domingo, 22 de enero de 2017

Actividades

TODOS ESTÁN INVITADOS AL TALLER BÍBLICO-DOCTRINAL DE HOY A LAS 17.30 HRS.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 24 de enero, 19 hrs.
Modera: A.I. Rubén Núñez C.

Llamamiento: Salmo 24
Oración de ofrecimiento
Himno: “Bellas palabras de vida” (13)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Jeremías 29.1-23
Tema: Carta de Jeremías
Himno: “A cada instante” (360)
Ofertorio
Bendición pastoral


CARTA A LOS JUDÍOS DEPORTADOS
José María Ábrego de Lacy

J
eremías aparece enviando una carta a los judíos que están exiliados en Babilonia desde el año 609 a. C. (Jr 29,4-23). En primer lugar, se relatan las circunstancias históricas (Jr 29,1-3) y al final las reacciones que provoca (Jr 29,24-32).
En Jr 29.1-3 el pueblo está dividido en dos grupos: el rey Jeconías y los notables están sufriendo el exilio; la mayoría sigue en Jerusalén con el rey Sedecías (Jr 29.16). Aquellos desean volver pronto; éstos se sienten protegidos por el Señor. Entre ambos grupos debía existir algún tipo de comunicación habitual (Jr 29.3, 24-25). Jeremías lo aprovecha para anunciar su mensaje y cambiar actitudes.
En Jr 29,4-23 el mensaje de Jeremías es positivo para quienes están en Babilonia (Jr 29.4-14) y negativo para quienes siguen en Jerusalén (Jr 29.16-20). Pero resulta paradójico. El judío desterrado odia a Babilonia y espera u n cambio de su situación que suceda pronto. Jeremías saca otras consecuencias desde la fe: deben bendecir a Babilonia como instrumento del plan de Dios (Jr 29.7, invitación de una dureza notable, comparada con Sal 122), buscar al Señor más que a Jerusalén (Jr 29.13-14) y esperar en el cambio de situación, aunque no sucederá pronto (Jr 29.4-6.10). No deben alegrarse de tener entre ellos profetas que alimenten sus vanas esperanzas (Jr 29.15). Son profetas de mentira que el Señor no ha enviado (Jr 29.8- 9) y sufrirán las consecuencias de su arrogancia (Jr 29.21-23). Su alegría debe basarse en los planes del Señor, que en definitiva son planes de dicha y esperanza (Jr 29.11). "Construir y plantar" (Jr 29.5; 1.10) adquieren sentido real, aunque paradójico, en el mensaje de Jeremías. Quienes están en Jerusalén no deben creerse mejores, ni sentirse seguros: son como higos podridos (Jr 29.17; 24.8-10).
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES


29 – Clase unida sobre evangelización / 16.30 Reunión de la CMIRP, Iglesia Antioquía, Samuel Gompers 37, col. Jacarandas

Relaciones humanas en la iglesia (I): perspectiva doctrinal


22 de enero, 2017

Además, les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo.
Mateo 18.19, Nueva Versión Internacional

La vida en comunidad normada por el amor de Dios
“Los seguidores/as de Jesús deben vivir en comunidad su fe en el Dios de la vida”,[1] lo cual los lleva a experimentar una vida comunitaria que exige plantear y replantear continuamente el tipo de relaciones humanas que deben prevalecer. Éstas no son tan distintas a las que rigen en el mundo, excepto porque toda iglesia afirma que su existencia y práctica se basa en la preeminencia del amor divino en su seno. Todas las situaciones que acontecen en su interior se supone que están regidas por ese amor, lo que convierte a cada comunidad cristiana en una especie de laboratorio humano del amor de Dios revelado en Jesucristo.
El amor en la comunidad cristiana es una de las realidades obligadas de la fe para que cualquier comunidad de fe pueda definirse como tal. “El amor libre y gratuito de Dios, corazón de la revelación bíblica, es el fundamento y el sentido último de la comunidad de discípulos de Jesús; ésta debe ser expresión de ese amor en la historia”.[2] Ésa fue la intención de Jesús al delinear la necesidad de formar una comunidad desde el interior de una nación antigua que debía recuperar el sentido original de su existencia porque había dejado de realizarlo en la historia. Jesús formó una comunidad nueva de discípulos en la que desarrolló, sobre todas las cosas, la regla de la igualdad, la humildad y el amor mutuo, tal como se desprende de los primeros versículos de Mateo 18, el cual es todo un tratado al respecto. Posteriormente, en 20.26-27 (siguiendo a Mr 10.43-45) estableció con mayor claridad el “estatuto político” de la comunidad cristiana: si en el mundo hay superioridad entre las personas, en ella “el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás”.
En la comunidad cristiana no hay lugar para la alcurnia de ninguna clase. De ahí que se necesiten normas o un conjunto de doctrinas para regir la convivencia humana en la iglesia. La comunidad mateana no dejó de atender ese aspecto: “Mateo está atento a la riqueza, pero también a las dificultades de esa convivencia; al recordarlo reflexiona la experiencia eclesial que sustenta su evangelio. Por ello da normas muy precisas para ese compartir”.[3] El criterio formal que asume Mateo 18 es el de la atención a “los más pequeños” (vv. 6-9). De hecho, ése es un principio social y político actual que permite valorar el avance de una sociedad, según trate a las minorías o grupos vulnerables. “El mayor en el Reino es el menor en este mundo, el despreciado. Aquellos que siguen esta norma de conducta no deben preocuparse más por saber quién es ‘el más grande’ en la comunidad cristiana, en la Iglesia. Colocando al niño ante sus discípulos, Jesús le quita el piso a esa inquietud desorientadora”.[4]
Gustavo Gutiérrez, al analizar el pasaje, afirma: “La parábola [de la oveja perdida] recuerda cuál debe ser la prioridad pastoral de la ekklesia: los pequeños. No sólo no escandalizarlos [v. 10], se debe también ir en busca de ellos [vv. 11-14]. Si bien la Iglesia debe cuidar de los que están dentro de ella, es imperativo igualmente ir más allá de sus fronteras”.[5] La enseñanza, así, tiene un claro sesgo misionero: “La Iglesia es misión, Jesús es pastor universal”, el mundo era su parroquia.

Amor al hermano y disciplina eclesial
“Si tu hermano peca contra ti…” (18.15a): esta frase marca la presencia del realismo en las relaciones humanas en la iglesia, pues más allá de reconocer la psicología del pensamiento subjetivo de cada persona (y que, además, lo hace muy bien: todos nos sentimos los agraviados, no los ofensores…), se avanza en el análisis práctico de las relaciones humanas concretas, pues los desafíos para la sobrevivencia histórica de la comunidad cristiana en medio del mundo son enormes: tenemos que lidiar con las mismas contradicciones presentes por todas partes y darles un “cauce cristiano” para que las cosas no vayan al traste. Y Mateo 18.15-20 esboza principios muy sólidos, tal como los enumera Gutiérrez y que podemos enunciar en orden:

a) “La vida en comunidad no puede basarse en actitudes fáciles y componedoras.
b) El amor cristiano rechaza el amiguismo que se traduce en una especie de coexistencia pacífica.
c) Nada más lejos de una auténtica comunidad, ésta supone fraternidad, pero también exigencia mutua”.[6]

La iglesia nunca debe olvidar que “está formada por justos y pecadores, o más exactamente por personas que son las dos cosas a la vez”, tal como decía Lutero, justos y pecadores al mismo tiempo. El acento ahora está puesto en la vida dentro de la comunidad. “Es conveniente proceder por etapas que protejan al hermano en dificultad y eviten toda precipitación. Tal vez haya en esto una polémica contra el rigorismo que se vivía en ese entonces en la sinagoga judía”. Lo primero de todo es que debe “buscarse ganar al hermano” (15a). Se trata de un discreto, pero eficaz, tú a tú, un diálogo directo que aclare situaciones y malos entendidos. “Si esto no da resultado el asunto debe comprometer a otros miembros de la comunidad [Dt 19.15] porque es ella la que está en cuestión. Si la nueva exhortación es desoída será necesario apelar a la comunidad, la ekklesia dice el texto explícitamente (cf. v. 17). Hemos llegado a la última instancia”.
Las lecciones del pasaje son profundas y constituyen todo un camino

El v. 18 deja el esquema del procedimiento para el tratamiento de estos casos (que ha seguido una pauta de severidad creciente) y dar el fundamento de estas reglas disciplinarias: lo que se ate o desate en la tierra, lo será igualmente en el cielo. La actitud frente al hermano equivocado no es simplemente una cuestión de oportunidad, ni se limita a una opinión humana; es una exigencia que viene de lejos, ella expresa la vocación y el papel de la Iglesia en la historia humana. Se trata de una autoridad acordada a toda la Iglesia, pero de la que ella no puede hacer uso sino con delicadeza, persuasión y diálogo fraterno.[7]

El siguiente y definitivo paso es aprender a perdonar continuamente las ofensas para así confirmar el postulado absoluto de la vida en comunidad: que Jesús se mueve en medio de ella, porque, como concluye Gutiérrez: “Perdonar es dar vida, eso debe caracterizar a la asamblea de los seguidores de Jesús. Negarse a hacerlo, ilimitadamente, es negarse a creer en el Dios de la vida, que como lo dice la Biblia repetidamente, perdona y olvida el pecado. […] En efecto, el basamento del perdón está en el amor gratuito de Dios que todos estamos llamados a poner en práctica”.[8]





[1] Gustavo Gutiérrez, “Gratuidad y fraternidad: Mateo 18”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 27, 1997, p. 78, http://claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2/17-ribla#26-38.
[2] Ibíd., p. 75.
[3] Ibíd., p. 78.
[4] Ídem.
[5] Ibíd., p. 79.
[6] Ibíd., p. 79.
[7] Ibíd., p. 80.
[8] Ídem.

Mateo 18.12-22, Nueva Versión Internacional

12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? 13 Y, si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

15 Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. 16 Pero, si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. 17 Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y, si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado.

18 Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
19 Además les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. 20 Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

21 Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: ―Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?

22 ―No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces—le contestó Jesús—.

sábado, 14 de enero de 2017

Letra 503, 15 de enero de 2017

KATHARINA VON BORA (1499-1552) (II)

Magdalena, hija de Lutero y Katharina von Bora.

El casamiento dio ocasión a calumnias y habladurías. Sus enemigos difundieron la insidia de que previamente había violado el voto de castidad y predijeron que, según una tradición popular, el ex-monje y la ex-monja darían a luz al Anticristo. Erasmo contradijo satíricamente el rumor, diciendo que si eso fuera verdad habría habido miles de anticristos antes de esto. Melanchton (quien había sido invitado a la fiesta del 27 de junio, pero no a la ceremonia del día 13), en una carta en griego a su amigo Camerarius (16 de junio) expresó el temor de que Lutero, aunque podía ser beneficiado por el matrimonio, hubiera cometido un lamentable acto de ligereza y debilidad, perjudicando su influencia en un momento en el que Alemania le necesitaba más. Lutero mismo se sintió al principio extraño e inquieto en su nueva relación, pero pronto se recuperó. [...]
A veces predicó sobre las pruebas y deberes de la vida matrimonial con rigor y eficacia, desde la experiencia práctica y con gratitud por el sagrado estado que Dios instituyó en el paraíso y que Cristo honró con su primer milagro. Llama al matrimonio don de Dios, vida casta, superior al celibato si no será un verdadero infierno. Lutero y Katie estaban bien adaptados el uno al otro. Vivieron felizmente durante veintiún años y compartieron las cargas y alegrías normales. Su vida doméstica era muy característica, llena de buen ambiente, humor inocente, afecto cordial, simplicidad y completamente alemana. Ninguna mancha hubo en su hogar, en el que él era gentil como un cordero y niño entre los niños. 'Después de la palabra de Dios', dijo desde su experiencia personal, 'no hay tesoro más precioso que el santo matrimonio; el más alto don de Dios en la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y ama de casa, con la que puedas vivir pacíficamente y a quien puedas confiar tus bienes, cuerpo y vida'.
Amó a su esposa afectuosamente y la llamó en sus cartas 'mi amado corazón, graciosa ama de casa, mano y pie resuelto en amante servicio'. Ella era una buena hausfrau alemana, cuidando de lo que su marido e hijos necesitaban, contribuyendo a su comodidad personal en la salud y en la enfermedad y ejerciendo la hospitalidad. Tenía una fuerte voluntad y sabía cómo actuar. Lutero hablaba de ella a veces como 'Señor Katie' y de él mismo como 'siervo dispuesto'. 'Katie' le decía 'tienes un marido piadoso que te ama y tú eres una emperatriz'. Una vez en 1535 le prometió sus cincuenta guilders si leía la Biblia entera, por lo que tuvo, según dijo a un amigo, un serio asunto con ella. A Katie y Melanchthon escribió sus últimas cartas (cinco a ella, tres a Melanchthon) desde Eisleben poco antes de morir, informándole de su viaje, su dieta y condición, quejándose de cincuenta judíos que estaban bajo la protección de la condesa viuda de Mansfeld, enviándole saludos al maestro Philip (Melanchthon) y disipando sus aprensiones sobre su muerte. […]

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MUCHAS VERSIONES DISTINTAS, UNA SOLA PALABRA VERDADERA
Alfredo Tepox Varela
www.kairos.org.ar/blog/?p=756

Muchos años han transcurrido desde que esos titanes de la Palabra que fueron Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera enriquecieron nuestra lengua castellana, el primero, con su bella versión de la Biblia, y el segundo, con su prolija revisión de la obra de aquél. Muchos de nosotros recordamos todavía y citamos de memoria nuestros textos favoritos según la revisión de 1909 que, aunque distante ya de los giros típicos del Siglo de Oro de las letras españolas, cuenta todavía con la sonoridad que Reina y Valera supieron imprimirle.
Durante más de cuatro siglos la versión de Reina y Valera ha sido, literalmente, la reina de las hasta hace poco escasas versiones españolas de la Biblia. Tal reinado, sin embargo, ha sido circunstancial. Recordemos que la lectura de la Biblia se ha efectuado desde las ‘‘catacumbas’’ del protestantismo, y que sólo después del Vaticano II se ha generalizado entre la grey católica, donde ha habido un verdadero ‘‘boom’’ de traducciones bíblicas: Nacar-Colunga (N-C), Bover-Cantera (B-C), Biblia de Jerusalén (BJ), Ediciones Paulinas (EP), Biblia Latinoamericana (BLA), Nueva Biblia Española (NBE), Biblia del Peregrino (BP), etc. Del lado protestante, hay que mencionar algunas versiones del Nuevo Testamento, como la Versión Hispanoamericana (VHA) y la Biblia de las Américas (BA), revisiones de Reina-Valera (RV), como la de 1960 (RVR 1960) y la Reina-Valera Actualizada (RVA), y dos traducciones de toda la Biblia: la versión Dios Habla Hoy (DHH) y la Nueva Versión Internacional (NVI), de próxima aparición.
Ante esta miríada de versiones de la Biblia, no faltará quien se pregunte: ‘‘Si es verdad que la Biblia es la Palabra de Dios, ¿cuál de todas estas versiones es esa Palabra?’’ La respuesta puede parecer desconcertante: todas ellas en conjunto, y ninguna de ellas en particular.
‘‘Pero ¿cómo puede ser eso posible?’’, objetará alguien más. Y la respuesta es que debemos entender que cuando confesamos que la Biblia es la Palabra de Dios, no estamos limitando el sentido de ‘‘palabra’’ a la simple unidad fónica o léxica, hablada o escrita. No. De ninguna manera. La ‘‘palabra’’, en relación con Dios, aunque humana, es también divina; y aunque divina, es también humana. Y la Biblia, como Palabra de Dios, es algo más, mucho más, que una etiqueta pegada a un objeto.
Tal vez dos metáforas bíblicas puedan ayudarnos a entender este aparente problema: la confusión lingüística que tuvo lugar en Babel, y la perfecta comunicación que tuvo lugar aquel glorioso día de Pentecostés. En el primer caso, la soberbia del hombre por ‘‘hacerse un nombre’’ fue la causa de que una sola lengua llegara a ser fuente de confusión; en el segundo caso, el deseo ferviente de los discípulos por ‘‘proclamar…las maravillas de Dios’’ hizo el milagro de que muchas voces en muchos oídos comunicaran un solo mensaje. ¡He aquí una más de las muchas maravillas de Dios!
Dice el autor de la Carta a los Hebreos en el principio mismo de su discurso (1.1, NVI): “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo”. Como podemos ver, Dios, entre los múltiples modos en que se ha comunicado con el hombre, parece haber mostrado siempre una clara preferencia por el lenguaje. Pero el lenguaje es rico en significado, y aunque se vale de las palabras, éstas no agotan tal carga de significado en su sentido primario y referencial. Con esto quiero decir que aunque ‘‘árbol’’, por ejemplo, ciertamente significa una ‘‘planta perenne, de tronco leñoso y elevado, que se ramifica a cierta altura del suelo’’ (si hemos de atender a la definición que de tal vocablo nos da el diccionario de la Real Academia de la Lengua), cuando asociamos este vocablo a otros, tal asociación activa un mecanismo que produce nuevos significados. Si así no fuera, todas y cada una de las palabras en todas las lenguas de este mundo tendrían un solo significado, y todos los libros que se han escrito y todos los discursos que se han pronunciado dirían una y la misma cosa. Sin embargo, las bibliotecas existentes, y los salones de clase, y los sermones dominicales, y las charlas de café, y hasta los chistes (¡sobre todo, los chistes!) nos muestran que una sola palabra tiene dos, o tres, y hasta más, significados. Además, la historia del lenguaje nos demuestra que las lenguas cambian con el tiempo, de modo que si en los días de Cervantes ‘‘de espacio’’ significaba ‘‘a cierta distancia’’, ahora ‘‘despacio’’ puede significar ‘‘quedo’’ o ‘‘lentamente’’, sin que podamos explicarnos, al menos no con facilidad, tal distancia de sentido.
Este cambio constante del lenguaje nos lleva a prestar atención a estas aparentes sutilezas, las cuales cobran gran importancia cuando se trata de entender hoy el mensaje de siempre.
El texto de la Carta a los Hebreos, citado antes, nos dice que a través de la historia Dios ha estado procurando establecer comunicación con el hombre ‘‘muchas veces y de varias maneras’’. ¿Por qué ‘‘muchas veces’’? Porque ha estado hablándoles a generaciones distintas y distantes. ¿Por qué ‘‘de varias maneras’’? Porque cada grupo humano, y cada persona, tiene su propia manera de hablar y de entender. De modo que si Dios quiere realmente comunicarse con cada hombre –y, en efecto, quiere hacerlo y lo hace–, tiene que echar mano de todos sus recursos comunicativos. Lastimosamente, del hombre no se puede decir lo mismo, ni en su comunicación con Dios ni en su comunicación con sus semejantes.
Con esta breve visión de los cambios lingüísticos a través del tiempo y del espacio tal vez podamos ver ya la necesidad de las varias traducciones de la Biblia. Por ejemplo, cuando el lector del siglo 16 leía: ‘‘¿Son estos todos los mozos?’’ (1 Samuel 16.11), seguramente entendía que la pregunta de Samuel a Isaí tenía que ver con los hijos de este último; hoy día, sin embargo, no pocos lectores se preguntarían por qué Samuel le preguntaba a Isaí acerca de sus ‘‘criados’’ o ‘‘meseros’’. Malos entendidos como éste hacen necesario contar con nuevas versiones de la Biblia, como la versión Dios habla hoy, que en este caso traduce: ‘‘¿No tienes más hijos?’’.
Hay casos, como el de Génesis 1.14, en que los términos no son tanto equívocos, cuanto arcaicos: “Haya lumbreras en la expansión de los cielos (RVR 1960)”. Que haya luces en la bóveda celeste” (DHH). Que haya luces en el firmamento (NVI).
En algunos otros, los términos en el texto original son ricos en sentido, y difícilmente una sola palabra bastaría para reflejar toda su riqueza de significado. Sin embargo, y a pesar de las limitaciones lingüísticas que alguna lengua particular pudiera tener, siempre podrán hallarse términos más aptos que otros para que la nueva traducción exprese con mayor fuerza el sentido del original. Veamos, por ejemplo, el Salmo 136: “Alabad a Jehová, porque él es bueno,/ porque para siempre es su misericordia” (RVR 1960). “Den gracias al Señor, porque él es bueno,/ porque su amor es eterno (DHH). “Den gracias al Señor, porque él es bueno;/ su gran amor perdura para siempre” (NVI).
Hay otros casos en que la fuerza del original demanda un cambio en la retórica de la palabra, frase o discurso que se traduce. Ejemplo de ello es el capítulo 1 de Isaías, de donde tomamos sólo el versículo 12: “¿Quién os demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (RVR 1960). “Ustedes vienen a presentar-se ante mí, pero ¿quién les pidió que pisotearan mis atrios?” (DHH). ¿Por qué vienen a presentarse ante mí? ¿Quién les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios?” (NVI).
Este ejemplo de Isaías nos muestra una más de las razones para contar con nuevas versiones de la Biblia: en algunos casos se hace necesario explicitar información latente o implícita en el texto original. Quien lea RVR 1960 o DHH entenderá que el reproche del Señor en cuanto a ‘‘hollar’’ o ‘‘pisotear’’ sus atrios va dirigido a personas, pero NVI deja en claro que, aunque el reproche va dirigido a personas, quienes huellan o pisotean los atrios del Señor son los animales que esas personas llevan allí.
La Biblia es también poesía. Aproximadamente una tercera parte del Antiguo Testamento ha sido escrita en forma poética. Si deseamos acercarnos más al sentido poético del texto bíblico, resulta indispensable contar con una o varias versiones que intenten reflejar tal carácter.
He aquí una pequeña muestra del Cantar de los Cantares (6.10), donde dos versiones han trascendido a la letra para intentar penetrar en el espíritu poético de esa letra: “¿Quién es esta que se muestra como el alba,/ hermosa como la luna,/ esclarecida como el sol,/ imponente como ejércitos en orden? (RVR 1960). “¿Quién es ésta que se asoma/ como el sol en la mañana?/ Es hermosa como la luna,/ radiante como el sol,/ ¡irresistible como un ejército en marcha!” (DHH). “¿Quién es ésta, admirable como la aurora?/ ¡Es bella como la luna,/ radiante como el sol,/ majestuosa como las estrellas del cielo!” (NVI).
Podríamos abundar en ejemplos como estos, pero ojalá el lector haya notado ya, en las aparentes diferencias entre las tres versiones citadas, el sentido profundo del texto bíblico.
Todas ellas, en su conjunto, nos dan una percepción más amplia del sentido del texto, pero ninguna de ellas, en particular, lo agota. Hoy día, cuando contamos con tantas versiones nuevas del Mensaje eterno, ¿por qué no profundizar nuestra lectura de éste, comparando nuestra versión favorita con esas nuevas versiones? Si lo hacemos así, estaremos poniendo fin a la lectura literal, que tanto daño nos ha hecho, y estaremos penetrando en los tesoros de la sabiduría inefable de Dios.
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EXPOSICIÓN DE LUCAS CRANACH, ‘EL VIEJO’, EN MÉXICO
Protestante Digital, 13 de enero de 2017

Inaugurada a fines de octubre pasado, la exposición de obras de Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553), que lleva por título “Sagrada emoción”, permanecerá hasta fines de febrero de este 2017, año en que se conmemora el medio milenio de la Reforma Protestante, en el Museo Nacional de San Carlos del centro de la capital mexicana.
Se trata de la primera vez que se presentan trabajos de este gran exponente del Renacimiento europeo, mediante una muestra de 25 piezas, entre óleos en tabla y grabados, procedentes de museos de Arte de Filadelfia, Nacional de Bellas Artes de Cuba, Franz Mayer, Soumaya, y de las colecciones Pérez Simón e Hilario Galguera. La nota explicativa oficial agrega: “Llamado frecuentemente ‘el pintor de la reforma’, debido a la constancia con que sirvió a príncipes protestantes y a la profunda amistada que tuvo con Lutero, con quien coincidía en que las imágenes artísticas servían para fortalecer la piedad, educar al pueblo y aproximarlo a las Sagradas Escrituras”.
La prensa dio puntual seguimiento al suceso mediante algunas notas que destacaron su importancia. En El Universal, la curadora Ana Carpizo señaló: “Cranach, además de ser artista, fue un intelectual del momento, polifacético y súper importante dentro de las reformas luteranas. Hay que englobarlo como un ser político, social y artístico. Por eso es tan importante su cisma; por eso tiene tantos seguidores. Él y Durero crearon una escuela, la escuela del Renacimiento del norte de Europa”.
Allí mismo, la directora del museo, Carmen Gaitán, comentó que la exposición tardó dos años en concretarse. La curadora agregó algunos aspectos técnicos relevantes en la obra del artista alemán: “Lucas Cranach rescata la perspectiva. Tiene elementos artísticos cercanos al alto medioevo pero con perspectiva. Es muy importante la fisonomía de cada personaje, no son iguales como pasó en anteriores periodos, sino que cada uno es reconocible. También Cranach retoma el paisaje de la densidad boscosa de Giorgione, otro renacentista italiano”.
Por su parte, en Milenio, Gaitán subrayó: “Muchos museos de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos nos celebraban esta ambiciosa idea de montar una exposición de Cranach, pero se dolían de no poder prestar sus piezas porque son tablas muy delicadas que definitivamente no pueden viajar; sin embargo, logramos reunir 25 obras para esta muestra”,[3] la cual también incluye obras de contemporáneos de Cranach, como Alberto Durero, Mathias Grünewald y su propio hijo. Gaitán planteó, asimismo, “que con la mirada de Cranach se inauguró una manera de ver al mundo, ya que fue un pintor que rompió con la Iglesia católica y empezó a crear arquetipos sobre todo el fenotipo de la mujer, con el que creó una escuela y un gran estilo”. El tríptico de la Crucifixión fue prestado por el Museo de Arte de La Habana, así como el retrato de Joaquín II, el gobernador de Brandenburgo, de 1529, procedente del Museo de Arte de Filadelfia.
Tres son los temas que aparecen en la exposición: el retrato, la alegoría y los temas religiosos. Asimismo, se observa la firma del artista, el anagrama de la serpiente alada otorgada por Federico III de Sajonia. Dicho sello ostenta una serpiente alada con un anillo en la boca, por lo general inserto y camuflado en la composición, según explicó la curadora, quien indicó que a partir de 1531 las cambió por unas alas a pájaro. Amigo de Lutero, Cranach fue reconocido por su labor creativa. “Su obra destacó por ejercer la crítica hacia la Iglesia católica, tras estallar la Reforma encabezada por Martín Lutero, tras la venta de indulgencias en Roma para la construcción de la Basílica de San Pedro, cuando el credo se dividió: por un lado, estaban quienes seguían al Papa y por el otro la disidencia que pugnaba por la restauración del cristianismo primitivo”, afirmó Carpizo.
La especialista dijo que Cranach, por su proximidad con el protestantismo y por su amistad con Lutero, fue elegido el pintor de cámara de Juan Federico I de Sajonia, El Magnánimo, uno de cuyos retratos aparece en esta muestra. Con anterioridad, La Jornada dio cuenta de la exposición de Cranach, el Joven, en Wittenberg, en 2015.[4] En el catálogo digital, primero en su tipo divulgado por este museo, escribió el ahora extinto Rafael Tovar y de Teresa, primer secretario de Cultura:

Presentamos por primera vez en México a uno de los artistas más importantes de la historia del arte y del renacimiento del norte de Europa. Lucas Sünder, mejor conocido como Lucas Cranach, nace en el contexto del movimiento artístico del renacimiento germánico, que rescató las características plásticas del alto medievo. Cranach fue testigo y pieza clave de la intelectualidad del cisma reformista a manos de Martín Lutero, cuya franca polarización política y religiosa, advirtió la lógica que confrontaba el osado trazo italianista enarbolado por Miguel Ángel y las cumbres manieristas.[5]

El catálogo se divide en tres partes (Religión, Retratos, Alegoría y mitos) y comenta puntualmente algunas obras de la exposición, destacando sus características principales. Así, sobresalen Adán y Eva, óleo sobre tabla de 1530, inspirado en el célebre grabado de Durero de 1504: “Eva es portadora del canon estético instaurado por Cranach: figura esbelta de tez rosada, piernas alargadas, cabello rojizo ensortijado, ojos ligeramente rasgados y senos menudos”. El cuadro muestra “la lucha de Dios, representado por el ciervo —que de acuerdo con el bestiario medieval come serpientes y rejuvenece en este acto—, contra la víbora con oídos, que encarna al mal” (p. 16). San Jerónimo escribiendo en un paisaje rocoso, de 1515 aprox., aparece “como un barbado ermitaño semidesnudo. Sus atributos iconográficos son un león a los pies, el capelo cardenalicio, y el libro que hace referencia a su trabajo como traductor de la biblia” (p. 18). El niño Dios con San Juan Bautista (1538-1540) “perteneció al Museo Wallraf-Richartz de Colonia, Alemania, pero a causa de la Segunda Guerra Mundial, el ejército nazi lo trasladó a la Embajada de Alemania en Londres. En 1996 fue adquirido por el Museo Soumaya en la ciudad de México”. De esta manera se explica la composición de la obra: “A su izquierda se encuentra san Juan Bautista hincado y cubierto con una piel de camello, quien señala a Jesús como el cordero de Dios, que carga sobre sí los pecados del mundo y es símbolo de pureza e inocencia. La imagen que apreciamos es el divino pastor que conduce los rebaños de su pueblo y al mismo tiempo el siervo de Dios que contrasta con el maligno en el lado inferior del cuadro” (p. 20).
El retrato de Federico III de Sajonia, el Sabio (1463-1525), mecenas de Durero y de Cranach mismo, tiene una inscripción en latín en la parte superior que dice: “La palabra del Señor permanece eternamente. Esa palabra de Dios quiere que la piedad permanezca perpetuamente y para la posteridad”. En el catálogo se afirma: “Federico III de Sajonia y Jorge Meissen, Duque de Sajonia, prohibieron la venta de indulgencias enemistándose con la curia romana, dando lugar a todo un movimiento político-religioso que desembocó en el protestantismo” (p. 37).
Entre los préstamos internacionales destaca el tríptico de la Crucifixión, propiedad del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba. Fue la última que completó el montaje. Muestra a Jesús en el huerto, la crucifixión misma, además de la Resurrección. “Los fenotipos con rostros alterados, entre mongólicos y malvados, fueron resaltados por Gaitán. Son los representantes de la Iglesia, una especie de mofa al poner estas caras que recordamos en El Bosco y en Brueghel”. La curadora llamó la atención “a los detalles del martirio de Jesús, por ejemplo, aparecen la esponja, los clavos y la donante, contrario a la costumbre, con una emoción abrazando la cruz”. Otras obras incluidas son: de Cranach, el Joven, Jesús y la mujer adúltera, de Durero, El monstruo del mar, La adoración de la virgen, La flagelación de Cristo y Jesús despidiéndose de su madre, de Bärtholomäus Bruin, el viejo, La adoración del Niño, y de un autor desconocido del Norte de Europa, Cristo muerto.
Quizá el grabado más llamativo de Durero sea La Virgen sobre el creciente, donde aparece María “con el niño en brazos sentada en una luna creciente, a sus espaldas los rayos del sol y coronada por doce estrellas. La iconografía obedece a la virgen apocalíptica descrita por Juan, que en el ambiente flamenco en el que se desempeñó Durero, se le denominó mulier amicta sole (la mujer rodeada de sol)” (p. 23). Las tres series de grabados a las que pertenece se publicaron en 1511 con comentarios en verso del fraile Benedikt Chelidonius.
Bien pueden resumir estas palabras de Tovar y de Teresa la importancia de la exposición en este año tan significativo para la tradición protestante:

Admirar la obra de Cranach en nuestro país permite conocer lo mejor de la cultura universal y acercarse a un artista considerado como uno de los máximos autores representantes del movimiento luterano, postulador del particular fenotipo femenino que marca una pauta importante a fines del siglo XV y el resto del siglo XVI. Esta revisión es también un nuevo punto de partida para la reflexión y la interpretación crítica, que arroje nuevas luces sobre los grandes maestros del arte europeo.

[1] “Lucas Cranach. Sagrada emoción”, en el sitio oficial de la Secretaría de Cultura del gobierno mexicano, 11 de noviembre de 2016, www.gob.mx/mexicoescultura/articulos/lucas-cranach-sagrada-emocion.
[2] Sonia Sierra, “Lucas Cranach, ‘el Viejo’, llega al Museo de San Carlos”, en El Universal, 27 de octubre de 2016, www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/artes-visuales/2016/10/27/lucas-cranach-el-viejo-llega-al-museo-san-carlos.
[3] Leticia Sánchez Medel, “La ‘Sagrada emoción’ de Cranach, en San Carlos”, en Milenio, 27 de octubre de 2016,
[4] “Lejos de la sombra de su padre, exhiben el legado de Lucas Cranach el Joven”, en La Jornada, 3 de octubre de 2015, www.jornada.unam.mx/2015/10/03/cultura/a03n1cul.
[5] R. Tovar y de Teresa, en Carmen Gaitán Rojo, coord. gral., Lucas Cranach. Sagrada emoción. México, Museo Nacional de San Carlos, 2016, p. 5.
LC-O

Actividades

OREMOS POR LOS PLANES Y PROYECTOS DE LA IGLESIA PARA 2017

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 17 de enero, 19 hrs.
Modera: A.I. electa Odavia Palomino L.

Llamamiento: Salmo 131
Oración de ofrecimiento
Himno: “Te vengo a decir” (538)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Jeremías 28
Tema: Hananías, el falso profeta
Himno: “Salvo en los tiernos brazos” (295)
Ofertorio
Bendición pastoral


ENFRENTAMIENTO CON HANANÍAS
José María Ábrego de Lacy

E
n esta discusión con Jananías dos palabras se oponen en un momento concreto de la historia con la idéntica pretensión de provenir de Dios (Jr 28,1.13).
Hananías representa a los falsos profetas. Ellos anuncian que el Señor reparará pronto el daño que ha sufrido su pueblo; se apoyan en Is 9.3; 14.25. Jeremías invita a aceptar el momento presente como obra de Dios y no como fallo de la historia; son tiempos distintos a los de Isaías. A Jeremías no le gusta el mensaje que le toca predicar (Jr 17,16; 20,8); personalmente preferiría que Jananías tuviera razón (Jr 28,6).
Es que también el profeta debe discernir la veracidad de su mensaje y a Jeremías le cuesta aceptar que él anuncia la verdad: los profetas antiguos invitaban, como él lo hace, a convertirse (Jr 28.8-9; véase Dt 18.22) y él sabe que realmente le envía el Señor (Jr 28.12.15). Si no se convierten y aceptan el castigo de su rebelión, si no aceptan el yugo de Nabucodonosor y rompen el de madera, deberán soportar uno de hierro.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

21 – Visita al Museo de San Carlos: exposición de Lucas Cranach, el Viejo
22 – Taller bíblico-doctrinal

29 – Clase unida sobre evangelización

El testimonio comunitario, prueba de fe, L. Cervantes.O.



15 de enero, 2017

Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.
I Juan 3.10, Nueva Versión Internacional

El amor de Dios nos ha hecho sus hijos/as
“Del estudio de la primera carta de San Juan puede legítimamente deducirse que para los cristianos no hay criterio de fidelidad y coherencia cristiana fuera del amor al prójimo, esto es, que cuando nosotros decimos que nuestra doctrina nos lleva la práctica, no hacemos más que remitirnos a una de las más sólidas vertientes del pensamiento cristiano de los inicios”.[1] El amor lleva, necesariamente, al compromiso, por lo que la comprobación de una adecuada comprensión del amor de Dios exige una sana práctica comunitaria, siempre a prueba en medio de los conflictos del mundo.

Ese amor distingue a los hijos/as de Dios del resto del mundo (3.1a) de manera visible y práctica, en los hechos cotidianos, pues para ellos/as el amor no es una alternativa más, sino el único modo de ser hijos/as de Dios en el mundo. Experimentar ese amor tan extraordinario que ha conducido a la filiación divina es una prueba mayúscula de la acción de Dios para redimir a la humanidad. Por eso es extraño el amor de Dios practicados por sus hijos/as: porque es un anticipo del mundo venidero, del reino de Dios en plenitud (3.2).

Ese amor es la única fuerza capaz de enfrentarse al pecado y así superar las exigencias de la ley (3.4). Jesucristo, gracias a la forma tan perfecta en que trasladó el amor de Dios al mundo, pudo “quitar nuestros pecados” (v. 5). Permanecer en él es “permanecer en su amor”, como tanto se insiste en el Cuarto Evangelio (“Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”, Jn 15.9-10). Amar y conocer se vuelven una misma cosa, pues para Juan no hay contradicción entre ambas realidades, posibilidades efectivas para todo ser humano (6b).

De ahí surge la conexión con la justicia: permanecer en el amor de Jesucristo conlleva practicar su justicia, porque él es justo” (7). Seguir dominados por el pecado es una injusticia (8a), pero si se ha nacido de Dios, el principio salvífico, la “semilla de Dios” (9) dará brotes, muestras claras de su justicia. Ésa es la distinción clave entre los hijos de Dios y quienes no lo son: la práctica efectiva de la justicia junto con el amor (10). Por eso el mundo, con sus estructuras injustas, se resiste a la práctica profética del amor de Dios en Cristo: “Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece” (Jn 15.19).

El amor, o es eficaz, o no es amor
“La herejía denunciada en I Juan se caracterizaba fundamentalmente por la negativa a aceptar la encarnación y sus consecuencias, en particular aquella del amor al prójimo como humilde vehículo de salvación- […] La consecuencia inmediata era que no había más compromiso con la práctica del amor a los hermanos, y el cristianismo perdía toda su fuerza transformadora”.[2] La fuerza transformadora del amor tenía que manifestarse, en primer lugar, en la comunidad cristiana, para constatar su viabilidad en todo el mundo. Si allí, como anticipo histórico del Reino de Dios, no acontece, será muy difícil que se aprecie en otros espacios: “En la concreción del amor al prójimo se realiza una dimensión ineludible de nuestra fe: el amor a Dios. El texto es claro: no existe otra alternativa; un amor a Dios que no se verifica en el amor concreto al prójimo, no es verdadero amor a Dios”.[3]

Reaparece así el mensaje anunciado desde antaño: el amor mutuo entre hermanos/as (3.11). El propio Señor Jesucristo anticipó esta exigencia en el Cuarto Evangelio: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Jn 13.35). Tal como lo referiría tiempo después Tertuliano(160-220 aprox.) en un sermón titulado precisamente: “Mirad cómo se aman”, donde afirma:

Pero es precisamente esta eficacia del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos que dicen: mirad cómo se aman, mientras ellos se odian entre sí. Mira cómo están dispuestos a morir el uno por el otro, mientras ellos están dispuestos, más bien, a matarse unos a otros. El hecho de que nos llamemos hermanos lo toman como una infamia, sólo porque entre ellos, a mi entender, todo nombre de parentesco se usa con falsedad afectada. Sin embargo, somos incluso hermanos vuestros en cuanto hijos de una misma naturaleza, aunque vosotros seáis poco hombres, pues sois tan malos hermanos. Con cuánta mayor razón se llaman y son verdaderamente hermanos los que reconocen a un único Dios como Padre, los que bebieron un mismo Espíritu de santificación, los que de un mismo seno de ignorancia salieron a una misma luz de verdad [...], los que compartimos nuestras mentes y nuestras vidas, los que no vacilamos en comunicar todas las cosas.[4]

El recuerdo de la historia de Caín es un abordaje radical del problema del desamor humano, de hasta dónde puede llegar el odio criminal (3.12a). En ese caso, se trató de la oposición entre justicia e injusticia (12b, obras malas vs. obras justas). La reacción del mundo, por ello, no es extraña, dado que se trata de un ambiente dominado por la injusticia profunda (13). Haber pasado de muerte a vida instala el amor como consigna permanente de vida en el seno de la comunidad: no amar es seguir muertos, afirma San Juan (3.14b). Odiar al hermano es asesinarlo (con ecos intensos del Sermón de la Montaña) (15a) y nadie con esos sentimientos podrá permanecer en la vida eterna (15b). De modo que el desafío es enorme, descomunal para algunos, imposible de lograr para otros, pues el testimonio comunitario es la prueba máxima de fe en el mundo complejo en el que vivimos.





[1] Raúl Lugo Rodríguez, “El amor eficaz, único criterio. (El amor al prójimo en la primera carta de San Juan)”, en RIBLA, núm. 17, p. 108, www.claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2#14-25.
[2] Ibíd., p. 113, 114.
[3] Ibíd., p. 117.
[4] Tertuliano, “Mirad cómo se aman” (Apologético 39), en Tertuliano, textos, www.mercaba.org/TESORO/TERTULIANO/05.htm.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...