sábado, 24 de agosto de 2019

Letra 633, 25 de agosto de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES
José Luis Sicre
“Con los pobres de la tierra”. La justicia social en los profetas de Israel. Madrid, Cristiandad, 1985, pp. 267-268.

E
Resultado de imagen para jose luis sicreste episodio de la autobiografía de Nehemías vuelve a tratar el tema del latifundismo, con dos aportaciones de sumo interés: introduce la reacción de los perjudicados, que exponen sus quejas, y plantea la búsqueda de soluciones concretas. El texto comienza presentando la queja del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos los judíos”. Formula curiosa, en la que ‘am parece tener el sentido concreto de gente sencilla y hayyehudim el de clase alta”, los nobles y autoridades” (hahorim, hasseganim) de quienes habla el v. 6. Merece la pena recordar las quejas del pueblo (vv. 2-5).
Consciente o inconscientemente, al exponer las quejas del pueblo, Nehemías deja claro el revés de la trama del latifundismo. El punto de partida no es aquí la codicia (Miqueas), ni el orgullo (Isaías), ni el capricho (Ajab). Es el hambre, la necesidad primaria de trigo para sobrevivir. La medida para salir a flote consiste en hipotecar nuestros campos, viñedos y casas” (v. 3). Pero una desgracia nunca viene sola. Al hambre se añaden los impuestos reales. Y esta vez no cabe hipotecar campos y casas, porque ya lo están. Solo cabe pedir dinero prestado, que, al no poder ser devuelto, provocara la esclavitud de hijos e hijas. La pérdida de la tierra aparece como uno más entre los diversos problemas. Incluso es posible que el hambre, la esclavitud o la humillación de las hijas llame más la atención al lector.
Sin embargo, el problema capital es la tierra. Sólo recuperándola se puede solucionar la cuestión. Así ve las cosas Nehemías en el duro discurso que dirige a los nobles y a las autoridades. También yo, mis hermanos y criados les hemos prestado dinero y trigo. Olvidemos esa deuda. Devolvedles hoy mismo sus campos, vinas, olivares y casas, y perdonadles el trigo, el vino y el aceite que les habéis prestado” (vv. 10-11). La simple remisión de deudas habría parecido ya gran cosa, y quizá habría calmado los ánimos de aquella pobre gente. Pero Nehemías comprende que la única solución valida es devolver las propiedades, partir otra vez de cero.
La actitud de Nehemías es digna de estudio. Igual que los profetas, sin poder contenerme, me encare con los nobles y las autoridades (v. 6). Y sus escuetas palabras: os estáis portando con vuestros hermanos como usureros” (v. 7) suponen una dura condena en un país en el que la usura está estrictamente prohibida.
El arranque de Nehemías es típicamente profético. Luego, su intervención, comparada con las de Amós, Miqueas, Isaías, toma un rumbo nuevo. No se limita a la exhortación genérica: “Buscad el bien, no el mal” (Am 5.14), “cesad de obrar mal, aprended a obrar bien” (Is 1.17). Baja al detalle, argumenta, exhorta, propone soluciones concretas y obliga a mantener el compromiso. Nehemías, abandonando a tiempo la dura actitud de los profetas, gana su batalla contra el latifundismo.
Desde luego, nos quedan dos dudas: 1) ¿Habrían sido tan convincentes los argumentos de Nehemías si no hubiese ostentado el título de gobernador de Juda, que lo convertía en representante del gobierno persa? Mucho nos tememos que no; habría debido limitarse a clamar inútilmente contra la injusticia. 2) ¿Ofrece Nehemías la solución definitiva? Dentro de sus limitaciones, diría que sí. Con tal de que el compromiso de devolver todo sin exigir nada (v. 12) se repitiese, en caso de necesidad, año tras año. Porque la sequía, la enfermedad, el hambre, amenazan siempre a los pequeños campesinos. Esto demuestra que la solución es difícil, rayana en la utopía. Un camino intermedio entre realismo y utopía lo constituyen las leyes sobre el año jubilar (Lv 25.8-10, 13, 23-28).
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LA BIBLIA DEL OSO, UNA TRADUCCIÓN A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS (IV)
Plutarco Bonilla Acosta
Lupa Protestante, 4 de abril de 2007

Valoración final
Perseguida tenazmente por la Inquisición —aquende y allende el océano—, la primera impresión de la traducción de Reina se agotó al cabo de los años. Cipriano de Valera sostiene que ya resultaba imposible conseguir un ejemplar, de los 2600 que se habían imprimido. De la edición príncipe, hoy son muy pocos los ejemplares que se libraron de la furia inquisitorial y de los que se tiene noticia. Olvidada luego por años, porque las instituciones protestantes encargadas de producir y distribuir la Biblia habían optado por otras traducciones, desde mediados del siglo XIX se ha convertido en la traducción castellana más usada por los protestantes que leen la lengua de Cervantes. Con ella han alimentado su espíritu millones de evangélicos. Con ella en sus mentes y en sus corazones, pudieron muchos hacer frente a persecuciones, torturas y amenazas de muerte. Con ella se ha realizado labor evangelizadora en muchos rincones del globo y con ella se han edificado muchísimas comunidades cristianas. ¡Lástima que épocas de animadversión y enemistad, que anhelamos ya preteridas, impidieran que otros millones de cristianos de fe católica romana pudieran haber encontrado en ella esa misma fortaleza y esa misma inspiración!
Aunque revisada y vuelta a revisar muchísimas veces, la obra monumental de don Casiodoro ha perdurado ya por siglos. Cuando los protestantes de habla castellana abren sus Biblias hoy, en cualquier parte del mundo, un grandísimo porcentaje de ellos tienen el nombre de Reina en sus labios, porque en sus manos tienen el texto que él tradujo hace más de 400 años. Revisado primero por Cipriano de Valera y revisado de nuevo por muchos otros que, a lo largo de los años, han apreciado esa obra, el texto (conocido ahora como la “Biblia Reina-Valera”) sigue teniendo vigencia porque sigue siendo usado. De lo que tenemos noticia, en el último cuarto del siglo XX las siguientes casas editoriales publicaron revisiones de la Reina-Valera: Editorial CLIE (Barcelona, 1977), Editorial Mundo Hispano (El Paso, Texas, 1989), Sociedad Bíblica Emanuel (Miami, 1990 y 2000) y Sociedades Bíblicas Unidas (Miami, 1995). La organización “Colombia para Cristo” publicó en el 2000 una revisión que, según los editores, está “apoyada” en otras dos versiones castellanas del siglo XVI y fue “cotejada” con dos traducciones al inglés (una del siglo XVI y otra del XVII).
Resultado de imagen para biblia del cántaroCierto, muchas cosas han cambiado desde entonces. Muchísimos manuscritos, y mucho más antiguos, especialmente del Nuevo Testamento, están ahora a disposición de los estudiosos del texto bíblico; las investigaciones lingüísticas, filológicas y sociolingüísticas han avanzado enormemente; la ciencia de la traductología se ha desarrollado muchísimo. Los tiempos son otros. Quizá se requiera una nueva revisión, radical, que ponga ese texto más al día. Pero ¿podría identificarse entonces con la obra y con el nombre de Reina?

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CUESTIONARIO SOBRE BIBLIA 2019

1. ¿Esdras y Nehemías son un solo libro? Sí  -   No  ¿Por qué?
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2. ¿Qué imperio predominaba en la época de Esdras y Nehemías?
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3. ¿Qué emperador emitió el decreto para el regreso de los judíos a Jerusalén?
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4. ¿Quiénes fueron los primeros dirigentes del pueblo durante su regreso a Jerusalén?
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5. Escriba su opinión acerca de la decisión de Esdras de separar matrimonios y familias por causa de la pureza racial y religiosa.
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6. ¿Qué rey autorizó el regreso de Nehemías y cuáles fueron sus razones?
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7. ¿Quiénes fueron los líderes opositores al proyecto de reconstrucción de Nehemías?
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8. ¿Por qué fue importante lo sucedido en Nehemías 5 para el proyecto de Dios encabezado por este dirigente judío?
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9. ¿Cuál es el texto de Nehemías que la Iglesia Ammi-Shadday ha tomado como lema? Cópielo en las líneas.
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10. Explique usted qué similitudes hay entre la época de Esdras y Nehemías y la situación que vive esta iglesia actualmente?
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Actividades y avisos


OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES DEL MES QUE ESTÁ POR COMENZAR

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 27 de agosto, 19 hrs.
Modera: Hno. Facundo Pérez V.
Llamamiento: Salmo 111
Oración de ofrecimiento
Himno: “Más allá del sol” (651)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 10.35-39
Tema: Un pacto con visión de futuro
A.I. Rubén Núñez C.
Himno: “Ahora soy de Cristo” (281)
Ofertorio
Bendición pastoral

LAS DIFICULTADES ESPIRITUALES DE LA COMUNIDAD (II)
John Bright

C
uando la esperanza cedió al desaliento, debió crecer sin duda el sincretismo. Entre los jefes espirituales se abrió paso el sentimiento de que se hacía necesaria una división dentro de la comunidad (Is 65,8-16; 66,15-17). No es sorprendente que en este ambiente el ideal profético de la misión del siervo de Yahvé tuviera menos peso.

Aunque hubo profetas que clamaron por la admisión en la comunidad de los extranjeros que desearan aceptar las exigencias de la ley (Is 56.1-8) y que veían en el futuro el tiempo en que mu chos de ellos serían recibidos (Is 66.18-21; Za 2.11; 8.22 ss.), se corría el peligro inmediato de que la comunidad, a través de la asimilación de prácticas extranjeras, perdiera su propia integridad.

Otros líderes, en consecuencia, considerando el contacto con la población indígena como contaminación, urgieron que se suprimiera por completo (Ag 2,10-14).

A la vista de todo esto, la interrupción de las obras del Templo no era una cosa trivial. La comunidad necesitaba desesperadamente un punto focal alrededor del cual centrar su fe. Los profetas pudieron hablar de un Dios demasiado grande para ser contenido en un templo, y cuyas exigencias eran justicia y humildad más que formas externas (Is 57.15 ss.; 58.1-12; 66.1 ss.).

Pero la comunidad no podía permanecer indiferente a las formas externas, concretamente al Templo, si había de continuar como comunidad. En realidad, no habría para ella una «nueva edad», ni siquiera un futuro, hasta que no estuviera preparada para emprender en el presente una acción tangible y más bien terrena, en una palabra, la construcción del Templo. Sin embargo, las perspectivas para esta empresa no eran buenas.

Entre la pobreza, el desaliento y el letargo, quedaba poco coraje para el esfuerzo. La mayor parte de la población parecía sentir que los tiempos no eran propicios para emprender nada (Hag 1.2). Los dirigentes judíos tenían, sin embargo, entera conciencia de la importancia de acabar el Templo, y no descansaron hasta que no fue una realidad. Dieciocho años después de la primera expedición de Babilonia, su fe y su energía, ayudada por un cambio en los sucesos del mundo, consiguió animar al pueblo a reanudar el trabajo. Unos cuatro años más tarde el Templo estaba terminado. Sin embargo, paradójicamente, el logro de este éxito fue obtenido mediante una amarga desilusión.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

septiembre: confesar los errores históricos del pueblo y la nación

Centralidad de la Palabra divina para la vida del pueblo, L. Cervantes-O.



25 de agosto, 2019

Al segundo día, los jefes de todos los grupos familiares, los sacerdotes y sus ayudantes se reunieron con Esdras para estudiar el libro de la Ley.
Nehemías 8.13, TLA

El judaísmo de la época del Segundo Templo debió situarse firmemente ante la Ley antigua y afirmar su vigencia para el presente que vivía y para el futuro que tenía a la vista. Se trató de una decisión firme e impostergable a la luz de los acontecimientos recientes relacionados con los diversos aspectos de la reconstrucción: la parte material de Jerusalén (murallas, puertas) y la espiritual de la vida del pueblo (templo, sacerdocio, culto). Cada resquicio de la existencia del pueblo, tal como se tuvo la aspiración en la promulgación de la ley con Moisés, debía estar penetrado, intervenido, iluminado, por las indicaciones y orientaciones de la Ley divina.

Convertida en referencia legal de toda la existencia judía, la Torá exigía, efectivamente, una interpretación en las situaciones concretas. Porque la letra sola de la Escritura llevaba a un callejón sin salida [...]; y apunta ya el adagio rabínico posterior: “¿Qué es la Torá? Es la interpretación de la Torá”, es decir, “las tradiciones de los padres”, la ley oral, larga cadena de las interpretaciones de los sabios, que los maestros harán remontar hasta el mismo Moisés y el Sinaí.[1]

Todo ello se manifestó en el arraigo histórico-jurídico de la ley traída por Esdras en el contexto del imperio persa: “Desde el punto de vista histórico, se puede admitir la exactitud de la frase decisiva de Esd 7.25-26, que atribuye la misma autoridad jurídica y los mismos efectos legales a la ley del Dios de Israel y a la del rey persa”.[2] Y de esa manera se podría percibir la importancia de la palabra revelada para la cotidianidad del judaísmo que se consolidó con Esdras y Nehemías. En el libro que lleva ambos nombres se recupera la versión deuteronomista de la Ley, lo que implica una importante puesta al día de su contenido para aplicarla a las nuevas realidades históricas: “…el redactor final del libro conoce el Pentateuco en su forma acabada, ya que se apoya tanto en el Deuteronomio como en las leyes sacerdotales. Y al revés, la memoria de Nehemías no cita más que la ley deuteronómica”.[3]

Asimismo, el judaísmo de la época encontró en la Ley un refugio histórico, aunque supratemporal, para poder soportar y soportar la crisis que vivía: “En un tiempo de silencio profético (cf. Zac 13.2-6; Dn 3,38 gr.), el escriba Esdras entrega a Israel el ‘refugio’ de la Ley”.[4] Como agrega Tassin: “Porque, según la doctrina de los dos caminos, es ahora la ley la que asienta la libertad del hombre ante la elección fundamental de su orientación (Sal 1), al mismo tiempo que le ayuda a dirigir sus instintos. Y más allá de su soporte escrito, la Torá expresa en profundidad el proyecto de Dios para la felicidad del hombre”.[5] Esta confianza en la eficacia de la palabra divina manifestada en la ley era una auténtica garantía contra los vaivenes históricos que resultarían incomprensibles de otra manera.

La relectura de la Ley por parte de los jefes de todos los grupos familiares, los sacerdotes y sus ayudantes reunidos con Esdras (Neh 8.13-14) propició el redescubrimiento y la realización de la fiesta de las enramadas (tabernáculos, Sucot: Éx 23.16, Lv 23.33-43; Dt 16.13-15), verdadera conexión con el pasado heroico del Éxodo, razón de ser del surgimiento de Israel como pueblo reconocible, luego de la liberación de la esclavitud en Egipto. Por eso apoyarse en la ley equivalía a poner la confianza plena en el Señor. La alabanza de ella, practicada en varios salmos, fue una manifestación de ese reconocimiento: “Cuando la ley de Moisés ordena algo, es el cielo el que decreta. Ella suscita como respuesta ese gozo de la obediencia amorosa que llena al Sal 119 con el vocabulario de la luz o de la saciedad sabrosa (Sal 19.8-15). Ella exige el temor de Dios. […] Ella es sobre todo don de Dios que sale al encuentro en sus palabras”.

La ordenanza para la celebración de la fiesta fue inmediata (15) y la movilización popular para el festejo, también, en los lugares más visibles de la ciudad (16). La alegría producida fue grande porque esa fiesta no se había celebrado desde los tiempos de Josué: “Todos los que habían vuelto de Babilonia hicieron enramadas y se colocaron debajo de ellas. Estaban muy alegres, pues desde la época de Josué hijo de Nun hasta aquel día, los israelitas no habían celebrado esta fiesta” (17). La fiesta se prolongó durante una semana, y cada día Esdras leyó el libro de la Ley de Dios. En el octavo día se celebró un culto (18).
En la forma de narrar el suceso aparece un rasgo propio del pensamiento teológico del redactor final, que vinculó así la dedicación del templo (Esd 6) con la lectura de la Ley y la fiesta (Neh 8). Dicha relación se facilitó porque Dt 31.9-13 estableció una lectura de la Ley “cada siete años, en el tiempo fijado para el año del perdón, en la fiesta de las Tiendas”. También debe añadirse el relato de II Re 23.1-3 que funcionó como modelo. En esa ocasión, Josías, “en pie junto a la columna”, leyó en presencia de todo el pueblo, desde el más joven hasta el mayor, “todas las palabras del libro de la alianza”. El paralelismo entre estas dos escenas es enorme, pues cada una culmina en un compromiso de alianza (II Re 23.3; Neh 8.9-12) y fueron seguidas de una gran celebración litúrgica: la Pascua en II Re y las enramadas en Neh 8.

El sentido de esta fiesta (que se celebra hasta hoy) “no se limita a esta conmemoración histórica. Los judíos deben residir en cabañas para adquirir conciencia de lo temporal de la vida en este mundo. El Talmud dice que la Sucó debe ser frágil, de estructura provisoria, ni demasiado alta, ni demasiado baja, sus paredes deben poder soportar a los vientos; el techo estará cubierto de tal manera que la sombra predomine sobre la luz”.[6] Vivir en las enramadas subrayaría “la calidad de personas libres desde que dejaron Egipto”.[7]

Por todo lo anterior, la reconexión del pueblo con la Ley antigua y la celebración de la fiesta significó un relanzamiento de la existencia social bajo la égida de la Palabra divina, cuya actualización exigió nuevos y mayores compromisos:

El judaísmo quiso profundizar en el misterio de un Dios que se comunica a los hombres sin disolverse en esta relación.
Semejantes afirmaciones ¿condenaban al judío sediento de sabiduría a un repliegue legalista sobre las prescripciones mosaicas?
Por el contrario, le invitaban, en aquellos tiempos a profundizar en su concepción de la Torá, para encontrar en ella el alimento de su búsqueda y, siendo divina la Sabiduría, para encontrar allí a Dios mismo. […]
No creamos tampoco que una visión tan profunda hiciera de la ley una entidad abstracta: el apego a la ley, para ser auténtico, tenía que implicar ante todo un comportamiento práctico.[8]


[1] Claude Tassin, El judaísmo desde el destierro hasta el tiempo de Jesús. Estella, Verbo Divino, 1988 (Cuadernos bíblicos, 55), p. 29.
[2] P. Abadie, op. cit., p. 41.
[3] Ibíd., p. 40.
[4] Ibíd., p. 43.
[5] C. Tassin, op. cit., p. 30.
[6] Las fiestas de Israel. Conceptos y costumbres de la tradición judía. Tel Aviv, Aurora, 1980, p.16
[7] Hugo Zorrila, Las fiestas de Yavé. Buenos Aires, La Aurora, 1988 (Vocabulario bíblico), p. 39.
[8] C. Tassin, op. cit., pp. 30, 31.

Nehemías 8.13-18 / II Timoteo 4.1-8

13 Al segundo día, los jefes de todos los grupos familiares, los sacerdotes y sus ayudantes se reunieron con Esdras para estudiar el libro de la Ley. 14 Se dieron cuenta entonces de que Dios había ordenado por medio de Moisés que todos ellos debían vivir en enramadas durante la fiesta religiosa del mes de Etanim. 15 También se dieron cuenta de que debían dar a conocer en Jerusalén, y en todos los pueblos vecinos, la siguiente orden: «Vayan a los cerros a buscar ramas de olivo, de arrayán, de palmeras o de cualquier otro árbol lleno de hojas, para que hagan las enramadas que ordena la Ley».
16 Así que la gente salió a buscar ramas, y cada uno construyó con ellas su propia enramada. Unos la hicieron en el piso alto de la casa, otros la hicieron en el patio, y aun otros la hicieron en la plaza del templo de Dios, frente a la entrada del Agua y frente a la entrada de Efraín. 17 Todos los que habían vuelto de Babilonia hicieron enramadas y se colocaron debajo de ellas. Estaban muy alegres, pues desde la época de Josué hijo de Nun hasta aquel día, los israelitas no habían celebrado esta fiesta. 18 La fiesta duró siete días, y en cada uno de ellos Esdras leyó el libro de la Ley de Dios. Al octavo día celebraron un culto para adorar a Dios siguiendo las instrucciones del libro de la Ley.

*

Cuando Jesucristo venga como Rey, juzgará a todos, tanto a los que estén vivos como a los que estén muertos. Por eso pongo a Dios y a Jesucristo por testigos de lo que te ordeno. Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. Porque llegará el día en que la gente no querrá escuchar la buena enseñanza. Al contrario, querrá oír enseñanzas diferentes. Por eso buscará maestros que le digan lo que quiere oír. La gente no escuchará la verdadera enseñanza, sino que prestará atención a toda clase de cuentos. Pero tú, Timoteo, mantén la calma en todo momento, soporta los sufrimientos y anuncia siempre la buena noticia. Haz bien tu trabajo.
Ya falta poco para que yo muera, y mi muerte será mi ofrenda a Dios.He luchado por obedecer a Dios en todo, y lo he logrado; he llegado a la meta, y en ningún momento he dejado de confiar en Dios. Sé que Dios es un juez justo y que, cuando juzgue a todos, me dará una corona como premio a mi obediencia. Y no sólo a mí me la dará, sino también a todos los que esperan con ansias su regreso.

sábado, 17 de agosto de 2019

Letra 632, 18 de agosto de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
EMPEÑO POR HAMBRE (IV)
Gloria Gamboa
Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 66, 2010

Había otros que decían: “Nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas, y nuestras casas para conseguir grano en esta penuria”. Y otros decían: “Tenemos que pedir prestado dinero a cuenta de nuestros campos y de nuestras viñas para el impuesto del rey”.                                                                          Nehemías 5.3-4

Resultado de imagen para jose luis sicre con los pobres de la tierraQuienes dominan y ejercen el poder imperial manejan los excedentes, producto de la explotación, y los acumulan, creando el desabastecimiento en el mercado y, por ende, la necesidad de que el pueblo se endeude o empeñe sus posesiones a cambio de alimentos, practicando así políticas económicas de crédito que dejaban grandes ganancias; esto permitía asegurar el desarrollo económico para continuar las políticas de expansión territorial y tener con que pagar a los funcionarios y al ejército que garantizaba su poderío y su triunfo en la guerra.
Éste es el clamor de quien teniendo la tierra no la puede trabajar, porque hay intereses creados por el imperio de turno; éstos acumulan la producción, mientras el pueblo se muere de hambre.
Hoy, nuestros países emergentes de Latinoamérica dicen: nuestros campos y la producción agrícola están en riesgo y, por ende, nuestra alimentación, ya que se encuentran comprometidos como biomasa para los biocombustibles, pues cultivos como la caña de azúcar, el maíz, el sorgo, la yuca, la palma africana, la soya, la higuerilla, la jatropha curcas, la colza y otras palmas son utilizadas para producir etanol y aceites biodiesel, convirtiéndose todo esto en agrocombustibles de primera y segunda generación, que ayudan al rendimiento de la gasolina, que se mezcla con el 10% de biocombustibles, afecta a los bosques nativos, el pulmón amazónico del mundo, las cuencas hidrográficas, el recalentamiento global por la contaminación, el desabastecimiento de la canasta familiar. La quinta parte de la población mundial, aproximadamente, está pasando hambre; hay guerras geopolíticas provocadas por los intereses de las transnacionales. […]

LA BIBLIA DEL OSO, UNA TRADUCCIÓN A LA ALTURA DE
LOS TIEMPOS (III)
Plutarco Bonilla Acosta
Lupa Protestante, 4 de abril de 2007

Base textual
Resultado de imagen para traducciones de la bibliaEl uso y valoración que el traductor hace de otras versiones (antiguas y modernas), según se ha señalado, no debe enturbiar nuestra apreciación de otro hecho fundamental, que Reina expresa de diferentes maneras. Estas son sus propias palabras:
[Luego de hablar de la Vulgata, de sus yerros, de sus adiciones y de sus transposiciones]: “Así que pretendiendo dar la pura palabra de Dios en cuanto se puede hacer, menester fue que ésta no fuese nuestra común regla [...], antes, que conforme al prescripto de los antiguos concilios y doctores santos de la Iglesia, nos acercásemos de la fuente del texto hebreo cuanto nos fuese posible (pues que sin controversia ninguna de él es la primera autoridad), lo cual hicimos siguiendo comúnmente la translación de Santes Pagnino” (p. 9). (Debe tomarse en cuenta que la traducción de Pagnino, dirigida a los académicos, es muy literal, por lo que se aplicaría también a ella los aspectos positivos que le señala Reina a la Biblia de Ferrara).
“En los lugares [de la traducción de Pagnino] que tienen alguna dificultad por pequeña que sea, [...] hemos tenido recurso al mismo texto hebraico” (p. 9).
“Con toda diligencia que nos ha sido posible habernos procurado atarnos al texto sin quitarle ni añadirle. Quitarle, nunca ha sido menester, y ansí creemos que en nuestra versión no falta nada de lo que en el texto está si no fuere por ventura alguna vez algún artículo o alguna repetición de verbo, que sin menoscabo de la entereza del sentido se podría dejar, y otramente ponerse haría notable absurdidad en la lengua española...” (p. 11). Y acto seguido afirma: “Añadir ha sido menester muchas veces”, para pasar luego a explicar los diferentes casos en los que fueron necesarias las adiciones y el hecho de que, sin excepción, las marcó en el texto “de otra letra que la del texto común” para que el lector ejerza su discernimiento (p. 11). Estas adiciones se encuentran tanto en el Antiguo Testamento (incluidos los libros que no están en el canon hebreo) como en el Nuevo.
Respecto del Nuevo Testamento son dignas de citarse las siguientes palabras: “En el Nuevo Testamento nos pareció ser esta diligencia más necesaria por cuanto en los mismos textos griegos hay también esta diferencia en algunas partes, y todos parece que son de igual autoridad. Algunas veces hallamos que la Vieja versión Latina añade sin ninguna autoridad de texto griego, y no aun esto quisimos dejar, por parecernos que no es fuera del propósito y que fue posible haber tenido también texto griego de no menos autoridad que los que ahora se hallan” (p. 12).
Ahora bien, cuando don Casiodoro se refiere al “texto”, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, ¿a qué textos está refiriéndose? Puede afirmarse que, en términos generales, se refiere al Texto Masorético, para el Testamento Viejo, y al Texto recibido (o Textus receptus), para el Nuevo. Decimos “en términos generales” porque en el mismo pasaje que hemos citado, Reina reconoce que hay diversos manuscritos griegos, que entre ellos hay variantes (aunque eran poquísimos los manuscritos que se conocía entonces) y que todos gozaban de igual autoridad. Es más, no descarta el hecho de que el traductor de la Vulgata pudiera haber tenido a su disposición otros manuscritos griegos que serían “de no menos autoridad de los que ahora se hallan”. Recuérdese que el Texto recibido no es un texto monolítico, sin variantes.

Principios de traducción
De las explicaciones que el propio traductor nos ofrece en su “Amonestación”, pueden deducirse los siguientes principios que siguió al realizar su trabajo:
1. La última autoridad la tienen, no las traducciones, por muy antiguas que sean, sino los textos en los idiomas originales. A ellos, pues, hay que recurrir, y concederles la palabra definitiva cuando haya dudas planteadas por las diversas versiones.
2. Lo anterior no significa que no se planteen dudas, también, con los textos hebreos o griegos. Estas dudas provienen de dos fuentes: por una parte, del hecho de que hay diferentes textos que, unos respecto de otros, presentan variantes, por lo que el traductor tiene que escoger uno de ellos (y esta decisión no resulta tan fácil porque esos textos “parece que son de igual autoridad”); y por otra, porque los propios textos hebreos y griegos en ocasiones son de difícil comprensión e interpretación.
3. Por lo dicho, cobran particular relevancia las diferentes traducciones que se han hecho del texto, para analizar las soluciones que en ellas se han propuesto a las dificultades con las que el traductor tropiece. Esto es particularmente necesario en el caso de los textos obscuros o de los textos en que no haya manuscritos hebreos (es, sobre todo, pero no únicamente, el caso de los libros déuterocanónicos). A su vez, esto significa no seguir ciegamente ninguna de esas traducciones, sino utilizar el propio criterio después de conferir cada una de ellas con “el texto” (es decir, con el texto hebreo o griego, según corresponda).

4. Como el lector de la traducción tampoco debe sentirse esclavo de la única opinión del traductor, es necesario que aquel sepa de otras posibilidades de entendimiento del texto. Lograr eso es una de las funciones de las notas marginales (y de las añadidas al final del volumen, notas estas últimas que, desafortunadamente, no fueron incluidas en la edición de Alfaguara). El lector también debe ejercer su criterio personal y “tomar lo que mejor le pareciere” (p. 9), si no está satisfecho con la interpretación que el traductor le ofrece.

5. Lo importante en la traducción es ser fiel a “la entereza del sentido” del texto y mantener su inteligibilidad (p. 11).

6. Concomitantemente ha de cuidarse la claridad de la expresión, para que ésta no quede “dura” ni haga “notable absurdidad en la lengua española” (p. 11). La tensión entre la fidelidad al sentido del texto y la expresión castiza la expresa así el traductor: “Para remedio de la dificultad que consiste en solas las palabras, procuramos en nuestra versión toda la claridad que nos fue posible, mas de tal manera que el texto quedase siempre en su enterez reteniendo todas las formas de hablar hebraicas que o conciertan con las españolas, como son por la mayor parte, o a lo menos que pueden ser fácilmente entendidas, aunque en ello pecásemos algo contra la pulideza de la lengua española, teniendo por mejor mal pecar contra ella, aunque fuese en mucho, que en muy poco contra la integridad del texto” (p. 18).

7. Para lograr lo anterior, a veces es necesario añadir o quitar algo del texto. Esto último (o sea, quitar), sólo lo hace en cuestiones formales para que el idioma (español) resulte natural, sin cambiar el sentido. En el caso de las adiciones, todas, sin importar la naturaleza de ellas, las indica en el texto.

Actividades y avisos


OREMOS POR LA ORDENACIÓN E INSTALACIÓN DE OFICIALES Y POR LA RECEPCIÓN DE NUEVOS MIEMBROS

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 20 de agosto, 19 hrs.
Modera: D.I. Laura Cabrera Berrocal

Llamamiento: Salmo 110
Oración de ofrecimiento
Himno: “Majestuoso, poderoso” (228)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 10.14-27
Tema: Una tradición activa
Himno: “Dios cuidará de ti” (366)
Ofertorio
Bendición pastoral

LAS DIFICULTADES ESPIRITUALES DE LA COMUNIDAD
John Bright

Q
ue la moral de la comunidad había decaído peligrosamente se transparenta con claridad en Hageo, Zacarías e Isaías 56-66. Existía en realidad el peligro de que, excepto en el nombre, la restauración fracasase en todo lo demás. Se habían concebido esperanzas demasiado elevadas. El espléndido cuadro del “nuevo éxodo” triunfal y del establecimiento del gobierno universal de Yahvé en Sión no guardaba ningún parecido con la realidad.

A buen seguro, el Déutero Isaías y sus discípulos continuaron su predicación, prometiendo una gran afluencia del pueblo de Yahvé, lo mismo judíos que gentiles, a una Sión restaurada y transformada (Is 56.1-8; cap. 60), proclamando las buenas nuevas de redención (cap. 61), incitando a los hombres a un trabajo ininterrumpido y a súplicas en favor de Sión (cap. 62) y anunciando que una nueva creación de Dios estaba a punto de aparecer (65.17-25). Pero la mayoría, ciertamente, no sentía así.

La mayor parte del pueblo deseaba saber por qué se había diferido la esperanza. Los piadosos suplicaban la intervención de Dios (Zac 1.12; Sal 44.85), mientras que otros comenzaban a dudar de la eficacia del poder de Yahvé (Is 59.1, 9-11; 66.5). De hecho, la nueva comunidad no era, en modo alguno, el Israel reavivado y purificado del ideal profético. Había tensiones económicas, posible secuela de la inevitable lucha por el suelo de una repatriación tan masiva, agravada acaso cuando las malas estaciones llevaron a la bancarrota a los menos afortunados. Algunos supieron cómo convertir en ganancia propia el infortunio ajeno, al tiempo que cubrían su dureza de corazón tras la fachada de piedad (Is 58.1-12; 59.1-8). […]

La comunidad, además, estaba dividida, según parece en dos fracciones irreconciliables: aquellos –en su mayor parte vueltos del exilio– que estaban movidos por los altos ideales proféticos y la devoción a la fe y tradiciones de sus padres y aquellos –probablemente la masa de la población nativa– que habían asimilado tanto el medio ambiente pagano, que su religión no era ya el yahvismo en su forma pura.
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