sábado, 12 de julio de 2014

Actividades

TODOS/AS ESTAMOS INVITADOS/AS A LA CONFERENCIA SOBRE RUBÉN JARAMILLO, HOY A LAS 17.30 HRS.

***

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 15 de julio, 19 hrs.
Modera: D.I. Odilón Arellano A.

Llamamiento: Isaías 1.10-20
Oración de ofrecimiento
Himnos: “Cantad alegres al Señor” (81)
               “No sé por qué” (393)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Isaías 5.8-24
Tema: El Santo de Israel
Himno: “¿Cómo podré estar triste?” (392)
Ofertorio
Bendición pastoral

EL SANTO DE ISRAEL
Louis Monloubou

El Dios santo es así lejano y cercano, esta Incluso tan cerca que ya no puede ser destructor según Oseas, tan cercano que Isaías ve en su santidad el origen de una relación única establecida entre Dios y el pueblo entre el Santo e Israel. Isaías podría ser el creador de esa fórmula tan original aparentemente contradictoria pero sin embargo verdadera, “el Santo de Israel”. Los detractores del profeta para burlarse de él repiten en plan ridículo sus fórmulas preferida: Dios que tiene proyectos sobre su pueblo, Dios que es “el Santo de Israel”, murmuran. De este modo, “desprecian la palabra del Santo de Israel”, les replica el profeta (ls 5.19, 24). A partir de Isaías la fórmula se extiende por la Biblia, en su discípulo lejano el Déutero-Isaías es ya frecuente, así como en otros lugares especialmente en los salmos (Sal 71.22, 78.41, 89.19, 106.16). Ese Dios que se ha hecho el “Santo de Israel” es el Dios lejano que se ha acercado, que ha entrado en relación con un pueblo. No es que se haga un bien de ese pueblo, un Dios que le pertenezca a Israel sino todo lo contrario: el Dios Santo al que todo le pertenece pone aparte a Israel para convertirlo en su bien privilegiado. Por ese motivo es por lo que se le puede llamar “el Santo de Israel”. De ese título el profeta deduce luego varios rasgos.
En primer lugar, la incredulidad del pueblo le parece tanto más inconcebible cuanto que se dirige contra Yavé, “el Santo de Israel” (ls 1.4, Ef 5.24). Además, el juicio que habrá de dar aquel que ha sido rechazado a pesar de ser “el Santo de Israel” no podrá menos de ser un juicio severo (30.12-15). Sin embargo, en el futuro ese pueblo abandonará los ídolos (17.7). Y pondrá finalmente su confianza en Yavé, una confianza tanto más justificada cuanto que Yavé es “el Santo de Israel” (10.20). Y en medio “de Dios se exaltará al Santo de Israel” (12.6) que está dispuesto a acoger “a los pobres y a los abatidos” (29.19). El Dios de los profetas es el Dios trascendente y por tanto exigente, tan exigente que ha querido acercarse y hacerse amigo, tan cercano que ha querido entrar en relación. Dios vive esa relación en un diálogo en una conversación silenciosa pero directa. Todo es portador de esa palabra, todo es instrumento de ese diálogo en el que Israel participa, en el que responde viviendo todas sus peripecias de una manera especial. […]

Los profetas del Antiguo Testamento, p. 44.
_________________________________________

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

20 – Gratitud por fin de cursos
28 de julio-2 de agosto – Escuela Bíblica de vacaciones

3-5 agosto – Campamento infantil

Al orar, Jesús modificó la tradición de su pueblo, L. Cervantes-O.

13 de julio, 2014

En cambio, el recaudador de impuestos, que se mantenía a distancia, ni siquiera se atrevía a levantar la vista del suelo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios! Ten compasión de mí, que soy pecador”. Les digo que este recaudador de impuestos volvió a casa con sus pecados perdonados; el fariseo, en cambio, no. Porque Dios humillará a quien se ensalce a sí mismo; pero ensalzará a quien se humille a sí mismo.
Lucas 18.13-14, La Palabra (Hispanoamérica)

Son muy famosas algunas oraciones judías que destacan por su sexismo (superioridad masculina) y su etnocentrismo (superioridad judía). No vale la pena citar más que la referida por el Señor Jesús en Lucas 18.9-14, pues, en ese caso, su recomendación parte de una realidad sumamente cuestionable: los motivos incorporados al contenido de una oración pretendidamente dirigida al Dios que no discrimina a nadie (así sea un musulmán palestino tachado de “terrorista”[1] y rechazado por “voces evangélicas autorizadas” postradas ante el altar del sionismo más irresponsable y ciego) desnaturalizan por completo el sentido de cualquier plegaria.
Como bien ha señalado Jon Sobrino, Jesús, mediante este contra-ejemplo critica profundamente no solamente el estilo de una oración ligada al fariseísmo (que conoció de primera mano) sino las formas prejuiciadas interiorizadas en las personas y que en las plegarias afloraban de manera clara para mostrar las intenciones del corazón de quienes oraban. Jesús lanza su crítica desde una praxis de fe que rompe diametralmente con esta pseudo-tradición que deformó por completo los propósitos de una oración bien situada ante Dios y ante los demás seres humanos. Aquí estamos ante un severo caso de demostración de la sencilla premisa: “Dime cómo oras y te diré quién eres”, debido al “narcisismo espiritual” practicado por el fariseo, es decir, que una oración así niega “lo que se podría llamar la antropología fundamental de la oración cristiana”.[2] Jesús condena semejante remedo de oración “porque es [una] autoafirmación del ‘yo’ egoísta, y por ello está viciada de raíz”.

En este tipo de oración, falta la necesaria alteridad para que pueda comenzarse el proceso de la oración. En la oración del fariseo el polo referencial no es Dios sino el mismo hombre que pretende rezar. Y mucho menos lo es el otro hombre a quien se desprecia (v. 9); el fariseo llega incluso a dar gracias por no ser como los demás hombres (v. 11). La oración es aquí un mero mecanismo narcisista y gratificante, es autoengaño, como lo desenmascara Jesús al dirigirse “a algunos que estaban muy convencidos de ser justos y despreciaban a los demás” (v. 9). En resumen, falta aquí el fundamento posibilitante de toda oración, es decir, la alteridad, la autocomprensión de quien reza a partir de algo o alguien que no es él mismo.[3]

Jesús recibió el legado de la tradición de su pueblo, lo ejercitó inicialmente y posteriormente se atrevió a modificarlo para instaurar una nueva manera de dirigirse a Dios. Su horizonte inclusivo fue haciéndose cada vez más exigente, al grado de que llegó a incorporar a los seres humanos más indeseables de su época: mujeres de mala fama, funcionarios corruptos, guerrilleros radicales, artesanos ignorantes de la religión, etcétera. Renunció abiertamente a legitimar oraciones excluyentes, nada dignas de figurar como recurso para acercarse al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, a quien ya no se dirigió de esa manera sino casi únicamente como “Padre, papá”, como enseñaría a orar a sus discípulos. Jesús no sólo fue un teórico de la eucologías (estudio de la oración[4]), puesto que en acción buscó el rostro de Dios, en toda circunstancia, en momentos dramáticos y solemnes, alegres y tristes, determinantes y rutinarios. Para él, la oración rebasó siempre los horarios establecidos, las posturas marcadas por reglamento, las fiestas tradicionales o las urgencias más sensibles. El contexto religioso de la oración del fariseo era complejo:

Añade, a la exclusión de pecado, méritos especiales derivados del ayuno y de los diezmos. El ayuno era obligatorio solamente una vez al año, el día de la expiación (Lev 16.22s). Él, como los fariseos más celosos, ayunaban dos veces por semana. Y el ayuno suponía sacrificio: no se podía comer ni beber durante el día. Él se consideraba hombre justo que no necesitaba de purificación, pero era miembro de un pueblo pecador y lo ofrecía para expiar los pecados del mismo y evitar la ira de Dios sobre él. Pagaba, además, el diezmo de cuanto compraba. Esta prescrito el pago del diezmo del trigo, del aceite y del vino a los productores de estos frutos. Pero los fariseos, por si éstos no lo habían pagado, ofrecían el diezmo de su compra para tener seguridad de no haber infringido la ley ni siquiera inconscientemente. Pagaban, además, el diezmo de las legumbres y hortalizas. Cristo los acusará de preocuparse de pagar el diezmo hasta de la menta, el aneto y el comino -plantas insignificantes- y descuidar lo que es más importante en la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto es lo que hay que practicar, les dice, sin descuidar aquello (Mt 23.23).[5]

Para contrarrestar estas tendencias tan extendidas, Jesús funda una “escuela de oración” desde una experiencia de fe que entiende y sabe que Dios está siempre cercano, siempre al lado, y “escondido” también en la figura del prójimo. Des-sacraliza los momentos y el ambiente de la oración para colocarla en la vida humana de todos los días y en cualquier boca sincera capaz de afrontar su propia realidad con certeza y autocrítica, tal como lo hace el recaudador de impuestos. Al guardar una sana distancia con la tradición, Jesús conserva la intencionalidad básica de la oración (buscar a Dios, pedir perdón, esperar apoyo…), pero le agrega un alto sentido de la espontaneidad y reconocimiento de la realidad vivida, primer y seguro paso hacia el reencuentro con el Padre perdonador, que justifica porque ama, y viceversa. Con todo esto, “Lucas ha llevado a cabo una derivación de la misma al campo moral: recomendación de la humildad y condena de la soberbia. En realidad, los fariseos eran orgullosos, consecuencia apenas inevitable de quien confía en sus obras y se siente superior a los demás. Los publicanos, en cambio, eran humillados y despreciados y las personas que se juzgaban decentes evitaban el trato con ellos”.[6]



[1] Cf. Emir Sader, “La soledad de Palestina”, en Página 12, Buenos Aires, 7 de julio de 2014, www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/250421-68754-2014-07-10.html. Cf. J. Saramago, “El factor Dios”, en El País, Madrid, 18 de septiembre de 2001, http://elpais.com/diario/2001/09/18/opinion/1000764007_850215.html, y J. Stam, “¿Tiene Israel un derecho divino sobre el territorio que ocupa?”, en http://juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryID/337/Default.aspx.
[2] J. Sobrino, La oración de Jesús y del cristiano. 3ª ed. Bogotá, Paulinas, 1986, p. 20.
[3] Ibid., pp. 20-21. Énfasis agregado.
[4] Cf. “Eucología”, en www.mercaba.org/LITURGIA/NDL/E/eucologia.htm.
[5] Gabriel Pérez, “Parábola del fariseo y el publicano”, en www.mercaba.org/DJN/F/fariseo_y_publicano_parabola_del.htm.
[6] Idem.

Lucas 18.9-14


La Palabra (Hispanoamérica)
9 A unos que alardeaban de su propia rectitud y despreciaban a todos los demás, Jesús les contó esta parábola:

10 —En cierta ocasión, dos hombres fueron al Templo a orar. Uno de ellos era un fariseo, y el otro un recaudador de impuestos. 11 El fariseo, plantado en primera fila, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque yo no soy como los demás: ladrones, malvados y adúlteros. Tampoco soy como ese recaudador de impuestos. 12 Ayuno dos veces por semana y pago al Templo la décima parte de todas mis ganancias”. 13 En cambio, el recaudador de impuestos, que se mantenía a distancia, ni siquiera se atrevía a levantar la vista del suelo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios! Ten compasión de mí, que soy pecador”. 14 Les digo que este recaudador de impuestos volvió a casa con sus pecados perdonados; el fariseo, en cambio, no. Porque Dios humillará a quien se ensalce a sí mismo; pero ensalzará a quien se humille a sí mismo.

domingo, 6 de julio de 2014

Letra 375, 6 de julio de 2014

SU CONSUELO
Karl Barth, Instantes

“Mi gracia no se ha de apartar de tu lado” (Isaías 54.10)

Esto significa: yo, el Señor, soy bueno contigo. Pero no sólo lo soy desde lejos, sino que yo, el Señor, me dedico a ti, y no lo hago como puro gesto ni con las manos vacías.
Yo, el Señor, cuido de ti; más aún: yo, el Señor, quiero ahora hacerme cargo de tu asunto, del asunto de tu vida, hacerlo mío y, por tanto, hacerlo bueno. ¿Acaso porque eres una gran persona, porque lo has merecido? No, ¡no es por eso!, sino porque yo elijo y quiero hacer uso de la gracia contigo. “Mi gracia” significa: eres un siervo bastante inútil, pero, como tal, quiero tomarte a mi servicio precisamente a ti.
En lo que a mí respecta, eres un amigo de lo más dudoso —¡a menudo, más mi enemigo que mi amigo!—, pero yo quiero ser para ti un buen amigo, el mejor amigo que tienes. Eres un hijo desobediente —¡ah, claro que sí!, todos nosotros somos tan sólo sus desobedientes hijos—, pero yo quiero ser para ti un padre fiel. Esta es la gracia que no ha de apartarse de tu lado. ¿Por qué no? Sencillamente, porque es gracia y, por tanto, no depende en absoluto de ti: porque es mi gracia, no gracia humana, ¡sino de Dios! Por eso no puede apartarse de tu lado, y no se apartará. Puede y debe ser para ti, en buena medida, una gracia rigurosa y estricta, incluso hacerte daño a veces, pero no ha de apartarse de tu lado. Todos sin excepción somos respecto a ella chapuceros desagradecidos, ¡pero no ha de apartarse de tu lado, ni del mío, ni del de todos nosotros!

LA ORACIÓN DE JESÚS Y DEL CRISTIANO (I)
Jon Sobrino

A un nivel descriptivo, la oración puede describirse genéricamente como una de las formas de ponerse en contacto con la divinidad. Tiene que ver, por lo tanto, con la experiencia de sentido, de totalidad, de explicitación de lo que es considerado como último. Se diferencia, en un primer momento, de otras formas de intentar dominar la problemática de sentido, como pudieran ser el discurso racional-analítico sobre la divinidad o la experiencia y actividad praxico-ética. Pero adentrándonos un poco más en la problemática típicamente cristiana de la oración, tenemos que afirmar que su esencia no se va a deducir de lo que histórica, antropológica o fenomenológicamente se entiende por oración en la historia de las religiones. La oración cristiana no presupone simplemente el contacto con la divinidad o con el absoluto, sino con el Padre de Jesús. Por tanto la oración cristiana ha de tener la originalidad de la misma fe cristiana.
Desde esta perspectiva, en el trasfondo de este trabajo late el deseo de dar respuesta a las siguientes preguntas: Si el Reino de Dios es el horizonte último de cualquier realidad cristiana, ¿qué puede significar "oración por el Reino" (igual que decimos "celibato por el Reino")? Si la última experiencia de sentido, la misma gratuidad cristiana se hace real en último término en el hacer ¿qué puede significar "contacto con Dios" en la oración? Si el cristiano está siempre en camino al Padre, si Dios no es todavía todo en todo ¿qué puede significar la búsqueda de la voluntad de Dios en la oración, en contraposición a la posesión de Dios que parece implicar el "contacto con Dios"? Si el cristiano llega a serlo en la realización del Reino de Dios ¿cómo se puede distinguir la generalización de que toda la vida es oración, de la adversación de que nada es oración?

La oración de Jesús
Vamos a presentar un muy breve resumen, y limitado a los sinópticos, para obtener al menos los criterios fundamentales de lo que ha de ser la oración cristiana.

Lo que Jesús condena de la oración concreta de su pueblo

1: Narcisismo espiritual. (El fariseo y el publicano. Lucas 18.11). Aparece aquí a través de su negación lo que es la antropología fundamental de la oración cristiana. Jesús condena la autoafirmación del yo egoísta que vicia de raíz la oración al negar la alteridad del otro. Para el fariseo, el polo referencial no es Dios, ni el otro hombre, sino él mismo. Falta el fundamento que haga posible la oración: la auto-comprensión a partir de algo o alguien que no sea uno mismo.
2. Falta de pobreza ante Dios: (“Cuando oréis no seáis como los hipócritas...”, Mateo 6.5). La oración supone la actitud de pobreza teológica ante Dios, mientras que aquí es expresión de la propia grandeza; no se es honradamente humilde en un campo donde esto es indispensable.
3. Palabrería. (“Y al orar no charléis mucho...”, Mateo 6.7). Es una crítica al fatigare deos de los paganos. Condena el intento de llegar a Dios a través de aquello que es lo menos profundo de la persona. Falta la confianza radical, presupuesto indispensable de la oración, y hay una sacralización de las fórmulas de oración a las que parece se quiere conceder una autonomía absoluta. En cambio, en la oración, de lo que se trata es de encontrar aquello que el Padre ya sabe, y lo que hay que pedir es que se nos vaya revelando esta voluntad. Por esto la petición fundamental sólo puede ser "hágase tu voluntad".
4. Instrumentalización espiritualista alienante. (“No todo el que me diga ‘Señor, Señor’"..., Mateo 7.21). Esta oración es criticada porque no es expresión de una praxis ni la acompaña. El texto da una primacía a la praxis sin la cual no hay el material sobre el cual versar una experiencia cristiana de sentido.
5. Instrumentalización opresora. (Los escribas que devoran los bienes de las viudas so capa de largas oraciones..., Marcos 12.40). Se ataca una oración que se ha convertido en mercancía. El presupuesto de la condena es la opresión de las viudas -símbolo bíblico del desamparado y oprimido- por medio de la oración, que es aquello que es el acceso a Dios. Es la total perversión del culto: los escribas con pretexto de largas oraciones se comen las haciendas de las viudas.

Valgan estas citas para afirmar que Jesús no es un ingenuo respecto a la oración, ni le concede tal autonomía que haga que un mecanismo de oración sea ipso facto un mecanismo salvífico. A partir de esta crítica negativa, podremos comprender mejor qué fue positivamente la oración para Jesús.

Jesús practica la oración
Ante todo, hay que afirmar que Jesús hizo oración y que ésta tuvo gran importancia en su vida, y que los sinópticos diferencian claramente la actividad analítica y reflexiva de Jesús de lo que propiamente se puede llamar oración. Podemos considerar tres niveles en su oración. Ante todo la típica del judío piadoso, de la cual encontramos textos aquí y allá a lo largo de todo el evangelio. Ahora nos fijaremos más  detenidamente en un segundo nivel: la oración personal de Jesús en los momentos de tomar decisiones; y en un tercer nivel: la oración en la que Jesús concentra lo más profundo de su vida.

a) Oración personal en el momento de tomar decisiones. Toda la vida de Jesús se realiza en un clima de oración. Su vida pública comienza con la oración en el bautismo, el cual es interpretado como la toma de conciencia de Jesús sobre su misión, sobre aquello que va a totalizar y polarizar su vida. Termina con una oración - la del huerto-, expresada diversamente como oración de angustia y esperanza, pero en definitiva como relación explícita al Padre. Entre uno y otro momento los evangelios están jalonados de innumerables alusiones a la oración de Jesús. Antes de tomar decisiones importantes: elección de los Doce (Lc 6.12), al enseñar el Padrenuestro (Lc 11.1), antes de curar al niño epiléptico (Mr 2.29). Jesús ora por personas concretas: por Pedro (Lc 22.22), por sus verdugos (Lc 23.24). Alude a la oración en ocasiones históricas, como cuando afirma que cierta clase de demonios no se expulsan sin la oración (Mr 9.29), o cuando la relaciona con la convicción de la fe (Mr 11.23). La oración era algo habitual en Jesús y así lo reconoce Lucas cuando en un sumario, es decir en los versículos donde concentra la actividad de Jesús, afirma que "...numerosa multitud afluía para oírle y ser curados... Pero él se retiraba a los lugares solitarios" (Lc 5.15s). Jesús ora en situaciones históricas concretas de importancia, más allá de las oraciones cúlticas de su pueblo.

b) Oración en la que concentra lo más profundo de su vida, en momentos cruciales de su existencia. En ellos, recoge el sentido último de su persona, actividad y destino ante el Padre. Los dos pasajes principales son la oración de acción de gracias y la oración del Huerto.

·       Oración de acción de gracias. "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños" (Mt 11.25; Lc 10.21). La formulación de esta oración hay que entenderla en el trasfondo apocalíptico de comunicación de la revelación, cuyo contenido es el Reino de Dios. Jesús ha hecho la experiencia de no ser aceptado por los grandes y en este contexto de gracias al Padre porque son los "pequeños" los que han comprendido. Se alegra sencillamente de que el Reino de Dios se realice entre los pequeños. Esta acción de gracias aparece en un contexto dialéctico y polémico. Se ha hecho posible lo que parecía imposible: han comprendido no aquellos que parecían poder comprender —los sabios— sino aquellos que parecían no poder comprender -los pequeños-. Se introduce en la oración el elemento de escándalo que se repite constantemente en los evangelios, y que es imprescindible para acceder al Padre de Jesús, y no a cualquier divinidad.
En esta oración, aparece el Padre como el último horizonte de la persona y la actividad de Jesús. Este horizonte de trascendencia —Padre— no se describe abstractamente, es un Dios parcial hacia los pequeños, alejado de una divinidad igualmente cercana o lejana a todos los hombres. Es un Dios con una voluntad determinada que debe buscarse y cumplirse: "Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito".

Es una oración que recoge una profunda experiencia de sentido. Ora después de. Su actividad histórica, en medio del conflicto que la origina, consciente de la división que su misión ha ocasionado. Y, en esta situación, se dirige al Padre para darle gracias porque algo inesperado y maravilloso se ha realizado. Es, por tanto, la expresión de un momento denso, de una de las experiencias fundamentales de sentido: el dar gracias, el saberse referido a alguien a quien poder agradecer. No es, por tanto, la repetición mecánica de fórmulas, sino la expresión de una profunda experiencia de sentido.

Actividades

OREMOS POR LOS PLANES Y ACTIVIDADES DEL MES DE JULIO

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 8 de julio, 19 hrs.
Modera: Hna. Ruth Gleason

Llamamiento: Isaías 1.1-9
Oración de ofrecimiento
Himnos: “Gloria, gloria, aleluya” (5)
               “Santo Espíritu, dirige” (272)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Isaías 6
Tema: El Dios de los profetas (III)
Himno: “Cuando lo anhelo más” (351)
Ofertorio
Bendición pastoral

EL DIOS DE LOS PROFETAS (III)
Louis Monloubou

Los dos, tanto Amós como Oseas, hablan del Dios santo; pero si Amós menciona la santidad de Dios, es para deducir de ella la certeza de un juicio insoslayable (Am 4.2). Al revés, Oseas ve en el Dios santo al que, siendo radicalmente distinto de los hombres, no puede participar de sus deseos de venganza, de sus manías destructoras; al que no puede menos de perdonar y de salvar (Os 11.9). Como acabamos de sugerir, el calificativo de «santo» debía ser inicialmente el que celebraba al dios venerado en el antiguo santuario jebuseo de Sión, el dios llamado Elyón: el Altísimo. Este calificativo se transfirió luego al Dios de los israelitas, a quien David y su corte atribuían complacidos las características más nobles de la divinidad cananea.

El contenido de este título “santo” resulta especialmente sutil: capaz de unir unas potencialidades que nos parecen contradictorias, resulta sin embargo accesible cuando se le ilustra con el tema del fuego, de ese fuego cósmico en concreto que es la tempestad. Por otra parte, los mismos fieles se complacían en utilizar esta metáfora tan sugestiva del fuego. El c. 6 de Isaías, o el Salmo 97, son buenos ejemplos de ello.

El fuego es algo que no se puede tocar, que nadie se atreve a tocar. Así, del fuego del Sinaí tenía que alejarse el pueblo. Porque el fuego es destructor; es también terrible, inaccesible. Sin embargo, el fuego sirve al hombre. La tempestad que aterra a los humanos con su brutalidad, que conmueve los cedros y derriba a los ciervos (Sal 29), trae también la lluvia que fertiliza y calma la sed.

De este modo, con el fuego, lo que destruye hace también vivir; lo intocable se ha hecho familiar. La santidad de Dios es análoga a esa realidad polimorfa. No es posible acercarse a ese Dios santo y terrible (Ex 3.5), que en ocasiones puede ser destructor (2 Sm 6.6-8). De este sentido de la santidad divina es de donde se deriva la frase de Amós citada anteriormente o también la exposición isaiana (Is 6.11-15), que anuncia precisamente la destrucción del pueblo por el fuego (véase también Ez 43.4-9; 44.23; etc.). […]
Los profetas del Antiguo Testamento, p. 43.
_________________________________________

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

JULIO: UNA ORACIÓN PARTICIPATIVA.
CÓMO ORABA JESÚS DE NAZARET

13 – Conferencia sobre Rubén Jaramillo
20 – Gratitud por fin de cursos

28-2 ago. – Escuela Bíblica de vacaciones

La oración de Jesús, oración del Reino

6 de julio de 2014

En aquel mismo momento, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: —Padre, Señor del cielo y de la tierra, te alabo porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos. Sí, Padre, así lo has querido tú.
Lucas 11.21, La Palabra (Hispanoamérica)

El asunto central que debería destacarse a la hora de abordar la oración de Jesús de Nazaret, situada en el tiempo y en el espacio de lo que hoy denominamos “primer siglo de la era cristiana”, es el horizonte espiritual y teológico desde el cual surgió: estamos ante un profeta apocalíptico que subrayó en su vida y mensaje la inminencia, la cercanía, del Reino de Dios ante la cual lo único que permitiría responder a sus exigencias era el arrepentimiento y el cambio radical de mentalidad. Semejante trasfondo presidió todo lo que hacía, particularmente los momentos en los que, según los Evangelios, asumió con enorme humildad y perseverancia la tarea humana de la oración dentro de los marcos de la religiosidad de su pueblo y de su época. Eso significaba que aprendió desde la infancia las prácticas judías y el lenguaje con que se expresaba la oración, aunque progresivamente manifestaría la manera en que, precisamente por su horizonte de fe y misión, le otorgaría a ella un nuevo carácter y propósito hasta tal punto que modificaría profundamente su orientación como parte de la experiencia espiritual.
Y es que Jesús se situó ante la práctica que conoció de manera sumamente crítica, pues como ha demostrado Jon Sobrino, su percepción radical de la relación con Dios puso en entredicho diversos excesos y limitaciones en la manera de orar de sus contemporáneos. Y puso el dedo en la llaga para recomponer la forma y el fondo con que debe realizarse la oración si es que ha de colocarse en el mismo horizonte suyo, el de la espera militante de la presencia efectiva del Reino de Dios en el mundo y el impacto de esa crítica llega hasta hoy: “Hay que considerar también la desmitificación que Jesús hace de la oración concreta y los peligros, inherentes históricamente a la oración, que observa y denuncia”.[1] Sobrino enumera cinco vicios en la oración: el primero es el “narcisismo espiritual”, es decir, la negación básica de la razón de ser de la oración. El contraejemplo es la historia del fariseo y el publicano (Lc 18.9-14), en la que “Jesús condena la autoafirmación del yo egoísta que vicia de raíz la oración al negar la alteridad del otro. Para el fariseo, el polo referencial no es Dios, ni el otro hombre, sino él mismo. Falta el fundamento que haga posible la oración: la auto-comprensión a partir de algo o alguien que no sea uno mismo”.[2]
El segundo vicio es la falta de pobreza ante Dios, Aquí el señalamiento es muy claro: “Cuando oren no sean como los hipócritas” Mt 6.5), pues “la oración supone la actitud de pobreza teológica ante Dios, mientras que aquí es expresión de la propia grandeza; no se es honradamente humilde en un campo donde esto es indispensable”. En la oración, la desnudez existencial de la vida humana aflora al máximo al tener que reconocer la precariedad permanente que la define. El siguiente vicio es la palabrería, la verborrea: “Y al orar no se pongan a repetir palabras y palabras...”, Mateo 6.7)”: “Es una crítica al fatigare deos [cansar, agobiar a la divinidad] de los paganos. Condena el intento de llegar a Dios a través de aquello que es lo menos profundo de la persona. Falta la confianza radical, presupuesto indispensable de la oración, y hay una sacralización de las fórmulas de oración a las que parece se quiere conceder una autonomía absoluta”.[3] Porque, en la oración “de lo que se trata es de encontrar aquello que el Padre ya sabe, y lo que hay que pedir es que se nos vaya revelando esta voluntad”.
La cuarta limitación es la “instrumentalización espiritualista alienante” ejemplificada con la frase: “No todo el que me diga ‘Señor, Señor’"..., Mt 7.21). “Esta oración es criticada porque no es expresión de una práctica ni la acompaña. El texto da una primacía a la práctica, sin la cual no hay material sobre el cual versar una experiencia cristiana de sentido”. Finalmente, se ocupó de la “instrumentalización opresora”, como cuando los escribas devoraban los bienes de las viudas “bajo el pretexto de largas oraciones...”, Mr 12.40. “Se ataca una oración que se ha convertido en mercancía. El presupuesto de la condena es la opresión de las viudas —símbolo bíblico del desamparado y oprimido— por medio de la oración, […] que es el acceso a Dios. Es la total perversión del culto…”.
En contraste, Jesús practicó una oración responsable, respetuosa del misterio de Dios, anclada en una aceptación reflexiva de la voluntad divina que se le iba manifestando en los procesos que vivió. Jesús criticó la oración, pero la practicó de manera alternativa y podría decirse que:

Toda la vida de Jesús se realiza en un clima de oración. Su vida pública comienza con la oración en el bautismo, el cual es interpretado como la toma de conciencia de Jesús sobre su misión, sobre aquello que va a totalizar y polarizar su vida. Termina con una oración - la del huerto-, expresada diversamente como oración de angustia y esperanza, pero en definitiva como relación explícita al Padre. Entre uno y otro momento los evangelios están jalonados de innumerables alusiones a la oración de Jesús.[4]

La oración de acción de gracias de Lucas 10.21 es un modelo de concisión y profundidad ante las acciones de Dios mediante sus discípulos. Sobrino la explica minuciosamente desde su marco apocalíptico, primero:

La formulación de esta oración hay que entenderla en el trasfondo apocalíptico de comunicación de la revelación, cuyo contenido es el Reino de Dios. Jesús ha hecho la experiencia de no ser aceptado por los grandes y en este contexto de gracias al Padre porque son los "pequeños" los que han comprendido. Se alegra sencillamente de que el Reino de Dios se realice entre los pequeños. Esta acción de gracias aparece en un contexto dialéctico y polémico. Se ha hecho posible lo que parecía imposible: han comprendido no aquellos que parecían poder comprender —los sabios— sino aquellos que parecían no poder comprender los pequeños. Se introduce en la oración el elemento de escándalo que se repite constantemente en los evangelios, y que es imprescindible para acceder al Padre de Jesús, y no a cualquier divinidad.

Además, la persona del Padre es la referencia absoluta de su vida, pensamiento y acción. El perfil del Padre es nítido y convincente: “En esta oración, aparece el Padre como el último horizonte de la persona y la actividad de Jesús. Este horizonte de trascendencia —Padre— no se describe abstractamente, es un Dios parcial hacia los pequeños, alejado de una divinidad igualmente cercana o lejana a todos los hombres. Es un Dios con una voluntad determinada que debe buscarse y cumplirse: ‘Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito’”. Las acciones de Dios motivan su exaltación de espíritu y su regocijo: “Ora después de. Su actividad histórica, en medio del conflicto que la origina, consciente de la división que su misión ha ocasionado. Y, en esta situación, se dirige al Padre para darle gracias porque algo inesperado y maravilloso se ha realizado. […] No es, por tanto, la repetición mecánica de fórmulas, sino la expresión de una profunda experiencia de sentido”.



[1] J. Sobrino, La oración de Jesús y del cristiano. 3ª ed. Bogotá, Paulinas, 1986, p. 19. Cf. J. Sobrino, “La oración de Jesús y del cristiano”, en Selecciones de Teología, vol. 18, núm. 71, 1979, www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol18/71/071_sobrino.pdf.
[2] Ibid., p. 20.
[3] Ibid., p. 21. Cf. P. Veyne, El imperio romano, cit. por Xabier Basurko, Historia de la liturgia. Barcelona, Centre de Pastoral Litúrgica, 2006, p. 24: “Era usual no dejar tranquilos a los dioses, tratar de cansar a fuerza de oraciones su altanera indiferencia de patronos (fatigare deos)”. Nota 6: “La réplica evangélica al fatigare deos se encuentra en Mt 6.7”.
[4] Ibid., p. 27.

Lucas 10.17-24


La Palabra (Hispanoamérica)

17 Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre! 18 Jesús les contestó: —He visto a Satanás que caía del cielo como un rayo. 19 Les he dado a ustedes autoridad para que pisoteen las serpientes, los escorpiones y todo el poder del enemigo, sin que nada ni nadie pueda dañarlos. 20 Pero, aun así, no se alegren tanto de que los espíritus malignos los obedezcan como de que los nombres de ustedes estén escritos en el cielo.
21 En aquel mismo momento, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: —Padre, Señor del cielo y de la tierra, te alabo porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos. Sí, Padre, así lo has querido tú. 22 Mi Padre lo ha puesto todo en mis manos y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; y nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera revelárselo.
23 Luego se volvió hacia sus discípulos y les dijo aparte: —¡Felices los que puedan ver todo lo que ustedes están viendo! 24 Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; y oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

Programa de julio

TEMA SEMESTRAL: UNA ORACIÓN PARTICIPATIVA
Tema: CÓMO ORABA JESÚS DE NAZARET

I. Domingos, 10.30 hrs.

6: La oración de Jesús, oración del Reino
Lectura bíblica: Lucas 10.17-24
Expositor: LCO
Dirige: A.I. Angelita Martínez L.

13: Jesús modificó la tradición de su pueblo
Lectura bíblica: Lucas 18.9-14
Expositor: LCO
Dirige: Hno. David Ábrego

20: La oración del Señor: modelo de relación con Dios
Lectura bíblica: Mateo 6.5-15
Expositora: A.I. Edith Martínez Vázquez
Dirige: Hna. Nelly Arroyo

27: Orar en el espíritu de Jesús
Lectura bíblica: Lucas 11.1-13
Expositor: LCO
Dirige: Hno. Genaro Barnard

II. Domingos, 17.30 hrs.

6: Reunión de Consistorio

13: Conferencia sobre Rubén Jaramillo, Alan Sánchez Cruz, 17.30 hrs.

27: 5º Taller bíblico: “Jueces 19: violencia de género, una realidad bíblica”

II. Martes, 19.00 hrs.

Tema general: El profetismo bíblico: cumbre de la religión antigua

1: El Dios de los profetas (II): el Dios de la relación (Amós 9.5-15)
Modera: Mauricio Magallanes

8: El Dios de los profetas (III): el Dios santo (Isaías 6)
Modera: Hna. Ruth Gleason

15: La justicia de Dios (Ezequiel 33.10-20)
Modera: D.I. Odilón Arellano

22: Las vicisitudes de la palabra (Jeremías 36.1-20)
Modera: A.I. Angelita Martínez

29: Los profetas interpretan la historia: Isaías (Isaías 8.1-10)

Modera: A.I. Lauro Adame

domingo, 29 de junio de 2014

Letra 374, 29 de junio de 2014

SU PRESENCIA
Karl Barth, Instantes

Dice Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28.20)

Jesucristo es inseparable de los suyos. Él es el que es, en cuanto que está en medio de ellos: es el centro salvador e iluminador en virtud del cual ellos constituyen el círculo salvado e iluminado por él. No es posible, pues, que el ejercicio de nuestra libertad tenga lugar en un campo en el que nuestra relación con Jesucristo quede reducida a un puro mirar retrospectivo y a una perspectiva sobre su presencia pasada y futura.
En especial, es imposible tomar en consideración que Jesucristo pudiera depender, siquiera provisionalmente, de su sustitución por un cristianismo todo lo digno que se quiera. El ser humano no está, pues, abandonado a sí mismo, sino frente al reconciliador que vuelve —también aquí y ahora— con su libertad superior, y precisamente en esta confrontación es también sostenido, arropado, consolado, nutrido y acompañado en todos sus problemas.
Al venir a nuestro encuentro en medio de nuestro hoy, está con nosotros todos los días, es la esperanza de todos nosotros. Nuestro día de hoy es también, con toda seguridad, un día de Jesucristo vivo. Puede ser, por tanto, que el día en que pecamos sea también un día en el que la tierra esté cubierta de sufrimiento, un día del diablo y de los demonios. Pero lo decisivo es que también es un día de Jesucristo. Él, más cercano que cualquier otro ser humano, es el más próximo (prójimo) a todo hombre, el samaritano misericordioso de todos nosotros. Su hoy es realmente el nuestro; nuestro hoy, el suyo.

_________________

PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS Y SALVACIÓN

1. Evidencia bíblica

El quinto de los famosos “cinco puntos del calvinismo”, también llamado preservación, seguridad eterna y la doctrina de “una vez salvo, siempre salvo”, mejor expresada como la “perseverancia de Dios con los santos”. Afirma que a quien Dios regenera seguramente no permitirá que caiga de nuevo en la perdición sino que permanecerá en el poder de Dios hasta su salvación eventual. Esto no excluye la posibilidad de serios contratiempos que pueden requerir severos castigos por parte de Dios, como sucedió con el monstruoso pecado de David “en el caso de Urías, el heteo” (I R 15.5). Esta perspectiva se apoya en varios pasajes bíblicos como:

·       Juan 6.37, 39, 40, 44, 47, 51, 54, 56, 58
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. […] Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. […] Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. […] De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. […] Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. […] El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. […] El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. […] Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
·       Romanos 11.29: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
·       Romanos 14.4: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
·       I Corintios 1.8-9: …el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
·       Filipenses 1.6: …estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo…
·       I Pedro 1.3-5; 5.6-10: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. […]
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
·       Judas 1.24: Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría…

Dado que estos textos enfatizan la acción de Dios para salvaguardar a sus hijos/as más que la propia acción humana para mantenerse firmes y unidos a Dios, es apropiado hablar de la perseverancia de Dios con los santos, pues expresa lo que sucede mejor que los demás términos. Quizá el más fuerte de los pasajes sea Juan 10.28, adonde resulta claro que la mano del pastor prevendrá que una oveja sea arrebatada y no permitirá que ellas sean retiradas (¡y ninguna perecerá!). Un pastor que explicara la pérdida de algunas ovejas por la excusa: "Se fueron por su propia voluntad", ¡sería declarado seriamente como delincuente!

2. La tradición reformada: J. Calvino, Institución de la Religión Cristiana

El único remedio es que Dios regenere nuestros corazones y nuestro espíritu
Es menester considerar, por el contrario, cuál es el remedio que nos aporta la gracia de Dios, por la cual nuestra natural perversión queda corregida y subsanada. Pues, como el Señor, al darnos su ayuda, nos concede lo que nos falta, cuando entendamos qué es lo que obra en nosotros, veremos en seguida por contraposición cuál es nuestra pobreza.
Cuando el apóstol dice a los filipenses que él confía en que quien comenzó la buena obra en ellos, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1.6), no hay duda de que por principio de buena obra entiende el origen mismo y el principio de la conversión, lo cual tiene lugar cuando Dios convierte la voluntad. Así que Dios comienza su obra en nosotros inspirando en nuestro corazón el amor y el deseo de la justicia; o, para hablar con mayor propiedad, inclinando, formando y enderezando nuestro corazón hacia la justicia; pero perfecciona y acaba su obra confirmándonos, para que perseveremos. Así pues, para que nadie se imagine que Dios comienza el bien en nosotros cuando nuestra voluntad, que por sí sola es débil, recibe ayuda de Dios, el Espíritu Santo en otro lugar expone de qué vale nuestra voluntad por sí sola. "Os daré" dice Dios, "corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré en vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos” (Ez.36.26-27).
¿Quién dirá ahora que simplemente la debilidad de nuestra voluntad es fortalecida para que pueda aspirar eficazmente a escoger el bien, puesto que vemos que es totalmente reformada y renovada? Si la piedra fuera tan suave que simplemente con tocarla se le pudiera dar la forma que nos agradare, no negaré que el corazón del hombre posea cierta aptitud para obedecer a Dios, con tal de que su gracia supla la imperfección que tiene. Pero si con esta semejanza el Señor ha querido demostrarnos que era imposible extraer de nuestro corazón una sola gota de bien, si no es del todo transformado, entonces no dividamos entre Él y nosotros la gloria y alabanza que Él se apropia y atribuye como exclusivamente suya. (II, iii, 6)

El llamamiento eficaz implica la perseverancia final
Mas puede que alguno diga que debemos estar solícitos y acongojados por lo que en el futuro nos pueda acontecer. Porque así como san Pablo dice que Dios llama a aquellos que ha escogido (Ro 8.30), también el Señor prueba que “muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mt. 22.14); y el mismo san Pablo en otro lugar nos exhorta a estar seguros: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (I Co 10.12). Y: “Tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme” (Ro 11.20). Finalmente, la experiencia misma muestra suficientemente que el llamamiento y la fe sirven de muy poco, si juntamente no hay perseverancia, la cual se nos da a todos.
Pero Cristo nos ha librado de esta solicitud. Porque sin duda estas promesas se refieren al futuro: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene no le echo fuera”. Y: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ye al Hijo y cree en él, tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día postrero” (Jn. 6.37, 40). Igualmente: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy la vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Jn 10.27-29). Y cuando dice que toda planta que su Padre no plantó será arrancada (Mt 15.13), prueba por el contrario, que es imposible que los que han echado vivas raíces en Dios puedan ser arrancados de Él.

Está de acuerdo con ello lo que dice san Juan: “Si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros” (I Jn 2.19). Y ésta es la razón por la que san Pablo se atreve a gloriarse frente a la muerte y la vida, frente a lo presente y lo por venir (Ro 8.38); gloria que debe estar fundada sobre el don de la perseverancia. Y no hay duda que se refiere a todos los elegidos al decir: “El que comenzó en vosotros la obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1.6). Y David, cuando titubeaba en la fe, se apoyaba en este fundamento: “[Señor], no desampares la obra de tus manos” (Sal. 138.8). Y el mismo Jesucristo, cuando ora por los elegidos no hay duda de que en su oración pide lo mismo que pidió por san Pedro; a saber, que su fe no falte (Lc 22.32). De lo cual concluimos que están fuera de todo peligro de apartarse por completo de Dios, puesto que al Hijo de Dios no le fue negada su petición de que sus fieles perseverasen constantes. ¿Que nos quiso enseñar Cristo con esto, sino que confiemos en que seremos salvos para siempre, puesto que Él nos ha recibido por suyos? (III, xxiv, 6)

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...