domingo, 10 de enero de 2010

Salmo 4, Ernesto Cardenal

Óyeme porque te invoco Dios de mi inocencia
Tú me libertarás del campo de concentración
¿Hasta cuándo los líderes seréis insensatos?

¿Hasta cuándo dejaréis de hablar con slogans y de decir pura propaganda?

Son muchos los que nos dicen:
¿quién nos librará de sus armas atómicas?

Haz brillar Señor tu faz serena
sobre las Bombas

Tú le diste a mi corazón una alegría
mayor que la del vino que beben en sus fiestas

Apenas me acuesto estoy dormido
y no tengo pesadillas ni insomnio
y no veo los espectros de mis víctimas

No necesito Nembutales
porque Tú Señor me das seguridad

sábado, 2 de enero de 2010

Letra 154, 3 de enero de 2010

LA CABEZA DE LA IGLESIA PROTESTANTE ALEMANA PIDE LA RETIRADA DE LAS TROPAS DE AFGANISTÁN
www.publico.es, 1 de enero de 2010

Margot Kaessmann, cabeza de la Iglesia protestante alemana, pidió en su sermón de la misa de Año Nuevo más optimismo y coraje a la vez que reiteró su deseo de que regresen las tropas alemanas desplegadas en Afganistán.
Ya hace unos días, en entrevistas concedidas a periódicos alemanes, la obispo pidió por el retorno de los 4.4000 soldados de su país que ahora mismo combaten en el país asiático.
Desde 2002,
34 soldados alemanes han muerto en combates en Afganistán.
Kaessmann representa a varias de las 22 ramas evangélicas alemanas, como cabeza de la
EDK, organización que agrupa los protestantes.
Su llamada por la vuelta de las tropas coincide con el debate parlamentario para aprobar todo lo contrario: incrementar las presencia de soldados para combatir a los talibanes.
"No hay guerra justa. Y no la puedo legitimar desde un punto de vista cristiano", según Kaessman. Sin embargo no apuesta por una retirada de cualquier manera y concede que se necesita una estrategia para abandonar el conflicto con garantías para sus soldados.
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DENUNCIA IGLESIA EVANGÉLICA DECENAS DE ACTOS DE INTOLERANCIA CONTRA CREYENTES
Carolina Gómez Mena
La Jornada, 2 de enero de 2010, p. 10

Durante 2009 los cristianos evangélicos sufrieron diversos actos de intolerancia y discriminación religiosa. Un balance realizado por la organización Voz de los Mártires documentó más de 40 casos en Chiapas, Hidalgo, Oaxaca, Nayarit y Guerrero, donde las propias autoridades locales reconocieron que existen “focos rojos” por la violación de los derechos humanos de los practicantes de este credo.
Ante esto, iglesias cristianas evangélicas en conjunto con Voz de los Mártires exigieron al titular de la Secretaría de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a la Presidencia de la República y al Legislativo que se integre una oficina dedicada a resolver los problemas de esta índole, pues “las direcciones y subsecretarías de asuntos religiosos han quedado rebasadas en sus distintos ámbitos de competencia”, establece el diagnóstico.
Voz de los Mártires lamentó que Gobernación no reconozca la mayoría de los casos, ya que esta dependencia documentó oficialmente en los anexos del tercer Informe de gobierno que “sólo se tiene registrado un caso de intolerancia religiosa, haciendo evidente su desinterés para resolver los problemas en los que hay desde agresiones físicas hasta expulsiones, sobre todo en zonas indígenas”.
Dicha ONG agregó que pese a las denuncias que se han puesto en contra de quienes cometen “delitos graves, como la privación ilegal de la libertad y amenazas de muerte no sean sancionados con apego a la ley”, y apuntó que es criticable que “las oficinas encargadas de asuntos religiosos desvirtúen y oculten los casos que llegan a presentar las iglesias evangélicas y organismos de la sociedad civil en esas dependencias”.
Resaltó que en 2009 se “documentó también el contubernio entre autoridades locales con grupos católicos dedicados a cobrar cuotas a evangélicos para sufragar gastos de sus fiestas religiosas, lo que constituye una violación al artículo segundo de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que señala que “nadie puede ser obligado a prestar servicios personales ni a contribuir con dinero o en especie al sostenimiento de una asociación, iglesia o cualquier otra agrupación religiosa ni a participar o contribuir de la misma manera en ritos, ceremonias, festividades, servicios o actos de culto religioso”.
El primer incidente de 2009 ocurrió el 15 de enero en la comunidad de Amolera, municipio de Tuxpan de Bolaños, Jalisco, donde un grupo de 36 huicholes de la iglesia Bautista fueron amenazados de muerte por autoridades locales por profesar la religión evangélica. El año cerró con otro acto de intolerancia el pasado 30 de diciembre en San Juan Chamula, Chiapas, cuando indígenas católicos desmantelaron un templete y mantuvieron privado de su libertad por varias horas al pastor Javier Collazo para impedir la realización de un culto público en la plaza central de la localidad.
Voz de los Mártires también destaca como acto de discriminación el hecho de que el 8 de diciembre la bancada del PRI en la Cámara de Diputados haya presentado una “iniciativa para sancionar hasta con 12 años de cárcel a quien instale y opere radiodifusoras sin los permisos y concesiones correspondientes”, pues este es justamente uno de los problemas de diversas agrupaciones civiles, cuyos integrantes profesan esa religión y cuyas emisoras han sido desmanteladas y otras están en proceso de obtener permisos.
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LECTURAS BÍBLICAS 2010 (1)
JUAN 1.1-14


1 Antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y era Dios.
2 Cuando Dios creó todas las cosas, allí estaba la Palabra.
3 Todo fue creado por ella, y sin ella, nada se hizo.
4 De la Palabra nace la vida, y ella, que es la vida, es también nuestra luz.
5 La luz alumbra en la oscuridad, ¡nada puede destruirla!
6 Dios envió a un hombre llamado Juan, 7 para que hablara a la gente y la convenciera de creer en aquel que es la luz. 8 Juan no era la luz; él sólo vino para mostrar quién era la luz. 9 Aquel que con su vida llenaría de luz a todos, pronto llegaría a este mundo.
10 Aquel que es la Palabra estaba en el mundo. Dios creó el mundo por medio de él, pero la gente no lo reconoció.
11 Vino a vivir a este mundo, pero su pueblo no lo aceptó. 12 Pero aquellos que lo aceptaron y creyeron en él, llegaron a ser hijos de Dios. 13 Son hijos de Dios por voluntad divina, no por voluntad humana.
14 Aquel que es la Palabra habitó entre nosotros y fue como uno de nosotros. Vimos el poder que le pertenece como Hijo único de Dios, pues nos ha mostrado todo el amor y toda la verdad.


LEER EL EVANGELIO DE JUAN EN PROFUNDIDAD (I)
Los tres primeros Evangelios reproducen documentos redactados en Palestina a la vista de los mismos Apóstoles. El Evangelio de Juan va dirigido a la siguiente generación y su autor es un "profeta" de la Iglesia; es uno de los que interpretaban las palabras de Jesús para las nuevas comunidades.
Si bien el autor ha sido, según toda probabilidad, testigo directo de la mayoría de los hechos que nos transmite, prefirió ceñirse a algunos episodios que podría desarrollar conforme a su carisma profético, para bien de la Iglesia.
De ahí proviene esa alternancia entre hechos y discursos. Los hechos son narrados en un estilo breve y preciso, mientras que los "discursos de Jesús" resultan a veces repetitivos y es fácil deducir que aun cuando fueran construidos en base a palabras auténticas de Jesús, son obra de "Juan el profeta", como se le ha llamado.
Los discursos atribuidos a Jesús la tarde de la Última Cena ocupan un lugar destacado. Con ellos estamos tan lejos de la proclamación de Jesús a las muchedumbres como de las advertencias dirigidas al pueblo judío para persuadirlo a que se convirtiera. En estas páginas parece que la Iglesia entera y todo el porvenir del cristianismo se identifican con esos discípulos que él eligió y a los que prepara para la efusión del Espíritu.
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LIBRO POR ENTREGAS
EL PROGRESO DEL PEREGRINO, DE JOHN BUNYAN
PROLOGO APOLOGÉTICO DEL AUTOR

No fue mi plan, cuando tomé la pluma
Para empezar la obra que te ofrezco,
Hacer un libro tal; no, me propuse
Escribir una cosa de otro género,
La cual, estando casi concluida,
Esta empezaba, sin fijarme en ello.
Y era que al escribir sobre el camino
Por donde van los santos de este tiempo
Empleé con frecuencia alegorías
Sobre la senda que conduce al cielo,
En más de veinte cosas que narraba,
Y otras tantas después se me ocurrieron.
Brotaban de mi mente estas figuras
Como chispas sinnúmero del fuego,
Y dije: Si tan pronto aparecéis,
En orden os pondré con justo método,
No vayáis a llegar a lo infinito,
Y a consumir el libro ya compuesto.
Lo hice así; mas no me proponía
Mostrar al mundo mis escritos nuevos;
Lo que pensaba yo, no lo sabía;
Sólo sé que no tuve por objeto
Buscar de mis vecinos los aplausos,
Sino dejar mi gusto satisfecho.
En componer el libro mencionado
Sólo empleé de vacación el tiempo,
Por apartar mi mente, al escribirlo,
De importunos, ingratos pensamientos.
Así con gran placer tomé la pluma,
Y pronto consignaba en blanco y negro
Las ideas venidas a mi mente,
Sujetas todas al fijado método,
Hasta tener la obrita, como veis,
Su longitud, su anchura y su grueso.

Ministerios 2010-2012 (I)

Objetivos generales

· Comunión fraternal. Promover la unidad y la fraternidad en la iglesia mediante acciones y actividades que acerquen a las personas y familias para participar de las expresiones comunitarias del Reino de Dios que posibiliten la participación activa en las demás áreas y acciones concretas.

· Crecimiento espiritual. Fomentar la espiritualidad cristiana de manera individual y colectiva en el marco de la tradición teológica reformada, sin olvidar las coordenadas culturales, religiosas e ideológicas que pueden influir directamente sobre ella.

· Educación cristiana. Integrar de manera amplia los elementos bíblicos, teológicos y doctrinales necesarios para el desarrollo de una cosmovisión cristiana sólida que permita a los creyentes experimentar su fe en diálogo continuo con el mundo de hoy.
· Liturgia y adoración. Ofrecer una plataforma litúrgica que permita a los miembros de la iglesia su desarrollo como adoradores y participantes activos del culto a partir de la integración de elementos de la tradición reformada y la cultura.
· Acción social. Promover acciones de servicio que manifiesten la manera en que la iglesia asume su compromiso de hacer presentes los valores del Reino de Dios en la comunidad y en la sociedad en general, a contracorriente de las prácticas manipuladoras, asistencialistas y paternalistas de otros tiempos.
· Evangelización. Establecer criterios y prácticas que actualicen la tarea evangelizadora de la iglesia de una manera pertinente y acorde con las necesidades del mundo actual que permitan superar algunas actitudes y mentalidades ligadas a formas de trabajo de épocas anteriores.

"No nos ganará el miedo, aun si...", L. Cervantes-O.

3 de enero de 2010

Paráfrasis del salmo 84

3 de enero de 2010

Nuestro Señor es refugio y baluarte seguro,
auxilio inmediato en tiempos difíciles.
Por eso, no nos ganará el miedo aun si la tierra cambia de lugar,
ni si las montañas son llevadas al mar;
y ni siquiera si sus aguas hagan estruendo y se alteren.
¡Aunque haya un terrible terremoto en las montañas!

La “ciudad de Dios” recibe su alegría del río y sus corrientes,
igual que el templo, casa del Señor Altísimo.
Dios vive en medio de ella: ¡no recibirá sobresaltos!
Pues Él la apoyará todas las mañanas.
Se levantaron los pueblos, los gobiernos dudaron,
pero Él alzó su voz tronante y la tierra se derritió.
El Señor de los ejércitos nos acompaña;
¡el Dios en quien creyó Jacob nos protege!

Vengan a ver las acciones del Señor
y cómo ha dejado la tierra trastornada:
detiene las guerras por todas partes,
destruye las armas de los combatientes
e incendia sus vehículos militares.

“Estén tranquilos y sepan que soy el verdadero Dios:
recibiré alabanza entre todas las naciones”.
El Señor universal nos acompaña;
¡el Dios de Jacob es nuestra defensa!

viernes, 1 de enero de 2010

Eternidad de Dios y futuro humano, L. Cervantes-O.

31 de diciembre de 2009
1. El diálogo bíblico entre la eternidad y el tiempo
Prácticamente desde la primera página de la Biblia hasta la última flota en el ambiente el permanente y azaroso diálogo entre la eternidad y el tiempo. Si Dios, como el creador a quien se refiere el Génesis, viene en los textos desde una eternidad que es bastante incomprensible para la mayor parte de los seres humanos, esa distancia se acrecienta, se proyecta y se reproduce en diversos momentos con una intensidad que alcanza alturas reflexivas algunos de cuyos testimonios quedaron registrados en varios lugares de las Escrituras. Uno de ellos, quizá de los más conocidos es el Salmo 90. Allí, una voz que tradicionalmente se ha identificado con la de Moisés (varón de Dios le llama el título), libertador y padre de la patria israelita, se coloca en un momento indeterminado de su vida y pronuncia una de las disquisiciones más profundas del texto sagrado.
Señor, durante generaciones/ tú has sido nuestro refugio (Traducción Interconfesional). La primera frase de esta oración remite a las acciones de Dios en medio de la historia del pueblo. Tener conciencia de las generaciones que se han sucedido y no necesariamente de su número, manifiesta el procesamiento de una sabiduría ancestral acumulada y desarrollada mediante una adecuada inteligencia de la historia y su contacto, a veces tangencial, con el Dios revelado. Para la época de Moisés, podría decirse que faltaba perspectiva suficiente para apreciar el horizonte histórico que permitiría hablar de las otras acciones divinas en la historia del pueblo. Con todo, la elaboración colectiva proyecta en Moisés el paso del tiempo y la forma en que Yahvé se relacionó con cada generación. Moisés funciona como un catalizador de la manifestación divina hasta ese momento.
Antes que se formasen los montes/ y la tierra y el orbe surgieran,/ desde siempre y para siempre tú eres Dios (v. 2). La criatura se remonta desde sus pequeñez y finitud y, como en un suspiro de magnitud insospechada, advierte no sólo la antigüedad de Dios (señalar eso sería sólo calificarlo de “viejo”). La referencia más remota, sin duda alguna, era la creación misma, ante la cual no había especulaciones cronológicas ni temporales, pues cualquier intento por ir más allá del presente perpetuo de Dios está condenado al fracaso, dado que para Él sólo existe el siempre, es decir, que sin atarse a la historia humana, la existencia de Dios no depende de ella, aun cuando sus vaivenes lo afectan tangencialmente.
Tú haces que el ser humano vuelva al polvo… (v. 3). …mil años son ante tus ojos/ como un día, como un ayer que pasó,/ como una vigilia en la noche (v. 4). El recuerdo del origen humano es un punto de partida para contrastar esa eternidad divina con la efimeridad de la vida, al mismo tiempo que se afirman sus lazos biológicos y ontológicos con el cosmos y la tierra. A pesar de ello, es posible desde, la unicidad humana, tomar en ocasiones la iniciativa del diálogo con el Eterno, gracias a laa condescendencia con que éste se había manifestado hasta ese momento para hacer un pacto con la humanidad, los “condenados al polvo”, seres finitos y contradictorios cuya existencia tan limitada los incapacitaba para advertir el abismo cronológico que los separaba de Dios. La confluencia de tiempos, la simultaneidad que hace posible una percepción abarcadora de la realidad, está vedada para los humanos, quienes se mueven como a tientas, intuitivamente, en un terreno donde lo sagrado los aguarda más allá de las barreras temporales. Los antiguos hebreos no estaban sujetos a la “camisa de fuerza” del cronos griego, esto es, no lo deifica ni lo considera intocable. Por decirlo así, se mueve más en el terreno del kairós, un desdoblamiento del tiempo en los diversos tiempos de Dios, perceptibles sólo a través de la fe.
Tú los arrastras al sueño de la muerte,/ son como hierba que brota en la mañana… (v. 5). Dios creó todas las cosas, incluida la humanidad, con una fecha-límite, una fecha de caducidad, más allá de la cual es imposible avanzar. La vida es breve por definición, así dure 70 u 80 años, como dice el cantor del salmo. Para algunos nunca es suficiente, para otros sí. La constatación de esta brevedad recuerda el lenguaje sapiencial del Eclesiastés, aunque con menos amargura y una asimilación un tanto más “espiritual” del destino ignoto más allá del fin. La vida es desechable, aunque no en el extremo sacrificial de hoy, pero hay un sabor a reproche al creador por haber producido ese tipo de criaturas. No podemos olvidar que Moisés fue, en cierto modo, “desechado” por Dios a la hora de que el pueblo debía pasar a otra etapa de su peregrinaje.
Con tu ira nos has consumido,/ con tu furor nos aterras (v. 7). Nuestros días decaen bajo tu furia… (v. 9). Escribe Luis Alonso Schökel sobre estos versículos: “Lo más grave de esa brevedad es que es revelación y presencia de la cólera divina; el tiempo es limitado por la cólera divina que provocó el pecado; aun este tiempo limitado queda medio vacío; aun la vida más larga tiene un carácter de «fatiga inútil» por su límite irremediable”. Como hombre acostumbrado a tratar con Él, Moisés sabe que aun a Yahvé se le puede tratar de convencer, pero que cuando se enfrenta uno al no de Dios, es irreversible, no hay nada que hacer, puesto que Él puede incluso sacarse “ases debajo de la manga”. Como escribe Elie Wiesel:

¿Debemos concluir que Dios fue injusto, es decir, gratuitamente cruel con Moisés? ¿Pregunta inquietante? […] …no es para inquietar ni castigar a Moisés por lo que Dios le recuerda un pecado insignificante, sino más bien para realzarlo. Como para decirle: Moisés, mi fiel servidor, no busques pecados que no has cometido para explicar tu muerte; tú no has hecho nunca nada que me desagrade […] No Moisés, no has hecho nada que deba reprocharte… Pero tú vas a morir también, debes hacerlo, porque eres humano…
[1]

Wiesel recuerda, a través de una leyenda judía, que ni siquiera muerto entró Moisés a la tierra prometida: “Tampoco en esto el Eterno se dejó conmover. […] Y Dios solo, único en su inmortalidad, lo preparó para la muerte”.
[2] De toda esta experiencia procede la afirmación más emblemática del salmo: Enséñanos a contar nuestros días/ y tendremos así un corazón sabio (v. 12). En ella, un corazón creyente, probado por Dios, acrisolado en una experiencia única de liberación divina, como protagonista principal, solicita ser enseñado como preparación para la muerte, tal como lo sugirió Erasmo de Rotterdam y, siglos después, María Zambrano.

2. El futuro humano y el Reino de Dios
Apocalipsis, como se sabe, fiel a su estirpe, veía hacia el futuro con los pies bien puestos en la tierra. El vidente de Patmos ve los cielos abiertos, pero no se engolosina, pues bien sabía que el escaso recuerdo que tendrá cuando registre por escrito su visión no alcanzaría a ser bien entendido como él deseaba, pues la ansiedad que genera el futuro en la humanidad nunca logra ser bien correspondida y produce fantasías al por mayor. Las mejores condiciones posibles que ha alcanzado la humanidad no consiguen articular el dilema cristiano que hoy se nos muestra con claridad meridiana: ¿cómo articular y, si fuera posible, complementar, las escasas esperanzas materiales que se tienen sobre el planeta y la extraordinaria promesa que representa el gran símbolo del Reino de Dios? ¿Cuál es el futuro verdadero que le espera a la humanidad? ¿Hasta dónde es posible continuar con una esperanza utópica basada en el horizonte plenamente redentor fruto de la acción divina?
“No habrá más maldición… No habrá más noche” dicen los vv. 3 y 5. La supresión del dolor, la enfermedad y la muerte son anuncios extraordinarios de una esperanza que está por aterrizar, literalmente, en la facticidad de la vida humana de todos los días, no en otra diferente o del más allá. El regreso del Señor Jesús y la consumación del Reino de Dios, expresados en una clave simbólica que sólo los creyentes podían descifrar, se confronta en el v. 11 con la actividad humana que no es ni será capaz de resolver sus contradicciones más profundas: “Ya casi da igual que el pecador siga pecando…”. De cualquier forma, la consumación vendrá y aquellos que atentaron contra la vida en la tierra serán castigados frontalmente por Dios mismo, cuando ya nada importe: llegó la hora “de exterminar a los que corrompen la tierra” (11.18), pues Él ama profundamente a su creación y será “todo en todo” en ella. Demasiado tarde nos dimos cuenta (como Iglesia y humanidad), hasta dónde llega este amor de Dios por su creación, pues nos tardamos en ver su rostro ecologista (véase como ruega a los ángeles en 7.3: “No causéis daño a la tierra, al mar o a los árboles…”), ahora que al parecer el planeta ya no tiene remedio.
Pero, con todo, tenemos esperanza, tal como escribe el poeta-vidente Ernesto Cardenal en el texto que lleva el nombre del último libro de la Biblia:

Y vi en la biología de la Tierra una nueva Evolución
Era como si hubiera surgido en el espacio un Planeta Nuevo
La muerte y el infierno fueron arrojados en el mar de fuego nuclear
las clases ya no existían más y vi una especie nueva que había producido la Evolución
la especie no estaba compuesta de individuos
sino que era un solo organismo
compuesto de hombres en vez de células
y todos los biólogos estaban asombrados
Pero los hombres eran libres y esa unión de hombres era una Persona
-y no una Máquina-
y los sociólogos estaban pasmados
Y los hombres que no formaron parte de esa especie
quedaron hechos fósiles
y el Organismo recubría toda la redondez del planeta
y era redondo como una célula (pero sus dimensiones eran planetarias)
y la Célula estaba engalanada como una Esposa esperando al Esposo
y la Tierra estaba de fiesta
(como cuando celebró la primera célula su Fiesta de Bodas)
y había un Cántico Nuevo
y todos los demás planetas habitados oyeron cantar a la Tierra
y era un canto de amor
[3]

Las Escrituras terminan con esperanza y así debemos seguir caminando en el mundo: con la certeza de que, a pesar de los pronósticos en contra, la venida del Reino de Dios colmará todas las expectativas de justicia y amor. Y todo ello porque Dios nos llama siempre desde su futuro, adonde viviremos con él.
Notas
[1] E. Wiesel, Celebración profética. Personajes y leyendas del antiguo Israel. Salamanca, Sígueme, 2009, pp. 78-79.
[2] Ibid., pp. 79, 80.
[3] E. Cardenal, Nueva antología poética. México, Siglo XXI, 1978, pp. 91-92.

Oración de los débiles al comenzar el año, Enrique Díez-Canedo (España-México, 1879-1944)

Señor, el año empieza. Como siempre
postrados a tus pies, la luz del día
queremos esperar. Cuando los rayos
del sol levante por el cielo extiendan
rosados matutinos esplendores,
descienda con su luz en nuestra frente
tu bendición, Señor. Eres la fuerza
que tenemos los débiles, nosotros.
Y, porque débiles de cuerpo,
mil veces mi espíritu flaquea
y hasta de tu sostén —¡perdón, oh Padre!—
llegamos a dudar.
Empieza el año.
¡Cuántos vimos venir! ¡Cuántos anhelos
de que al pasar las invernales horas,
las horas del dolor, en la sedante
calma de florecida primavera
pudiéramos curar nuestras heridas
para entrar, animosos y serenos,
en el seno fecundo del estío,
fortaleza del cuerpo y paz del alma!
¡Y cómo, con las hojas otoñales,
vencidos nuestros ánimos cayeron!
¡Y cómo, nuevamente nos hallamos
en el hielo invernal, hielo de muerte!
Pero Tú, nuestra fuerza, que respondes
a nuestra voz doliente que te llama,
siempre nos consolaste. Y en el fondo
de la noche pensamos en el día.
Pensamos en el día de victoria
que tiene que venir... ¿quién sabe cuándo?
Tal vez cuando la noche más oscura
pese sobre la tierra, cuando reinen
vientos de tempestad y olas de crimen,
nazca el día risueño que esperamos,
como en Belén el Redentor del mundo,
rubio niño nacido en el siniestro
corazón de diciembre. ¡Y cómo entonces,
unidos los pastores y los reyes,
le vendrán a rendir parias y ofrendas!
Señor, empieza el año. Tú que sabes,
al ver del árbol las escuetas ramas
ateridas y tristes, cuántas hojas
las vestirán en la estación propicia;
Tú, que al ver arrojadas las simientes
en los surcos abiertos por la reja,
puedes contar los diminutos granos
que mecerán más tarde las espigas;
Tú, que ves cada día las arenas
que del peñasco ingente desarraigan
los besos furibundos de las olas,
ves igualmente lo que está escondido
del año que comienza en el arcano.
¿Qué nos aguarda en él? ¿Cómo en los otros
que ya pasaron, la opresión del fuerte
sentirán nuestros hombros? ¿Serviremos
para que suban los que más osados
se apoyan en nosotros, y consiguen
lo que nosotros, fundamento suyo,
jamás conseguiremos? ¿En la nada
se agitarán nuestros inermes brazos?
¿O tal vez, más que nunca miserables,
perecerá —¡Señor, no lo permitas!—
nuestra esperanza en ti?
Si a tu palabra
de la nada formáronse universos;
si fue tu voluntad razón bastante
para que el sol, rasgando las tinieblas,
a todo diera luz, calor y vida,
puedes con tu palabra salvadora,
trocar la faz del mundo.
Padre nuestro
que en los cielos estás: haz a los hombres
iguales: que ninguno se avergüence
de los demás; que todos al que gime
den consuelo; que todos al que sufre
del hambre la tortura, le regalen
en rica mesa de manteles blancos,
con blanco pan y generoso vino;
que todos, en su hogar, el fuego aviven
para que a su calor los fríos miembros
del caminante vuelvan a la vida;
que no luchen jamás; que nunca emerjan
entre las áureas mieses de la historia,
sangrientas amapolas, las batallas;
que no profanen la extensión augusta
del mar inmenso las armadas naves;
y reinando la paz, que todos tengan,
como cifra de amor, por Ti bendita,
una mujer, un campo y una casa.
Y haz, Señor, que descienda sobre el mundo
la luz de la Verdad; luz prodigiosa
que trueca en alegría los pesares
y en risa desatada el triste llanto.
Luz, Señor, que ilumine las campiñas
y las ciudades; que a los hombres todos
en sus destellos mágicos envuelva
y en las almas unidas desarrolle
los mismos sentimientos, y equilibre
para todos las fuerzas corporales.
Luz inmortal, Señor, luz de los cielos,
fuente de amor, y causa de la vida.


Leído por Anita Vázquez

Ante un nuevo año, José Antonio Pagola

… meditándolas en su corazón
Lc 2.16-21


Dice el teólogo Ladislao Boros en alguno de sus escritos que uno de los principios cardinales de la vida cristiana consiste en que "Dios comienza siempre de nuevo". Con él nada hay definitivamente perdido. En él todo es comienzo y renovación.
Para decirlo de manera sencilla: Dios no se deja desalentar por nuestra mediocridad. La fuerza renovadora de su perdón y de su gracia es más vigorosa que nuestros errores y nuestro pecado. Con él, todo puede comenzar de nuevo.
Por eso, es bueno comenzar el año con voluntad de renovación. Cada año que se nos ofrece de vida es un tiempo abierto a nuevas posibilidades, un tiempo de gracia y de salvación en el que se nos invita a vivir de manera nueva. Por ello, es importante escuchar las preguntas que pueden brotar de nuestro interior.
¿Qué espero yo del nuevo año? ¿Será un año dedicado a "hacer cosas", resolver asuntos, acumular tensión, nerviosismo y malhumor, o será un año en el que aprenderé a vivir de manera más humana?
¿Qué es lo que realmente quiero yo este año? ¿A qué dedicaré el tiempo más precioso e importante? ¿Será, una vez más, un año vacío, superficial y rutinario, o un año en que amaré la vida con gozo y gratitud?
¿Qué tiempo reservaré para el descanso, el silencio, la música, la oración, el encuentro con Dios? ¿Alimentaré mi vida interior o viviré de manera agitada, en permanente actividad, corriendo de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo?
¿Qué tiempo dedicaré al disfrute íntimo con mi pareja y a la convivencia gozosa con los hijos? ¿Viviré fuera de mi hogar organizándome la vida a mi aire o sabré amar con más dedicación y ternura a los míos?
¿Con quiénes me encontraré este año? ¿A qué personas me acercaré? ¿Pondré en ellas alegría, vida, esperanza, o contagiaré desaliento, tristeza y muerte? Por donde yo pase, ¿será la vida más gozosa y llevadera o más dura y penosa?
¿Viviré este año preocupado sólo por mi pequeño bienestar o me interesaré también por hacer felices a los demás? ¿Me encerraré en mi viejo egoísmo de siempre o viviré de manera creativa, tratando de hacer a mí alrededor un mundo más humano y habitable?
¿Seguiré viviendo de espaldas a Dios o me atreveré a creer que es mi mejor Amigo?
¿Permaneceré mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin desde mi interior una invocación humilde pero sincera?

jueves, 24 de diciembre de 2009

Letra 153, 27 de diciembre de 2009

EL DIOS QUE QUISO SER UN BEBÉ
Juan Stam

Para los que creemos profundamente en la deidad/divinidad de Jesucristo y estamos convencidos de que él era (y es) Dios, nos resulta algo difícil reconocer también su plena humanidad. La primera herejía cristológica, que el Nuevo Testamento asocia con el Anticristo, es la de negar que Jesucristo ha venido en carne (1 Jn 4:3; 2 Jn 7). Aunque nos pueda parecer muy espiritual y santo exagerar exclusivamente el carácter divino de Jesús y minimizar o negar su humanidad, y muchos tenemos algo de esa tendencia, de hecho es un error gravísimo. El Nuevo Testamento enseña que Jesús es tan Dios como el Padre, pero también tan humano como cualquier de nosotros. De hecho, más humano, porque no tenía nada del pecado que nos deshumaniza a nosotros.
Cuando Juan 1:14 declara que "el Verbo fue hecho carne", al escoger la palabra "carne" enseña en una forma muy enfática la plena identificación de Cristo con nuestra humanidad. El término "carne" sugiere nuestra debilidad como seres humanos, nuestra vulnerabilidad y aun nuestra inclinación hacia el pecado. Y esa es la naturaleza humana que el Verbo eterno quiso asumir al nacer entre nosotros. No nació con alguna naturaleza humana privilegiada, inmune a la tentación y las angustias de nuestra vida humana, como una especie de "Superman" o ángel divino que sólo aparentaba ser humano. Él era realmente humano, era "carne".
La palabra "Navidad" viene del latín, "Nativitas Dei", el nacimiento de Dios. En tiempos pasados a veces indicaban las fechas como "tantos años desde el nacimiento de Dios". ¡Qué increíble! ¡El Dios eterno e infinito, en la persona divina del Verbo, quiso nacer como un bebé! ¡Se convirtió en un paquetito de vida y amor envuelto en pañales y acostado en un pesebre! Fue Dios que dormía en ese pesebre, pero no fue Dios Padre ni fue el Espíritu Santo sino que fue el Verbo que desde la eternidad quiso nacer entre nosotros. Eso es lo que celebramos cada año en la Navidad.
El Nuevo Testamento nos enseña que Jesús nació por concepción virginal, sin padre biológico, pero nos enseña también que el embarazo de María era plenamente humano hasta que "se cumplieron los días de su alumbramiento" (Lc 2:6). De eso queda evidente que Jesús no sólo nació como bebé, sino también que durante unos nueve meses vivía encerrado dentro del vientre de su madre, como cualquier otro bebé en formación. Eso nos resulta aun más increíble. ¡Lo infinito reducido físicamente a lo más diminutivo, hasta un embrión microscópico! ¡Jesucristo es el Dios que quiso ser un feto prenatal!
San Lucas insiste también en que Jesús tuvo una infancia y una niñez muy humanas y muy normales. De su pariente Juan (Jesús tuvo una familia extendida), Lucas dice que "el niño crecía y se fortalecía" (Lc 1:80), y de la misma manera dice de Jesús que "el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría" (Lc 2:40). Jesús no nació con la cabeza llena de conceptos teológicos; al nacer, ni sabía hablar. Sin lugar a dudas, aprendió a hablar como aprende todo niño, y después aprendió a leer y escribir. Y crecía. Aun a los doce años, después de su brillante diálogo con los maestros en el templo (Lc 2:41-47), no dejó de crecer sino que "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para conDios y los demás" (2:52). Jesucristo es el Dios que quiso ser muchacho. Es el Dios que quiso hacerse plenamente humano, para hacernos a nosotros también plenamente humanos.
"Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Jn 1:14). Su origen y naturaleza divina no lo separó de la comunidad que le rodeaba. Jesús no moraba en las nubes, en las alturas místicas ni en un monasterio espiritual de piedad individualista. "Tomó residencia en la tierra", como dijera Pablo Neruda. Su vida humana fue una constante y profunda relación con los demás seres humanos, con los que quiso compartir en lo más profundo toda la realidad de nuestra vida. En Cristo Dios quiso estar más cerca de nosotros. Jesucristo es el Dios que quiso ser nuestro vecino.
La celebración de la Navidad nunca debe separarse de esa otra gran celebración cristiana, la Semana Santa. Esa carne que Jesús asumió al nacer, un día la entregó por nosotros sobre una cruz. Esta fue la última expresión de su identificación con nosotros, la expresión final y definitiva de su amor. Durante el Sábado Santo fue un muerto (Ap 1:18; 2:8, "fui cadáver"), pero al tercer día resucitó a novedad de vida. JesucristoNegrita es el Dios que quiso compartir nuestra muerte con nosotros, para que nosotros podamos morir con él y compartir su vida eternamente.
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CÓMO PUEDE AYUDAR LA TEOLOGÍA A SALVAR AL MUNDO DEL CAMBIO CLIMÁTICO
Juan Michel

Consejo Mundial de Iglesias, 22 de diciembre de 2009

Qué dice la Biblia sobre el cambio climático? ¿Qué ideas teológicas pueden ofrecer las iglesias al mundo frente a una crisis ecológica sin precedentes? Estas preguntas, planteadas en un seminario sobre "La creación y la crisis climática" al que asistieron representantes de iglesias durante la cumbre de la ONU sobre el clima en Copenhague, parecen hoy aún más urgentes luego del fracaso de la cumbre que no logró producir el acuerdo justo, ambicioso y jurídicamente vinculante que millones esperaban.
"No hay ninguna relación evidente entre el evangelio y el cambio climático", dijo Jakob Wolf, jefe del Departamento de Teología Sistemática de la Universidad de Copenhague, que copatrocinó el seminario junto con el Consejo Nacional de Iglesias de Dinamarca. Sin embargo, como el cambio climático es consecuencia de la actividad humana, cae bajo el imperativo de los principios éticos, porque los seres humanos son responsables de sus actos. La exigencia ética de amar al prójimo se aplica aquí en cuanto que el "planeta Tierra se ha convertido en nuestro prójimo", dijo Wolf, y uno "vulnerable a la actividad humana".
Según Wolf, una visión teológica del planeta y de la vida que hay en él como creación de Dios les confiere un valor intrínseco, por lo que suscita "respeto y amor". "Cuanto más amemos la vida sobre la Tierra más dispuestos estaremos a actuar de forma no egoísta", subrayó Wolf. Ésta es la contribución que la fe y la teología cristiana pueden aportar a la lucha contra el cambio climático: una motivación que es abarcadora, profunda y "mucho más vigorosa" que si se basara en "meros cálculos y frías obligaciones".
Esto es fundamental, enfatizó Wolf, porque la humanidad "tiene a mano todos los instrumentos" para adoptar medidas en relación con el cambio climático. "Lo único que falta es la voluntad."

No apocalipsis, sino esperanza
La biblista Barbara Rossing, profesora en la Facultad Luterana de Teología de Chicago, Estados Unidos, estuvo de acuerdo con Wolf en que "la Biblia no dice nada sobre el cambio climático". Pero ella cree que los cristianos pueden basar en la Biblia su respuesta a ese fenómeno.
El punto de partida de Rossing es la pregunta: "¿Dónde está Dios en esta crisis?" Ella rechaza la noción de que Dios castiga a la humanidad y cree, más bien, que Dios "se lamenta junto con el mundo". Según su lectura del libro del Apocalipsis, "Dios llora por la tierra, no la maldice". Las famosas plagas no son predicciones, sino amenazas y advertencias, llamadas de alarma, proyecciones al futuro de las consecuencias lógicas de los actos humanos si no se cambia el rumbo. Para Rossing, el libro del Apocalipsis no anuncia el fin del mundo, sino el fin del Imperio. Así pues, a pesar de las actuales pautas insostenibles de consumo y de una economía basada en el carbono, Rossing encuentra en él un mensaje de esperanza: "La catástrofe no es necesariamente inevitable; todavía hay tiempo para cambiar." Esta "visión de esperanza para hoy" es una contribución esencial que la teología y la fe cristianas pueden aportar a los esfuerzos mundiales para afrontar el cambio climático.

La dimensión ecuménica del cambio climático
"De forma muy amenazadora e inquietante, la crisis del clima nos hace estar unidos como la humanidad una, como la comunidad una de creyentes, como la iglesia una ", dijo Olav Fykse Tveit, secretario general electo del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). "Estamos llamados a mostrar un signo de lo que significa ser la humanidad una, de lo que significa el hecho de que Dios ama al mundo entero", dijo Tveit. Cuando las iglesias se reúnen para ofrecer este signo, la lucha contra el cambio climático "nos une de forma muy especial: como iglesias, como creyentes"
El mensaje de que Dios ama al mundo y a cada criatura que hay sobre la tierra "ha sido el latido del movimiento ecuménico enfrentándose al cambio climático", dijo Tveit, recordando la larga historia de la preocupación del CMI por las cuestiones ecológicas. En una perspectiva ecuménica, la preocupación por la Creación ha estado siempre vinculada a la preocupación por la justicia y la paz. "No se puede decir que éste es un planeta para algunos de nosotros", dijo Tveit, "es un planeta para todos nosotros". Destacó también este aspecto Jesse Mugambi, de la Universidad de Nairobi y miembro del grupo de trabajo del CMI sobre el cambio climático. […]
Mugambi explicó que en África el cambio climático está causando ya graves sequías, por una parte, e inundaciones, por otra. Con la ayuda de mapas demostró que las partes del continente ricas en agua y tierras cultivables son también las zonas de mayor conflicto. Este conflicto "no tiene nada que ver con la etnicidad, está relacionado con los recursos", dijo. Para Mugambi, la función de la fe cristiana y de la religión en general, por medio de sus líderes, teólogos y eticistas, es la de "hacernos volver a las normas". […]

¿Es nuestra respuesta "¿cómo?" o "sí", Marco A. Herrera

27 de diciembre de 2009

Buenos días. Es un privilegio para mí compartir con ustedes esta meditación de las Escrituras. Lo que voy a describir ha sido parte de mi propio caminar con El Señor al tratar de entender el carácter de Dios y la forma en que yo trato de escucharlo.

Voy empezar y terminar con una pregunta personal a cada uno de ustedes, así que los invito a que piensen bien su respuesta, pero no me respondan. Las preguntas son para que ustedes se las lleven y piensen en que respuesta van a dar. La primera pregunta tiene que ver con la manera en que respondemos cuando tenemos delante de nosotros una gran responsabilidad. ¿Cómo respondemos cuando nos piden hacer algo aparentemente más allá de nuestras posibilidades, en la Iglesia, la familia, el trabajo, la escuela, la comunidad?

Por ejemplo, si el pastor Cervantes nos pidiera: “quiero que dirija una campaña de evangelismo en esta colonia para fines de enero”. Una reacción posible sería, "¿yo?", pero, más probablemente diríamos "¿cómo?". “Ay, pastor, ya me agarró, usted sabe que yo no soy bueno para eso, el hermano Hiram se pinta sólo para esas cosas.”

Estoy seguro que cada uno ha tenido esta experiencia alguna vez. Muchos de ustedes lo experimentaron cuando decidieron formar esta congregación desde la compra de esta propiedad hasta la formación de una iglesia. ¿Cómo respondemos ante una tarea difícil?, ¿cómo o sí?

Tres casos

Déjenme contarles de tres personaje en la Biblia que cuando fueron confrontados por Dios para hacer algo extraordinario respondieron con una negativa: "¿cómo?".

El primero de ellos es un hombre inválido en Jerusalén. Cuando Jesús le pregunta “¿quieres ser sano?” el respondió “¿Cómo? No hay nadie que me ayude.”

Escuchemos la historia como la narra Juan en su Evangelio, en el capítulo 5:

1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo[
a] aquel día.

¿Se fijaron como este hombre le respondió a Jesús? En vez de decirle SI, quiero ser sano, dijo: "¿Cómo? No hay quien me ayude". ¡Por favor! Este hombre tenía 38 años enfermo, bueno, sigamos.

El segundo caso lo conocemos muy bien. Se trata de Moisés cuando Dios le pide que regrese a Egipto para liberar a su pueblo de la esclavitud. Moisés tuvo el atrevimiento de responderle a Dios cinco veces con un "¿cómo?": Éxodo 3 – 4.17.

· No soy nadie. v. 11.
· ¿Cómo les digo que tu me hablaste? v. 13
· ¿No me van a creer? v. 4.1
· No hablo bien. v. 4.10 Esto parece ser otra excusa porque Esteban en el libro de los Hechos describe a Moisés como un orador elocuente: “era poderoso en sus palabras y obras.” (7.22)
· Finalmente Moisés le dice a Dios “envía a otro.” v. 4.14

Es muy claro que Dios nos pide hacer cosas dentro de las posibilidades de nuestros dones, pero a veces respondemos: "¿Cómo?".

Peter Block, un autor en el tema de administración, dice que cuando nos enfrentamos a una tarea difícil dentro del área de nuestra especialidad y desplegamos una actitud de "¿cómo?", realmente estamos encubriendo nuestra irresponsabilidad, ignorando que todo es un asunto de una decisión personal. El escribió un libro interesante sobre este tema, su título es: La respuesta a un cómo es un sí (The answer to how is yes. San Francisco, Berrett-Koehler, 2003).

Uno de mis versículos favoritos está en Eclesiastés 9.10: "Todo lo que te viniere a la mano por hacer, hazlo según tus fuerzas; [empieza el día con un ] porque en el Seol, a donde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría".

El tercer caso de alguien que respondió a Dios "¿cómo?" es un poco chistoso y patético a la vez. Zacarías, un sacerdote en el templo de Jerusalén en el tiempo del nacimiento de Jesús. Zacarías es un hombre viejo, como su esposa Elizabeth, además ella era estéril. Un día cuando él está preparando el incienso en el templo, el ángel del Señor se le aparece y le dice que Dios ha escuchado su oración y que tendrán un hijo. Zacarías entonces le dice al ángel (Lucas 1): “¿Cómo sabré que esto va a pasar? Mi esposa y yo somos viejos.”

El ángel Gabriel se enoja y regaña a Zacarías por no haber creído el mensaje de Dios, y por esa razón, lo deja mudo por nueve meses hasta que su hijo, Juan, nace. ¿Se pueden imaginar a un Sacerdote o Pastor que no pueda hablar por nueve meses? Lo que es patético de este caso es que Zacarías había estado orando por un hijo. Yo creo que por muchos años, desde que se casaron. Por favor, no dudemos que Dios responde a nuestras oraciones.

Bueno, muchos ejemplos de respuestas negativas a Dios. Veamos ahora tres casos de un SI definitivo a Dios ante lo aparentemente imposible.

El primero es Noé. El experto en control de inundaciones y lluvias torrenciales como lo narra Génesis capítulo 6. Noé construye un barco como de 130 metros de largo, pero no hay ningún lago o el mar cerca del sitio. La Biblia dice que Noé hizo conforme a todo lo que Dios le mandó (v. 22). Que tipo tan más loco, que forma de decirle a Dios. ¿Y que me dicen del profeta Isaías?

6.1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Isaías inicia su a Dios con un reconocimiento de que la presencia de Dios ocupaba todo el templo. Cuando nosotros reconocemos la soberanía del Señor en nuestras vidas, es posible decirle a Dios.

Finalmente tenemos a Jesús. El es el ejemplo supremo de un a Dios ante una tarea imposible. Primero, él renuncia a su condición de rey y deja su trono. Así dice nuestro himno: “tu dejaste tu trono y corona por mi, al venir a Belén a nacer.” Toma la forma de hombre, no de cualquier hombre, sino de esclavo, siervo. En segundo lugar, nace en un pesebre, no en un palacio. Incluso los magos del oriente se engañan y lo buscan, no en Belén, pero en Jerusalén en el palacio de Herodes. En tercer lugar, él está dispuesto a morir por ti y por mí para liberarnos de las cadenas de la opresión y de la muerte. En este punto en su vida, Jesús ora a Dios tres veces en el huerto de Getsemaní, y le pide a Dios por otra alternativa para completar su misión. El no quiere sufrir, pero le afirma a Dios que está dispuesto a hacer la voluntad de Dios. El afirma con un SI definitivo a Dios la tarea que le ha encomendado: “no sea como yo quiero, sino como tú.” Mateo 26. 36-46.

Jesús está dispuesto a renunciar a si mismo, a despojarse, a vaciarse de todo lo que pueda impedirle hacer la voluntad de Dios. Este es probablemente el verdadero significado de “toma tu cruz y sígueme.” Muchas veces escuchamos decir cuando alguien tiene problemas profundos, enfermedades incurables o situaciones realmente difíciles. “Esta es mi cruz que el Señor me ha dado.” La realidad es que todos pasamos por problemas y sufrimos con ello. Pero la cruz no es un instrumento de sufrimiento, sino de muerte, y el tomar la cruz del Señor es hacer morir todo aquello que nos impide experimentar la presencia de Dios en forma plena. Dios siempre nos dirá, “yo estoy contigo, ¿quieres tu estar conmigo?, entonces toma tu cruz, mata a lo que te impide gozar mi presencia en tu vida en forma plena”

Esta es la segunda pregunta para que ustedes reflexionen personalmente: ¿Qué prácticas, actitudes, ideas, conflictos no resueltos con tus seres queridos y sobre todo aquellos que te cuesta trabajo querer te impiden disfrutar plenamente de la presencia de Dios? ¿Te enojas cuando manejas en esta Ciudad de México, cómo están tus relaciones con tu cónyuge, o con tus hermanos, cómo te llevas con tus hijos, cómo te comportas en el trabajo donde nadie de esta congregación te ve, cuándo vas a perdonar a tu hermano que te ofendió ya hace varios años, o reconciliarte con aquel que ofendiste?

Quiero terminar esta meditación con nuestro primer ejemplo. El hombre inválido del estanque de Betesda.

El ha estado inválido por 38 años. Imagínense a él, cada día alguien de su familia le ayudaba en la mañana para llevarlo al estanque, y regresaba por él en la tarde. ¿Pueden pensar en hacer esta rutina cada día de la semana, de cada año por 38 años, incluyendo sábados y domingos? Recuerden que el fue sanado en un sábado.

¿Por qué Jesús que sabia que el pobre hombre había estado enfermo por todo ese tiempo le pregunta: “quieres ser sano?”. La pregunta parece un poco sarcástica. Sin embargo, no hay sarcasmo en la pregunta de Jesús. Lo que Jesús realmente le está preguntando es: "¿Quieres cambiar tu rutina, tu manera de vivir? Porque después que estés sanado, tú vas a ser radicalmente diferente y no vas a poder continuar arrastrándote por las calles, causándote dolor y dando lástima a los demás. Te vas a poder levantar y caminar. Vas a tener que hacer otra cosa, ocupar tu tiempo en algo diferente".
El hombre inválido fue confrontado con una alternativa radical para su vida. Ustedes conocen el final de esta historia, el hombre terminó proclamando que Jesús lo había sanado y le había dado una vida nueva. Cuando nuestra respuesta es en lugar de ¿cómo?, abrimos la posibilidad para la intervención de Dios en nuestra vida. La posibilidad de un cambio de curso para hacer algo radicalmente diferente. Incluso si ya llevamos 38 años con nuestras viejas rutinas.

Que Dios les bendiga.

Consecuencias de la encarnación de Dios, Martín Gelabert B.

27 de diciembre de 2009

Eso que los cristianos llamamos encarnación, a saber, la unión de Dios con una criatura humana, no es algo que afecta sólo a un individuo particular de nuestra historia, sino a toda la humanidad. Y le afecta porque el proyecto divino sobre esta historia, el proyecto en el que Dios se ha puesto en juego, es hacer de todo este mundo como una encarnación de Dios, no sólo en Jesús, sino en todo. Esto quedará un día consumado cuando, como dice el Nuevo Testamento, Dios no sea solamente Dios, sino Dios-todo-en-todas-las-cosas, o sea, la realidad que todo lo determine.
La encarnación de Dios en Jesús es la culminación, la plena anticipación y la definitiva puesta en marcha de este proceso por el que Dios quiere ser todo en todas las cosas. Esto tiene dos consecuencias. Por una parte, si con su encarnación Dios se ha unido con cada ser humano, en cada uno de nosotros hay una dimensión que nos abre a lo divino y que nos une con Dios. Esta dimensión se actualiza cuando reproducimos –producimos de nuevo- la imagen del Hijo en nuestras vidas, o sea, cuando actuamos con los sentimientos, el talante, el modo de pensar y de vivir de Cristo. Dicho de otra manera: cuando actualizamos –hacemos actual, vivo y operante- en nuestra circunstancia el Evangelio de Cristo.
La segunda consecuencia tiene que ver con nuestro modo de mirar a los otros seres humanos y de relacionarnos con ellos. Pues si el Hijo de Dios se ha unido con cada persona, eso significa que en cada una es posible encontrar a Cristo. Cada ser humano es el sacramento, la presencia de Cristo entre nosotros. Nuestro modo de tratarlo, de mirarlo, de considerarlo, es traducción del modo como nos comportamos con Cristo.
Más aún, en nuestro modo de tratar al otro, manifestamos si hemos comprendido lo que significa la encarnación. Para tal comprensión no basta una explicación teórica; es, sobre todo, fruto de un comportamiento, de un modo de vivir, de una manera de tratar a los demás. Si les trato como hijos de Dios y, por tanto, como hermanos míos; si les considero hijos en el Hijo, o sea, participantes de la encarnación, sólo entonces puedo comprender plenamente lo que quiere decir que Jesús es el Hijo de Dios. La comprensión de la filiación divina de Jesús (en la medida en que esto es humanamente comprensible) no se da en un campo teórico, sino al incorporar en mi vida la experiencia de que el otro, sea quien sea, es un hijo de Dios y, por tanto, un hermano mío.
El misterio de la Encarnación tiene que ver con la solidaridad de Dios con el ser humano. Allí, Dios manifiesta su amor a los humanos hasta más no poder, hasta el extremo, hasta el colmo. Y tiene que ver también con la solidaridad de los hombres entre sí, en la medida en que este misterio de unión de lo humano con lo divino se reproduce sacramentalmente en la comunión de los unos con los otros. Esta comunión tiene no sólo consecuencias a nivel de relación interpersonal, sino también a nivel de relación social. […]

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...