jueves, 18 de abril de 2019

La oración de Jesús por sus discípulos, L. Cervantes-O.

Resultado de imagen para jesus prays for his disciples painting

Georges Rouault (1871-1958), Cristo y los apóstoles (1937-1938)



18 de abril, 2019

Tu mensaje es la verdad; haz que, al escucharlo, ellos se entreguen totalmente a ti. Los envío a dar tu mensaje a la gente de este mundo, así como tú me enviaste a mí. Toda mi vida te la he entregado, y lo mismo espero que hagan mis seguidores.                                                      
Juan 17.17-19, TLA


La extensa oración de Jesús recogida en Juan 17 es un auténtico monumento teológico y un manifiesto de la espiritualidad que manejó y que quiso dejar a sus discípulos como muestra de la forma en que se relacionaba con Dios, el Padre. Es una de las grandes oraciones de todos los tiempos, modelo y consumación espiritual de la relación de Jesús con Dios. Forma parte de las amplias recomendaciones que, se supone, transmitió a ellos/as la noche en que compartió la cena pascual y en la que sería aprehendido. Lo sucedido es un gran conjunto de acontecimientos simbólicos y discursivos que forman un todo completamente inseparable: 1) cap. 13: lavamiento de los pies de sus seguidores (Jn 13.1-20); anuncio de la traición de Judas (13.21-30); el nuevo mandamiento (13.31-35); y anuncio de la negación de Pedro (13.36-38); 2) cap. 14: diálogo con Tomás y Felipe (14.1-14); promesa del envío del Espíritu y salida (14.15-31); cap. 15: la vid verdadera (15.1-17); explicación del rechazo popular (15.18-27); y cap. 16: la obra del Espíritu (16.1-16); la tristeza se convertirá en gozo (16.17-24); ha vencido al mundo (16.25-33). Juan Mateos denomina a la primera sección: La nueva comunidad, fundación y camino (13-14); la segunda: La nueva comunidad en medio del mundo (15-16); y tercera: La oración de Jesús (17).[1]

La plegaria del Señor puede dividirse en cuatro partes bien definidas: un prefacio (17.1-5), una oración por la comunidad presente (17.6-19) y por la comunidad del futuro (17.20-23), terminando con el deseo de Jesús de que el Padre honre a los que lo han reconocido y con el propósito de llevar a cabo su obra (17.24-26).[2] “La oración que pronuncia Jesús está íntimamente ligada a sus instrucciones anteriores (Así habló), en las que ha dejado establecido el fundamento de su comunidad (13.33-35), le ha señalado el camino (14.1-14), ha expuesto las condiciones para la misión (15.1-17) y ha predicho el odio del mundo y la ayuda que en medio de la dificultad va a recibir (15.18-16.15). La realidad de todo ese programa depende de la verificación del acontecimiento salvador, obra común de Jesús y del Padre, a quien va a dirigirse ahora”.[3]

Lo esencial del prefacio se encuentra en las apalabras: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (1a), que manifiestan la cristología juanina en la que el proceso de la salvación mediado por la cruz era parte de la “glorificación” del Hijo de Dios en el mundo a fin de recuperar su gloria previa (5b). Para Juan, Jesús sube a la cruz como subiendo a un trono de gloria, en un esquema de salvación completamente distinto al de los demás evangelios (véase Jn 3.14: la serpiente de bronce). La oración por la comunidad del momento (6-19) tiene como fundamento la fe y práctica de la comunidad por obra de la actividad de Jesús mismo. Los vv. 6-8 son extremadamente optimistas por la respuesta de la comunidad juanina al mensaje evangélico: “Los discípulos van cumpliendo el mensaje del Padre, que es el de Jesús (14.24: y el mensaje que estáis oyendo no es mío, sino del que me mandó, del Padre. Es el mensaje del amor (14.24), cuyo cumplimiento realiza el designio de Dios sobre el hombre”.[4] En los vv. 9-12 confronta a los discípulos con el mundo opuesto a ese mensaje que puede actuar en su contra, para lo cual requerirán estar unidos: “Pero mis seguidores van a permanecer en este mundo. Por eso te pido que los cuides, y que uses el poder que me diste para que se mantengan unidos, como tú y yo lo estamos” (11). Su presencia en el mundo le recuerda a éste su transitoriedad y el abismo que hay entre lo que ellos viven en la fe y lo que el mundo promueve (16: “Yo no soy de este mundo, y tampoco ellos lo son”), lo cual está en perfecta consonancia con una de las afirmaciones centrales de este evangelio: “Mi Reino no es de este [tipo de] mundo” (18.36). “El distintivo de la comunidad cristiana es que en ella brilla la gloria de Jesús (13.35)”.[5] Jesús se va del mundo y deja a los discípulos en un espacio hostil y seductor, al mismo tiempo. la petición para esa comunidad es típicamente juanina, en relación con la verdad: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (v. 17). Y ése es el fundamento de su misión (17-19): “comunicar el Espíritu que hace descubrir la verdad sobre Dios y sobre el hombre (14.17)”.[6]

La sección de la oración por la comunidad futura (20-23) es previsora y profética, pues se anticipa el éxito en su crecimiento en medio de las controversias: “El éxito les habría probado que ellos eran la verdadera comunidad juánica que cumplía la oración de Jesús que preveía una cadena de conversiones (Jn 17.20). Estarían convencidos de que sus conversos eran el regalo del Padre a Jesús que de esa manera continuaba dando a conocer su nombre como un signo para el mundo (17.23, 26)”.[7] La visión es la misma, en relación con su testimonio y misión, con su unidad y la práctica del amor. Al mismo tiempo, como parte de la “negociación teológica” entre las comunidades cristianas que refleja el texto, la búsqueda de la unidad por parte de Jesús mismo (17.21) “expresaba el deseo de los cristianos juánicos de la unión con los cristianos apostólicos, si estos últimos aceptaban la cristología alta de la preexistencia del cuarto evangelio”.[8] Por todo ello, la unidad visible de la iglesia es una condición ineludible para que el mundo crea: “La unión de la comunidad es condición para la unión con el Padre y Jesús. Si existe, la comunidad vive unida con ellos. Si no existe, esa unión es imposible. Quienes no aman no pueden tener verdadero contacto con el Padre y Jesús, cuyo ser es el amor leal. […] La unidad perfecta es el único argumento capaz de convencer a la humanidad”.[9]

La conclusión de la oración (vv. 24-26) es un alegato por la continuidad entre su obra y la de la comunidad, juanina en este caso, que estaba alcanzando acuerdos de unidad con otras más (especialmente las ligadas a Pedro). La cercanía de Jesús con ella permitiría que ésta pudiera apreciar el poder espiritual del Señor, que ha experimentado desde su pre-existencia eterna, muy en la línea de la alta cristología juanina. La parte final es una crítica a la injusticia presente en el mundo (25a), que contrasta con la unidad del cuerpo de Cristo en el mundo (26). Jesús ha manifestado la gloria de Dios en el mundo mediante su vida y acciones. Ahora se aproximaba la máxima manifestación del Hijo para completar la obra para la cual fue enviado.

La gran manifestación de la gloria se verificará en la cruz, y allí el testigo la verá personalmente y dejará testimonio (19.35). El amor allí manifestado, que continúa, como sigue abierto el costado de Jesús (20.25, 27), es el que la comunidad experimenta. El grupo de Jesús goza continuamente de su presencia y de su amor, sabe que se construye en torno a él, y que en esa experiencia se funda su unidad. Su mirada converge en Jesús, el Hombre levantado en alto, señal y fuente de vida (3.14s). […]
Su cruz será la revelación plena y definitiva de la persona del Padre, manifestando todo el alcance de su amor. La afirmación de Jesús: y se lo daré a conocer, es un grito ante la muerte próxima, que será su victoria definitiva sobre el mundo (16.33).[10]




[1] Juan Mateos y Juan Barreto, El evangelio de Juan: análisis lingüístico y comentario exegético. Madrid, Cristiandad, 1979, pp. 582-583.
[2] Ibíd., p. 583.
[3] Ibíd., pp. 707-708.
[4] Ibíd., p. 713.
[5] Ibíd., p. 715.
[6] Ibíd., pp. 720-721.
[7] Raymond E. Brown, La comunidad del discípulo amado. Estudio de eclesiología juánica. Salamanca, Sígueme, 1987, pp. 135-136.
[8] Ibíd., p. 149.
[9] J. Mateos y J. Barreto, op. cit., pp. 724, 725.
[10] Ibíd., pp. 726, 727.

Romero, película de John Duigan

Miércoles 17, 19 hrs.



ROMERO: TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y PROCESOS REVOLUCIONARIOS
María Dolores Pérez Murillo

La película Romero nació del interés del sacerdote paulista de Los Ángeles, el padre Ellwood Kieser, el cual propuso a su amigo, John Sacret Young, que hiciera el guión. Young había trabajado años atrás con el padre Kieser en un episodio televisivo. Más tarde Young recibiría el premio Humanitas 1978 por su película para televisión Special Olympics. El guion tuvo como base el libro que sobre Romero estaba escribiendo el jesuita Jim Brockman, el cual dejó una copia mecanografiada del mismo al padre Kieser. Éste obtuvo credenciales para viajar a El Salvador, pero temiendo por su seguridad, el film se rodó en México, en la zona de Cuernavaca y en la paupérrima aldea de Ranchería Tejatec. La película fue financiada en gran medida por la iglesia católica estadunidense y la Congregación de los Padres Paulistas a los que pertenecía Kieser.

El director John Duigan, nacido en Inglaterra, es un cineasta australiano. Su carrera comenzó como actor en la Universidad de Melbourne, en donde dirigió un grupo teatral. Apareció en numerosos cortometrajes y más tarde pudo realizar su primera película: The Firm Man, lo que le abrió las puertas del cine y televisión australianos. John Duigan hizo su debut en el cine norteamericano con esta película, al respecto declaró: “Siempre me ha fascinado la política centroamericana y conocía la historia de Romero. Cuando me ofrecieron el guion, descubrí que era una obra apremiante sobre un tema muy importante. Me entusiasmó poder tener la oportunidad de dirigirla”.

Tanto John Duigan como Kieser pensaron que el actor ideal para encarnar a Romero era el puertorriqueño Raúl Juliá, que ya había adquirido fama internacional en películas como: El beso de la mujer araña, A la mañana siguiente, Presidente por accidente, Conexión Tequila.

Creemos oportuno señalar que a lo largo del film se utilizan reiteradamente los planos del actor principal en contrapicado para resaltar la autoridad moral y carismática del mismo, Raúl Juliá, encarnado en Romero.

Sinopsis
En 1980, el arzobispo Óscar Romero fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía, dejando grabada ante los ojos del mundo la tragedia humana de El Salvador.

Tan cruda y llena de valores humanos como lo fueron La misión o Los gritos del silencio, Romero está protagonizada por el galardonado actor puertorriqueño Raúl Juliá en el papel principal y Richard Jordan interpretando al padre Rutilio Grande, el sacerdote que ayudó a Romero a denunciar la crudeza y opresión gubernamental de su país y que también se convirtió en el objetivo de los asesinos militares. Completan el reparto entre otros: Ana Alicia, Eddie Vélez y Alejandro Bracho.

Romero tiene como finalidad abrir los ojos al mundo ante el horror y el holocausto del pueblo salvadoreño, oprimido por un régimen militar de corrupción y violencia.

Jesús salió de la clandestinidad para subir a la cruz, A.I. Rubén Núñez Castro

16 de abril de 2019


El Evangelio de hoy habla de unos empleados, que se querían apoderar de la empresa donde trabajaban. Y llegaron hasta matar al hijo del dueño. ¿Qué hará éste ahora?
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Por último, les mandó a su hijo diciéndose; “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero; vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

La parábola que narra Jesús pone sobre todo de manifiesto la maldad del pueblo escogido, de la humanidad y me atrevo hoy a decir de la iglesia. Evidentemente aquí se alude a la persecución de los mensajeros de Dios, los profetas que a lo largo de toda la historia, llaman al pueblo a volverse de sus malos caminos e ir en pos de Él. La tradición judía cuenta que Isaías fue aserrado por la mitad, Jeremías lapidado, Miqueas despeñado… nos acordamos del final de Juan el bautista. De ellos leemos en He 11: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”. En este sentido nos acordamos de las palabras de nuestro Señor en Mt 23: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste".
Y ahora nuevamente surge la pregunta, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Queda claro la paciencia y la misericordia de Dios,  aun  del continuado rechazo del pueblo hacia los profetas, aun así envió a su propio Hijo con el fin de ofrecerles una mayor revelación y que de esta manera comprendieran la gravedad de su actitud, a partir de aquí el Señor deja la parábola acerca de la viña para referirse a otra profecía que encontramos en el Salmo 118.

Recordemos que en su entrada triunfal en Jerusalén, las multitudes le habían aclamado con las palabras de este salmo: "Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!" (Mr 11:9) (Sal 118:26).

Pero con esta parábola, el Señor se refirió a ello por medio de dos ilustraciones tomadas del Antiguo Testamento. Su explicación comenzó con una parábola que guarda enormes parecidos con la que escribió el profeta Isaías (Is 5:1-7) y en la que vemos cómo el pueblo de Israel no había dado el fruto esperado y Dios lo abandonó. La segunda ilustración que usó el Señor, estaba sacada del (Sal 118:22) y allí quedaba claro que quienes iban a desechar al Mesías serían los propios encargados de la edificación.

Todos ellos esperaban que, tal como enseñaba el Antiguo Testamento, el Mesías aparecería para reinar, que estableciera su reino en Jerusalén y todas las naciones vendrían a rendir sus tributos allí ante él. ¿Qué pensarían cuando vieran a Jesús crucificado y hecho un espectáculo para todas las naciones? ¿No estaba esto en contra de todo lo que habían aprendido en las Escrituras? ¿Cómo podía ser Jesús el Mesías si los principales sacerdotes y los líderes de la nación judía le rechazaban? ¿No se habrían equivocado?
Pero no sólo eso, porque las Escrituras también profetizaban que el Mesías sería rechazado por parte de los líderes de la nación.

Las palabras del Salmo 118 alcanzan su cumplimiento final en “el hijo del dueño”, es decir, en él mismo, el verdadero heredero. Él es aquella piedra que estaban rechazando los principales sacerdotes, escribas, ancianos y sus seguidores; al igual que en el Calvario le rechazó la nación entera (“¡Crucifícale, crucifícale!”). Pero algo maravilloso iba a suceder; la piedra desechada vendría a ser la piedra angular: ¡El Cristo crucificado se levantaría de forma triunfante! en Hechos 4.11: "Este Jesús es la piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos".
Ahora bien, debemos comenzar por notar que Jesús no era un siervo más, él era el Hijo, el Mesías esperado. Y de esta forma estaba contestando a la pregunta que le habían formulado anteriormente: "¿Con qué autoridad haces estas cosas?" (Mr 11:28). Y la respuesta quedaba clara: con la autoridad del Hijo, el legítimo Heredero.

Lo que probablemente no habían observado es que precisamente en ese mismo salmo se anunciaba también que la piedra que iba de ser colocada como "cabeza de ángulo", sería previamente rechazada por los edificadores. (Sal 118:22) "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo."Por lo tanto, nos encontramos con el anuncio de Jesús ante la jerarquía religiosa, ante el pueblo Judío, ante los gobernantes del imperio y ante sus propios discípulos,  el propósito de su presencia revela que él es el fundamento, la base,  el génesis del reino de Dios y único medio de la salvación del hombre, su predicación, su acciones, su involucramiento con el ser humano  para ver las realidades humanas y conducirlos a la salvación son notable que no es de agrado a la humanidad, es locura, no los aceptan es rechazado sistemáticamente porque lo que pide a sus seguidores es ser como él es (tomar la cruz y seguirle) y al referir la profecía  “cabeza del ángulo” que no es el ser elevado en un madero por encima de nuestras maldades, tal como la piedra que corona un edificio, Jesucristo es la piedra de remate y así concreta el perdón de todo aquel que quiere ser salvo porque no hay otro nombre en que podamos ser salvos…  Jesús en la cruz es la cabeza del ángulo la piedra que concreta la construcción del plan salvífico de la humanidad, pero también  es elevado hasta el mismo trono y diestra del Padre entregado todo (Apocalipsis 5.12).

Para terminar, este pasaje nos deja una muestra de lo que no debemos hacer. Una actitud que debemos de rechazar de plano y que por otro lado nos muestra la miseria del hombre: “Esa viña no es de nosotros, es de Dios el Padre. Cómo podrás luchar contra Dios y prevalecer? Esta parábola nos enseña Dios construye, Cristo la preciosa piedra de fundamento y su pueblo labradores obedientes a Él.

La autoridad profética de Jesús, Pbro. Alejandro Zamorano Ávila

15 de abril de 2019

sábado, 13 de abril de 2019

El Señor anticipa la venida del Reino de Dios, L. Cervantes-O.

Resultado de imagen para jesus enters jerusalem

Entrada a Jerusalén, Giotto



14 de abril, 2019

Y toda la gente, tanto la que iba delante de Jesús como la que iba detrás, gritaba: “¡Sálvanos! ¡Bendito tú, que vienes en el nombre de Dios! / ¡Que Dios bendiga el futuro reinado / de nuestro antepasado David! / Por favor, ¡sálvanos, Dios altísimo!”. Marcos 11.9-10, TLA

Dos aspectos, poco señalados al momento de recordar la entrada de Jesús a Jerusalén, pueden ayudar a comprender mejor lo sucedido en ese día singular. Por un lado: “De todos los evangelistas, sólo Juan nos informa de que Jesús subió a Jerusalén en varias ocasiones para celebrar la Pascua, la fiesta de las Tiendas y otra que no especifica”. Por el otro: “La fuente Q [origen de los evangelios sinópticos] da a entender que Jesús fracasó en diversas ocasiones al predicar en Jerusalén (Lc 13.34-35; Mt 23.37-39). En cualquier caso, Jesús no era muy conocido en la ciudad santa”.[1] En el esquema de Marcos, dominado por la insistencia de Jesús en pasar desapercibido, su decisión de hacerse presente en la ciudad capital debió ser el resultado de una profunda reflexión. Las preguntas asaltan inmediatamente para tratar de explicar esto: “¿Quería sencillamente unirse a su pueblo para celebrar la Pascua como un peregrino más? ¿Se dirigía a la ciudad santa para aguardar allí la manifestación gloriosa del reino de Dios? ¿Quería desafiar a los dirigentes religiosos de Israel para provocar una respuesta que arrastrara a todos a acoger la irrupción de Dios? ¿Buscaba confrontar a todo el pueblo y urgir la restauración de Israel?”.[2]

El biblista jesuita mexicano Carlos Bravo Gallardo (1938-1997) plantea, acerca del gesto de “subir a Jerusalén”: “No ha bastado la crítica al poder, para cambiar su mentalidad; ni ha sido suficiente la denuncia del Centro, hecha en Galilea, para alertar al pueblo contra la manipulación que aquellos hacen de Dios. Tiene que enfrentarse, pues, con el Centro en el Centro mismo; tiene que definirse claramente frente a tantas interpretaciones falseadas del proyecto de Dios sobre la vida del pueblo y sobre su propia identidad”.[3] Bravo expone el choque frontal entre Jesús, cuya conciencia mesiánica estaba completamente afirmada, y el centro religioso-político que lo recibió con una enorme sospecha, pero con la clara determinación de impedir que continuase alterando el orden establecido. La apuesta de Jesús es completa: con su presencia en Jerusalén conseguiría dos cosas: primeramente, “fortalecer y acrecentar la esperanza de liberación del pueblo, de la que el Centro se ha apropiado”, para lo cual, en segundo lugar, tendría que "desenmascarar lo que considera que es el principal obstáculo por parte del Centro religioso: el secuestrar para sí la Alianza, la Promesa y el acceso a ella”.[4]

El mesianismo de Jesús estaba íntimamente relacionado con su anuncio de la venida del Reino de Dios al mundo. Por ello, el acontecimiento de la entrada a Jerusalén, cargada con todos los aspectos simbólicos que sólo podrían interpretarse cabalmente a la luz de la esperanza en esa venida. En esa línea se orientaron las tres acciones de denuncia profética que realizó Jesús: entró en un burro, para mostrar al pueblo que no era el líder militar violento que esperaban (11.7); maldijo la higuera (11.12-14) y expulsó del templo a los mercaderes (11.15-18): “su asunto es contra el Centro religioso y por eso irá ‘directamente hasta el Templo’ (11.11), para desenmascarar su injusticia y esterilidad y para que sepa el pueblo que ya nada debe esperar del Templo en lo referente a Dios, la vida, la Promesa”.[5]

Jesús anunció la cercanía del reino de Dios en palabra y en acto, al enseñar y predicar, y al cubrir las necesidades del pueblo y acompañarlo. Todo lo que dijo e hizo estuvo en función de ese anuncio, por lo que el acto profético de entrar a la ciudad también debe ser leído en esa clave. El Reino de Dios se hizo visible (y vivible) anticipadamente en ese acontecimiento, pues Jesús, como persona, era el portador del Reino de Dios y encarnaba en sí mismo todo lo relacionado con él. La intensidad con que transmitió la presencia de ese Reino entraría, inevitablemente, en contradicción con los poderes humanos instalados en la historia que controlaban la vida de las personas. Siendo Jesús el centro del Reino de Dios, todo lo demás pasaba a un segundo término: la ciudad, el templo, el culto, el imperio. Esa fue la causa por la que él se condolió de la ciudad (en la versión de Mt 23.37), aunque sin dejar de subrayar su pasado criminal en contra de los impulsos proféticos.

Jesús anticipó la presencia del Reino de Dios mediante un auténtico “asalto” de la ciudad que, por un momento, se convirtió, según su vocación antigua, en auténtico escenario de la presencia divina y de su consumación como tal. La gente pudo experimentar, por un instante, la presencia de ese Reino dominado por criterios completamente diferentes a los del poder en turno: un rey humilde, rodeado de sus súbditos empobrecidos, pero sinceros, recibe la alabanza y el reconocimiento por la liberación integral que estaba consiguiendo para ese pueblo pobre (el salmo 118 cumple aquí una gran función de recuerdo movilizador), del cual no se iba a servir, sino que, por el contrario, había venido sirviendo durante todo su ministerio. Realidad y espejismo al mismo tiempo, la acción simbólica de Jesús tiene, además, un toque carnavalesco pues fue capaz de suspender, en la conciencia histórica de quienes lo acompañaron y fueron testigos, la formalidad del dominio oficial por una alegre celebración popular. Jesús y el Reino mismo le pertenecieron al pueblo por un momento que debió parecer interminable, pues se trataba de un acontecimiento escatológico e histórico al mismo tiempo. Estamos ante un verdadero “Jesús del pueblo”, no de los gobernantes, ni de los líderes religiosos y mucho menos de nuestra mercadotecnia actual. ¡Es un anticipo genuino del Reino de Dios cuyo sabor nos acompaña hasta hoy!

La máquina de la esperanza se echa a andar. “¡Viva el hijo de David! ¡Bendito el rey que viene!”. ¿Quién no quiere un rey que se mezcla con el pueblo para enseñar y sanar, un rey que alimenta a su pueblo hambriento, un príncipe de paz? Se juntan, lo aclaman; a falta de otras cosas levantan ramas como pancartas, le echan la propia ropa a modo de alfombra real. Es una entronización popular, el reflejo escondido de siglos que se muestra en la expansión profética. Y así, a grito en cuello, con vítores y exaltaciones mesiánicas, entran en la ciudad.
No todos están contentos por esta espontánea manifestación. […]
Pero la multitud aclama, no se detiene. Lo que vive es más fuerte que las razones de los razonantes: la esperanza y el afán de justicia, el anhelo libertario y la fe mesiánica que ahora se muestra no conocen de cortapisas legales. Los gritos se suceden como expresión de alegría. “Si vino a Jerusalén es porque ahora se decidió a dar la batalla decisiva”, piensan algunos, y sin saberlo, ellos también profetizan, aunque será de una manera muy distinta a la que imaginan. Ahora es el momento de estar de su lado. […]
En fin, se trata de aunarse con esa multitud de peregrinos que todavía confía en que hay una libertad posible y una justicia en puerta. Se trata de reconocer a nuestro rey, reconocer cuál es realmente nuestro rey y seguirlo.[6]




[1] José Antonio Pagola, Jesús, aproximación histórica. Madrid, PPC, 2007, p. 353.
[2] Ibíd., p. 252.
[3] C. Bravo Gallardo, Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. 2ª ed. corregida y aumentada. México, Centro de Reflexión Teológica-Universidad Iberoamericana, 1996, p. 194.
[4] Ídem.
[5] Ibíd., p. 195.
[6] Néstor Míguez, Jesús del pueblo. Para una cristología narrativa. Buenos Aires, Ediciones Kairós, 2011, pp. 102-103, 107.

Programa de Semana Santa 2019





sábado, 6 de abril de 2019

Letra 615, 7 de abril de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
ASPECTOS LITERARIOS
Samuel Pagán

Originalmente los libros de Esdras y Nehemías formaban parte de una sola obra. Esa realidad se reconoce en varios documentos antiguos, tanto judíos como cristianos. El Talmud Babilónico representa esta tradición y, además, añade que Esdras es el autor. Las obras de Josefo (escritor judío del primer siglo de la era cristiana) y Eusebio (autor cristiano del siglo cuarto) comparten la misma opinión.
Las más antiguas listas de las obras canónicas se refieren a los libros de Esdras y Nehemías como el “libro de Esdras”. El texto hebreo, conocido como “Texto Masorético”, tiene solo una suma de versículos para los dos libros, al final del libro de Nehemías (685 en total), e identifica a. Neh 3.22 como el versículo que está al centro de toda esta obra. Además, algunos estudiosos han visto en el homenaje que se hace a Nehemías sin hacer referencia a Esdras en el libro de Eclesiástico o la Sabiduría de Jesús ben Sirá, un indicio de que el autor del texto reconocía a Esdras como el responsable de la obra que incluía las hazañas de Nehemías. A esto debemos añadir que los manuscritos hebreos más antiguos que poseemos no dividen estos libros.
Tanto la traducción griega conocida como la Septuaginta (LXX), como la traducción latina conocida como la Vulgata, reconocen la unidad que forman los libros de Esdras y Nehemías. Es importante notar que en estas traducciones de la Biblia se incluyen, además, otros libros que se identifican con el nombre de Esdras, como veremos de inmediato.
Posiblemente fue Orígenes el primero en dividir los libros de Esdras y Nehemías en dos. San Jerónimo reconoció esa división y la incorporó en su traducción al latín como el primer y segundo Libro de Esdras. Basados en esa división del texto bíblico, Martín Lutero y Casiodoro de Reina identificaron al segundo Libro de Esdras como el Libro de Nehemías.
Un aspecto importante que puede producir confusión al estudiar diferentes versiones, traducciones y. estudios sobre los libros relacionados con Esdras, es la identificación de su contenido en relación con los títulos. Además de los libros de Esdras y Nehemías que se incluyen en la traducción de Reina-Valera y sus revisiones, en la Septuaginta y en la Vulgata se incluyen otros libros cuyos títulos tienen el nombre de Esdras.
____________________________________________

LA IMPORTANCIA DE LA RECONSTRUCCIÓN
Samuel Pagán

En un ambiente como el nuestro, donde se vive una perpetua crisis, el tema de la reconstrucción no nos es ajeno. Las guerras, el hambre, las deportaciones o exilios, las catástrofes naturales, las enfermedades, la opresión, la pobreza, las dictaduras y la injusticia son cosa de todos los días, y es precisamente aquí donde el mensaje de reconstrucción de Esdras y Nehemías proporciona un sentido de dirección y esperanza.
La reconstrucción de Esdras enfatiza los aspectos religiosos, cúlticos y morales. Nehemías, los aspectos administrativos, políticos y físicos. Esdras, la importancia de la religión para la restauración total e integral del pueblo. Nehemías, la reconstrucción de las murallas, la sabiduría organizacional y la eficiencia en el proceso de llevar a cabo la obra. Esdras, la importancia de las tradiciones antiguas, la fidelidad, la pureza y la adoración. Nehemías, la importancia de las capacidades administrativas y políticas necesarias para lograr el objetivo.
El proceso de reconstrucción nacional incluye aspectos religiosos, morales y espirituales, al mismo tiempo que la reorganización social, la eficiencia en la administración política y la reedificación de áreas destruidas en la ciudad. Aspectos espirituales y sociales; religiosos y políticos; morales y físicos.
Una reforma de la magnitud de la que se efectuó y se llevó a cabo bajo Esdras y Nehemías no podía ignorar estos aspectos. La reestructuración de una comunidad debe hacerse de forma integral para que se logren resultados positivos y duraderos.

LA ESPIRITUALIDAD

Las reformas de Esdras y Nehemías tienen implicaciones religiosas profundas e inmediatas. El énfasis que pone el autor cronista en los aspectos cúltico y litúrgico, el lugar destacado que se da a la ley de Moisés, y las oraciones continuas de ambos, delatan la seriedad en la experiencia religiosa que presenta la obra. Esa profundidad religiosa nos confronta con el tema de la espiritualidad.
La experiencia religiosa de Esdras y Nehemías está íntimamente relacionada con la acción en favor de la comunidad judía. La piedad, según la vida y obra de Esdras, está unida a la oración, y a las decisiones concretas que contribuyan a la renovación del altar, el culto y los sacrificios.
La vida religiosa con propósitos, según el ejemplo de Nehemías, afirma la importancia de la oración, unida al esfuerzo serio y valiente por restaurar la ciudad y producir las condiciones necesarias para una vida armoniosa y segura. Ambos reformadores relacionan la oración y la acción.
Es imposible soslayar el tema de la espiritualidad. En el estudio de la espiritualidad hispanoamericana se destacan varios conceptos: la experiencia de Dios en nuestra historia y en nuestra misión; el conocimiento, amor y seguimiento del Jesús histórico; la importancia del amor fraterno manifestado en la solidaridad, la comunidad, la reconciliación, y la práctica de la justicia y la misericordia; la opción preferencial por los pobres, y su liberación integral; la disposición por presentar un testimonio cristiano que podría llevar hasta diversas formas de persecución y martirio. Esta espiritualidad intenta relacionar la contemplación, la oración, la piedad, la fe y el amor, con las realidades existenciales y concretas que rodean al creyente y a la iglesia.
Para Esdras y Nehemías, la oración no era un pretexto para la inacción. Ellos oraban y trabajaban con igual intensidad. Así, mientras la oración les mantenía en comunión con lo eterno, el trabajo traducía el ideal en realidad.
Pese a que ellos afirmaban continuamente que sus labores estaban inspiradas y guiadas por Dios, vieron alcanzadas sus metas porque no esperaron que Dios hiciera lo que les correspondía hacer a ellos. La oración es la fuente de inspiración para un trabajo continuo y sistemático que lleva a alcanzar las metas propuestas.
_____________________________



Ulrico Zwinglio es un personaje complejo en la historia de la Reforma. Él comienza su carrera como un feliz instrumento político al servicio del papa y termina muriendo a manos de las fuerzas católicas. Es un reformador— como Martín Lutero— pero desafortunadamente cree que Lutero no ha llegado lo suficientemente lejos en sus reformas. La teología de Zwinglio toma forma, no solo por la Biblia, sino también por las filosofías racionalistas de humanistas como Erasmo.
Nacido en Suiza sólo unas semanas después que Lutero, Zwinglio recibe una Maestría en Artes de la Universidad de Basilea en 1506 y se convierte en sacerdote de Glarus más tarde ese mismo año. Permanece en Glarus por 10 años y se vuelve políticamente activo, ubicándose del lado del papado en batallas militares, incluso acompañando a los soldados en batalla como capellán. Mientras el humor del país se aleja del papa, Zwinglio imita a otros y deja Glarus, tomando dos años sabáticos antes de ir a Zúrich a servir en una parroquia, en 1518. Durante su período sabático sirve en un monasterio benedictino de Einsiedeln y allí comienza a leer a los padres de la iglesia y a historiadores clásicos. Mantiene correspondencia regular con Erasmo y adopta cada vez más el enfoque racional de las Escrituras del humanista holandés. El tiempo de Zwinglio en Einsiedeln comienza a formar su teología y a influir en su predicación al llegar a Zúrich en 1518.
Es en Zúrich que la teología de Zwinglio cobró forma y la Iglesia Reformada Suiza encuentra en él a un líder. Sobrevivir a la plaga en 1520 le ayudó a profundizar esta madurez teológica.

Avisos y actividades


OREMOS POR LAS ACTIVIDADES DE ABRIL INCLUYENDO LOS CULTOS ESPECIALES DEL 14 AL 21

*

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 9 de abril, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

Llamamiento : Salmo 3
Oración de ofrecimiento
Himno: “Jesús es mi Rey soberano” (303)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 2.1-10
Tema: El viaje de Nehemías a Jerusalén (I)
Himno: “Tu fidelidad” (72)
Ofertorio
Bendición pastoral

LA ORACIÓN DE NEHEMÍAS
Samuel Pagán

N
ehemías 1.5-11 presenta el texto de la oración de Nehemías. El estilo es similar a las oraciones que se encuentran en la literatura cronista (véase 1 Cr 17.20; 2 Cr 20.7, 10-12; Esd 9.6-15; Neh 9.32-37) y la fraseología revela una influencia de la literatura deuteronomista (cp. v. 5 y Dt 7.9, 21; v. 6 y 1 R 8.29; vs. 8-9 y Dt 30.1-4; v. 10 y Dt. 9.29).

La oración de Nehemías es un lamento que afirma la solidaridad con su pueblo. La estructura es sencilla: comienza con una invocación (vs. 5-6a); continúa con una confesión de pecados (vv. 6b-7); posteriormente se solicita la misericordia y el perdón de Dios (vv. 8-10); y finaliza con una solicitud de buen éxito” para sus gestiones con el rey (v. 11).'

Nehemías, en su oración, utiliza varios nombres y adjetivos importantes para referirse a Dios (v. 5). La expresión Dios de los cielos”, aunque era usada generalmente por los persas, era parte del vocabulario religioso judío en la época de Nehemías. Los adjetivos “fuerte, grande y terrible”, son atributos que identifican el poder y la capacidad divina de intervención en la historia humana (cp. Jl 2.31; Mal 4.5). La relación entre pacto” y “misericordia” expresa la solidaridad y el compromiso de Dios con su pueblo (véase Dt 5.10; 7.9). La fuerza que mantiene el pacto es el amor y la fidelidad a los mandamientos.

La oración de Nehemías es un acto de intercesión, confesión y solidaridad. Nehemías intercede por el pecado del pueblo ante Dios, pero se incluye como parte del pueblo pecador. Su identificación y solidaridad con el pueblo fue de tal magnitud que se incorporó al grupo que se “había corrompido contra Dios” (v. 7). Al confesar el pecado del pueblo confiesa el suyo propio y-se ampara en las palabras dadas a Moisés para implorar el perdón de Dios (vv. 8-9).

El pueblo que ha pecado es el que Dios redimió “con gran poder, y con mano poderosa” (v. 10). Esta última expresión, que se relaciona con la liberación de Israel de las tierras de Egipto (cp. Éx 6.1; 9.16; 32.11), puede ser una referencia al fin del exilio y al regreso de los deportados a Judá y Jerusalén.

La oración finaliza con una petición de ayuda concreta, clara y específica: hallar gracia delante de aquel varón”, en una referencia al rey Artajerjes I. Luego de escuchar el informe referente a la situación en Jerusalén, y después de haber orado, Nehemías se dispuso a hablar con el rey.
_______________________________________________

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

14– 21 Cultos de Semana Santa
28 – XXIV Aniversario de la iglesia


Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...