sábado, 4 de marzo de 2017

Letra 510, 5 de marzo de 2017

MARTÍN BUCERO (1491-1551)

R
ecibió su primera educación en la excelente escuela latina de su ciudad natal y en 1506 ingresó en los dominicos. En 1517 fue a Heidelberg, donde estudió a los humanistas, la Biblia y también los escritos de Lutero, de quien tuvo conocimiento personal en 1518 y con quien comenzó a escribirse en 1520. Cayó en sospecha de los de su orden de favorecer la causa evangélica, siendo acusado ante Roma, por lo que dejó el monasterio en 1520 para evitar mayores dificultades, convirtiéndose en asociado de Hutten y Sickingen. Este último le llamó para el pastorado en Landstuhl, casándose el mismo año y siendo uno de los primeros sacerdotes en romper su voto de celibato. Cuando Sickingen fue derrotado por el elector de Tréveris, Bucero tuvo que dejar la ciudad y durante un año ejerció como predicador evangélico de Wissenburg, en Alsacia, respaldado por el consejo y los ciudadanos, aunque fue atacado por los franciscanos. En 1523 fue a Estrasburgo, donde la Reforma ya estaba progresando. Junto con Zell, Capito y Hedio, fue el alma de la Reforma en Estrasburgo, ejerciendo una actividad reformadora y organizadora, no sólo en Alsacia sino también en diversos países, por medio de la predicación, cartas, viajes, escritos y relaciones personales con eclesiásticos y hombres de Estado. Fue pastor de Santa Aurelia entre 1524 y 1531 y de Santo Tomás entre 1531 y 1540, siendo en 1540 presidente del recién fundado consejo de iglesia que era la autoridad eclesiástica suprema en Estrasburgo.
Como portavoz espiritual de los ciudadanos de Estrasburgo, que eran activos en la Reforma, y como dirigente de los ministros evangélicos compareció ante el consejo, que procedió cautamente. Consumó la abolición de la misa el 20 de febrero de 1529, por un decreto de los asesores laicos, lo que significaba la introducción de la Reforma en la ciudad imperial de Estrasburgo de manera oficial. Pero mucho antes de esto ya había comenzado la reorganización del servicio divino y la vida eclesiástica. El Ordnung und Inhalt deutscher Messe (1524) de Bucero era típico del orden reformado de adoración. Dedicó especial atención a la catequesis y publicó tres catecismos entre 1524 y 1544, a la vez que por la ordenanza de 1534 introducía el presbiterio laico en Estrasburgo, inaugurando la confirmación en esa ciudad en 1539. Junto con su amigo Johannes Sturm puso los fundamentos del sistema educativo protestante en Estrasburgo, fundando el gymnasium en 1538 y el seminario en 1544. A causa de la disciplina eclesiástica se opuso rotundamente a los anabaptistas y radicales tales como Carlstadt, Hetzer, Denk, Sebastian Franck, Schwenckfeld, Melchior Hoffmann y Clemens Ziegler. Aparte de Estrasburgo, Bucero introdujo la Reforma en Hanau-Lichtenberg (1544), mientras que Württemberg, Baden, y especialmente Halle, le deben mucho a él. Para el elector de Colonia, el arzobispo Hermann de Wied, Bucero junto con Melanchthon, compuso un orden de reforma (1543). Su influencia incluso llegó tan lejos como Bélgica, Italia y Francia.
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LA FE CRISTIANA FRENTE A LOS DESAFÍOS ACTUALES
I. EL COMPROMISO CRISTIANO EN UNA SOCIEDAD NO CRISTIANA (II)

2. El compromiso de Dios con la justicia social
Varios de los libros proféticos incluyen secciones de oráculos sobre o contra las naciones. Que Dios es Dios de justicia y desea que la justicia reine en todas las naciones y comunidades es especialmente evidente en el libro de Nahum, que es una profecía contra Nínive, capital y símbolo de Asiria. La condena de Jehová a Asiria no se basa sólo en su antigua enemistad con Israel (ver 1.9ss.; 2.2ss.), sino también en su idolatría (1.14) y en que era una “ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña” (3.1). Jehová repite las terribles palabras: “Heme aquí contra ti” (2.13; 3.5) y el oráculo culmina con la pregunta retórica: “¿Sobre quién no pasó continuamente tu maldad?” (3.19).
De estos pasajes del Antiguo Testamento se desprende claramente que Dios rechaza la injusticia y la opresión en todas partes y que ama y promueve la justicia en todas partes. De hecho, dondequiera que haya justicia en este mundo caído es por la obra de su gracia. Todos los seres humanos lo sabemos, pues tenemos un sentido innato de la justicia, de lo cual es testimonio elocuente la común protesta de los niños: “¡Eso no vale!” (con el sentido de “¡no es justo!”).
Esto confirma las enseñanzas de Pablo en cuanto a que la ley moral de Dios está escrita en el corazón del hombre (Ro 2.14,15). Tanto la ley de Dios como su evangelio son para nuestro bien.
Así es, pues, el Dios vivo de la Biblia. Su interés lo abarca todo: no sólo lo “sagrado” sino lo “secular”, no sólo la religión sino la naturaleza, no sólo el pueblo del pacto sino todos los pueblos, no sólo la justificación sino también la justicia social en toda comunidad, no sólo su evangelio sino su ley. De manera que no debemos limitar sus intereses. Es más, los nuestros deberían ser tan amplios como los suyos.

Necesitamos una doctrina más completa del ser humano (antropología)
Los cristianos tenemos una base más sólida para el servicio al prójimo: no las especulaciones acerca de lo que llegará a ser el hombre en el futuro desarrollo del género humano, sino lo que ya es por la creación divina. Los seres humanos son seres con semejanza divina, creados a imagen de Dios, que además poseen capacidades únicas que los distinguen de la creación animal.
Es cierto que la raza humana está caída, y que la imagen divina se ha desfigurado, pero a pesar de toda apariencia contraria, no se ha borrado por completo (Gn 9.6; Stg 3.9). Ésa es la razón de su valor único y que siempre ha inspirado el servicio cristiano. Pues estas criaturas humanas de semejanza divina no son sólo almas (para que sólo nos ocupemos de su salvación eterna), ni sólo cuerpos (para que sólo atendamos a sus necesidades de alimentación, vestido, vivienda y salud), ni tan sólo seres sociales (para que nos limitemos a asistirlos en sus problemas comunitarios). Comprenden los tres aspectos. Desde una perspectiva bíblica, el ser humano puede definirse como “cuerpo-alma-en comunidad”. Pues así nos ha creado Dios. De modo que, si en verdad amamos a nuestro prójimo, y por su valor deseamos servirle, nos ocuparemos de su bienestar integral: físico, espiritual y social. Y de nuestra preocupación surgirán proyectos de evangelización, asistencia y desarrollo.
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SACERDOTE PEDERASTA EN OAXACA ES SENTENCIADO A 16 AÑOS DE PRISIÓN
Excélsior, 4 de marzo de 2017

El sacerdote Gerardo Silvestre Hernández recibió una sentencia de 16 años y seis meses de prisión, por el delito de corrupción de menores en su modalidad de inducción a actos sexuales y exposición de filmes pornográficos, tras quedar comprobado que abusó de varios menores entre 2009 y 2010.
El magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, Alfredo Lagunas Rivera, confirmó la sentencia de Silvestre Hernández, quien desde 2013 está en prisión para enfrentar el proceso ante la justicia.
Es la primera ocasión que se dicta sentencia condenatoria contra una persona que formaba parte de una asociación religiosa o de algún padre, para ser más concreto”, dijo en entrevista.
Asimismo, se informó que el sacerdote deberá pagar una multa de 46 mil 179 pesos como reparación de daños en el caso.
En 2013 Gerardo Silvestre fue detenido y desde entonces se encuentra recluido en el penal de Tlaxiaco, en la región Mixteca.
En 2016, la madre de una de las víctimas del presbítero escribió una carta dirigida al papa Francisco, en la que le pedía “justicia” para los niños y adolescentes contra quienes se cometieron esos abusos y para que hechos como éste no se repitan.
En el escrito, la mujer da cuenta del modus operandi con el que supuestamente el sacerdote mencionado citaba a los menores y les ofrecía bebidas embriagantes para después cometer los abusos.
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MADRES DE LA BIBLIA. 20 RETRATOS PARA NUESTRO TIEMPO (III)
Margot Kässmann

C
onviene que también las figuras bíblicas las miremos de nuevo con ojos frescos, en lugar de seguir siempre las sendas trilladas de la percepción.
En el movimiento ecuménico he aprendido muchas cosas al respecto. Por ejemplo, a veces me ha sorprendido cómo determinadas historias bíblicas eran comprendidas de forma distinta por lectores situados en diferentes contextos. Es una experiencia que quiero agradecerle. Por ejemplo, todos podemos aprender cómo el movimiento de la Jornada Mundial de la Oración ha descubierto de un modo maravilloso y completamente innovador muchos personajes femeninos de la Biblia. Y finalmente, la teología hecha por mujeres también ha puesto de relieve el lado femenino y maternal de Dios. Una idea nueva, que resulta provocadora para muchas personas. Pero que, en cualquier caso, es una idea presente en la Biblia, porque en ella Dios nunca queda fijado en nuestras imágenes, sino que se inclina maternal y paternalmente hacia el ser humano.
En este sentido, espero que, en el viaje de exploración que representa siempre la lectura de un libro, estas páginas contribuyan a que sus lectores encuentren lo nuevo en la Biblia y se despierten en ellos las ganas de recurrir directamente a la Biblia y de releer personalmente sus textos. Dada la extensión limitada de los capítulos de este libro, algo podría quedar insuficientemente explicado. No deja de ser enormemente sorprendente que todavía hoy nos encontremos en la Biblia con personajes tan conmovedores, podamos informarnos acerca de su vida, ver cómo se desarrollan sus relaciones y cómo transcurre su existencia por cauces aparentemente tan normales. Por todos estos motivos, la búsqueda de madres de la Biblia me ha reportado también a mí un gran enriquecimiento. Muchos textos que creía conocidos me han resultado sorprendentemente nuevos. Cuando, tras estas figuras arquetípicas de mujer y de madre vislumbramos por una vez a personas individuales, el asombro suscitado en nosotros por algunos pasajes más claros e inequívocos se mezcla con un profundo sentimiento de compasión por las madres de nuestra fe.
En cualquier caso, personalmente he descubierto alguna mujer, alguna historia y, sobre todo, una confianza en Dios cada vez mayor. Esta confianza en Dios por encima de cualquier felicidad o sufrimiento de la vida es, sin lugar a dudas, la cinta roja de la Biblia. Y en este Dios del que nos da testimonio la Biblia podemos confiar mis propias hijas y yo misma, aun siendo plenamente consciente de mis errores e insuficiencias como madre. Eso hicieron nuestras madres en la fe, y en ellas confían hoy madres de todo el mundo.
En otro sentido, las madres de la Biblia son también una exculpación para nosotras, las madres de hoy: nadie es perfecto, cada uno está inmerso en su propia —y a veces incriminatoria— situación. Tal vez una percepción que abarca desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días consiga apaciguar ciertos debates actuales subidos de tono: cada madre es diferente, como son diferentes las circunstancias en las que han tenido hijos; y, por norma general, los hijos también son muy distintos de lo que se espera.
A pesar de todo, ser madre y vivir la maternidad es una experiencia maravillosa: ya sea como madre biológica, como madre adoptiva, o con vistas a un papel social o espiritual que exija poner en juego sentimientos maternales.
Observación final: las madres y las abuelas son quienes principalmente transmiten la fe, inculcan el amor a Dios y enseñan a confiar en Cristo. Mi libro quiere ser un gesto de gratitud hacia todas ellas.

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