domingo, 4 de mayo de 2014

Letra 366, 4 de mayo de 2014

EL DIOS VIVO: SU VITALIDAD
Karl Barth, Instantes

Mi alma tiene sed del Dios vivo. (Salmo 42.2)


Un Dios vivo es un Dios que es realmente Dios. No la quinta rueda del coche, sino la rueda que hace funcionar todas las demás. No un objeto sagrado puesto aparte, sino el que con fuerza se pone en medio de todo cuanto es. No un poder oscuro ubicado en las nubes y ante el cual el ser humano sólo podría ser esclavo o tratar de escapar, como lo hace un malicioso escolar de un maestro pedante, sino el claro poder de la libertad que está sobre todo y en todo y desea ser venerado principalmente en el ser humano.
No un pensamiento ni un parecer, ¡sino la fuerza de vida que vence a las fuerzas de muerte de manera tan real como la fuerza de la electricidad o de la dinamita! No un adorno del mundo, ¡sino una palanca que engrana en el mundo! No un sentimiento con el que se puede jugar, sino un hecho que se puede poner en práctica, con el que en toda situación puede uno erguirse sobre los dos pies, del que uno se nutre como de pan, al que uno se retira como a una fortaleza desde la cual hace incursiones, como los sitiados que se atreven a lanzar un alegre ataque contra los sitiadores en todas direcciones. Esto significa un Dios vivo. ¿Te asombras de que algo así sea posible? Sí, ahí habrá muchas más cosas de las que asombrarse. Ahora, al Dios vivo sólo lo barruntamos. No cabe afirmar que lo conozcamos, que lo “tengamos”. ¡Todo se convierte en torpes suspiros y balbuceos cuando intentamos decir algo de él!

CANONIZACIONES 2014: UN ABORDAJE NO CATÓLICO (I)

Apenas transcurrido el tráfago de la Semana Santa, el mundo afronta ahora la canonización de, nada menos, dos papas, lo que no es cosa menor. Uno, Juan XXIII, símbolo del aggiornamento en serio que quiso realizar el catolicismo en la segunda mitad del siglo pasado. El otro, Karol Wojtyla, representación viva del retorno de la tradición para retomar el control de esa iglesia.
Un abordaje no católico, entre tantos posibles, no exento de perplejidad ante lo que parece un exceso político y estratégico, comprensible al fin, pero que no deja de ser eso, necesariamente observa lo que se percibe como un impulso fuertemente mediático para tratar de apuntalar la institución romana en medio del creciente declive o, al menos, de la profunda falta de credibilidad que la aqueja. Luego de leer lo planteado por Bernardo Barranco y Roberto Blancarte acerca de las motivaciones profundas del suceso en cuestión, queda más explícito su trasfondo. Ambos coinciden en los aspectos políticos de esta decisión que no por controversial dejará de discutirse en todos los tonos. Barranco (conductor del nuevo programa televisivo “Sacro y profano”) pone el acento en la manera en que el papa Bergoglio ha violado las normas y esboza las razones que tuvo para ello:

Tanto en la canonización de Juan Pablo II como en la de Juan XXIII, se infringieron las normas. En el caso del papa Wojtyla, Benedicto XVI decidió no esperar los cinco años de su muerte para iniciar el proceso canónico. Y en el de Roncalli, Francisco decidió no presentar el segundo milagro para santificarlo. En ambos casos no sólo se brincaron las pautas, sino que hubo prisa. Pone de manifiesto la falta de rigor de la Congregación para las Causas de los Santos, de la que tanto presume su prefecto, el cardenal Angelo Amato.
Es evidente para todos que Francisco optó por una inédita doble canonización de pontífices como una medida política de contrapesos. Dejar que los reflectores iluminaran sólo a Karol Wojtyla tenía riesgos, pues reactivaría los alicaídos ímpetus conservadores de la curia. Juan Pablo II es el héroe de la fe y una especie de Napoleón eclesiástico para los sectores conservadores nostálgicos de una Iglesia fuerte y triunfal. Juan XXIII, por el contrario, representa otro modelo eclesial que emana del concilio, más abierto y plural frente a los desafíos de la sociedad moderna.

Para el sociólogo citado, este juego político de contrapesos tiene una vertiente positiva relacionada con el perfil que Bergoglio ha querido imprimir a su pontificado, pues luego de los gestos iniciales para las plateas de fieles, lo que venga ahora debe mostrar solidez y consistencia, más allá de lo que los diversos medios privilegian como atractivo para las masas católicas. Así, es bastante evidente que se impusieron los criterios políticos por encima de los “espirituales”. Blancarte (profesor-investigador de El Colegio de México), a su vez, señala que la simultaneidad de estas canonizaciones obedece a las dos cuestiones, las políticas y las religiosas. Y agrega, en relación con el “clamor popular” por la canonización de Wojtyla: “…hay también un cálculo político, producto de la necesidad de balancear las diversas corrientes dentro del Vaticano y de relativizar el impacto de la canonización del Papa polaco, que fue reclamada desde el momento de su muerte por las masas (y algunos medios de comunicación que rápidamente hicieron eco), que pedían que lo nombraran ‘santo, súbito’, es decir un santo rápido, un ‘santo fast track’, como muchos de los que él hizo a lo largo de su cuarto de siglo como pontífice”.
Las diferencias entre ambos pontífices fueron más que notorias, incluso si se valoran dentro de la propia dinámica vaticana:

Wojtyla era un producto de la Polonia de entreguerras, amenazada por la Alemania nazi y la Unión Soviética, así como de la guerra fría. Juan XXIII es un producto del novecento italiano, de la diplomacia vaticana que gracias a Mussolini alcanzó un nuevo estatus internacional. Hizo su carrera, después de haber sido sargento médico y capellán militar en la Primera Guerra Mundial, como delegado y nuncio apostólico en lugares donde el catolicismo no era mayoritario, como en la Bulgaria o la Grecia ortodoxa o en la islámica (aunque laica) Turquía. Finalmente, antes de ser nombrado patriarca de Venecia, fue nombrado nuncio en Francia. Una vida entendiendo, como buen diplomático, al cristiano distinto y al mundo secular. Juan Pablo II llegó al pontificado desde la arquidiócesis de Cracovia para librar una batalla contra el mundo soviético, contra el mundo secular y contra todos aquellos que, desde una perspectiva liberal, reivindicaban libertades sexuales.

Debe decirse también que la muy borrosa imagen de Roncalli se difuminó también por el arrasador carisma de Wojtyla, quien sumó a ello una feroz intolerancia contra todo lo que oliera a la muy perniciosa teología de la liberación, que atacó sin piedad y, al mismo tiempo, copió formas del evangelismo masivo (en Tabasco, sureste de México, no dudó en hacer “llamamientos” al estilo evangélico para invitar a católicos a “volver al redil”) e incluso invitó a alguien como Billy Graham (quien lo alabó como “el más grande líder moral y espiritual de los últimos 100 años”) a predicar en su país natal. Barranco añade a este expediente la represión contra “aquellos teólogos que buscaban nuevas síntesis en términos de ética cristiana y sexualidad en Europa y Estados Unidos” así como la “cerrazón ante el derecho de las mujeres no sólo dentro de la Iglesia, sino su papel cosificado como madre/mártir de la familia tradicional”. En México, ya alcanzó ribetes clásicos el trabajo periodístico de Valentina Alazraki, quien continúa en su labor de promover la figura de Juan Pablo II. Hasta circula en librerías más un volumen cuyo título lo dice todo: Un hombre con aspecto de ángel. La wojtylolatría es todo un fenómeno atizado por las cuatro visitas del pontífice polaco y por el reciente paseo de algunas reliquias suyas.
Escribir desde esa perspectiva y en un país tan apreciado y bombardeado por las cúpulas vaticanas (aunque hay que reconocer, en esta ocasión, que ambas canonizaciones no han recibido la difusión esperada) puede resultar sospechoso, pero siempre será obligado, más aún en estos tiempos en los que la indetenible y galopante pluralidad religiosa es ya un hecho irreversible. Justamente en las vísperas de las canonizaciones se discute en los medios el avance estadístico de otros grupos religiosos, lo que puede y debe ser interpretado con criterios nada triunfalistas para nadie. (LCO)

TIME INCLUYE A UNA CIENTÍFICA EVANGÉLICA ENTRE LOS 100 MÁS INFLUYENTES DEL MUNDO
Protestante Digital,  28 de abril de 2014

‘Time’ incluye a una científica evangélica entre los 100 más influyentes del mundoDesde hace once años la revista Time, una de las más importantes del mundo, realiza una lista con las personalidades más influyentes del planeta, donde en la lista del 2014 se puede encontrar el nombre de Katharine Hayhoe, una científica de fe cristiana evangélica de la Universidad Tecnológica de Texas.
En 2014, la lista que encabeza la artista Beyoncé Knowles incluye entre los “pioneros” —una de las categorías en las que se agrupan los elegidos— a esta científica canadiense de 40 años de edad, cuyo trabajo divulgador intenta crear conciencia del peligro del cambio climático y la necesidad de actuar para frenar sus consecuencias en el planeta.
Hayhoe es, junto a su marido, el pastor evangélico Andrew Farley, autora del libro A Climate for Change: Global Warming Facts for Faith-Based Decisions, donde que expone cómo la fe cristiana puede —y debe— reaccionar ante el cambio climático.
Su perfil de especialista y a la vez divulgadora le ha hecho partícipe en diversas conferencias, entrevistas en prensa o programas de radio y televisión donde ha expuesto su punto de vista. Se considera a sí misma “una portavoz con un objetivo principal, crear conciencia pública sobre una verdad simple: el debate científico ha terminado, y ahora es el momento de tomar medidas”.


“Evangelista del medio ambiente”
La revista Time la ha descrito como “una evangelista del medio ambiente”. El actor Don Cheadle escribe sobre ella que “hay algo fascinante en las personas inteligentes que desafían el estereotipo. Eso es lo que hace a mi amiga Katharine Hayhoe —climatóloga de Texas Tech y evangélica cristiana— tan interesante”.

La doctora Katharine Hayhoe tiene claro que el cambio climático está teniendo consecuencias graves en el planeta. “Se trata de ayudar a las personas, porque están siendo afectadas por el cambio climático. Y los más afectados son los pobres y desfavorecidos del mundo: las mismas personas que la Biblia nos dice que debemos cuidar y por quienes debemos preocuparnos”, afirma Katharine.

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