martes, 19 de abril de 2011

La humildad de Jesús y el anuncio de la traición, A.I. Ricardo Ruiz O.

18 de abril de 2011

Parecería fácil resaltar la humildad de Jesús habiendo tanta información de su ministerio y de sus actos en la escritura en viva voz de él, pero debemos rogar al Espíritu de Dios que nos guie para hacerlo con toda reverencia, sencillez y espiritualidad, tal y como es característico en él, por eso hermanos primeramente revisaremos las distintas formas y conceptos en que es definida la humildad y aplicada en la persona de Jesús, como se percibía en el Antiguo Testamento desde la perspectiva de la cual nació y fue formado y educado. Observaremos en el Nuevo Testamento para qué daba Jesús testimonio de su humildad con sus actos a sus discípulos, qué perseguía con esto y concluiremos mostrando cuáles son los valores del Reino al que pertenecemos y cuál es nuestro papel dentro de ese reino.

La humildad tiene como fin principal someternos a Dios, Jesús es la máxima expresión de humildad y testimonio para nosotros, en su oración nos muestra la total sujeción al Padre: “En aquel momento Jesús lleno del Espíritu Santo, exclamó: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos y a los pequeños. Sí, Padre, así ha sido tu beneplácito” (Mt 11.25, Lc 10.21, Dios Habla Hoy). “Pero no podemos olvidar que para crecer en la humildad necesitamos la humillación ante nuestro Dios. El que es humilde reconoce que ha recibido de Dios todo lo que es y tiene (1 Cor 4.7); que él es nada sin Dios (Gál 6.3); que todo le viene de Dios y sólo en Él lo puede todo (Jn 15.5)”.[1]

“Han vivido muchos hombres muy buenos en el mundo, pero ninguno ha sido perfecto como Jesús, pues cada hombre que ha vivido ha pecado. Todos los santos que están en la gloria pecaron, pero en Jesús no hubo pecado. El pecado separa de Dios; mas Jesús gozó de comunión inquebrantable con el Padre porque no pecó. Ningún hombre puede decir que Jesús habló, pensó, o se portó en forma pecaminosa”.[2] Tenemos que inclinarnos juntamente con Pilato ante la vida intachable de Jesús y decir: "Ninguna culpa hallo en este hombre." (Lc 23:4).
Traducción de varios términos hebreos de humildad: anara, “aflicción, mansedumbre”; daka, “ser rebajado, herido”; shaja, “inclinarse”; kama, “ser o llegar a ser humilde”.
[3] Del griego: tapeinos, “bajeza, humillación delante de Dios, lo único que puede coadyuvar a”; kénosis, “tener una buena relación con Dios y por ende con el prójimo”.
Desde la perspectiva del Antiguo Testamento este término se refiere en la mayoría de los casos al pobre, al oprimido o afligido. 1 S 2.7: “El Señor nos hace pobres o ricos: nos hace caer y nos levanta”. 2 S 22.28: “Tú salvas a los humildes, pero te fijas en los orgullosos y los humillas”; ubica al hombre en su precariedad y lo insignificante de su vida, Ex 10.3: “Moisés y Aarón fueron a ver al faraón y le dijeron: ‘Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ¿hasta cuándo te negarás a humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me adore”; pone a prueba la fidelidad del hombre y le muestra su insensatez: Dt 8.2: “Acuérdense de todo el camino que el Señor su Dios les hizo recorrer en el desierto durante cuarenta años, para humillarlos y ponerlos a prueba, a fin de conocer sus pensamientos y saber si iban a cumplir o no sus mandamientos”; nos enseña que todas las cosas provienen de él y que dependemos solo de él: Jer 9.23-24: “El Señor dice: ‘Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza’”. También nos enseña que sólo obedeciendo con humildad y confiando en su justicia podemos agradarlo y estar en comunión con él: Sof 2.3: “Busquen al Señor todos ustedes, los humildes de este mundo, los que obedecen sus mandatos. Actúen con rectitud y humildad, y quizás así encontrarán refugio en el día de la ira del Señor”; 3.12: “Yo dejaré en ti gente humilde y sencilla, que pondrá su confianza en mi nombre”; Miq 6.8: “El Señor ya te ha dicho: ‘Oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios’”.
En los Salmos, humilde es el prototipo del varón piadoso: Sal 22: 24 Pues el no desprecia ni pasa por alto el sufrimiento de los pobres, ni se esconde de ellos. El los oye cuando le piden ayuda, Coman ustedes los oprimidos, hasta que estén satisfechos; alaben al Señor, ustedes que lo buscan y vivan muchos años; 25: 8-9 El Señor es bueno y justo, él corrige la conducta de los pecadores y guía por su camino a los humildes; los instruye en la justicia.[4]
Jesús había recibido todas estas enseñanzas, pues así había sido educado por sus padres, y el Espíritu Santo vino a él para fortalecerlo y confirmar lo que el Padre esperaba de él, luego entonces Jesús no tenía el concepto de humildad únicamente orientado al ser pobre, afligido, oprimido, relegado, sino que iba mas allá, abarcando todos los enfoques de humildad que hemos descrito.
Mientras el Nuevo Testamento recoge la noción del A.T., Jesús describe ampliamente en diferentes casos la gran variedad de aplicaciones que tiene la palabra humildad, en Mt 5.5: “Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida”; Mt 23.12: “Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla será engrandecido”; Lc 1.52: “Derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes”; Mt 11.29-30: “Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros”; Mt 18.4: “El más importante en el reino de los cielos es el que se humilla y se vuelve como este niño”.
[5]
Pone como modelo de humildad a los niños en el sentido de que tienen siempre una actitud ausente de malicia, pero de confianza total fundada en su inocencia y reflejada en una mansa obediencia. Se debe anteponer el propio prestigio para no tenerse en más alto concepto que nuestro prójimo.
No menos importante es lo que nos enseña en la entrada triunfal a Jerusalén, adonde lo vemos nuevamente haciendo gala de la humildad que lo caracterizaba, pues entra montando un pollino, el animalito más insignificante en cuanto a sus cualidades estéticas y bélicas, pero el más humilde, manso y dispuesto para el trabajo, por eso era valioso para Jesús y por eso lo prefirió para que llevara sobre él al Rey de Reyes.
El apóstol Pablo nos previene para hacer buen uso de los dones y talentos que nos da el Espíritu Santo y así ser cuidadosos y no caer en tentaciones humanas que destruyan su iglesia la dividan. Debemos pensar siempre en ser humildes y respetuosos del liderazgo que Dios ha otorgado a los demás y no querer imponer nuestra voluntad sobre la de todos o, peor aún, manipularlos para buscar beneficios propios, porque hasta podemos estar luchando contra Dios, destruyendo lo que él está formando en su Iglesia para la honra y gloria de su nombre. Podemos concluir diciendo que

Jesús, en el lavatorio de los pies, ha querido resumir todo el sentido de su vida, [como queriendo decir a los suyos: “Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho”], para que quedara bien grabado en la memoria de sus discípulos. El gesto del lavatorio de los pies, puesto como conclusión de los evangelios, expresa que toda la vida de Jesús, desde el principio hasta el final, fue un servir con humildad a los hombres, porque Cristo “había venido, no a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45).
[6]

Porque […] los siervos de Dios predican a veces hasta que su propia complacencia les dice que han estado muy elocuentes y poderosos, y que por sus palabras los hombres serán salvos; pero no hay ninguna promesa de que veamos a los hombres reunidos en Cristo en el día de […] [su] poder. También hay veces en que la gente parece mostrar gran empeño en buscar a Dios y gran interés por escuchar; pero tampoco existe ninguna promesa de que simplemente cuando haya más o menos excitación, cuando parezca que hay poder en la criatura, vaya a ser el día de la cosecha del Señor. Será "en el día de Su poder", no del poder del ministro o de los oyentes. El día del poder de Dios, ¿cuándo será? Creemos que cuando el Señor derrame su propio poder sobre el ministro de forma tal, que los hijos de Dios sean reunidos [ ] [para predicar el evangelio].
[7]

Rom 12.16: “Vivan en armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino pónganse a nivel de los humildes. No presuman de sabios”; Fil 2.3-4: “No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejor que él mismo, ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros”. Pero sin utilizar una humildad simulada, fingida, una falsa modestia para parecer frente a los demás una persona humilde, sencilla, mansa, dispuesta. Es común que como humanos ante la impotencia que experimentamos al intentar con base en nuestras propias fuerzas ser humildes, no lográndolo, hasta aprendemos a manejar la falsa modestia, la humildad fingida en lugar de clamar a Dios mostrándole nuestra debilidad y falta de fortaleza para lograrlo.
Pero, cuidado hermanos, porque Jesús habló muy claro sobre este tipo de hipocresía en Ap 3:15-16: “Yo sé todo lo que haces, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”; 1 Tim 6.20-21: “Timoteo, cuida bien lo que se te ha confiado. No escuches palabrerías mundanas y vacías, ni los argumentos que opone el falsamente llamado conocimiento de la verdad; pues algunos que profesan esa clase de conocimiento, se han desviado de la fe”; Col 2.8: “Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres, y en los poderes que dominan este mundo ; 2.18: “No dejen que los condenen esos que se hacen pasar por muy humildes y que dan culto a los ángeles, que pretenden tener visiones y que se hinchan de orgullo a causa de sus pensamientos humanos”; 3.12-13: “Dios los ama a ustedes y los ha escogido para que pertenezcan al pueblo santo, revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”.
Jesús es el icono por excelencia e inigualable prototipo de la humildad; que si tuviéramos que definirlo con sinónimos humanos en nuestro idioma diríamos que es: sencillo, natural, transparente, ingenuo, puro, sobrio, llano, austero, franco, sincero, sin doblez, espontáneo, modesto, directo, inocente, cándido, fácil, claro, evidente, limpio, que se rebaja voluntariamente y estos adjetivos aunque representen humanamente un gran valor en una persona no dejarían de ser mundanos, resultarían muy poca cosa para valorar su humildad, la cual es acompañada, dirigida por el Espíritu Santo y por lo tanto llena de espiritualidad, radiante de la presencia de Dios ante los ojos de quienes presenciaron los actos de Jesús.
Porque enseña con una sencillez exquisita a sus discípulos que aquel que deseara ser el mayor en el reino debía ser el primero en servir a los demás y decide, momentos antes de instaurar el sacramento de la Santa Cena, en un acto por demás portentoso de humildad, lavar los pies a sus discípulos para que ellos entendieran que el reino del que él les hablaba no era un reino material, carnal, mundano, ni de intereses políticos, sino espiritual divino, celestial. Les mostró que no debían desgastarse en discutir quien sería el de mayor cargo en su reino, sino que debían enfocar su atención en servir a los demás, obrando y cuidando que obraran con justicia, sirviéndole con fidelidad, dando testimonio en su vida cotidiana de todo lo que él les había enseñado y haciendo misericordia con quienes les rodeaban.
Pero todo esto que nos ha permitido comprobar que Jesús vivía la humildad, cómo esta palabra tomaba vida en él, ahora debemos reconocer que aún no es suficiente, si lo comparamos con la mayor muestra de humildad que se le puede reconocer; él se la guarda, no la destaca, no hace alarde, por el contrario deja que pase desapercibida a los ojos de sus discípulos y a lo escrito en los evangelios y prefiere que cada uno de ellos y nosotros la descubramos y nos sea revelada por el Espíritu justo al momento de nuestra conversión. De ese tamaño era la humildad de Jesús, y nos referimos a su perfecta obediencia en la entrega de su sacrificio por nosotros. No hizo alarde de su categoría de Dios, es decir, no hizo que lo tratasen como Dios, al contrario de Adán, quien sin ser Dios, quiso ser como Dios, quiso ser tratado como Dios.
Volvamos a la escena de la cena, pues aunque celebraban la Pascua él no ahondó en lo que significaba, aunque si bien es cierto les enseñó simbolizando con los frutos de la tierra que el trigo en forma de pan representaba su cuerpo, y que la vid (el vino) representaba su sangre, prefirió dejar al tiempo y al Espíritu que ellos nos lo revelaran en su momento. Esta es la clase de rey que los discípulos tenían enfrente en ese momento, lo cual los desconcertaba enormemente y para su mala fortuna no lo comprendieron.
Por último, también es de resaltar la humildad que expresa su comportamiento ante el traidor en la cena, ante aquel que habría de entregarlo a la muerte por 30 monedas de plata, pues él sabía perfectamente lo que le esperaba y que el mismo tenía que escoger a su delator. Jn 6:64: “Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen. Es que Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían, y quien era el que lo iba a traicionar. Jesús les contestó: ‘¿No los he escogido yo a ustedes doce? Sin embargo uno de ustedes es un diablo’”.

El tema del traidor que ensombreció la Cena es tratado distintamente por los evangelistas, a excepción de Lucas que la omite. El Señor predice tres veces el hecho en términos generales, pero la entrega del pan mojado que Jesús hace a Judas, señal de distinción especial, entendida por Juan y posiblemente por Pedro) suele interpretarse como una última apelación a la conciencia del traidor y cuando Judas hace caso omiso, falla esto y Jesús le conseja rapidez en la ejecución del plan funesto.
[…]
[Los móviles de Judas según su trayectoria] ofrecen uno de los misterios más profundos de la Biblia.


1. [Podemos] suponer que Judas fue atraído por Jesús y le confesó [junto] con los demás como Mesías.
2. [Resulta] difícil creer que Judas se hubiera rendido personalmente al Señor, ya que Cristo lo llama (instrumento del) diablo (Jn 6.70) […].
3. La participación de Judas en el ministerio de los doce corresponde a un acto soberano de Dios […], [Judas] es el apóstata que profesa la verdad que traiciona deliberadamente, y Jesús no lo ignora (Jn 6.64).
4. El idealismo mesiánico de Judas pudo ser real, pero, al ver que el maestro excitaba el antagonismo de los líderes de la nación, su mente sin regenerar [ni entender] no veía solución.Por fin Judas, satánicamente inspirado, codicia hasta el dinero.
5. Su “arrepentimiento” fue metámeleia, “cambio de parecer”, y no metnoia´, “cambio de mente (o corazón)” […] La elección de Judas como instrumento predeterminado para el plan divino (Hch 2.23) no le excusa de su delito, ya que, si se hubiera humillado ante Dios, [al escuchar la voz de Jesús] se habría salvado y Dios habría utilizado otros medios.
[8]

Fil 2.5-11:

Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferro a su igualdad con él, sino que renuncio a lo que era suyo y tomo naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humillo a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por eso Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres, para que, ante ese nombre concedido a Jesús, todos doblen las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.

Y entonces aparece la pregunta: Jesús, ¿dónde está tu pueblo? Porque un rey no es rey sin súbditos. El titulo más alto de la dignidad real no es sino vaciedad si carece de súbditos que sean su complemento. ¿Dónde, pues, encontrará Cristo aquellos que serán la plenitud del que es el todo en todos?
Nuestra gran ansiedad no es por saber si Cristo es rey o no ya que sabemos que lo es, nuestra ansiedad es por sus súbditos. Frecuentemente nos preguntamos: “¡Oh, Señor!, ¿dónde encontraremos tus súbditos?”. Cuando hemos predicado a corazones endurecidos y profetizado a huesos secos, nuestra incredulidad dice a veces: “¿dónde encontraremos gentes que sean los súbditos del reino? ¿Donde encontraremos a los que tomaron su cruz y te siguieron mostrando su fe en ti con sus obras, cuántos siguieron tus enseñanzas y mostraron al mundo que verdaderamente resucitaste y ahora moras en cada uno de ellos, para que el mundo te vea a través de sus actos?”. Parecería que nuestras conciencias llamaran nuestra atención para preguntarnos: “¿cuánto y cómo he servido en el reino de Dios desde que soy su súbdito?”.
Todos nuestros temores se alejan con este salmo 110: “Tu pueblo lo será de buena voluntad en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad desde el seno de la aurora”, y por la promesa de: "Tienes tú el rocío de tu juventud". Estos pensamientos están aquí para aliviar la ansiedad de los creyentes, y para hacerles ver cómo Cristo es y será efectivamente Rey y nunca le faltarán multitudes de súbditos.
[9]

(Versión revisada)

Notas

[1] “La humildad de Jesús”, en http://dioscuidadeti.ning.com/forum/topics/la-humildad-de-jesus.
[2] “Quién es Cristo Jesús” (1), en www.tusermon.com/sermones/sermones-doctrinales/quien-es-cristo-jesus-1.html.
[3] “El Señor Jesús es el ejemplo de la humildad”, en http://ministeriovidayrestauracioncarcelaria.blogspot.com/2010/08/el-senor-jesus-es-el-ejemplo-de-la.html.
[4] "Humildad", en W.M. Nelson, ed., Diccionario ilustrado de la Biblia. Nashville-Miami, Thomas M. Nelson, 1977, nueva edición, p. 292.
[5] Idem.
[6] “La humildad de Jesús”, en Alimento del alma, http://fraynelson.com/blog/2009/05/24/la-humildad-de-jesus.
[7] C.H. Spurgeon, “Pueblo involuntario y un caudillo inmutable”, en www.tusermon.com/sermones/sermones-clasicos/pueblo-voluntario-y-un-caudillo-inmutable.html. Énfasis agregado.
[8] “Judas”, en W.M. Nelson, op. cit., p. 353. Entre corchetes, texto agregado a la cita.
[9] C.H. Spurgeon, op. cit., también como “Un pueblo dispuesto y un líder inmutable, en www.spurgeon.com.mx/sermon74.html.

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