sábado, 7 de febrero de 2015

Letra 406, 8 de febrero de 2015

LA CARGA DEL OTRO
Karl Barth
Instantes. Santander, Sal Terrae, 2005, p. 87.

¡Llevad cada uno las cargas del otro!
Gálatas 6.2

N

adie puede dejar de lado las cargas del otro, ni tampoco las molestias que éste le ocasiona. ¡Ni siquiera le conviene desear quitárselas de encima! “Llevar” significa soportar, aguantar, sobrellevar mutuamente las mutuas molestias. “Llevar” significa hacer uso de la autorización y la posibilidad de perdonarse mutuamente los inconvenientes sufridos. “Llevar” significa comportarse unos con otros de manera amable, no como se hace con las personas viles y malvadas, sino con las personas pobres y enfermas —algo así como lo que es natural entre los pacientes que comparten habitación en un hospital—. Por tanto, “llevar” es lo contrario de la ceguera e indiferencia frente a las recaídas y pecados de ambas partes, pero también lo contrario de toda indignada inculpación y reparto de golpes al tomarlos en consideración. “Llevar” consiste en apoyarse todos unos a otros, cargando y encargándose del otro junto con las cargas de ambas partes, como compañeros en un camino que han iniciado juntos y que sólo juntos pueden seguir y rematar.
“Llevar” supondrá también necesariamente descubrir la viga en el ojo propio y encontrarla mucho más interesante que la paja en el ojo del hermano. Con ello se consigue que circule el aire entre unos y otros, mientras que todo lo demás sólo puede conducir a la asfixia. Con ello no cambia todo, pero sí algo. Al llevar mutuamente vuestras cargas, hacéis en lo pequeño y particular lo que Él ha hecho y hace en lo grande y general, Él en cuanto Hijo de Dios y Salvador absoluto... 
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RELATO HISTÓRICO DEL PROCESO DE FORMACIÓN DE LA CONGREGACIÓN “PRÍNCIPE DE PAZ NORTE” 1990–1993 (III)
A.I. Hiram Palomino López

Fuimos  constituidos como Congregación Presbiteriana el 13 de diciembre de 1992 por el Consistorio de la Iglesia “Príncipe de Paz”, habiendo aceptado el reto aproximadamente 60 hermanos de la iglesia, quienes integraron la membresía originalmente de nuestra Congregación, los cuales en un acto simbólico durante el culto especial de aniversario de la misma iglesia “Príncipe de Paz” fuimos enviados a realizar la misión en ese lugar, sin embargo, al iniciar nuestros cultos en dicho lugar el primer domingo de 1993 sólo asistieron 30 hermanos aproximadamente. En domingos posteriores se nombró la mesa directiva la cual quedó integrada por Hiram Palomino López (presidente), Rubén D. Núñez Castor (vicepresidente), Rafael Pineda (secretario), Jonathan Forcada Medrano (tesorero), el hermano Rafael Pineda desiste de su cargo reintegrándose a la iglesia Príncipe de Paz, nombrando al hermano Pablo Gil para sustituirlo y se nombra al hermano Ricardo Ruiz como vocal.
Cabe destacar que nuestro lema bajo el que nos conducimos en este tiempo fue: “Cada uno/a un ministro ministrando a otro”.
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LA MAYORDOMÍA DE LOS BIENES MATERIALES: UNA EXPLORACIÓN EN LA ÉTICA REFORMADA (II)
C. René Padilla

La premisa fundamental del llamado a vivir la generosidad cristiana es el concepto bí­blico de la mayordomí­a de los bienes materiales. A tal concepto básico se refiere nuestro autor en los siguientes términos:

Asegúrate de que te has entregado sinceramente a Dios como su siervo comprometido [covenant servant] con él, y de que eres un consagrado discí­pulo de Jesucristo, y de que las obras de misericordia que haces las realizas para cumplir tu compromiso [covenant], como parte de ese servicio que debes y has prometido al Señor, de quien eres y a quien reconoces dueño de todos tus talentos” (124).
La verdad es que muchos cometen el error de pensar que todos sus bienes son suyos propios, y que son señores y dueños absolutos de todo lo que poseen, en tanto que son mayordomos más bien que señores y dueños de los bienes de este mundo: todo es del Señor (176).
Los ejercicios de la caridad cristiana y la beneficencia no son sólo actos de misericordia que podemos o no realizar, según escojamos, sino actos de justicia a los cuales estamos obligados y que somos responsables de llevar a cabo (177).

Vista desde este ángulo, la ayuda a los necesitados sólo tiene sentido cuando es motivada por el anhelo de glorificar y servir a Dios que, aunque es dueño de todo, requiere de lo que somos y tenemos para cumplir su propósito. Con el fin de animar al lector a hacer una revisión de vida a la luz de este llamado a una mayordomí­a responsable de los bienes materiales, Gouge sugiere una serie de preguntas personales incisivas y, para concluir, propone los siguientes criterios para evaluar hasta dónde la práctica de esta responsabilidad cristiana es agradable a Dios:
En primer lugar, debe ejercerse con justicia, "dando sólo aquello que nos pertenece, a lo cual tenemos derecho" (186), pues de lo contrario se separa la misericordia de la justicia y se pierde la gloria de la excelencia y la gloria de la caridad cristiana.
En segundo lugar, debe ejercerse con libertad y alegrí­a, de la misma manera en que Dios entregó a su Hijo por nosotros y en que éste se dio por nosotros. Si la caridad no es libre, tampoco es verdadera ni sana. Además, cuando se da con libertad, el don es más aceptable para quien lo recibe; no sólo satisface su necesidad sino reanima su espí­ritu. "Una dádiva libre y alegre redunda en la gloria de Dios puesto que mueve a otros a alabarlo por tales dones" (191).
En tercer lugar, debe ir acompañada por la sencillez y la sinceridad, es decir, debe brotar de un corazón sincero; no motivada por el deseo del aplauso, sino de la gloria de Dios.
En cuarto lugar, debe ejercerse con una actitud compasiva, con simpatí­a y afecto.
En quinto lugar, debe ejercerse en el momento apropiado, en el  kairós de Dios.
En sexto lugar, debe ejercerse prestamente, sin dilación, ya que "un dador presto es un doble benefactor, y mientras más pronto viene ese beneficio, más dulce es" (195).
Finalmente, debe ejercerse con generosidad, "dando en proporción a lo que el Señor nos ha dado a nosotros" (196).
Concluye Gouge: “Ruega a Dios que, así­ como te ha bendecido con ciertos medios, te añada esta misericordia: que él te dé un corazón que comparta una porción de lo que Dios te ha dado, y que esto sea en testimonio de amor y gratitud a él” (202).
Obviamente, a la luz de estos principios queda excluido el dar motivado por el afán de enriquecimiento personal. Sigue en pie la tesis según la cual Dios premia al que da, pero el único dar que hace honor a la vocación cristiana es el que se inspira en el amor a Dios y al prójimo.

La vigencia de la enseñanza reformada sobre la mayordomía de los bienes materiales
Evidentemente Gouge escribió movido por profundos intereses pastorales. Riches Increased by Giving es un tratado de ética económica dirigido a los cristianos con el objetivo único de instruirlos bí­blicamente en el uso de los bienes materiales para la gloria de Dios. No es de sorprenderse, por lo tanto, que en esta obra ejemplar del puritanismo del siglo 17 no se diga absolutamente nada sobre el papel del gobierno civil en relación con la organización económica de la sociedad4 ni sobre la conducta económica que dicho gobierno ha de instaurar en la sociedad. La ética económica de Gouge es estrictamente una ética para los cristianos.
En efecto, es bastante claro que para nuestro autor "el uso correcto de Mamón" presupone una entrega de todo lo que somos y tenemos a Dios, dueño y señor de nuestra vida y nuestros bienes materiales. De ahí­ la consigna que se repite en múltiples formas a lo largo de la obra: "Entréguense a sí­ mismos, y entreguen todo lo que tienen, a Dios por medio de Jesucristo" (125). Sólo sobre la base de esa entrega será posible disponer de los bienes para la gloria de Dios y el beneficio de los necesitados.
Lo que aquí­ tenemos es una elocuente afirmación del principio bí­blico de la mayordomí­a. Richard Baxter (1615-1691), otro distinguido puritano contemporáneo, lo reconoce así­ en su recomendación de la obra que nos ocupa:
El autor de este libro no te solicita aquí­ dar caridad para nada, o para él ... sino ... sobre la base del elevado plan de tu propia salvación: Dios puede aliviar a los pobres, y hacer el bien a otras personas sin nosotros, pero nuestro honor es el ser transformados en mayordomos, y su gran misericordia para con nosotros es el recibir este honor; por cierto, el tener un corazón dispuesto, aunque queremos los bienes (14).
Gouge caló hondo en las Escrituras para exponer un tema clave de la ética cristiana, cuyas implicaciones prácticas todaví­a están por descubrirse en la situación latinoamericana.
En su obra The Steward: A Biblical Symbol Come of Age (1990) (El mayordomo: Un símbolo bíblico que ha llegado a su madurez), Douglas John Hall sostiene que en las iglesias de Norteamérica la mayordomí­a cristiana, sin dejar de estar presente, ha permanecido subdesarrollada, reducida a "una técnica gerencial para la financiación de la vida y tarea eclesiásticas" (7). Sin embargo, según él, tal concepto tiene el potencial de convertirse en el concepto clave para entender la vocación cristiana en este momento crí­tico de la historia humana. "En resumen, la tradición de la mayordomí­a, enraizada en la religión bí­blica y mantenida por necesidad en la experiencia del cristianismo norte-americano, ha llegado a su madurez" (11).
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CMI PIDE PROTECCIÓN PARA LÍDERES DE IGLESIAS EN COLOMBIA



CMI pide protección para líderes de iglesias en Colombia
Una pancarta en la oficina de la Iglesia Presbiteriana de Colombia, iglesia miembro del CMI, en Barranquilla © WCC/Marcelo Schneider
30 de enero de 2015
www.oikoumene.org/es/press-centre/news/wcc-calls-for-protection-of-church-leaders-in-colombia
Serias amenazas de muerte dirigidas a defensores de los derechos humanos, muchos de ellos líderes de iglesias, han sido lanzadas por un grupo paramilitar en Colombia. El Consejo Mundial de Iglesias (CMI), entre otras organizaciones internacionales, ha pedido al gobierno colombiano protección a sus vidas.
El 14 de enero, la oficina de la Comisión de Asuntos Internacionales del CMI recibió una queja de líderes de iglesias en Colombia en relación con las amenazas de muerte lanzadas contra ellos por un grupo paramilitar. El mensaje indica que en el 11 de enero 39 activistas de derechos humanos, reconocidos por su duradero compromiso y trabajo por los derechos de las víctimas, la restitución de tierras y el apoyo y la promoción del proceso de paz, fueron nombrados individualmente en una lista publicada en línea publicada por la organización paramilitar Águilas Negras y más tarde divulgada por el periódico colombiano El Heraldo.
El grupo paramilitar declaró explícitamente que esas personas eran consideradas “objetivo militar”, y manifestó su intención de eliminarlas.
Entre los activistas de derechos humanos mencionados, se encuentran también varios destacados dirigentes de la iglesia colombiana, concretamente, Agustín Jiménez de la Iglesia Menonita de Teusaquillo, el Padre Fernando Sánchez de la Iglesia Anglicana en la Costa Caribe, Jairo Barriga, Germán Zárate y Milton Mejía de la Iglesia Presbiteriana y el Padre Fernando Gary Martínez de la Iglesia Católica Romana.
“Los representantes de iglesias que aparecen en esta lista son miembros muy respetados del movimiento ecuménico internacional con los que las iglesias miembros del CMI han trabajado a lo largo de los años”, dijo el secretario general interino del CMI Georges Lemopoulos, en una carta dirigida al presidente de Colombia, Dr. Juan Manuel Santos Calderón , expedida el 29 de enero.
“Ellos son conocidos por su extraordinario compromiso cristiano y testimonio valiente en la lucha por la vida, la paz, la justicia y la dignidad humana en Colombia”, dijo Lemopoulos.
El calificó de "muy preocupante" el hecho de que los líderes de iglesias y activistas dedicados a la promoción de los derechos humanos y en el proceso de paz se han convertido en objetivos de violencia. También planteó la preocupación de que tales amenazas dificultan gravemente la labor de los defensores de los derechos humanos en Colombia creando “un clima de miedo generalizado”.
El CMI, en solidaridad con las iglesias y la sociedad civil en Colombia, ha pedido al gobierno colombiano a tomar "todas las medidas necesarias para proteger eficazmente la vida y la integridad física de los líderes religiosos mencionados y de los otros defensores de los derechos humanos bajo amenaza; llevar a cabo una investigación independiente e imparcial de los autores de esas amenazas con el debido proceso y las sanciones adecuadas; tener presentes sus obligaciones con respecto a la seguridad y protección de quienes trabajan por la defensa de los derechos humanos y, a la luz de esto, adoptar inmediatamente las medidas eficaces que sean necesarias para garantizar que estos dirigentes de iglesia y defensores de los derechos humanos puedan continuar su trabajo de defensa de la dignidad humana sin correr peligro ni sufrir estigmatización”.
El CMI cuenta con una larga trayectoria de acompañamiento a las iglesias y los habitantes de Colombia en su lucha por poner fin al conflicto armado. El Consejo ha organizado visitas de solidaridad en el país, y sus órganos de gobierno han emitido declaraciones públicas denunciando las violaciones de los derechos humanos, pidiendo el fin del conflicto armado y apoyando los pasos hacia las conversaciones de paz.

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