sábado, 18 de noviembre de 2017

Ezequiel 36.16-38, TLA

16 Dios también me dijo: 17-19 "Quiero que sepas que cuando los israelitas vivían en su país, mataron a tanta gente que dejaron la tierra manchada de sangre. ¡Quedó manchada como una mujer en su período de menstruación! Para colmo, llenaron el país de ídolos malolientes. Por eso me enojé con ellos y los dispersé entre las naciones.
20-21 Por culpa de ellos la gente se burló de mí, pues a dondequiera que llegaban, la gente decía: 'Si éstos son el pueblo de Dios, ¿por qué han tenido que abandonar su tierra?'. Entonces decidí defenderme".
22-23 "Por lo tanto, diles de mi parte a los israelitas: 'Ustedes no merecen ser libres, pues por culpa de ustedes las naciones se burlan de mí. Sin embargo, para poner fin a sus burlas les daré libertad. Así las naciones verán que soy un Dios grande y poderoso, y reconocerán que yo soy el Dios de Israel. Lo he dicho, y lo cumpliré.
24 Yo los libraré de todas esas naciones; los reuniré y los llevaré a su tierra. 25 Ustedes adoraron ídolos malolientes, pero yo me olvidaré de sus maldades; las limpiaré como quien limpia un trapo sucio. 26 Yo les daré nueva vida. Haré que cambien su manera de pensar. Entonces dejarán de ser tercos y testarudos, pues yo haré que sean leales y obedientes. 27 Pondré mi espíritu en ustedes, y así haré que obedezcan todos mis mandamientos. 28 Entonces vivirán en la tierra que les di a sus antepasados, y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.
29-30 Ya no dejaré que sigan pecando así. Les daré tanta comida que no volverán a sufrir de hambre ni a pasar vergüenzas delante de las naciones. 31 Entonces se acordarán de su mala conducta y de sus acciones tan repugnantes, y se avergonzarán. 32 Entiéndanme bien: todo esto lo haré para que ustedes se avergüencen de su mala conducta, y no porque se lo merezcan. Les juro que así lo haré.
33 Y cuando ya los haya limpiado de todas sus maldades, los dejaré reconstruir sus ciudades, que ahora están en ruinas. Vivirán en ellas, 34 y cultivarán la tierra que se quedó abandonada. Todo el mundo lo verá,35 y dirá: ‘Esta tierra parecía un desierto, pero ahora parece un jardín; ¡es un paraíso! Las ciudades habían quedado destruidas y desiertas, pero ahora las han convertido en fortalezas, y ya vive gente en ellas’.
36 Entonces los pueblos vecinos que hayan quedado con vida reconocerán que yo soy el Dios de Israel. Reconocerán que puedo reconstruir lo que está destruido, y que puedo volver a sembrar en terrenos desiertos. Yo soy el Dios de Israel, y cumpliré mi palabra'".
37-38 Además, los israelitas llegarán a ser un pueblo muy numeroso, pues así me lo han pedido. Juro que así lo haré. Ahora sus ciudades están desiertas, pero yo haré que vuelvan a llenarse de gente. Así como la ciudad se llenaba de ovejas en los días de fiestas, así se llenará de gente. Entonces reconocerán que yo soy el Dios de Israel.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Letra 544, 12 de noviembre de 2017

CASPAR SCHWENCKFELD (1489/90-1561)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Resultado de imagen para caspar schwenckfeldEspiritualista místico nacido en Ossig (Baja Silesia) de una familia de la baja nobleza y muerto en Ulm. Tras estudiar en Colonia y Fráncfort actuó a partir de 1518 en la corte de Liegnitz. Fue un teólogo autodidacta y figura clave de la reforma de la nobleza en Silesia. Ganó en 1521 al duque Federico II para la Reforma en Liegnitz, que a partir de 1524 se extendió por toda Silesia. En la controversia sobre la Cena del Señor (Marburgo) estuvo del lado de Karlstadt y Zwinglio en contra de Lutero. A raíz de la espiritualización de su comprensión teológica (rechazo de la figura exterior de la iglesia), cayó bajo sospecha de anabautismo y abandonó Leignitz en 1529 para ir a la alta Alemania (Estrasburgo, Augsburgo, Ulm) donde tiempo después rompió relaciones con los reformadores. Tras la condena de sus doctrinas por la Liga de Esmalcalda, sólo pudo actuar literariamente en la clandestinidad y a través de su correspondencia, entre otros con Pilgram y Marpeck.
Su doctrina, plenamente desarrollada hacia 1540, se orientó por reconocimientos de tenor pneumatológico y soteriológico. El pecado es la naturaleza del hombre, que ya antes del pecado original necesita el conocimiento de Cristo para alcanzar la condición de imagen y semejanza de Dios. La naturaleza humana de Cristo fue divinizada después (en afirmaciones posteriores, antes) de su ascensión al cielo, y su carne transfigurada es la comida de los creyentes (doctrina de la carne celestial de Cristo). Vinculó a Dios sólo con la interioridad del ser humano, no con los ritos externos (sacramentos). A partir del reconocimiento de que su espiritualidad sólo podía vivirse en pequeños círculos, se formaron conventículos en Ulm y Augsburgo, así como en la nobleza caballeresca. Hubo círculos en Prusia oriental, Silesia (hasta 1826) y Lusacia. A través de emigrantes de Silesia, la acción de Schwenckfeld adquirió una figura eclesiológica propia en la Iglesia que lleva su nombre (1734), y que ha tenido el mérito de editar sus escritos.

Bibliografía
Matthias Asche, “Kaspar von Schwenckfeld”, en Walter Kasper et al., eds., Diccionario enciclopédico de la época de la Reforma. Barcelona, Herder, 2005, pp. 509-510.
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UNA NUEVA FE PARA UNA NUEVA ÉPOCA: LAS 95 TESIS (XI)
Marco Antonio Coronel Ramos
Universidad de Valencia, 2017

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57. Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.
58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.
59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el término en el sentido de su época.
60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
61. Está claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.
62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

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Si las indulgencias son un obstáculo para la humildad y carecen de toda eficacia, comprarlas es inútil, aunque las avalen las autoridades principales de la Iglesia (T52). Por ello Lutero resume en las T53-55 todos los peligros que hay que evitar en su predicación: que se dé más relevancia a la predicación de las indulgencias que a la de la escritura (T54), suspendiéndose los oficios en unas parroquias para que todos acudan a otra a adquirir indulgencias (T53), o que ceremonialmente se realce más la venta de aquellas que la predicación de esta (T55). Con estas indicaciones está Lutero trazando un retrato vívido de lo que serían aquellas predicaciones de indulgencias.
Se introduce en este punto el tema esencial del tesoro de la Iglesia, que era el argumento esencial usado por los cuestores para saldar su merx sacra. No resulta extraño, en relación con este tema, que la fecha mítica de fijación de las 95T sea la víspera de la fiesta de Todos los Santos, ya que sus méritos -y señaladamente los de Cristo- conformaban, al parecer de la época, ese tesoro administrado por el papa. Este hecho relaciona el tema de las indulgencias con el de las reliquias, porque su posesión no dejaba de ser la constatación material de la existencia de ese tesoro, y de ahí que también las reliquias acabaran por convertirse en un motivo de crítica entre luteranos y reformados, pero también entre humanistas católicos.
Lutero desarrolla esta cuestión en las T56-68. Empieza por declarar que el tema del tesoro no se encuentra suficientemente desarrollado ni explicado (T56). Es esta una manera de reducirlo a lo escolástico y de sancionar que no tiene fundamento en la Biblia. Pero, como es usual cada vez que Lutero introduce un tema, no se limita a certificar el desconocimiento que existe sobre él, sino que intenta aclararlo de una manera rápida y bíblica. Dirá entonces que ese tesoro no es material, porque, según afirma usando de nuevo una carga irónica, los predicadores no entregan nada a los fieles, sino que les trampean sus recursos (T57). Tampoco son los méritos de Cristo y los santos, porque, sobre estos, ninguna autoridad tiene el papa (T58). No parece ser tampoco -sigue usando la ironía- los pobres de la Iglesia, aunque eso era algo que se pensaba en tiempos de san Lorenzo, martirizado en el 258 (T59). Con esta alusión vuelve a indicar que la Iglesia ha perdido el contacto con la tradición (T12) y que ha agrandado la distancia entre el cristianismo primitivo y el de su época, nacido de la reversión de la Edad Media.
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QUINTO CENTENARIO DE LA REFORMA
Ezer R. May May, Diario de Yucatán, 7 de noviembre de 2017

Resultado de imagen para ezer may mayEn el pasado mes se cumplieron 500 años de la Reforma, aquella iniciada por Martín Lutero el 31 de octubre de 1517 al clavar las 95 tesis en la puerta de la capilla del castillo de Wittenberg, Alemania.
Este acontecimiento europeo es motivo de celebración en casi todos los lugares del planeta, sea para recordar el “error” herético o el inicio del “verdadero” cristianismo; no hace falta decir que en este asunto hay perspectivas divergentes.
En el mismo mes también se cumplen 140 años de la llegada a Mérida del primer misionero presbiteriano, Maxwell Phillips, en 1877.
Aunque décadas antes se registra la presencia del colportor Diego Thomson, miembro de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, durante la coyuntura de la separación de Yucatán como república (1841-48).
Empero, el primer reducto no católico con identidad denominacional protestante fue el iniciado por dicho misionero norteamericano.
Por lo tanto, los grupos evangélicos locales con tradición religiosa nacida en la época de la Reforma tienen dos motivos de celebración; sin embargo, este último hecho es opacado por motivos de ignorancia derivados del desinterés y de la apatía hacia la propia memoria histórica local. Aunque es comprensible cuando se considera que el movimiento de Lutero fue la causa original de la actual existencia de los múltiples grupos protestantes, sobrepasando las fronteras doctrinales.
En Yucatán, la Sociedad Bíblica de México, A. C. organizó actividades el 31 de octubre culminando en la noche con un concierto musical. También el sínodo de la Península de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) realizará un culto conmemorativo el 13 de noviembre. Y de manera aislada se realizarán o se han realizado marchas en otros espacios fuera de Mérida para conmemorar el aniversario.
Como puede notarse, un evento histórico y culturalmente lejano hace eco después de cinco siglos, evidenciando su impronta en la historia. Es evidente que ha dejado de ser una conmemoración únicamente europea, para ser también Latinoamericana. Por lo mismo, es necesario reconocer que se han gestado renovaciones teológicas desde visiones propias, para esto basta nombrar al teólogo brasileño Rubem Alves con su Teología de la Liberación Humana.
Liberación que también buscó Martín Lutero desde 1521, cuando notó que el clero católico sólo quería su retractación. No obstante, como sostuviera el historiador y teólogo Ernst Troeltsch, el luteranismo y calvinismo continuó con una cultura eclesiástica manteniendo la noción medieval del corpus christianum; es decir, Iglesia-Estado como cuerpo indivisible (El protestantismo y el mundo moderno, Fondo de Cultura Económica).
Es así que las palabras de Rubem Alves: “Deus nos deu asas do pensamento para voar, os homens nos deram as gaiolas da religião” (“Dios nos dio alas del pensamiento para volar, los hombres nos dieron las jaulas de la religión”) son sentimientos vigentes que convocan a la permanente reforma.
Si bien las Reformas se iniciaron en Europa, se actualizan y se mantienen vivas en América Latina.
Desde esta perspectiva, las experiencias de las ideas reformadas en contextos extra-anglosajones adquieren importancia —está de más decir que el protestantismo norteamericano desarrolló otro rostro religioso-doctrinal—, por lo tanto, no es para nada ocioso saber cómo dichas ideas lograron asentarse en tierras mexicanas y yucatecas. Infravalorar los acontecimientos locales sería erróneo porque, como dije, la Reforma ya no es únicamente europea.
La historia (regional y local) demanda a los teólogos (regionales y locales) sus reflexiones renovadas desde un diálogo abierto.
Y precisamente ese es el objetivo del Coloquio “Pensar la Reforma Protestante desde el sureste de México”, a realizarse el 16 y 17 de noviembre en el auditorio del Presbiterio Peninsular en esta ciudad.
Sin una teología abierta al pensamiento histórico y social, y dispuesta a escuchar y cavilar las críticas (como conjunto de opiniones derivadas de un análisis), la fórmula “Iglesia reformada, siempre reformándose” no tiene ningún sentido. En conclusión, sólo celebrar no es suficiente.

Actividades

OREMOS POR EL NUEVO PROYECTO DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 14 de noviembre, 19 hrs.
Modera: A.I. Lauro Adame B.

Llamamiento: Salmo 42.1-5
Oración de ofrecimiento
Himno: “En momentos así” (411)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 10
Tema: Visión de la gloria de Dios
Himno: “Cristo, nombre glorioso” (242)
Ofertorio
Bendición pastoral

EL SEÑOR SE RETIRA DE LA CIUDAD EN LLAMAS
Julio Lamelas Míguez

E
z 10.1-22 es uno de los pasajes más complicados del libro por las repeticiones, añadidos y manipulaciones que ha sufrido. El Señor da una última orden al escriba vestido de lino: después de marcar y liberar a los inocentes, ha de quemar la ciudad con fuego. Pero antes de la ejecución, la gloria de Dios abandonará el templo y la ciudad. De nuevo aparece el tema del carro, instrumento importante en este capítulo, primero como portador del fuego que va a consumir la ciudad y luego para transportar la gloria de Dios que abandona el templo. La imagen del carro, instrumento clásico utilizado para llevar el arca (véase I Sam 6; II Sam 6; Ex 25) adquiere nuevos matices en Ezequiel, quizá recibidos de la tradición sacerdotal. Aquí se encuentra combinada con repetidas alusiones a los seres misteriosos de los que habla Ez 1, denominados querubines.
Del incendio de la ciudad casi únicamente se menciona la orden. En cuanto a la ejecución no se dice otra cosa que el encargado se dirige a coger las brasas ardientes de entre los querubines, las coge y se marcha (Ez 10.7). El fuego, elemento purificador y escatológico contra Jerusalén y sus hijos, es un castigo que será anunciado en casi todos los oráculos de condenación (véase Ez 15; 16; 19; 21; 22; 23; 24) y ya ha sido mencionado en la acción simbólica de Ez 5. La novedad es que este fuego de las brasas ardientes parte del trono divino, presente en el carro, para indicar con mayor insistencia que el castigo viene de Dios mismo, como un "incendio de su ira".
Pero el máximo castigo que puede sufrir el pueblo israelita es la partida de la gloria de Dios, mayor incluso que su exterminio o el incendio de la ciudad santa. Ha llegado el tiempo de la ira divina; Dios abandona su templo y los impíos extranjeros lo destruirán. El horizonte parece condenado a la desesperanza (véase Ez 11.22-25).
A esta visión habrá que añadir Ez 11.22-25 que viene a ser una conclusión de Ez 10.1-22, interrumpida por la inserción de Ez 11.1-21. La gloria después de abandonar Jerusalén se dirige al Monte de los Olivos situado al oriente de la ciudad y se traslada a Babilonia para acompañar y proteger a los deportados, de los que saldrá el nuevo Israel, el resto. Antes de que la gloria de Dios se dirija al Monte de los Olivos (Ez 11.23), etapa con la cual se concluye la visión, los redactores insertan Ez 11.1-21.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

19 – Actualización de oficiales
26 – Planeación de actividades para 2018

Dios comparte la vida con su pueblo, L. Cervantes-O.


12 de noviembre de 2017

…porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.
Yo les aconsejo, a ustedes y a sus descendientes, que elijan la vida, y que amen a Dios y lo obedezcan siempre.
Deuteronomio 30.19b-20a, Traducción en Lenguaje Actual

Dt 30 en contexto: El exilio no es el final de la historia
Las palabras de Dt 30.3-6 son la base para una adecuada comprensión del resto del capítulo, pues estamos ante una declaración de fe anclada en las promesas de Dios para un pueblo que ya ha experimentado el exilio. Y vale la pena detenerse en ellas para percibir el sabor de dichas promesas en medio de tiempos difíciles, pero esperanzadores, para este pueblo heredero de una historia antigua de salvación: “Dios les tendrá compasión y los volverá a bendecir. Los hará volver de los países a los cuales los envió. Aun si ustedes se encuentran muy lejos, Dios los buscará y los traerá de nuevo al país que prometió a sus antepasados. Allí prosperarán y tendrán más hijos que sus antepasados. Dios hará que se olviden de hacer el mal. Entonces ustedes y sus descendientes lo amarán y lo obedecerán con toda su mente y con todo su ser, y no por obligación. Así podrán vivir muchos años”.

Bien ha resumido Edesio Sánchez este salto en el tiempo y en el espacio para reencontrarse con el Dios de la Alianza:

Para una comunidad que está colocada ante la Palabra divina, y dispuesta a la conversión, Deuteronomio promete el bien divino en modo superlativo: “Te hará prosperar [te hará bien], y tendrás más descendientes de los que tuvieron tus antepasados” (30:5). “El futuro al que el teólogo invita a los exiliados no es una simple restauración, es una bendición divina todavía más grande” (W. Brueggemann). Así, el mensaje exílico, que se muestra como una declaración de culpabilidad, será en el posexilio una palabra bienhechora, restauradora, que refleja la «alegría» divina. Y aquí, nuevamente, pasado, presente y futuro son traídos al momento histórico de la comunidad exílica: Dios está dispuesto a realizar una nueva obra grandiosa. Y esta promesa abarca al pueblo del futuro, pues el pasaje insiste en las generaciones del “mañana” (vv. 2, 6).[1]

Porque la Alianza con Yahvé sobrepasa los tiempos y las generaciones, su llamado a las nuevas generaciones de Israel (lo que quedaba de él después del destierro) para retomar los compromisos de antaño en una nueva época es estremecedor. Se trataba de colocar en nuevas coordenadas históricas todo el caudal de esperanzas y anhelos que el pueblo seguía avizorando como parte de su pertenencia a los planes divinos de ser bendición para todas las naciones. El hecho de haber estado en otras tierras los obligó a ser portadores de esa fe y hacerla visible en medio de otras culturas y circunstancias. No siempre salieron bien librados en esa tarea, pero lo cierto es que la literatura historiográfica marcada por el Deuteronomio presentaba precisamente esa posibilidad como una nueva oferta de salvación: en efecto, el exilio no era el fin de la historia, pues había algo distinto, radicalmente nuevo, en el horizonte de fe del pueblo. No se podía saber con certeza de qué se trataba, pero existía luz al final del túnel por obra y gracia de las acciones de Dios. “El anuncio de la irrupción de lo nuevo y la invitación a olvidar el pasado no están matizados ni por lo positivo ni por lo negativo. Al pueblo no se le pide olvidarse sólo de lo malo y recordar lo bueno. Se le invita a olvidar el pasado y punto. Es ‘borrón y cuenta nueva’. Lo único que se mantiene es la necesidad de obedecer a la Palabra de Dios, algo que siempre jala hacia el futuro”.[2] La única condición es arrepentirse y estar dispuestos a obedecer (30.10).

Escoger la vida de Dios como acto absoluto de fe
“No hay que olvidar que, aunque el Deuteronomio insiste varias veces sobre el lugar en el cual se halla el pueblo, en realidad se trata de un recurso literario para actualizar el antiguo pacto hecho con Dios y con Moisés como mediador. […] El trasfondo histórico es la caída del reino del sur, la destrucción del Templo y de Jerusalén y la deportación a Babilonia (587 a.C.). Todo el capítulo es un intento de responder a los interrogantes y dudas que trajo consigo la caída de Judá” (La Biblia de nuestro Pueblo. Biblia del Peregrino). Lo que importaba era reconstruir la fe y la esperanza en ese Dios que, aunque los había castigado, estaba dispuesto a perdonarlos, a circuncidarles el corazón (6) y a traerlos de regreso a la tierra que bajo juramento había dado a sus padres (20). Israel ya no tendría excusas para incumplir más los preceptos del Señor: era necesario escoger la vida, en lugar de la muerte, el bien, en lugar del mal (15), y la bendición, en lugar de la maldición (19), pues los preceptos del Señor son perfectamente comprensibles a todos, están al alcance de todos y, por tanto, pueden ser practicados por todos (11-16). Esta “democratización” de la voluntad de Dios se había dado a partir de la experiencia del exilio, un periodo de duro aprendizaje para la fe del pueblo.

Los mandamientos nuevos estaban hechos “a la medida del corazón”: “Para el lector de Deuteronomio la historia pasada de Israel no podría producir otra cosa más que pesimismo y desesperanza: el pueblo había sido incapaz de obedecer la voluntad de Dios. Sin embargo, la promesa de un futuro mejor agrega algo más de la bondad divina: a través de este libro, Yavé ha dado una ley que es accesible, comprensible, y que está concebida para no trascender las capacidades humanas. Se trata de una ley diseñada para un ser humano de carne y hueso, con sus pies puestos en esta tierra, y con un corazón y oídos en total sintonía con la voz de Dios”.[3] La superposición de la historia antigua con la época posterior al exilio tuvo como propósito alentar al pueblo para situarse permanente e incondicionalmente del lado de la vida de Dios, es decir, tomar partido absoluto por las iniciativas divinas para conseguir el bienestar de las personas en una nueva situación. Había que establecer las bases de una nueva sociedad, completamente biofílica.

La tierra donada deberá ser una tierra poseída; la vida ofrecida deberá ser una vida vivida. Sólo existe una manera de lograrlo, y ha sido expresado con todo detalle en la instrucción del Señor. Se refiere a la manera en que Israel vive cada una de las áreas de su vida: el culto, la pureza de vida, la justicia y la imparcialidad hacia el vulnerable, el pobre y el esclavo; la honra a los padres, el respecto al prójimo, la administración de la justicia, el liderazgo de la nación, el trato del orden natural, la práctica de la guerra, el trato hacia la mujer, y muchas otras cosas más. Vivir en la tierra de acuerdo con las directrices de todos estos preceptos de la tora del Señor —la instrucción de Dios— es sentar las bases para una vida buena y bendecida.[4]

Los pares presentados por Dios como opción existencial manifiestan las posibilidades históricas, los dilemas que deben enfrentarse y resolverse para encontrar la siempre renovada voluntad de Dios, puesto que cada etapa demanda respuestas y acciones también nuevas, dado que el Deuteronomio “deja las respuestas del ser humano bajo posibilidades abiertas y aplicables por cada nueva generación que se une en alianza con Yavé”.[5]



[1] E. Sánchez, Deuteronomio. Buenos Aires, Kairós, 2002 (Comentario bíblico iberoamericano), pp. 423-424, .
[2] Ibíd., p. 423.
[3] Ibíd., p. 428.
[4] Patrick D., Jr., Deuteronomy. Louisville, John Knox Press, 1990, p, 214, .cit. por E. Sánchez, op. cit., pp. 429-430.
[5] Ibíd., p. 430.

Deuteronomio 30.11-20, TLA

11 Estos mandamientos son fáciles de obedecer, y cualquiera puede cumplirlos. 12-13 No son difíciles de entender, ni hace falta que alguien se los explique para que puedan obedecerlos. 14 Al contrario, son tan fáciles que cualquiera puede entenderlos, y ya los tienen en la mente y en los labios. Todos pueden meditar en ellos, y hablar de ellos y obedecerlos.
15 Hoy deben elegir qué prefieren. ¿Quieren que les vaya bien, o quieren que les vaya mal? ¿Quieren tener vida, o prefieren la muerte? 16 Si aman a Dios y obedecen todos sus mandamientos, Dios los bendecirá. Vivirán muchos años en el país que van a recibir, y tendrán muchos hijos. 17 Pero si son desobedientes y se van a adorar a otros dioses, 18 quiero que sepan que de seguro morirán. No podrán quedarse en el país que ahora van a recibir al otro lado del río Jordán.
19 El cielo y la tierra son testigos de que hoy les he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Yo les aconsejo, a ustedes y a sus descendientes, que elijan la vida, 20 y que amen a Dios y lo obedezcan siempre. De ustedes depende que vivan muchos años en el territorio que él prometió a Abraham, a Isaac y a Jacob, los antepasados de ustedes.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Letra 543, 5 de noviembre de 2017

ISABEAU D'ALBRET (ISABEL DE NAVARRA) (1513-1560)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Resultado de imagen para isabeau d'albretHija de Jean d’Albret y de Catherine de Foix, fue esposa de René, primer conde de Rohan. Ella se reunió con el almirante de Coligny en 1556 y se estableció en Berna, cuando, en 1557, Juana de Albret, su sobrina, introdujo el protestantismo en Navarra. Aunque muy atraída también por la Reforma, fue sólo después de la muerte de su marido en 1558, y por respeto a su fe, que se convirtió e introdujo el protestantismo en su castillo de Blain donde se organizó la primera iglesia protestante bretona. Recibió al pastor Dandelot, quien predicó la religión reformada de Nantes. Loiseleur, pastor de Villiers, pronunció el primer sermón calvinista. El rey le otorgó, en 1560, la libertad de conciencia para ella y toda su casa. “Ese mismo año entregó su alma a Dios, dejando a su hijo el relevo”.
      Su conversión al protestantismo, decisiva para el calvinismo en Bretaña, fue tardía. Esto explica que su único retrato (poco conocido) está en un hermoso vitral atribuido a la flamenca Jost Nagher en la Iglesia Parroquial de San Salomón, en La Martyre. Extraño destino para una princesa hugonota de los Pirineos: ¡su única imagen terrenal en una capilla católica de las montañas de Arrée!”.

Bibliografía
“Isabeau d’Albret”, en Museo Protestante, www.museeprotestant.org; “Isabeau d’Albret (ou de Navarre, 1513-1560)”, en Les Protestants bretons, http://protestantsbretons.fr/huguenots/isabeau-dalbret-vicomtesse-de-rohan.
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UNA NUEVA FE PARA UNA NUEVA ÉPOCA: LAS 95 TESIS (X)
Marco Antonio Coronel Ramos
Universidad de Valencia, 2017

Resultado de imagen para 95 tesis51. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.
52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.
53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.
54. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.
55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante) deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.
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Pero no insistiremos lo suficiente en que, en 1517, Lutero no tenía en mente la ruptura con Roma, y de ahí que se muestre seguro en que el papa desconocía los abusos de los predicadores de indulgencias porque, de saberlo, no aceptaría, a su juicio, que la construcción de san Pedro se hiciese sobre la pobre economía de los fieles (T50). Puede haber una cierta ironía en estas palabras, pero también hay una última chispa de confianza en la posibilidad de reforma de la Iglesia. Tal vez haya algo de ambos hechos: una crítica a que se subvencione la construcción de san Pedro con el sudor de los pobres, engañados en su buena fe, a lo que el papa, que firmaba la bula de indulgencia, no podía ser ajeno; pero, al mismo tiempo, también puede existir una última resistencia a considerar que el papa estuviera enterado de las actuaciones anticanónicas y antievangélicas de los predicadores. En esa resistencia habría una última esperanza en la reforma desde dentro de la Iglesia y un último atisbo de esperanza en la autoridad del papa, cuyo papel dentro de la Iglesia estaba también tratando de delimitar.
Esta preocupación se pondrá de manifiesto más adelante, cuando indique su pesar ante el hecho de que los argumentos tan hilarantes empleados de los predicadores, pudieran acabar desacreditando a la Iglesia (T90). Esa misma ambigüedad se encuentra en la afirmación de que el papa preferiría entregar su dinero a los pobres fieles, antes que sacárselo para construir la nueva Basílica. Este pensamiento será reiterado hasta la saciedad a lo largo de toda la reforma, y no sólo por autores luteranos o reformados. Muchas de estas críticas se sustanciarán en contrastar la riqueza del papa y de los jerarcas de la Iglesia con la pobreza de Cristo. El propio Lutero lo dice así en otras ocasiones: “Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de san Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios”, pero siempre insistiendo en que más vale dar el dinero para los pobres.
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UN HOMBRE QUE CAMBIÓ SU MUNDO: LUTERO Y LA REFORMA (Fragmento)
Roberto Breña, Nexos, 1 de noviembre de 2017

Resultado de imagen para lutero nexos breñaAcaban de cumplirse 500 años del día considerado comúnmente como el punto de partida de la transformación religiosa que marcó al mundo occidental como muy pocos otros procesos históricos lo han hecho. Este proceso es conocido con una expresión bastante inofensiva: “la Reforma”. La jornada en cuestión es el 31 de octubre de 1517. Ese día, un fraile agustino, llamado originalmente Martin Luder, supuestamente clavó, en la iglesia del poblado de Wittenberg en el noreste del Sacro Imperio Romano Germánico, un documento con 95 tesis en contra de la venta de indulgencias por parte de la iglesia católica. Escribo “supuestamente” porque la historiografía actual cuestiona que dicha acción haya tenido lugar. De lo que no cabe dudar es que la difusión de un sermón que Lutero redactó en lengua alemana a principios de 1518 sobre las indulgencias fue el detonador de “la Reforma”. Una reforma que, en realidad, fue una revolución religiosa, teológica, social, política y económica que cambió la faz de Europa en muy poco tiempo y cuyas ramificaciones terminarían alcanzando a toda la cultura occidental. Si Martín Lutero clavó o no las (cuestionadas pero célebres) 95 tesis en contra de las indulgencias es pues una cuestión secundaria. Lo fundamental es que su mundo inmediato y varias sociedades europeas de su tiempo (entre otras, la suiza, la danesa y la sueca) cambiaron radicalmente su fisonomía en unos cuantos años “a partir” de ellas. De hecho, en varios aspectos buena parte de Occidente sigue bajo la estela de “la Reforma” y, por lo tanto, bajo la estela de un fraile agustino que a la sazón tenía 34 años. En palabras de Thomas Kaufmann, Lutero “transformó la Iglesia occidental y, con ella, el mundo de un modo como pocas veces lo ha hecho otro hombre antes o después de él”. […]
Lutero era un hombre preparado (era doctor en teología) que poseía una energía, una tenacidad y una valentía poco comunes. Además, era un hombre que recurrió a todos los medios a su alcance para difundir su mensaje y sus convicciones; un mensaje lleno de “fogosidad”, de “impulsos nunca calculados”, de “intemperancia verbal” y de “temibles excesos del lenguaje”, en gran medida porque dicho mensaje provenía de un hombre que “no sabía interesarse más que en sí mismo, en su conciencia y en su salvación”. Es este el Lutero que surge en las primeras semanas de 1518. A partir de ese momento y hasta, por lo menos 1530, el fraile agustino que casi nadie conocía fuera de su natal Eisleben, en donde había visto la luz en 1483, y de Wittenberg (en cuya universidad hizo sus estudios de teología y en donde enseñó durante más de 30 años), se convirtió en una máquina de pensamiento, reflexión teológica y trabajo intemperante. Durante esa docena de años Lutero predicó una infinidad de sermones, tradujo el Nuevo Testamento al alemán y escribió cientos de panfletos, además de participar en varios debates religiosos que fueron célebres en todo el imperio. Al final de ese periodo el luteranismo desembocó en la llamada “Confesión de Augsburgo”. El 25 de junio de 1530 el pensador luterano más importante del primer protestantismo, Felipe Melanchton, presentó ante Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1519, un documento redactado por el propio Melanchton que, más que ningún otro, contribuyó “a consolidar el protestantismo y a enfrentarlo contra el catolicismo”. […]
Aunque ha sido señalado infinidad de veces por estudiosos de la Reforma, cabe hacer aquí una afirmación tajante, pero no exenta de verdad: sin imprenta no hay Lutero o, mejor dicho, sin imprenta no hay luteranismo. Fue la imprenta la que le permitió dar a conocer su pensamiento, la que lo difundió, la que ganó para él millones de adeptos, la que permitió que 430 ediciones (parciales o completas) de la llamada “Biblia de Lutero” fueran publicadas entre 1522 y 1546 y la que dio a conocer y difundió cientos de grabados antipapistas que tuvieron ante sus ojos millones de habitantes del Sacro Imperio. Sin estos elementos es prácticamente imposible explicar el éxito de “la Reforma”. […]
Es realmente difícil hacer una valoración de Lutero y de “la Reforma” en pocas palabras, sobre todo porque estamos ante un hombre lleno de tensiones y ambigüedades. Hijo de un padre campesino, Lutero era completamente medieval en su manera de ver al mundo político. Solamente en una ocasión puso un pie fuera del imperio (cuando fue a Roma en el invierno de 1510) y mostró poco interés por Europa en general. Lutero, además, puede ser considerado antihumanista en más de un sentido (su enfrentamiento con Erasmo no fue ninguna casualidad), así como apologista de las autoridades constituidas y un crítico acérrimo de los campesinos cuando osaron levantarse contra sus amos. Por último y para no extenderme más, Lutero fue un decidido defensor de la familia en su sentido más tradicional y sostuvo posturas claramente antisemitas. Sin negar ninguno de los “cargos” anteriores, lo cierto es que el movimiento que Lutero encabezó desde 1517 hasta su muerte casi 30 años después, en 1546, tiene muy pocos parangones en la historia en lo que se refiere a sus consecuencias para el mundo moderno.
La “reforma” de Martín Lutero significó, en primer lugar, la ruptura de la unidad cristiana que había definido a la Edad Media; además, fue el punto de partida de la “desclericalización” de la vida humana, arrebató al sacerdocio el lugar privilegiado que ocupaba en el mundo católico y “mundanizó” a la familia, al trabajo y al Estado. Para concluir, contribuyó significativamente al desarrollo de los Estados absolutistas y, a pesar del propio Lutero, desembocó en la tolerancia religiosa. Se olvida a menudo que, en más de un sentido, dichos Estados son los basamentos de la modernidad política de Occidente.

Actividades

OREMOS POR EL NUEVO PROYECTO DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 7 de noviembre, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Salmo 40.1-10
Oración de ofrecimiento
Himno: “Guarda el contacto…” (523)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 9
Tema: Visión de la muerte de los culpables
Himno: “Roca de la eternidad” (642)
Ofertorio
Bendición pastoral

EL CASTIGO
Julio Lamelas Míguez

Desde la puerta alta que mira al norte, es decir, la de entrada al atrio del templo, llegan los exterminadores convocados por el fuerte grito de Dios. La visión de Ez 9-1-11 es la de una destrucción completa de la ciudad y recuerda el exterminio de los egipcios en la noche en la que Dios liberó a su pueblo (véase Ex 12). El desastre comienza en el santuario, especial foco de idolatría, dentro del cual el mal ya era crónico, y termina en las calles, que han sido escenario de grandes violencias.
En esta visión el profeta intercede por el pueblo pecador, pero es demasiado tarde. Sin embargo, para Israel queda un resquicio de esperanza. Los señalados con la letra Tau, última del alefato hebreo (véase Ap 7), los yahvistas fieles no verán el castigo. Siete hombres, símbolo de totalidad, serán los encargados de las ejecuciones. Nadie podrá librarse de esta destrucción, excepto los marcados o señalados, aquellos que no contemporizaron con la idolatría.
Entre esos siete hombres encargados del exterminio, el que está vestido de lino va armado, no de un instrumento destructor, sino de una cartera de escribano, porque su misión principal es escribir la letra Tau en la frente de todos los que han sido fieles.
La marca que ha impreso en su frente, símbolo de fidelidad, los salva del exterminio. Los marcados son propiedad del Señor, parte sagrada y por ello intocable (véase Jr 2.3; Sal 105.15). _______________________________________

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

12 – Reunión de Consistorio
19 – Actualización de oficiales

26 – Planeación de actividades para 2018

“Ser perfeccionados juntamente con los testigos de la fe”: Aprendamos del don de Dios para la vida, L. Cervantes-O.


29 de octubre de 2017

…porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.
Hebreos 11.40, Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy

La vida de Dios está por encima del tiempo y del espacio
El extraordinario recuento de la historia de la salvación que aparece en el capítulo 11 de la carta a los Hebreos plantea, como se sabe, la primacía de la fe en la relación Dios en cualquier etapa de la misma. La reiterada insistencia en dicha primacía (22 veces) muestra a cada personaje mencionado firmemente anclado en la total confianza en Dios, quien se les fue manifestando en medio de los conflictos que enfrentaron. La fe fue como “la melodía de fondo que dio sentido s sus vidas” (La Biblia de Nuestro Pueblo). La mención tan exhaustiva de cada uno de ellos alcanza un ritmo indetenible y llega, hasta el v. 32, con una pregunta que marca una pausa: “¿Y qué más diré?”, para introducir una reflexión sumaria de lo acontecido mediante otra enumeración de acontecimientos (vv. 33-34), para luego referirse a la fe de las mujeres y sus desafíos propios (v. 35a), siempre acechados estos héroes y heroínas de la fe por la muerte y la exigencia de que Dios mostrara cómo se impondría sub vida sobre estas realidades opuestas y trágicas: su respuesta fue, como subraya el mismo versículo, la resurrección para imponerse sobre las fuerzas mortíferas.

La pregunta obligada es: “¿Cómo pudieron aquellos hombres y aquellas mujeres hacer lo que hicieron, mantenerse firmes, luchar contra corriente y sin tregua en el mundo hostil en que les tocó vivir?” (Ídem). La fe fue lo que los sostuvo como “peregrinos y forasteros en la tierra” (v. 13) y como buscadores de una patria mejor (v. 16). Por la fe en lo que se les había prometido, Jesús el Mesías, murieron “viéndolo y saludándolo de lejos” (v. 13), aunque no llegaron a conocerlo. Por la fe, también ofrecieron sus vidas “prefiriendo una resurrección de más valor” (v. 35). Dos cosas llaman la atención hasta este punto: primero, el hecho de que, aunque forma parte de un documento que maneja ampliamente el método alegórico para transmitir su enseñanza, su acercamiento a la historia es sólido y profundamente aleccionador. Dicho método tendía a relegar a la historia a un papel simbólico y a establecer tipos o modelos antiguos para entender la obra redentora de Jesucristo. Esto se presenta varias veces en los capítulos previos al referirse al papel de la ley (10.1: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan”) y en el lenguaje el mismo cap. 11, por ejemplo, en el v. 27, donde se dice que Moisés “se mantuvo firme como viendo al Invisible”.

Por otra parte, la sugerencia de que Dios ve, a través de su Hijo, al pueblo creyente de todos los tiempos de manera simultánea, otorga al texto una proyección sobre el tiempo que no puede dejar de sorprender: ¡los y las creyentes de todos los tiempos somos vistos desde el “prisma cristológico”! Esto es, que, mediante la obra redentora de Jesucristo, la barrera temporal es superada y abolida por obra y gracia de Dios para colocar, al mismo tiempo, y en la sintonía de la fe, a todos quienes han vivido, viven y vivirán delante de Él gracias a la fe como principio vital absoluto. El v. 39 llega a un punto en el que subraya que toda esa larga nómina de creyentes, con todo y su gran experiencia de fe, aún no ha obtenido la aprobación total por su creencia, pues no han recibido los resultados de la promesa completa, porque están esperando a todos los creyentes posteriores, de otras épocas más plenas. En otras palabras, esos muertos están muy vivos, pues como dijo el Señor en Marcos 12.27a: “Dios no es Dios de muertos sino de vivos”. La vida de Dios los ha invadido de tal manera que, allí donde están, están vivos para el Señor, porque Él “es Señor tanto de los muertos como de los vivos” (Ro 14.9b). Muchos de ellos, aun muriendo en condiciones tan negativas, ahora viven la vida de Dios y se encuentran en “estado de eternidad”, aguardando la manifestación de la salvación completa: no están completos sin el resto de los redimidos por Dios.

Dios perfecciona la vida de su pueblo de todos los tiempos
Al final de su recorrido histórico por los personajes de la historia de Israel, el predicador afirma que aquellos fieles creyentes, con todo y las grandiosas experiencias que vivieron “no cumplieron su destino sin nosotros” (40). La muerte fue para ellos/as una auténtica puerta que los trasladó y los puso del lado de la vida verdadera: ¡todos ellos viven ahora mismo en el Señor y desde esa “eternidad provisional” nos aguardan y estimulan para tener tanta fe como ellos la tuvieron! La “nube de testigos” (12.1a), la “Iglesia triunfante” es una verdadera multitud de redimidos que ya disfruta del anticipo de la presencia divina y nos atrae hacia ellos para compartir la gran bendición de la compañía del Señor. Pero el carácter incompleto de la salvación sigue allí, según el v. 40: desde esa eternidad aguardan los resultados de la fe de sus sucesores, es decir, nosotros, como lo recuerda el lenguaje del autor de la carta.

Todos los creyentes del Antiguo Testamento no pudieron conocer históricamente al Mesías, pero gracias a la fe Él ya los ha recibido anticipadamente. Lo que hace este texto es extraordinario: “Por una parte, abarca en un abrazo solidario a todos los testigos de la fe que peregrinaron por la tierra buscando, creyendo y esperando en Dios, aunque no llegaron a conocer a Aquel en quien la fe tiene sentido y cumplimiento: Jesús de Nazaret. Por otra, nos abarca a nosotros, los cristianos que sabemos y conocemos y por eso completamos el destino de todos ellos al anunciar y proclamar el nombre santo del Salvador universal” (Ídem). La fuerza de las promesas de Dios se sitúa en el tiempo y lo sobrepasa para formar una comunidad de creyentes que aguardan la plenitud de la consumación de las mismas.

El texto enfatiza que ellos están incompletos sin nosotros: “El cumplimiento de las promesas que esperaban los santos del Antiguo Testamento no tuvo lugar hasta que estuvo completa la obra salvadora de Cristo. Pero ahora ya han obtenido (6.12) aquello que los cristianos que están todavía en la tierra poseen únicamente a título de anticipación, mientras aguardan su plena posesión” (Myles M. Bourke, Comentario bíblico San Jerónimo. Tomo IV, p. 370). Dicho de otro modo: ni ellos ni nosotros estamos completos todavía. La simultaneidad de los tiempos en la óptica de Dios se aplica ya sobre las acciones históricas de fe que aún estamos por realizar en este mundo para enlazarlas con las de aquellos que nos han precedido, como parte de un proceso completamente opuesto a lo que se enseñó en su momento sobre las indulgencias, pues con ellas se aludía también a la importancia de las obras de los creyentes que ya forman parte de la eternidad de Dios. Nuestra esperanza presente en la vida que Dios nos otorga y otorgará se funda en la misma fe que esos creyentes tuvieron y anticiparon: eso nos unifica y coloca en el mismo horizonte espiritual, que va más allá de lo que pensamos e imaginamos acerca de la vida eterna prometida. Ésa es la razón de la perseverancia con que hemos de asumir “la carrera que nos es propuesta” (12.1-2).

Como resume muy bien Samuel Pérez Millos: “Los hombres de fe de la antigüedad tenían la promesa, pero Dios la difirió en el tiempo para que fuese alcanzada por todos los creyentes a la vez. […] El texto, sin embargo, habla de perfeccionamiento, que tiene que ver, en gran medida con el Nuevo Pacto, ya que en el antiguo no se alcanzó jamás la perfección necesaria […] Esa promesa de redención se ha cumplido y por la obra sacrificial y sacerdotal de Cristo, tanto ellos como nosotros hemos alcanzado la perfección”.[1]



[1] Samuel Pérez Millos, Hebreos. Terrassa, CLIE, 2009, p. 700, http://apologiabiblica.net/pagina/millos/hebreos.pdf.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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