domingo, 7 de julio de 2013

Letra 236, 7 de julio de 2013

VOCES DE FE DESAFÍAN LA VIOLACIÓN DE LOS
DERECHOS DE LAS MUJERES
CMI/ALC Noticias, 5 de julio de 2013

En el Foro de Defensores de los Derechos Humanos el ex presidente estadunidense Jimmy Carter calificó el abuso de las mujeres como “la violación más generalizada e impune de los derechos humanos en todo el mundo”. Este abuso, destacó, es contrario a la premisa básica de todas las religiones, incluyendo el cristianismo.
Carter habló en el foro sobre el tema “Movilizando a la fe por las mujeres”, realizado en el Centro Carter, en Atlanta, Georgia, entre el 27 y el 29 de junio. El evento reunió a más de 70 líderes religiosos, activistas y expertos en religión de más de 15 países y alrededor de 35 organismos, incluyendo al Consejo Mundial de Iglesias (CMI).
En el foro, Carter enfatizó que el abuso contra las mujeres es una contradicción frontal hacia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual han firmado prácticamente todos los países. Señaló cómo algunos líderes religiosos han abusado de la religión al leer los textos sagrados para justificar la dominación de los hombres y la inferioridad de las mujeres. “Tal comprensión es incompatible con las creencias religiosas”, agregó.
En respuesta a los comentarios de Carter, la doctora Fulata Lusungu Moyo, directora ejecutiva del programa para Mujeres en la Iglesia y la Sociedad, del CMI, compartió cómo han tomado las mujeres el liderazgo para interpretar las Escrituras en sus comunidades y así llamar la atención a estos aspectos, los cuales incluyen la violación de los derechos humanos y el tráfico de niñas y mujeres. Moyo explicó que la metodología del estudio contextual de la Biblia ha sido usada para arrojar luz sobre el tema del tráfico de mujeres.
Un ejemplo de lo anterior es la lectura del libro de Ruth en la Biblia Hebrea, la cual produce reflexiones sobre la forma en que la joven Ruth fue objeto de trata de personas. Añadió que debido a las creencias patriarcales acerca de la inferioridad de las mujeres, éstas se encontraban en situaciones socio-económicas desesperadas. Estas circunstancias de vulnerabilidad las conduce a convertir sus cuerpos en mercancías a través de la trata de personas y de la esclavitud sexual, afirmó.
“En el libro de Ruth, Noemí tuvo que utilizar la juventud de Ruth para recuperar la propiedad y la soberanía alimentaria mediante un “acuerdo sexual” con Booz, un hombre rico mucho mayor que ella”, dijo Moyo. Se preguntó si hay mujeres desesperadas como Ruth y Noemí en sus comunidades. “¿Han escuchado estas historias? Y que están haciendo para proteger a esas mujeres de tanta deshumanización?”, finalizó.
Mona Rishmawi, jefa de la Oficina para la Ley, Igualdad y No Discriminación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos participó también en el foro. Se preguntó también por qué la mayoría de líderes religiosos no están levantándose para defender los derechos de las mujeres mediante la afirmación de que el abuso contra ellas es algo pecaminoso a los ojos de Dios. “¿O será que creen erróneamente que las mujeres son inferiores a los hombres?”.
Asimismo, argumentó que la cultura y la religión no deberían confundirse, y que cada una debería mejorar la dignidad y la totalidad de cada ser creado, especialmente las niñas y las mujeres.
A nombre del CMI, Moyo presentó algunas de las publicaciones del organismo a Jimmy Carter, una de las cuales, When Pastors Prey (Cuando los pastores abusan), cuenta con un prólogo suyo. El libro incluye historias de mujeres que fueron objeto de abuso de parte de sus pastores, y ofrece un marco legal útil para comprender y abordar el problema.
Algunas de las sesiones fueron presididas por Carter, acompañado de su esposa Rosalynn, y Karin Ryan, directora del programa de derechos humanos del Centro Carter.                                                                                                        (Versión: LCO)
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LA REFORMA AL 24 CONSTITUCIONAL, UNA VERGÜENZA
Bernardo Barranco
La Jornada, 5 de julio de 2013

En forma y fondo la reforma al artículo 24 constitucional sobre libertad religiosa ha sido de bochorno. La Comisión Permanente del Congreso de la Unión formuló, el pasado 19 de junio, la declaratoria de la reforma al artículo 24 constitucional, referido a libertad religiosa. Recordemos la presión que ha ejercido la jerarquía de la Iglesia católica desde que Carlos Aguiar Retes asumió la presidencia de la CEM en 2006 hasta la visita del papa Benedicto XVI, marzo de 2011, en la que el secretario de Estado Tarsicio Bertone remachó el tema en una gran cena ante la clase política de Felipe Calderón y altos prelados católicos. El Poder Legislativo ha construido una reforma cuyo proceso ha estado salpicado de suspicacias y desconfianzas. La Cámara de Diputados, con una prisa sospechosa, aprueba el 15 de diciembre de 2011 las reformas al 24. Para ello, implementó en su aprobación y modificación un procedimiento que no respetó el dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales ni en el pleno de la Cámara, violando el principio jurídico de exhaustividad y de legitimidad. La discusión de los diputados fue pobrísima entre reproches procedimentales, tomas de la tribuna y negociaciones apuradas de última hora; poco o nada se afrontaron temas sustanciales de las libertades. La jerarquía católica y la derecha no quedaron conformes con el resultado final, no tanto porque se incorporaron libertades no religiosas como las éticas y de conciencia, sino porque se frustra la intención de introducir de manera directa la educación religiosa en escuelas públicas, vía los padres de familia, como se apuntaba en el proyecto original. La reforma es una vacilada, exclamó entonces con trágico humor José Luis Soberanes. Al pasar la reforma al Senado, se opera un mercadeo pues se saca del congelador la reforma al artículo 40, sobre el carácter laico del Estado mexicano, y ambos se someten a subasta. Resultado: ambas reformas, el 40 y el 24 van de la mano. Tampoco hubo debate de fondo y los foros convocados por el Senado fueron pura simulación.
La reforma considerada no prioritaria en la agenda del país se politiza. El proceso es viciado de origen y queda claro que la reforma al artículo 24 constitucional es consecuencia de un acuerdo político cupular que articula los intereses de la jerarquía con el pragmatismo de corto plazo de la clase política. Los actores de la operación son principalmente de la fracción mexiquense del PRI, por lo que la paternidad de la reforma se le atribuye a pactos del entonces precandidato Enrique Peña Nieto con el obispo presidente de la CEM, entonces Carlos Aguiar Retes, contando con el aval de Felipe Calderón y sus huestes panistas.
Si la reforma fue aprobada con apresuramiento en la Cámara de Diputados y en el Senado tuvo que pasar un año y dos meses para ser aprobada por los congresos estatales y lograr así el cincuenta por ciento más uno de las legislaturas locales, requeridos para su promulgación definitiva. El proceso fue accidentado, sufrido e inédito. Las principales reticencias para aprobarlas en las diferentes entidades emanaron del propio PRI, de sus corrientes liberales y masónicas que siguen siendo fuertes en muchas entidades del país. También se generaron potentes movilizaciones sociales, conducidas por Foro Cívico México Laico que aglutinó diversas organizaciones sociales. De manera relevante se generó la reacción en contra de numerosas iglesias evangélicas y de manera decisiva destaca la Iglesia La luz del mundo, que mostró músculo y capacidad de convocatoria en gran parte de las entidades mexicanas que por momentos llegaron a inquietar a las legislaturas locales y los obispos. En diversas entidades los congresos locales tuvieron que encarar la presión y movilización social de repudio a una reforma socialmente objetada. Sin embargo, la disciplina se impuso, la manija estaba en el PRI pues cuenta con la preponderancia de la mayoría de los congresos: numerosos legisladores con amargura relatan la presión que estableció Peña Nieto a las legislaturas estatales rebeldes, argumentando el cumplimiento de los compromisos contraídos. Hubo seis estados en que la reforma fue rechazada: Morelos, Michoacán, Baja California, Oaxaca, Quintana Roo y Zacatecas. En los demás hubo jaloneos, presiones y hasta traiciones. Por ejemplo, en Coahuila, el Congreso da una dramática reversa frente a la presión del PRI de México, según consta en la voz de los propios diputados, aprobando la reforma que días antes había rechazado en un dictamen. Algo parecido pasó en Veracruz, estado con una fuerte presencia de masones liberales, en la que el propio gobernador tuvo que desdecirse. En esa ruta fueron Puebla y Jalisco.
Si bien laicidad y libertad religiosa van de la mano, muchos juristas temen que esta reforma podría minar el carácter laico del Estado en materia educativa. Ya hubo amagos en Puebla, donde legisladores panistas, invocando la libertad religiosa de los padres, querían establecer catecismo en las escuelas públicas. La iniciativa no prosperó, pero queda como inquietante precedente. Estas querellas podrían concluir en los tribunales de la Suprema Corte de Justicia con las reservas que todos tenemos. Hay que reconocer, asimismo, que la promulgación del artículo 24 se opera en una atmósfera enrarecida en términos de la política y la religión. Muchos políticos y funcionarios públicos han salido del clóset y de manera retadora han invocado signos religiosos para ejercer su mandato. El temor radica en que la Iglesia católica utilice dicho recurso para imponer su agenda. Afortunadamente, México es una sociedad más abierta y plural, todas las libertades son bienvenidas. El Estado laico, por tanto, es un instrumento de convivencia pacífica y armónica en una sociedad diversa. La laicidad garantiza la democracia de un país que debe proteger sobre todo a sus minorías y hace respetar los derechos humanos de los ciudadanos sin distingo alguno de credo ni de condición. La laicidad, más que un concepto o fotografía conceptual, es un proceso histórico y dinámico, por lo que tiene que debatirse, trabajarse y dotarse de contenidos que expresen la práctica y los anhelos de la sociedad. Por ello, la contienda por dimensionar la libertad religiosa en el contexto de un Estado laico, en México apenas empieza.

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