sábado, 27 de junio de 2020

Letra núm. 676, 28 de junio de 2020

EL DIOS DE JOB (I)
David J.A. Clines


E
l libro de Job es un himno a la condición inescrutable de Dios. A diferencia de algunas religiones en las cuales la deidad es de suyo incognoscible o casi, en el libro de Job no es que no se pueda saber nada sobre Dios; es más bien que de Dios se sabe —o al menos se puede decir— demasiado para que estemos seguros de que cualquier afirmación que hagamos acerca de él es correcta o errónea. ¿Es una deidad cósmica, tremendamente alejada de las inquietudes humanas, o está íntimamente implicado en la vida y destino de cada ser humano? ¿Es un dios compasivo o un monstruo cruel? ¿Gobierna el mundo según los dictados de la justicia, o le tienen sin cuidado los asuntos humanos?

Todas estas posturas son afirmadas por el libro de Job, o al menos por uno de los personajes que participan en sus diálogos. Dentro del libro, todas las voces contradicen a las demás, de manera que ¿a quién hemos de creer? ¿A los amigos, que hablan como teólogos representativos de la piedad hebrea tradicional y ortodoxa? ¿A Job mismo, que lanza acusaciones contra Dios desde el interior de un terrible sufrimiento, y quizá no esté en sus cabales? ¿A Dios, que se niega categóricamente a abordar las cuestiones clave que Job y el libro han estado planteando? ¿O al autor del libro y a su portavoz, el narrador, que se reservan la última palabra que descompone todo cuanto se ha dicho anteriormente? ¿O acaso no se trata de privilegiar una voz sobre otra, de declarar que Job tiene razón y los amigos no, o que Dios tiene razón y el autor no, etcétera, sino de reconocer todas las voces como elementos básicos de un pensamiento serio sobre Dios, cada uno con su percepción, por parcial que sea, de un aspecto de la realidad divina, pero ninguno global, ninguno más allá de la contradicción o la disputa?

Por supuesto, nos gustaría encontrar una solución a los problemas del libro, pero quizá esperar una solución sea demasiado esperar. Si el libro como tal no habla de manera inequívoca, quizá todo lo que debemos intentar sea prestar una escucha abierta pero crítica a todas las voces en su multiplicidad y disonancia. Éste sería un planteamiento tentador.

Pero el libro de Job no es el informe de un seminario en el cual todas las voces son iguales. Con su estructura y textura invita a un posicionamiento jerárquico de los participantes, según el cual la voz de los amigos se ha de escuchar como la menos creíble, pues en el epílogo Dios dice que no han hablado correctamente de él (42.7-8). En el mismo lugar se dice que Job ha hablado correctamente, y sin embargo es objeto de la crítica más severa por parte de Dios, y los lectores sabemos por el prólogo que en cualquier caso está en un terrible error acerca de la actitud de Dios respecto a él. Resulta difícil saber si su voz merece más atención que la de los amigos.

Podríamos haber pensado que la voz de Dios desde la tempestad (caps. 38-41) impondría automáticamente la sumisión de todos los lectores del libro, y sin embargo lo que Yahvé dice allí resulta profundamente insatisfactorio para muchos lectores, y la narración del libro, en el epílogo, parece pasar por alto los discursos divinos, con lo cual debilita su fuerza. Así, al final dista mucho de estar claro que se deba atender a una sola y única voz; y en cualquier caso, el poeta ha puesto ante nosotros las palabras de todos los interlocutores para nuestra instrucción y deleite, y tal vez hagamos bien en saborear, en toda su variedad, su reñida conversación acerca de Dios.

EL RIESGO CERO, NI EXISTIÓ, NI EXISTIRÁ
Lidia Martín

E
n esta situación que estamos viviendo, particularmente desde la desescalada ahora y a pocas jornadas de volver a la llamada “nueva normalidad”, efectivamente vamos a seguir siendo más “normales que nunca”, seguiremos la distribución normal que marca la estadística (así se llama, de hecho, desde el punto de vista matemático) y tendremos dos extremos dignos de considerar: los sin ley, en un lado del continuo, y los que buscan probabilidad de riesgo cero, de otro.

Los primeros no tienen miedo. Son necios y temerarios. Pasan de cubrebocas, de distancias de seguridad, de esperar turno a que les toque o de lavarse las manos. Se sienten invulnerables porque, principalmente, parecen impunes. Pocas veces se les penaliza de forma realmente contundente y lo que han aprendido a lo largo del tiempo es que pueden hacer lo que quieran, porque pocas veces pasa algo para las muchas veces que se lo saltan todo a la torera. Además, en buena parte de las ocasiones, lo que sucede les salpica a otros y no a ellos mismos y, en su falta de humanidad y empatía, francamente les da igual.

Los segundos no sólo tienen mucho miedo, sino que ese temor se ha convertido en ansiedad. La emoción se ha salido “del tiesto” y ahora les gobierna. Se dicen que no saldrán nunca más mientras no haya una vacuna, que no van a sentarse en ninguna parte, que hasta que no haya seguridad absoluta no tienen nada que hacer en la calle... y se arrinconan en sus casas casi cruzando los dedos porque que esto pase pronto es casi la única opción que contemplan para poder enfrentar la vida.

Ahora bien, ¿existió alguna vez realmente ese riesgo cero, o quizá es una ilusión de control en nuestra mente, muy alejada de la realidad? Porque, si nos damos cuenta, por razones diferentes, en ambos extremos está asentada esa idea. En los primeros, porque no lo contemplan. En los segundos, porque creen ciegamente que esa posibilidad existe. ¿O quizá es sólo lo que quieren creer?

Hoy me pregunto dónde estamos nosotros entre estos dos puntos. ¿Examinamos esta cuestión desde una perspectiva también espiritual, los que somos cristianos? La nueva normalidad nos va a obligar a tomar decisiones y como cristiana sé que mi decisión compromete mi fe frente al mundo, determina lo que cuento de Dios a aquellos que, quizá no me escuchan, pero me observan.

No puedo ser, en conciencia, ni una necia, ni una sin ley. No sólo por ser cristiana, sino porque lo dicta el propio sentido común y cívico. No puedo pensar sólo en mí misma o en lo que me apetece, sin mirar a nadie más. Sé que mis actos tienen consecuencias y, siendo así, me debo a mucho más que a mis propios impulsos.

Tampoco puedo vivir la vida como si la que controlara mis circunstancias fuera yo misma, sin tener en cuenta a Dios para nada. Él nunca nos ha colocado en una situación de probabilidad de riesgo cero, precisamente porque es en medio de la incertidumbre donde desarrollamos nuestra dependencia del Dios que gobierna el Universo y el coronavirus. Ahí es donde descubro mi propia identidad como criatura y no como Creador. Yo no controlo ni lo mínimo, es evidente. Él sí y espera que establezca con Él una relación de confianza en la que Él puede hacerse fuerte en mi debilidad.

Por muy atrayente que pueda resultar la idea de confiar en la llegada de una situación realmente propicia, por muy idealizada que podamos tener esa normalidad que hemos perdido y a la que seguimos aspirando aún, sin darnos cuenta del punto en el que estamos, creo que hemos de aprender a vivir agradecidos y con gozo y paz cualquiera que sea nuestro momento, incluido este, incierto y que no sabemos cuánto va a durar.

Esta nueva situación nos obliga a mirar alrededor y mirar arriba: Miramos alrededor para, en función de lo que la realidad nos va contando acerca de la progresión de este problema, ser conscientes de lo que conviene y de lo que no. Sabios y no necios, como reflexionábamos en semanas anteriores.

Miramos arriba para cotejar esa realidad que percibimos con Quien la permita y nos permite observarla, para renovar nuestra confianza en que no debemos descansar en lo que creemos controlar, sino en el Dios que controla las circunstancias y para recordarnos que es en tenerle en cuenta que está la esencia de la sabiduría que tanto necesitamos en estos momentos.
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3ª REUNIÓN VIRTUAL DE ORACIÓN Y REFLEXIÓN



Culto de adoración, avance y consolidación, 28 de junio de 2020


CULTO DE AVANCE Y CONSOLIDACIÓN 


PROVIDENCIA DIVINA Y PROYECCIÓN HISTÓRICA
EN EL MUNDO
Apocalipsis 12.1-10a, Traducción en Lenguaje Actual

Gustave Doré (Illustrations of Bible – Acts, Revelation ...


1 Luego se vio en el cielo algo muy grande y misterioso: apareció una mujer envuelta en el sol. Tenía la luna debajo de sus pies, y llevaba en la cabeza una corona con doce estrellas. 2 La mujer estaba embarazada y daba gritos de dolor, pues estaba a punto de tener a su hijo.
3 De pronto se vio en el cielo algo también misterioso: apareció un gran dragón rojo, que tenía siete cabezas, diez cuernos y una corona en cada cabeza.
4 Ese dragón arrastró con la cola a la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó a la tierra; luego se detuvo frente a la mujer, para comerse a su hijo tan pronto como naciera.
5 La mujer tuvo un hijo que gobernaría con gran poder a todos los países de este mundo. Pero le quitaron a su hijo y lo llevaron ante Dios y ante su trono. 6 La mujer huyó al desierto, donde Dios había preparado un lugar para que la cuidaran durante tres años y medio.
7 Después hubo una batalla en el cielo. Uno de los jefes de los ángeles, llamado Miguel, acompañado de su ejército, peleó contra el dragón. El dragón y sus ángeles lucharon, 8 pero no pudieron vencer, y ya no se les permitió quedarse más tiempo en el cielo.
9 Arrojaron del cielo al gran dragón, que es la serpiente antigua, es decir, el diablo, llamado Satanás, que se dedica a engañar a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron lanzados a la tierra.
10 Entonces oí una fuerte voz que decía:
Nuestro Dios
ha salvado a su pueblo;
ha mostrado su poder,
y es el único rey.
Su Mesías gobierna
sobre todo el mundo.
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Año XXVI, núm. 25, domingo 28 de junio de 2020






Culto de Adoración, Avance y Consolidación

Introito                                    
Blanca Elena Castro M.
¡Alabemos y honremos siempre al Rey eterno, al Dios único e invisible, que vive por siempre! Amén.
I Timoteo 1.17

Preludio

Adoración y alabanza sinceras
Sólo hay un Dios,
y sólo hay uno que puede
ponernos en paz con Dios:
Jesucristo, el hombre.
Jesús dio su propia vida
para salvar a todo el mundo.
En el momento oportuno,
Dios nos demostró
que quiere salvar a todos. Amén.

Oración de ofrecimiento
Himno: “Vine a alabar a Dios”

El Señor se reconcilia con nosotros
Alejandro Ávila Torres
Compungidos/as por nuestros errores y fallas para dar buen testimonio de tu nombre, nos inclinamos ante tu trono soberano y rogamos encarecidamente que tu gracia nos renueve y restaure para mantener una sana relación contigo, oh, Señor.
Momento de oración en silencio. / Oración audible.
Unidos/as: Tú perdonas nuestra maldad
y olvidas nuestro pecado.
Tan grande es tu amor por nosotros
que tu enojo no dura para siempre.
¡Vuelve a compadecerte de nosotros,
y arroja todos nuestros pecados
a lo más profundo del mar!                       
Miqueas 7.18b-19
Himno: “Renuévame” (466)

El Pueblo de Dios se une
Himno “Unidos” (405)

Interceder siempre            
D.I. Mario González Pérez
Si oran con confianza, Dios les responderá y sanará al enfermo, y si ha pecado también lo perdonará.
Por eso, confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que Dios los sane. La oración de una persona buena es muy poderosa, porque Dios la escucha.                                                                       
Santiago 5.15-16
Plegaria de intercesión

El mensaje divino para hoy
     Hno. Alejandro Vivas Almeida
Lectura del Antiguo Testamento: Salmo 142
A.I. Sandra Salgado Adame
Lectura del Nuevo Testamento: Apocalipsis 12.1-10a

Reflexión bíblica
 PROVIDENCIA DIVINA Y PROYECCIÓN HISTÓRICA EN EL MUNDO

Dios está al pendiente de su comunidad
Himno “Eres mi proyector” (322)

Respondemos a sus bendiciones
    Hno. Jacobo Núñez Cabrera
Tú, mi Dios y Señor,
me das tu ayuda y tu apoyo; […]
Yo, con mucho gusto,
te presentaré una ofrenda
y alabaré tu bondad.                                                     
Salmo 54.4, 6
Oración por las ofrendas
Himno “Los panes y los peces” (438)

Información a la iglesia          
A.I. Lauro B. Adame Brito

El Señor bendice y fortalece
Bendición comunitaria
En cierta ocasión, Jabés le rogó a Dios: “Bendíceme y dame un territorio muy grande; ayúdame y líbrame de todo mal y sufrimiento”. Dios le concedió su petición, y Jabés llegó a ser más importante que sus hermanos.                                             
I Crónicas 4.10
Bendición congregacional
Postludio



ACOMPAÑAMIENTO BÍBLICO
La mujer y el dragón

·     La humanidad nueva ha nacido en aquel gran parto doloroso de la cruz, en donde el Hijo de Dios, llevando en sí a toda la humanidad pecadora, realizó de una vez para siempre el gran paso de la muerte a la vida, el parto de la cruz que abre el camino hacia la ascensión y el triunfo de Cristo. Dios, por medio de su Hijo, lo hace todo..., con la condición de que la humanidad, representada por el pueblo de Dios, lo haga todo.
·     La mujer simboliza al pueblo de Dios, a la iglesia, que da nacimiento al mesías en el drama del calvario. Satanás, derrotado, se arroja contra los demás hijos de la mujer, contra todos los cristianos, y les hará la guerra durante todo el tiempo de la historia.
·     Dios no salva a la iglesia, a la mujer, apartándola del mundo, sino protegiéndola, alimentándola en el mundo a través de toda su historia terrena. Haber sido salvada por Jesucristo no separa a la iglesia ni a ninguno de nosotros, sus hijos, de la condición humana, sino que nos arroja, en el seno del mundo, a la lucha contra el mal, protegidos por Cristo, vencedor del mal. [...]
·     Es un combate cósmico en el que participan las fuerzas de la naturaleza (¿no está acaso ligada la creación a la suerte del hombre?: cf. Rom 8.19-21). Dios es el vencedor. Satanás podrá todavía durante algún tiempo —el tiempo de la historia— intentar dañar a la descendencia de la mujer, a los hermanos de Jesús. Pero ellos saben que el diablo está Gen 3.14-16 ya vencido. Por consiguiente, se pueden presenciar con la seguridad tranquila de la fe los aspectos humanos de este combate gigantesco. Porque Dios y Satanás no se enfrentan directamente; este último utiliza a las potencias humanas en contra de los cristianos sostenidos por Dios.
Etienne Charpentier


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Que nuestro clamor delante de Dios no desmaye para solicitar que su amor y misericordia se sigan manifestando en medio del dolor y la tragedia. Que nuestras voces se sigan elevando al espacio celestial a la espera de que el Creador y Sustentador se manifieste grandemente para restaurar la vida, la salud y la estabilidad. Que podamos ser vehículos adecuados de la ternura y el cuidado divinos para la humanidad necesitada.

Culto de Comunión y Apertura
5 de julio de 2020
“Sufrimiento y esperanza: el Job colectivo de estos tiempos”
Base bíblica: Job 1.13-22

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...