domingo, 6 de mayo de 2018

Letra 567, 6 de julio de 2018


LOS HOMBRES DEL MAESTRO (XI)
SANTIAGO, HIJO DE ALFEO
Geraldo Mórujao

1. Cuestión de los Santiagos
Resultado de imagen para santiago el menor apostol pinturaEn el N. T. además de Santiago el Mayor hay otro apóstol con el mismo nombre, S. el hijo de Alfeo (Mt 10.3; Mr 3.18; Lc 6.15; Hch 1.13), identificado por algunos con el S. “hermano” del Señor (Mt 13.55; Mr 6.3). Muy poco sabemos de su vida y actuación; los datos obtenidos de otras fuentes suman una mezcla confusa, sumamente difícil de coordinar. San Pablo “lo vio” en Jerusalén (Gál 1.19) a su regreso de Arabia y años después al finalizar su tercer viaje (Hch 21.18). Hegesipo (PG 20, 195-206) y F. Josefo (Ant. lud., XX,9,1,200; De Bello lud., 11,20,20) facilitan datos y noticias acerca de su piedad, de la veneración que por él sentía el pueblo, de su martirio y sepultura.
Favorecido por el Señor con una aparición individual (1 Cor 15.7), el llamado S. el Menor por San Marcos (Mr 15.40) puede ser muy bien el hijo de una de las Marías, fue hombre de intensa oración. Nombrado obispo de Jerusalén por los apóstoles, desarrolló una celosa actividad sobre todo en la tarea de acercamiento entre judíos y cristianos. El prestigio, acrecentado con ocasión del Concilio de Jerusalén, desató odios y envidias por parte de escribas y fariseos, quienes, instigados por el sumo sacerdote Anás II, lograron llevarle a una de las almenas del Templo, desde donde lo arrojaron, muriendo luego lapidado en el año 62.

2. Identificación con el “hermano” del Señor
Nada se puede decir de modo definitivo, ni hay argumento apodíctico alguno, ni la tradición es unánime, acerca de si S. el Menor, hijo de Alfeo, es el S. hermano del Señor (“hermano” en el uso bíblico es sinónimo de pariente más o menos cercano).
Los que afirman la identificación se basan en: a) “y no vi ningún otro apóstol fuera de Santiago, hermano del Señor” (Gál 1.19). b) Santiago aparece como figura muy importante en el Jerusalén (Hch 15.13-22), hasta el punto de determinar una decisión del Colegio Apostólico y que San Pablo le llame “columna de la Iglesia” (Gál 2.9) junto a Pedro y Juan, relevancia sólo explicable por su condición de apóstol. c) San Lucas, que acostumbra presentar a sus personajes, no  hace  así  con “el  hermano  del  Señor” (Hch 12.17; 15.13) porque ya lo supone presentado como apóstol en Hch 1.13; además, a partir de la muerte de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, habla ya de S. sin especificarle, señal de que sólo queda y hay uno (Hch 12.17; 15.13; 21.18). d) Finalmente, ante la dificultad que surge al constatar “Santiago apóstol, hijo de Alfeo” y “el hermano del Señor, hijo de Cleofas”, los partidarios de la identificación resuelven diciendo que se trata de dos formas, hebrea y griega, del mismo nombre (lo que es muy poco probable), o que Cleofas era sólo padrastro, o que es muy difícil la identificación de María de Cleofas con la María madre de S. el Menor.
Por otro lado, la corriente de autores y exegetas que niegan la identificación, argumentan diciendo que: a) El grupo de los hermanos de Jesús aparece formando como grupo distinto al de los apóstoles (Hch 1.13-14; I Cor 9.5). b) Los Evangelios narran la oposición e incredulidad de los “hermanos” del Señor, después de elegidos los apóstoles, que no podían permanecer en tal actitud (Jn 7.3-5; Mr 3.21-35). c) Finalmente, Gál 1,19 no es prueba de identificación, pues la partícula griega el me tiene también sentido adversativo (pero) y no sólo de excepción (fuera de). Además, el pronombre griego heteras (otro) puede incluso sugerir la idea de diferente o distinto de los apóstoles. Decir “y no vi a ningún otro apóstol pero sí a Santiago, el hermano del Señor” no incluye la identificación.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y LA CRUZ (V)
Dietrich Bonhoeffer

Resultado de imagen para bonhoeffer siguemeQuien no quiere cargar su cruz, quien no quiere entregar su vida al dolor y al desprecio de los hombres, pierde la comunión con Cristo, no le sigue. Pero quien pierde su vida en el seguimiento, llevando la cruz, la volverá a encontrar en este mismo seguimiento, en la comunión de la cruz con Cristo. Lo contrario del seguimiento es avergonzarse de Cristo, avergonzarse de la cruz, escandalizarse de ella.
Seguir a Jesús es estar vinculado al Cristo sufriente. Por eso el sufrimiento de los cristianos no tiene nada de desconcertante. Es más bien, gracia y alegría. Las actas de los primeros mártires dan testimonio de que Cristo transfigura, para los suyos, el instante de mayor sufrimiento con la certeza indescriptible de su proximidad y de su comunión. De suerte que, en medio de los más atroces tormentos soportados por su Señor, participan de la alegría suprema y de la felicidad de la comunión con él. Llevar la cruz se les revelaba como la única manera de triunfar del sufrimiento. Y esto es válido para todos los que siguen a Cristo, puesto que fue válido para Cristo mismo.

Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú...”. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: “Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad” (Mt 26.39, 42).

Jesús pide al Padre que pase de él este cáliz, y el Padre escucha la oración del Hijo. El cáliz del sufrimiento pasará de él, pero únicamente bebiéndolo. Cuando Jesús se arrodilla por segunda vez en Getsemaní, sabe que el sufrimiento pasará en la medida en que lo sufra. Sólo cargando con él vencerá al sufrimiento, triunfará de él. Su cruz es su triunfo.
El sufrimiento es lejanía de Dios. Por eso, quien se encuentra en comunión con Dios no puede sufrir. Jesús ha afirmado esta frase del Antiguo Testamento. Precisamente por esto toma sobre sí el sufrimiento del mundo entero y, al hacerlo, triunfa de él. Carga con toda la lejanía de Dios. El cáliz pasa porque él lo bebe. Jesús quiere vencer al sufrimiento del mundo; para ello necesita saborearlo por completo. Así, ciertamente, el sufrimiento sigue siendo lejanía de Dios, pero en la comunión con el sufrimiento de Jesucristo el sufrimiento triunfa del sufrimiento y se otorga la comunión con Dios precisamente en el dolor.
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JAMES H. CONE Y LA TEOLOGÍA NEGRA

Resultado de imagen para james cone youngPuesto que Dios nos ha liberado, estamos emplazados a acercarnos a nuestro prójimo y reconciliarnos con él, especialmente con nuestro prójimo blanco. Pero esto no significa que tengamos que dejarnos prescribir por los blancos lo que significa reconciliación. Para nosotros, significa en primer lugar participar en el actuar revolucionario de Dios en el mundo, cambiando las estructuras políticas, económicas y sociales, de modo que las diferencias entre ricos y pobres, opresores y oprimidos, ya no sigan siendo las decisivas. No puede haber reconciliación entre esclavos y señores, mientras éstos no desaparezcan como tales.
J.C., “Teología negra”

En muchos círculos teológicos se señala la aparente escasez de buenos teólogos/as estadunidenses con el argumento de que, debido a que la enorme cantidad de libros religiosos que se publica en ese país, cuesta trabajo discernir entre el trigo y la paja. De los convulsos años 60, en medio de la fiebre producida por los teólogos de “la muerte de Dios” y otras corrientes de menores, es posible rescatar algunos nombres que siguen siendo valiosos hasta la fecha.
Entre ellos están, por supuesto, Harvey Cox (1929), quien con La ciudad secular (1965) colocó nuevamente a la teología como materia de discusión en espacios no solamente eclesiales gracias a su gran perspicacia para trabajar los temas relacionados con la secularización. […] De la misma época, por edad, hay que destacar a Walter Brueggemann (nacido en 1933), figura señera del pensamiento cristiano actual, quien se ha consolidado como una de las figuras proféticas más relevantes de finales del siglo XX e inicios del XXI, también con una amplia obra de diálogo entre la Biblia y la realidad presente. Otro nombre importante es el Y, por supuesto, sin olvidar a Cornel West, casi 20 años más joven que Cone, es un pensador con el que éste tuvo mucha cercanía en los años recientes.
Pero quizá sea el recientemente fallecido James H. Cone, ministro metodista ordenado y profesor de amplia trayectoria en el Seminario Unión, de Nueva York, quien mejor encarnó el espíritu libertario y contestatario, utópico y práctico, al mismo tiempo, de las vanguardias teológicas que, en esos años, cambiaron definitivamente el rostro de la cristiandad estadunidense. […]
Cone, forjado en el cristianismo de raigambre afro-americana, conoció los duros momentos del racismo dentro del evangelicalismo tradicional, lo que lo llevó a simpatizar con varias de las vertientes del pensamiento y la acción que desembocaron en el movimiento del black power y en las propuestas de Martin Luther King, Jr. y Malcolm X.
De hecho, el libro que es reconocido como el detonante de la teología negra fue, precisamente Teología negra y poder negro, 1969, al que seguirían Teología negra de la liberación, en 1973), Los espirituales y el blues: una interpretación, 1972, Martin, Malcolm y América: ¿sueño o pesadilla?, 1972, y Dios de los oprimidos, 1975, entre otros. […]
Como se puede apreciar en la cita que abre este artículo, su comprensión de la teología estuvo marcada por la necesaria reivindicación de sus raíces cristianas negras, fuertemente sacudidas por el ambiente hostil por parte de la población blanca. (LCO)

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