sábado, 19 de mayo de 2018

¿Para qué se evangeliza?: Jesús y el Reino de Dios, Lic. Olivia Quezada


20 de mayo de 2018

1. Identidad del Reino

1.1 Sin duda, cuando Jesús está dando estas instrucciones y habla con tanta facilidad ya de este concepto que ahora nos resulta tan familiar, es porque estaba situado en el contexto socio-político de su época y nos lo demuestra desde el inicio de su ministerio, ya que su enunciado introductorio después de llamar al arrepentimiento siempre fue muy claro: “ El Reino de los cielos se ha acercado”.

1.2 También tiene claro que al constituir un Reino, debe darle carácter y forma de lo cual les habló ya de los principios fundamentales de él; las bienaventuranzas como las conocemos, le dan esta estructura de Reino que Él quiere enseñar, donde estos nuevos seguidores, deben comenzar a entender un nuevo proyecto, desde luego, para el mundo de su época, nada fácil; un Reino donde el sentido de todo tal parecía totalmente inverso, donde la paradoja cobraba importancia.

1.3 Así que para que exista ese Reino, debe haber un Rey y también súbditos de ese Rey. Jesús nunca hace énfasis en sí mismo, sino que le da al Padre la honra cuando enseña la oración y dice “Venga tu Reino”. Es por ello que continúa enseñando cómo es entrar a ese Reino, cuáles son los requisitos para esos súbditos.

2. Realidad del Reino
2.1 Problemas cotidianos
El afán y la ansiedad, ¿cómo eximirnos de ello? Por lo visto no es un problema actual nada más. Hoy que vivimos la época del stress. La del énfasis en la relajación la de las enfermedades mentales más sofisticadas incluso, debido a las presiones, al afán; en este tiempo donde se hace culto al capitalismo, al afán por tener, por acumular para de alguna manera llenar vacíos y no querer enfrentar las verdaderas causales de estas enfermedades, llamémosles neurosis. En la sociedad del primer siglo, no parecía que las circunstancias fueran tan distintas y es aquí donde Jesús da una de las enseñanzas más bellas que tal vez hemos con frecuencia pasado por alto.

¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura medio metro? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; Pero os digo, que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

2.2 v. 30 - Jesús hace una observación incisiva, casi molesta; toca un tema aparentemente no desconocido para ellos y tampoco para nosotros. La fe. “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos o qué beberemos, o qué vestiremos?”. E insiste: “Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas”.

2.3 Búsqueda del Reino
Y aquí Jesús nos insiste en búsquedas de manera inversa ya que nos está sugiriendo que esto no se hace cuando realmente existe fe. Y en esto de las búsquedas, viene a mi mente precisamente una parábola del Reino que muchas veces pasamos desapercibida y se encuentra en Lc. 15:8-10. Este relato nos habla de una mujer que está buscando una moneda, pero no es cualquiera, es una moneda de plata que equivalía al salario de diez días, así que queriendo destacar su diligencia en lo que le interesa, la exultó de tal forma que fue digna de compararse con Dios al buscar la moneda perdida, igual como busca Dios al mismo pecador, y aún más todavía, se prodiga en su relato rescatando esa parte primordial que tenemos las mujeres más desarrollada en nuestro lado derecho cerebral, que es el de la comunicación, diciendo que seguramente esa mujer reuniría al encontrar esa buscada moneda a todas sus amigas y vecinas para que se gozaran juntamente con ella; lejos de querer destacar lo que evidentemente no tenía sentido hacer, El se pronuncia por destacar lo prolijo de la característica femenina.

3. Proclamación del Reino
3.1 Así que un Reino de esta calidad merece proclamarse, merece atenderlo con toda la diligencia posible. Ya que nos han dado los requisitos de él y además que viendo la situación del mundo que estamos viviendo, yo creo que no hay mejor Kerigma, mejor Buena Nueva, mejor Anuncio que ese Reino que indudablemente su Plan de gobierno sí está impregnado de justicia y amor.

3.2 ¿Para qué entonces debemos evangelizar?
3.2.1 Para mostrarnos primeramente súbditos de ese Reino.
3.2.2 Para demostrarle a ese Rey que le creemos.
3.2.3 Para compartir las riquezas del Reino.

Lo mismo que Jesús vino a anunciar y realizar, esto es, el Reino de Dios, es lo que debe constituirse en el objeto unificador de toda la teología cristiana, así como de la moral y de la pastoral cristianas: la mayor realización posible del reino de Dios en la historia es lo que deben proseguir los verdaderos seguidores de Jesús.

Ignacio Ellacuría, “Aporte de la teología de la liberación a las religiones abrahámicas en la superación del individualismo y del positivismo”, en Revista Latinoamericana de Teología, 10, 1987, p. 9.

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