domingo, 23 de julio de 2017

Letra 528, 23 de julio de 2017

AGUSTÍN DE CAZALLA (1510-1559)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Protestante español nacido en Valladolid y ejecutado por la Inquisición en esa misma ciudad el 21 de mayo de 1559. Fue alumno de Bartolomé de Carranza y estudió en Valladolid y Alcalá. La influencia de su padre, oficial de las finanzas reales, le abrió una brillante carrera eclesiástica, obteniendo gran reputación como uno de los principales predicadores en España. En 1545 fue capellán de Carlos V, a quien acompañó a Alemania al estallido de la guerra de Esmalcalda. Allí se preocupó de refutar a los luteranos, pero acabó aceptando sus doctrinas. Vuelto a España en 1552, al principio fue cauto para expresar sus ideas, pero finalmente la casa de su madre se convirtió en lugar de reunión en Valladolid, siendo él la cabeza de esa congregación. En 1558 fue encarcelado con sus hermanos y otras 75 personas. El 4 de marzo de 1559, bajo tortura, reconoció que había aceptado las enseñanzas de Lutero, pero negó que las hubiera enseñado a otros. Se negó a hacer otras confesiones. El auto de fe en el que pereció fue el primero en su tipo: 16 personas, incluyendo un hermano y una hermana suyos, fueron juzgadas al mismo tiempo y condenadas a cadena perpetua. Dos más, incluyendo a su hermano Francisco, fueron quemados vivos y otros 12, incluyéndolo a él, fueron estrangulados antes de ser quemados. Juan Cristóbal Calvete de Estrella lo calificó como “excelentísimo teólogo y hombre de gran doctrina y elocuencia”, y Gonzalo de Illescas dice de él que era “predicador del emperador, de los más elocuentes en el púlpito, de cuantos predicaban en España”.
Menéndez y Pelayo menosprecia su criterio y se expresa de él como alguien que fue fácil de convencer por alguien como Carlos de Seso. Es considerado como un mártir en el ámbito religioso protestante, y especialmente como un precursor por los protestantes españoles. En Valladolid, el terreno que ocupó su casa y el rótulo infamatorio se conservaron dos siglos, hasta 1776, cuando fue cambiado por una lápida con forma de rectángulo rematado en su lado superior por un triángulo o semicírculo con una inscripción explicativa. Tras volver a construirse en el terrenó que ocupó su casa, se nombró Calle del Rótulo de Cazalla, y en 1820, con la llegada del régimen liberal, Calle del Doctor Cazalla.

Bibliografía
“Agustín de Cazalla”, en www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_cazalla; Miguel Delibes, El hereje. Barcelona, Ediciones Destino, 1998 (Áncora y Delfín, 827); Manuel Gutiérrez Marín, ed., “Los protestantes de Valladolid”, en Historia de la Reforma en España. Barcelona, Publicaciones Editoriales del Nordeste, 1973, pp. 93-97; Maximiliaan Frederik van Lennep, La historia de la Reforma en España en el siglo XVI. Grand Rapids, Subcomisión de Literatura Cristiana, 1984, pp. 101-119; José C. Nieto, “El Dr. Agustín Cazalla, leyenda y enigma”, en El Renacimiento y la otra España: visión cultural socio-espiritual. Ginebra, Droz, 1997, pp. 415-419.
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ESCUELA DE FORMACIÓN CRISTIANA
TEMA SEMESTRAL
1. MARTÍN LUTERO, LAS 95 TESIS

INTRODUCCIÓN
Hans Küng, Grandes pensadores cristianos. Una pequeña introducción a la teología.
Madrid, Trotta, 1995, pp. 132-133

La querella de las indulgencias no fue la causa intrínseca pero tampoco únicamente el casual motivo extrínseco de la Reforma, sino el catalizador, el factor desencadenante. El papa ¿debe, puede, está autorizado a conceder indulgencias? ¿Es decir, a conceder a los vivos e incluso a los difuntos (del purgatorio) la remisión parcial o total de las penas temporales que ellos merecieron por sus pecados, penas que Dios les impuso y que ellos deben padecer antes de entrar en la vida eterna? En aquel entonces, una cuestión de enorme relevancia, no sólo teológica sino también política. Lutero abordó tal cuestión debido a una excepcional campaña de indulgencias que, por orden del papa León X, había sido organizada en Alemania, para el nuevo edificio de la basílica de San Pedro, con todos los medios propagandísticos disponibles. El comisario general de la “indulgencia de San Pedro” fue el arzobispo de Maguncia Alberto de Brandeburgo.
Penitencia: ¿qué cosa es penitencia? La respuesta de Lutero a esta pregunta es, desde un punto de vista teológico, radical. La penitencia no está limitada, para el cristiano, al sacramento de la penitencia, sino que ha de abarcar la vida entera. Y lo decisivo es: el perdonar culpas es sólo asunto de Dios; el papa puede, todo lo más, confirmar mediante una explicación ulterior que una culpa ya ha sido perdonada por Dios. Y de todos modos los poderes del papa abarcan sólo esta vida y acaban con la muerte. ¡Qué perversión del gran pensamiento de la gracia gratuita de Dios para con el pecador es el querer comprarse la salvación del alma con costosas papeletas de indulgencias para financiar una lujosa iglesia papal!
      Pero ese ataque significaba al mismo tiempo que Lutero, de un golpe, no sólo había privado de toda legitimación teológica el comercio de indulgencias, sino quebrantado a la vez la autoridad de quienes habían montado tal negocio en provecho propio: el papa y los obispos. En 95 tesis resume Lutero su posición, las envía al obispo competente, Alberto de Maguncia, y las da a conocer al mismo tiempo al público universitario.

EL COMIENZO DE LA REFORMA: LA PROTESTA DE LUTERO CONTRA UN SISTEMA HEGEMÓNICO
Martin Hoffmann, La locura de la cruz. La teología de Martín Lutero. San José, DEI, 2015, pp. 23-24.

Las 95 Tesis de Martín Lutero no sólo fueron una estocada en el corazón de la Iglesia católica romana sino igualmente en el corazón del sistema de poder feudal en su conjunto.
Muchas veces se ha minimizado la trascendencia del movimiento de la reforma: algunos lo ven como una crítica necesaria a algunos problemas de la Iglesia romana de la Edad Media. En este caso el concilio tridentino habría cumplido con las pretensiones de purificación y renovación del movimiento. Otros ven esta Reforma como una mera discusión teológico-académica sobre la correcta comprensión del sacramento de la penitencia y de la doctrina de la justificación. Estos temas habrían sido claves en el contexto de aquel entonces, junto al miedo medieval al Juicio Final, pero se encontrarían alejados de la problemática religiosa actual.
El mismo Lutero probablemente no pudo prever por completo los alcances de sus tesis en 1517. Él conservaba la esperanza de poder convencer al Papa del abuso de las prácticas de la penitencia por medio de las indulgencias, basándose en la Sagrada Escritura. Sin embargo, su protesta toca de manea inadvertida la fibra sensible de todo un sistema. Con la creación de los bancos al comienzo del capitalismo mercantilista, la lucha medieval por el predominio del poder papal sobre el imperial adquiere una nueva dimensión. El Papa, los obispos, el Emperador, los príncipes, los nobles y la recién surgida clase de los comerciantes y banqueros se disputan el dominio de distintos aspectos de la vida, las cuestiones sociales, económicas, políticas y eclesiástico-religiosas, y lo hacen siempre en desmedro de la clase social baja, política, económica y religiosamente dependiente.
La crítica de Lutero al sistema de indulgencias tuvo sin dudas una base religiosa, esto es, motivada en las Sagradas Escrituras, pero al mismo tiempo golpea a la institución religiosa y sus conexiones con la situación económica, política y social de aquellos tiempos. Las reacciones a su protesta a nivel político (Emperador) y religioso (Papa) no se hicieron esperar: la proscripción y la excomunión de Lutero testimonian la herida que sufre el sistema.

LAS 95 TESIS

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristodijo: Haced penitencia..., ha querido quetoda la vida de los creyentes fuera penitencia.
2. Este término no puede entenderse en elsentido de la penitencia sacramental (esdecir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien,una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones dela carne.
4. En consecuencia, subsiste la pena mientrasperdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en elreino de los cielos.
5. El Papa no quiere ni puede remitir culpaalguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad alos cánones.
6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
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LA MUJER CANANEA: MADRE DE UNA HIJA ENFERMA (II)
Margot Kässmann

De modo que las madres de hijos enfermos se encuentran a menudo muy solas, consigo mismas y con su hijo enfermo. Además de compasión, esto puede producir agresiones: “Me has arruinado la vida”. Una madre descarta todo el tiempo este tipo de pensamientos interiormente, y nunca los pronuncia, lo que hace que su situación resulte más difícil de sobrellevar. Lo mismo ocurre con los progenitores que, tanto individualmente como juntos, tienen que afrontar la frustración de que su hijo no sea como los demás niños. Pero, sobre todo, la mayoría de los progenitores comprueba una y otra vez que el amor por un hijo enfermo y más frágil es especialmente profundo y que ese niño ya ocupa una parte muy importante de sus corazones.
Finalmente, está la experiencia de verse rechazada y expuesta a las miradas de los demás: “¡Mira ese niño minusválido!”. “pobre mujer, ¡qué horror!”. Una humillación suplementaria, que cada vez agota más el esfuerzo físico y acrecienta la carga. Que anima a retirarse de la vida pública con el hijo enfermo. Evidentemente, muchas personas tienen miedo al contacto cuando se trata de un niño enfermo, se sienten inseguras y no saben cómo acercarse al niño y a la madre.
En este sentido, la situación actual no ha cambiado apenas. Además, hoy muchos conocen la carga económica que supone: se necesita fisioterapia, aparatos especiales, tal vez una silla de ruedas. Quien quiera ofrecer unos cuidados óptimos a su hijo tendrá que renunciar a muchas más cosas. Cuando una madre se ocupa sola de su hijo enfermo, resulta mucho más difícil desarrollar una actividad profesional; normalmente queda excluida. […]
La fe desempeña un papel crucial cuando las personas tienen que convivir con una enfermedad. Dios nos garantiza que la vida tiene un sentido, independientemente de la eficacia práctica de cada persona. En este sentido, los creyentes sabemos y experimentamos que ninguna vida vale menos que otra. La vida de una persona discapacitada no es, a los ojos de Dios, menos valiosa que la de otra persona que rebosa de salud. La enfermedad no es un castigo de Dios, ni una culpa, sino una carga vital que Dios quiere soportar con nosotros. Quien nunca ha estado confrontado con la enfermedad habla de la vida como un hombre que da clases magistrales sobre el inmenso mundo, pero que nunca ha salido de su país. En último término, a la mujer cananea la ayudó su fe. Una fe que no estaba nada clara, que Jesús no valoró tal vez adecuadamente en un primer momento, pero que finalmente le mereció plena confianza. La esperanza de esta mujer fue más fuerte que los obstáculos que encontró en el camino.
La escritora estadunidense Pearl S. Buck narra en su autobiografía una vivencia muy parecida como madre de un niño con discapacidad mental. Cuenta cómo ella, poco a poco, se va dando cuenta de que su hijo no es como los demás. Ella no quiere aceptar esa realidad, hasta que no tiene más remedio: algo no va bien. Buck escribe: “Empezó entonces el largo viaje que los padres de estos niños conocen muy bien. Desde aquel momento he hablado con muchas personas y siempre ha sido lo mismo. Firmemente convencidos de que tenía que haber alguien que pudiese curarlo, viajamos con nuestros hijos por toda la Tierra buscando a alguien que nos ayudase”.
Esa mujer desconocida de la Biblia encontró a ese alguien en Jesús. Tuvo que sentirse inmensamente feliz al ver que su hija se había curado. Su alegría y alivio serían difíciles de disimular. Seguro que celebró una fiesta, que no dejó de alegrarse ni de reírse, que se mostró orgullosa y satisfecha de no haber cedido en su empeño, y de haberse mantenido firme y haber encontrado una respuesta en el momento oportuno. La superación de una enfermedad es una fiesta de liberación.

Actividades

HOY TENDREMOS OTRA SESIÓN DE CAPACITACIÓN Y ACTUALIZACIÓN PARA OFICIALES DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 25 de julio, 19 hrs.
Modera: A.I. Rubén Núñez C.

Llamamiento: Salmo 9
Oración de ofrecimiento
Himno: “Dios, grande es tu amor” (56)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Jeremías 52.1-16
Tema: Nabucodonosor destruye Jerusalén
Himno: “Oh dulce Cristo…” (253)
Ofertorio
Bendición pastoral


JEREMÍAS 52: APÉNDICE HISTÓRICO
José María Ábrego de Lacy

Jeremías exigía someterse a Nabucodonosor porque sólo de la aceptación del castigo cabía esperar la futura salvación. La caída de Babilonia, al llegarle su turno, marcará el comienzo de una nueva etapa histórica para su pueblo. Así se completa su misión de "edificar y plantar" (Jr 1.10). El libro arrojado al Éufrates está estructuralmente relacionado con el escrito en Jr 25.13.
Concluido el libro de los oráculos, narraciones, confesiones, etcétera, de Jeremías, se añade este capítulo histórico. Es copia del segundo libro de los Reyes (2 Re 24.18-25,30), excepto en lo relativo a Godolías y en los datos del censo de exiliados (Jr 52.28-30) y ampliación-resumen de lo narrado en Jr 39.
¿Por qué esta repetición y clara añadidura? el caso no es único: también el texto del primer Isaías (Is 1-39) concluye con unos capítulos copiados del libro de los reyes (Is 36-39 = 2 Re 18,13-20,19). En el caso de Isaías, al menos se citaba el nombre del profeta; en el de Jeremías, no.
La única razón puede estar en el deseo de dejar constancia escrita del cumplimiento (Jr 52.31-34) de la restauración del pueblo, al menos en esperanza, en la amnistía concedida a Jeconías.
Para poder contarlo, había que repetir el conjunto. La esperanza cierra, en todo caso, el cumplimiento de la profecía de Jeremías. Si el orden de capítulos originalmente era el del texto griego, este capítulo seguiría siendo el cierre del libro de Jeremías, pero estaría colocado después de la caída de Jerusalén, narrada en el bloque Jr 36-45.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES


24-26 – Curso de Verano-Campamento

La iglesia evangeliza con todo lo que hace, L. Cervantes-O.


23 de julio, 2017

De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.
Mateo 5.16, Traducción en Lenguaje Actual

¿Evangelismo o evangelización?
El Sermón del Monte es una fuente a la que se debe recurrir siempre que se desee abrevar en las enseñanzas de Jesús de Nazaret como el maestro en la nueva etapa que tiene como horizonte de fe el advenimiento del Reino de Dios. Es una brújula firme para trazar caminos de vida y misión para la iglesia de todos los tiempos. Nunca agotada, esa fuente es lo suficientemente explícita como para aclarar algunas prácticas y conceptos que la iglesia ha desarrollado en su intento por cumplir los mandatos de su Señor. Una de esas prácticas y definiciones es la relacionada con la oposición entre evangelismo y evangelización, puesto que la primera se refiere, más bien, a una especie de moda o a un conjunto de técnicas encaminadas a conseguir el mayor número de conversiones, y la segunda al proceso mediante el cual la presencia del Evangelio de Reino de Dios se vuelve efectiva en medio de los diversos avatares de la existencia humana. Y ciertamente hay mucha diferencia entre ambas. El evangelismo es una tendencia, un conjunto de pasos o una forma de hacer las cosas, mientras que la evangelización es una actitud permanente, una práctica espontánea que se lleva a cabo todo el tiempo. El evangelismo enseña a la gente a pensar: “Hoy me corresponde compartir el Evangelio y he de cubrir un determinado número de personas con quienes debo hacerlo”. La evangelización es una tarea continua de los individuos y de la iglesia en su conjunto. Detrás del evangelismo hay estrategias de mercadeo, detrás de la evangelización debe haber una sólida teología que la respalde.

Evangelizar es ante todo dar testimonio de una transformación en el interior mismo del ser humano: por la resurrección de Cristo nuestra propia resurrección ya ha comenzado. Por su infinito respeto en relación con quienes encontraba (visible a través de las curaciones contadas en los evangelios), rebajándose para no dejar a nadie más abajo que él (es el sentido de su bautismo), Cristo Jesús ha vuelto a dar valor y dignidad a cada uno. Más todavía: Jesús ha estado con nosotros en la muerte, para que podamos estar cerca de él en su comunión con el Padre. […] Los cristianos de los primeros siglos resumieron todo esto diciendo: “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”.[1]

El verbo evangelizar deriva directamente del Nuevo Testamento y se refiere al acto de anunciar la buena noticia de la aparición de Jesucristo y se su obra en el mundo: “…esta buena nueva no hay que separarla del mensajero que la trae y este mensajero es Jesús mismo (cf. Lc 11.20; Mt 5.1s). Pero él no sólo aparece como mensajero y autor de este mensaje sino, al mismo tiempo, como su contenido, es decir, como aquel de quien habla este mensaje. Es, pues, completamente lógico, que la iglesia cristiana primitiva haya tomado el concepto de euangélion para describir de un modo sintético el mensaje de salvación ligado a la venida de Jesús”.[2] Mt 11.5b resume muy bien el impacto de semejante anuncio para destinatarios específicos. De modo que no solamente por antigüedad, el concepto de evangelización es el más adecuado para referirse a la acción de anunciar, de proclamar, de hacer actual la obra salvadora de Jesucristo en el mundo.

La sal y la luz, metáforas de un testimonio evangelizador permanente
Las breves parábolas de la sal y de la luz concluyen la proclamación de las bienaventuranzas y terminan la primera parte del Sermón del Monte. Ambos elementos, tan necesarios en la vida cotidiana, forman parte del mundo simbólico de muchas religiones y culturas. La tradición bíblica encontró en las propiedades de la sal (sabor y preservación de los alimentos), un símbolo de la sabiduría. Para Mateo, esta sabiduría, esta actitud básica ante la vida, es la Palabra misma de Dios, la Buena Noticia, no como algo abstracto, sino como una realidad personificada en la vida de los creyentes: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mt 5.13). La advertencia sobre lo insípido de la sal resuena hoy quizá con más urgencia que en otras épocas de la historia de la Iglesia, sobre todo ante el abandono de tantas ideologías y creencias. La vida posmoderna se caracteriza no tanto por la incredulidad sino por una forma de escepticismo que no se conoció en esa forma antes, al grado de que la exigencia actual para la fe cristiana es que en esta época se reacciona más ante el impacto del testimonio que de los discursos religiosos desgastados. Por ello, quienes desean anunciar la Buena Noticia corren el riesgo de convertirla en una ideología más, precisamente, sin suficiente “sabor”.

En la misma línea se mueve la comparación de los cristianos con la luz del mundo. Más claramente que la sal, la luz evoca el mensaje de Jesús reflejado en la conducta diaria de sus seguidores. San Pablo llegaría a decir: “Si en un tiempo eran tinieblas, ahora son luz por el Señor: vivan como hijos de la luz” (Ef 5.8). También la luz, sin el testimonio, es opaca; brilla solamente a través de las obras. Esta metáfora tiene un fuerte componente de crítica espiritual y religiosa para cualquier etapa de la historia humana en que sea necesario y hasta urgente desvelar realidades que quedan oscurecidas o nubladas por la maldad o la injusticia. Responde a la comprensión de que, en efecto, la venida del Señor Jesucristo efectivamente vino a iluminar este mundo entenebrecido por tantas situaciones negativas, opuestas a los designios divinos. Pero la iglesia, y cada creyente en particular también, podría decirse que tiene que “aprender a ser luz en el mundo”. La práctica irrestricta de la verdad y de la equidad en todas las relaciones, así como la promoción activa del amor de Dios en todos los espacios humanos, es la manera en que se espera que los seguidores/as de Jesús sean luz en medio del mundo.

El Señor no dejó de incorporar la crítica a la efectividad de la luz en el mundo, en medio de la oscuridad: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (5.15). Y también resuena la pregunta posterior en el mismo sermón del Señor: “Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (6.23b, RVR60). La iglesia está formada por los “hijos de la luz” (Ef 5.8b) y tiene en sus manos, nada menos que “las armas de la luz” (Ro 13.12-14) para realizar su misión en el mundo con un énfasis ético insustituible y que va más allá del mero moralismo que a veces la invade (“Las iglesias como reservas éticas”[3]). Hoy no nos queda más que hacer nuestras las palabras de San Pablo, reflexionar sobre ellas seriamente y experimentarlas en la época que nos tocó vivir, asimilando los tonos graves y agudos de las mismas: a) “Yo no anuncio la buena noticia de Cristo para sentirme importante. b) Lo hago porque Dios así me lo ordenó. c) ¡Y pobre de mí si no lo hago! d) Yo no puedo esperar que se me pague por anunciar la buena noticia, pues no se me preguntó si quería hacerlo; ¡se me ordenó hacerlo! e) Pero entonces, ¿qué gano yo con eso? ¡Nada menos que la satisfacción de poder anunciar la buena noticia, sin recibir nada a cambio!” (I Corintios 9.16-18a, TLA).





[1] “¿Qué quiere decir ‘evangelizar’?”, en Taizé, www.taize.fr/es_article4894.html.
[2] U. Becker, “Evangelio”, en Lothar Coenen et al., dirs., Diccionario teológico del Nuevo Testamento. II. 2ª. ed. Salamanca, Sígueme, 1990, p. 149.
[3] Cf. L. Cervantes-Ortiz, “Las iglesias como reservas éticas: observaciones, puntualizaciones, desafíos”, en Signos de Vida, Consejo Latinoamericano de Iglesias, núm. 40, junio de 2006, pp. 2-5.

Mateo 5.11-16, TLA

11 Dios los bendecirá a ustedes cuando, por causa mía, la gente los maltrate y diga mentiras contra ustedes. 12 ¡Alégrense! ¡Pónganse contentos! Porque van a recibir un gran premio en el cielo. Así maltrataron también a los profetas que vivieron antes que ustedes.
13 Ustedes son como la sal que se pone en el horno de barro para aumentar su calor. Si la sal pierde esa capacidad, ya no sirve para nada, sino para que la tiren a la calle y la gente la pisotee.
14 Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. 15 Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.

sábado, 15 de julio de 2017

Letra 527, 16 de julio de 2017

A 500 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DE LUTERO
UNA INTERPRETACIÓN DESDE LA DESCOLONIZACIÓN EPISTEMOLÓGICA
Enrique Dussel
La Jornada, 14 de julio de 2017

En 2014 fui invitado a la Universidad de Heidelberg a una reunión del grupo inicial de profesores universitarios luteranos que preparaban los festejos del 500 aniversario de la presentación de las 95 tesis de Lutero en Wittenberg. Había unos 40 profesores alemanes, algunos norteamericanos y brasileños (ya que en Brasil hay una comunidad importante de la Iglesia luterana). El argumento que expuse en ese encuentro deseo resumirlo en esta corta contribución.
Europa, en la así llamada Edad Media, era una cultura aislada, periférica y subdesarrollada sitiada por el Imperio otomano, por la civilización islámica que no siendo feudal sino urbana y mercantil se extendía desde el Atlántico con Marruecos, atravesando los reinos de Túnez, el sultanato fatimita de El Cairo (y al sur conectando con los reinos sud-saharianos en África), el califato de Bagdad (en manos del Imperio otomano), hacia Irán, Afganistán, los mongoles en el norte de la India, los sultanatos del sudeste asiático en torno a Malaka, y llegando al Pacífico por la isla de Mindanao en Filipinas. Además, por sus caravanas, unían Bagdad con Constantinopla en el occidente, al norte con la Kiev eslava, con El Cairo al sur, con Kabul y la India hacia el oriente, y por los desiertos al norte del Himalaya llegan hasta la China. Es decir, el mundo arabo-musulmán tenía un horizonte continental universal desde el Atlántico al Pacífico, y Europa era una pequeña península provinciana occidental secundaria (desde el siglo VII hasta fines del siglo XV) con unos 70 millones de habitantes (la mitad de sólo China).
El norte de Europa (germánica, tierra de Lutero) debía conectarse a las altas civilizaciones del continente Euroasiático a través del sur, es decir gracias a Italia (con sus grandes puertos tales como Venecia, Génova, Nápoles, Amalfi, etcétera), cuyas naves llegaban a las costas occidentales del Mediterráneo y de allí el Medio Oriente, accediendo a la civilización mercantil por excelencia: el mundo musulmán ya descrito. Es decir, el norte de Europa feudal debía inevitablemente estar unida a la Roma italiana para no quedarse aislada del sistema económico, político y cultural euroasiático. El Mediterráneo (pequeño mar periférico en comparación con el Índico y el Pacífico, que eran llamados el ‘‘Mar de los árabes’’ y el ‘‘Mar de China’’) era el camino obligado hacia el centro de todo el sistema: que estaba situado entre la China y la India (la región más desarrollada en grandes descubrimientos matemáticos, astronómicos, tecnológicos, económicos, políticos, etcétera). ¡Europa dormía la siesta feudal!
Por el ‘‘descubrimiento del Atlántico’’ y la ‘‘invasión de América’’ en 1492, efectuada por Europa (por España al occidente, y Portugal al sur y hacia el oriente), hubo una revolución geopolítica, y el centro del nuevo sistema-mundo será ahora el Atlántico norte  (sólo en este siglo XXI el Pacífico comienza a recuperar su antigua centralidad). El origen simultáneo de la Modernidad, del capitalismo, del colonialismo, del eurocentrismo y de muchos otros fenómenos debe verse con los nuevos ojos de la ‘‘descolonización epistemológica’’; es decir, desde una total nueva visión del mundo y de la historia que supere la fetichización de lo explicado desde el eurocentrismo desapercibido de las ciencias, en especial de las ciencias sociales hoy vigentes aun en América Latina.
Y bien, la hipótesis que deseamos proponer consiste en lo siguiente: Martín Lutero (1483-1546) hubiera sido un heresiarca intra-europeo medieval sin significación mundial, como lo fueron por ejemplo Jan Hus o Juan Wycliffe, de no haberse situado el nuevo centro geopolítico en el Atlántico norte. Nunca ningún autor ha propuesto esta hipótesis debido al unánime y fetichizado eurocentrismo en la interpretación de la historia mundial (visión que hoy repetimos en América Latina y en todas nuestras universidades coloniales ‘‘sucursaleramente’’; historia mundial construida sólo hace dos siglos por los románticos alemanes, y en especial por Hegel, que pensaba equivocadamente que Europa era el ‘‘fin y el centro de la historia mundial’’).
En 1517, tres años después que Bartolomé de las Casas comienza la crítica de la Modernidad al mostrar la injusticia del sistema económico de la encomienda instaurado por Europa (España) en el Caribe, y más concretamente en Cuba, es decir, en el naciente colonialismo del Sur global, Lutero critica a la Iglesia cuya consecuencia fue la separación del norte de Europa del sur de Europa situada en el Mediterráneo. ¿Cómo hubiera sido posible una tal separación en la Edad Media de una Europa sitiada por los turco otomanos? Y es que separarse de una Roma localizada geográficamente junto al Mediterráneo era quedar totalmente aislados del mundo civilizado. Pero gracias a la apertura al Atlántico, al comienzo del siglo XVI, ese norte de Europa se conectaba por el Báltico (que antes era el fin del mundo) al nuevo centro del sistema geopolítico: el Atlántico. Ahora el norte de Europa podía conectarse al nuevo sistema mundo y separarse del Mediterráneo, del sur de Europa, de Roma, y esa separación no sólo era posible sino conveniente. La gran Confederación comercial de la Hansa del Báltico podía ahora conectarse por el Atlántico con todo el mundo, sitiando al mundo arabo-musulmán continental desde los Océanos siguiendo la senda de Portugal y España.
La iglesia cristiana germánica del norte de Europa podía declarar su autonomía, gracias al Báltico abierto al Atlántico, de la iglesia cristiana latina del Mediterráneo, que dejaba de ser el centro de la Europa feudal medieval. Nacía también en el sur mediterráneo una nueva iglesia (obsérvese lo que digo: nueva) moderna, que tenía como respaldo la primera cristiandad colonial: la Cristiandad de las Indias occidentales (Latinoamérica), que con el sur latino mediterráneo de Europa y Francia constituirán en torno al Concilio de Trento (1545-1563) a la Iglesia católica, que será también nueva (o al menos no será meramente medieval) como la Iglesia luterana, y después calvinista, anglicana, evangélica, presbiteriana, etcétera. Todas serán iglesias modernas, son Cristiandades (es decir, iglesias articuladas a los estados modernos, y jugando la función al mismo tiempo de religión y fundamento cultural o ideológico del Estado). El Kierkegaard (luterano dinamarqués) y Marx (judío bautizado en su niñez como luterano alemán) se levantaron contra estas Cristiandades protestantes (que para Kierkegaard invertían, es decir, negaban el cristianismo primitivo, y que para Marx, en el caso especial del calvinismo principalmente inglés de A. Smith, fundaban, como lo pensaba Hegel, al Estado con la religión y al capitalismo con una inversión del Evangelio cristiano primitivo).
Lutero, como puede verse, fue un reformador del cristianismo medieval y abrió la puerta a un cristianismo moderno. La llamada Contrarreforma (en especial los jesuitas) fue la otra cara del mismo fenómeno, que estaba igualmente muy lejos del cristianismo primitivo).
La llamada Teología de la Liberación contemporánea y latinoamericana (siendo América Latina la única cristiandad colonial) significa un nuevo movimiento de profunda transformación en la historia del cristianismo, ya que vuelve al cristianismo primitivo para, en primer lugar, invertir la inversión de la Cristiandad (que se inicia con Constantino en el siglo IV, cuando de perseguido y crítico el cristianismo es transformado en el fundamento de la dominación de los esclavos del Imperio romano o de los siervos del feudalismo en el Sacro Imperio germánico). Y para, en segundo lugar, invertir la segunda inversión del cristianismo en el caso de las Cristiandades europeas que se tornan metropolitanas, modernas, colonialistas (desde finales del siglo XV; es decir, las cristiandades española, francesa, inglesa, dinamarquesa, etcétera, y hoy norteamericana; de las iglesias católica, luterana, calvinista, evangélica, etcétera). Esta crítica surge desde sus colonias, neo-colonias o naciones explotadas del Sur global.
Lutero cobró entonces significación mundial, y no meramente provinciana como otros críticos cristianos medievales, por la función que cumplirá el norte de Europa al conectarse al Atlántico, pudiendo separarse de Roma, y después producir la Revolución industrial y la Ilustración en el siglo XVIII. ¿Quién hubiera pensado que el descubrimiento del Atlántico por parte de Europa (en primer lugar España), y la mera irrupción de Nuestra América en la historia mundial, fue la condición de posibilidad geopolítica de la importancia global de Lutero del que en este año 2017 recordamos sus 500 años?
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WIBRANDIS ROSENBLATT (1504-1564)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Resultado de imagen para wibrandis rosenblattNacida en Basilea, fue hija de Hans Säckingen y de Magdalena Strub. Murió en Basilea. Su padre estuvo al servicio del emperador Maximiliano. Estuvo casada primero con Ludwig Keller, magister, fallecido en 1526; con Johannes Ecolampadio en 1528; con Wolfgang Capitón, en 1532; y con Martín Bucero, en 1542. Con éste emigró a Londres en 1549, y a su muerte en 1551 volvió a Estrasburgo y luego a Basilea (1553), donde murió a causa de la peste. Se empeñó apasionadamente por la causa de la Reforma y encarnó el ideal protestante de compañera y ayudante de un pastor. Ayudó continuamente a los refugiados y a los pobres. Es conocida como “la esposa de la Reforma”.
La contribución de Rosenblatt a la Reforma, al igual que Katharina von Bora, se ubica en la esfera doméstica. Su papel fue proveer un refugio tranquilo para un esposo acosado. Estuvo casada con tres reformadores, arquitectos de la revolución religiosa en Basilea y Estrasburgo. Le dio hijos a sus cuatro esposos para un total de 11.
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LA MUJER CANANEA: MADRE DE UNA HIJA ENFERMA (I)
Margot Kässmann

Se trata de una escena llena de tensión: el evangelio de Mateo (15.21ss) cuenta cómo una mujer desconocida, sin nombre, le pide a Jesús que cure a su hija enferma. Jesús paseaba por la región de Tiro y ella corrió a su encuentro gritando. A los discípulos les avergonzaba y le pidieron que atendiera a la mujer. Jesús rechaza a la desconocida ásperamente: él ha sido enviado solamente a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. Es evidente que no quiere tener nada que ver con una extranjera. Pero ella se postra ante él y no se retira cuando Jesús, mostrándose verdaderamente hiriente, le dice: “No está bien quitar el pan a los hijos para dárselo a los perritos”.
¡Qué rechazo tan duro! De buenas a primeras, no parece responder en absoluto a la imagen que tenemos de Jesús: un hombre pacífico y atento. La reacción lógica de una mujer a la que tratan de ese modo sería romper a llorar. Es presentada como un perro que pide limosna. ¡Una grave ofensa! ¿De dónde saca fuerzas la mujer cananea para no romper a llorar, para no retirarse dolida e indignada, y seguir pidiendo, luchando, argumentando?
Pienso que se trata de la preocupación por su hija. Si hay alguna posibilidad de hacer algo por el propio hijo, no hay nada que una madre no intente. La mujer cananea no sabe exactamente quién es Jesús. Pero confía ciegamente en que pueda hacer algo por su hija. Por eso no se rinde, sino que insiste de nuevo. Recoge la imagen ofensiva que emplea Jesús y responde: “Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”.
Una respuesta como esa merece respeto. La mujer no pierde su dignidad. Si Jesús la desacredita, ella admite la ofensa con la cabeza bien alta y reclama su propio derecho. Quien hoy lee este relato sigue sintiendo el giro radical en la comunicación entre este hombre y esta mujer. Si al principio sólo aparece la pedigüeña, la gritona, la extraña arrodillada que ponía nerviosos a los discípulos, esta respuesta nos da la sensación de que, reaccionando a esta humillación, la mujer mira ahora a Jesús directamente a los ojos. Se atreve a dar este paso, porque no está pidiendo nada para ella. Pide para su hija. Jesús tiene que percibir ese cambio. Le dice: “Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos”, y la hija sanó.
Es evidente que el mismo Jesús aprendió algo de ese encuentro. Ya hace años describí a la mujer cananea como “maestra” de Jesús, lo que me supuso algunas críticas: “Jesús no tenía que aprender”. No obstante, pienso que, puesto que Jesús era verdadero hombre, es natural que sus horizontes y perspectivas vitales se renovasen y ampliasen constantemente. A partir de ese momento, Jesús lo ve claro: no se trata ya sólo de Israel sino de propagar la buena nueva de Dios para todo el mundo.
Si pensamos en el papel de la mujer en esta escena, vemos lo siguiente: la madre de un hijo enfermo acarrea una carga especial. Sufre con el niño, y con tal de verlo a él sano, a menudo preferiría ser ella quien afrontara los dolores. Duele mucho ver al propio hijo tan debilitado. Y para cuidar a un hijo enfermo o impedido, hay que ser especialmente fuerte. Es mucho más agotador que cuidar de un hijo sano. El sufrimiento penetra hasta lo más profundo del corazón de la madre…

Una situación vital así puede aislarte. La paciencia de los demás para con los enfermos suele agotarse rápidamente. Mientras los otros crecen y prosperan, el tuyo no se desarrolla, sigue pálido y débil, enfermizo, tal vez sufre constantes achaques de salud. Eso le da a cualquier madre una punzada en el corazón. Y en ello hay muchas veces una falta de aceptación, una sublevación contra el hecho de que el propio hijo no esté sano. La enfermedad, la preocupación, la envidia y el agotamiento hacen más difíciles y menos imparciales las conversaciones con otras madres.

Actividades

OREMOS POR TODOS LOS HERMANOS Y HERMANAS ENFERMOS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 18 de julio, 19 hrs.
Modera: LCO

Llamamiento: Salmo 120
Oración de ofrecimiento
Himno: “Dios, grande es tu amor” (56)
Momentos de oración
Lectura bíblica: Jeremías 51.1-12
Tema: Advertencias contra Babilonia (II)
Himno: “A cada instante te necesito” (360)
Ofertorio
Bendición pastoral


CONTRA BABILONIA
José María Ábrego de Lacy

J
r 51.1-14: A Israel y Judá las defiende su Dios. No son viudas indefensas. Mantenerlas desterradas es una ofensa que Babilonia va a pagar. Varios temas o recursos conocidos recorren de principio a fin este conjunto de versículos, si bien no faltan peculiaridades que lo caracterizan. Son conocidos el tema de las langostas (Jr 51,14; véase 46,23), la venganza divina (Jr 51,6) o el bálsamo curativo (Jr 51,8; véase Jr 8,22), la copa de la ira (Jr 51,7; véase Jr 13,12-13; 25,15-29; 49,12-13), así como el recurso al Atbash (Leb-Camay en vez de Caldeos, Jr 51,1; véase Jr 25,25-26 y 51,41). Respecto a las peculiaridades se pueden señalar: a) el cambio de persona en los verbos: comienza hablando Dios en primera persona (Jr 51,1- 2), se pasa a hablar de él en tercera persona (¿el profeta? Jr 51,3-8) y toma la palabra un coro que se expresa en primera persona del plural (Jr 51,10-11), para concluir con unos versículos dirigidos a Babilonia y pronunciados por el profeta o el coro (Jr 51,12- 14); b) sólo en los últimos cinco versículos se constata una quíntuple invocación del nombre del Señor; c) resulta conmovedor el intento del pueblo por curar la herida de Babel (Jr 51,9-10) y su invitación a la alabanza divina. La alusión a los medos como instrumentos de la victoria del Señor (Jr 51,11) evidencia un origen posterior. De todos modos, la madre de Ciro era de Media y siempre se consideran como aliados los medos y los persas (véase Dn 5,28; 6,8.12.15).
Jr 51,15-33: El conjunto es notablemente heterogéneo. Jr 51,15-19 está tomado casi al pie de la letra de Jr 10,12-16. La potencia del Dios creador hace vano el poder atribuido a los ídolos babilónicos. El ambiente de polémica anti-idolátrica utiliza frecuentemente el mismo tema, al que une el derecho de propiedad sobre Israel (Is 44,9- 20; 40,12-23).

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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

22 – Evento juvenil
23 – Capacitación de oficiales

24-26 – Curso de Verano-Campamento

Evangelización y amor de Dios en el mundo: perdón y reconciliación, L. Cervantes-O.


16 de abril, 2017

Cristo nos envió para que hablemos de parte suya, y Dios mismo les ruega a ustedes que escuchen nuestro mensaje. Por eso, de parte de Cristo les pedimos: hagan las paces con Dios.
II Corintios 5.20, Traducción en Lenguaje Actual

Evangelizar es compartir activamente el amor de Dios
No deberían quedar dudas acerca de la estrecha relación entre la evangelización y el acto de compartir el amor de Dios en el mundo. Ante tanta violencia, odio e injusticia, la evangelización se sitúa como un conjunto de actos de proclamación y encarnación del amor divino. Las comunidades cristianas deberíamos ser “escuelas activas de amor y de justicia” al grado de que deberíamos ser vistas como auténticos oasis en medio de los desiertos humanos. La Escritura es muy directa al mostrarnos casos de intervención divina en los que la mediación humana, siempre imperfecta, complica la aplicación del amor de Dios como alivio para la situación de maldad e injusticia. Porque la evangelización también responde a situaciones concretas como un verdadero bálsamo capaz de curar las dolencias de la humanidad desgarrada: racismo, intolerancia, rechazo, marginación, odio arraigado, etcétera. Cuando el Evangelio se predica auténticamente el efecto del mismo sobre las contradicciones de la existencia humana es eficaz y transformador. Tal como lo plantea la clásica oración atribuida a Francisco de Asís: “Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría”.[1]

Dice un comentarista acerca de lo sucedido en la historia narrada en el libro de Jonás: “Yavé es tan justo que llega a perdonar al opresor arrepentido”.[2] Vaya fórmula tan exacta que resume lo acontecido en ese relato peculiar que se sale de la “norma profética” por su capacidad de transgredir todos los estereotipos que podían esperarse: primero, un Dios preocupado por los enemigos de su pueblo (¡nada menos que la capital del imperio del momento!); segundo, un promotor del perdón y de la reconciliación con Dios que se niega rotundamente a realizar su tarea; y tercero, la impredecible y positiva respuesta de arrepentimiento por parte del pueblo opresor al anuncio del amor de un Dios supuestamente extranjero y “confinado” en una comunidad sometida. Todos los ingredientes del libro apuntaban al fracaso del “proyecto evangelizador” hacia los asirios, visto desde la óptica del nacionalismo recalcitrante de Jonás, al que hay que sumarle su desobediencia y su mal carácter. Tanto es esto así, que en el lugar menos esperado y ante una “urgencia evangelizadora” tan crítica como la que ocasionó el envío del profeta, surge esplendorosamente el humor del Dios de Israel.

La elección de alguien como Jonás para evangelizar la capital de Asiria es un ejemplo de un auténtico miscast (selección dudosa) por parte de Dios: ¿él era la persona más adecuada para llevar a cabo semejante labor? ¿Podría estar a la altura de las circunstancias en términos de comprensión de los alcances del proyecto divino de perdón y de reconciliación? No cabe duda de que el personaje antiguo es una metáfora de lo que significa servir a Dios para anunciar todas estas cosas. No es casualidad que se haya hecho alguna vez la pregunta (desde América Latina) acerca de si se trataba de un profeta o de un payaso.[3] Luego de parecer que bien podríamos ahorrarnos lo narrado en los primeros dos capítulos, “en condiciones normales” (obediencia, apertura al diferente, amor por el prójimo, incluso por el opresor: ¡parece que Dios demandaba bastantes cualidades a su profeta!), el cap. 3 muestra al heraldo de Dios experimentando no necesariamente el gozo o la alegría por la respuesta de los destinatarios de un mensaje que, no obstante, sonaba totalmente contradictorio (“¡Dentro de cuarenta días Dios va a destruir esta ciudad!”, 3.4b). Porque, en ocasiones, así se evangeliza también hoy en día, con el anuncio del juicio por delante, en vez de subrayar el amor divino para toda su creación. “Hemos de aprender a mirar al ser humano no tanto a la luz de su pecado sino a la luz de su sufrimiento” (Dietrich Bonhoeffer). Es una suerte de anti-evangelización en la práctica misma de la proclamación. Por ello Dios tuvo que corregir y explicar todo el proceso en el último capítulo de la historia, con las palabras más simples y llanas que podían imaginarse, para dar, además, una lección de amor y apertura al profeta: “¿No crees que yo debo preocuparme y tener compasión por la ciudad de Nínive? En esta gran ciudad viven ciento veinte mil personas que no saben qué hacer para salvarse, y hay muchos animales” (4.11). Su discusión con Jonás es de antología.

El amor de Dios, llamado permanente a la reconciliación
De manera parecida, el apóstol Pablo en II Corintios 5, avanzó pasos significativos en el proceso de comprensión de la evangelización como una promoción del perdón y la reconciliación. “Hacer las paces con Dios” llegó a estar en el centro de su mensaje, el cual, progresivamente, lo fue comprendiendo como un factor crucial en la resolución de la enorme problemática humana. Evangelizar consiste, según explica en el v. 11, en compartir un conocimiento y una experiencia: “Nosotros sabemos que hay que obedecer y adorar a Dios. Por eso tratamos de convencer a los demás para que crean en él”. En la relación con la comunidad de Corinto se estaba desarrollado un intenso “estira y afloja” entre el fundador de la misma y sus hábitos y tendencias establecidos. De ahí que el apóstol tenga que llegar a conclusiones igualmente intensas y terminantes: “Si acaso estamos locos, lo estamos por querer servir a Dios. Y si no lo estamos, es para el bien de ustedes. El amor de Cristo domina nuestras vidas” (vv. 13-14a). La reconciliación tenía que comenzar al interior de la comunidad para que, así, ésta tuviera la capacidad de transmitirla a los demás.

La premisa básica de la evangelización tiene que ser definitivamente cristológica: “Sabemos que él murió por todos y que, por lo tanto, todos hemos muerto. Así que, si Cristo murió por nosotros, ya no debemos vivir más para nosotros mismos, sino para Cristo, que murió y resucitó para darnos vida” (14b-15). La nueva creación del famoso v. 17 es el resultado de esa reconciliación, pero también un punto de partida. La enemistad con Dios (18) se traducía en una serie de animadversiones y odios hacia los demás, pero ahora la iglesia, los discípulos/as de Jesús han recibido el encargo, el “ministerio de la reconciliación” (diakonían tes katallagés). ¡Vaya tarea para realizar en medio de tantos dilemas y contradicciones! A ese ministerio se refería Francisco en su oración. Allí es donde Pablo sugiere otra definición de evangelización: los amigos/as de Dios invitación al mundo a reconciliarse, a hacer las paces con Dios (20). Con base en ello, los integrantes de la iglesia han de hacer el anuncio vital del amor de Dios.





[1] “Hazme instrumento de tu paz”, en www.aciprensa.com/Oracion/asis2.htm.
[2] Jacir de Freitas Faria, “Denuncia, solución y esperanza en los profetas”, en RIBLA, núm. 35-36, 2000, p. 33, www.claiweb.org/images/riblas/pdf/35.pdf.
[3] Enrique Vijver, Jonás: ¿profeta o payaso? Buenos Aires, La Aurora, 1988.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...