domingo, 28 de abril de 2013

Letra 326, 28 de abril de 2013


UN MODELO DE KOINONÍA, SOLIDARIDAD Y COOPERACIÓN
Carlos Scott
Protestante Digital, 16 de febrero de 2013

Un modelo de koinonía, solidaridad y cooperaciónHermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado. Filipenses 3:17

El apóstol Pablo nos da un modelo de misión y cooperación para seguir. Podemos sugerir que el apóstol está definiendo el rol de la cooperación y su representación con la palabra comunión (Fil. 1:5).

1. El evangelio es la pasión por participar con el Pueblo de Dios en la misión del Dios misionero. La pasión clave es por el evangelio. Pablo nos habla acerca de la comunión del evangelio en el capítulo uno de Filipenses. Cuenta lo que le pasó a él y anima a los creyentes a que se comporten como es digno del evangelio; firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe y sin temor a los adversarios. Por lo tanto: Debemos participar ayudando a otros por medio de la cooperación.
La pasión por el evangelio nos debe llevar a participar, cooperar, compartir (Fil. 1:5) y no a competir: Compartir una empresa común (2 Co. 8:23), compartir una experiencia común: la persecución (Heb. 10:33 y Ap. 1:9); el sufrimiento (2 Co. 1:7); la alabanza (1 Co. 10:16-17); la debilidad y fortaleza (2 Co. 11: 28-29); compartir privilegios en común (Ro. 11:17; 1 Co 9:23), compartir realidades en común (Fil. 1:7); compartir por medio del dar o donar (Fil. 1:5, 2 Co. 9:13).
Los Filipenses "participaban en el evangelio desde el primer día" (1:5) sosteniendo a Pablo (4:14-16). Se puede hablar de "comunión". Koinonía es la palabra neotestamentaria traducida como "comunión", "compartir", "contribución", "común".
Queda claro la idea de compartir algo, una empresa, un propósito, una experiencia, el dinero, debe ser compartido. Lo que se comparte primero en el contexto de la iglesia es la fe. Lo que sale de la koinonia de la fe es la koinonia de la obra. El compartir la fe viene primero y define la cooperación práctica, pero la fe común debe tener una salida a la participación práctica y esta participación en la práctica tiene consecuencias concretas.
Así lo vivió Epafrodito quien arriesgo su vida para atender las necesidades de Pablo. No solo se lo menciona como hermano y colaborador sino como "compañero de lucha". Implica el nivel más alto en la cooperación (Fil. 2:25-30, 4:18). Es la figura tomada de los soldados romanos cuando están espalda pegada contra espalda. El enemigo no puede distinguir cuando comienza uno y termina el otro. Es alegrarnos, sufrir y avanzar por lo mismo.

2. El evangelio es la pasión por ser siervos en la cooperación. En el capítulo dos hay una descripción única de Jesús como siervo, luego, tenemos ejemplos de otros siervos como Timoteo (2:19-23) y Epafrodito. El capítulo tres da una advertencia sobre los malos obreros (3:2) y en el capítulo cuatro Pablo le ruega a Evodia y Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor (4:2). Se habla mucho de los siervos, de servir juntos y de los problemas que hay cuando servimos juntos, por lo tanto: Debemos participar encarnando el modelo de Jesucristo. Jesucristo es el modelo y actitud que debemos desarrollar como siervos e iglesias en el corazón de Dios (2:5-11): “Se humilló y se rebajó voluntariamente tomando la naturaleza de siervo y se hizo semejante a los seres humanos” (v 5-7), Se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! (v8), Jesucristo es exaltado (v9-11). “Él debe ser exaltado como resultado de nuestra actitud en todo lo que hacemos especialmente en la cooperación."
El tema de fondo es relacionarnos correctamente encarnando el modelo de Jesucristo. Por eso dice el apóstol: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás".
El primer paso para la unidad y cooperación comienza con H mayúscula: Humildad. Se requiere amor, verdad, aceptación, perdón, respeto, vulnerabilidad, sumisión, integridad, equidad, reciprocidad y paz. La fe bíblica no solamente tiene que ver con responder y creer en un mensaje, sino tiene que ver con vivir el mensaje en el mundo concreto, el mundo de riqueza y pobreza, el de injusticia y corrupción, el de divisiones y rivalidades.

3. El evangelio es la pasión por conocer más al Señor. Podemos estar trabajando muy fuerte y haciendo muchos planes, pero no debemos descuidar la pasión de conocer a Jesús. Algunas veces falta pasión hacia Cristo. Podemos estar muy emocionados con el programa de la iglesia, la organización o la institución, pero no con Jesús mismo. Nos involucramos tanto haciendo planes que corremos el riesgo de olvidamos de Jesucristo. Nuestra primera prioridad será siempre conocerlo a ÉL. Lo que le importaba al apóstol Pablo era conocer a Jesucristo (3:8), ahí es donde comienza la pasión en la cooperación, por lo tanto: Debemos conocer más a Jesucristo y participar en sus sufrimientos. "Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a Él en su muerte." Fil. 3:10.
El apóstol nos deja su legado. "Ahora me alegro en medio de mis sufrimientos por ustedes, y voy completando en mí mismo lo que falta de las aflicciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia" (Col. 1:24). Tanto Pablo, Timoteo y Epafrodito dieron un paso más allá. Se entregaron totalmente a punto de arriesgar la vida misma. La iglesia como parte de su misión está presente en el mundo para completar lo que falta de sus sufrimientos en la extensión del Reino de Dios (Fil. 1:29, 1 P. 4:13, 16). Es identificarnos y servir a los más vulnerables. Hay lugares en el mundo donde la iglesia es muy débil y sufre.
Se nos invita a estar en el seguimiento de Jesús y dar pasos de fe. La presente condición del mundo está marcada por el sufrimiento (Ro. 8:18-20). Nuestra vida debe ser un final abierto y lleno de sorpresas en las manos de Dios. Nunca terminamos de saber lo que viene después. ¿Es costoso estar en el centro de la voluntad de Dios? Esta debe ser nuestra pasión (Fil. 3:13-14).

Preguntas para la reflexión
·         ¿Estamos abiertos a tener comunión, compartir, participar y contribuir con otras iglesias del pueblo, ciudad y región? ¿Qué implica?
·         ¿Qué consecuencias concretas tendría que tener la participación en la comunión del evangelio?
·         ¿Cuáles son los obstáculos para avanzar hacia el nivel más alto de la cooperación, solidaridad y comunión? ¿Qué pasos debemos dar para superarlos?
·         ¿Cómo podemos colaborar unos con otros para extender el Reino de Dios entre la gente más vulnerable, débil y menos evangelizada? ¿Cómo contribuir con la iglesia sufriente en otros lugares del mundo?

***

LA IGLESIA NO SE ARREGLA SÓLO CAMBIANDO DE ZAPATOS (II)
José María Castillo

Ahora bien, como sabe cualquier persona medianamente cultivada, la teología sigue siendo un conjunto de saberes que se han quedado demasiado trasnochados. Porque son ideas y convicciones que se elaboraron y se estructuraron hace más de ochocientos años. Y, como es lógico, en una cultura como la actual, cuando la mentalidad de la casi totalidad de la gente tiene otros problemas y busca otras soluciones, ¿nos vamos a extrañar de que las enseñanzas del clero interesan poco y cada día a menos personas? Yo estoy de acuerdo en que Dios es siempre el mismo. Y no se trata de que la gente de cada tiempo se invente el “dios” que le conviene a la gente de ese tiempo. Nada de eso. Se trata precisamente de todo lo contrario. Se trata de que nos preguntemos en serio si lo que enseñamos, con nuestras teologías y nuestros catecismos, es lo que Dios nos ha dicho. O más bien lo que enseñamos es lo que se les ha ido ocurriendo a una larga serie de teólogos, más o menos originales, que, en tiempos pasados, dijeron cosas que hoy ya sirven para poco.
Termino poniendo un ejemplo, que ilustra lo que intento explicar. En el “Credo” (nuestra confesión oficial de la fe), empezamos diciendo: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso”. Eso es lo que enseñó el primer Concilio ecuménico, el de Nicea (año 325). De otros calificativos, que se le podían haber puesto al Dios de nuestra fe, se escogió el de “todopoderoso”, Es decir, si optó por el “poder”, no por la bondad o el amor, que es como el Nuevo Testamento define a Dios (1 Jn 4, 8. 16). Pero no es esto lo que ocasiona más dificultades. El problema principal está en que, si se lee el texto original del concilio, el griego, lo que allí se dice es que los cristianos creemos en el “Pantokrátor”, que era el título que se atribuyeron a sí mismos los emperadores romanos de la dinastía de los “antoninos” (del 96 al 192), que dominaron la edad de oro del Imperio, y se igualaron a los dioses. Ahora bien, el “Pantokrátor” era el amo del universo, el dominador absoluto del cosmos. Una manera de hablar de Dios que poco (o nada) tiene que ver con el Padre que nos presentó Jesús. Y conste que este ejemplo, siendo importante, es relativamente secundario. Sin duda alguna, la teología necesita una puesta al día, que implica problemas mucho más graves que los zapatos del papa. Vamos a intensificar nuestra fe y nuestra esperanza en que el papa Francisco va a dar pasos decisivos en este sentido. En ello, los creyentes nos jugamos más de lo que seguramente imaginamos.

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