sábado, 5 de agosto de 2017

Letra 530, 6 de agosto de 2017

BERNHARD ROTHMANN (1495-¿?)
100 Personajes de la Reforma Protestante. México, CUPSA, 2017.

Predicador evangélico y teólogo anabautista nacido en Westfalia y muerto en fecha y lugar desconocidos. Acudió a la escuela en Deventer y Münster, fue maestro en Warendorf y, a partir de 1529, vicario en la catedral de Saint Mauritz, cerca de Münster. Viajó a Wittenberg, Marburgo y Estrasburgo. Por sus sermones evangélicos fue expulsado por el príncipe obispo Federico von Wied, de Münster. Los historiadores modernos son unánimes en su alabanza del genio de este hombre, un teólogo entrenado y que asumió temprano una posición del liderazgo en la iglesia evangélica en Münster. Los viajes de Rothmann, que estaban destinados a mantenerlo fiel a la causa reformada, le sirvieron para ampliar su perspectiva. Estaba encantado con lo que su amigo Capitón le mostró en Estrasburgo en 1531, donde también conoció a Schwenckfeld (aunque Schwenckfeld nunca lo admitió) Probablemente no conoció a Bucero, pues no estaba en la ciudad. Rothmann calificó a Estrasburgo como “corona y palma de todas las ciudades e iglesias cristianas”. De su tiempo dedicado a viajar de abril a julio de 1531 pasó desde mediados de mayo hasta julio. Cuando volvió a predicar en Münster a principios de julio de 1531, fue completamente evangélico en su predicación. En esa ciudad fue párroco de San Lamberto desde 1532.
Tras reiniciar sus sermones evangélicos, lo hizo contra el bautismo de párvulos. Los melchoritas holandeses lo bautizaron en 1534 y después pasó a un segundo plano detrás de Jan de Leyden y Jan Matthijs, pero siguió trabajando hasta el último momento en la ciudad sitiada por las fuerzas imperiales católicas. Al caer Münster, escapó quizá a Oldenburgo. En sus textos teológicos muestra la influencia de Melanchthon, Capitón, Campanus y Hoffman. Sus escritos de 1535 estuvieron dedicados a preparar la segunda venida de Cristo. La influencia más duradera de Rothmann fue a través de la confesión que él escribió con los predicadores de Wassenberg. Esta confesión sobrevivió en la hermandad de Marpeck, y sigue siendo un clásico anabautista. Sin embargo, sigue siendo una de las tragedias del primer anabautismo que este hombre dotado, a pesar de todas sus expresiones de humildad, cedió al deseo de honor, y finalmente no pudo resistir las influencias que llegaron a su vida. Sin embargo, Detmer, su biógrafo moderno, puede estar en lo cierto cuando sugiere que Rothmann inevitablemente debió tomar el camino que eligió porque la causa reformada no le prestó atención en la disputa de 1533 e ignoró su victoria.
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LAS 95 TESIS DE LUTERO (I)
César Vidal Manzanares
Protestante Digital, 28 de mayo de 2011

Las primeras tesis de Lutero apuntan al hecho de que Jesucristo ordenó hacer penitencia -literalmente: arrepentíos en el texto del Evangelio - pero que ésta es una actitud de vida que supera el sacramento del mismo nombre:

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “haced penitencia”, etcétera, quiso que toda la vida de los fieles fuese penitencia.
2. Este término no puede ser entendido como una referencia a la penitencia sacramental, es decir, a la confesión y satisfacción realizada por el ministerio sacerdotal.

Precisamente, por ello el papa no puede remitir ninguna pena a menos que previamente lo haya hecho Dios o que sea una pena impuesta por sí mismo. De esto se desprendía que afirmar que la compra de las indulgencias sacaba a las almas del purgatorio de manera indiscriminada no era sino mentir ya que el papa no disponía de ese poder:

5. El papa no quiere ni puede remitir pena alguna, salvo aquellas que han sido impuestas por su propia voluntad o de acuerdo con los cánones.
6. El papa no puede remitir ninguna culpa, a no ser cuando declara y aprueba que ha sido ya perdonada por Dios, o cuando remite con seguridad los casos que le están reservados.
20. ...la remisión plenaria de todas las penas por el papa, no hace referencia a todas las penas, sino sólo a las que él ha impuesto.
21. Yerran, por lo tanto, los predicadores de las indulgencias que afirman que en virtud de las del papa el hombre se ve libre y a salvo de toda pena.
22. El papa no remite ninguna pena a las almas del purgatorio que, de acuerdo con los cánones, tendrían que haber satisfecho en esta vida.
23. Si se pueden remitirse las penas a alguien, seguro que se limita únicamente a los muy perfectos, es decir, a muy pocos. Por lo tanto, se está engañando a la mayor parte de la gente con esa promesa magnífica e indistinta de la remisión de la pena.

A fin de cuentas, según Lutero, la predicación de las indulgencias no sólo se basaba en una incorrecta lectura del derecho canónico sino que además servía para satisfacer la avaricia de determinadas personas y para colocar en grave peligro de condenación a aquellos que creían sus prédicas carentes de una base espiritual cierta:

27. Predican a los hombres que el alma vuela en el mismo instante en que la moneda arrojada suena en el cepillo.
28. Es verdad que gracias a la moneda que suena en la cesta puede aumentarse lo que se ha recogido y la codicia, pero el sufragio de la iglesia depende de la voluntad divina.
31. El ganar de verdad las indulgencias es tan raro, a decir verdad, tan rarísimo, como el encontrar a una persona arrepentida de verdad.
32. Se condenarán eternamente, junto a sus maestros, los que creen que aseguran su salvación en virtud de cartas de perdones.
35.No predican la verdad cristiana los que enseñan que no es necesaria la contrición para las personas que desean librar las almas o comprar billetes de confesión.

En realidad, según Lutero, mediante predicaciones de este tipo, se estaba pasando por alto que Dios perdona a los creyentes en Cristo que se arrepienten y no a los que compran una carta de indulgencia. La clave del perdón divino se halla en que la persona se vuelva a Él con arrepentimiento y no en que se adquieran indulgencias. Con arrepentimiento y sin indulgencias es posible el perdón, pero sin arrepentimiento y con indulgencias la condenación es segura.
Por otro lado, había que insistir también en el hecho de que las indulgencias nunca pueden ser superiores a determinadas obras de la vida cristiana. Aún más, el hecho de no ayudar a los pobres para adquirir indulgencias o de privar a la familia de lo necesario para comprarlas constituía una abominación que debía ser combatida:

36. Todo cristiano verdaderamente arrepentido tiene la debida remisión plenaria de la pena y de la culpa, aunque no compre cartas de indulgencia.
37. Todo cristiano, vivo o muerto, incluso sin cartas de indulgencia, disfruta de la participación de todos los bienes de Cristo y de la iglesia concedidos por Dios.
39. Resulta extraordinariamente difícil, incluso para los mayores eruditos, presentar a la vez al pueblo la generosidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
41. Hay que predicar con mucha cautela las indulgencias apostólicas, no sea que el pueblo entienda erróneamente que hay que anteponerlas a las demás obras buenas de caridad.
45. Hay que enseñar a los cristianos que aquel que ve a un necesitado y lo que pudiera darle lo emplea en comprar indulgencias, no sólo no consigue la venia del papa sino que además provoca la indignación de Dios.
46. Hay que enseñar a los cristianos que, a menos que naden en la abundancia, deben reservar lo necesario para su casa y no despilfarrarlo en la adquisición de indulgencias.

QUETURÁ: MADRASTRA
Margot Kässmann

EL término “madrastra” no aparece en la Biblia en ningún momento. Sin embargo, nosotros podemos reconstruir la figura de algunas de las madrastras con datos tomados de la Biblia. Una de ellas es Queturá, la segunda mujer de Abrahán. Tras la muerte de Sara, madre de Isaac, Abrahán compró el campo de Macpela, juntamente con la cueva donde dio sepultura a Sara (Génesis 23,20). Eso significaba que Abrahán quería ser enterrado junto a Sara. Rebeca, la joven mujer de Isaac, ayudaría a este a superar la pérdida de su madre.
Pero Abrahán se casa con Queturá. Su historia es breve. Su nombre se menciona dos veces: la primera, con motivo del casamiento; la segunda, porque da a luz a otros seis hijos de Abrahán. En cuanto a este tema, se habla sin rodeos: «Abrahán hizo a Isaac heredero universal». Los otros hijos reciben obsequios, y el padre los envía lejos de su hijo Isaac. Cuando Abrahán muere, sus dos hijos mayores, Ismael e Isaac, lo entierran en aquel sepulcro, junto a Sara, su primera mujer.
Estas pocas frases del Génesis esbozan un profundo conflicto humano en esta familia bíblica, en la que se juntan hijos de distintas relaciones sentimentales. Isaac es -y evidentemente seguirá siendo - el hijo favorito de Abrahán. Ya es un hombre joven cuando Abrahán se casa con Queturá, que de esta manera se convierte en madrastra de Isaac. ¿Cómo debió de sentirse Queturá, que, además de vivir a la sombra de Sara – la primera esposa amada y compañera del patriarca durante muchos años-, tenía constantemente a su lado al hijo especialmente querido de Abrahán? Isaac heredaría un día todas las posesiones del patriarca, a pesar de que este había tenido con Queturá seis hijos que también requerían cuidados. Pero a estos hijos los manda Abrahán fuera de casa, para que no se crucen en el camino de Isaac. Las frías palabras con que la Biblia se refiere a estos hechos nos permiten intuir la gravedad de los traumas que se esconden en una constelación familiar como ésta.
“Madrastra” es un término con un innegable matiz negativo. En el vocablo alemán Stiefinutter la negatividad queda también clara en la derivación etimológica. La palabra stoif, del antiguo alto alemán, significa “robada” o “huérfana”. Otra resonancia negativa del término “madrastra” es que trae a la memoria de muchos hablantes a una mujer que no ha parido al hijo - o a los hijos-, sino que se ha apropiado de él, o ellos. La madre biológica siempre es la buena, la auténtica madre. La madrastra tendrá que luchar contra la percepción de que el hijo de la familia no es su hijo: es un “hijastro”.
En general, en los cuentos la madrastra es quien pone al hijo o la hija en apuros, quien en opinión de los hijos no merece un cariño especial por parte del padre, quien trata de desplazar a los hijos, y con ellos a la primera esposa del padre. En los cantares de boda de una madrastra no suelen predominar los tonos de alabanza. De ahí que el papel de una madrastra sea especialmente difícil. En principio ama al hombre con el que se casa. El hijo, o los hijos, son de su marido, y por lo tanto tiene que relacionarse con ellos. Ella no buscaba a esos hijos ni los quería. La relación con ellos es una consecuencia de la relación con su marido.
Por parte de la mujer existe sin duda el deseo de disfrutar de una vida familiar buena y sin complicaciones, porque las tensiones con el hijo repercuten en su relación de pareja. Pero ese objetivo no es fácil de alcanzar. Si la madrastra no tiene hijos propios, se sentirá insegura sobre el trato que debe dispensar a los hijos del padre. Si tiene hijos propios, los hermanastros también necesitarán tiempo para amoldarse los unos a los otros y, en cualquier caso, este no será un proceso rápido y sencillo. Si la primera esposa del marido ha muerto, como Sara en el relato bíblico, la madrastra deberá vivir constantemente confrontada con la imagen de esa mujer, que en una visión retrospectiva y durante el luto por su pérdida posiblemente será idealizada por el marido, hasta convertirla no solo en una madre extraordinaria, sino también en un ideal de mujer.

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