sábado, 24 de mayo de 2014

Letra 359, 25 de mayo de 2014

DIÓCESIS DE INGLATERRA APRUEBAN OBISPAS
El Universal, 23 de mayo de 2014

La legislación regresará al Concilio en julio para su votación final; el asunto ha dividido desde hace mucho a la Comunión Anglicana
Todas las diócesis de la Iglesia de Inglaterra votaron a favor de permitir que las mujeres presten servicio como obispas, informó la institución, dejando pendiente sólo un obstáculo importante para cambiar siglos de práctica.
El asunto ha dividido desde hace mucho tiempo a la Comunión Anglicana, una organización cristiana con más de 80 millones de adherentes en todo el mundo.
Iglesias anglicanas en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos ya tienen mujeres prestando servicio como obispas.
La Iglesia de Inglaterra ha batallado durante años para decidir si admite a las mujeres en jerarquía. El Concilio General de la Iglesia votó en febrero a favor de enviar a sus 44 diócesis una iniciativa que permita la existencia de obispas.
La Iglesia dijo el viernes que todas votaron a favor, con Manchester, la última en hacerlo, el jueves.
La legislación ahora regresará al Concilio en julio para su votación final.

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EL DIOS VIVO: SU ELECCIÓN
Karl Barth, Instantes

Dice Jesús: “Yo os he elegido” (Juan 15.16).

Lo que le sobreviene a la criatura cuando el misterio de Dios se yergue de manera tan conmovedora en medio de su vida con su elección, es en realidad la gracia, la benevolencia y el favor de Dios. Cuando esto sucede, Dios le dice realmente “sí”. Y de este modo es, en su certeza, un sí incondicional que precede a toda autodeterminación de la criatura: la predestinación bajo la cual puede vivir en cualquier circunstancia. Nos pone en movimiento, pero no nos precipita en la inquietud. El ámbito de la inquietud es el ámbito que cae fuera de la elección divina por gracia: el ámbito de la criatura que se resiste al amor de Dios. Inquieta ha de estar, ya que con su oposición ha causado su propia caída, y ahora, tras  haber soltado el único apoyo posible, busca otro inútilmente. Pero en virtud de la elección divina por gracia, queda a salvo de este ámbito de la inquietud.
Con el sí que Dios le dice, queda permanentemente bajo ese sí: sin objeciones, sin segundas intenciones ni reservas, no con una fidelidad temporal, sino eterna. Al producirse la elección de Dios, la criatura deja automáticamente atrás cosas como la cuestión de si ese “sí” tendrá o no validez, la preocupación de cómo, en el mejor de los casos, podrá uno conseguir o conservar ese sí, preocupación que surge a la vista de la imposibilidad, continuamente manifiesta, de vivir por propio impulso desde ese sí. Le han dado un «sí», no tiene ya otra vida, sino la procedente de ese “sí”, pues indudablemente Dios ha dicho ese sí, e indudablemente Dios es Dios. Sólo le queda vivir tranquilamente esa vida tan concreta. Sólo le queda la admiración, el asombro deferente ante el hecho misterioso de que puede vivir esa vida a la que le han dado un sí.
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CÁNONES DE DORT (1619)
CAPITULO QUINTO: DE LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (I)


I. A los que Dios llama, conforme a Su propósito, a la comunión de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y regenera por el Espíritu Santo, a éstos les salva ciertamente del dominio y de la esclavitud del pecado, pero no les libra en esta vida totalmente de la carne y del cuerpo del pecado.
II. De esto hablan los cotidianos pecados de la flaqueza, y el que las mejores obras de los santos también adolezcan de defectos. Lo cual les da motivo constante de humillarse ante Dios, de buscar su refugio en el Cristo crucificado, de matar progresivamente la carne por Espíritu de oración y los santos ejercicios de piedad, y de desear la meta de la perfección, hasta que, librados de este cuerpo de muerte, reinen con el Cordero de Dios en los cielos.
III. A causa de estos restos de pecado que moran en el hombre, y también con motivo de las tentaciones del mundo y de Satanás, los convertidos no podrían perseverar firmemente en esa gracia, si fuesen abandonados a sus propias fuerzas. Pero fiel es Dios que misericordiosamente los confirma en la gracia que, una vez, les fue dada, y los guarda poderosamente hasta el fin.
IV. Y si bien ese poder de Dios por el que corma y guarda en la gracia a los creyentes verdaderos, es mayor que el que les podría hacer reos de la carne, sin embargo, los convertidos no siempre son de tal manera conducidos y movidos por Dios que ellos, en ciertos actos especiales, no puedan apartarse por su propia culpa de la dirección de la gracia, y ser reducidos por las concupiscencias de la carne y seguirlas. Por esta razón, deben velar y orar constantemente que no sean metidos en tentación. Y si no lo hacen así, no sólo pueden ser llevados por la carne, el mundo y Satanás a cometer pecados graves y horribles, sino que ciertamente, por permisión justa de Dios, son también llevados a veces hasta esos mismos pecados; como lo prueban las lamentables caídas de David, Pedro y otros santos, que nos son descritas en las Sagradas Escrituras.
V. Con tan groseros pecados irritan grandemente a Dios, se hacen reos de muerte, entristecen al Espíritu Santo, destruyen temporalmente el ejercicio de la fe, hieren de manera grave su conciencia, y pierden a veces por un tiempo el sentimiento de la gracia; hasta que el rostro paternal de Dios se les muestra de nuevo, cuando retornan de sus caminos a través del sincero arrepentimiento.
VI. Pues Dios, que es rico en misericordia, obrando de conformidad con el propósito de la elección, no aparta totalmente el Espíritu Santo de los suyos, incluso en las caídas más lamentables, ni los deja recaer hasta el punto de que pierdan la gracia de la aceptación y el estado de justificación, o que pequen para muerte o contra el Espíritu Santo y se precipiten a sí mismos en la condenación eterna al ser totalmente abandonados por Él.
VII. Pues, en primer lugar, en una caída tal, aún conserva Dios en ellos esta Su simiente incorruptible, de la que son renacidos, a fin de que no perezca ni sea echada fuera. En segundo lugar, los renueva cierta y poderosamente por medio de Su Palabra y Espíritu convirtiéndolos, a fin de que se contristen, de corazón y según Dios quiere, por los pecados cometidos; deseen y obtengan, con un corazón quebrantado, por medio de la fe, perdón en la sangre del Mediador; sientan de nuevo la gracia de Dios de reconciliarse entonces con ellos; adoren Su misericordia y fidelidad; y en adelante se ocupen más diligentemente en su salvación con temor y temblor.
VIII. Por consiguiente, consiguen todo esto no por sus méritos o fuerzas, sino por la misericordia gratuita de Dios, de tal manera que ni caen del todo de la fe y de la gracia, ni permanecen hasta el fin en la caída o se pierden. Lo cual, por lo que de ellos depende, no sólo podría ocurrir fácilmente, sino que realmente ocurriría. Pero por lo que respecta a Dios, no puede suceder de ninguna manera, por cuanto ni Su consejo puede ser alterado, ni rota Su promesa, ni revocada la vocación conforme a Su propósito, ni invalidado el mérito de Cristo, así como la intercesión y la protección del mismo, ni eliminada o destruida la confirmación del Espíritu Santo.

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EL LENGUAJE ESPIRITUAL EN VIDA EN EL AMOR (II)

Luego de asimilar la influencia de Teilhard de Chardin (palpable también en Cántico cósmico y Versos del pluriverso), Cardenal emprendió su propio camino reflexivo en Cuernavaca al redactar Vida en el amor entre 1959 y 1961. Luce López Baralt lo compara con El medio divino del jesuita francés y con Semillas de contemplación, del monje y también poeta Thomas Merton, quien fue su maestro en el monasterio trapense de Gethsemani, Kentucky. Ni en Salmos ni en Gethsemani, Ky Cardenal se atrevió a traducir su experiencia mística al verso.
Sobre la influencia teilhardiana, el poeta nicaragüense ha escrito: “Creo que Chardin puede ser un puente entre cristianismo y marxismo, al igual que loes la teología de la liberación. […] Según él, la evolución es un proceso desde el gas original hasta las sociedades actuales y la humanidad futura […] Un cristianismo anterior al de Chardin era incompatible con el materialismo dialéctico y con el materialismo histórico y científico”.
Por ello, las primeras palabras de Vida en el amor son paradigmáticas en esa visión “franciscana”, ambientalista y evolucionista de la naturaleza: “Todas las cosas se aman. La naturaleza toda tiende hacia un tú. Todos los seres vivos están en comunión unos con otros. El fenómeno del mimetismo hermana a todas las plantas y animales y cosas: hay insectos que imitan a las flores y flores que imitan insectos, animales que imitan el agua o las rocas o la arena del desierto o la nieve o los bosques o a los otros animales. Y todos los seres vivos se aman y se comen unos a otros en ese vasto proceso del nacimiento y del crecimiento y de la reproducción y de la muerte”. E incluso en esa cadena biológico-religiosa aflora la vertiente erótica: “En la naturaleza todo es mutación y transformación y cambio de unas cosas en otras, y todo es abrazo, caricia y beso”.
Como señala López Baralt: “Cardenal se inicia en la literatura mística con Vida en el amor: Se trata del libro más gozoso, más compasivo y más armónico del poeta, en el que salta a la vista el júbilo del místico reciente que ha descubierto que ese amor avasallante es el centro ontológico del universo. ‘Hemos sido creados para unas nupcias’, nos alecciona con certeza espiritual extrema. Siguiendo las enseñanzas evolucionistas de Chardin, Cardenal intuye que todo evoluciona hacia el amor, que constituye el “cemento que une el universo”. (LCO)

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