domingo, 31 de mayo de 2020

Letra núm. 672, 31 de mayo de 2020


LA PANDEMIA, EL APOCALIPSIS Y NUESTRA MISIÓN CRISTIANA
Juan Stam

Surgen apóstoles y dictadores • Archivo¡De un día para otro nos cambió la vida! Arrancó la pandemia del coronavirus y ya todo cambió. Tenemos que aislarnos, no socializar físicamente, mantener dos metros de distancia y, mejor todavía, quedarnos en casa. Algunos países o localidades han sido más cautelosos y estrictos que otros. Algunos gobernantes esperan que ignorándolo se acabe el problema. Las salidas a la calle están limitadas a lo más necesario: comida, medicina, trabajo, emergencias. Las escuelas se cerraron y los estudiantes continúan su aprendizaje a distancia. Las reuniones familiares, de amigos o grupos se realizan en línea. Los que pueden, trabajan desde sus casas. Otros se reinventan la circunstancia para sobrevivir. Muchos ya no tienen trabajo. O comida. Todo, absolutamente todo, ha cambiado. Hay que adaptarse.


Las noticias pueden infundir temor. Los números de casos y, tristemente también de las muertes, suben exponencialmente. Hay que disminuir ese crecimiento. Hay que desacelerarlo. Buscamos achatar la curva para que los servicios hospitalarios no colapsen. Nos piden lavarnos las manos una y otra vez, estornudar o toser según el protocolo, y no tocar nada, mucho menos tocarnos la cara. Solo quedándonos en casa se evita el contagio y la vil multiplicación exponencial. ¡Parece una película de ciencia ficción!

Ya en varias noticias se han descrito escenas reales como algo “apocalíptico”, porque claro, en las películas de ciencia ficción —e incluso en algunas películas o series que se autodenominan cristianas— se narran cosas terribles como si fueran sacadas del libro de Apocalipsis. Presentan al Apocalipsis como algo tenebroso, terrible, que da miedo. Pero ¡nada más lejos de la verdad! Y, probable y tristemente, los cristianos mismos hemos permitido, y hasta perpetuado, ese uso tan equivocado del concepto de “apocalíptico”.

El término “apocalipsis” viene del griego ἀποκάλυψις. Literalmente significa “revelación”, y específicamente la revelación de Jesucristo. De hecho, en inglés, al libro de Apocalipsis le llaman “Revelation”. ¿Será que la revelación de nuestro Señor Jesucristo causa estragos y da miedo? ¡Jamás! El libro de Apocalipsis es un libro de victoria, de alabanza, de la revelación de la gloria de Dios. “¡El Apocalipsis se lee ‘en clave de adoración y culto’, o el Apocalipsis se lee mal! Todo este libro es profundamente litúrgico y debe leerse doxológicamente” (Stam, 1999, Apocalipsis y Profecía, p. 130). Nos corresponde a los cristianos corregir ese concepto erróneo de lo “apocalíptico”, y devolverle la esperanza al pueblo. Estamos en el “ya, pero todavía no”: ya vino Jesús, y esperamos su segunda venida con la fe de un nuevo cielo y una nueva tierra. Eso es vivir apocalípticamente. Esta pandemia, en cambio, no es apocalíptica.

Otros dirán “son las señales de los tiempos”, o “el tiempo está cerca”. Según Jesús mismo, “nadie sabe ni el día ni la hora” (Mt 24:36). Lógicamente estamos más cerca de la segunda venida de Cristo, cronológicamente hablando, puesto que el tiempo pasa; pero desde su vida en la tierra, Jesús ya decía que el tiempo estaba cerca. Según Jesús, nadie sabe cuándo será. Asimismo, a través de los tiempos ha habido muchos terremotos, huracanes, diluvios, y hasta pandemias aproximadamente cada 100 años. ¿Cómo afirmar que ésta sí es la pandemia que señala el fin del mundo? ¿Que ésta sí es “la señal de los tiempos”? Es muy probable que los cristianos pensaron lo mismo durante todas las pandemias, como en la epidemia de la llamada “Gripe española”. Y ya han pasado 100 años más. A lo mejor faltan muchísimas catástrofes más. Según las palabras de Jesús, no hay cómo saberlo. ¿Será que no estamos llamados a vivir viendo solamente hacia el futuro? ¿Será que los cristianos debemos ver hacia el futuro, pero con los pies en la tierra? ¿Será que el “hoy” también es importante?

Lo que sí podemos afirmar es que Dios trata de hablarle a Su pueblo a través de diversas circunstancias. Y, si no escuchamos, a veces tiene que hablar más fuerte. No como castigo, ni siquiera como regaño, sino más como un “Estoy hablando. ¡Por favor escuche!” ¿Podemos escuchar Su voz? ¿Podemos, como manda el salmista, quedarnos quietos y saber que Él es Dios (Salmo 46.10)? ¿Qué nos quiere decir Dios hoy, inmersos en esta pandemia? ¿Y cómo, entonces, podemos o debemos responder como cristianos a nuestra realidad actual en medio del coronavirus?

Lo primero que Dios —y el pueblo— esperan de nosotros es obediencia. Si nuestros gobernantes y líderes nos piden quedarnos en casa, debemos dar el ejemplo quedándonos en casa. Hay iglesias que juzgan el cierre de lugares de reunión como “persecución religiosa”. Pretenden ser mártires de una sociedad a la cual etiquetan de “anticristiana”. Si eso fuera cierto, no habría un mandato de cierre y aislamiento social para toda la población y todos los centros de reunión, de todo tipo. Las reglas aplican a todos por igual. Más bien, al ignorar y desobedecer los lineamientos establecidos, no sólo ponen en peligro la salud y las vidas de sus propios líderes, feligreses y familias, sino también de toda la comunidad, debido a la magnitud de contagio de este virus. A final de cuentas, su actitud de soberbia y rechazo de las autoridades no hace más que alejar a otros de su fe y, una vez abiertas, también de sus templos. El amor cristiano, en cambio, le da prioridad al prójimo y protege a la comunidad.

Por ahí salió también la noticia insólita de otros “evangélicos” que decían que el uso de las mascarillas es una forma secreta de convertir poco a poco a todos los habitantes en musulmanes: primero las mascarillas, luego los turbantes. ¡Quién sabe si alguien los podrá tomar en serio! Eso no representa ni a Dios ni al evangelio. No son las Buenas Nuevas de Cristo.

La paradoja de una pandemia es que, si el pueblo guarda disciplinadamente la cuarentena, se reducen los casos contagiados y el número de muertes, haciendo entonces que algunos piensen que el encierro había sido innecesario. ¿No se dan cuenta de que la reducción de casos es resultado precisamente del distanciamiento? Ésa es la consecuencia deseada.

Además de obediencia en protección del prójimo, esta crisis requiere también empatía, mucha empatía. Solidaridad emocional. Acompañamiento. En este aislamiento social, hay personas más aisladas que nunca. Llamémoslos. Enviémosles un mensaje. No podemos estar físicamente, pero podemos estar presentes a la distancia para levantarles el ánimo y motivarlos. Utilicemos de forma positiva y edificante las redes sociales. Compartamos mensajes optimistas, en lugar de los que asustan, algunos de los cuales ni siquiera son verídicas. Hagamos grupos de apoyo. Escuchémonos. Mantengámonos más disponibles que nunca, porque es un momento que bien puede llevar a la soledad, la frustración, el temor, y hasta la desesperación y el pánico. Algunas personas son más resilientes que otras. Unos más fuertes, otros menos. O algunas situaciones más complicadas. Sepamos escuchar, empatizar, y apoyarnos los unos a los otros.

Luego, además de empatía emocional, mostremos el amor de Cristo con empatía concreta. Muchos se han quedado sin trabajo o han perdido parte sustancial de su salario. Muchos no tendrán para pagar sus deudas, las utilidades como agua y luz, su casa, o hasta su comida. Dios nos manda a compartir lo que Él nos ha dado, así como hacía la primera iglesia en el libro de los Hechos. Esta es nuestra oportunidad. Hagamos realidad el amor de Dios para con nuestro prójimo. Muchos ofrendan a través de las comunidades de fe. La falta de reunión física puede —pero no debe— disminuir las ofrendas. Si bien no se puede colaborar en efectivo el domingo en la mañana, sí es posible utilizar los medios electrónicos para seguir compartiendo con otros las bendiciones que Dios nos da. Se necesitan donaciones, ahora más que nunca. Las comunidades de fe, al igual que cada cristiano de forma individual, tenemos la gran oportunidad de ayudar al desprotegido, al necesitado, a la población que hoy no tiene trabajo, comida, ropa seca, o hasta casa. Esta crisis ha demostrado la inequidad social, y la está profundizando aún más. Una donación a tiempo puede ser el alivio que anime a alguien a seguir adelante.

De igual manera, podemos escoger apoyar a pequeños y medianos empresarios y agricultores, más que a las grandes cadenas de supermercados que a lo mejor hasta están ganando más con la pandemia. Tal vez sea un poquito más caro, pero hay que verlo como una ayuda a la persona y su familia, como también para la economía nacional. Además, muchas veces lo entregan a domicilio, lo cual a su vez permite mantener de manera más segura la cuarentena. Las redes sociales son una excelente fuente para conseguir y compartir información al respecto.

La pandemia nos da también la oportunidad de evaluar y, de ser necesario, ajustar nuestros valores y prioridades. ¿Vale más la adquisición de cosas materiales, o compartir nuestras bendiciones con otros? ¿Mi bienestar es más importante que la de mi vecino? ¿Dónde terminan mis derechos y empiezan los del “otro”? ¿Estoy conforme con la distribución material que permite a unos disfrutar del teletrabajo, en la unión de su familia, en una casa cómoda con buen patio para despejarse, mientras otros se quedan sin trabajar ni comer y temen perder su casa por no poderla pagar? A la luz de las enseñanzas de Cristo, ¿de qué manera podemos “buscar primero el reino de Dios y Su justicia”? (Mt. 6.33)

Éste es un tiempo de recogimiento, de meditación, de reestructuración y de acciones de amor. Trae consigo momentos muy duros, más para unos que para otros. Pero esto también pasará. De todos nosotros depende que pase de la mejor manera posible. Es tiempo para compartir esperanza en lugar de miedo. Tiempo de infundir optimismo en vez de negativismos. Es tiempo de mantener la paz, “la paz que sobrepasa todo entendimiento”, y de contagiarla a los demás. Tiempo de estar físicamente distantes, pero espiritualmente más unidos. Es hora de estar agradecidos por pequeñas bendiciones, por cosas que no siempre valoramos – la salud, el trabajo, la familia, el saludo y la sonrisa telefónica o virtual, la comida de cada día, las garantías sociales, la ayuda recibida, y la vida.

Son tiempos interesantes, definitivamente. Traen consigo obstáculos y dificultades, sobre todo para los que sufran la enfermedad, pierdan la vida o a familiares, o pierdan su sostenibilidad económica. Aunque no le temamos a la muerte (Fil 1.21), las complicaciones en torno a este virus traen pérdida, dolor y tristeza. Puede ser duro; requiere resiliencia y fortaleza. Pero también es un tiempo de oportunidades. Oportunidades para poner en práctica el amor de Cristo. Oportunidades para compartir el evangelio de forma vivencial y verdadera. Oportunidades para sanar relaciones personales y familiares. Oportunidades para que nuestro planeta respire y sane. Oportunidades para reflexionar sobre nuestra sociedad – dónde estamos, cómo llegamos aquí, dónde queremos llegar… Tal vez Dios no quiere que sus hijos vivamos solo en función de un “final feliz”. Tal vez hay trabajo que hacer mientras tanto en nuestro planeta Tierra, creación de Dios al igual que cada uno de nosotros.

Juan Stam y los peligros de la escatoficción - Protestante digitalConforme pase el tiempo en aislamiento, a lo mejor sintamos deseos de “volver a la normalidad”, a la vida como la conocíamos antes del coronavirus. El reto, creo, es más bien no volver a la “normalidad” conocida, sino idear y construir una nueva realidad: un mundo más justo, más equitativo, más balanceado, más sano, más amoroso, más lleno del amor de Dios.

Soñemos. Imaginémonos las posibilidades. Construyamos. Quedémonos en la casa y aprovechemos este tiempo para reflexionar, crecer, aprender, y crear —solidariamente unidos— un futuro mejor para todos y todas.

“Si vamos a contagiarnos de algo”, dice un mensaje en las redes sociales, “que sea de fe, esperanza y amor”. ¡Eso es apocalíptico!

Culto de adoración, desafío y proyección, 31 de mayo de 2020

CULTO DE DESAFÍO Y PROYECCIÓN 

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
LA  TRANQUILIDAD  QUE  PROPORCIONA  EL  SEÑOR
Salmo 62.1-8, 11-12, Traducción en Lenguaje Actual




1 Sólo Dios me da tranquilidad,
sólo él puede salvarme;
2 sólo él me da su protección,
¡jamás seré derrotado!
3 Ustedes, todos ustedes,
¡ya dejen de atacarme
y de querer acabar conmigo!
¡Hasta parezco una pared inclinada,
una cerca a punto de caerse!
4 Ustedes sólo piensan humillarme.
Les encanta decir mentiras:
de labios para afuera
me expresan buenos deseos,
pero en su pensamiento
me desean las peores cosas.
5 Sólo Dios me da tranquilidad;
sólo él me da confianza.
6 Sólo él me da su protección,
sólo él puede salvarme;
¡jamás seré derrotado!
7 Dios es mi salvador;
Dios es mi motivo de orgullo;
me protege y me llena de fuerza.
¡Dios es mi refugio!
8 Pueblo mío,
¡confía siempre en Dios!
Cuando vayas a su templo,
cuéntale todos tus problemas.
¡Dios es nuestro refugio! […]
11 Dios ha dicho muchas veces:
“Soy un Dios poderoso,
12 pero también, un Dios de amor.»
Dios mío,
tú nos das a cada uno
lo que merecen nuestros hechos.

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Año XXVI, núm 21, 31 de mayo de 2020




Culto de Adoración, Desafío y Proyección

Introito                           
A.I. Lauro B. Adame Brito
Ustedes son hijos de Dios, y él los ama. Por eso deben tratar de ser como él es. […] Más bien, permitan que sea el Espíritu Santo quien los llene y los controle. Cuando se reúnan, canten salmos, himnos y canciones espirituales. Alaben a Dios el Padre de todo corazón, y denle siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5.1, 18-20
Preludio

Adoramos en espíritu y en verdad
Ustedes demostrarán que me aman, si cumplen mis mandamientos. Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Él les enseñará lo que es la verdad. […]
El Espíritu Santo vendrá y los ayudará, porque el Padre lo enviará para tomar mi lugar. El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he enseñado. Juan 14.15-17, 26
Oración de ofrecimiento
Himno: “La nueva proclamad” (266)

Rogamos por el perdón
Hna. Nelly Arroyo N.
Imploramos tu perdón, Señor, con la confianza que nos produce la mediación de tu Hijo Jesucristo. Al infringir tu ley de amor el arrepentimiento nos invade y suplicamos tu gracia y misericordia.
Momento de oración en silencio. / Oración audible.
Unidos/as: Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos salvó y perdonó nuestros pecados. Colosenses 1.13-14
Himno: “Satúrame, Señor” (276)

Saludo a la iglesia
Hna. Lupita Jiménez
Himno “El cielo canta alegría” (387)


Oramos con esperanza
Dios mío,
de una cosa estoy seguro:
¡tú defiendes y haces justicia
a los pobres y necesitados!
Por eso la gente honrada
te alaba y vive contigo.                
Salmo 140.12-13

Nos habla a través de su Palabra
D.I. José Antonio Aquino R. / Melany Pérez T.
Lectura del Antiguo Testamento: Salmo 62.1-8, 11-12
Lectura del Nuevo Testamento: Juan 16.4-16

Reflexión bíblica
LA TRANQUILIDAD QUE PROPORCIONA DIOS, EL SEÑOR
Pbro. Dr. Salatiel Palomino López



El Espíritu Santo nos fortalece
Himno “Santo Espíritu, dirige” (272)

La entrega del corazón                  
Hno. Genaro Barnard
…toda promesa que salga de tus labios deberás cumplirla. Tal y como lo prometiste al Señor tu Dios, cumplirás con la ofrenda voluntaria que hiciste con tu propia boca. Deuteronomio 23.23, RVC
Oración por las ofrendas
Himno “Padre, Dueño y Señor” (436)

Dios acompaña siempre a su pueblo
Bendición comunitaria
Cristo, el Hijo de Dios, los ha apartado a ustedes del mundo, y les ha dado el Espíritu Santo, y todos ustedes conocen la verdad. […] Por eso, no dejen de hacer ustedes lo que se les enseñó desde el principio. Si continúan haciéndolo, entonces vivirán siempre unidos al Hijo y al Padre, pues Cristo nos ha prometido la vida eterna. I Juan 2.20, 24-25

Bendición congregacional
Himno “Canción del Espíritu” (268)

Postludio



ACOMPAÑAMIENTO BÍBLICO
Sólo en Yahvé encuentra descanso mi alma

·     El Salmo 62 pertenece a la categoría de los “cánticos de oración”, pero la característica que lo distingue es que en él un individuo se expresa con espíritu de confianza y de confesión de fe. Se habla de Yahvé en tercera persona. Se le describe como el refugio del perseguido frente a los enemigos mendaces y engañosos que le oprimen (v. 5). El orante del salmo exhorta imperativamente a la confianza (v. 9s.11s). Al hacerlo, instruye a sus oyentes y hace referencia a las tradiciones de la poesía didáctica de Israel al estilo de la Torá (v. 10s). […]
·     El salmista exhorta a la comunidad entera del pueblo a tener confianza en Yahvé. Sus propias expresiones de confianza, en los v. 2ss, tenían, pues, significado de ejemplo, por decirlo así. Hacia esta serena orientación a Yahvé (v. 2), el salmista querría atraer a la comunidad (la cual, evidentemente, se halla reunida para la fiesta en el lugar del culto). Yahvé es “refugio para nosotros” (v. 9b); su poder protector se aplica a la comunidad entera (cf. Sal 46.8, 12), con la que el hablante se identifica aquí. Pero “confiar” significa: derramar el corazón ante Yahvé, abrirse plenamente a él. […]
·     El cantor del salmo es una persona destrozada y perseguida (v. 4). Sin embargo, en medio de su aflicción confía firmemente en la ayuda de Yahvé. Con serenidad y paciencia se ha vuelto hacia Yahvé. Ha desaparecido la excitación por el sufrimiento que hay que soportar (cf. Sal 42.6ss). Y, con concentración y espíritu receptivo, “el alma” se extiende hacia Dios. La causa de esa serena confianza es la promesa de protección y ayuda que el salmista recibió en el recinto del santuario (vv. 12-13). Bajo la protección de Dios, esa persona quebrantada y perseguida sabe que está segura.                        
Hans-Joachim Kraus


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Seguimos pidiendo al Señor Dios por la situación prevaleciente. Que su misericordia se manifieste en medio de las familias que han perdido alguno de sus miembros y que acompañe a las personas que se encuentran hospitalizadas y quienes los atienden. Que progresivamente se vaya haciendo posible el retorno a las actividades y así superar los temores y la ansiedad que se han acumulado por las semanas transcurridas en el aislamiento forzado. Que la fe en el Señor nos siga fortaleciendo. Amén.


Culto de Comunión y Apertura
7 de junio de 2020
“Providencia, amor y cuidado divino”
Base bíblica: Job 5.8-23

La tranquilidad que proporciona Dios, el Señor (Sal 62), Dr. Salatiel Palomino López



31 de mayo de 2020

¿Hay Palabra de Dios?
¿Cuál es la Palabra de Dios para este día? ¿Qué tiene Dios que decir para una situación anormal como ésta, en que necesitamos comunicarnos a distancia para proteger nuestra salud y la del mundo entero? ¿Puede decir algo en días que los gobernantes y anunciadores de todo el mundo acaparan el espacio noticiero con sus conferencias, mandatos e instrucciones para combatir la pandemia y reactivar la economía? ¿Cómo puede Dios hablar a gente infectada, hospitalizada, moribunda o angustiada y atribulada por el encierro, el desempleo, el temor y la incertidumbre?

David en el Salmo 62
El texto bíblico asignado para esta ocasión se encuentra en el Salmo 62, donde David proclama contundentemente en un gozoso canto la maravillosa verdad de que el alma creyente encuentra su reposo, seguridad, salvación y tranquilidad exclusivamente en la providencial bondad e invencible poder del Señor. A lo largo de su caminar con Dios, David aprendió que esta verdad subsiste en todo tipo de circunstancias críticas y amenazantes.

El salmo se canta en cinco estrofas. Las primeras dos son las principales (vv. 1-4 y 5-7, respectivamente); y en forma paralela, reiteradamente proclaman el glorioso secreto descubierto por el salmista a golpes de fe; esto es, que solamente Dios produce el sosiego del alma en medio de las crisis. Luego de cantar el gozoso secreto, la primera estrofa agrega la identificación del perturbador conflicto mediante el cual David llegó a su feliz descubrimiento (vv. 3-4). El salmista enseña que aun en circunstancias dolorosas el alma puede descansar en Dios. La palabra “acallar”, que en el v. 5 se traduce como “reposar”, indica que el alma queda en silencio, ya no expresa ni queja ni protesta, sólo se entrega, en un total abandono, a la benévola voluntad de Dios, sabiendo que en ello encuentra su paz.

Separada por un interludio musical para la reflexión, la segunda estrofa (vv. 5-7) reitera, ahora en tono victorioso incontrovertible, la firme seguridad y brillante esperanza de David, intensificando el lenguaje militar del v. 2, para reforzar el hecho de que Dios es salvación, refugio, roca fuerte y gloria del alma creyente

La tercera estrofa (v. 8) viene de inmediato, sin pausa instrumental, para proclamar públicamente la evidente lección, invitando ahora a todo el pueblo a compartirla: en todo tiempo y circunstancia, las creyentes pueden esperar en Dios, derramar su alma y encontrar refugio. Nuevamente el salmo ofrece otro interludio para que el pueblo reflexione y afirme esta verdad.

Finalmente vienen otras dos estrofas complementarias (vv. 9-10 y 11-12 respectivamente) en que David denuncia, en marcado contraste, la vanidad de la vida humana cuando no se centra en Dios. Una vez que se elimina al Señor, la existencia se vuelve inútil, sin peso ni densidad, sin paz ni esperanza; en estas condiciones se genera gran dolor; la rapiña y la violencia se convierten en sistemas de vida. Y cuando la existencia social se estructura en torno a la lucha por la riqueza y el poder de la posición social, se establece un estado de cosas que no produce seguridad ni satisfacción ni contentamiento. En las frases paralelas “hijos de los hombres” (en que se usa el término Adam) e “hijos de varón” (en que se usa el término ish) algunos estudiosos encuentran una distinción de tipo social y las traducen “de origen humilde” y “de origen aristocrático”, respectivamente, indicando que ante los ojos de Dios no hay distinciones reales y que ni unos ni otros ultimadamente son dignos de confianza, ya que ambos grupos pesan “menos que nada”, son “vanidad”. Una existencia organizada según estos antivalores sólo puede esperar el juicio divino en que Dios pagará a cada quien conforme a sus obras.

Conviene destacar una palabrita hebrea que se repite a lo largo del salmo y le presta un ritmo y una estructura poética. Es la palabra ‘ak, que se traduce aquí como “solamente” o “por cierto”. Aparece cuatro veces en forma positiva para referirse a Dios como fuente exclusiva del bien (vv. 1, 2, 5-6) y dos negativamente para describir la nulidad e ineficacia del recurso humano (vv. 4, 9).

Selah: invitación
En muchos salmos le lee una palabrita adicional al texto. No se sabe exactamente qué quiere decir selah, pero los expertos creen que se trata de una señal musical para hacer una pausa e invitar a la meditación sobre lo que se ha dicho en el salmo. En este salmo aparece dos veces. Reflexionemos, entonces, acerca de cómo el glorioso secreto del salmista contrasta con la tragedia que vivimos hoy alrededor del mundo. Y no se trata de la pandemia en sí, sino de la forma de enfrentarla, de su significación social, moral y espiritual.

Pareciera que la rapiña y la violencia toman carta de ciudadanía en el mundo cuando las finanzas mundiales, organizadas en torno al culto a Mammón, llevan a los gobernantes al sacrificio de la humanidad en favor de la salvación de la economía. El comercio, y hasta el fraude, han encontrado cabida especial en estos días, traficando con el dolor humano. Cuando un loco narcisista se proclama “salvador” singular de la economía y hace de ella su centro de campaña política por el poder y la grandeza personales, le toma al soberano Dios un minúsculo virus para echar por tierra esas irrisorias pretensiones que “solamente” acarrean una mayor miseria, confusión e intranquilidad en el mundo.

Compartir el secreto
Frente a esa tragedia, David nos invita en la estrofa central de este salmo a experimentar como creyentes la delicia y el reposo de la vida de fe en el Dios de la salvación, la roca y refugio de su pueblo en toda circunstancia, pero también nos exhorta a compartir con el mundo, especialmente en tiempos de angustia generalizada, la convicción vital, el secreto último de la paz y la tranquilidad que el alma encuentra solamente en Dios, su Señor y Salvador.

San Agustín, el famoso teólogo cristiano del siglo V, también experimentó este secreto, como lo dice en sus Confesiones: “Tú nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que reposa en ti”. Pero éste fue también el mensaje de Jesucristo: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28).

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

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