sábado, 30 de abril de 2011

Renovación de votos 2011




El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de Sara, Rebeca y Raquel, el Padre de Jesús de Nazaret, nos ha traído hasta aquí, en un peregrinaje de amor, lucha, esfuerzo y bendición. Hemos experimentado continuamente la gracia de nuestra existencia individual, familiar y comunitaria. En continuidad con la fe bíblica, celebramos y reconocemos la actuación de Dios nuestro redentor en Cristo a través de la historia humana.


La fidelidad de nuestro Dios es indiscutible y, en consonancia con ella, y como respuesta a semejantes muestras de su amor y acompañamiento, nos comprometemos nuevamente a perseverar en el recuerdo litúrgico, la lectura e interpretación pertinentes de la Palabra divina, así como a celebrar los sacramentos cristianos en el mejor espíritu de fe para dar testimonio de la elección de gracia de que hemos sido objeto, entendiéndola no tanto como un signo de “elitismo espiritual”, sino como una señal más del llamamiento que nos coloca en el mundo con una tarea concreta de servicio y solidaridad.


Renovamos nuestro compromiso en la creencia firme y sostenida de que Dios desea dignificar la vida humana en todos sus aspectos y de que, a contracorriente del sistema ideológico-económico imperante, Él está actuando para reivindicar y empoderar a los más débiles, tal como da testimonio la Sagrada Escritura desde la antigüedad.


Asumimos el compromiso de observar nuestro mundo alrededor para buscar creativamente formas nuevas y renovadoras de ser Iglesia en medio de proyectos eclesiásticos y misioneros que reproducen los privilegios basados en criterios de clase social, más allá de las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo, quien no hizo distinción alguna entre las personas para conducirlas a la salvación integral.


Ante el ambiente de violencia e inseguridad que nos rodea, proclamamos que uno de los principales frutos de la acción del Espíritu de Dios en el mundo consiste en renovar la existencia humana mediante la armonía, la paz y la justicia.


Todo esto lo podremos hacer únicamente con la dirección de la gracia de nuestro Dios y redentor.

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