para la tradición reformada, Pedro es uno más de los discípulos y apóstoles, sin ningún rango superior sobre sus demás hermanos. Es más, sus notorias deficiencias en la fidelidad al Maestro lo colocaron en una situación muy complicada, y sus fricciones con el apóstol Pablo lo mostraron como alguien que actuó con poca congruencia. Una “biografía teológico-exegética” de Pedro, obra del reformado francés Oscar Cullmann (Pedro: discípulo, apóstol, mártir, 1952), plantea que el apostolado de los Doce fue un suceso de salvación irrepetible y que, por lo tanto, no admite sucesión. Por ello, el “primado temporal” de Pedro estuvo en función de ese apostolado:

Él es la roca de la Iglesia simplemente porque fue el primer testigo y el primer apóstol que anunció la resurrección del Señor y que dirigió la Iglesia-Madre de Jerusalén hasta que, liberado por el ángel de la cárcel, ‘marchó a otro lugar’ (Hch 12.17). Desde entonces, hacia el año 42, Santiago asumirá el episcopado de Jerusalén, y San Pedro se convertirá en el gran misionero de los judío-gentiles. El tiempo de la roca se habría realizado, pues, de una vez para siempre, sin sucesión posible (pp. 182-196). Sería, pues, un primado temporal muy distinto del primado de jurisdicción que la Iglesia reconoce y atribuye a San Pedro.[1]

Luego de tomar aquí en años pasados a cada evangelista y al apóstol Pablo como testigos privilegiados de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, resulta obligado considerar también a Pedro a partir de lo que los propios evangelios, los Hechos de los Apóstoles y otras cartas (incluyendo las suyas) dicen que fue: discípulo, apóstol y mártir y, en ningún modo, jefe de la Iglesia, dado que la colegialidad con que actuaron los líderes de las comunidades durante el primer siglo impidió que se impusiera, en un primer momento, alguna forma de jerarquía o “autoridad superior”, lo que sucedería sólo posteriormente como resultado del embate de las fuerzas externas a la vida de la iglesia y de tendencias clericales internas que se asoman ya en las llamadas “cartas pastorales” déutero-paulinas.Y es que según Mateo 4, todo empezó en un momento: en un abrir y cerrar de ojos, Jesús ve a dos pescadores, los hermanos Simón y Andrés, y los invita a seguirlo, a él que recién estaba comenzando una labor incierta muy similar a la de Juan el Bautista (predicar la conversión ante la cercanía del reino de los cielos: 4.17), cuyo arresto hizo que se retirara a Capernaum, en Galilea, donde sería su base de operaciones. Pero en el momento de llamarlos a ambos no es posible saber nada de eso; solamente se trata de una acción simple ante un par de trabajadores que son conminados a cambiar de oficio mediante una metáfora tan extraña como hermosa: “…ahora serán pescadores de personas” (v. 19). Sorprendentemente, la respuesta de ellos es positiva, pues abandonaron sus instrumentos de trabajo “y se fueron con él”. La simplicidad de la invitación y de la aceptación puede confundir porque representa el inicio formal del grupo de discípulos. El relato contiene muchas resonancias del Antiguo Testamento y, al mismo tiempo, ofrece rotundas novedades. Como explica Juan Mateos:

La llamada de estas dos parejas de hermanos será el paradigma de toda llamada en Mt. Jesús camina junto al lago/mar de Galilea, en la frontera marítima con los pueblos paganos. Esta localización ilumina la escena: los hombres que habrá que pescar serán lo mismo judíos que paganos. […]
Jesús llama a una misión profética, que pretenderá atraer a los hombres […] y cuyo éxito está asegurado. Aparece por primera vez el verbo “seguir”, que, referido a los discípulos, indicará la adhesión a la persona de Jesús y la colaboración en su misión. A los que lo siguen, Jesús no pide “la enmienda” (4.17); la adhesión a su persona y programa supera con mucho las exigencias de aquélla; comporta una ruptura con la vida anterior, un cambio radical, para entregarse a procurar el bien del hombre.[2]

Pedro inicia su seguimiento personal como un auténtico “camino hacia la cruz” y su biografía espiritual comienza con la respuesta afirmativa a la llamada de Jesús a seguirlo. Lo que cualquier lector puede hoy reconstruir armando la vida del apóstol como un rompecabezas con base en los textos es, en realidad, una muestra del seguimiento de Jesús que, en el caso de Pedro, terminó en el martirio, es decir, en su propia cruz, literalmente, pero que comporta la comprensión de los designios del Señor para su vida, y en cuyo horizonte nunca estuvo el ejercicio del poder sino más bien el del servicio.




[1] A. Turrado Turrado, “Primado de San Pedro y del romano pontífice I. El primado de San Pedro”, en Enciclopedia GER, www.canalsocial.net/ger/ficha_GER.asp?id=11254&cat=religioncristiana.
[2] J. Mateos, El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Madrid, Cristiandad, 1981, pp. 48-49.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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