sábado, 19 de mayo de 2018

Mateo 6.25-34

25 No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan.
26 Miren los pajaritos que vuelan por el aire. Ellos no siembran ni cosechan, ni guardan semillas en graneros. Sin embargo, Dios, el Padre que está en el cielo, les da todo lo que necesitan. ¡Y ustedes son más importantes que ellos!
27 ¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más? 28 Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. 29 Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas.
30 Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará más por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios!
31 Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner. 32 Sólo los que no conocen a Dios se preocupan por eso. Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y él sabe lo que ustedes necesitan.
33 Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Dios les dará a su tiempo todo lo que necesiten. 34 Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso. Recuerden que ya tenemos bastante con los problemas de cada día.

sábado, 12 de mayo de 2018

Letra 568, 13 de mayo de 2018


PABLO, APÓSTOL DE CRISTO (LA PELÍCULA)

Una emocionante y épica historia del hombre que persiguió a la iglesia primitiva y luego se convirtió en su más grande defensor. Pablo, conocido antes como Saulo de Tarso, se convirtió en el cristianismo mientras viajaba en el camino de Jerusalén a Damasco en una misión para arrestar a los cristianos, hasta que Jesús resucitado se le apareció y quedo ciego por tres días.
En el elenco de la tan esperada película se destaca el actor Jim Caviezel, quien protagonizó el largometraje La Pasión de Cristo, y en esta cinta dará vida al apóstol Lucas; mientras que el apóstol Pablo será interpretado por James Faulkner. La cinta muestra a Pablo y su radical transformación del más vil perseguidor de los cristianos, al apóstol más influyente de Jesucristo.
La película presenta sus últimos días, en una prisión en Roma, debilitado físicamente y en espera de su sentencia de muerte por el emperador Nerón. Mientras que el empecinado prefecto de la prisión de Mamertina, busca entender cómo ese viejo hombre puede representar una amenaza. La película cuenta los desafíos y luchas que enfrenta Pablo, quien escribe cartas a las comunidades cristianas desde la cárcel para alentar a los creyentes a permanecer fuertes en su fe contra la persecución romana; así como Lucas quien se esfuerza en proclamar y vivir el evangelio de Jesucristo.

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Andrew Hyatt ya dirigió hace tres años Llena de gracia, película centrada en los últimos días de la virgen María. Similar tratamiento realista (y espeso) impregna su siguiente realización, que gira en torno a los días en prisión del hierático apóstol Pablo y su legado, recogido en varios documentos por su amigo y discípulo Lucas, encarnado por Jim Caviezel, quien fuera Jesucristo en la bárbara pasión según Mel Gibson.
Todo cuadra en el actual cine teológico de Hollywood: aquí es también una Roma violenta y cruel en la que los cristianos o bien son despedazados en la arena o queman como antorchas humanas en las calles.

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Es el año 67 D.C. Nerón echa la culpa a los cristianos de los incendios que él ha cometido. Son tiempos difíciles para los cristianos, son carne de los espectáculos circenses. Pablo es hecho prisionero por los romanos. Mauricio es el prefecto de la prisión. En otro tiempo, Pablo era conocido como Saulo de Tarso, un brutal asesino de cristianos de alto rango.
Lucas, el galeno, cuando se entera de que Pablo está preso decide ir a rescatarle. El anciano Pablo le convence que debe seguir en prisión y que su verdadera misión es escribir su historia. Así es como comienza a transcribir y sacar clandestinamente las cartas de Pablo a la creciente comunidad de creyentes. Pese a la inhumana persecución a la que los somete Nerón, estos hombres y mujeres difundirán el Evangelio de Jesucristo y cambiarán el mundo.

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LOS HOMBRES DEL MAESTRO (XII)
TADEO
D. Yuber Galindo

Raro y poco conocido por este nombre, ya que se le conoce generalmente como S. Judas Tadeo. Con el nombre de T. se le cita en dos de las listas que los evangelistas nos ofrecen de los Apóstoles. Aparece en primer lugar en el Evangelio de S. Mateo, que da la lista de los Doce Apóstoles dividida en tres grupos de cuatro: Mt 10.2-4. Y también aparece T. en la misma lista de Apóstoles del Ev. de S. Marcos: Mr 3.16-19.
El pasaje paralelo del Ev. de S. Lucas, al dar esta misma lista, omite el nombre de T., y en su lugar pone el de “Judas de Santiago” (Lc 6.14-16). Y en el Ev. de S. Juan se leen las únicas palabras que recogen los Evangelios de este Judas, que reflejan ciertamente un gran celo apostólico: en el llamado Sermón de la última cena, en un momento dado, Judas “no el Iscariote”, enfervorizado de caridad hacia el prójimo, interrumpe: “Señor, ¿cómo ha de ser esto, que te has de mostrar a nosotros y no al mundo?” (Jn 14.22). Finalmente, aparece también en la lista de los Apóstoles que da el libro de los Hechos (Hch 1.13); aquí se dan los nombres de once, pues Judas el traidor estaba ya excluido; y el último nombre de esta lista es el de “Judas de Santiago”, como en S. Lucas.
El nombre Judas es frecuente en el N. T. y también en la Iglesia primitiva. Nada tiene, pues, de particular que aparezcan varios discípulos de Jesús con este nombre. Por otra parte T. es más bien un sobrenombre, de la raíz aramea tadde (“seno, pecho”); y de aquí su significación fundamental de “amado, esforzado, animoso”. Además, algunos manuscritos, como el Códice Beza, en el texto citado de Mt 10.3, en lugar de “Tadeo” leen “Lebbeo” (Nestlé, N. T. graec. ap. crit.). Este otro sobrenombre “Lebbeo”, viene del hebreo libbai, de la raíz leb, que significa corazón. También puede ser toponímico de “Lebba”, pequeña aldea de Galilea, donde habría nacido. Así, pues, este Apóstol tenía dos sobrenombres, además de su nombre propio. ¿Cuál era éste? Los autores generalmente afirman que era el de Judas. Y se le daban esos otros sobrenombres para diferenciarlo de los demás, sobre todo para distinguirlo del traidor: Judas Iscariote (cfr. M. Tuya, Biblia Comentada, V, Madrid 1964, p. 235).
La tradición antigua afirma que T. y Judas de Santiago son una misma persona, que es denominada Judas Tadeo o Lebeo (Orígenes: PG 14,1016; Tertuliano: PL 1,1308). Y se apoya en los textos citados de Mt y Mc. A esto oponen algunos exegetas el hecho de que S. Lucas le llame “Judas de Santiago”. Y arguyen que, en el N. T., cuando se trata de parentesco expresado por un genitivo después de un nombre, se quiere consignar una relación no de fraternidad, sino de paternidad. El mismo S. Lucas en ese mismo contexto habla de Santiago de Alfeo, en sentido de «hijo» de Alfeo. Pero esto no es del todo concluyente. Esta frase de S. Lucas, bien que interpretada de diversas maneras, lo ha sido también y sobre todo en sentido de “hermano”. Lo cual es conforme a la gramática y también usado en el griego clásico. Así lo afirman autores como M. J. Lagrange (Evangile S. Luc., París 1921, p. 181), F. M. Abel (en su Grammaire du grec biblique, París 1927, 176), y más recientemente M. Tuya.
Realmente, pues, T. y Judas de Santiago, citados así indistintamente en los Evangelios, son de hecho una misma persona, uno y el mismo Apóstol. La razón fundamental de ello es ésta: T. sólo es citado en las listas de Mt y Mc; pero como en las cuatro listas coinciden los nombres de los doce Apóstoles excepto éste, se sigue por exclusión que el T. de Mt y Mc es la misma persona que citan Lc y Hch con el nombre de Judas de Santiago.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y LA CRUZ (VI)
Dietrich Bonhoeffer

Resultado de imagen para bonhoeffer bethge descléeEs preciso llevar el sufrimiento para que este pase. O es el mundo quien lo lleva, y se hunde, o recae sobre Cristo, y es vencido por él. Así, pues, Cristo sufre en representación del mundo. Sólo su sufrimiento es un sufrimiento redentor. Pero también la Iglesia sabe ahora que el sufrimiento del mundo busca a alguno que lo lleve. De forma que, en el seguimiento de Cristo, el sufrimiento recae sobre la Iglesia y ella lo lleva, siendo llevada al mismo tiempo por Cristo. La Iglesia de Jesucristo representa al mundo ante Dios en la medida en que sigue a su Señor cargando con la cruz.
Dios es un Dios que lleva. El Hijo de Dios llevó nuestra carne, llevó la cruz, llevó todos nuestros pecados y, con esto, nos trajo la reconciliación. El que le sigue es llamado igualmente a llevar. Ser cristiano consiste en llevar. Lo mismo que Cristo, al llevar la cruz, conservó su comunión con el Padre, para el que le sigue cargar la cruz significa la comunión con Cristo.
El hombre puede desembarazarse de esta carga que le es impuesta. Pero con esto no se libera de toda carga; al contrario, lleva un peso mucho más insoportable y pesado. Lleva el yugo de su propio yo, que se ha escogido libremente. A los que están agobiados con toda clase de penas y fatigas, Jesús los ha llamado a desembarazarse del propio yugo para coger el suyo, que es suave, para coger su peso, que es ligero. Su yugo y su peso es la cruz. Ir bajo ella no significa miseria ni desesperación, sino recreo y paz de las almas, es la alegría suprema. No marchamos ya bajo las leyes y las cargas que nos habíamos fabricado a nosotros mismos, sino bajo el yugo de aquel que nos conoce y comparte ese mismo yugo con nosotros.
Bajo su yugo tenemos la certeza de su proximidad y de su comunión. A él es a quien encuentra el seguidor cuando carga con su cruz.

Las cosas no deben suceder según tu razón, sino por encima de tu razón; sumérgete en la sinrazón y yo te daré mi razón. La sinrazón es la razón verdadera; no saber adónde vas es, realmente, saber adónde vas. Mi razón te volverá perfectamente irrazonable. Así fue como abandonó Abraham su patria, sin saber adónde iba. Se entregó a mi saber, abandonando su propio saber, siguió el verdadero camino para llegar al fin verdadero. Mira, éste es el camino de la cruz; tú no puedes encontrarlo, es preciso que yo te guíe como a un ciego; por eso, no eres tú, ni un hombre, ni una criatura, quien te enseñará el camino que debes seguir; seré yo, yo mismo, con mi Espíritu y mi palabra. Este camino no es el de las obras que te has escogido, ni el sufrimiento que te has imaginado; es el sufrimiento que yo te indico contra tu elección, contra tus pensamientos y deseos. Marcha por él, yo te llamo. Sé discípulo, porque ha llegado el tiempo y tu maestro se acerca (Lutero).

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OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES DE ESTE MES

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 15 de mayo, 19 hrs.

Modera: Pbro. Alejandro Zamorano

Llamamiento: Salmo 119.65-73
Oración de ofrecimiento
Himno: “Oh, dulce, grata oración” (510)
Círculo de oración (elecciones) y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 33.1-20
Tema: El profeta debe vigilar a su pueblo
Himno: “Grande gozo hay en mi alma hoy” (383)
Ofertorio
Bendición pastoral


EL PROFETA, CENTINELA DE SU PUEBLO
Julio Lamelas Míguez

E
n Ez 33,1-9 el profeta se presenta como centinela para describir su función entre los exiliados. No es el primero en utilizar esta imagen para caracterizar su misión profética. Ya Jeremías hablaba de estos centinelas que el Señor ha dado a su pueblo para que den la alerta en caso de peligro (véase Jr 6.17). De profetas centinelas también hablan Oseas (Os 5.8; 6.5), Habacuc (Hab 2.1) e Isaías (Is 21.6). Ser centinela es una de las características de los verdaderos profetas, porque los falsos no acuden a las brechas para ver lo que pasa y avisar inmediatamente al pueblo (véase Ez 13,5). Los falsos profetas son adivinos, magos y embusteros; el profeta verdadero es el centinela que vigila y está atento a la palabra de Dios; no adivina, sino que lee los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de la palabra de Dios que anuncia. Pero la imagen del centinela evoca también la urgencia y el peligro, porque el profeta aparece en los momentos más difíciles y más dramáticos, en los períodos de crisis del pueblo. Por eso escruta todo aquello que haga referencia a la vida y a la muerte.

Este es el problema fundamental que se le plantea al pueblo: Sufrimos el castigo que merecen nuestro delitos y pecados, y por eso nos estamos consumiendo. ¿Cómo vamos a poder vivir? (Ez 33,10; véase Ez 18). Sin embargo, para Ezequiel, con la señal de alarma, todavía hay tiempo para evitar lo peor. Todavía es posible cambiar el curso de los acontecimientos. El centinela está ahí para que los malvados a quienes se les dirige la advertencia puedan desandar sus malos caminos. El Señor quiere la vida del hombre no su muerte (Ez 33.11). Pero es necesaria la conversión a la que invita frecuentemente el profeta.

Ez 33.10-21 desarrolla el tema de la responsabilidad moral del individuo y la justicia del castigo de Dios tal como se hacía en Ez 18, aunque con algunas diferencias. Allí se hablaba de la solidaridad de los padres y los hijos en la culpa y en la retribución. Aquí se afirma simplemente la retribución personal. Un centinela que debe dar la alarma para salvar a un pueblo es exactamente la definición de Isaías y Jeremías. Pero se percibe que Ezequiel no se interesa, en estos momentos por el pueblo en sí, sino por cada uno de sus habitantes.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

20 – Domingo de Pentecostés / Culto de Evangelización / 
Culto Unido: Iglesia Antioquía, 17 hrs. / Mesa de Diálogo sobre iglesias y elecciones, 18.30 hrs. 

Seguidores/as de Jesús en una comunidad de iguales, L. Cervantes-O.



Priscila en la película Pablo, apóstol de Cristo (Andrew Hyatt, 2018)

13 de mayo, 2018

Saluden a Andrónico y a Junia, que son judíos como yo, y que estuvieron en la cárcel conmigo. Son apóstoles bien conocidos, y llegaron a creer en Cristo antes que yo.
Romanos 16.7, TLA

Los evangelios no son informes detallados sino invitaciones al discipulado [de iguales].[1]
Elisabeth Schüssler Fiorenza

Jesús mismo estableció la consigna que prevalecería al interior de su grupo de seguidores/as en relación con el poder o la preeminencia de algunos sobre los demás: “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, si alguien quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo (doulos) de todos” (Mr 10.43-44). A partir de esas palabras, los discípulos/as debieron atravesar por varias etapas para comprender cabalmente lo que significaba, en el esquema de la venida del Reino de Dios, pertenecer a una comunidad de iguales, a diferencia de lo que acontecía en el resto de la sociedad de su tiempo. No faltan pasajes que evidencian que la dificultad para poner en práctica esta igualdad y hacerla efectiva en medio de la nueva comunidad de hombres y mujeres. Ya en Mr 9.33-37 se manifestaron las disputas sobre quién entre ellos “sería el mayor” y en 10.35ss dos discípulos solicitaron los primeros lugares, lo que dio pie para la enérgica afirmación citada. Resulta muy evidente que los hombres del grupo, dominados por las tendencias prevalecientes, inmediatamente se propusieron relegar a un segundo plano a las mujeres, lo que se aprecia sobre todo en la autoridad concedida a los testimonios de la resurrección, en los que se trató de imponer el de Pedro, por encima de María Magdalena. Esa tendencia aflora en una serie de rasgos posteriores que trataron de imponerse y, con ello, modificar las instrucciones originales del maestro del grupo.

La pertenencia de las mujeres a este grupo es incuestionable: “Las mujeres formaron parte del grupo que seguía a Jesús desde el principio. […] Nunca se dice que Jesús las llamara individualmente, como, al parecer, lo hizo con algunos de los Doce, no con todos. Probablemente se acercaron ellas mismas, atraídas por su persona, pero nunca se hubieran atrevido a seguir con él si Jesús no las hubiera invitado a quedarse. En ningún momento las excluye o aparta en razón de su sexo o por motivos de impureza. Son ‘hermanas’ que pertenecen a la nueva familia que va creando Jesús, y son tenidas en cuenta lo mismo que los ‘hermanos’. El profeta del reino sólo admite un discipulado de iguales”.[2] Jesús sustituyó “el ansia de poder por la entrega a los necesitados y por el servicio”. Por ello, criticó el “concepto cerrado de comunidad, que pretende monopolizar el espíritu de Jesús”, y promovió “una comunidad abierta, consciente de que el Reino de Dios la desborda y se goza con ello”.[3] “Un análisis minucioso de sus tendencias androcéntricas y de sus funciones patriarcales [de los textos] puede, no obstante, proporcionar pistas sobre el discipulado histórico de iguales de los comienzos del Cristianismo”.

Jesús no puede suprimir el carácter abrumadoramente patriarcal de aquella sociedad. Es sencillamente imposible. Sin embargo, introduce unas bases nuevas y una actitud capaces de “despatriarcalizar” la sociedad: nadie puede en nombre de Dios defender o justificar la prepotencia de los varones, ni el sometimiento de las mujeres a su poder patriarcal. Jesús lo subvierte todo al promover unas relaciones fundadas en que todas las personas, mujeres y varones, son creadas y amadas por Dios: él las acoge en su reino como hijos e hijas de igual dignidad. Jesús ve a todos como personas igualmente responsables ante Dios. Nunca le habla a nadie a partir de su función de varón o de mujer. […]
En la nueva familia de Jesús todos comparten vida y amor fraterno. Los varones pierden poder, las mujeres ganan dignidad. Para acoger el reino del Padre hay que ir creando un espacio de vida fraterna, sin dominación masculina.[4]

En Romanos 16, el apóstol Pablo asume la existencia de una comunidad de iguales en la capital del imperio, misma que no había sido fundada por él. Hay, pues, una distancia misionera importante, pues ese grupo no dependía de su influencia inicial para su existencia y organización. Acaso ese dato ayude a explicar la forma tan explícita en que acepta la inclusión de mujeres y hombres como iguales en la vida y misión de la comunidad. Su opinión tan elogiosa para Febe (vv. 1-2), Priscila (3-5), María (6), Junia (7, calificada como “apóstol” y cuyo sexo se cambió, tendenciosamente, con el tiempo), Trifena, Trifosa y Pérside (12), la madre de Rufo (13, quien lo trataba como a su hijo), y Julia y la hermana de Nereo (15). Diez mujeres, de un total de 28 menciones. No es poca cosa y sí muy sintomático del papel desempeñado por ellas en la comunidad romana. Pablo afirmó, con los elementos de estos saludos, además del resto de las enseñanzas de la carta, una auténtica “mutualidad de ministerios” basada en la igualdad de género.

Para Pablo, Febe es una auténtica diaconisa; Priscila está por delante de su esposo en el servicio, sin menoscabo de su papel en la iglesia; Junia es una verdadera “apóstola”. Eso las coloca en un plano de igualdad en el llamado, el servicio y la misión.[5] El cuadro que pinta Romanos 16.1-16 es fascinante en el sentido de la praxis de la comunidad de iguales: “Si Romanos 16 fue enviada originalmente con Febe a la capital del imperio, entonces vemos aquí un retrato de una iglesia vibrante y multifacética que usaba los dones y aptitudes de hombres y mujeres para extender el Evangelio. […] En cualquier caso, Pablo se da cuenta de su profundo endeudamiento con hombres y mujeres en su ministerio”.[6]
En resumen, la comunidad de iguales iniciada por Jesús de Nazaret incluyó discípulos y discípulas sin ninguna distinción, lo que contribuiría a proyectar la misión en nuevos espacios culturales. Tal como afirma Elisabeth Schüssler Fiorenza:

En conclusión: la literatura paulina y el libro de los Hechos nos revelan que numerosas mujeres se contaban entre los misioneros y líderes más destacados del movimiento cristiano primitivo. Eran apóstoles y ministros al igual que Pablo, y algunas fueron sus colaboradoras. Enseñaban, predicaban y participaban en la difusión del Evangelio. Fundaron iglesias domésticas y, como patronas importantes, utilizaban su influencia en favor de otros misioneros y de otros cristianos.[7]

El “discipulado de iguales” debe seguir siendo, entonces, el horizonte hacia el cual se debe mover toda expresión cristiana que desee ser fiel al espíritu del movimiento original de Jesús, en medio de la búsqueda de la humanización completa de mujeres y hombres. En ese proceso, ambos podrán interactuar para que, de manera mutua, sus carismas y ministerios edifiquen a la iglesia: “El hombre identificado a una mujer, Jesús, suscitó un discipulado de iguales que todavía necesita ser descubierto y realizado por las mujeres y los hombres de nuestros días. […] El bautismo es el sacramento que nos llama al discipulado de iguales. […] El Evangelio llama a la existencia a la Iglesia en tanto que discipulado de iguales, continuamente recreado en el poder del Espíritu”.[8]


[1] E. Schüssler Fiorenza, En memoria de ella. Una reconstrucción teológico-feminista de los orígenes del cristianismo. Bilbao, Desclée de Brouwer, 1989, p. 143, http://libroesoterico.com/biblioteca/ESPECIALES1/elisabeth-schussler-fiorenza-en-memoria-de-ella.pdf.
[2] José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica. Madrid, PPC, 2007, p. 230, http://centrodeformacion.com.ve/formacionnacional/fraternidad/sesion-I/docs/5.pdf.
[3] Rafael Aguirre, “La mirada de Jesús sobre el poder”, en Teología y Vida, Vol. 55, núm. 1, 2014, p. 92, https://scielo.conicyt.cl/pdf/tv/v55n1/art05.pdf.
[4] J.A. Pagola, op. cit., pp. 224, 226.
[5] Cf. Susan Matthew, Women in the Greetings of Romans 16.1-16: A Study of Mutuality and Women’s Ministry in the letter of romans. Londres-Nueva Delhi, Bloomsbury, 2013.
[6] Ben Witherington III, Women in the Earliest Churches. Universidad de Cambridge, 1988, pp. 113, 116.
[7] E. Schüssler Fiorenza, op. cit., pp. 234-235Cf. Hans Küng, La mujer en el cristianismo. Madrid, Trotta, 2002, pp. 25-44, https://es.scribd.com/doc/298424009/Hans-Kung-La-Mujer-en-El-Cristianismo.
[8] Ibíd., pp. 203, 402, 403. Cf. la sección “La liberación de las estructuras patriarcales y el discipulado de iguales”, en E. Schüssler Fiorenza, op. cit., pp. 188-203.

Romanos 16.1-16, TLA

Tengo muchas cosas buenas que decir acerca de Febe, quien es líder en la iglesia de Puerto Cencreas, y ha entregado su vida al servicio del Señor Jesucristo. Recíbanla bien, como debe recibirse a todos los que pertenecen a la gran familia de Dios. Ayúdenla en todo lo que necesite, porque ella ha ayudado a muchos, y a mí también.
Les mando saludos a Priscila y a Áquila, que han trabajado conmigo sirviendo a Jesucristo. Por ayudarme, pusieron en peligro sus vidas, así que les estoy muy agradecido, como lo están las iglesias de los cristianos no judíos. Saluden de mi parte a los miembros de la iglesia que se reúne en la casa de ellos.
Saluden a mi querido amigo Epéneto, que en la provincia de Asia fue el primero en aceptar a Cristo como su salvador.
Saluden a María, que ha trabajado mucho por ustedes.Saluden a Andrónico y a Junia, que son judíos como yo, y que estuvieron en la cárcel conmigo. Son apóstoles bien conocidos, y llegaron a creer en Cristo antes que yo.
Saluden a Ampliato, quien gracias a nuestro Señor Jesucristo es un querido amigo mío.
Saluden a Urbano, que es un compañero de trabajo en el servicio a Cristo, y también a mi querido amigo Estaquis.
10 Saluden a Apeles, que tantas veces ha demostrado ser fiel a Cristo. Saluden también a todos los de la familia de Aristóbulo. 11 También a Herodión, judío como yo, y a los de la familia de Narciso, que confía mucho en Dios.
12 Saluden a Trifena y a Trifosa, que trabajan para Dios. Saluden a mi querida amiga Pérside, que también ha trabajado mucho para Dios.
13 Les mando saludos a Rufo, que es un distinguido servidor de Cristo, y a su madre, que me ha tratado como a un hijo.
14 Saluden a Asíncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas y a Hermas, y a todos los hermanos que están con ellos.15 Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los hermanos que están con ellos.
16 Salúdense entre ustedes con mucho cariño y afecto. Todas las iglesias de Cristo les envían sus saludos.

domingo, 6 de mayo de 2018

Letra 567, 6 de julio de 2018


LOS HOMBRES DEL MAESTRO (XI)
SANTIAGO, HIJO DE ALFEO
Geraldo Mórujao

1. Cuestión de los Santiagos
Resultado de imagen para santiago el menor apostol pinturaEn el N. T. además de Santiago el Mayor hay otro apóstol con el mismo nombre, S. el hijo de Alfeo (Mt 10.3; Mr 3.18; Lc 6.15; Hch 1.13), identificado por algunos con el S. “hermano” del Señor (Mt 13.55; Mr 6.3). Muy poco sabemos de su vida y actuación; los datos obtenidos de otras fuentes suman una mezcla confusa, sumamente difícil de coordinar. San Pablo “lo vio” en Jerusalén (Gál 1.19) a su regreso de Arabia y años después al finalizar su tercer viaje (Hch 21.18). Hegesipo (PG 20, 195-206) y F. Josefo (Ant. lud., XX,9,1,200; De Bello lud., 11,20,20) facilitan datos y noticias acerca de su piedad, de la veneración que por él sentía el pueblo, de su martirio y sepultura.
Favorecido por el Señor con una aparición individual (1 Cor 15.7), el llamado S. el Menor por San Marcos (Mr 15.40) puede ser muy bien el hijo de una de las Marías, fue hombre de intensa oración. Nombrado obispo de Jerusalén por los apóstoles, desarrolló una celosa actividad sobre todo en la tarea de acercamiento entre judíos y cristianos. El prestigio, acrecentado con ocasión del Concilio de Jerusalén, desató odios y envidias por parte de escribas y fariseos, quienes, instigados por el sumo sacerdote Anás II, lograron llevarle a una de las almenas del Templo, desde donde lo arrojaron, muriendo luego lapidado en el año 62.

2. Identificación con el “hermano” del Señor
Nada se puede decir de modo definitivo, ni hay argumento apodíctico alguno, ni la tradición es unánime, acerca de si S. el Menor, hijo de Alfeo, es el S. hermano del Señor (“hermano” en el uso bíblico es sinónimo de pariente más o menos cercano).
Los que afirman la identificación se basan en: a) “y no vi ningún otro apóstol fuera de Santiago, hermano del Señor” (Gál 1.19). b) Santiago aparece como figura muy importante en el Jerusalén (Hch 15.13-22), hasta el punto de determinar una decisión del Colegio Apostólico y que San Pablo le llame “columna de la Iglesia” (Gál 2.9) junto a Pedro y Juan, relevancia sólo explicable por su condición de apóstol. c) San Lucas, que acostumbra presentar a sus personajes, no  hace  así  con “el  hermano  del  Señor” (Hch 12.17; 15.13) porque ya lo supone presentado como apóstol en Hch 1.13; además, a partir de la muerte de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, habla ya de S. sin especificarle, señal de que sólo queda y hay uno (Hch 12.17; 15.13; 21.18). d) Finalmente, ante la dificultad que surge al constatar “Santiago apóstol, hijo de Alfeo” y “el hermano del Señor, hijo de Cleofas”, los partidarios de la identificación resuelven diciendo que se trata de dos formas, hebrea y griega, del mismo nombre (lo que es muy poco probable), o que Cleofas era sólo padrastro, o que es muy difícil la identificación de María de Cleofas con la María madre de S. el Menor.
Por otro lado, la corriente de autores y exegetas que niegan la identificación, argumentan diciendo que: a) El grupo de los hermanos de Jesús aparece formando como grupo distinto al de los apóstoles (Hch 1.13-14; I Cor 9.5). b) Los Evangelios narran la oposición e incredulidad de los “hermanos” del Señor, después de elegidos los apóstoles, que no podían permanecer en tal actitud (Jn 7.3-5; Mr 3.21-35). c) Finalmente, Gál 1,19 no es prueba de identificación, pues la partícula griega el me tiene también sentido adversativo (pero) y no sólo de excepción (fuera de). Además, el pronombre griego heteras (otro) puede incluso sugerir la idea de diferente o distinto de los apóstoles. Decir “y no vi a ningún otro apóstol pero sí a Santiago, el hermano del Señor” no incluye la identificación.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y LA CRUZ (V)
Dietrich Bonhoeffer

Resultado de imagen para bonhoeffer siguemeQuien no quiere cargar su cruz, quien no quiere entregar su vida al dolor y al desprecio de los hombres, pierde la comunión con Cristo, no le sigue. Pero quien pierde su vida en el seguimiento, llevando la cruz, la volverá a encontrar en este mismo seguimiento, en la comunión de la cruz con Cristo. Lo contrario del seguimiento es avergonzarse de Cristo, avergonzarse de la cruz, escandalizarse de ella.
Seguir a Jesús es estar vinculado al Cristo sufriente. Por eso el sufrimiento de los cristianos no tiene nada de desconcertante. Es más bien, gracia y alegría. Las actas de los primeros mártires dan testimonio de que Cristo transfigura, para los suyos, el instante de mayor sufrimiento con la certeza indescriptible de su proximidad y de su comunión. De suerte que, en medio de los más atroces tormentos soportados por su Señor, participan de la alegría suprema y de la felicidad de la comunión con él. Llevar la cruz se les revelaba como la única manera de triunfar del sufrimiento. Y esto es válido para todos los que siguen a Cristo, puesto que fue válido para Cristo mismo.

Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú...”. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: “Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad” (Mt 26.39, 42).

Jesús pide al Padre que pase de él este cáliz, y el Padre escucha la oración del Hijo. El cáliz del sufrimiento pasará de él, pero únicamente bebiéndolo. Cuando Jesús se arrodilla por segunda vez en Getsemaní, sabe que el sufrimiento pasará en la medida en que lo sufra. Sólo cargando con él vencerá al sufrimiento, triunfará de él. Su cruz es su triunfo.
El sufrimiento es lejanía de Dios. Por eso, quien se encuentra en comunión con Dios no puede sufrir. Jesús ha afirmado esta frase del Antiguo Testamento. Precisamente por esto toma sobre sí el sufrimiento del mundo entero y, al hacerlo, triunfa de él. Carga con toda la lejanía de Dios. El cáliz pasa porque él lo bebe. Jesús quiere vencer al sufrimiento del mundo; para ello necesita saborearlo por completo. Así, ciertamente, el sufrimiento sigue siendo lejanía de Dios, pero en la comunión con el sufrimiento de Jesucristo el sufrimiento triunfa del sufrimiento y se otorga la comunión con Dios precisamente en el dolor.
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JAMES H. CONE Y LA TEOLOGÍA NEGRA

Resultado de imagen para james cone youngPuesto que Dios nos ha liberado, estamos emplazados a acercarnos a nuestro prójimo y reconciliarnos con él, especialmente con nuestro prójimo blanco. Pero esto no significa que tengamos que dejarnos prescribir por los blancos lo que significa reconciliación. Para nosotros, significa en primer lugar participar en el actuar revolucionario de Dios en el mundo, cambiando las estructuras políticas, económicas y sociales, de modo que las diferencias entre ricos y pobres, opresores y oprimidos, ya no sigan siendo las decisivas. No puede haber reconciliación entre esclavos y señores, mientras éstos no desaparezcan como tales.
J.C., “Teología negra”

En muchos círculos teológicos se señala la aparente escasez de buenos teólogos/as estadunidenses con el argumento de que, debido a que la enorme cantidad de libros religiosos que se publica en ese país, cuesta trabajo discernir entre el trigo y la paja. De los convulsos años 60, en medio de la fiebre producida por los teólogos de “la muerte de Dios” y otras corrientes de menores, es posible rescatar algunos nombres que siguen siendo valiosos hasta la fecha.
Entre ellos están, por supuesto, Harvey Cox (1929), quien con La ciudad secular (1965) colocó nuevamente a la teología como materia de discusión en espacios no solamente eclesiales gracias a su gran perspicacia para trabajar los temas relacionados con la secularización. […] De la misma época, por edad, hay que destacar a Walter Brueggemann (nacido en 1933), figura señera del pensamiento cristiano actual, quien se ha consolidado como una de las figuras proféticas más relevantes de finales del siglo XX e inicios del XXI, también con una amplia obra de diálogo entre la Biblia y la realidad presente. Otro nombre importante es el Y, por supuesto, sin olvidar a Cornel West, casi 20 años más joven que Cone, es un pensador con el que éste tuvo mucha cercanía en los años recientes.
Pero quizá sea el recientemente fallecido James H. Cone, ministro metodista ordenado y profesor de amplia trayectoria en el Seminario Unión, de Nueva York, quien mejor encarnó el espíritu libertario y contestatario, utópico y práctico, al mismo tiempo, de las vanguardias teológicas que, en esos años, cambiaron definitivamente el rostro de la cristiandad estadunidense. […]
Cone, forjado en el cristianismo de raigambre afro-americana, conoció los duros momentos del racismo dentro del evangelicalismo tradicional, lo que lo llevó a simpatizar con varias de las vertientes del pensamiento y la acción que desembocaron en el movimiento del black power y en las propuestas de Martin Luther King, Jr. y Malcolm X.
De hecho, el libro que es reconocido como el detonante de la teología negra fue, precisamente Teología negra y poder negro, 1969, al que seguirían Teología negra de la liberación, en 1973), Los espirituales y el blues: una interpretación, 1972, Martin, Malcolm y América: ¿sueño o pesadilla?, 1972, y Dios de los oprimidos, 1975, entre otros. […]
Como se puede apreciar en la cita que abre este artículo, su comprensión de la teología estuvo marcada por la necesaria reivindicación de sus raíces cristianas negras, fuertemente sacudidas por el ambiente hostil por parte de la población blanca. (LCO)

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OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES DE ESTE MES

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 8 de mayo, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento: Salmo 119.57-64
Oración de ofrecimiento
Himno: “Cerca de ti, Señor” (314)
Círculo de oración (elecciones) y testimonios
Lectura bíblica: Ezequiel 31.1-13
Tema: Grandeza del rey de Egipto
Himno: “Fuente de la vida eterna” (531)
Ofertorio
Bendición pastoral


EGIPTO ABATIDO COMO UN CEDRO
Julio Lamelas Míguez

E
z 31.1-18, oráculo contra el faraón, está distribuido en las dos partes clásicas de acusación (Ez 31,2-9) y condena (Ez 31,10-14). Compuesto mientras todavía duraba el asedio de Jerusalén, se dirige contra la pretenciosa potencia del faraón (Ez 31,2).

No faltan tampoco elementos mitológicos en este texto. Se habla del árbol cósmico, por ejemplo. No parece que se trate de un árbol normal como el de la alegoría de Ez 17. Ahora estamos ante un cedro superior a los demás árboles, más alto que todos los árboles del campo y del jardín de Dios (Edén); su copa llega hasta las nubes. Un árbol sagrado, al que en Eridu, ciudad sumeria al sureste de Babilonia, junto al Golfo Pérsico, se le daba culto porque era portador de longevidad y producía ansias de inmortalidad. La literatura babilonia describe este árbol con grandes proporciones cósmicas, manteniendo unidas todas las esferas del universo: desde el caos subterráneo, en el que hunde sus raíces, hasta las nubes alcanzadas por su copa.

El faraón aquí es comparado alegóricamente a este árbol centro y fuente de vida compenetrado profundamente con las fuerzas de la naturaleza. Las ideologías reales del Oriente Próximo antiguo nos hablan de esta integración total del rey con la naturaleza. De ella y del mismo rey, árbol fecundo, irradian la abundancia y fertilidad para la tierra y para su pueblo (véase Sal 72).

Pero este árbol cósmico se convertirá en árbol normal a causa de su engreimiento y soberbia, como puede leerse en la segunda parte de este poema (Ez 31,10-18). Será abatido por los babilonios (Ez 31,10-12) y terminará sus días con los demás árboles en las profundidades del abismo, en el sheol (Ez 31,14ss).

Se trata de una destrucción política (Ez 31,10-14) y de un castigo ultraterreno (Ez 31,15-18); no se trata simplemente de la muerte, sino de un final entre los incircuncisos (Ez 31,18). Nótese también la invitación a la humildad de Ez 31,14, porque los reyes orgullosos que se creen dioses, capaces de asegurar vida y prosperidad a su pueblo, han de recordar que son mortales y que la vida de sus naciones no dura siempre.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

13 – Día de las Madres / Reunión de Consistorio
20 – Domingo de Pentecostés / Culto de Evangelización / Culto unido de la CMIRP / Mesa de diálogo sobre religión y elecciones

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...