domingo, 8 de marzo de 2020

Nueva ciudad, nueva existencia de fe, L. Cervantes-O.

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8 de marzo de 2020


Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo
impuesto por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Isaías 62.2-3, L. Alonso Schökel y J.L. Sicre

Desde los tiempos de los reyes David y Salomón (alrededor de mil años a.C.), la ciudad de Jerusalén comenzó a alcanzar un enorme estatus como representación simbólica y genuina de la presencia de Dios en medio de su pueblo gracias al templo que centralizó el culto y redujo la importancia de los demás santuarios de la tierra. Este gran esfuerzo religioso, espiritual y político significó que el pueblo debió acostumbrarse a ubicar en ese lugar todo lo más relevante de la vida de fe individual y comunitaria. El Salmo 122 da fe de la actitud receptiva con que los judíos de diversas épocas asimilaron esta forma de relación con Dios a través de la existencia de esa ciudad. Cuando los desterrados comenzaron a volver, iniciaron también los esfuerzos para reubicar a Jerusalén en la conciencia espiritual con un templo y unas murallas reconstruidos a fin de dotar a la nueva comunidad de una referencia geográfica sólida que permitiera reiniciar las condiciones de la antigua alianza en el marco de la nueva situación política dominada por los diversos imperios del momento. La Biblia de Nuestro Pueblo profundiza en el ambiente de la época:

Hay que tener en cuenta que al regreso del destierro las cosas no fueron tan fáciles ni tan hermosas como muchos lo soñaban y esperaban. El panorama seguía siendo muy sombrío con sentimientos encontrados entre los que regresaban de Babilonia y los que se habían quedado en el país.
Los primeros reclamaban sus antiguas pertenencias y posesiones, mientras los segundos se afirmaban en el derecho adquirido sobre ellas. En medio de todo, el profeta tiene que cumplir su tarea, debe hacer “soñar”, hacer suspirar por algo nuevo y grandioso.

Los textos correspondientes al denominado Tercer Isaías retomaron en buena medida la orientación profética y utópica de la segunda parte del libro, pues como explican Alonso Schökel y Sicre: “Isaías 62 tiene tantos puntos de contacto con poemas de los capítulos 49, 51-52 o 54 que algunos lo consideran obra del mismo autor; el que compuso el libro definitivo habría reservado este poema para la tercera sección. También cabe pensar en una imitación consciente de temas y formas. Aunque no se resuelva ese problema secundario, la semejanza ayuda a comprender el sentido”.[1] Añaden que estamos delante de “la conocida imagen de la ciudad como esposa del Señor. Lo original es que no se trata aquí de una reconciliación tras la ruptura, sino de algo inaugural, del día de bodas. […] Expresamente se habla de jóvenes que se casan, no de adultos que se reconcilian; de modo que incluso las alusiones al pasado sirven para realzar la novedad y frescura del acontecimiento”. La Biblia de Nuestro Pueblo destaca el estilo poético del texto en su afán por relanzar la esperanza comunitaria mediante la fuerza de la utopía profética: “Este poema intenta ‘seducir’ a los oyentes para que se enamoren de una ciudad que permanece todavía en ruinas, pero que puede volver a ser la ciudad de Dios, fortaleza del Señor. La fuerza con que se describe esta nueva Jerusalén nos hace entender que quizás entre los oyentes no había ánimos ni compromiso efectivo por reconstruir la ciudad”.

El capítulo se divide en tres secciones: una dirigida a la ciudad como novia (1-5), otra dirigida a los centinelas, ofreciendo los dones (6-9), la tercera al pueblo y ciudad invitando a recibir al vencedor (10-12). La conexión inicial arranca desde el final del cap. 61 que introduce la imagen de bodas de un modo imaginativo y exaltante, avizorando el momento crucial con el majestuoso atavío de unos novios. Las palabras de 62.1b relacionan el amor divino por su pueblo (Sión-Jerusalén) y la visión de la luz en relación con la justicia de Yahvé es impecable y justa: “hasta que rompa la aurora de su justicia / y su salvación llamee como antorcha”.

En el poema se sobreponen y se funden la imagen solar y la imagen del rey victorioso el día de su boda: en términos conceptuales, el rey es el sol. Un centinela aguarda impaciente la “salida” de la aurora, la anuncia e invoca; o espera una antorcha que llamea iluminando un cortejo. Con su canto despierta a la ciudad (52.1s). La aurora ilumina la ciudad (véase 60.1s), que con sus murallas y almenas parece una corona refulgente sobre el monte, visible desde lejos y magnífica.
Es el amanecer de un día de boda. El rey ha ido a defender los derechos o justicia (sdqh) de la ciudad, y vuelve victorioso y salvador (ys’). Toma la ciudad-novia como una corona.[2]

Todos los pueblos serán testigos de la aplicación de la justicia divina, así como del nuevo nombre que recibirá la ciudad (2). La recuperación de la ciudad será grande y muy bendecida; no s escatiman adjetivos para referirse a ello: “corona fúlgida”, “diadema real” (3). Lejos quedarán los momentos tristes en que perdió el favor del esposo divino y quedó abandonada y desolada (4a), pues nuevamente volverá a ser la “favorita” y privilegiada (4b). El v. 5 enlaza la imagen matrimonial con la labor de reconstrucción: Dios es el “arquitecto” (bonek), quien se reencontrará con su esposa en un momento muy alegre.
Los vv. 6-9 (en los que propone el tema de los regalos que el marido ofrece a la esposa a cambio del gozo que encuentra en ella) muestran instantes jubilosos ligados a la reedificación: sobre las murallas ahora hay centinelas permanentes que no descansan (6-7a), pues la ciudad debe restablecerse y llegar a ser “la admiración de la tierra” (7b): “…la gloria de Jerusalén redunda en honor de Dios, ella es un himno viviente”.[3] La garantía de todo ello es la promesa divina. Yahvé ya no permitirá que los extranjeros disfruten su trigo ni su vino, ejemplos de la riqueza de la tierra (8). “El ritmo de la fecundidad, producción-consumo, desemboca en el acto religioso de la alabanza, así se supera el peligro de una concepción inmanente y circular del proceso económico. El cultivo de la tierra liga al pueblo a Dios, y el templo es el término del movimiento”. Quienes cosechen serán quienes lo hagan y por ello alabarán al Señor, e incluso beberán en los atrios sagrados (9).

Así, nos hallamos frente a un texto que celebra en clave simbólica “el amor conyugal” de Dios con su pueblo encarnado en la ciudad y que supera rotundamente el “amor maltratado” (Renita Weems) de otros pasajes proféticos (Jeremías, Oseas), en los que la relación hombre-mujer se expone con matices duros y amargos. El restablecimiento de una relación tan plena no puede hablar más que de una restauración efectiva y enormemente deseada: para una nueva experiencia de fe se presenta la realidad de una nueva ciudad, bendecida y proyectada para un futuro de amor y gloria. El horizonte utópico de la fe individual y colectiva aparece como un gran logro en el camino histórico de salvación: “No se trata de una forma de alienación. Los grandes logros de la humanidad y nuestros logros comunitarios y personales, ¿no fueron primero un “sueño”? No está mal soñar, suspirar por algo nuevo y distinto, siempre y cuando no nos quedemos simplemente en esa primera etapa. De ahí hay que pasar a la siguiente que es el compromiso efectivo y la lucha conjunta por lograr lo que soñamos” (Biblia de Nuestro Pueblo).




[1] L. Alonso Schökel y J.L. Sicre, Profetas. I. Madrid, Cristiandad, 1980, p. 373.
[2] Ídem.
[3] Ibid., p. 374.

Isaías 61.-10-62.9, L. Alonso Schökel y J.L. Sicre / Apocalipsis 21.1-11, TLA

10 Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona
o novia que se adorna con sus joyas.

1 Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su Justicia
y su salvación llamee como antorcha
2 Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo
impuesto por la boca del Señor.
3 Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
4 Ya no te llamarán “la Abandonada” ni a tu 
tierra “la Devastada”,
a ti te llamarán “Mi Preferida” y a tu tierra “La Desposada”;
porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.
5 Como un joven se casa con una doncella,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa
la encontrará tu Dios contigo. [...]
8 El Señor lo ha jurado por su diestra y por su brazo poderoso:
ya no entregará tu trigo para que se lo coman tus enemigos;
ya no se beberán extranjeros tu vino, por el que tú trabajaste.
9 Los que lo cosechan lo comerán y alabarán al Señor;
los que lo vendimian lo beberán en mis atrios sagrados.

*

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues ya el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, bajaba del cielo, donde vive Dios. La ciudad parecía una novia vestida para su boda, lista para encontrarse con su novio. Y oí que del trono salía una fuerte voz que decía:
«Aquí es donde Dios vive con su pueblo. Dios vivirá con ellos, y ellos serán suyos para siempre. En efecto, Dios mismo será su único Dios. Él secará sus lágrimas, y no morirán jamás. Tampoco volverán a llorar, ni a lamentarse, ni sentirán ningún dolor, porque lo que antes existía ha dejado de existir".
Dios dijo desde su trono: "¡Yo hago todo nuevo!". Y también dijo: "Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza".
Después me dijo: "¡Ya todo está hecho! Yo soy el principio y el fin. Al que tenga sed, a cambio de nada le daré a beber del agua de la fuente que da vida eterna. A los que triunfen sobre las dificultades y sigan confiando en mí, les daré todo eso, y serán mis hijos, y yo seré su Dios. Pero a los cobardes, a los que no confíen en mí, a los que hagan cosas terribles que no me agradan, a los que hayan matado a otros, a los que tengan relaciones sexuales prohibidas, a los que practiquen la brujería, a los que adoren dioses falsos, y a los mentirosos, los lanzaré al lago donde el azufre arde en llamas; y allí se quedarán, separados de mí para siempre".
Después vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas con las últimas plagas terribles, y me dijo: "Acércate; voy a mostrarte a la novia, la que va a ser la esposa del Cordero".
10 Y en la visión que el Espíritu de Dios me mostró, el ángel me llevó a un cerro grande y alto, y me enseñó la gran ciudad santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, donde está Dios. 11 La presencia de Dios la hacía brillar, y su brillo era como el de una joya, como el de un diamante, transparente como el cristal.

Letra 660, 1 de marzo de 2020


EL ANUNCIO PROFÉTICO DE LA ESPERANZA
L. Alonso Schökel y J.L. Sicre

Resultado de imagen para jesus at nazareth synagogueEl autor está hablando de una restauración que ha de suceder en la patria y que se abre hacia el futuro. Comprende dos elementos paralelos y complementarios: dentro tiene que triunfar la justicia en las relaciones ciudadanas, fuera han de cesar las injusticias y opresiones contra los judíos. La correlación se puede esquematizar:

opresores judíos         opresores extranjeros
oprimidos judíos           oprimidos judíos

Eliminar la primera opresión interna es condición para que cese la segunda externa; en ambos casos el resultado es una reconstrucción de la ciudad, un germinar del jardín. En el cap. 58 el profeta trompeteaba denunciando un pecado e invitando a la conversión con grandes promesas; en el cap. 61 el evangelista anuncia el cumplimiento de las promesas a nueva escala.
1. Como en 42,1-4 y 49,1-6, se presenta aquí en primera persona el profeta. No usa el término técnico “profeta”, pero menciona sus dos condiciones principales: el envío o misión y el servicio de la palabra. Como en 40.9, su actividad es dar una buena noticia o “evangelizar” y proclamar como heraldo o pregonero. Para esta tarea está equipado con el don del Espíritu, que es unción o consagración carismática (48.16). Con su palabra comienza curando por dentro a los que sufren, porque pregona y promulga un año jubilar de parte del Señor. Año jubilar al estilo de Lv 25,10 y semejante a Jr 34, sólo que referido a la situación de los judíos respecto a otros pueblos.
2. Por la última razón, la acción divina tiene dos direcciones: desquite, porque el Señor paga al enemigo por sus agresiones; gracia, porque resarce al pueblo de sus sufrimientos. El “desquite” se aplicaba en 59.18 a los adversarios internos de Dios, es decir, a miembros indignos de la comunidad judía; se aplicará de nuevo al enemigo en 63.4. Por su posible ambigüedad suprimió Jesús la última frase cuando leyó el rollo del profeta, y provocó así grandes protestas. Gracia: véanse 40.2 y 49.8.
La buena noticia lleva fuerza de convicción y opera una transformación interna que llama al consuelo (40.1). Sus beneficiarios son los afligidos que sufren pacientemente; es lo que exigía el profeta en 58.10, para anticipar la acción ejemplar de Dios.
3a. La consolidación interna busca su expresión, el gozo cambia los ritos de luto en ritos de fiesta (Sal 30), lo contrario que en 3.24. Perfume de fiesta recuerda Sal 45.8, pues sólo se lee en ambos pasos; si la referencia es intencionada, significa extender al pueblo el privilegio real (lo que ha hecho ya con David en 55.3-5).
3b. El cambio queda sellado con la imposición de un nuevo nombre, en imagen vegetal. Hay jardines idolátricos, plantados en honor de Baal, que llevan al fracaso, 1,29-31; 57,5; ahora el Señor quiere que su pueblo sea el bosque plantado en su honor. Esta interpretación, que toma hsdq como título del Señor, está abonada por el paralelismo próximo, mt Yhwh. Cabe otra interpretación, que no contradice la precedente, y es tomar sdq como adjetivo, con el sentido de legítimo: en tal caso, el pueblo es un plantío legítimo, como el sucesor de David será un “vástago legítimo” (Jr 23.5, véase el comentario). El contexto presente y la semejanza con 60.21 hacen preferible la primera interpretación.
4-5. Reconstrucción de ciudad y campo, restauración de agricultura y pastoreo (49.8). Las tareas del campo se encomiendan a extranjeros, dejando así libre a todo el pueblo para oficios sagrados. Véase la política de Josué (9.27) y de Salomón (1 Re 5.27-31; 9.20-24) acerca del trabajo de extranjeros. El tema prolonga lo dicho en 60.10.
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PRONUNCIAMIENTO DE LA CMIRP SOBRE LOS ÚLTIMOS SUCESOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO EN MÉXICO

Ciudad de México, 22 de febrero de 2020

Resultado de imagen para cmirpY el Señor le dijo: “¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano/a me pide que le haga justicia”.
Génesis 4.10, Reina-Valera Contemporánea (modificada)

Ante los recientes acontecimientos relacionados con la violencia de género, particularmente los feminicidios de la menor Fátima y de Ingrid, y en el espíritu de las palabras del Génesis citadas, expresamos nuestra más profunda indignación, pesar y arrepentimiento.
Reconocemos que, como parte de este país, hemos participado, sobre todo desde nuestra enorme pasividad, de estos crímenes de odio, inconcebibles en estos tiempos de afirmación de la dignidad de todas las personas.
Aceptamos también que este pecado estructural, más allá de las complejidades de la vida individual y del daño psicológico que implica actuar de la manera más inhumana que se pueda imaginar y practicar, está presente en todos los ámbitos de la vida social y que nuestra proclamación del mensaje de Jesucristo no ha bastado para aplacarlo o disminuirlo. Ello se debe, no a la ineficacia de dicho mensaje, sino a nuestra limitada proyección y compromiso con él.
Confesamos que hemos sido partícipes, por omisión, indolencia y falta de compromiso con la justicia, de una actitud destructiva que, lamentablemente, sigue lastimando y cercenando vidas, con la misma ferocidad que en los tiempos de los Jueces (caps. 19-21), cuando una mujer anónima fue violentada en toda su realidad física y humana, y cuyo cuerpo fue fragmentado y repartido como una especie de sacramento brutal para testimonio de un pueblo que fue llamado a hacerle justicia.
Por lo tanto:

·    Pedimos perdón a las mujeres de este país por el grado de complicidad (activa o pasiva) con que hemos asumido este tipo de sucesos en los últimos años y que sigue poniendo en riesgo su sobrevivencia y vida digna.
·    Pedimos perdón a la Divinidad por tanta indiferencia y la nula acción ante estos hechos que han propiciado una auténtica crisis humanitaria en nuestro país.
·    Hacemos un llamado a nuestras comunidades a prestar atención a estos hechos para evitar su invisibilización, a clamar a Dios por su justicia, a anunciar las buenas nuevas de amor, paz y armonía ante hechos similares, a denunciar cualquier brote de violencia de género y a prevenir cualquier situación que atente contra la vida y estabilidad de las mujeres y menores de edad.
·    Invitamos a las demás comunidades que reivindican el nombre de Jesucristo a sumarse a las tareas de denuncia de este mal que amenaza con convertirse en endémico, a proclamar las bondades transformadoras del Evangelio y a participar activamente en la reconstrucción de la mentalidad social para superar este problema.
·    Exhortamos a la sociedad mexicana en su conjunto a asumir la tarea de mejorar la situación de las mujeres y así poder atender los riesgos y la enorme vulnerabilidad con que ellas viven en los tiempos presentes.
·    Solicitamos a los diferentes niveles de gobierno, especialmente a la Presidencia de la República, que escuche con atención el clamor de las mujeres que reclaman justicia por estos feminicidios, así como una mayor sensibilidad que permita abordar y solucionar el problema mediante medidas concretas.

Finalmente, afirmamos enfáticamente la esperanza en la resurrección experimentada por Jesús de Nazaret y que comparte con todo aquel o aquella que padece la injusticia criminal. Ella es la que no nos permitirá olvidar a Fátima, a Ingrid, y a todas las demás mujeres que han perdido la vida en esta espiral de violencia que sacude a nuestra nación.
Al lado de ellas y de todas las mujeres afirmamos también:

¡Ni una más! ¡Ni una menos!

domingo, 1 de marzo de 2020

Actividades y avisos


OREMOS Y PARTICIPEMOS EN LAS ACTIVIDADES DE CELEBRACIÓN DEL
XXV ANIVERSARIO DE LA IGLESIA

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 3 de marzo, 19 hrs.
Modera: A.I. Lauro Adame B.

Llamamiento: Efesios 1.3-10
Oración de ofrecimiento
Himno: “Del santo amor de Cristo” (150)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Ester 7.6-10
Tema: Ester se presenta ante el rey
Himno: “Es Jesús mi todo en todo” (353)
Ofertorio
Bendición pastoral

SE CONSUMA LA LIBERACIÓN
Samuel Pagán

A
la presentación y argumento de la reina, el rey respondió con sorpresa y enojo. Y al preguntar quien se había ensoberbecido” o quien había pensado en hacer semejante cosa (VP), Ester respondió con claridad: El enemigo y adversario es este malvado Aman” (v. 6). Ante tal acusación, el rey “se turbó”. Posiblemente, la sorpresa de la noticia, o el descubrir que no sólo para él se había preparado un plan de asesinato (2.19-23), sino también para la reina, lo tomó desprevenido.

Se levantó del banquete y salió “al huerto del palacio” lleno de ira. La confusión era doble: desconocía el plan para exterminar a los judíos, que incluía a la reina, y no podía condenar a Aman por un edicto que él mismo había autorizado y firmado. En ese momento de intriga y crisis el rey no contaba con asesores y consejeros que le ayudaran a tomar la decisión correcta.

La salida del rey le dio a Amán la oportunidad de suplicar a Ester por su vida (v. 7). La ironía de la narración llega a un punto culminante. El enemigo de los judíos imploraba por salvar la vida ante una de las personas que él quería exterminar. La salida abrupta del rey revelaba no solo su estado de ánimo sino que parecía sugerir la sentencia que caería sobre Amán.

Cuando regresó al salón del banquete, Asuero encontró a Amán “caído sobre el lecho en que estaba Ester” (v. 8). Ésta estaba reclinada. Amán, posiblemente en un acto de súplica extrema y desesperada, estaba tocando o besando los pies de la reina en su desesperación, Aman tampoco respetó las reglas que gobernaban el harén real, ni el protocolo debido a la reina. La reacción del rey ante la actitud y los hechos de Amán fue de acusación y reproche. Sus palabras fueron tan firmes y acusatorias que los eunucos trataron a Aman como si ya hubiese sido condenado (v. 8). En la antigüedad se cubría el rostro” de los sentenciados a muerte.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

8 – 2º Panel por el XXV Aniversario
15 – Culto especial de dones (I)

Conciencia colectiva de la acción de Dios en la vida del pueblo, L. Cervantes-O.



1 de marzo, 2020

Así como de la tierra
brotan las semillas,
y en el jardín nacen las plantas,
así Dios hará brotar
la justicia y la alabanza
entre todas las naciones.
Isaías 61.12, TLA

Luego de la visión utópica de Jerusalén como ciudad luminosa, el centro de toda la sección de Isaías 56-66 es el cap. 61, en el que el profeta presenta su vocación como parte de un programa completo de actuación promotora de la utopía y de la esperanza. Tradicionalmente leído como un anuncio mesiánico centrado en la figura de Jesús por causa de lo narrado en Lucas 4.16-30, el pasaje reclama una recuperación contextual, lado a lado con la circunstancia que le dio origen. De la misma manera que Isaías 53, en la que la identificación del personaje que habla es bastante enigmática, en este caso, el sujeto que habla se describe a sí mismo como un profeta que pondría en marcha una serie de acontecimientos jubilares, todos relacionados con las acciones liberadoras de Yahvé acumuladas en el tiempo. En él se manifestará plenamente la realidad de la conciencia colectiva acerca de la acción de Dios en la vida del pueblo, especialmente en el contexto paralelo a la reconstrucción integral del culto, el templo y la ciudad.

El profeta que habla (un auténtico “pregonero de justicia”) desea situar el ambicioso programa divino en ese ambiente tan complejo que se desarrollaba en ese momento. La apelación al Espíritu de Dios es la garantía tradicional de la validez del mensaje por anunciarse como “una fuerza que ha venido sobre él y que da valor a su ministerio”.[1] La frase “el Señor me ha ungido”, identifica “su misión con la de un rey que proclama un edicto para su pueblo. La Traducción Ecuménica de la Biblia acentúa esta dimensión real traduciendo: ‘El Señor ha hecho de mí un mesías’”, que recuerda que el mesías era uno de los títulos del rey de Jerusalén (Sal 2.2; 132.10, 17). A la función real, el profeta añade la función profética.

Esta identificación explica la posibilidad de realizar un programa social, político y espiritual tan amplio, el cual incluye aspectos marcados por la urgencia del momento, sobre todo aquellos relacionados con la población más desfavorecida (pobres, afligidos, prisioneros, v. 1). “El autor está hablando de una restauración que ha de suceder en la patria y que se abre hacia el futuro. Comprende dos elementos paralelos y complementarios: dentro tiene que triunfar la justicia en las relaciones ciudadanas, fuera han de cesar las injusticias y opresiones contra los judíos”.[2] Eliminar la opresión interna es condición para que cese la externa y en los dos casos el resultado es una reconstrucción social. La exigencia profética es ir más allá de un jubileo, de un perdón o de una condonación de deudas que permita una renovación profunda: “…la exigencia profética interpela e impulsa a una praxis social de todo momento”.[3] Para los oprimidos, este anuncio es un auténtico evangelio: un conjunto de “buenas noticias” (“evangelizar”, dicen los traductores griegos) que les permitan sobrevivir con esperanza en acciones concretas de igualación o distribución equitativa de la justicia. “Con su palabra [este mensajero] comienza curando por dentro a los que sufren, porque pregona y promulga un año jubilar de parte del Señor”.[4]

Este planteamiento impactaría profundamente la relectura de Lucas, especialmente en la sección correspondiente a las “bienaventuranzas”: “Mirada ahora atentamente la construcción de los siete verbos que explican los objetivos del ‘envío’ del profeta, la tarea de consolar a los que lloran aparece como la más comentada (2b-3a), ya que ocupa todo el tramo que sigue al centro (v.2a)”.[5] tal como comenta Xabier Pikaza: “Isaías 61.2 situaba el jubileo en un contexto judicial de tipo israelita, proclamando así una ‘doble suerte’: un Año de Gracia de Yahvé, el Señor, para los fieles, un Día de Venganza de nuestro Dios, para los infieles. La profecía puede inscribirse así dentro de la experiencia nacional, ratificando la singularidad y la elección del pueblo de la alianza [...] que el libro de Ester ha desplegado de un modo impresionante”.[6]

Lo siguiente es la proyección profética y utópica, ligada a ese anuncio, en la que “el ‘año’ sabático o jubilar es reemplazado (si era conocido) por el ‘tiempo’ profético, que no se mide por días o años de calendario sino por la realidad”.[7] Ese horizonte es expuesto desde el v. 2, que incluye también una forma de desquite por lo acontecido hasta entonces en contra de los más débiles. En Is 59.18, dicho desquite se aplicaba a los “adversarios internos” de Dios, miembros indignos de la comunidad judía. En 2b-3a se aprecia bien la enorme condescendencia de Yahvé hacia quienes padecen: “Se está anunciando su intervención salvífica en la historia de los que sufren”.[8] Su derrota es convertida en victoria y su tristeza en alabanzas alegres. La imagen vegetal (“robles victoriosos”) alude a los jardines idolátricos plantados a nombre de Baal, pues ahora, por contraste, Yahvé quiere que su pueblo sea el bosque plantado en su honor, 3b): “«Grandes árboles de salvación y plantío del Señor para hacer que se vea su grandeza”.

Los habitantes de Jerusalén, por todo ello, experimentarán la reconstrucción completa de las demás ciudades (4), además de que al venir extranjeros a hacer las labores agrícolas y de ganadería (5), el pueblo estaría libre para su actividad sacerdotal (6a). A continuación, se hace sentir el énfasis nacionalista para redistribuir y disfrutar las riquezas de las naciones (6b). Pero inmediatamente después reaparece el afán reivindicatorio para el pueblo (7): a causa del sufrimiento, la compensación será doble en cantidad y la duración de la bonanza no tendrá límites, lo que muestra la apertura a un futuro más prolongado, escatológico.

El capítulo concluye con una serie de afirmaciones en las que Yahvé reitera su compromiso irrestricto con la justicia y su rotunda oposición al robo (“latrocinio”, RVR1960) y el crimen enmascarados por actitudes piadosas (8a). Él anuncia su disposición para establecer, como recompensa, un pacto interminable con estas bases (8b): “El pacto perpetuo (55.3) desborda los límites de una justicia conmutativa o distributiva al establecer un sistema nuevo de relaciones”.[9] La descendencia del pueblo tendrá fama “entre todas las naciones” (9a) y esa presencia (acompañada de su profunda conciencia histórica y espiritual) los hará visibles (como en el caso del rabino polaco Abraham J. Heschel [1907-1972], quien luchó al lado de Martin Luther King en contra de la segregación racial[10]) y signo de la bendición de Dios (9b). Todo ello será motivo de alegría y de reconocimiento de las acciones divinas para el profeta (10a), quien destaca la justicia del Señor (10b) y su capacidad para hacer de su pueblo un auténtico renuevo de “justicia y la alabanza / entre todas las naciones” (11b). Eso hará posible la impactante manifestación de la intervención de Yahvé en la historia de su pueblo y de toda la humanidad.


[1] Samuel Amsler, Los últimos profetas. Ageo, Zacarías, Malaquías y algunos otros. Estella, Verbo Divino, 1996 (Cuadernos bíblicos, 90), 48.
[2] L. Alonso Schökel y J.L. Sicre, Profetas. I. Madrid, Cristiandad, 1980, p. 369.
[3] José Severino Croatto, “Del Año Jubilar Levítico al tiempo de liberación profético”, en RIBLA, núm. 33, 1999, p. 82.
[4] L. Alonso Schökel y J.L. Sicre, op. cit., p. 370.
[5] J.S. Croatto, op. cit., p. 86.
[6] X. Pikaza, Dios preso: teología y pastoral penitenciaria. Salamanca, Secretariado Trinitario, 2005. p. 157.
[7] J.S. Croatto, op. cit., p. 80.
[8] Ibíd., p. 84.
[9] L. Alonso Schökel y J.L. Sicre, op. cit., p. 371.
[10] Cf. Susannah Heschel, “Dos amigos, dos profetas: Abraham Joshua Heschel y Martin Luther King Jr.”, en Plough, www.plough.com/es/temas/justicia/justicia-social/dos-amigos-dos-profetas.

Isaías 61 / Marcos 6.1-6

El fiel servidor de Dios dijo:
El espíritu de Dios está sobre mí,
porque Dios me eligió y me envió
para dar buenas noticias a los pobres,
para consolar a los afligidos,
y para anunciarles a los prisioneros
que pronto van a quedar en libertad.
Dios también me envió para anunciar:
“Éste es el tiempo que Dios eligió
para darnos salvación,
y para vengarse de nuestros enemigos”.
Dios también me envió
para consolar a los tristes,
para cambiar su derrota en victoria,
y su tristeza en un canto de alabanza.
Entonces los llamarán:
“Robles victoriosos,
plantados por Dios
para manifestar su poder”.
Ustedes, habitantes de Jerusalén,
reconstruirán las ciudades antiguas
que quedaron en ruinas.
Gente de otras naciones
vendrá a cuidar los rebaños,
los campos y las viñas de ustedes.
Ustedes serán llamados
“Sacerdotes de Dios”,
“Fieles servidores de Dios”.
Disfrutarán de las riquezas de las naciones
y se adornarán con sus magníficas joyas.
Porque ustedes han tenido que sufrir
el doble de lo que se merecían,
y los han llenado de vergüenza y de insultos.
Por eso recibirán doble porción de riquezas
y para siempre vivirán felices.
Dios dijo:
«Yo, el único Dios, amo la justicia,
pero odio el robo y el crimen.
Por eso les daré una gran recompensa
y haré con ustedes un pacto
que nunca tendrá fin.
Sus descendientes serán famosos
entre todas las naciones;
cuando la gente los vea, dirá:
“Son un pueblo bendecido por Dios”.

10 Isaías dijo:

¡Mi Dios me llena de alegría;
su presencia me llena de gozo!
Él me dio salvación
y me trató con justicia.
11 Así como de la tierra
brotan las semillas,
y en el jardín nacen las plantas,
así Dios hará brotar
la justicia y la alabanza
entre todas las naciones.

*

De allí Jesús se fue a Nazaret, que era su propio pueblo, y sus discípulos lo acompañaron.
Cuando llegó el sábado, Jesús empezó a enseñar en la sinagoga. Los que estaban presentes lo escucharon y se preguntaron admirados:
—¿Dónde aprendió éste tantas cosas? ¿De dónde ha sacado tantos conocimientos? ¿De dónde saca el poder para hacer los milagros que hace? 3-4 ¿Acaso no es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no es verdad que sus hermanas viven en este mismo pueblo?
Y se quedaron confundidos y contrariados. Por eso, Jesús les dijo:
—Al profeta se le reconoce y se le acepta en todas partes, menos en su propio pueblo, en su propia familia y en su propia casa.
Y poniendo las manos sobre los enfermos, Jesús sanó a algunos de ellos; pero no pudo hacer ningún otro milagro, pues se sorprendió mucho de que aquella gente no creyera en él.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...