jueves, 10 de enero de 2008

Letra 58, 13 de enero de 2007

LAS FIESTAS DE DICIEMBRE EN RUSIA. DIFERENTES FECHAS, DISTINTAS TRADICIONES
Alexander Serikov
Siempre!, 23 de diciembre de 2007

Cada país tiene costumbres y tradiciones autóctonas y Rusia también. Es por ello que la fiesta de diciembre más importante no es la Navidad sino el festejo del Año Nuevo. La Navidad como tal se celebra en enero del año siguiente debido a que hay diferencia entre el calendario civil actual gregoriano aceptado por la Iglesia Católica y el antiguo calendario juliano que la Iglesia Ortodoxa Rusa considera como su propio calendario eclesiástico. Los años vividos por Rusia después de la revolución bolchevique de 1917 hicieron que la Iglesia Ortodoxa Rusa perseguida en aquel entonces como la promotora de la religión caracterizada por Vladimir Lenin como “opio para el pueblo”, se limitara a celebrar la Navidad solamente en los templos, mientras que el pueblo en su mayoría festejó la llegada del Año Nuevo.
Fue costumbre de los zares rusos de colocar en la plaza céntrica del Kremlin un enorme árbol que en Rusia no se llama árbol de Navidad sino árbol del Año Nuevo. Es un abeto traído de los bosques del norte del país, un árbol de ramos frondosos de unos treinta metros de alto. El gobierno de Lenin abolió esta costumbre y sólo después del 1991 cuando cayó el régimen comunista en Rusia, fue rescatada esta tradición. Cabe señalar que los rusos no se apresuran a colocar en sus viviendas o en los lugares públicos los arbolitos del Año Nuevo como lo hacen los habitantes de muchos países latinoamericanos, sino los ponen y adornan a partir aproximadamente del día 25 de diciembre y nunca los tiran a la calle una vez celebrada la llegada del Año Nuevo, sino mantienen en sus hogares casi todo el mes de enero. Además no hay costumbre de colocar los Nacimientos ni festejar los Reyes Magos.
Esta vez un abeto de más de 30 metros de alto ya había sido localizado en un bosque al norte de Rusia y será trasladado a Moscú y colocado en el Kremlin. Allá, en el Palacio de los Congresos se ofrecerán fiestas para los niños que serán amenizadas con música, canciones y bailes, con la presencia de acróbatas y artistas circenses, y los anfitriones de estas fiestas serán el Abuelo Frío –así se llama en Rusia Santa Claus- y su nieta Snegúrochka que es análoga a Blancanieves. Muchos niños sueñan con asistir a estas fiestas en el Kremlin, pero solamente los mejores alumnos de las escuelas de todo el país reciben sus invitaciones y llegan a Moscú de todos los rincones de Rusia.
Entonces, un enorme abeto será instalado en el Kremlin. Imaginémonos que las autoridades rusas se encarguen de adornarlo. ¿De qué manera y con qué lo van a hacer? La imaginación nos sugiere contemplar las esferas rojas como promesas de convertir la vida de los ciudadanos rusos en una continua cadena de felicidad y progreso. Las guirnaldas doradas son aumentos insignificantes de las pensiones para los jubilados y simples funcionarios públicos y fuertes aumentos para los altos dirigentes y parlamentarios. Las luces multicolores son signo de que se construyan buenas carreteras en las regiones más alejadas de Moscú, pero dentro de las frondosas ramas del abeto se esconden viejas figuritas de ovejitas, vacas y pollitos hechas de cartón y algodón que simbolizan los mismos problemas de siempre: falta de viviendas, de buena atención médica y educación gratuitas, y a su lado, lobos grises que son clínicas y colegios privados accesibles sólo para la gente adinerada.
Pero la sorpresa más grande que se esconde en la estrella de oro que corona el árbol del Año Nuevo instalado en el centro del Kremlin, es la aprobación de Dmitry Medvédev como el probable sucesor de Putin en el trono más alto del poder del Kremlin, personalidad esta que seguramente continuará el camino trazado por Putin. Si el pueblo ruso lo escoge como su máximo dirigente para los próximos cuatro años, desde luego.
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ANCIANOS Y DIÁCONOS EN LA TRADICIÓN REFORMADA: MINISTERIOS DE AUTORIDAD Y SERVICIO (y VII)

Ante el actual estado de cosas y como parte de su ministerio en el sentido más espiritual, los diáconos tienen la enorme responsabilidad de orientar, conducir y reflexionar junto con las comunidades acerca de la importancia del dinero y los bienes materiales. En ese aspecto, deben discutirse algunas de las conclusiones de Max Weber y otros autores acerca de la forma en que los creyentes reformados se ubican en cuanto a su papel como mayordomos en términos de la vocación o llamado para administrar los frutos de su trabajo y sus riquezas. La escandalosa diferenciación entre iglesias pobres y ricas poco abona en el camino hacia un compromiso efectivo con la atención a los grupos más necesitados de la sociedad, empezando por los miembros más débiles de las congregaciones. Parecería que el manejo de recursos económicos se le indigesta a algunas iglesias debido a la escasa información con que cuentan sobre el desarrollo del diaconado en la historia de as iglesias reformadas.
Muchos estudiosos, entre los que destacan André Biéler (Calvin’s economic and social thought. (El pensamiento económico y social de Calvino), Ed. de Edouard Dommen. Ginebra, Consejo Mundial de Iglesias-Alianza Reformada Mundial, 2005), W. Fred Graham (The constructive revolutionary. Calvin and his socio-economic impact. (El revolucionario constructivo. Calvino y su impacto socio-económico), Richmond, John Knox Press, 1971), Jürgen Moltmann (Diaconía en el horizonte del Reino de Dios. Hacia el diaconado de todos los creyentes. Santander, Sal Terrae, 1987) y Philip Benedict (Christ’s churches purely reformed. A social history of Calvinism. (Iglesias de Cristo verdaderamente reformadas. Una historia social del calvinismo), New Haven-Londres, Universidad de Yale, 2002), resaltan la importancia de una sana y amplia comprensión de la diaconía en la vida de la Iglesia que vaya más allá de la estrecha visión eclesiástica y posibilite la movilización de los creyentes en proyectos y procesos de dignificación humana, pues con ello se estará cumpliendo el ideal de servicio propio de comunidades deseosas de participar y promover los beneficios del Reino de Dios.
(LC-O)
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LOS GOBIERNOS RECIENTES SÓLO HAN HUNDIDO AL CAMPO, AFIRMA LA IGLESIA CATÓLICA
Mariana Norandi, La Jornada, 7 de enero de 2008

Ofrece a los agricultores del país espacio en los templos para que comercialicen productos sin intermediarios

La Iglesia católica aseguró que los tres últimos gobiernos, así como el actual, no sólo no han hecho nada por el campo mexicano, sino que cada vez más lo han hundido en la pobreza y en la marginación. En el editorial del semanario informativo de la Arquidiócesis de México, Desde la Fe, se arremete contra la entrada en vigor del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y se señala que México no está preparado para ponerse en igualdad de condiciones con sus dos socios.
Sin embargo, indica, ahora, más que lamentarse por dicho acuerdo económico o tratar de cancelarlo o renegociarlo, se debe buscar un nuevo nivel de pacto, basado en acciones “más efectivas y reales”, porque ha llegado el momento de una ampliación y abordar lo que realmente interesa a nuestro país y a su vecino del norte: la regulación de la emigración mexicana hacia Estados Unidos y el desarrollo tecnológico de nuestro campo.
“Se requiere de una política más audaz y más nacionalista, en el auténtico sentido, de parte del gobierno mexicano. No podemos permitir más el maltrato de los millones de mexicanos que hacen posible la riqueza agropecuaria de nuestros vecinos, y no podemos seguir siendo un país de profundos contrastes entre el desarrollo urbano y la miseria rural” precisa el texto de Desde la Fe.
Describe muchos de los problemas del campo mexicano, como la falta de preparación y de tecnificación, la ausencia de subsidios, la emigración de la mano de obra, el abandono de las tierras, el sistema de ejidos inoperantes o los líderes campesinos corruptos, y subraya que, pese a todos estos problemas, desde hace cuatro sexenios ningún gobierno ha hecho nada por sacar el agro adelante.
“¿Qué han hecho los últimos tres gobiernos y el actual desde que comenzó el Tratado de Libre Comercio para evitar la falta de equilibro de una nación y otra, la falta de igualdad entre unos campesinos y otros? A juzgar por lo que está sucediendo, prácticamente no se ha hecho nada: mientras un campesino estadunidense es subsidiado con cerca de 20 mil dólares anuales, el mexicano recibe, en el mejor de los casos, alrededor de 700 dólares, tal vez muy disminuidos por las manos de los políticos y líderes corruptos que deben entregarlos”.
Apoya el lema de los opositores al TLCAN: “Sin maíz no hay país”, y pone de ejemplo el modelo económico desarrollado por la Unión Europea, que según la Iglesia no se basa únicamente en un intercambio de mercancías, sino en una preocupación por el desarrollo de todos los países involucrados. “Si los tratados de libre comercio no se orientan hacia una mayor justicia interna y externa, no tienen ningún sentido”, afirma.
Por otro lado, tras la misa de ayer en la Catedral Metropolitana ofrecida por el obispo auxiliar Francisco Clavel Gil, el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar Romero, dijo que la Iglesia católica está dispuesta a prestar sus atrios para que los campesinos comercialicen en ellos sus productos sin intermediarios. “El gobierno, la Iglesia y la sociedad civil pueden adoptar medidas para ayudar a nuestros hermanos campesinos. Cáritas puede coordinar los programas de venta de productos en las iglesias para que los campesinos se vean beneficiados, y no el intermediario”, puntualizó.Agregó que la entrada en vigor de dicho capítulo no sólo es un problema económico al incrementar la pobreza en el campo mexicano, sino que es también un problema “moral”, ya que conlleva la desintegración de las familias por el aumento de migración de nuestros connacionales, principalmente a Estados Unidos. Asimismo criticó el alza escalonada de los precios de la canasta básica, y aseguró que esta medida va en detrimento de la economía familiar y que el gobierno debe vigilar que los comerciantes no cometan abusos y aumenten desorbitadamente los precios de los alimentos básicos para la población mexicana.

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