sábado, 28 de noviembre de 2020

Letra núm. 698, 29 de noviembre de 2020

 EL GOEL

Eduardo Arens Kuckelkorn


E

n el capítulo 19, Job se queja de que todos se avergüenzan de él. Recordemos que la vergüenza es la antítesis del honor. Sus amigos lo han “insultado hasta diez veces (es decir, muchísimas veces), sin pudor me han ultrajado” (v. 3). Sus hermanos y amigos, sus vecinos y parientes, sus siervas y su esclavo, su esposa y sus íntimos, todos le dan la espalda (19.13-19). Nadie de su entorno reconoce su justicia y rectitud. Por eso Job quiere que su reclamo de inocencia conste, y exclama: “¡Ojalá se escribiesen mis palabras, se grabasen en bronce [...] impresas para siempre en la roca!” (v. 23s). Ojalá fueran visibles para todos. El deseo, que suena a convicción, consiste en que “vive mi goel”, el que “se alzará el último sobre el polvo” (v. 25). El goel, sobre el cual volveremos, es el reivindicador del honor perdido o mancillado. […]

En 13.15ss Job expresa su confianza de reivindicarse ante quien es responsable de su situación, Dios, y en 16.19-22 afirma que “en el Cielo tengo mi testigo, no se insiste en las cantidades enormes de riquezas y siervos e hijos. Job no se queja de haber sido desposeído de bienes materiales: “¿He dicho acaso: ‘Denme algo, pongan a mi servicio sus bienes, líbrenme de manos del opresor?’” (6.22s). Pero sí lamenta ya no poder mandar y tener prestigio y poder (29.20) mi defensor habita en lo alto...”. Es en 19.25-27 cuando escuchamos la expresión más osada en boca de Job de su seguridad de que Dios lo reivindicará:[1] “Yo sé que existe mi reivindicador (goeli), que se alzará al último […]. Sí, seré yo quien lo veré; mis ojos lo verán”. La invocación de un goel es una clara referencia al honor mancillado: espera que se le reivindique su honor. Job confía que en el futuro su honor será restaurado. Por eso quiere que su inocencia y honor queden atestiguadas a perpetuidad escrita sobre roca (19.23). Obviamente está pensando en tiempos post mortem. Recordemos que las personas tenían su valía en relación con la sociedad, del reconocimiento público.

Goel era el vengador que rehabilita el honor mancillado —reivindicación que no descartaba el homicidio del agresor para limpiar la honra de la persona y del clan—, en este caso, por el Dios que “me ha despojado de mi honra (qebodi), [que] ha dejado mi frente sin corona” (19.9). Ese es el que luego se le aparecerá y el mismo que en 42.7 dirá que Job “ha hablado bien de mí” y lo reivindica. Se contraponen dos imágenes de Dios: la de los amigos, cuyo dios es el de la retribución infalible, y el de Job, que es el reivindicador de los justos, el goel. Era doctrina común que, si un goel humano fallaba, es decir, si un familiar no asumía su papel de vengador del honor, Dios mismo tomaría su lugar.

Al final, además de sus bienes, Dios reivindica a Job, es decir, le restituye la fuente de su honor: sus familiares y conocidos “comieron en su casa [...]; cada uno le regaló una moneda de plata y un anillo de oro” (42.11). Compartir la mesa con alguien era afirmar lazos de comunión, que asumen un tejido de obligaciones y derechos entre los comensales, nos recuerdan las cenas en 1.4ss. y el lamento en 19.13ss. Regalos son expresiones de pleitesía o reconocimiento de dignidad, simbolizado por el anillo de oro (recordemos el hijo pródigo, resarcido por su padre).

 

La víctima y los victimarios

Del lado de la víctima, Job destaca la firmeza y transparencia del justo, que defiende su dignidad humana y se aferra a su honor que injustamente ha sido pisoteado. El examen de conciencia de Job (cap. 31) es un último esfuerzo de hacer patente su honorabilidad. A pesar de las insinuaciones de que sufre por castigo de Dios, Job no pierde la esperanza en la justicia divina.

Contra el postulado de la retribución, apela a su experiencia y al hecho de que en el mundo se ve a muchos malvados vivir bien hasta el final; por tanto, contrario a la opinión tradicional, Dios no está sujeto a una suerte de ley invariable de retribución, como Elihú reconocerá (32.27; 34.33; 35.15; passim).

Job apela a la experiencia y exige repensar las tradiciones y teorías apriorísticas. Por eso retruca a los amigos: “Todo lo blanquean con mentiras; son médicos de apariencia […]. ¿Van a usar la mentira para defender a Dios? ¿Usarán el fraude en su favor?” (13.4, 7; cf. 40.8). En boca de Job el poeta critica todo intento de defender a Dios mancillando la dignidad e ignorando los sufrimientos humanos (13.7; 16.4), es decir, de imponer preconceptos ignorando las realidades concretas.

Del lado de los victimarios, el libro pone de relieve lo que estos son capaces de hacer en nombre de Dios: pisotear sin más el honor de otro, en nombre de su pretendida defensa del honor de Dios, sin la mínima compasión: no ven al hombre, sino tan sólo sus ideas. Como observó Ulrich Berges, “los amigos de Job son un ejemplo aleccionador contra la dogmatización de la realidad en nombre de Dios”. Perspicaz es la observación de Samuel Terrien: “En el fondo su creencia no es la fe [...]. No defienden a Dios sino su necesidad de seguridad”. ¡Son fundamentalistas! Lo que Job reclama a su entorno es compasión, no lecciones o discursos teológicos. Reclama que empiecen por verlo como persona, en su condición de sufriente.

Bruno Maggioni resumió bien el papel de los amigos:

No van al corazón del problema, al corazón del dolor de Job. ¿Simple incomprensión? No: ellos quieren quedarse tranquilos, tranquilos en su fe, en su tipo de Dios y de justicia, y el único modo de quedarse tranquilos es diciendo que Job está equivocado. Quieren salvar sus concepciones tradicionales, el horizonte mental en que se han acostumbrado a vivir [...]. Para ellos el sufrimiento de Job se reduce al caso general. Poseen demasiado la verdad como para correr el riesgo de buscarla aún.

En el fondo no defienden a Dios sino sus ideas sobre él, y por último, su propia seguridad. Por eso no permiten ser cuestionados, asumiendo una actitud inflexible y sorda, seguros de “su verdad” (conceptual, no existencial). El sistema religioso ha raptado la verdad y matado la sensibilidad. Como los fundamentalistas, defienden su idea de Dios al extremo de denigrar la dignidad humana. No ven a una persona, sino a un pecador. Tan fanatizados, son incapaces de meterse en el pellejo de su amigo, un hombre sufriente, desgarrado psíquica y moralmente.

Los amigos hacen lo que “piadosos” no han cesado de hacer: al que protesta acusarle de ser un rebelde impío, al pobre de ser responsable de su pobreza, y al marginado de ser él el culpable porque es un “pecador”; si sufre alguna desgracia es porque ha atraído sobre sí la ira de Dios debido a sus maldades o su impiedad... La culpa es suya. Recomiendan la conversión y confianza en Dios, el dios de la prosperidad y la bonanza, para así obtener “sus bendiciones”.

Vemos que la actitud condenatoria de los amigos, incluido Elihú, es para defender el supuesto honor de Dios: por defender el honor de Dios no vacilan en deshonrar al hombre... Para defender al Creador se destruye a la criatura. Es la postura de los “justos”, los que se tienen por guardianes del honor de Dios, de su dios […] —¡sin que Dios haya pedido (ni necesite) que “lo defiendan”!



[1] Dios como goel: Ex 6.6; 15.13; Is 43.1; 44.6, 24; 48.20; 52.9; Jr 50.34; Sal 103.4. El goel es Dios mismo, quien tiene la palabra final, como además se leerá al final del libro: Dios le da la razón a Job, no a los amigos (ver 42.7-8). Hay que tener presente que a menos de que entraran en el mundo de la mitología pagana, el poeta no podía pensar en un ser más supremo que Dios mismo; por tanto, el famoso goel que espera Job, el que lo reivindique ante Dios, que establezca justicia ante Dios, el vengador o reivindicador, no puede ser inferior a Dios, y no hay ser superior a Dios... como para imponerse ante Dios. Es decir, no queda más que pensar que sea Dios mismo, cosa que se afirma en el v. 26. Pero, encierra una ironía, como se encuentra a menudo en el libro de Job: el personaje de la obra actúa y habla como si pensara en un goel otro que Dios; el lector sabe que no puede haberlo, a menos que sea Dios mismo. Es ese el que se le aparecerá y el mismo que en 42.7 dirá que Job “ha hablado bien de mí” y lo reivindica.

Culto de adoración, desafío y proyección, Primer Domingo de Adviento, 29 de noviembre de 2020

CULTO DE DESAFÍO Y PROYECCIÓN

1er Domingo de Adviento


21 Amigos míos,
¡tengan lástima de mí!
22 Dios se ha vuelto mi enemigo,
no hagan ustedes lo mismo.
23 ¡Cómo quisiera que mis palabras
quedaran grabadas para siempre
24 en una placa de hierro!
25 Yo sé que mi Dios vive,
sé que triunfará sobre la muerte,
y me declarará inocente.
26 Y aunque mi piel esté deshecha,
veré a Dios en mi carne. [RVR1960]
27 Estoy seguro de que lo veré,
¡con ansias espero el momento!
28 Ustedes sólo piensan en perseguirme,
pues creen que soy culpable;
29 pero tengan mucho cuidado.
Dios es el juez de todos nosotros;
cuando él los juzgue,
los castigará con la muerte.


 

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Año XXVI, núm. 47, domingo 29 de noviembre de 2020


 

Culto de Adoración, Desafío y Proyección


 

Preside: Hna. Lidia Martínez Murillo

 

Introito

Adviento es un tiempo de espera activa que implica: compromiso con la humanidad y la naturaleza, lucha por la justicia, trabajo constante para construir el reino de Dios, alegría, fiesta y celebración. Sobre todo, es un momento de ternura, cariño y amor, porque a través de nuestra solidaridad con otros seres humanos y sus necesidades rememoramos la solidaridad que Dios ha tenido con la humanidad a través de su hijo Jesús.

Preludio: Hno. Jacobo Núñez Cabrera

 

La esperanza que viene de lo Alto

¡Dios nuestro,
cómo quisiéramos
que abrieras el cielo y bajaras,
haciendo temblar las montañas
con tu presencia!
Así tus enemigos te reconocerían
como el único Dios.                                            
Isaías 64.1-2

Con esperanza iniciamos este peregrinaje de Adviento llenos de agradecimiento a Dios por guardar nuestras vidas y suplicando que haga brillar su salvación sobre quienes han sufrido los embates de la situación que vivimos.

Oración de ofrecimiento

Himno: “Jesús es mi Rey soberano” (303)

 

Afirmar la misericordia divina

Arrepentidos/as por nuestras acciones negativas y nuestra falta de obediencia a tu palabra, venimos contritos y humillados a solicitar tu perdón.

Momento de oración personal. / Oración audible.

Unidos/as: El pecado se perdona cuando se ama de verdad; uno se aleja del mal cuando obedece a Dios.

Proverbios 16.6

Himno “Dios, grande es tu amor” (56)

 

La fortaleza de la unión comunitaria

Saludo de la familia Adame Hernández

Himno: “La gloria de Cristo el Señor cantaré” (395)

 Solidarios/as en la plegaria común

No se olviden de orar. Y siempre que oren a Dios, dejen que los dirija el Espíritu Santo. Manténganse en estado de alerta, y no se den por vencidos. En sus oraciones, pidan siempre por todos los que forman parte del pueblo de Dios.                                                                          

Efesios 6.18

Oración de intercesión: A.I. Rubén Núñez C.

 

El mensaje divino nos interpela

Lectura del Antiguo Testamento: Job 19.21-29

Lectura del Nuevo Testamento: Lucas 1.67-79

Primera Vela de Adviento

Fam. Amaya Martínez

D: Nuestra celebración de Adviento acoge el consuelo de nuestro Dios. En medio de los tiempos adversos, su gloria se manifiesta en la faz de Jesucristo que vino y viene como consuelo y esperanza.

C: Aquella utopía anhelada viene a nuestro encuentro devolviéndonos la capacidad de soñar y de luchar. Adviento, entonces, nos invita a ser partícipes y protagonistas del consuelo, medicina para todos y todas.

D: Encendemos la primera vela de Adviento, luz de vida y de esperanza para todos y todas. Esa luz que en las tinieblas resplandece y que no sucumbe ante la oscuridad. Luz que guía en el eterno camino a la vida abundante. Amén.

 

Reflexión bíblica

“Y AUNQUE MI PIEL ESTÉ DESHECHA, VERÉ A DIOS EN MI CARNE”

Dr. Luis Vázquez Buenfil

 Luz en nuestro camino

Himno “Ven, Jesús muy esperado” (111)

 

La respuesta de fe y compromiso

Que el acto de ofrendar sea siempre una expresión genuina de nuestra fe y una muestra de nuestra inmensa gratitud por los beneficios recibidos de Dios nuestro Señor y Salvador.

Oración por las ofrendas

Himno “Lo nuestro tuyo es” (442)

 

El Señor guía y alienta a su pueblo

Amado Dios, que el anhelo por tus intervenciones gloriosas no desvanezca la realidad de nuestros caminos. Que la gracia de Jesucristo y tu maravillosa presencia nos hagan vehículos del consuelo divino en medio del panorama desolador que muchas personas viven hoy. En Cristo Jesús. Amén.

Bendición congregacional

Himno “Un raudal de bendiciones” (621, 1ª y 2ª estrofas)

Postludio

Intereses de la comunidad


¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE?

Herman Häring

 

·       Job experimenta a Dios como enemigo (30.21). La mirada de Dios le resulta fastidiosa (7.19), su actuar es mortífero (13.15). Ciertamente, Dios lleva a la muerte (30.23). No se le encuentra en ninguna parte para poder recibir su ayuda (23.8s); permanece mudo y sin interés (30.20). Al mismo tiempo, Job desea profundamente esta lejanía suya (7,8s); ante Dios, el ser humano es una nada pasajera (14.1-4). Por esto se mantiene firme en su inocencia (16.17) y se aferra a su proceder (17.9); solamente esto le da todavía fuerzas. Sus intervenciones se convierten directamente en quejas contra Dios (13.3), en duras protestas contra él.

·       Pero ¿a quién puede apelar Job si no es a Dios y su justicia? Así caen por tierra todas las normas; dejan de tener valor alguno las reglas de la interpretación religiosa del mundo. Job solamente puede aún protestar contra el mismo Dios, aun cuando depende de él. Considero que el principal mensaje del libro de Job reside en este derrumbe de todas las ilusiones; a partir de él se plantean de forma novedosa las cuestiones sobre Dios.

·       En la historia de Job sólo Dios tiene el protagonismo. Él ha puesto en escena los acontecimientos; Satán y los bellacos están totalmente a su servicio. Él consigue su objetivo, a saber, poner a prueba a este hombre piadoso. Evidentemente, Job debe comprender que tiene que resignarse, sin oponer resistencia y con sobrio realismo, al curso del mundo, así como también al destino de su propio cuerpo. Por consiguiente, el libro de Job se hace eco sorprendentemente de un problema moderno. Libre de prejuicios, descarta los poderes místicos intermedios. Sólo cuentan Dios y el ser humano; sobre el curso de las fuerzas de la naturaleza no encontramos una reflexión ex profeso.

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 Culto de Comunión y Apertura

2º Domingo de Adviento

6 de diciembre de 2020

LA ENCARNACIÓN: AFIRMACIÓN Y CUMPLIMIENTO

DE LAS PROMESAS DIVINAS

Base bíblica: Juan 1.1-14

Preside: Hno. Mauricio Magallanes G.

“Y aunque mi piel esté deshecha, / veré a Dios en mi carne”, Dr. Luis Vázquez Buenfil

 29 de noviembre de 2020

Job 19.21-29 / Lucas 1.67-79, TLA

21-22 Amigos míos,
¡tengan lástima de mí!
Dios se ha vuelto mi enemigo,
no hagan ustedes lo mismo.

23-24 ¡Cómo quisiera que mis palabras
quedaran grabadas para siempre
en una placa de hierro!
25 Yo sé que mi Dios vive,
sé que triunfará sobre la muerte,
y me declarará inocente.
26 Cuando mi cuerpo haya sido destruido,
veré a Dios con mis propios ojos.
27 Estoy seguro de que lo veré,
¡con ansias espero el momento!

28 Ustedes sólo piensan en perseguirme,
pues creen que soy culpable;
29 pero tengan mucho cuidado.
Dios es el juez de todos nosotros;
cuando él los juzgue,
los castigará con la muerte».

*

67 Zacarías, lleno del Espíritu Santo, dio este mensaje:

68 ¡Alabemos al Dios de Israel,
porque ha venido a salvarnos!

69 Nos ha dado un Salvador muy poderoso,
descendiente del rey David, su servidor.

70 Esto lo había prometido
hace mucho tiempo,
por medio de sus
santos profetas:
71 que él iba a salvarnos
de nuestros enemigos
y de todos aquellos
que nos odian.

72 Él dijo que sería bondadoso con su pueblo,
y que cumpliría su santa promesa.

73 Él prometió a nuestro
antepasado Abraham,
74 que iba a salvarnos
de nuestros enemigos.

Así podríamos servirle
sin ningún temor,
75 y vivir sólo para él,
practicando la justicia
todos los días de nuestra vida.

76 Y tú, hijo mío, serás llamado:
“Profeta del Dios altísimo”.

Tú irás delante del Mesías,
preparando a la gente para su llegada.

77 Le dirás a su pueblo
que ya tiene salvación,
pues Dios perdona sus pecados.

78 Dios nos ama tanto,
que desde el cielo
nos envió un Salvador,
como si fuera el sol
de un nuevo día.

79 Él salvará a los que viven
en peligro de muerte.

Será como una luz
que alumbra en la oscuridad,
y guiará nuestros pasos
por el camino de la paz.

martes, 24 de noviembre de 2020

Letra núm. 697, 22 de noviembre de 2020

 LIBRO DE JOB. RECÓNDITA ARMONÍA. PRESENTACIÓN

Víctor Morla


E

l libro de Job es un canto a la dignidad del ser humano, que trata de superar el mero “estar” para llegar a “saber(se)” a cualquier precio, incluso contraviniendo convencionalismos sociales e ideologías religiosas. Solo quien se atreve a formular inusuales e incómodos porqués estará en el camino adecuado para encontrar respuestas. Y eso es lo que hicieron los poetas responsables de esta insuperable obra literaria que tenemos entre manos. […]

Puede que una persona o una determinada circunstancia “saquen” a alguien de su anodina subsistencia y le obliguen a hacerse preguntas, que lo conducirán a un mejor conocimiento de sí mismo y, al propio tiempo, a un estilo de vida digno de llamarse existencia. Eso es lo que le pasó a Job.

Nuestro hombre era honrado, cabal y religioso, a más de propietario de una inmensa cabaña ganadera. Tenía muchos hijos e hijas, lo que aseguraba la continuidad de su apellido. Nada le faltaba. Por otra parte, gozaba del amparo de su dios, que le había “rodeado de protección por todas partes” (1.10). ¿Pero realmente “existía”? ¿Le dejaba ver el exterior de su mundo la cerca protectora de Yahvé? De un dramático manotazo de su dios, la empalizada defensiva queda destruida y, con ella, sus riquezas materiales y humanas: su familia.

Arrojado a la intemperie y enfermo, Job trata de buscar la razón de tal aparente sinsentido. Al principio se mantiene en la sabiduría recibida y exculpa a su dios. Más tarde, sin embargo, estalla en improperios, maldiciendo su vida y acusando a su dios de injusticia e inmoralidad. Al final, después de numerosas preguntas y, sobre todo, después de las preguntas que le formula Yahvé en su intervención, nuestro hombre se va serenando. No sabemos qué pensaría Job en su interior, pero la impresión que saca el lector es que parece un hombre nuevo. ¿Qué descubrió? También lo ignoramos. Pero podemos pensar que su vida se sitúa en otro nivel: el de la existencia. Job había abandonado su ostracismo, había salido fuera de sí y había contemplado el dolor del mundo. Y el dolor, reflexionado y asumido, es fuente de madurez. […]

También el libro de Job se hace eco de esa permanente tensión, bien que en el plano religioso: ¿existe una creación, es decir, un diseño moral de la realidad? De ser así, ¿qué sentido tiene entonces la dispersión que siente el ser humano en sí mismo, su inclinación hacia el bien y hacia el mal, o la ruptura violenta entre las naciones? […]

En los discursos de Yahvé desde el torbellino (caps. 38–42) se aprecia claramente la contraposición entre armonía y caos. La composición de estos capítulos no es fruto de una sola pluma. En realidad, se trata de un poemario (véase comentario), pero con sus elementos didácticamente ensamblados por el redactor final de la obra. El primer discurso (caps. 38–39) se centra en el orden, en la armonía: cosmos y naturaleza animal palpitan al unísono siguiendo las pautas que imprimió en ellos el Creador. El segundo discurso divino (40,6–41,26) nos presenta la otra cara de la realidad: la existencia del caos y del mal, representados por la figura de Behemot-Leviatán, también creatura de Yahvé. El redactor nos ofrece así un llamativo cuadro impresionista, de trazos fugaces pero precisos, donde conviven caos y armonía en un todo indisoluble, pero de equilibrio inestable.

Se infiere de aquí que un comentario al libro de Job podría llevar como subtítulo “Caos y armonía”, donde la cópula reflejaría una tensión no resuelta, que va más allá del momento de la percepción de lo Uno y se prolonga necesariamente en la propia existencia y en la historia. Un hipotético subtítulo “Del caos a la armonía” implicaría no entender el libro de Job. El héroe, tras verse expulsado del (falso) orden que se había fabricado, se percibe a sí mismo y a la comunidad humana inmersos en la disarmonía y concibe el “cosmos” como una entidad amoral, y su funcionamiento como una traición a la dignidad humana. Sin embargo, a través del sufrimiento y de la «visión» parece que Job llega a encontrar sentido a la coexistencia (¿necesaria?) de orden y caos, que tendrá que aceptar también en su propia existencia.

Y esto parece ser la vida: la búsqueda de un equilibrio inestable asumido con libertad, la presencia de una tensión no resuelta que servirá de tema predilecto a todos los cantores de la historia.

Quien, tras haberlo leído, cierre el libro de Job y piense para sus adentros admirado: «¡Qué hermoso libro! ¡Qué renovador y lacerante mensaje!», solo a medias lo habrá entendido. Un lector que quiera dar con la clave del libro de Job y revisar a su luz su propia existencia deberá asumir el riesgo de morar para siempre entre sus versos, de habitar de forma permanente entre las palabras que lo tejen. […]

Y el libro de Job no es ajeno a este esquema. Nuestro héroe vivía feliz en su entorno, colmado de envidiables (aunque convencionales) virtudes y cultivando cómodamente una fe que le proporcionaba sustanciosos dividendos: “No hay nadie como él en la tierra” (1.8), le espetará orgulloso Yahvé al Satán. Job era un reconocible e imitable miembro del grex religioso. Bien es verdad que no escogió voluntariamente la intemperie y el ostracismo social, pero esta nueva situación le dio alas para emprender un viaje sin retorno, adoptando una actitud egregia desde la que cuestionó la doctrina recepta del pensamiento judío.

A su lado empalidecen las figuras de tres teólogos gregarios: Elifaz, Bildad y Sofar, que, con sus aporías doctrinales y su mal disimulada saña, intentaron en vano reconducir a Job al grex. Lamentablemente la actitud radical de Job ha sido culpablemente desatendida, si no secuestrada, por las iglesias a lo largo de la historia, hasta llegar a nuestros días. Desafortunadamente, siguen abundando teólogos gregarios, pensadores orgánicos adictos al órganon del poder religioso, que tratan de adormecer o, en el peor de los casos, amenazar con soflamas a quienes se toman la libertad de pensar al margen de convencionalismos doctrinarios que irremediable e intrínsecamente desembocan en insufribles aporías.

¿Cabe Dios en una metáfora? Al que haya leído el libro de Job fijándose solo en los trazos gruesos le recomendaría una o varias relecturas, hasta que descubriese un imperceptible hilo rojo que atraviesa intermitentemente la urdimbre del libro: el lenguaje religioso; más en concreto, sus posibilidades y límites. Porque el libro de Job sorprende al lector con una doble teo-logía o un doble modelo divino: un dios mudo y retributivo, maniatado por su insobornable pacto con la justicia (los tres amigos), y un dios atento que formula preguntas al ser humano (representado por Job) para que acabe descubriendo su propia verdad y la verdad de su hábitat mundano.

Y todo ello conduciendo al lector por un embravecido mar de metáforas, por una intrincada jungla de imágenes, que son aproximaciones educativas a la singularidad del ser divino, a quien solo descubriendo es capaz el ser humano de una satisfactoria autocomprensión religiosa. Pero en la Biblia no existe poema o relato que intente una definición teórica de la esencia divina, sencillamente porque no es posible. Ni siquiera desde una disposición apofática.

¿Hay alguien que pretenda saber y se sienta capaz de explicar lo que Dios no es? Valga de nuevo la paradoja de que solo desde el irracionalismo del símbolo (Dámaso Alonso dixit) seremos capaces de vislumbrar los tenues perfiles del ser de lo que no es. ¡Mejor que escuchemos a los grandes poetas del Antiguo Testamento! ¿Cabe hablar de Dios desde fuera de la metáfora?

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...