sábado, 12 de septiembre de 2009

La obra del ministerio (Efesios 4), Mariano Ávila Arteaga


26 de julio de 2009

La tarea de los dones mencionados en el v. 11 es preparar al pueblo santo de Dios para el servicio a otros. La diaconía es vocación de todos los cristianos. Esa debe ser su marca distintiva. El sustantivo diakonos se usaba para describir a quienes realizaban tareas de servidumbre, como servir a la mesa. El sentido de la palabra es ayudar a otros realizando tareas consideradas propias de la servidumbre. El autor se describe a sí mismo como diácono (3.7) y luego usa el mismo título para describir a Tíquico, el posible pastor de las iglesias receptoras de la carta (6.21). Aunque la palabra "ministerio" es acertada, para mucha gente esconde la idea de servicio. Por ello es que las virtudes mencionadas al principio de este capítulo (4.2) son tan importantes: "humildad, mansedumbre, paciencia, amor". Esa es la vestidura que ha de engalanar a la iglesia en su ministerio (diaconía) en el mundo. La siguiente expresión contiene dos metáforas que no se llevan bien una con otra. La primera, "edificar", pertenece al lenguaje de la construcción de edificios, y el autor la ha usado para referirse a la iglesia como el edificio o templo santo de Dios (2.20-22). La segunda metáfora, "el cuerpo de Cristo", también se refiere a la iglesia pero ahora comparada con el cuerpo humano. Estrictamente hablando, no describimos el desarrollo del cuerpo como una edificación, no hablamos de edificar un cuerpo. Esto podría ser un problema en algunos idiomas. En tal caso, se puede usar una expresión como "edificar la iglesia de Cristo" o "fortalecer el cuerpo de Cristo".
Ambas expresiones, "perfeccionar a los santos para la obra del ministerio" y "la edificación del cuerpo de Cristo", son paralelas y se definen mutuamente. Pueden verse como dos lados de la misma moneda. La primera tiene que ver con la preparación que todo cristiano ha de recibir para servir a los demás. La segunda se refiere a la responsabilidad que todos tenemos de edificarnos unos a otros (idea que se reiterará en 4.16 y que se desglosará en el resto del capítulo, por ejemplo en 4.29). La primera es requisito de la segunda. La segunda es consecuencia de la primera. Ambas, sin embargo, se desarrollan simultáneamente, en una continua circulación. A medida de que somos capacitados, servimos a los demás y los hacemos crecer y madurar. Y cuando crecemos como resultado del servicio que damos y recibimos, estamos mejor capacitados para seguirlo haciendo.
En la traducción que hace TLA del v. 12 queda bien claro que el ministerio es tarea de todos los cristianos; se expresa de manera excelente dicho ministerio en términos de servicio y se interpreta la edificación como instrucción. Esto último, a nuestro juicio, limita a un solo aspecto lo que la misma carta considera fruto del uso de múltiples dones, personas y circunstancias. El Libro del Pueblo de Dios traduce así: "Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo". Es importante resaltar que esta versión liga el establecimiento de líderes (v. 11), por medio de la palabra "así", para referirse a la manera de organizar a los santos. Además, considera la primera parte como preparatoria de la segunda. La Biblia del Nuevo Milenio tiene una muy buena traducción: "Con objeto de equipar a los hermanos en la fe para las tareas del servicio divino, y hacer que así se desarrolle el cuerpo de Cristo". Como se puede observar, los dones enlistados en el versículo anterior tienen un objetivo: "equipar". La finalidad última de todo este proceso, expresada en el v. 13 es que "todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios".
Carta a los efesios. Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008.

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