domingo, 25 de febrero de 2018

Letra 559, 25 de febrero de 2018

LOS HOMBRES DEL MAESTRO (IV)
ANDRÉS
Joseph Macrory

Artus Wolffort - St Andrew - WGA25857.jpgEl nombre "Andrés" (del griego andreia, hombría o valor), como otros nombres griegos, parece haber sido común entre los judíos del segundo o tercer siglo antes de Cristo. San Andrés, el Apóstol, hijo de Jonas, o Juan (Mateo 16.17; Juan 1.42), nació en Bethsaida de Galilea (Juan 1.44). Fue el hermano de Simón Pedro (Mateo 10.2; Juan 1.40). Ambos fueron pescadores (Mateo 4.18; Marcos 1.16), y al comienzo de la vida pública de Nuestro Señor ocuparon la misma casa de Capernaum (Marcos 1.21, 29). Por el cuarto Evangelio aprendemos que Andrés fue discípulo del Bautista, cuyo testimonio condujo a Andrés y a Juan el Evangelista a Jesús (Juan 1.35-40). Andrés inmediatamente reconoció a Jesús como el Mesías, y se apresuró a presentárselo a su hermano Pedro (Juan 1.41). Desde entonces los dos hermanos fueron discípulos de Cristo. En otra ocasión, antes del llamado final al apostolado, fueron llamados a una compañía más cercana, y luego dejaron todo para seguir a Jesús (Lucas 5.11; Mateo 4.19-20; Marcos 1.17-18).
Finalmente, Andrés fue elegido para ser uno de los Doce; y en las varias listas de Apóstoles dadas en el Nuevo Testamento (Mateo 10.2-4; Marcos 3.16-19; Lucas 6.14-16; Hechos 1.13) siempre aparece entre los primeros cuatro. La única otra referencia explícita a él en los sinópticos aparece en Marcos 13.3, donde se nos dice que se unió con Pedro, Santiago y Juan para proponer la cuestión que condujo a Nuestro Señor a dar su gran discurso escatológico. Además de esta exigua información, aprendemos del cuarto Evangelio que en ocasión de la milagrosa alimentación de los cinco mil, fue Andrés quien dijo: "Hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados: pero ¿qué son estas cosas para tanta gente?" (Juan 6.8-9); y cuando, unos pocos días antes de la muerte de Nuestro Señor, algunos griegos le preguntaron a Felipe si ellos podrían ver a Jesús, Felipe refirió el tema a Andrés como a quien tiene gran autoridad, y luego ambos se lo anunciaron a Cristo (Juan 12.20-22). Como sucede con la mayoría de los Doce, Andrés no es nombrado en el libro de los Hechos, a excepción de las listas de los Apóstoles, donde el orden de los cuatro primeros es Pedro, Juan, Santiago y Andrés; tampoco hay mención alguna de   Andrés en las epístolas ni en el Apocalipsis.
Por lo que conocemos de los Apóstoles en general podemos, claro está, completar un poco estos escasos detalles. Como uno de los Doce, Andrés fue admitido en cercana familiaridad con Nuestro Señor durante su vida pública; estuvo presente en la Ultima Cena; vio al Señor resucitado; presenció la Ascensión del Señor; compartió las gracias y dones del primer Pentecostés, y ayudo, entre amenazas y persecuciones, a establecer la Fe en Palestina.
Cuando los Apóstoles salieron a predicar a las naciones, parece que Andrés tomó en este asunto una parte importante, pero desafortunadamente no tenemos certeza de la extensión o del lugar de sus trabajos. Eusebio (H.E. III:1), basándose, aparentemente, en Orígenes, señala a Scythia como su campo de misión: Andras de (eilechen) ten Skythian; mientras San Gregorio de Nazianzo (Or.33) menciona Epiro; San Jerónimo (Ep. ad Marcell.) indica a Acaya; y Teodoro (on Ps. cxvi) Hellas. Probablemente estas historias sean correctas, ya que Nicéforo (H.E. II:39), basado en antiguos escritores, afirma que Andrés predicó en Capadocia, Galacia y Bitinia, luego en la tierra de los antropófagos y de los desiertos de Scythia, acto seguido en el mismo Bizancio, donde designó a San Stachys como su primer obispo; finalmente predicó en Thrace, Macedonia, Thessaly y Acaya. Generalmente se sostiene que fue crucificado por orden del gobernador romano, Aegeas o Aegeates, en Patrae de Acaya, y que fue atado y no clavado a la cruz para prolongar sus sufrimientos. Se dice también que la cruz en la cual sufrió fue una cruz decussata (en forma de X), que ahora se conoce como cruz de San Andrés, aunque la evidencia para esta opinión parece no ser más antigua que el siglo catorce. Su martirio tuvo lugar durante el reino de Nerón, el 30 de noviembre del año 60 de la Era Cristiana; y ambas iglesias, la griega y la latina, mantienen el 30 de Noviembre como su fiesta.
Las reliquias de San Andrés fueron trasladadas desde Patrae a Constantinopla, y depositadas allí en la Iglesia de los Apóstoles, alrededor del año 357. Cuando Constantinopla fue tomada por los franceses en el comienzo del siglo trece, el Cardenal Pedro de Capua trajo las reliquias a Italia y las colocó en la Catedral de Amalfi, donde la mayoría de ellas permanecen. San Andrés es honrado como principal patrono en Rusia y en Escocia.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

LA LLAMADA AL SEGUIMIENTO (IV)
Dietrich Bonhoeffer

Según nuestro modo de comprender las cosas, podría haber sucedido de otra forma. Jesús podría haber ayudado al publicano a adquirir un conocimiento nuevo de Dios y dejarlo en su antigua situación. Si Jesús no hubiese sido el Hijo de Dios, esto habría sido posible. Pero como Jesús es el Cristo, hacía falta que quedase bien claro desde el principio que su palabra no es una doctrina, sino una nueva creación de la existencia. Se trataba de ir realmente con Jesús.
Cuando él llama, esto significa para el que recibe la llamada que sólo hay una posibilidad de creer en Jesús: abandonarlo todo y acompañar al Hijo de Dios hecho hombre. Con este primer paso, el que sigue es puesto en una situación que le permite creer. Si no sigue, si se queda atrás, no aprende a creer.
El que ha recibido la llamada debe salir de su situación, en la que no puede creer, para introducirse en la situación que le permite creer. En sí mismo, este paso no tiene ninguna clase de valor programático; sólo se justifica por la comunión que se adquiere con Jesús.
Mientras Leví permanezca en su oficina de contribuciones y Pedro junto a sus redes es posible que cumplan su oficio honrada y fielmente, es posible que tengan un conocimiento nuevo o antiguo de Dios; pero si quieren aprender a creer en Dios, es necesario que obedezcan al Hijo de Dios encamado, que marchen con él. Antes era de otra forma. Podían vivir pacíficamente, desconocidos, realizando su trabajo, observando la ley y esperando al Mesías. Pero ahora éste ha llegado, su llamada resuena.
Ahora, creer no significa permanecer tranquilos y esperar, sino ir con él siguiéndole. Su llamada al seguimiento ha abolido ahora todos los vínculos en beneficio del único lazo que une a Jesucristo. Hubo que cortar todos los puentes, hay que dar el paso hacia la inseguridad infinita, a fin de reconocer lo que Jesús exige y lo que da. Leví, en su oficina, habría podido encontrar en Jesús una ayuda en todas sus necesidades, pero no le habría reconocido como el único Señor, en cuyas manos debía poner toda su vida, no habría aprendido a creer.
Hay que crear la situación en que se puede creer en Jesús, Hijo de Dios encamado, esta situación imposible en la que se hace depender todo de una sola cosa, de la palabra de Jesús. Es preciso que Pedro salga del bote y marche sobre el agua insegura para que experimente su debilidad y la omnipotencia de su Señor.
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TALLER DE LITURGIA Y ADORACIÓN

CARACTERÍSTICAS Y DIRECCIÓN DE LOS CULTOS

Introducción
·      Quien conduce o guía el culto no es un “maestro de ceremonias”.
·      Dirigir el culto consiste en contribuir a crear la mejor atmósfera litúrgica.
·      Por ello, debe haber equilibrio entre la iniciativa de quien preside y el espíritu (o propósito) del culto en cuestión.

1. Culto de comunión y apertura
·      Por ser inicio de mes, debe anunciarse y subrayarse la nueva temática a desarrollarse.
·      El culto se encamina hacia la celebración eucarística: todo deberá estar subordinado a ello.
·      El director/a deberá canalizar la “energía litúrgica” hacia la relación entre alabanza, Palabra y el sacramento.
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2. Culto de reflexión y animación
·      Dada la centralidad de este año en la evangelización, este culto deberá preparar el ánimo para el siguiente.
·      Para tal fin, deberán estimularse los aspectos prácticos (invitación de personas, especialmente) y de fondo, sobre todo, el carácter de esta tarea central para la misión de la iglesia.
·      La conducción puede expresar, sin sobrecargar el uso del tiempo, la necesidad de compartir el mensaje cristiano.

3. Culto de evangelización
·      Dado su énfasis, este culto deberá abreviar muchos aspectos “rutinarios”.
·      Quien presida deberá considerar todo el tiempo la eventual presencia de personas no tan familiarizadas con el culto, a fin de dar algunas explicaciones.
·      La dirección del culto debe valorar adecuadamente la necesidad de subrayar el propósito del culto mediante algunas observaciones oportunas.
·      “Aligerar” el culto no quiere decir que se reducirá el peso de los diferentes aspectos litúrgicos (alabanza, confesión, ofrenda, etcétera).
·      La persona que presida deberá valorar la manera en que canalizará el enfoque elegido por el predicador/a para plantear una eventual invitación a las personas que hayan escuchado el mensaje evangelizador.

4. Culto de avance y consolidación
·      Este culto deberá mirar hacia “atrás” (el culto del domingo anterior) y hacia “adelante” (en el sentido de la “proyección evangelizadora”).
·      Al retomar los elementos de un “culto normal”, el director/a puede recapitular lo acontecido en los tres cultos anteriores.

·    Es muy importante que este culto promueva la consolidación de los expuesto en los anteriores a fin de que la retroalimentación sirva para los propósitos del plan anual.

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